
Durante una sesión de meditación sentada, el cuerpo a veces comienza a oscilar suavemente de adelante hacia atrás o de izquierda a derecha, sin intención voluntaria. Este fenómeno, a menudo descrito como un movimiento de péndulo que parte del torso, afecta tanto a principiantes como a practicantes regulares. Se explica por la interacción entre la atención dirigida hacia el interior, el sistema nervioso autónomo y los mecanismos posturales del cuerpo.
Control postural y atención internalizada: el mecanismo básico
El cuerpo mantiene su equilibrio gracias a un sistema automático que integra la información visual, vestibular (oído interno) y proprioceptiva (sensores en los músculos y articulaciones). Este pilotaje funciona en segundo plano, sin esfuerzo consciente.
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Cuando la atención se enfoca fuertemente en un punto interno, como la respiración o el centro del pecho, el control postural automático pierde precisión. Trabajos en neurociencias de la postura muestran que esta concentración internalizada aumenta las micro-oscilaciones del cuerpo, incluso en sujetos sin experiencia meditativa.
El balanceo del cuerpo durante la meditación resulta, por lo tanto, de un fenómeno fisiológico medible: el cerebro reasigna recursos atencionales hacia la introspección, en detrimento del mantenimiento postural fino.
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Cerrar los ojos acentúa el fenómeno. La visión proporciona un punto de referencia espacial poderoso para estabilizar el cuerpo. Al eliminarla, se retira uno de los tres pilares del equilibrio, lo que amplifica las oscilaciones naturales del tronco.

Sistema nervioso autónomo y reactividad al estrés
El sistema nervioso autónomo juega un papel central en la aparición del balanceo. Se divide en dos ramas: la simpática (activación, vigilancia) y la parasimpática (reposo, recuperación). Durante la meditación, estas dos ramas interactúan de manera dinámica.
En personas con antecedentes de ansiedad o estrés postraumático, el sistema nervioso autónomo es más reactivo. Oscila más entre la activación simpática y parasimpática durante la introspección. Esta inestabilidad neurovegetativa a menudo se traduce en movimientos involuntarios más marcados durante la práctica.
La coherencia cardíaca ilustra bien este vínculo. Cuando la respiración se ralentiza y se vuelve regular, la variabilidad de la frecuencia cardíaca se sincroniza. Este paso hacia un estado parasimpático dominante puede provocar una forma de relajación muscular global, y el cuerpo, menos “sostenido”, comienza a oscilar.
Balanceo y liberación de tensiones acumuladas
Algunos practicantes describen el balanceo como una sensación de descarga. El cuerpo mantiene tensiones crónicas relacionadas con el estrés, la ansiedad o posturas diarias restrictivas. La relajación profunda inducida por la meditación libera estas tensiones de manera asimétrica, lo que genera micro-movimientos.
Este fenómeno no es patológico. Traduce un reajuste del tono muscular en un contexto de relajación aumentada.
Meditar y balancear: ¿debería preocuparse o dejarlo hacer?
La respuesta depende de la intensidad y la sensación. Un ligero balanceo rítmico, percibido como agradable o neutro, no presenta ningún problema. Varios programas hospitalarios de atención plena, en particular en el CHU de Lille y en el Centro hospitalario Sainte-Anne en París, han integrado desde 2022 un módulo sobre los movimientos involuntarios en meditación en sus grupos MBSR/MBCT.
Sus instrucciones estructuradas distinguen claramente dos situaciones:
- Un balanceo ligero y regular puede ser simplemente observado sin intentar controlarlo, como cualquier otra sensación corporal
- Un balanceo que se intensifica, acompañado de aceleración del ritmo cardíaco o ansiedad, requiere una intervención activa: ralentizar la respiración, acortar la duración de la sesión
- Un movimiento que persiste después de la meditación o que provoca mareos justifica hablarlo con un profesional de la salud
La actitud recomendada no es, por lo tanto, ni la entrega total al movimiento, ni la resistencia tensa. Es un término medio: observar, y luego ajustar si la intensidad supera un umbral cómodo.

Técnicas concretas para regular el balanceo en meditación
Varios ajustes simples permiten reducir las oscilaciones sin sacrificar la profundidad de la práctica.
Anclaje físico de la pelvis y los pies
Los protocolos MBSR actualizados recomiendan anclar los pies planos en el suelo (en posición sentada sobre una silla) o bloquear ligeramente la pelvis (en posición en el suelo). Un apoyo estable de la pelvis reduce mecánicamente la amplitud del balanceo al proporcionar un punto fijo alrededor del cual el cuerpo oscila menos.
Respiración y duración de la sesión
Ralentizar ligeramente el ritmo respiratorio favorece la dominancia parasimpática de manera progresiva, sin transiciones bruscas. La exhalación alargada, en particular, activa el nervio vago y estabiliza la frecuencia cardíaca.
Acortar la duración del ejercicio también funciona. Un practicante que oscila fuertemente después de unos diez minutos puede fraccionar sus sesiones: dos sesiones cortas con una pausa entre ambas, en lugar de una larga sesión donde el balanceo se auto-amplifica.
Punto de atención externo
Mover brevemente la atención hacia un sonido ambiental o hacia el contacto de las manos sobre las rodillas reequilibra la distribución atencional entre la percepción interna y la percepción externa. Esta alternancia a menudo es suficiente para reducir las oscilaciones sin romper el estado meditativo.
- Mantener los ojos entreabiertos en lugar de cerrados, para conservar un mínimo punto de referencia visual
- Dirigir la atención hacia las zonas de contacto entre el cuerpo y el soporte (nalgas, pies)
- Alternar algunos ciclos de respiración con conciencia de la respiración, y luego algunos ciclos con conciencia de los sonidos circundantes
El balanceo del cuerpo durante la meditación traduce un mecanismo postural y neurovegetativo bien identificado, no un disfuncionamiento. La concentración internalizada desvía los recursos del control automático del equilibrio, y el sistema nervioso autónomo amplifica el fenómeno en personas con un perfil ansioso. Los ajustes posturales y respiratorios recomendados en los protocolos hospitalarios recientes permiten regular estas oscilaciones sin combatirlas, manteniendo el beneficio de la relajación profunda.