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| LOS SUCESOS DE FLANDES DEL TIEMPO DE ALEJANDRO FARNESE, POR EL CAPITÁN ALONSO VÁZQUEZ, SARGENTO MAYOR DE LA MILICIA DE JAÉN Y SU DISTRITO, ESCRITO EN DIEZ Y SEIS LIBROS [cada uno corresponde a una cam- paña militar, desde el año 1577 al de 1592]. Publicados a partir del códice prerservado en la Bi- blioteca Nacional de Madrid, por la Colección de Documentos inéditos para la Historia de Es- paña (Co.do.In), vols. LXII (1ª parte: 1577-1584), LXIII (2ª parte: 1585-1589) y LXIV (3ª par- te: 1590-1592). Se hallan disponibles en red en versión digital, tanto en formato pdf como txt y otros. Sin embargo, la versión del CodoIn se limitó a la mera transcripción del texto, sin tra- tar de identificar correctamente ni a los personajes ni los topónimos, que aparecen desfigura- dos por la transliteración del autor (ajuste fonético al español de la pronunciación francewsa, flamenca o alemana), complicada por los frecuentes errores del copista, ya que el manuscrito que preserva la B.N. no es el original del capitán Alonso Vázquez. Basta par a advertirlo, traer a coalciñon la dedicatoria del autor, que reza como sigue: A LA MAJESTAD CATÓLICA DEL REY, NUESTRO SEÑOR, FELIPE IV.—Señor: Los sucesos de Flandes y Francia, donde se verán los muchos y particulares servicios que Alejandro Farne- se, sobrino del Señor Rey cathólico el prudente Phelipe segundo, agüelo de Vuestra Majestad, que está en gloria, hizo á la corona de España, ofrezco á Vuestra Majestad para que nadie se atreva á obscurecerlos, pues por largos siglos le tienen eternizado. Vuestra Majestad los reciba y ampare debajo de su protección, que son tales que merecen ser escritos de otro mayor inge - nio que el mio, y leidos de Vuestra Majestad, cuya cathólica persona guarde Nuestro Señor in- finitos años, etc. — De esta ciudad de Jaén á primero de Mayo de 1614. Alonso Vázquez. Por fortuna el copista mantuvo la fecha de la dedicatoria original, pero cambió el destinatario de la misma, el rey Felipe III por su hijo y sucesor. Aunque no fueron pocos quienes creyeron en el pasado que el error consistía en la fecha, hou sabemos ciertamente que ésta era correcta ya que el autor murió el año siguiente, como revela la sinopisis biográfica que sigue. |
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| En la advertencia preliminar, los editores de la obra seña- laban lo que sigue: «En muchos casos seria muy difícil determinar con exactitud si los vocablos citados y otros por el estilo, de que abunda el texto, se pronunciaban en tiempo del au- tor como en el manuscrito los ha- llamos, ó si las variaciones pro- vienen de la incuria de los co- piantes, y aun cuando estamos firmemente persuadidos de que á la vez hay cambios en la pronun- ciación y yerros de copia, dejamos á otros la útil y minuciosa tarea de tales investigaciones, limi- tando nuestro propósito á la fiel reproducción del importantísimo códice que nos ocupa, el cual se conserva en la Biblioteca Nacio- nal; lleva la signatura I,132, y está escrito en folio, á plana entera y con epígrafes marginales, que hemos reunido y puesto en forma de sumario á la cabeza ó princi- pio de cada libro.» Bien, ha llegado el momento de abordar la «tan útil como minuciosa investigación» postpuesta por los editores, que sin duda facilita enorme- mente el disponer de un texto escaneado que debemos al portal INTERNET ARCHIVE (www.archive.org). La cuestión es que aún no he resuelto como abordarlo. La idea primitiva, y más sencilla, consistía en modificar la or- tografía correcta de personas y topónimos sobre cada línea del texto que la contiene; lo que quedaría sería un fichero que el lector habría de con- sultar simultánemente con la lectura de cada libro, ya que vendria ordenado por su se- cuencia de paginación. Sin embargo, trabajando ya en él, he concebido un proyecto algo más ambicioso. Dado que, en cualquier caso he de proceder a la copia de los archivos y a su lectura, po- dría presentar una versión más ligera del texto original, desprovisto de las frecuentes disgresiones del autor que lo adensan innecesariamente, ajustado a los hechos bélicos más relevantes y preparado una lectura más actualizada y fácil; es decir, modificando también su sintaxis. Veremos por donde resuelvo ir, pero en el entretando, sean bien- venidos vuestros comenta- rios y sugerencias. |
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| ALONSO (Alfonso) VÁZQUEZ [Ocaña o Toledo, ca. 1556-57 — Andújar, finales de abril de 1615]. MILITAR Y CRONISTA. Debemos casi todo lo que sabemos de su vida a sus propias confesiones, en las que no hace la menor alusión a su familia. Sin embargo, su instrucción revela una educación conformada en la infancia y ello permite suponer que, si no hidalga, debía ser acomodada. En todo caso, ingre- só jóven en la milicia, antes de cumplir 18 años, acumulando 39 de servicios en 1614, dato que nos permite fijar su nacimiento. Comenzó a servir en Italia (1574), pasando a los Países Bajos en 1577, como soldado del tercio de Francisco de Aguilar, que había sucedido al recién fallecido Julián Romero. Con él asistió a la batalla de Gembloux (31.I.1578) y al cerco de Maastricht (10.IV / 28.VI.1579), retornando a Italia (1580-82) al pactarse la evacuación de las tropas españolas.Volvió a Flandes en 1582, con la compañía de Sancho de Leiva (1554-1601), del mismo tercio, entonces al mando de Pedro de Paz, que en 1584 pasaría a Juan del Águila (1543-1602). A las órdenes de éste, tomó parte en el asedio de Amberes (1584-1585), tras el cual su compañía sucedió en Baltasar de Ortigosa, ha- llándose con ella en el combate de Batenburg (14.IV.1586), en los sitios y conquistas de Grave (17.V / 6.VI.1586) y Neuss (11 a 26.VII), y en el segundo de los socorros enviados dicho año a Zutphen.En el curso de ésta operación, asistió al combate junto a la ermita de Warnsveld (2.X. 1586) contra la caballería inglesa de sir Philip Sidney (1554-1586), que moriría de sus heridas. Como testigo ocular, narró el transcurso de la acción con minuciosidad y verismo, aunque sin fecharla ni localizarla, reputándola como «una de las mejores facciones que hasta aquellos tiempos jamás se vió en Flandes» (II,216-224). En 1588, fue nombrado sargento de la compañía de Luis de Godoy, del tercio de su antiguo ca- pitán Sancho de Leiva; llegando a mandarla efectivamente al morir dicho capitán y hallarse en- tonces sin alférez. Quizá por ello, tras la disolución disciplinaria del tercio (Tielt, 20.X.1589), fue proveído alférez del capitán Hernando de Isla, regresando a su primitivo tercio, ahora a las órdenes de Antonio de Zúñiga,con el que sirvió en los socorros de Paris (1590) y Rouen (1592). En 1593 pasó a Bretaña, donde fue capitán de picas y luego de arcabuces en el Tercio de Juan del Águila, antiguo maestre de campo suyo, ahora al mando de otro tercio enviado en apoyo de los católicos bretones, sirviéndo allí hasta la evacuación de Blavet (17.VII.1598), en virtud de la Paz de Vervins (2.V.1598). Después pasó con el mismo tercio a Cádiz y a Lisboa, donde embar- có en la escuadra del almirante Bochero hacia Irlanda (2.IX.1601), para apoyar a los católicos sublevados en la isla.A poco de desembarcar en Kinsale (22.IX), fueron cercados por una supe- rior fuerza inglesa al mando de Lord Montjoy, auxiliado por una armada naval. El 3 de enero de 1602, los irlandeses que acudieron a socorrerles fueron derrotados por los sitiadores y Juan del Aguila hubo de capitular el dia 12, arribando a La Coruña (13.III) sobre buques ingleses. El tercio continuó sirviendo en la Armada, con base en Cádiz, donde Vázquez permaneció hasta 1608. Después pasó a Aragón, gobernando por ausencia de sus castellanos los presidios de Ja- ca y la Aljafería de Zaragoza, donde comenzó a redactar su vasta obra histórica. Por patente expedida en Aranjuez, el 25.I.1610, Felipe II le designó Sargento mayor de la mili- cia del Reino de Jaén «para guardar en el ejercicio y habilitación a la dicha gente e industriar (la) en el manejo de las armas» (Toral, 153). El 9 de junio de dicho año se presentó ante el Ca- bildo jienense, que el 20 de agosto le procuró “posada y alojamiento” en la ciudad. Allí residió y ultimó su obra histórica, aunque la muerte le sorprendiera en Andújar, en el ejercicio de sus funciones castrenses, que el Concejo de Jáen no conoció hasta el 4 de mayo. No había casado ni dejó descendencia conocida. Alonso Vázquez nos legó el más extenso testimonio histórico que disponemos sobre las gue - rras de los Países Bajos desde 1577 hasta la muerte de Farnesio (2.XII.1592), arrojando su pu- blicación algo más de 1.700 páginas impresas. Aunque sabemos que la redacción de tan ingen- te obra, llevada a cabo «en algunos ratos de noche», se produjo entre 1610 y 1614, no cabe duda de que al autor conservaba notas personales y «papeles de personas fidedignas», fruto de la co- rrespondencia que sostuvo con sus antiguos camaradas de armas en sus empleos y destinos posteriores. Su trabajo constituye una valiosísima fuente prosopográfica del ejército de Flandes en tiempos de Farnesio y, en general, para el estudio de sus campañas militares, habiendo sido muy bien valorado y profusamente empleado por notables historiadores de la milicia, la etno- grafía o la literatura. Morel-Fatio reconoció su trabajo como «el más importante que haya sido escrito por un español sobre las cosas de Flandes» (Etudes, 275); Lechner afirma que fue «el autor que más espacio ha dedicado a la descripción pormenorizada de la gente y de sus usos y costumbres» enriqueciendo su aserción con numerosas citas y ejemplos. Por último, Vosters cree que tanto las comedias El asalto de Mastrique, de Lope de Vega, como El Sitio de Breda, de Calderón, debieron servirse del manuscrito de Alonso Vázquez, afimando que «el triple as- cendiente de Vazquez, Lope y Hugo determinó, de primera instancia, la expresión dramática de El Sitio de Bredá» (Rendición, 12). © JUAN L. SÁNCHEZ |
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