LUIS DE VELASCO (1559-1625), I MARQUÉS DE BELVEDERE (1616), II
CONDE DE SALAZAR (1621) y III DE CASTILNOVO, CBº DE SANTIAGO,
COMENDADOR DE CALZADILLA (1596) Y DE VALENCIA DEL VENTO -
SO (1607), CBº DEL TOISÓN (1622), CAP INFª ESPª (158?), MDC INFª
ESPª (1591), CAPGRAL ARTª FLANDES (1597), CAPGRAL CABª FLAN-
DES (1602), CONSEJERO DEL SUPREMO DE GUERRA (1623) Y DE ES-
TADO (1624)
.

Hijo de don Juan de Velasco, señor de Castrillo de Tejeriego —Caballero de Santiago,
mayordomo del príncipe D. Carlos y de las reinas Isabel de Valois (1546-1568) y Ana,
Austria (1549-1580),veedor general de las Guardias Viejas de Castilla, natural de Cas-
trillo de Tejeriego (Valladolid)— y de doña Beatriz de Mendoza, natural de Palencia,
hija de de don Luis de Velasco  y Castilla (1534-1617), marqués de Salinas, y de doña
Ana de Castilla, virreyes de Nueva España. Su abuelo paterno, Bernardino Fernández
de Velasco,I señor de Salazar y de Castrillo Tejeriego,fue hijo natural —reconocido en
1510— del homónimo primer duque de Frias, Condestable de Castilla,habido en doña
Inés Enríquez. Tuvo por hermanos a Bernardino de Velasco, I Conde de Salazar (12.I.
1608), mayordomo de Felipe III y presidente de Hacienda (1618-1621),a cuya muerte
(29-III-1621) le sucedió en el título y señoríos (Castill-Tejeriego, Amaya, Revilla, So-
tosgordos, etc); su otra otra hermana, Mariana, fue dama de la reina Ana y mujer del
primer conde de Villamor. Por sus servicios a la monarquía y los de sus parientes, Fe-
lipe II le concedió el hábito de Santiago (1595) para que gozara la encomienda de Cal-
zadilla,cuyo título se le despachó el 3.VII.1596, tras la aprobación de sus pruebas. Fe-
lipe III le mejoró la encomienda con la de Valencia del Ventoso, que conservaría has-
ta su muerte pese a que, en 1622, hubo de renunciar al hábito jacobeo para poder re-
cibir el collar del Toisón de Oro, concedido por Felipe IV, que le fue impuesto aquel a-
ño en Bruselas (8 de marzo), a los 62 de edad, noticia ésta que nos permite inferir su
natalicio. Antes, por merced de Felipe III, había sido honrado con el marquesado de
Belvedere, en Nápoles (29.I.1616); también se afirma que sucedió en el marquesado
de Castilnovo (Segovia) pero este título no lo alcanzó en vida, ya que el pleito suceso-
sorio se fallaría en vida de su hijo Juan, IV marqués de Belvedere, que fue el primero
en gozarlo efectivamente,aunque las genealogías hubieran de reconstruírlo en su Ca-
sa, aplicándoselo tanto a él como a sus sucesores.

Como era habitual en su época, en vida fue conocido simplemente como D. Luis de
Velasco. Aunque debería haberse apellidado Velasco y Mendoza, prefirió como apelli-
do materno el de su ilustre abuelo, el virrey marqués de Salinas, también Velasco,con
los que se cruzó en la orden jacobea.Sin embargo e inexplicablemente, ha prosperado
como segundo apellido el de Aragón,que le impusiera Pinedo en el siglo XVIII, segui-
do, entre otros, por González-Doria (1994), Ceballos-Escalera (2000) o Soler (2008).

Pasó su niñez en Castrillo-Tejeriego, marchando jóven a Italia. Era capitán de infan-
tería en el Tercio de Nápoles al menos desde 1586. En 1588 se le encargó una misión
diplomatica en Florencia para resolver las dificultades  surgidas por el casamiento de
Pietro de Medici con la hija del duque de Villarreal.De regreso a Nápoles, se le ordenó
formar
un tercio nuevo de infantería española para servir en Flandes, lo que llevó a
cabo en la primavera de 1591. Con él se embarcó para Savona en julio y, desde Lom-
bardía, marchando por el «camino español», alcanzó Lorena, junto a la caballería y
los regimientos suizos levados por Gregorio XIV, a cargo del Duque de Montemarcia-
no, para luchar en Francia al servicio de la liga católica. Tras descansar algún tiempo
en Verdún, pasaron a los dos socorros de Rouen (28.II y 20.IV), tomas de Neufchâ-
tel-en-Bray ( 23.II), Caudebec (27.IV), Épernay (28.VI) y otras operaciones en terri-
torio galo, no ingresando en los Países Bajos hasta finales de 1592, tras la muerte del
Duque de Parma. El 15.II.1592, al reformarse el llamado «Tercio de Ginebra», se le a-
gregaron 4 de sus compañías, pasando así a tener 14, aunque Coloma elevara su nú-
mero a 18. Algo desafortunado aparece el cronista en relación con éste tercio, afir -
mando igualmente que sólo 3 de sus primitivos capitanes conservaron sus patentes
porque «algunos capitanes, por ser casados en aquel reino (Nápoles), quisieron mas
dejar las compañias que mirar por ellas».

El año siguiente (1593) se le incorporaron los efectivos del disuelto tercio de Alonso
de Idiáquez, que después sería promovido al
generalato de la Caballería del Estado de
Milan. Pasó de nuevo a Francia, ahora a las órdenes del conde Carlos de Mansfeld,
pero una rápida sucesión de motines frustró aquella campaña, tan prometedoramen-
te iniciada con la conquista de Noyon (31.III). Luis aprovechó la inactividad para via-
jar a España con licencia, pero a su regreso (1594), la situación de los motines era in-
sostenible y hubo de emplearse en tratar de sofocarlos por la persuasión o la fuerza.
Fracasó en Zichem, pero compuso el de Tirlemont, a principios de 1595.

El 13 de marzo de dicho año
tomó por asalto la villa de Huy, sorprendida poco antes
por los holandeses y expulsados 8 dias después de su castillo. El resto de la campaña
asisitió a la defensa de los Paises Bajos y Luxemburgo mientras el ejército principal,
al mando del conde de Fuentes, invadía de nuevo Francia. En julio acudió al socorro
de Groenlo (Grol),sitiada por Mauricio de Nassau desde el día 4, logrando que los ho-
landeses levantaran su campo el dia 15. Las operaciones se prolongaron, no obstan-
te, en torno a Keyzerweert y el rio Lippe hasta el 15 de octubre en que Mauricio retiró
a sus tropas definitivamente.

En 1596 su tercio
fue reforzado con 4 de las compañías no reformadas de las que vi -
nieron con el Archiduque Alberto, a cuyas órdenes pasó a servir en Francia. El 24 de
abril obtuvo del Archiduque permiso para mandar las 3 compañías de infantería es -
pañola, cada una de un tercio diferente, que asaltaron el castillo de Calais, hecho que
recoge el primero de los cartones que Jan Snellinck diseñó para la serie de tapices co-
nocida como
Las batallas del Archiduque Alberto, hoy propiedad del Patrimonio Na-
cional. La toma del castillo costó la vida a dos de los capitanes, Juan Álvarez de Soto -
mayor y Hernando de Isla; el tercero, Diego de Durango, resultó herido mientras que
Luis estuvo a punto de perder la vida al caer rodando desde la batería al foso, de don-
de lograron sacarle antes de que se ahogara. Logró recuperarse, pero dos semanas
después, durante una escaramuza junto a Ardres, recibió un pistoletazo que le atra-
vesó el brazo izquierdo. Con todo, pudo asistir a otra de las conquistas de aquella vic-
toriosa campaña, la de Hulst, donde el Archiduque le encomendó, el 19 de julio, to -
mar el campo atrincherado ante el fuerte de Moerweert (que Coloma llama Morval),
en el dique de su nombre. Aquel señalado hecho de armas, que posibilitó la caída de
la plaza, inspiró de nuevo a Snellinck otro de los cartones de la mencionada serie, en
este caso el VI. La fortísima plaza de Hulst, que defendió
«con gallardia, valor e in -
genio»
el conde de Solms, acabó capitulando el 19 de agosto pero antes, el dia 2 de di-
cho mes,  Luis estuvo a punto de perder nuevamente la vida.

Aquel dia habia invitado a comer en su tienda al maestre de campo general de ejérci-
to, el lorenés Chrétien de Savigny, señor de Rône, al hijo de éste y a otros caballeros.
Sentados ya en la mesa,
«una bala naranjera desmandada dió en la cabeza a Mr. de
Rona, ensuciando con su sangre y sesos a los circundantes, especialmente a su hijo»
.
El viejo
liguero, enemigo irreconciliable de Enrique IV,  murió en el acto pero aquella
bala bien pudo haber alcanzado a Luis, sentado a su derecha.

El 15-IX-1597, durante la marcha para el frustrado socorro de Amiens, dispuso el Ar-
chiduque que mandara la vanguardia Diego Pimentel, entretenido junto a su perso -
na.Representó sus derechos don Luis, pero como no cediera el Archiduque,
«hizo de-
jación de su tercio con gran desdén y término tal que le mandó S.A. prender»
(Cam-
pofrío, 1973: 165). El 30 de octubre, en Courtray, el Archiduque proveyó el Tercio en
el teniente de MdCGral Gaspar de Zapena, consintiendo en dar a Velasco licencia pa-
ra Epaña. Éste obtuvo reparación de Felipe II, que le nombró «
gran maestre y capitán
general de la Artillería de los Estados de Flandes», empleo en el que iba a sustituir a
Pierre de Henin, IV conde de Boussu, fallecido en abril de 1598 antes de haber cum-
plido 30 años de vida. A Pierre, hijo del también fallecido Maximilien Henri, le suce-
dió como V conde su tío Jacques, suegro de Luis y señor de Aussi, que había casado
con su hija Ana. Por otra hermana de Ana, Helena, sería cuñado del maestre de cam-
po
Iñigo de Borja, que tendrá también un espacio biográfico en este sitio.

Luis comenzó a ejercer su empleo en octubre de aquel mismo año (1598), durante la  
reconquista de Rheinberg, a las órdenes del almirante de Aragón,haciéndolo también
al comienzo del asedio de Ostende (1601-1604). Por patente de 26.XI.1602, sucedió
al Almirante como capitán General de la Caballería del Ejército de Flandes, cargo que
desempeñó durante 22 años y que fungía a su muerte. Como es mi propósito incluir
aquí la traducción de un interesante artículo biográfico sobre nuestro personaje, pu-
blicado en 1853 por Charles Aîné, compendiaré brevemente el resto de su carrera.En-
viado a Borgoña en 1616, alistó un cuerpo de 4.000 hombres para colaborar con Pe-
dro de Toledo en la invasión del Piamonte, que concluiría con la toma de Vercelli y la
paz de Pavía (9-X-1617), durante la I Guerra del Monferrato. Llamado a la Corte en
1624, fue designado consejero del Supremo guerra y, poco después, el 18.IV.1624, se
le llamo al Consejo de Estado (Gascón, 2000: 194). Regreso poco después a Flandes
para asistir en el asedio de Breda (rendida el 2.VI.1625) y, un mes después partió a
Dunkerque, donde falleció al contraer unas fiebres mientras inspeccionaba los traba-
jos de fortificación del cercano puerto de Mardyck  (Meester, 1938: 664).

Había casado con Anne d'Henin d'Alsace,hija de Jacques de Henin (1548-1604),mar-
qués de la Vere y Vlessinghen, señor de Haussi,V conde de Boussu, y de Marie de Re-
deghem Hannart, señora de Liedekerke, vizcondesa de Bruselas y de Lombecke, en
la que tuvo tres hijos varones y una hembra, Ana de Velasco, que casó con Rasse de
Gavre, marqués d'Ayseau, conde de Beaurieu y del SRI, jefe de finanzas, consejero de
Estado de los Países Bajos,gobernador de Charlemont y de Binche y mayordomo del
Archiduque Alberto. Todos nacieron en Bruselas y fallecieron en los Países Bajos, los
varones sirviendo bajo las banderas del rey de España:
1º.- Jacinto de Velasco y Henin (1603-1632), III conde de Salazar y IV de Castilnovo,
II marqués de Belveder, Cbº de Santiago (1609) y Comendador de Beas (1621), MdC
Infª española (TIE no. 1) y
teniente general de la Caballería del ejército de Flandes,
que murió en una eacaramuza durante el socorro de Maastricht (23-VII-1632).
2º.-Felipe Alberto (1605-1632), IV Conde de Salazar y V de Castilnovo, III Marqués
de Belveder, que murió en combate el 18.V.1637, siendo capitán de caballos. Y
3º.-Juan, V conde de Salazar, VI de Castilnovo y IV marqués de Belveder, caballero
del Toisón, que también murió en Flandes (5.V.1678), siendo castellano de Amberes.

                                                                                   © JUAN L. SÁNCHEZ.
Tres de las 4 efigies que conocemos de
Luis de Velasco proceden del pintor fla-
menco Jan Snellinck (1549-1638), que
realizó los cartones de la serie «las bata-
llas del Archiduque Alberto», en tres de
los cuales le representa. Luis era «pe-
queño de cuerpo y bizco», rasgos que no
se aprecian en el paño elegido, que cor-
responden corresponden al primero de la
serie (Toma de Calais), tejido en Bruselas
Martin Reynbouts el año 1600.
Luis de Velasco en un grabado de Gode-
froy Muller, que le rerpresenta con la ben-
gala de general de caballería, pero antes
de que tuviera ningún título nobiliario.
El escudo de armas de Luis de Velasco, to-
mado del «Catalogue des noms, surnoms
et tittres des grands maistres et capitaines
generaux d'Artillerie des Ar- mées des
Pays Bas», de Albert de Launay (1682).
Plataforma elevada, construída ante Os-
tende, para emplazar una de las baterías
que bombardeó la plaza (detalle de una
pintura de Snayers).
ARRIBA: Luis de Velasco y  Salinas (Ca-
rrión de los Condes, Palencia, 1534 -
Madrid, 7.IX.1617), caballero de Santiago
(19.VI.1559), capitán de las Guardias Vie-
jas de Castilla, virrey de Nueva España en
dos ocasiones (1590-1595 y 1607-1611), y
del Perú (1596-1604) y presidente del
Consejo de Indias, empleo que gozaba
cuando falleció en la Corte (Gascón,1991
p.43). Fue el abuelo materno de nuestro
Luis de Velasco. ABAJO: Sitio y toma de
Grol o Grolla (Groenlo), por las tropas de
Ambrosio Spinola en agosto de 1606, en
una pintura de Snayers. Luis de Velasco
mandaba la caballería del ejército espa-
ñol, de manera que por alguna parte le
representaría el pintor.  
Ch. AÎNÉ, «Don Louis de Velasco, notice lue a la séance solennelle du 27 juin
1853»,
Mémoires de la Société Dnnkerquoise pour l'encouragement des Sci-
ences, des Lettres et des Arts, Dunkerque
(E. Vandalle), 1853, págs. 52-70.
(Traducción: Juan L. Sánchez).

Siguiendo a Faulconnier, un personaje llamado don Luis de Velasco habría tenido un fin
trágico en Dunkerque, en 1625. La archiduquesa Isabel, de paso en esta villa al regreso de
una peregrinación a la abadía
des Dunes, cerca de Furnes, había ido el dia siguiente de su
llegada, después de haber oído misa en los Jesuítas, a visitar la abadía de St.-Winocq, en
Bergues, y de regreso en Dunkerque, la misma tarde, habría ordenado degollar a don Luis
de Velasco en la cámara donde éste se alojaba en la casa del gobernador, en la
Grand rue.
«
Que cada cual adivine el motivo de esta ejecución —añade Faulconnier—, pero nosotros
no pudimos saber ciertamente de qué crimen era culpable Velasco
».

Esta decapitación de cámara,este siniestro y misterioso suceso que parece salir de los actos
de justicia sumaria de los que sólamente los anales de la Edad Media ofrecen ejemplos, ha-
bría tenido lugar en 1625, en tiempos de la Infanta Isabel. Sin embargo, 60 años antes, ba-
jo el Duque de Alba, ejecutor riguroso de las terribles medidas prescritas por Felipe II para
la represeión de los tumultos políticos y religiosos que asolaban a los Paises Bajos, no fue
sin un procedimiento auténtico, si no imparcial, que los condes de Egmond y de Hornes
fueron ejecutados públicamente, habiéndole llevado al fiscal 4 meses el acta de acusación
y disponiendo los dos condes de cinco para su defensa. ¿Cómo creer que bajo el gobierno
reparador de la Archiduquesa, que ha dejado tantos recuerdos de los que la historia de los
Países Bajos se honra, Luis de Velasco fuera ejecutado sin juicio? Y si fue condenado legal-
mente, ¿cómo creer que esta princesa, cuyo carácter era sinceramente religioso, haya con -
ducido al culpable a su alojamiento para hacerle decapiar el dia y la hora que le placiera?
La duda histórica, juiciosamente recomendada por Voltarire, se suscita sobre la autentici-
dad de un hecho tan increíble, citado por Faulconnier, y hemos pensado que merecía una
verificación seria. Hemos releído a nuestros autores, particularmente las obras relativas a
las guerras en las que Flandes fue el teatro a comienzos del siglo XVII,y hemos conseguido
así seguir, durante más de un cuarto de siglo, la pista del Luis de Velasco de Faulconnier,
igualmente denominado conde de Salazar.
































En 1596, Luis de Velasco, maestre de campo del ejército español, asistía al asedio de Hulst,
donde se distingió en el ataque sobre un dique [
en realidad, del fuerte de Moerweert], del
cual se apoderó.
El 29 de junio de 1598, D. Luis de Velasco, en calidad de embajador del Rey católico, estu -
vo presente —con el duque de Arschot, el conde de Arenberg y Francisco de Mendoza, al -
mirante de Aragón, en el juramento de la paz de Vervins, que hizo sobre la cruz y los santos
evangelios el rey Enrique IV, en Notre Dame de Paris, ante el legado del Papa. Estos seño-
res, acompañados de 400 gentiles-hombres,
«atrajeron sobre ellos todas las miradas, que
se fascinaron ante la fastuosidad y brillantez de tanto oro y pedrerías de cuyos vestidos es-
taban recargados»
.El rey de Francia juró cumplir la paz,firmó el acta del juramento y abra-
zó a los embajadores.Después fueron magníficamente festejados en el Louvre;el rey les re-
galó también con los placeres de la caza en sus castillos de Fontainebleau et de St-Germain
en Laye, y no les despidió sino cargados de ricos presentes.
El 6 de noviembre siguiente,Velasco,
grand maître de l'artillerie española, se apoderaba de
la fortaleza de Schulemburg. Poco tiempo después, era herido de un disparo en un brazo,
forzando el castillo de Dornstein en Westfalia.
El año siguiente, el 22 de junio de 1599, encontramos a don Luis de Velasco formando par-
te del Estado mayor que acompañaba al cardenal Andrés de Austria, en una visita a los tra-
bajos del fuerte de St-André, que se construía sobre la isla de Bommel, vulgarmente llama-
do la
Lunette de Holanda. Uno de los bastiones de este fuerte fue bautizado con el nombre
de Velasco.




































En julio de 1600,el archiduque Alberto, habiendo ordenado al conde de Salazar
[todavía no
gozaba de ningun título nobiliario]
acudir prontamente al socorro de Nieuwpoort, asediada
por el príncipe Mauricio desde que ocurriera, en sus alrededores, la derrota del ejército ca-
tólico [
batalla de las Dunas], D.Luis de Velasco puso tanta habilidad y diligencia en su mo-
vimiento que consiguió meter refuerzos en la plaza y ponerla al abrigo de las empresas del
enemigo.
Reencontramos a Velasco en 1602, a las órdenes del almirante de Aragón,que había conse-
guido finalmente su libertad. Prisionero en la batalla de las Dunas (2.VII.1600), no había
sido menos que necesario, para obtener la libertad de este general, que el intercambio de
todos los prisioneros de las Provincias Unidas que estaban en España, en las Indias, en los
Países Bajos, en Sluis (la Esclusa), en Dunkerque y otras partes [
exageración del autor, in-
dependientemente de cuales fueran sus fuentes
].

En 1604, durante el famoso asedio de Ostende, que duró más de tres años, el principe de
Orange ejecutó una diversión y avanzó repentinamente para sitiar la Esclusa. El Archidu-
que supuso que el canal de Damme a la Esclusa podría obstaculizar el movimiento del ene-
migo y ordenó a Velasco marchar rápidamente sobre Damme con 3.000 hombres.Éste ten-
dió un puente sobre el canal y lo fortificó con un reducto.Era hacia finales de julio.Después
fue a alojarse intrépidamente entre Moerkerke y Lapscheure,en un paraje estrecho,de difí-
cil acceso para la caballería, no obstante sin el cual no se podía pasar la «
rivière salée» (así
se llamaba el canal de Damme a la Esclusa; el que venía de Brujas a Damme se llamaba «
ri-
vière douce
»).Mauricio, ignorando el obstáculo, hizo atacar a Velasco por las cornetas de
Bax y de Brocum, pero el terreno dio una tal ventaja a los españoles sobre esta caballería  
que más de un tercio fue desmontada a la primera carga. Velasco, alentado por el éxito, se
empeñó en su posición y se vió atacado de improviso por el Conde Ernest Casimir, a la ca-
beza de un numeroso cuerpo de franceses, ingleses, holandeses y alemanes. «
Con una te-
meridad inaduita, Velasco les salió al paso con 150 soldados; no hizo sino mostrar, al pre-
cio de la sangre de sus camaradas, el paso por el cual se podría entrar en sus trincheras.
Fueron atacados vivamente y obligados a abandonar el lugar
». En menos de una hora,
400 de los hombres de Velasco fueron muertos —Grotius habla de 500 ahogados— más de
300 fueron apresados y el resto huyó a Damme, donde Velasco siguió a su gente. Forzando
este paso, el príncipe Mauricio se apostó, antes las barbas del Archiduque, ante la Esclusa,
que capituló el 19 de agosto.

Hemos insistido sobre los detalles de este asunto de la Esclusa, tomado de los historiado -
res de ambas partes,porque allí fue imputado de traición el conde de Salazar,como veremos
más adelante. No fue entonces interpretada así por el Archiduque porque, aquel mismo a-
ño, D. Luis de Velasco sucedió al almirante de Aragón como capitán general de la caballería
de Flandes.
En 1606, don Luis tenía su cuartel general en la ribera derecha del Rhin, entre Rheinberg y
Wesel. Fue en Rheinberg donde se luchó un día cuerpo a cuerpo y todos los mandos mili-
tares se vieron obligados a arriesgar sus vidas: Spínola, Velasco y el conde de Bucquoy fue-
ron citados especialmente en las relaciones de aquella jornada. Habiendo sido tomada la
plaza de Rheinberg el 1 de octubre, Velasco marchó al socorro de Groll [hoy Groenlo] con
su teniente el caballero de Melzi. El asedio de Rheinberg y el socorro del Groll fueron com-
parados a los más brillantes hechos de armas de la época.
Tras la firma de la tregua de Doce años, concluída en 1609 entre los españoles y los holan-
deses,perdemos durante un largo período de tiempo la pista del conde de Salazar.Le vemos
apoderarse, en 1614, de Doesburg con 1.500 hombres y 4 cañones. Poco después, en dici -
embre, entra en Wesel con 2.000 hombres y 300 caballos, siendo nombrado su goberna-
dor. El 14 de agosto de 1620 le encontramos apostado con 12.000 infantes y 3.000 caballos
en el pais de Cleves [Kleve] para paralizar los movimientos del príncipe de Orange, que es-
taba acampado en los alrededores de Wesel.
El 12 de marzo de 1622, don Luis de Velasco, conde de Salazar,calificado también marqués
de Belvedere, caballero del Toisón de oro, asiste a las espléndidas exequias, en la iglesia de
Sainte-Gudule de Bruselas, del Archiduque Alberto, fallecido el 13 de julio de 1621. El pro-
fundo y religioso dolor de la princesa había retardado así el momento de la separación. El
18 de julio siguiente, a la cabeza de 6.000 infantes y 2.000 caballos, Velasco se apodera de
la pequeña fortaleza de Steinbergen, a 3 millas de Bergen-Op-Zoom y cinco dias después,
el 23, concurrió al asedio de esta plaza.Pero la posición no era sostenible porque los convo-
yes de Amberes no podían asegurarse más que con muy fuertes escoltas; así, en un conse-
jo de guerra, reunido a primeros de octubre, donde se sentaron Spinola, Velasco, Borja y
Gonzalo de Córdoba, se decidió levantar el asedio de Bergen-Op-Zoon, que había costado
hasta entonces de 8 a 9.000 hombres y los holandeses dicen que más de 11.000. La volu-
minosa obra de Aitzema nos cita todavía, en 1624, al conde de Salazar como general en jefe
de la caballería española.

Llegamos a 1625, donde don Luis de Velasco forma parte del ejército que asedia la plaza de
Breda. Fue por uno de sus trompetas que Spinola intimó al gobernador a rendirse el 13 de
marzo, que aquel año era el dia de la Pascua. Las capitulaciones se firmaron el 2 de junio
tras un asedio de 10 meses y la guarnición salió el dia 5 con honores de guerra, desfilando
ante las tropas de Spinola, formadas en batalla. El marqués estaba acompañado del conde
de Berg, del príncipe de Neuburg,de don Gonzalo de Córdoba, del conde de Salazar y de un
brillante estado mayor.

La archiduquesa Isabel quiso visitar la plaza cuya posesión había costado tantos hombres y
dinero. Hizo su entrada en Breda el 12 de junio e instaló como gobernador al barón de Ba-
lançon,llamado
Houtebeen (pata de palo) desde el sitio de Ostende,donde le había sido am-
putada.Hizo restaurar las iglesias por los obispos de Amberes y 's-Hertogenbosch (Boldu-
que), instauró una misa anual el dia del Santo Sacramento en conmemoración de la feliz
conquista y donó 4.000 florines a los Capuchinos, así como 5.000 a los Jesuítas, para que  
restablecieran sus casas. Aunque la villa no ofrecía sino un espectáculo de ruinas y desola-
ción, la Archiduquesa no dejó Breda hasta el 16 de julio; de regreso en Bruselas, ordenó el
29 la renovación en Breda de un
placard [bando] publicado por Felipe II contra los here -
jes. Sería después de esta fecha del 29 de julio cuando la princesa habría venido en peregri-
nación al Bajo Flandes, acompañada de D. Luis de Velasco.  

Puede juzgarse, por los hechos que venimos de exponer tan extensamente, que el conde de
Salazar era uno de los generales mas señalados del ejército español. Mandaba en jefe la Ca-
ballería desde hacía más de 20 años, a las órdenes inmediatas de Ambrosio Spinola. Este
famoso militar le consultaba, se asegura, con la mayor confianza. Todo parece indicar, ade-
más, que gozaba de pleno favor ante la Archiduquesa. Servía a su rey —dice el
Blason des
Chevaliers de la Toison d'Or
— en calidad de consejero en los consejos supremos de Estado
y de Guerra. No hay pues nada que justifique la muerte trágica que se le habria hecho su -
frir en un momento tan próximo a la rendición de Breda, en la que tan gloriosamente había
cooperado. La circunstancia misma del corto intervalo transcurrido entre uno y otro acon-
tecimiento convierte del todo improbable que un procedimiento auténtico hubiera podido
instruírse entre la toma de Breda y la muerte de Velasco. En cuanto a la crueldad que  ha-
bría manisfestado la princesa, su carácter bien conocido y la sinceridad de sus sentimientos
religiosos la garantizan de una tal imputación. «
La infanta Isabel —dice el presidente Nen-
ry—
murió en Bruselas (1.XII.1633) tras haber gobernado en tiempos muy difíciles con mu-
cha equidad, dulzura y moderación. Fue llorada sinceramente y su memoria será reveren-
ciada por siempre en estos Paises
». Así, la muerte que se supone haber sido infligida por
orden suya a D. Luis de Velasco queda desnuda de motivo; ninguna probabilidad la apoya.

El artículo sigue indagando sobre los posibles orígenes del infundio, al parecer muy exten-
dido en la ciudad sobre todo a raíz de la definitiva conquista francesa (1658); es decir, en el
último tercio del siglo XVII, que es cuando el citado Faulconnier, nacido en 1650, lo publi-
ca. Lo retomamos cuando el autor, con el auxilio de los «
Annales de l'Abbaye de Bergues»,
escrito en latin, que reportan la visita de la Infanta para ver las reliquias de Sanint-Winocq
el lunes 18 de agosto, dia inmediatamente siguiente a la festividad de la Asunción de la Vir-
gen, que se había celebrado el domingo 17, día en que su cortejo llegó a Dunkerque.

Había llegado la víspera (17 de agosto) a Dunkerque, conforme a la versión de Faulconnier,
y siguiendo la constumbre había sido recibida fuera de las puertas y saludada por el cuerpo
del magistrado al completo, en ropajes de ceremonia. Después fue conducida al ayuntami-
ento (Stad-Huys o Maison de Ville), donde había pedido alojarse durante el tiempo que le
placiera quedarse en Dunkerque.
El dia siguiente, en su excursión a Bergues, la Infanta fue acompañada —leemos en el ma-
nuscrito— por el cardenal-arzobispo Caesarée, por Ambrosio Spinola, general en jefe del e-
jército español; el duque de San Severino, el marqués de Venafro [
Filippo Spinola,hijo ma-
de Spinola, cuyo título era marqués de los Balbases
], el conde de Sainte-Aldegonde, Luis
de Velasco, el conde de Bucquoy, el conde de Roeulx, el conde de Mansfeld, Carlos Coloma
y numeros gentileshombres de la más alta nobleza de Flandes y de España.La Archiduque-
sa cenó sola con el abad Charles d'Argentau, que había sido entronizado el 1 de mayo ante-
cedente por el obispo de Ypres. El marqués Spinola hizo los honores de la mesa a los seño-
res españoles. Hubo seis otras grandes mesas servidas en los jardines, a pleno aire libre. Al
anochecer, la comitiva volvió a Dunkerque. Se ve enseguida aquí como tiene poco de vero-
símil que la Archiduquesa hubiera hecho decapitar al marqués de Salazar a su regreso de
Bergues, cuando apenas unas horas antes acababa de estar a su lado, en medio de toda la
corte, en las ceremonias religiosas y en las recepciones.
A este respecto el
Mercure se torna precioso. En la relación que hace de la estancia de la In-
fanta en Dunkerque, dice:
«Cuando se trabajaba en los fuertes de Mardyck, en presencia
de la Archiduquesa, don Luis de Velasco, conde de Salazar, murió en Dunkerque, dejando
vacante su cargo de general de la caballería ligera»
. Este extracto, de carácter oficial, indi -
ca positivamente la muerte de don Luis de Velasco en Dunkerque, sin duda de forma natu-
ral. Ningún hecho de traición, de condenación ni de muerte violenta se menciona.

El autor se extiende algo más, pero valga lo hasta aquí traducido como complemento a la
biografía publicada. Añadamos que la muerte de Luis Velasco consta en otras fuentes que
se citan en la bibliografia. La más precisa se halla en B. DE MEESTER (ed),
Correspondan-
ce du nonce Giovanni-Francesco Guidi di Bagno (1621-1627), II part.
Bruxelles, Palais des
Académies, 1938 (Analecta Vaticano-Belgica, vol. VI), pág. 664. En una carta fechada en
Bruselas, el 13 de septiembre de 1625, el nunció escribía que
«numerosas personas de la
comitiva de la Infanta estan enfermas en Dunkerque a causa de la insalubridad del aire
marino. El conde de Salazar, general de la caballería, lo está gravemente
». En la de la se-
mana siguiente, escrita jueves 19, informaba de su muerte, sobrevenida el viernes anterior;
es decir, el mismo dia 13 en que había informado por primera vez a la Santa Sede de su gra-
vedad. Añade que tenía 67 años y que
«fue un violento émulo de Spinola, al que a menudo
contradecía en sus ideas
»
Portada de la revista de la que to-
mamos el artículo, una de aquellas
«societés des savants» que tanto
proliferaron en Francia en el siglo
XIX y tanto contribuyeron al de-
sarrollo de los llamados estudios
locales. ABAJO: Prolegómenos del
asalto a la plaza fuerte de Hulst,
por las tropas del Archique Alber-
to, el 18 de agosto, que forzaría la
capitulación de la plaza el dia si-
guiente. En la parte inferior, Fort
Moerschans, que cerraba el cam-
po atrincherado ante la plaza, ...
precedido sobre el dique por los de
Sandberg, Grote Raep y Raep. El
grabado es de Hogenberg, que hizo
tres sobre los hechos. A punto he
estado de incluir aquí el de la toma
de Moerschans o Moerweeert
schans, pero finallmente he pre-
ferido este porque nos muestra el
despluegue de la infantería real
presente en la acción: los tercios
españoles de D. Luis de Velasco y
de D. Antonio de Zuñiga, y los
regimientos de naciones de Ludo-
vico Biglia, conde de Saronno, ci-
tado como conte de Bie— (
RIAL no.
26
) y del conde de Sulz, (RIAL no.
24
), de infantería alemana; así
como los regimientos valones de
Antoine de la Cocquelle (
TIVA no.
37
), de Claude de la Bourlotte
(
TIVA no. 21), y el tercio napoli-
tano de Ferrante Lofredo, mar-
qués de Trevico (
TIiT no. 7), que
aparece transliterado como M. de
Treviche, mas próximo a su pro-
nunciación (Trevicho).
La plaza de la Esclusa (Sluis) era
más fuerte por su inaccesibilidad,
debido a los marjales que la ro-
deaban que por sus defensas, que
se connservan intactas, aunque
de una época posterior a la que
muestra el grabado.
No disponía Velázquez de ningún re-
trato de Luis de Velasco para in-
cluírle entre el ramillete de perso-
najes que se apiñan tras Spinola:
los condes de
Balançon, de Isen-
burg, de Nassau-Siegen y el duque
de Neuburg, de los cuales circula-
ban grabados fácilmente accesi-
bles, aunque de D. Luis existía uno.
Quizá fueran su frustración e im-
potencia lo que impulsaran su pro-
pia inclusión en el lienzo, autore-
tratándose a la derecha del detalle
captado, junto a la cabeza del ca-
ballo. El autor del artículo bromea
sobre esta circunstancia, citándole
entre los asistentes como el «mar-
ques de Velázquez».
la Infanta Isabel Clara Eugenia, ya
viuda, vistiendo el hábito de fran-
ciscana terciaria. Algunas de sus
frecuentes peregrinaciones fueron
llevadas al lienzo, como la que hizo
a la abadía de Laeken, que cuelga
en la Casa del Rey, en la Gran Plaza
de Bruselas.
Debido a la persecución e incauta-
ciones de las autoridades revolu-
cionarias francesas, ninguna de
las abadias que la Infanta visitara
en el condado meriodinal de Flan-
des en 1625, permance en pie. De
la de Notre-Dame des Dunes, en
Furnes, no quedan mas que los
cimientos. Al menos, de la St. Wi-
noc, en Bergues, que en tiempos
de la dominación  española se lla-
maba Bergues-St.Winocq, se pre-
serva la torre del campanario.
LUIS DE VELASCO Y VELASCO, I MARQUÉS DE BELVEDERE.
(Valladolid, c. 1559 — Dunkerque,  13.IX.1625)
Grabado holandés sobre la bata-
lla de las Dunas de Neoportus,
como se cita en la catela, escrita
en latín, que carece de menciones
de autoría (aunque tanto el
dubujante como el grabador son
bien conocidos, pero no tengo
ahora la información mano). Como
en el caso de Hulst, tambien en
este se hicieron dos grabados de
proporciones considerables: este
es el primero, que ofrece una
panorámica más amplia y muestra
el comienzo de la lucha. En el
segundo, a escala menor, se llegan
a identificar a numerosos persona-
jes y aldeas como Middelkerke y
otras, inscritas en la zona de
combate.
Francisco de Mendoza (1545-1623),
conde de Guadalest, almirante de
Aragón y comendador de Cala-
trava. Pasó dos años en prisones
holandesas, pero otros 8 a su
regreso a España.