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| I MARQUÉS DE TEJADA DE SAN LLORENTE (1683), CABALLERO DE LA ORDEN DE SAN JUAN DE JERUSALEN (1627), PROCURA- DOR GENERAL (1653), GRAN CANCILLER (1665), BAILIO DE LORA (1668) Y GRAN PRIOR DE CASTILLA EN DICHA ORDEN (1680). ALFÉREZ INFª (1633); TENIENTE (1636) Y CAPITAN CABª (1641); MAESTRE DE CAMPO INFª (1646); GENERAL DE ARTª (1666), IDEM DE CABª (1670), MAESTRE DE CAMPO GENERAL (1675) Y GOBERNADOR DE LAS ARMAS DEL EJÉRCITO DE LOMBARDIA (1679); VIRREY Y CAPITAN GENERAL DE NAVARRA (1681). Segundogénito de Gaspar de Velandia Arellano y de su esposa Leonor de Arce, hidalgos vizcaínos establecidos en la burgalesa Miranda de Ebro. Fue hermano entero del maestre de campo Antonio de Velandia, caballero de Alcántara, que murió combatiendo valientemente en la batalla de Rocroi (19.V.1643). Con 18 años de edad acudió a la isla de Malta, donde se recibió en la Orden jero- solimitana y prestó el trienio obligatorio de servicios en sus galeras (1627-29). En 1630 se hallaba de soldado aventajado en la infantería española del Ejército de Flandes, sirviendo de alférez durante el infructuoso intento de recobrar Maas- trich (1633). En la primavera de 1635 marchó a Italia con los reformados y aven- tureros del ejército que habían acompañado al Cardenal Infante en su viaje a los los Paises Bajos el año precedente; declarada aquel mismo año la guerra con Francia, sentó plaza en la Caballería del Estado y acudió al socorro de Valenza del Po. El año siguiente obtuvo el empleo de teniente por su valor en la batalla de Tornavento (22 de junio de 1636), ascendiendo a capitán tras mostrarlo nueva- mente junto al Po, picando a la retaguardia francesa en su retirada de Vigevano (1640), así como en el combate de San Martino, inscrito en las operaciones del socorro de Sabbioneta (1641). No hemos podido documentar los servicios de su etapa de capitán de caballería (1641-46), pero sabemos que en 1646 sucedió a Vicente Monsoriu como maestre de campo de uno de los cinco tercios de infantería española que servían en Milán. Dos años después fue promovido al mismo empleo en el Tercio de Lombardía, el más antiguo de aquel Estado, que mandaría en los asedios de Casalmaggiore (1648), el castillo de Ceva (1649), Chieri (1651); Moncalieri, Trino y Crescentino (1652), año en que también asisitió a la conquista de la fortísima plaza de Casale Monferrato, doblegada finalmente por el marqués de Caracena en el cuarto ase- dio a que era sometida desde 1628, y ante cuyos muros habían fracasado previamente el duque de Feria, Ambrosio Spinola y el marqués de Leganés. En 1653 fue designado procurador general de su Orden en los ejércitos del rey de España y en 1658 se le concedió el gobierno de Alessandria, segundo más impor- tante del Estado, pero rehusó y vino a la Corte para gestionar personalmente sus pretensiones. Regresó a Milán en 1660 con un puesto en el Consejo secreto del Estado; pero, molesto porque no se le diera la castellanía de Milán a la muerte de Juan de Borja (1661), pasó nuevamente a la isla de Malta, donde sería nombrado Gran Canciller de la Orden (10.XI.1665). Llamado el año siguiente a Milán, desempeñó sucesi- vamente los empleos de capitán general de la Artilleria (1666-69), capitán general de la Caballería (1670-75), maestre de campo general (1675-78) y gobernador de las Armas (1678-80), obteniendo licencia para regresar a España a petición pro- pia. La reina regente le había concedido el bailiazgo de Lora (4.XII.1678), sub- priorato de Castilla en la Orden de San Juan y, tras la muerte de D. Juan José de Austria, hijo natural de Felipe IV, obtuvo la dignidad de Gran Prior de Castilla, que gozaba el anterior y que no había salido de la Casa Real en todo el siglo XVII, excepto el año que la gozó el almirante Brochero (1624-25). En febrero de 1681, ante la amenza de un ataque francés por el Pirineo Occiden- tal, fue designado virrey de Navarra en lugar del conde de Fuensalida, enviado a Galicia. Reorganizó la defensa y levantó un tercio de infantería (Cruzat), pero la crisis no llegó a desembocar en conflicto armado y solicitó regresar a la Corte. Ya estaba electo consejero de Estado cuando, el 21 de marzo de 1684, los franceses atacaron por Valcarlos. Sin embargo, tras adueñarse de las alturas de Ibañeta, sorprendentemente se replegaron sin intentar progresar sobre Pamplona. Iñigo murió poco después, aunque no he logrado documentar ni el lugar ni la fecha precisas. Puede que finara en Pamplona, de camino a la Corte o, incluso, cabe que fuera en su Miranda natal, donde aun se conserva su enterramiento. El suceso debió acaecer en abril o —como muy tarde— a principios de mayo de 1684, porque el 25 de dicho mes tomó posesión del Gran Priorato de Castilla el sargento general de batalla Frey Fernando Francisco de Escobedo. El 22 de julio de 1683 se le había concedido el título nobiliario de marqués de Tejada de San Llorente, en el cual le sucedió su sobrino Antonio de Velandia y Agurto, aunque el título no se le expidió hasta 1694 por la negativa de éste a pagar un donativo. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| No se trata de la casa natal de los Velandia, en Miranda de Ebro, que ignoro si se conserva todavía, aunque bien lo mereciera como vestigio del valor que Iñigo y su hermano Antonio derramaron por los campos de batalla de la vieja Europa. La fachada corresponde a lo que actualmente se conoce como Palacio de Donadío, o Casa de la Colina, que don Pedro de Arce, edificó en Selaya (Cantabria), en torno a una vieja torre familiar. Heredada por su hermana Leonor, madre de Iñigo, revertió en éste, que ordenó acondicionarla con la idea de pasar allí alguna etapa de su vejez. Sin embargo, apenas lograría visitarla. |
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| Casale de Monferrato, al borde del Milanesado, fue un foco permanente de conflictos desde que lo herederaron los duques de Nevers, de orígen francés. Pese a sufrir numerosos asedios, la plaza sólo pudo ser tomada en dos ocasiones por las tropas españolas (1652 y 1694), de manera que su conquista no puede orlar la carrera de muchos militares, El caso de Iñigo de Velandia constituye una de las excepciones. |
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| La reciente pérdida de mis archvos digitales me impide traer aquí una imágen de la lápida sepulcral de Iñigo de Velandia, preservada en una iglesia de su Miranda natal. Confío que —antes o después— algún amable lector me permita reparar su carencia. |
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