FRANCISCO SARMIENTO DE MENDOZA Y MANUEL (1498 - 1539), CA-
BALLERO DE SANTIAGO (1530) Y COMENDADOR, CAPITÁN DE INFª
(1521), MAESTRE DE CAMPO (1537), GOBERNADOR  DE  CASTILNO -
VO DE ESCLAVONIA (1538-39).

PRECLARA ASCENDENCIA.
Teófilo López, su único biógrafo, apreció su ascendencia «de preclara familia caste -
llana
». Sin embargo, confundió a su madre con una tal doña Beatriz Corral y, al no
profundizar en su verdadera filiación, desconocía que ésta entroncaba con el linaje
real de Castilla, pues su abuela María Manuel era tataranieta del Infante D. Juan
Manuel, hijo de Fernando III el Santo. Fue el tercer hijo varón de D. Antonio Sar -
miento y Manuel (Burgos, ca. 1443 — Idem. 22.X.1523) —
«alcalde mayor de Bur -
gos, bisnieto de Garci Fernández, Adelantado de Galicia, hermano de los ilustres se-
ñores D. Luis de Acuña, Obispo de Burgos, y de D. Pedro Girón, Arcediano de Val -
puesta
», como reza su epitafio sepulcral— y de doña Maria de Mendoza y Zuñiga
(Almazán, ca. 1464-68 — Burgos, 19.X.1513), hija de Pedro Gonzalez de Mendoza
“el Gordo”, I conde de Monteagudo, y de Isabel de Zuñiga o Estúñiga, hija a su vez
de los primeros condes de Miranda. Sus hermanos mayores fueron el capitán Garci
Sarmiento (Burgos, ca. 1489 - Djerba, 1510), cuya heróica conducta y muerte en el
primer desastre de los Gelves glosan los cronistas coetáneos, y Luis Sarmiento de
Mendoza (Burgos, ca. 1492 - Lisboa, 1556), Caballero calatravo (1546), comendador
de Biedma (1541-1546) en la de Santiago y de Almuradiel (1546-56) en la suya, em-
bajador de Carlos V en Portugal (1536-1543 y 1552-56), apoderado de Felipe II en la
ceremonia de su primer matrimonio con María Manuela de Portugal, celebrado por
poderes en Almeirim (12.V.1543) y, desde entonces,  caballerizo mayor de la  prince-
sa,madre del príncipe D. Juan (1545-1568).Por la progenie de éste hermano, del que
Salazar y Castro (1949; I,50) no aporta ninguna información, nuestro Francisco fue
tío del homónimo Francisco Sarmiento de Mendoza (1525-1595), obispo de Astorga
y de Jaén, como también de sus hermanos Antonio Sarmiento de Acuña (1528-91),
señor de Castrofuerte,paje del malogrado príncipe D. Juan, que peleó contra los mo-
riscos de Granada, en Lepanto y en Túnez, y de Leonor Sarmiento y Pesquera, espo-
sa de Garci Sarmiento de Sotomayor, IV señor de Sobroso y de Salvatierra. A su vez,
fue sobrino de los ya mencionados Luis de Acuña y Osorio (1424-1495), obispo de
Burgos —que antes de profesar en el orden sacerdotal fue padre de Diego de Osorio,
señor de Abarca y de Villaremiro, y de Antonio de Acuña, el llamado “obispo comu -
nero”, ambos primos carnales suyos— y del arcediano Pedro Girón (Burgos, ca. 1441
– Idem, 18.X.1504), fundador del convento de San Esteban de los Olmos, que era
hermano entero de su padre, mientras que el primero lo era solo de madre, fruto
del primer matrimonio de doña María Manuel con Juan Alvarez Osorio. Entre sus
tíos-abuelos hallamos al II conde de Monteagudo, al II marqués de Mondéjar y al V
conde de Benavente, parentela que nada tiene que ver  con la que apunta  
Karlo Bu-
dor (2005), tratando de encajar a unos Sarmientos establecidos en Castilnovo (Her-
ceg Novi) tras la reconquista turca entre la enjundiosa y conocida estirpe de nuestro
personaje. Conocida, sí, aunque no del todo, pues en un carta del Condestable de
Castilla, Iñigo Fernández de Velasco, II duque de Frías y IV Conde de Haro, al cabil-
do burgalés, fechada en 1527, ordenaba que se encargara de un determinado servi -
cio
«mi sobrino, el regidor D. Francisco Sarmiento».

A la muerte del rey Enrique IV (1474), su padre y sus tíos secundaron en Burgos el
partido de Juana la Beltraneja, resistiendo en el castillo el ataque de las tropas de
Isabel de Castilla, ante la que hubieron de capitular el 15 de febrero de 1476. Merced
a dicha capitulación y al perdón real (1479), tanto los cabecillas como sus seguidores
pudieron conservar sus empleos y dignidades, razón por la que la familia cimentó
su lealtad a la línea hereditaria de la corona y permenció fiel a Carlos I durante la re-
belión comunera, excepción hecha de su primo Antonio de Acuña, obispo de Zamo-
ra, mientras que el hermano mayor de éste, Diego de Osorio, rechazaba encabezar
la insumisión burgalesa saliendo de la ciudad. Sin embargo, Burgos  se alzó el 10 de
junio de 1520, sustiyendo al corregidor real y asesinando al castellano de Lara, el
francés Joffre de Cotannes, cuyo cadáver fue arrastrado por las calles. Francisco
Sarmiento, que desde los 18 años era alcaide de la torre y puerta de Santa María la
Blanca (hoy conocida como Arco de Santa María), logró mantener el pendón real en
las colaciones de San Cosme y San Damián y de San Esteban, inmediatas al castillo,
evitando que éste cayera en poder de los levantiscos hasta que su tío el Condestable
reclamó para sí la vara de la ciudad, que nadie osó negarle en principio, aunque des-
pués se vió forzado a huir a Briviesca. Nombrado éste por Carlos I —aun no elegido
emperador— corregente de Castilla (9.X.1520), consiguió granjearse la voluntad de
los burgaleses a costa de determinadas cesiones y el 1 de noviembre entraba de nue-
vo en ella, recompensando a su sobrino con el nombramiento de capitán de una
compañía de 300 hombres que levó en las parroquias leales.

INICIOS DE SU CARRERA MILITAR.
Todavía intentaron los comuneros recobrar Burgos para su causa, apoyados desde
el N. por Pedro de Ayala, conde de Salvatierra, pariente lejano de Francisco —dado
que los Sarmiento burgaleses descendían de una rama cadete de la línea condal—, y
desde el S. por su primo el obispo zamorano, procedente de Toledo; pero la conjura
interior fue descubierta y abortada el 23 de enero de 1521. Tras ello, pudo el Condes-
table formar un ejército en Tordesillas y perseguir al núcleo principal del ejército de
las Comunidades, al que derrotó en  Villalar (23.IV.1521). Aunque la sublevación no
estaba completamente vencida,Francisco hubo de partir enseguida con el Condesta-
ble hacia Navarra, invadida por un ejército francés al mando de Andrés de Foix, apo-
yado por el partido navarro-agramontés que, aprovechando la revuelta castellana,
pretendía la reposición de casa de Albret —o Labrit— en la persona de Enrique II.  

Antes de que el Condestable pudiera unirse a las tropas leales al virrey de Navarra
del partido beamontés, numéricamente inferior al rival, los invasores habían ocupa-
do el reino y sitiado a Logroño (5 a 11.VI.1521). Operada la conjunción con el ejérci-
to virreinal del duque de Nájera, reforzado por contingentes vascos, el enemigo optó
por replegarse a Pamplona pero sus perseguidores lograron derrotarle en la batalla
de Noaín, a la vista de la ciudad (30.VI),
«conociéndose por cartas del Condestable
el brillante comportamiento de la compañía mandada por Sarmiento»
. (López Ma-
ta, 1946). Aunque el día siguiente los realistas recobraron Pamplona, se hallaban
aun empeñados en la sumisión de algunas villas y castillos agramonteses cuando se
supo que otro ejército francés, éste al mando del almirante Bonnivet, tras apoderar-
se del castillo de Behovia, puso cerco a Fuenterrabía (6.X.1521), que hubo de capitu-
lar el 18 tras rechazar tres asaltos del sitiador. Hasta el 1 de febrero de 1523 no pudo
el Condestable plantar su ejército frente a la ciudad y, para evitar desangrarlo en
cruentos asaltos, decidió rendirla
«ora fuese por hambre, ora por trato». Francisco
sirvió durante todo aquel asedio hasta que la plaza capituló su rendición el 5 de mar-
zo de 1524. Después, regresó a Burgos y su compañía fue desmovilizada, no pudien-
do hallarse junto a su padre en los últimos momentos de su vida; no obstante lo
cual, el mencionado Budor sitúa a éste en Castilnovo de Esclavonia ya muerto el hi-
jo. Aunque por poco, también Teófilo López erró la muerte paterna, que elucida su
epitafio sepulcral, largo tiempo preservado en el monasterio de San Esteban de los
Olmos y desde el siglo XIX, en el Museo Arqueológico Provincial (Martínez, 1935;
Gaya, 1968), hoy llamado Museo de Burgos, que conserva también —aunque in -
completa— la de Pedro Girón, mientras que la del obispo burgalés, hermano de am-
bos, que ultimó las famosas agujas de la catedral, permanece aun en la suntuosa
capilla de la Concepción, que mandó erigir en el interior del templo.

Reintegrado a la vida civil, ocupó un asiento de regidor de Burgos, donde contrajo
matrimonio con doña Maria de Cotannes (1502 — 1554), hija de Antonio de Cotan -
nes y doña Elvira Enríquez, emparentada, por lo tanto, con aquel  castellano de Lara
asesinado por la plebe. Dicha boda debió celebrarse en 1524 o al principiar el  1525,
como muy tarde, porque en 1529, cuando Francisco reasumió su carrera militar, ya
habían nacido sus tres hijos:  Garci, Francisca y Antonio Sarmiento de Cotannes.

El 15 de febrero de 1529, desde Toledo, anunciaba Carlos V su inminente marcha a
Italia, para su coronación imperial por el Papa. Viajaría por mar desde Barcelona,
donde debía reunirse una fuerza de 10.000 infantes. Francisco Sarmiento como ca-
pitán y su hermano mayor Luis, pensionado por el Emperador, partieron con dicha
expedición tras levantar el primero otra compañía de 300 hombres en Burgos, ser-
vicio recompensado con el hábito jacobeo (1530) y una encomienda que no he con -
seguido averiguar, quizá en otra Orden porque Salazar y Castro no le menciona en
la suya. Quatrefages (1996), que publicó la muestra general, nos descubre que en el
viaje a la Ciudad Condal perdió algunos hombres, pues sólo 291 fueron revistados al
embarcar, el 25 de julio. La armada se hizo a la vela el 28 y, tras aportar en Génova,
(15.VIII) su compañía fue destacada para recibir la sumisión de Pavía, que los fran -
ceses no entregaron hasta el 10 de octubre en virtud de la Paz de Cambrai (5.VIII).
Aunque T. López le hace presente en la coronación cesárea en Bolonia (24.II.1530),
a la que asistió su hermano, lo cierto es que él había partido en noviembre desde Pa-
vía, con otros capitanes, a Florencia para reforzar al ejército de Philibert de Châlon,
Príncipe de Orange, que sitiaba la ciudad, aunque debía preservarla de saqueos por
orden del Emperador y, por lo tanto, evitar su asalto. En tales condiciones, la resis-
tencia florentina no desmayó hasta la derrota y muerte de Francesco Ferrucci (1489-
1530) en la batalla de Gavinana (3.VIII.1530), donde pereció también el príncipe de
Orange y en la que se distinguió Sarmiento junto al también capitán Machicao, sir-
viendo ambos a las órdenes del maestre de campo Pedro Vélez de Guevara (†1555).
La plaza capituló el 12 de agosto ante Alfonso de Avalos (1502-1546), marqués del
Vasto y de Pescara, que sucedió al príncipe de Orange como jefe del ejército.























CAPITAN DEL PRIMER TERCIO DE INFANTERIA ESPAÑOLA.
Tras restablecer la autoridad medicea sobre la ciudad, comprometida con el Papa
Clemente VII en virtud del tratado de Barcelona (29.VI.1528), la fracción no licen -
ciada del ejército sitiador invernó en Umbria para marchar la primavera siguiente
hacia Módena. Este fue el primer contingente militar español que recibió el nombre
de «Tercio», formándose en Asis, la patria de San Francisco, el 1 de mayo de 1531,
con 10 compañías, cuyo mando recayó en el citado maestre de campo Vélez de Gue-
vara. Sin embargo, el 13 de junio, tras reunirse en Imola con las tropas que venían
de restituir los castillos de Milan y Como a Francisco II Sforza, duque de Milán, se
produjo la primera reorganización del mismo, quedando sobre el pie de 24 compa -
ñías  de 300 infantes cada una y bajo el mando de Rodrigo Machicao, dado que Ve -
lez de Guevara hubo de partir a Viena, llamado urgentemente por el Emperador. El
tercio se alojó sucesivamente en los ducados de Mantua,Módena y Milán hasta que,
a primeros de julio de 1532, ordenó el César su marcha a Viena, nuevamente ame -
nazada por los turcos. Partió de Casalmaggiore el 10 de julio, llegando por via terres-
tre a Hall, cerca de Innsburck, el 17 de agosto. Allí se embarcaron el 19 en el rio Inn,
por el que bajaron  hasta Braunau, donde hubieron de aguardar el bagaje hasta el
29 de agosto. En Passau tomaron el Danubio, desembarcando en Krems el 3 de se -
tiembre. Los turcos, detenidos casi un mes ante la heróica defensa de Güns (hoy
Köszeg, Guinz en nuestros textos), se hallaban entonces en Mariazell (90 Km. al SO.
de Viena), con la moral debilitada. Con todo, progresaron hacia el N. por el valle del
Salza  mientras que el ejército imperial bajaba a su encuentro por el de Wachau, am-
bos encabezados por los dos monarcas más poderosos de su tiempo: Carlos V, em -
perador del S.R.I, y Solimán II el Magnífico,sultán del Imperio otomano. Sin embar-
go, la esperada batalla no se produjo. Solimán, informado por sus batidores de la
fuerza a la que debía enfrentarse, aunque numéricamente inferior a la suya,
«creyó
mejor consejo no solo el no proseguir adelante, sino el retirarse»
(Muratori, 1827).
Así pues, la primera victoria de los tercios se produjo sin combatir, aunque antes hu-
bieron de llegar, cubriendo más de mil kilómetros, y hacerse ver para impresionar.
En suma, casi una reedición del cesáreo
“veni, vide, vinci”, en la que nuestro Sar -
miento fue protagonista.

Naturalmente, desde el punto de vista turco la historia es otra. El 19.I.1533, un tal
Pietro Cotte, recién llegado a Lecce desde Corfú, testificó que había sabido que el  
Gran Turco (Solimán) había escrito al Dux de Ragusa (Dubrovnik) «cómo su perso-
na con el ejército había ido a hallar al Emperador, su enemigo, en Hungría y que,
hallándose apartados 30 millas, no había querido (el César) venir a pelear con él, y
que por esto se volvía a su casa sano y salvo»
(AGS,E,1015). Si tal era la especie que
se difundía ante un república independiente, no es difícil imaginar el alcance de la
propaganda interna. Por ello, Özlem Kumrular, refiéndose a estos hechos en la
web
sobre Carlos V,  afirma con inaudita soltura, entreverada de una disculpable confu -
sión, que:
«Solimán, justo después de la conquista de Güns (Gran) —la actual Sters-
zgom— en 1532, buscó con ahínco un choque con el ejército de Fernando, pero éste
rehuía el encuentro, como había hecho antes del asedio de Viena; las tropas de Fer-
nando y de Carlos permanecieron ocultas y no se atrevieron a presentar batalla al  
turco»
. Sin duda. Las tropas de Carlos V marcharon un millar de kilómetros en bus-
ca de los turcos y, tan pronto los tuvieron casi encima se ocultaron;de donde inequí-
vocamente se desprende que Solimán, expedito el camino de Viena, avanzó hasta...
Belgrado, que guarneció con 2o.000 hombres para su defensa. Todo ello sin olvidar
que, el 18 de noviembre, se hallaba de regreso en Estambul «sano y salvo», como
mandó publicar. ¿No cabría preguntarse de quién, si nadie le había amenazado?

SOCORRO Y DEFENSA DE KORONI (CORÓN): 1533-34.
Tras el precipitado repliegue turco hacia Belgrado, el Emperador retornó a Italia con
el tercio de Machicao y los 5 regimientos italianos que le habían acompañado ( Pie -
tro Maria de' Rossi, conde de San Secondo; Fabrizio Maramaldo, Filippo Torniello,
Giovambattista Castaldo y Marzio Colonna), enseguida licenciados. El 1 de noviem-
bre llegaban a Bassano del Grappa,villa de la Señoría de Venecia,cuyas tierras debían
atravesar para alcanzar Bolonia, donde entraron el 13 de diciembre. El tercio de Ma-
chicao quedó acuartelado en diversos lugarejos del duque de Ferrara desde la víspe-
ra de Navidad, pero Sarmiento logró una audiencia privada con el Papa, en Bolonia
(16.I.1633), obteniendo del pontífice gracias apostólicas para los devotos de la Euca-
ristía y feligreses de la iglesia de San Esteban de Burgos, donde había sido bautizado.
La bula pontificia, que remitió al párroco y que aun se conserva, aclara que se conce-
dieron a petición de «
nostrum dilectus filius Franciscus Sarmiento, miles militiae
Sancti Jacobi de Spata
». El 28 de febrero, reunido de nuevo el Tercio en Bolonia, es-
coltó al Emperador en su viaje a Génova, donde embarcaría para regresar a España.
Carlos V retuvo para su escolta 10 compañías, que zarparon el 9 de abril, debiendo
Machicao conducir las restantes al reino de Nápoles. Cinco de ellas, a cargo del capi-
tán Rodrigo de Ripalda —que darían lugar al Tercio de Nápoles— marcharon a guar-
necer la costa adriática, mientras que las otras 9 llegaron a Gaeta el 12 de junio. Allí
quedaría la de Rodrigo de Arce mientras que las demás embarcaron en Mola di Gae-
ta, el 19 de julio, rumbo a Sicilia,desguarnecida desde el 18 de agosto del año antece-
dente, en que partiera de Messina la expedición —al mando del príncipe Andrea Do-
ria— que había conquistado Koroni, al sur de la península de Morea; una operación
concebida para distraer la atención de los turcos sobre Stiria y Viena. La conquista
de la antigua fortaleza veneciana, ultimada el 21.IX.1532, dio lugar a la formación de
un nuevo tercio de infantería, establecido para su defensa, que más adelante recibi-
ría el nombre de Lombardía. Los turcos la asediaron por mar y tierra desde el 29.IV.
1533, pero Jerónimo de Mendoza, su maestre de campo y gobernador, logró avisar a
Pedro de Toledo, virrey de Nápoles, que resolvió socorrerle.

La única fuerza disponible para el auxilio eran las 8 compañías restantes del Tercio
de Machicao alojadas en Sicilia, pero independientes de la propia guarnición de la is-
la, en todo caso no expuesta a ningun ataque sabiéndose fijada la armada turca ante
Koroni. Por lo tanto, reagrupadas dichas compañías en Messina, embarcaron el 1 de
agosto sobre una armada de 25 galeras,19 naves y 3 galeones,aparte fustas y bergan-
tines, que el 8 de agosto, dos horas antes de amanecer, hallaron bloqueada la entra-
da al puerto de Koroni por una armada de 50 galeras, 20 galeotas y 5 bergantines e-
nemigos. Los 3 galeones cristianos, que artillaban unos 150 cañones, yendo de van-
guardia, abrieron paso a las naves, que desembarcaron hombres y pertrechos prote-
gidos a retaguardia por las galeras; la armada otomana se retiró a Methoni (Modon),
razón por la que su almirante Hasan Çelipi y 5 de sus agas serían ejecutados poste -
riormente en Constantinopla, gracias a lo cual fue nombrado bajá Khair-ed-Din Bar-
barroja.Ante la derrota de su armada e ignorando el número de los refuerzos desem-
barcados, los sanjacos (
Sancak-Beg, gobernador civil y militar) o flambularios de
Morea, Negroponte y Prigipato retiraron el ejército sitiador, abandonando parte del
bagaje y 3 cañones de bronce. La primitiva guarnición española reembarcó en la ar-
mada de Doria el 19 de agosto, excepto la compañía de Luis Pizaño (†1552), futuro
capitán general de la artillería de Lombardia y de España, que como responsable ar-
tillero de la plaza quedó agregada al Tercio de Machicao.

Koroni no volvió a ser asediada, pero se dieron frecuentes escaramuzas contra los
turcos, sobre todo para capturar esclavos y reses. La esquilmación del terrtorio  cir-
cundante  obligó a los españoles a alejarse progresivamente de su base, llegando en
sus incursiones hasta
Xeriso (Kyparissia), Navarino (Pylos) o Abunaria (Andania),
en las que a veces apresaron medio millar de cabezas de ganado. El 31 de enero de
1534, Machicao  decidió atacar con todas sus fuerzas Androusa, sede del sanjacado
de Morea, 40 Km. al N., amurada y dotada de un fuerte castillo. El bien planeado a-
taque se produjo al anochecer del dia siguiente; sin embargo, el incendio fortuito de
la villa impidió consumar la sorpresa del castillo, provocando el humo una gran con-
fusión entre los atacantes a la vez que la luz de las llamas les descubrían desde las
murallas. Machicao fue muerto de un arcabuzazo, así como Diego de Tovar, el capi -
tán que trató de rescatar su cadáver; dado el cariz de la lucha, Gregorio de Lezcano,
segundo al mando, ordenó la retirada. García de Cereceda, soldado de Sarmiento, a-
notó las bajas sufridas por cada compañía (I,405),registrando la suya 7 muertos y 21
heridos sobre un total de 92 y 144 respectivamente, aunque solo 135 de éstos logra-
rían sanar. El daño causado en Androusa fue tan considerable que los turcos hubie-
ron de abandonarla, trasladando la sede sanjacal a
Niora (Nestoras). Sabido esto por
los españoles, regresaron a la ciudad (14 de febrero) —efectivamente abandonada—,
en la que pronto hicieron un macabro hallazgo: en 24 palos, tres sobre cada una de
las 8 torres del castillo, los turcos habían ensartado 118 cabezas de sus camaradas de
armas, muchas desnarigadas y algunas desolladas. Estaban todas las de los caídos
en el ataque de la madrugada del 2 de febrero, pero era obvio que, antes de abando-
nar el lugar, habían ejecutado a todos los  prisioneros. En represalia, 3 dias después,
apostados los españoles en la vecindad de Pylos, capturaron copioso ganado y a una
treintena de turcos que los sacaban a pacer. Aunque los soldados pretendieron eje -
cutarlos, los capitanes lograron apaciguarles asegurándoles que pagarían sus resca-
tes, como lo hicieron en Koroni.

Los éxitos españoles en Morea pusieron en evidencia la debilidad turca en la penín-
sula, acentuada por su derrota ante los persas cerca de Alepo y la invasión safaví  de
Anatolia (1532). Ibrahim Pacha debía movilizar los recursos de la Puerta contra Per-
sia, pero antes quiso cubrirse las espaldas. El sagaz Gran Visir intentó neutralizar la
mayor amenaza a su retaguardia, el Emperador, al que llegó indirectamente, ofreci-
endo a través de Clemente VII el tratado de paz que en 1531 había negado a los em-
bajadores de su hermano Fernando. La carta se conserva en el Arhivo vaticano y ha
sido ya aireada, aunque al redactar el presente artículo no he sido capaz de localizar-
la  pese a tenerla informatizada. Sin embargo, disponemos de otras fuentes que nos
permiten refutar nuevamente la reconstrucción que de dicha pacificación hace la a -
ludida Kumrular en la
misma web arriba citada. Como había calculado Ibrahim, no
le resultó difícil cerrar un rápido acuerdo con los representantes de Fernando, con-
cediéndoles cuanto les habia negado dos años atrás. Por eso, tan tempranamente
como el 11.II.1533, Jerónimo de Zara, plenipotenciario del rey, pudo escribir a An -
drea Doria y a la guarnición española de Koroni que el acuerdo estaba cerrado (A.v.
Gévay,
Urkunden und Actenstücke zur Geschichte der Verhältnisse zwischen Öster -
reich, Ungern und der Pforte in XVI und XVII Jahrhunderte
. Wien, Schaumburg,
1838. Bd. II, pág.77). Con buen criterio, Jerónimo de Mendoza, a la sazón jefe de la
plaza, respondió:
Los capitanes que residimos en Corro (Koroni), en servicio de Dios y de la Majestad
cesárea, recibimos una letra de V.Sa. por via del flambulario de la Morea en  la cual
vimos lo que por ella nos escribía. Quisiéramos tener autoritad para poderlo poner
luego por obra, pero nosotros quedamos aquí por guarda de esta tierra y para hacer
guerra a infieles y hasta que veamos la orden de S.M. no podemos hacer al contra-
rio; la cual (orden), habiendo V.Sa. dado aviso, como creo, a S.M. no podrá tardar
de venir. Corro, hoy sábado 15 de febrero de 1533 años.
(Ibid, pág. 77, doc. XXIV).

Carlos V no se avino a secundar la tregua, obligando a la Puerta a apelar a las armas
—tras cerrar el tratado con el rey de Hungría (14.VII.1533)—, seguida de la derrota
naval y el levantamiento del cerco a Koroni (8.VIII.1533). Encaminada, pero aun no
resuelta la cuestion persa, Ibrahim comenzó a apretar a Fernando a raíz de la humi-
llación de Androusa para forzar la definitiva evacuación española de Koroni, donde
se habia declarado una epidemia de peste que se había cobrado la vida de 300 solda-
dos españoles y de 360 griegos. Este hecho prestaría a Carlos la excusa formal para
abandonar la conquista, pero el testimonio de Garcia de Cereceda prueba que los
turcos conocían de antemano dicha evacuación  y que la facilitaron (ver  apéndice I),
evidenciando que algun papel, y no menor, jugaron en el asunto. Sin duda por ello,
como  escribe Cereceda (I,416), «
el 28 de marzo, sábado de Ramos por la mañana,
llegaron a Coron cartas del flambulario de Morea por las  cuales rogaba que se hi -
ciese quedar a la gente de la ciudad y del pais,que daba su fe de aseguralos de todo
mal
». Cumplido el último requisito formal, «el 1 de abril, miércoles santo, se embar-
có toda la gente que estaba por embarcar y el postrer hombre que salió de la ciudad
fue el SgM Solórzano, que se quedó para cerrar todas las puertas. El último que se
embarcó fue el capitán Francisco Sarmiento;así se embarcó toda la gente de  Coron,
asi de la guerra como los más principales ciudadanos, embarcándose también algu-
nos griegos en un esquirazo y en otro los soldados enfermos de la peste
».

CAPITÁN DEL TERCIO DE SICILIA (1534-36)
A causa de vientos contrarios, la flotilla española no alcanzó Messina, tras haberse
detenido unos dias en Malta, hasta el 25 de abril. Las 9 compañías recién llegadas
fueron separadas y sometidas a una rigurosa cuarentena, quedando confinadas en
lugares  apartados de las poblaciones siguientes:













Un lustro de la vida militar de Sarmiento discurrió en el primer tercio de infantería
española que recibió tal denominación, formado por la tercera parte de los efectivos
españoles intervinientes en la reducción de Florencia —"el tercio vivo"—, que el Em-
perador optó por no licenciar para disponer así de una fuerza capacitada y lista para
intervenir donde las circunstancias lo precisaran. El empleo de maestre de campo,  
existente en la organización militar hispana desde la segunda década del siglo XVI,
fue revestido de poderes más amplios de los que poseía, sobre todo en el ámbito ju-
risdiccional, en algunos aspectos equiparable al  de los capitanes generales. La pri -
mera plana incorporaba un sargento mayor, que no gozaba de compañía, empleo
igualmente preexistente aunque hasta entonces limitado sólamente a uno por cada
repartimiento militar o ejército de campaña. El ordenamiento normativo relativo a
la nueva Unidad militar estaba ya completado en 1533, como apreciamos en la ins-
trucción al corregidor de Cuenca, investido de la autoridad de un maestre de campo
durante la conducción, para su embarque en Málaga, de 10 compañías levadas en
Castilla. El tercio en que sirvió Sarmiento, al que nuestro protagonista llegaría a so-
brevivir, tuvo una vida orgánica compleja, comenzando por la evolución de sus com-
pañías, que fueron sucesivamente: 10, 24, 14,9, 8 y 9 (entre 1531-34), para estabili-
zarse en 12 desde 1534 hasta su disolución disciplinaria el año 1538. En sus 7 años
de vida conoció 4 jefes: Pedro Vélez de Guevara (1.V-13.VI.1531), Rodrigo Machicao
(13.VI.1531 - 2.II.1534), Gregorio de Lezcano, capitán al cargo (2.II-4.VII.1534) y Al-
varo de Grado (4.VII.1534-15.VIII.1538),siendo conocido como
Tercio de Sicilia des-
de 1534, nombre con el cual es citado en la llamada « Ordenanza de Génova» (1536),
ampliamente considerada como acta fundacional de los tercios cuando los 4 que di-
cho texto cita —Sicilia, Nápoles, Lombardía y Niza— fueron organizados separada -
mente entre 1531 y 1536; además, los 3 primeros fueron disueltos disciplinariamen-
te el 15 de agosto de 1538 (fecha efectiva), aunque el decreto no se publicara hasta
el dia 28. Por supuesto, hubo después otros tercios que llevaron esos mismos nom-  
bres pero distintos a los iniciales, como diferentes fueron también su creación, com-
posición y capitanes. Por último, el cuarto de los citados (Niza o Málaga), fue refor -
mado en Castilnovo de Esclavonia, tras su conquista, el 28 de octubre de dicho año,
para dar lugar al Tercio de Sarmiento o de Castilnovo, que resultaría deshecho en la
defensa de la plaza.  Aunque abordaré ampliamente la breve y desconocida historia
de aquellos 4 primeros tercios, no sobra haber traído aquí la del primero que llevó el
nombre de Sicilia, tan estrechamente ligado a la biografía de nuestro personaje.

Tras finalizar la cuarentena, que se declaró purgada el 24 de junio, se procedió a pa-
gar a la gente, que hasta entonces solo habian recibido dos pagas (agosto de 1533 y
febrero de 1534). La falta de dinero y la codicia de algunos capitanes desataron mo-
tines en las compañías de Lezcano y de Hermosilla, no resueltos pese a que el octo-
genario virrey Héctor Pignatelli, I duque de Monteleone, llegó a desembolsar 3 pa-
gas completas, descontados los costes de manutención. El 4 de julio,  por nombra-
miento del virrey —suponemos que inspirado por el propio César— el capitán Alva-
ro de Grado, que se hallaba con su compañía de guarnición en Milazzo, fue promo-
vido al empleo de MdC del tercio, vacante desde la muerte de Machicao, siendo lla-
mado a Palermo, capital de la isla. La compañía de Sarmiento, que se hallaba en Au-
gusta, fue designada para sustituir a la del nuevo MdC en Milazzo, a donde llegó el  
13 de julio, tras una accidentada travesía por mar en la que estuvieron a punto de
naufragar, debiendo resguardarse en Taormina. Estos traslados dieron lugar a otros,
en el transcurso de los cuales las compañías de Machicao, Tovar —mandadas toda-
vía por sus alféreces— y Mendez de Sotomayor, dirigiéndose a Messina, estuvieron
a punto de caer en poder de la armada de Barbarroja, que el 2 de agosto quemó las
naves que les transportaban ante el fuerte del Faro (que todavía existe), cerca del ca-
bo Peloro, en la embocadura del estrecho de Messina. El corsario venía de destrruir
Santo Nocito (cerca de Motta San Giovanni, en Calabria), lugar de "700 fuegos", to-
cado de muerte desde entonces, que sería abandonado a principios del siglo XVII.
Tras pasar el estrecho, asoló a San Lucido y Cetraro, donde quemó 6 galeras en fase
de construcción, saqueó la isla de Procida, cuya fortaleza se le rindó, y cerca de Gae-
ta, tomó tambien Sperlonga (8.VIII), Terracina y Fondi (9.VIII), la más interior de
todas sus presas. Luego puso proa a Túnez, de la que se apoderó mediante una es-
trategema, obligando al rey hafsí Muley-Hasan a refugiarse en Constantina.

La incursión de Barbarroja y su conquista tunecina tendrían una pronta respuesta,
pero la consecuencia más inmediata en Sicilia fue una nueva reorganización del ter-
cio de su nombre—que no formaba parte del contingente defensivo de la isla, aun -  
que coadyuvara cuando se alojaba en ella— sino, como se ha dicho, era una fuerza
de intervención rápida donde la necesidad lo requiriera.Las compañías vacantes fue-
ron cubiertas por Luis Quijada, el futuro ayo de Jeromín, alférez que fue de Machi -
cao y en cuya compañía sucedió; para mandar la de Tovar fue designado el capitán
Melchor de Saavedra, hijo del I conde de Castelar. Además se le incorporaron 3 nue-
vas compañías, todas sacadas de las tropas de la isla: las Hernando de Vargas, desti-
nada en Siracusa y Charles de Esparza, en Augusta, que sumadas a la precedente de
Alvaro de Grado, nuevo maestre de campo y uno de los soldados más reputados de
entonces, llevaron a la unidad a perfeccionar la orgánica que conservaría hasta su
disolución.

ÚLTIMO ENCUENTRO FAMILIAR (MARZO DE 1535).
A mediados de diciembre de 1534, Carlos V despachó a Constantina a un emisario
genovés, Luigi Prevensa, práctico en la lengua, para anunciar a Muley-Hasan su in-
tención de expulsar a Barbarroja de Túnez y recabar su colaboración.Desembarcó el
1 de enero en Marsala (O. de Sicilia), donde a la sazón se hallaba la compañía de Sar-
miento, pero hubo de aguardar allí un mes a que mejorase el tiempo para proseguir
su viaje. Nada más desembarcar cerca de Bizerta, fue denunciado por el guía que ha-
bía tomado en Trapani y, capturado por Barbarroja, obligado a confesar su misión.
Este accidente retrasó los preparativos de la expedición y permitió a Sarmiento dis -
frutar de un inesperado permiso en Burgos aunque, para ello, tuvo que darse otra
circunstancia: la enfermedad del virrey Héctor Pignatelli, que ablandado al entrever
próxima su muerte —ocurrida el 7 de marzo—, le firmó la oportuna licencia por un
mes de duración. Cereceda no habla de ella, pero si López Mata (pg. 41), que alude a
«
una rápida visita a Burgos,donde notamos su presencia en marzo de 1535,  regis -
trada en el libro de Actas Municiaples
». Era la primera vez que veía a su familia en 6
años y también sería la última.El hijo mayor, Garci, tenía casi 1o años. Con 14 cum -
plidos, muerto el padre y por orden del Emperador, le sucedería en alcaidía del San-  
ta María y a los 22 moriría en combate, a la misma edad que su tio homónimo —el
hermano mayor de su padre— cuando los turcos le mataron en Djerba. El benjamín,
Antonio, que tendría 7 años, tambien seguiría los pasos de su tio, padre y hermano:
como ellos, murió jóven,con las armas en la mano y peleando contra turcos. Cuando
cumplió los 18 de edad (1546), ingresó en la Orden de San Juan (AHN, exp. 23.183)
y partió a Malta para servir el trienio obligatorio de servicios en las
caravanas (gale-
ras) de la Orden, tras profesar y cruzarse en ella el 23 de mayo del año siguiente. No
volvería a España, pues murió en 1551, apurando el pesar de su madre doña María
de Cottanes, que expiraría transida por el dolor en 1554, sin llegar a cumplir los 52
de vida.Sobre Francisca,la única hija,«
monja profesa en el monasterio de Santa Ma-
ría la Real de las Huelgas, orden de San Bernardo, de Burgos»
, enseguida recayeron
como única heredera de su padre y hermanos, las reclamaciones de las deudas con -
traídas por éstos en sus breves años de servicio, que también habían abrumado a su
madre. La tesorería imperial pagó aun peor que la filipina, que logró erradicar algu-
nas de sus corruptelas, obligando a los capitanes a entramparse, o a recurrir a prác-
ilícitas para socorrer a sus menesterosos soldados; máxime su padre, general de una
nutrida guarnición, prácticamente abandonada a su suerte durante los 9 meses del
calvario que fue Castilnovo antes de su postrer agonía. Casi 5 siglos después, todavía
no acierta uno de explicarse cómo en aquella sociedad, que se pregonaba tan piado-  
piadosa y caritativa,pudiera atribularse a una jóven que, sin cumplir la treintena, ha-
bía perdido a todos los suyos al servicio de su rey, causante de unas reclamaciones
económicas nacidas de la propia incapacidad real de subvenir los costes de sus cam-
pañas militares. No serán todos, pero los pleitos que conserva el Archivo de la Chan-
cillería de Valladolid, son suficientemente elocuentes: Diego Florez, de Madrigal, ac-
tuaba en 1556 contra las Huelgas en
«reclamación  de una deuda a Francisca Sar -
miento de Mendoza,monja en el dicho monasterio, por cierta cantidad de dinero que
prestó a su padre, Francisco Sarmiento, muerto en Turquía
» (Ejecutorias, caja 873
n.22). Hasta un tal Garcia de Portillo, titulándose pagador del ejército de S.M., le re-
clamó 192 escudos que había prestado a su hermano García. Esta es particumente
infame porque nos alerta sobre una práctica repugnante: el retraso deliberado en el
abono de las pagas,por parte de algunos pagadores reales,que ejercían de prestamis-
tas con el dinero del rey, difícilmente rastreable dado que los giros debían liquidarse
sobre banqueros o agentes de muy diversos lugares y amplio rango de tasas de inter-
mediación. Era relativamente sencillo atrasar contablemente la conversión de tales
giros, a veces justificada por los altos costes de mercadeo, cuando por su blanqueo
posterior se pagaba un precio ridículo en comparación con las jugosas tajadas que se
obtenían a costa de las  las privaciones de los soldados. En fin, Francisca, para satis-
facer las deudas de sus finados y su costoso retiro conventual, hubo de vender la ca-
sa familiar, no la solariega de los Sarmiento en la colación de San Esteban, ampliada
por su abuelo en 1516 y después heredada por su tío Luis, el mayorazgo, sino la que
su padre había levantado en su etapa de regidor y cuya portada, curiosamente, se ex-
hibe en el claustro del convento de San Juan, en Burgos.

Valga la prolija indagación sobre la suerte y vicisitudes de la familia de Francisco de
Sarmiento para acotar las desafortunadas elucubraciones del citado Budor, recogi -
das en el siguiente párrafo:
«Con el maestre Sarmiento en Castilnovo estuvieron
también dos hijos suyos, ambos militares: Pedro, teniente, y Santiago, capitán. Su -
puestamente, también tuvo una hija, María o Margarita Ana Veneranda, que en
Castilnovo casaría con el capitán Mendoza, muerta ella el 11 de diciembre de 1546».

CONQUISTA DE TUNEZ, BONA Y BIZERTA (1535).
Dispuesto a aniquilar el poderío naval de Barbarroja, e impedir que hiciese de la cos-
ta tunecina, tan próxima a Sicilia, otro nido pirático como el de Argel, el Emperador
zarpó de Barcelona el 30 de mayo de 1535, con una poderosa armada entre la que se
contaban un grueso galeón, 24 carabelas y dos naos portuguesas, con mucha noble-
za y voluntarios de aquel reino,al mando del infante D. Luis, cuñado de Carlos y her-
mano de la emperatriz  Isabel. Iban embarcadas 27 compañías de bisoños (8500 h.)
más 4.500 "
aventureros, caballeros y gente de bien", sin paga, 700 jinetes andalu-
ces, sin contar las guardias viejas y lanzas levantadas por los nobles y señores. Tras
tocar en Mallorca y en Caller, donde se embarcaron los Tercios de Nápoles (6 cias) y
de Sicilia (12), junto a las coronelías de alemanes e italianos levadas para la ocasión,
embarcadas en las armadas de Nápoles y Sicilia, asi como en galeras aportadas por
Genóva, el Papa, la Orden de Malta, el príncipe de Mónaco y algunos particulares.






























Tras agruparse en Porto Farina (Ghar El Mel), ya en el golfo de Túnez (15 de junio).
el mismo dia se surgió ante Cartago, aunque algunas galeras fueron a reconocer las
defensas de la Goleta. El dia siguiente desembarcó la infantería veterana, formando
rápidamente un escuadrón a cuya cabeza se puso el Emperador en persona, aunque
no se le opuso resistencia porque Barbarroja se esforzaba en aprestar las defensas
tunecinas y el fuerte
que habia levantado en la Goleta, prevenido de la invasión por
enviados del rey de Francia. El 17, jueves, se completó el desembarque de la infante-
ría bisoña, la caballería, artillería y suminstros. El primer ataque turco no se dio has-
ta el 18, afirmado ya el campo, siendo rechazado brevemente. Sin embargo, en dias
sucesivos, estos menudearon, sobre todo a partir del viernes 19, tratando de dificul-
tar el asentamiento ante la Goleta, cuyo asedio comenzó dicho dia, prolongándose
hasta el 14 de julio, cuando se dió el asalto final.Sin embargo,la artillería no pudo ju-
gar  hasta el 24 de junio, en que se concluyeron las trincheras, reparos y barbetas;
momento en que arreciaron las salidas de la guarnición, que mandaban los corsarios
esmirneses Sinan Reis Al-yahudi —llamado el judío— y Aydin «Cachadiablo». En la
primera de ellas, al alba de dicho dia, fue sorprendido el cuartel del tercio de Sicilia,
vencido por la fatiga del trabajo intenso hasta poco antes, resultando muerto el capi-
tán Luis Mendez de Sotomayor, que afrontó la acometida turca metiéndose entre los
atacantes armado sólamente de espada y rodela.También murieron Sebastián de La-
ra, alférez del MdC Alvaro de Grado,y varios soldados, resultando heridos el MdC y
el capitán Pizaño. Sarmiento perdió su bandera, pero los turcos fueron rechazados y
perseguidos hasta la fortaleza, donde entraron algunos en su seguimiento que que-
daron  allí atrapados. En sucesivas salidas, que causaron numerosas bajas a los sitia-
dores, murieron también el marqués de Finale y el conde de Sangro, dos de los coro-
neles italianos, así como levemente heridos la práctica totalidad de los capitanes del
Tercio, lo cual no les impidió hallarse en el asalto definitivo, incluyemdo a Cristóbal
de Morales, que recibió la compañía de Sotomayor. Toda la flota de Barbarroja, sur-
ta en el estaño, cayó en poder de los españoles, salvo 14 galeras que antes del cerco
había despachado a Bona cargadas de ropas, efectos y joyas.

Tras la caída del fuerte, se descansó 3 dias antes de partir sobre Túnez, emprendien-
do la marcha el 18. El dia 20, al atardecer, hallaron al ejército de Barbarroja formado
en un puesto llano, fortificado,
«donde había unos jardines llenos de pozos de buen
agua, 3 millas de Túnez, entre ciertas antiguallas, que son unos arcos por donde los
antiquísimos cartagineses llevaban agua a la gran Cartago
».(Sandoval, 1618, II,
274).Tras breve combate el enemigo fue desalojado de sus posiciones, retirándose a
la ciudad, donde Barbarroja proyectaba resistir; pero sabiendo que los 15.000 cris -
tianos cautivos, encerrados en la alcazaba, habían logrado apoderarse de ella con la
complicidad algunos guardianes, abandonó Tunez el mismo dia, seguido de sus ca -
pitanes y escoltado por 5.000 jenízaros. En Beja murió Cachidiablo, camino de Bo -
na. Aquí se embarcó en las galeras que había dispuesto para su eventual retirada ha-
cia Argel, no sin antes dejar secretamente a un emisario de confianza para que tan -
teara los términos de una posible aproximación con el Emperador. El vencido bajá,  
sabiendo las prácticas imperantes en los dominios de Solimán, quiso sin duda guar-
darse las espaldas aunque él tampoco mostrara la menor piedad con su fiel Rabadán
de Baeza, renegado español y alcaide de la alcazaba de Túnez, a quien ordenó deca -
pitar imputándole la pérdida del reino «
porque tuvo mala guarda de los cautivos»,
aun sabiendo que no había tenido ninguna parte en su liberación.

El Emperador entró en Túnez el 31 de julio,concediendo 3 dias de saco a sus solda -
dos. Recibió de los cautivos sublevados las llaves de la alcazaba, premiando a los au-
daces y a los guardianes que posibilitaron su liberación.El 27 de julio salió el campo
de Túnez, y el 6 de agosto se concluyó el tratado con Muley Hasan, al que devolvió
su reino —excepción hecha de la Goleta, Bona (Annaba), Bizerta (Benzert) y  Africa
(Mahdia)—, obligándose el rey a satisfacer 12.000 ducados al año para sufragar sus  
guarniciones. La primera se sometió el 10 de agosto, ante las galeras de Doria, que -
dando por alcaide Alvar Gómez Zagal al mando de 600 infantes bisoños.No pudo el
César tomar Africa, como era su deseo al zarpar del golfo de Túnez (17.VIII),pero or-
denó hacerlo a Andrea Doria,que embarcó en Marsala, sobre 35 galeras, a los tercios
de Nápoles y Sicilia,con 5 compañías del regimiento de Herberstein, cuyo coronel y
el grueso de su gente habían partido ya hacia Lombardía con el marqués del Vasto;
por ello, asumió Hernando de Gonzaga el mando de la infantería embarcada. La ex-
pedición, que zarpó el lunes 13 de septiembre no llegó ni a alcanzar su objetivo, con-
trariamente a lo que afirma Sandoval, ya que desde la noche del mismo dia, en que
hubieron de desembarcar en la isla Favignana, una de las Égadas, hasta el 10 de oc-
tubre siguiente, en que agotaron sus provisiones, estuvieron aguardando vientos fa-
vorables para alcanzar las costas de Mahdia, debiendo regresar a Palermo.
























En cuanto a Bizerta, rehusó entregarse a Muley Hacen, cuyo hijo Muley Hamed le
puso cerco ante la resistencia de unos turcos fieles a Barbarroja, que se apoderaron  
del fuerte que dominaba la ciudad,tomando el control de ésta. Sandoval narró el epi-
sodio a partir de la
Crónica de Carlos V, de Alonso de Santa Cruz ( III, 301-5), pero
ninguno de ambos nos brinda tan ricos detalles como Cereceda, testigo de la jornada
(II, 72-78). Andrea Doria recibió la órden de apoyar a los hafsíes directamente del
Emperador, el 13 de octubre, en Palermo. El día siguiente partió hacia Trapani, em-
barcando en sus galeras a la compañía del MdC Alvaro de Grado. Desde allí envió 8
galeras a Marsala para recoger vituallas y a la compañía de Francisco Sarmiento. El
domingo 17,  tras aportar en Trapani otras 4 galeras que aguardaba, embarcaron las
compañías de Luis Quijada y de François de la Pelluce (Francés Pélus en nuestros
textos), zarpando aquel mismo dia la expedición con 35 galeras y dos bergantines, al
mando único de Doria, ya que Gonzaga había sido nombrado virrey de Sicilia por el
Emperador el mismo dia que aportó en Palermo (12.X). En sus naves, aparte de la
marinería, servía también una coronelía de 5 compañías de infantería al mando de
Agostino Spinola.Antes de alcanzar su objetivo, debía proveer de agua y leña a la Go-
leta, de la cual debía proveerse en las costas africanas; por ello, hasta el 25 de octu -
bre, no abandonó aquel puerto. El 29, hubo de refugiarse en Porto Farina para elu-
dir una furiosa tempestad que se prolongó cuatro dias, saliendo el 2 de noviembre.
El mismo dia, por la tarde, llegó ante Bizerta, sobre la que halló a las tropas del prín-
cipe hafsí, por lo que, la mañana siguiente, comezó a bombardear el lugar. Sin em-
bargo, un emisario de Hamed le rogó que lo cesara y que desembarcase una fuerza
capaz de tomar uno de los dos burgos del llano. Conforme a ello, 6 galeras desem-
barcaron al alba del 4 de noviembre 6 compañías de infantes —las 4 del tercio de Si-
cilia y 2 de Spinola— junto a la torre de Chavalaviat, a 8 millas de la plaza. Desde allí
marcharon sobre el burgo oriental, sobre el istmo, que forzaron pasado el mediodía,
tras una hora de resistencia. Para favorecer la concordia entre el príncipe y sus súb-
ditos los españoles formaron de nuevo el escuadrón y se replegaron sobre el mismo
punto del que habian partido, reembarcando en la armada de Doria, esta vez al com-
pleto, que zarpó el mismo dia, aportando en Puerto Farina a medodía del viernes 5
de noviembre. Allí recibió Doria noticia de la restauración de la soberanía hafsí so-
bre el lugar y los castigos impuestos a los turcos y a las autoridades que no evitaron
sus maniobras. Doria partió de regreso a Sicilia el mismo día y Carlos V, persuadido
de las dificultades de aprovisionamiento, rehusó guarnecerla con tropas propias,
asegurado de que la dinastía satélite impediría el corso desde sus costas.

GUERRA CONTRA FRANCIA E INVASIÓN DE PROVENZA (1536).
El mismo dia de la toma de Bizerta, jueves 4 de noviembre de 1535, hallándose el
Emperador en Nápoles, Giovambattista Castaldo, le llevó la noticia de la muerte, en
su villa de la Sforcesca, cerca de Vigevano, del último duque de Milán, segundo de
los hijos de Ludovico el Moro, a quien el Emperador había repuesto en sus estados
paternos en 1522, tras la usurpación de Francisco I (1515-22). Todavía se discute la
fecha de su muerte, que algunos retrasan al 1 de noviembre de dicho año, pero no
así sus consecuencias. En efecto, como escribió Sandoval:

«Con la muerte del duque, revivieron las pasiones entre el Emperador y el rey Fran-
cisco, y nacieron otras ocasiones de nuevas guerras; porque la codicia grandísima
que el rey tenía por este estado no le dejaba vivir con quietud,pidiéndolo y procurán-
rándolo con las armas, habiendo renunciado 8 años antes el derecho todo que a él y
al reino de Nápoles pudiese tener, como yo lo he visto en largas pieles de pergamino
y letra francesa en el archivo de Simancas, con las mayores fuerzas y juramentos
que en derecho se pueden hallar, y junto con esto entregó cuatro escrituras tocantes
a Nápoles y Milán, que hacían en favor del derecho que la casa real de Francia pre-
tendía tener a estos Estados, como quien de todo punto se apartaba de ellos y de su
pretensión, y juró que si en otro algún tiempo hallase otros papeles, los daría al Em-
perador, como consta por la concordia hecha en Madrid; y con todo esto, porfiaba
el rey, y porfió hasta que acabó la vida».

                                                                                         © JUAN L. SÁNCHEZ.
La tumba de doña Maria Manuel ya no se
preserva, pero si una foto antigua, así co-
mo su inscripción, transcrita por el Padre
Florez en su España Sagrada. Rezaba así:
«Aquí yace la Ilustrísima Sra. D.ª Maria
Manuel, hija de D. Sancho Manuel y D.ª Gi-
nebra de Acuña, nieta de D. Juan Sancho
Manuel, bisnieta de D. Juan Manuel, hijo
del infante D. Juan Manuel, hijo del Rey D.
Fernando el Santo: madre de D. Luis de
Acuña, obispo de Burgos, y del Sr. D. Pe-
dro Girón, arcediano de Valpuesta, y del
Sr. D. Antonio Sarmiento.»
El obispo Antonio Sarmiento, tio de nues-
tro Francisco, en una talla policromada del
retablo de la capilla de la Concepción, en
la catedral de Burgos, de la que fue fun-
dador y donde se preserva su sepulcro.
Francisco Sarmiento fue alcaide de la
puerta de Santa Maria desde 1517, por re-
nuncia de su padre, hasta su muerte. En
1540, Carlos V se la concedió a su hijo pri-
mogénito, don Garci Sarmiento Cotannes
de Mendoza, que murió en 1548 siendo
capitán de infantería.
Iñigo Fernandez de Velasco (1462-1528),
en una pintura anónima del siglo XVI en
cuya base leemos que fue «Condestable
de Castilla en su linaje, II Duque de Frias,
IV Conde de Haro, Regente, Gobernador y
Capitán general de España desde 1518 a
1521, camarero mayor del Emperador don
Carlos V, caballero del Toisón de Oro, se-
ñor de las Casas de Velasco y de la de los
Siete Infantes de Lara, de las ciudades de
Osma y Frias». No obstante, la relación de
sus señorios no es completa y tampoco fue
nombrado corregente de Castilla hasta el
9.X.1520, poco antes de la elección de
Carlos I como emperador.
Philibert de Chalon-Arlay (1502-1530),
príncipe de Orange, jefe del ejército impe-
rial que asediaba Florencia y superior de  
Francisco Sarmiento aunque era más jó-
ven que éste. Tras su muerte en Gavinana
le sucedió su sobrino René de Chalon, que
moriría también en acción sirviendo a Car-
los V (1544), por lo cual los estados de ésta
rama segundogénita de los duques de Bor-
goña pasaron a los Nassau-Siegen.
«El asedio de Florencia, 1529-30» en un
fresco de Giovanni Stradano, largo tiempo
atribuído a Vasari, que se conserva en la
Sala de Clemente VII del Palazzo Vecchio,
en Florencia. Al lado, otro fresco del mismo
autor reproduce la batalla de Gavinana,
publicado a gran formato por G.A. Brucker
en Florence, six siècles de splendeur et de
gloire. Natham, Paris, 1984, pg. 181, aun-
que lamentablemente en B&N.
La guarnición de Koszeg, entonces lla-
mada Güns, al mando de Nicolás Jurischitz
resistió durante 25 dias (5 a 30.VIII.1532)
nada menos que 19 asaltos dirigidos por
Ibrahim Pachá, Gran Visir de Selim I y de
Solimán I. Aquí comenzó a desvanecerse
el sueño otomano de conquistar Viena.
Solimán II el Magnífico (1494-1566), sultán
del Imperio otomano desde 1520, cuya ex-
tensión llevó hasta los 15.000.000 Km2; de
ellos, 2 en Europa, 4 en Asia y 9 en Africa.
Curiosamente, en Turquia es más cono-
cido por el sobrenombre de "El Legisla-
dor", pues completó el código iniciado por
Mehmed II, que habría de permanecer en
vigor hasta el reordenamiento general de
1839. Mandaba personalmente el ejercito
invasor junto a su gran visir Damad Ibra-
him Pacha (Parga,1493-Estambul, 1536),
avisado geógrafo y tolerante con los cris-
tianos, al que ordenó asesinar (16.III) pese
a que  conquistara El Cairo, Alepo, Rodas,
Bagdad y Mosul, fuera el vencedor de Mo-
hacs y su más hábil político. No eran cua-
lesquiera los rivales del primer tercio es-
pañol, pero Solimán rehusó el combate
considerando que una retirada a tiempo
constituía su mejor opción de victoria.
La antigua forttaleza veneciana de Koroni
(Coron), en una vista caballera de Witt, de
1689, cuando fue recuperada por una
fuerza conjunta hispano-véneta. No muy
diferente debía ser su aspecto una ses-
quicenturia atrás y, al menos, la fortaleza
permanece todavía (foto inferior)
El daño causado por el ataque de Ma-
chicao sobre Androusa, que le costaría la
vida, obligó a Solimán a replantear su es-
trategía para expulsar al Tercio de Sicilia
de la Morea (hoy Messenia), aunque para
lograrlo hubiera de conceder a Fernando
en 1533 todo cuanto le negara en 1531.
Fernando I de Habsburgo (1503 - 1564), rey
de Hungría y de Bohemia, fue atraído por
Ibrahim Pasha a una tregua innecesaria
(Estambul. 10.II.1533), que favorecía la in-  
tención turca de someter a los safavies de  
Persia, cuya capital, Bagdag, cayó el 28.XI
de 1534. A Ibrahim no le preocupaba Hun-
gría sino el Emperador, pero éste no se ad-
hirió al tratado. No obstante, presionado
por su hermano, ordenó evacuar Morea
tras embarcar en sus naves a cuantos qui-
sieron abandonar su patria. Tampoco éstas
zarparon hasta recibirse garantías de los
turcos, y por escrito, de respetar las vidas
y haciendas de los que prefirieron quedar-
se. Los refugiados fueron instalados cerca
de Monreale, al S. de Palermo (Sicilia).
La cuarentena no fue fácil para los hom-
bres que regresaron de Koroni. La compa-
ñía de Sarmiento tuvo que purgarla en las
ruinas de Megara, donde hubieron de
construirse sus alojamientos con las pie-
dras que había por el lugar y techarlos
con las tablas que les facilitaron los veci-
nos de Augusta. Por fortuna, no llovió. So-
lo 4 de sus hombres murieron, pero nin-
guno durante la cuarentena: 3 habian fa-
llecido en Malta y el cuarto el mismo dia en
que llegaron a Augusta (30.IV.1534).
Luis Quijada (ca. 1506 - 25.II.1570), señor
de Villagarcía de Campos y de Santa Eu-
femia —que heredaría por la muerte de su
hermano mayor en Túnez (1535), Obrero
de Calatrava, coronel de Infª española, ayo
de Jeromín (D. Juan de Austria),mayordo-
mo del Emperador, caballerizo mayor del
principe don Carlos, consejero de Estado y
presidente del Consejo de Indias (1568-70),
comenzó su carrera militar a las órdenes
de Machicao, de quien fue alférez y en cu-
ya compañía le sucedió. Participando en
un juego de cañas, que quiso el Empera-
dor correr en Nápoles, un accidente de
lanza "cortóle todas las venas yugulares y
las arterias carótidas con tanto ímpetu de
sangre que parecía haber degollado a una
vaca». Sanó milagrosamente, pero hubo de
abandonar el servicio (1536) para conti-
nuarlo junto a la persona del Emperador,
que sintióse responsable de su suerte.
Khair-ed-Din (la prosperidad de la religión),
llamado Barbarroja (Mitilene, Lesbos, 1474
- Estambul, 1546), se llamaba en realidad
Khizir ben Yaqub (del árabe Al- Khidr, el
compañero de Moisés a que alude el Co-
rán). Era hijo de Yaqub, militar otomano
originario de Prilep, en la Macedonia  bal-
cánica, y de la griega Catalina. Fué el últi-
mo enemigo de Sarmiento, que prefirió
defender la indefendible Castilnovo antes
que aceptar una generosa oferta de capi-
tulación. ¿Esperaba ser socorrido o era
consciente de su propia inmolación y la de
sus hombres?. El asunto es endiablada -  
mente complicado porque, para aportar al-
guna novedad sobre aquel suceso es  pre-
ciso avanzar en el conocimiento de un he-
cho poco estudiado y casi desconocido,
que además pertenece a lo que hoy llama-
ríamos información clasificada: el largo
proceso negociador entre el Emperador y
Barbarroja para atraer a éste último al ser-
vicio imperial. Los primeros contactos se
entablaron en Bona (la antigua Hipona,hoy
El-Annabi o Annaba, en Argelia), poco des-
pués de su expulsión de Túnez (1535). Las
negociaciones, dilatadas y difíciles, dura-
ron al menos hasta 1543, bien cerca de la
muerte del pacha  y, desde luego, el pro -
ceso estaba abierto cuando se presentó
ante Castilnovo en julio de 1538. La gran
duda histórica que planea sobre aquellos
hechos es si Francisco Sarmiento estaba o
no al tanto de las negociaciaciones y cuál
era su estado actual, porque dependiendo
de ello y considerando la práctica inexis-
tencia de una opinión pública, nadie —sal-
vo acaso los camaradas de armas no avisa-
dos— le habría reprochado una capitula -
ción que hubiera salvado muchas vidas y
que posiblemente Barbarroja cumpliera es-
trictamente, dado que tal solución le per-
mitía “nadar y guardar la ropa” tanto ante
Carlos V como ante Solimán.
Torre, rosetón y pórtico de San Esteban,
donde fue bautizado Sarmiento, que da la
espalda al cerro del castillo, en cuya lade-
ra se asienta. De ahí el nombre de Cuartel
Alto, o del Castillo, que también recibía el
barrio burgalés donde nació y residió su
familia. La vecindad con el castillo casuó
numerosos daños a la parroquia, joya ar-
quitectónica gótica de los siglos XIII y XIV,
que no siempre fueron satisfactoriamente
reparados.
Portada de la fachada de la casa de Fran-
cisco Sarmiento en Burgos, en el llamado
Cantón de los Sarmientos, de la colación
de San Esteban, que su hija Francisca
hubo de vender ca. 1557-58. Se preserva
actualmente en el claustro del Convento
de San Juan, adosada a una pared, pero
su simple existencia es ya un símbolo del
aprecio burgalés por esta familia tan influ-
yente en su época, la de mayor esplendor
histórico de la ciudad.
Desembarco de las tropas de Carlos V en
Cabo Kamart (Cartago), cerca de la Goleta,
segun detalle del tapiz no. III de la serie so-
bre la conquista de Túnez. Muestra al gran
galeón portugués, el mayor de la armada
cristiana, divisándose por encima de sus
cofas un amplio panorama del Golfo de Tu-
nez, comprendiendo la Goleta, el estaño,
Tunez, Cartago y Porto Farina, hasta más
alla del Cabo Blanco. La serie constaba de
12 paños, tejidos por W.  Pannemaker en-
tre  1548-1554, sobre cartones de Jan Cor-
nelis Vermeyen (Barbalunga), que asistió
a la expedición para tomar apuntes, aun-
que no los concluyó hasta el año 1548.
Sitio de la fortaleza de la Goleta por las
tropas de Carlos V (19.VI — 24.VII.1535),
en otro de los tapices de la serie tejida por
Pannemaker. Tras el castillo, en el estaño,
se aprecia surta la flota de Barbarroja,
que cayó en poder de los asaltantes.
Vista de la alcazaba de Tunez, al NE. de la
ciudad y en su parte mas alta, donde Bar-
barroja había ordenado recluir a todos los
cautivos cristianos. Liberados con la com-
plicidad de algunos guardianes, lograron
apoderarse de la ciudadela, obligando al
bajá turco a huir de la ciudad. (Grabado
de Mattaus Merian, 1646).
El primitivo castillo de Bizerta, en la colina
de Koudia, pintado a principios del siglo
XX. Todavía recibe el nombre de "Fort d'
Espagne", aunque no sea la única fortifi-
cación de la ciudad de traza española.
Vista caballera del golfo de Bizerta y sus
alrededores (detalle), entre Cabo Blanco y
Cabo Zebib, incluyendo las torres de Cha-
valaviat, en el golfo, y la de Ras Zebib. En
la parte superior, aparece la siguiente ins-
cripción: "Biserta, fortezza in Barbaria", El
grabado fue publicado al fol. 81 de la Des-
crittione dell' Africa", de Paolo Forlani (Ve-
necia 1562), aunque el dibujo había sido
compuesto precedentemente por el  cos-
mógrafo Giacomo Castaldi (1500-1566). Re-
presenta el ataque combinado a la plaza de
Bizerta por la armada de Andrea Doria y un
escuadrón de 1.000 infantes en el que en-
traban 4 compañías del Tercio de Sicilia,
una de ellas la de Sarmiento, y 2 de la co-
ronelía de Agostino Spinola. El dibujo no
refiere formaciones diferentes, sino las dis-
tintas posiciones del único escuadrón des-
de que desembarcó ante la torre de  Cha-
valabiat, el 4 de noviembre por la mañana,
hasta que tomó el burgo oriental de la vi-
lla, el mismo dia, tras una hora de resisten-
tencia.Tras ellos,entraron los moros de Mu-
ley Hamed, retirándose los españoles del
burgo y formando nuevamente su escua-
drón, que embarcó al atardecer en el mis-
mo punto, que Cereceda llama la Atalaya.
Francesco II Sforza (Milan, 4.II.1495 - Villa
Sforcesca, Vigevano, 24.X.1535), último
Duque de Milán, cuya muerte avivó el per-
manente deseo de Francisco I de Francia
de incorporarlo a su corona, solicitando al
Emperador su cesión al menor de sus hi-
jos. (Atribución de R. Sacchi, del retrato
de Tizziano, dado por perdido).
CONTINUACIÓN
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Giovambattista Castaldo, marqués de Cassano, conde de Piadena (Nocera, 1493 – Milan, 1565), en
un retrato atribuído al Parmigianino (Capodimonte, Napoles), Había tomado parte en el saco de Ro
-
ma y fue coronel de uno de los regimientos italianos que acompañaron al tercio de Sicilia a Hungría
en 1532. Cuando acudió a Nápoles para notificar la muerte del Duque de Milan,  era castellano de
Cremona. Después combatió en Mühlberg (1547), fue capitán general del ejército imperial en Hun
-
gría (1550-53); MdC general del ejército de Lombardía (1555) y lugarteniente del Duque de Alba.


Los restos del castillo franco de Androusa.
A la izquierda, parte de una de las torres
donde los turcos ensartaron, a modo de
espetones, las cabezas de los soldados
españoles muertos en el asalto de la villa
(2.II.1534) y de los prisioneros ejecutados
antes de abandonarla.
FRANCISCO SARMIENTO DE MENDOZA Y MANUEL, CBº DE
SANTIAGO
 (Burgos, ca. 1498 – Herceg  Novi,  7.VIII.1539).
CAPITANES
ALFÉRECES
DESTINOS
GREGORIO DE LEZCANO
  TAORMINA
FRANCISCO SARMIENTO DE MENDOZA
FRANCISCO DE MENDOZA
AUGUSTA
LUIS PIZAÑO (PIÇAÑO)
  SIRACUSA
ALONSO CARRILLO DE PERALTA
ALONSO JIMÉNEZ
SIRACUSA
ALONSO DE HERMOSILLA
MARMOLEJO
CATANIA
FRANÇOIS DE LA PELLUCE
JUAN PEREZ DE MARQUINA
CEFALU
LUIS MENDEZ DE SOTOMAYOR
  CEFALU
EX DIEGO DE TOVAR
  MILAZZO
EX RODRIGO MACHICAO
LUIS QUIJADA
PALERMO