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| CABALLERO DE SAN JUAN (1578), SOLD INF ESP (1563) ALFÉREZ INF ESP (1569), CAP INF ESP (1576), GOB DE DIEST, TOURNHOUT Y NIEUWPOORT (1578-84), MDC INF ESP (1584-98), GOBERNADOR DE BLAVET (1591-98), MDCGRAL (1600). Fue el 4º hijo de Miguel del Águila y Velasco y de Sancha de Arellano, pero era nieto del señor de Villaviciosa y bisnieto del señor de San Román, precursor de la casa de Velada. Fueron sus hermanos Gil, fray Alonso y Nuño, que murió de capi- tán en Bretaña, militando a las órdenes de su hermano; por lo tanto, erró el R.P. Ariz al afirmar que fuera en Flandes, en 1571. Segundón de segundones, Juan hu- bo de seguir los pasos de su hermano y encaminar su carrera a la milicia, donde lograría despuntar. Antes de trazarla, aclaremos que tanto Alonso Vázquez, que le trató personalmente, como Cabrera de Córdoba afirman que nació en Ávila, que preferimos como cuna aunque esté documentado que se crió en la villa de El Be- rraco (hoy el Barraco), de donde procedía su familia materna. EL TERCIO DE SICILIA En 1563, contando con 18 años de edad, se alistó en la compañía que levantó en Avila el capitán Gonzalo de Bracamonte, incorporada en el Tercio de Sicilia, don- de iba a servir ininterrumpidamente durante 24 años y llegaría a ser su maestre de campo. El año siguiente tomó parte en la toma del Peñón de los Vélez, pasan- do al socorro de Malta en 1565, a la reducción de Córcega —sublevada por Sam- piero Corso— en 1566 y a Flandes en 1567. En 1569 fue nombrado alférez de la compañía de Pedro González de Mendoza, a quien sucedería como como capitán en 1576. Antes, había tomado parte en la batalla de Mook (1574) y, ya de capitán, socorrió el castillo de Gante y tomó parte en el asalto y saco de Amberes. Precísa- mente fue él quien persuadió a los amotinados para acudir en auxilio de Sancho Dávila, que defendía su ciudadela. En 1577 regresó a Lombardía con su tercio, siempre al mando de Julián Romero, deshaciendo el camino emprendido diez años atrás, aunque ya no estaban la ma- yoría de los capitanes de entonces: Lope de Figueroa, Hernando de Toledo y Francisco de Bobadilla seguían venturosas carreras. También proseguían las su- yas, aunque de tono menor, Juan Osorio, Juan de Salazar y Antonio de Sotoma- yor; pero otros se habían quedado para siempre bajo aquella tierra, como fuera el caso del apuesto Esteban Illán, «le bel Illan» adorado por las flamencas; de Mar- cos de Toledo, de Lope Zapata de León, de Gonzalo de Ovalle, Damián Morales, Toribio Cimbrón, Diego Carrillo de Acuña y tantos otros. No es ocioso que cite- mos aquí a dichos capitanes porque, gracias a ellos, fue posible resolver el proble- ma de cadena de mando del Tercio, reparado un grave yerro sobre la historia de la unidad donde desarrolló su carrera militar nuestro biografiado. Los tercios españoles partieron de Maastricht el 28 de marzo de 1577, en virtud del Edicto Perpetuo. Su viaje fue lento y hasta primeros de julio no quedó alojado el tercio de Romero en Vigevano, a las órdenes del SgM Francisco de Aguilar. Ju- lián Romero, que salió de Flandes más tarde, se les unió allí el 21. El 15 de agosto, desde Namur, don Juan de Austria solicitaba el regreso de los tercios y el 13 de octubre, cuando murió Romero, estaban ya en marcha hacia los Alpes. Todo esto se opone a otro aserto del R.P. Ariz al referir que, tras regresar de Flandes, Juan del Águila asistió voluntariamente a una expedición a las islas Querquenes (Ker- kenah), en la costa tunecina, acompañado de un buen puñado de abulenses a los que cita. Según me aclara Rosa López, aquella operación fue dirigida en 1576 por D.Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, siendo capitán general de las galeras de Nápoles, cuya escuadra se reforzó en Malta con otras galeras de la Orden. Fue un éxito punitivo, regresando a puerto con numerosos cautivos, pero anterior in- cluso al regreso de los tercios a Italia, por lo que Juan no pudo haber participado en ella. En el otoño de 1577, Juan era uno de los capitanes de aquel tercio gemelo de Si- cilia que, ahora con 16 compañías, volvía a marchar hacia Flandes, tras haber per- manecido en Italia sólamente unos meses. Aunque la muerte de Julián Romero, MdCGral de la expedición, retrasó la partida, a finales de diciembre ya estaban las tropas de regreso en los Países Bajos. El tercio continuó a cargo del SgM Aguilar, aunque en los documentos administrativos del Ejército de Flandes consta como «Tercio de Julián Romero, difunto», situación que se mantuvo hasta que, duran- te el asedio de Maastricht (1579), Farnesio confió su mando al MdC reformado Francisco de Valdés. Un documento fechado en Maastricht, el 17 de agosto de 1579, una vez tomada la plaza, revela que no había cobrado una sola paga desde su vuelta a Flandes, acumulando unos atrasos de 24 menesualidades, ya que la última se había satisfecho en Italia en agosto de 1577. A cambio de la sumisisión de las tropas valonas que habían servido a los Estados Generales (1579), Farnesio hubo de acceder a una nueva repatriación de los tercios españoles (febrero de 1580), que abandonarían Flandes por tercera vez, tras haberlo hecho anterior- mente en 1561 y 1577. En Italia y por orden de Felipe II, se privó a Valdés del mando del tercio por moti- vos disciplinarios, recibiéndolo el SgM Pedro de Paz. Bajo sus órdenes regresó el tercio a Flandes en 1582, a finales de julio, tras haber recorrido el «camino espa- ñol» en 40 dias, justo a tiempo para contribuir a la derrota del duque de Alençon ante Gante (22-VIII). En la campaña siguiente, tomó parte en la conquista de Tornhout (abril), de cuyo castillo fue nombrado gobernador Juan del Águila, aun- que lo sería por poco tiempo. En efecto, apenas 3 meses después, tras asistir a la toma de Nieuwpoort, rendida el 23 de julio, Farnesio le nombró gobernador de aquella importante plaza portuaria, entrando su compañía de guarnición. MAESTRE DE CAMPO Tampoco fue muy muy duradero aquel gobierno. El 16 de agosto del mismo año, el MdC Pedro de Paz perdía la vida ante los muros de Terramunda (Dendermon- de / Termonde) y Farnesio llamó, diez días después, a Juan del Águila para man- dar el tercio en el que habia comenzado su carrera hacía 20 años, aunque ya no era el mismo. De hecho, aquel tercio de Sicilia del que salieron las mejores com- pañías para la empresa de Flandes, seguía sirviendo en la isla, ahora al mando de Diego Enríquez, hermano del castellano de Milán. Fue él quien sucedió a Julián Romero en octubre de 1568, hallándose éste en Flandes; no obstante, mientras vivió «sir Julian», el tercio destacado en Flandes siguió llamándose «de Sicilia», por respeto a su unidad embrionaria; pero ya eran distintos y ambos han mante- nido su existencia orgánica hasta el presente. La originaria, como «Regimiento de Cazadores de Montaña Tercio Viejo de Sicilia no. 67»; el gemelo, como «Regimi- ento de Cazadores de Alta Montaña Galicia no. 64». Aquel mismo año de 1584 comenzaba el asedio de Amberes, al que asistió el ter- cio de Águila, especialmente distinguido en la batalla del dique de Covenstein (27- V-1585), donde se deshizo un intento de socorrer la plaza, finalmente rendida el 17 de agosto. Poco antes, el 13, cobraron sus hombres las 37 pagas atrasadas des- de julio de 1582, pues desde que retornaron de Italia no habían percibido más que ayudas de entretenimiento. El tercio paso después a la isla de Bommel, ante- mural del condado de Holanda, donde el enemigo provocó una inundación que dejó a las tropas españolas aisladas y a su merced; pero la helada caída la vigilia de la Inmaculada (7-XII-1585, por la noche), permitió salvar la difícil situación, que pasó a la historia como «el milagro de Empel». En 1586, el tercio tomó parte en las conquistas de Grave (6-VI), Neuss (26-VII), Alpen (13-VIII) y en el socorro de Zutphen (12-X), obligando al ejército inglés que la sitiaba a levantarse de la plaza. El año siguiente, Farnesio se dedicó a reforzar al ejército para la proyectada invasión de Inglaterra, la construcción de la flotilla de desembarco y de una red de canales interiores para darle salia al mar. Sólo emprendió una operación mili- tar: la toma del puerto de la Esclusa (Sluis), en la desembocadura del Escalda. El asedio comenzó el 12 de junio, aunque hasta el 24 no abrieron fuego las baterías. La plaza se rindió el 4 de agosto, pero un mes antes Juan del Águila resultó heri- do de gravedad. Aun convaleciente, se embarcó para España, donde Fernando de Toledo, gran prior de Castilla en su misma Orden de San Juan, le presentó a Feli- pe II en la primavera de 1588. González Dávila refiere que, adelantándose hacia el rey, el gran prior le anunció diciendo: «Señor, conozca V.M., a un hombre que na- ció sin miedo». Juan no regresaría a Flandes. Felipe II le confió el mando de un tercio que estaba levándose para embarcarse de refuerzo a las tropas de desembarco de la Gran Ar- mada, en la que habría de ser la segunda expedición. El tercio se reunía en Astu- rias y Santander cuando la operación quedó cancelada, en setiembre de 1588, al conocerse el fracaso de la invasión. En 1589, la Junta del Principado obtuvo de Felipe II la retirada del contigente alojado en sus tierras, que fue desplazado a Santander. Allí se congregaron sus 1.643 hombres, agrupados en 16 compañías para embarcarse, a bordo de la Armada de Alonso de Bazán, rumbo a La Coruña, donde aportaron el 17 de agosto de 1589. Carece pues de fundamento la afirma- ción de González Dávila de que hubieran socorrido a La Coruña durante el ataque el inglés en mayo del mismo año. El 27 de agosto volvieron a embarcarse en la misma armada que partió de La Coruña, vía Lisboa, para proteger la llegada de la flota de Indias, retornando con ella a Lisboa. Allí se le agregaron 6 compañías que habían tomado parte en la misma expedición, a cargo de Juan Alonso de Mújica, pasando el tercio a tener 22 compañías; todas volvieron a embarcarse, junto al tercio de Francisco de Toledo, para invernar aquel año en Galicia. Mientras tanto, el asesinato en Francia del duque de Guisa había dejado el cami- no expedito al protestante Enrique de Navarra para ocupar el trono, reactivándo- se la oposición de la Liga católica, apoyada por Felipe II. El tercio de Águila zarpó de El Ferrol a bordo de la armada de Bazán (agosto) y, tras una accidentada trave- sía, aportaba en Nantes el 25 de octubre de 1590. Los próximos 8 años, iba a ser- vir sobre suelo francés, en Bretaña. BRETAÑA Las victorias de Juan del Águila permitieron consolidar la posición de los católi- cos en Bretaña. Así, el 21-XI-1591, tomó el castillo de Blain; el 21-V-1592 derrotó a las tropas anglo-francesas del príncipe de Dombes ante Craon y, en la consi- guiente persecución de los ingleses, que buscaban unirse a las tropas de Norris en Normandía, los deshizo enteramente en Ambrières. Antes, había obtenido como plaza de seguridad el puerto de Blavet, en la rada de Lorient, que fortificó desde finales de 1590 y donde Cristóbal de Rojas construyó una sólida ciudadela: el Fuerte del Águila. Una vez asegurada aquella posición, propuso a Felipe II la toma de Brest (6-XI-1592), que el monarca decidió apoyar mediante una fuerza expedicionaria a cargo del almirante Brochero. Entretanto, la conversión de En- rique IV al catolicismo (25-VII-1593), que supuso el principio del fin de la Liga, complicó la situación de los españoles. Pese a ello, un pequeño cuerpo organiza- do en Blavet desembarcó en Camaret y se fortificó en la península de Crozon, le- vantando el fuerte llamado «La Pointe des Espagnols», dominando la entrada al puerto de Brest. Felipe II no pudo auxiliarles y un ejército anglo-francés, apoyado por una flota anglo-franco-holandesa, les sitiaron por mar y tierra (2-XI-1594). Los españoles se defendieron hasta que el fuerte fue tomado por asalto el 15 de noviembre, resultando masacrada su guarnición salvo 13 supervivientes; mien- tras, el socorro terrestre que conducía personalmente Juan del Águila, quedaba bloqueado en Plomodiern. Para su fortuna, las victorias y conquistas del conde de Fuentes (1595) y del archiduque Alberto (1596) en el norte de Francia obligaron a Enrique a desplazar su atención de Bretaña, merced a lo cual pudo mantenerse incomodado en Blavet. Incluso, hasta se permitió atacar desde allí a... Inglaterra. Curiosamente, fue aquella la única vez que los españoles tuvieron éxito en una incursión sobre suelo británico. El 26 de julio de 1595 zarparon de Blavet 4 galeras de la escuadra de Pedro de Zu- biaur, que tenía a su cargo el abastecimiento de la plaza desde Vizcaya. Aparte su dotación, embarcaban 3 compañías de arcabuceros al mando del capitán Carlos de Amézqueta. Tras aportar en Penmarch (Finistère) para proveerse de víveres, se hicieron a la vela al amanecer del 31 de julio y el 2 de agosto, al amanecer, de- sembarcaban en Mount's Bay, junto al cabo Lizard, en Cornualles (Cornwall). La infantería formó un escuadrón y avanzó hacia el vecino pueblo de Mousehole, ca- ñoneado a su vez desde las galeras. Mousehole, Newlyn, Saint Paul y el fuerte de Penzance fueron saqueados e incendiados en los dos dias que duró la incursión. El 4 de agosto, tras embarcar la artillería desmontada del fuerte, se alejaron de la costa. El día siguiente toparon en el Canal con una flota holandesa de 46 velas, pero lograron abrise paso, e incluso hundir uno o dos buques enemigos a costa de 20 bajas, las únicas de la expedición. Finalmente, tras reparar de nuevo en Penmarch, regresaron a Blavet el 10 de agosto. Blavet pudo haberse convertido en una excelente plataforma para golpear a Ingla- terra, pero Felipe II, enfermo y deseando cerrar la guerra de Francia, ofreció una paz ventajosa a Enrique IV en Vervins (2.V.1598), obligándose a devolver todas las plazas francesas que ocupaba en el plazo de 2 meses. En su virtud, se restitu- yeron Châtelet (1.VII); Calais y La Capelle (2.VII); Ardres (10.VII) y Doullens (12. VII). Ignoro la fecha en que Juan del Águila entregó Blavet, pero debió ser a me- diados de dicho mes, porque hasta el dia 20 no salieron de Paris el Almirante de Aragón y los demás rehenes confinados allí en garantía del cumplimiento de los pactos. En todo caso, fue a recogerle Pedro de Zubiaur, que condujo a Cádiz a los evacuados. Su tercio quedó afecto a la escolta de los galeones de la Armada oceá- nica y Juan pasó a la Corte a besar la mano del rey, aunque ignoro si lo consiguió pues Felipe II, agravado desde el 22 julio, murió el 13 de setiembre. IRLANDA Juan regresó a Cádiz, ahora en compañía de su esposa. A la pobre mujer le aguar- daba una sorpresa mayúscula porque, en mayo de 1600, su marido fue puesto en prisión en la casa de un alguacil; ella misma y el contador del ejército de Bretaña también fueron detenidos. Luis Cabrera, que publica la noticia el 27, añade que «había información de haberse aprovechado de la Hacienda del rey mas de lo que era justo». Afortunadamente, Juan pudo probar su inocencia y, en desagravio, se le concedió el mando de una expedición de apoyo a los condes de Tyrone y Tyrco- nnell, sublevados en Irlanda contra Isabel de Inglaterra. La armada zarpó de Lisboa el 2 de setiembre de 1601, al mando del almirante Bro- chero, con 33 buques que transportaban a los tercios de Águila y Francisco de To- ledo, cuyas últimas revistas, antes de embarcar, arrojaron 4.432 hombres. Juan del Águila era el MdCGral de la expedición; es decir, el jefe de la fuerza de desem- barco, cuyo objetivo era tomar el puerto de Cork. Cerca de la isla de Ushant, una fuerte galerna separó a la flota. Zubiaur, con 9 buques, 650 soldados y la mayor parte de los víveres, hubo de buscar refugio en La Coruña; otros 3 navíos pudie- ron refugiarse en Baltimore, donde desembarcó una fuerza al mando de Alonso de Ocampo; en cuanto a Bochero, no pudo embocar la rada de Cork, batida por vientos contrarios, y hubo de entrar en la de Kinsale. Tan pronto desembarcaron las tropas y suministros (22-IX-1601) regresó a España con la armada, quedando a su suerte Juan del Águila y los 3.000 hombres que le acompañaban. Juan reclamó insistentemente socorros, tanto a España como a los rebeldes irlan- deses del N. de la isla, mientras fortificaba apresuradamente ambas riberas del rio Bandon, donde erigió dos fuertes: Castle Park y Ringcurran, éste justo en el em- plazamiento del actual Fort Charles. Pronto quedó bloqueado por una fuerza de unos 4.000 hombres al mando de George Carew, a quien enseguida se le unió Lord Montjoy, que a finales de octubre habían logrado reunir en torno a Kinsale 6.000 infantes y 600 caballos. El 10 de noviembre los ingleses tomaron el fuerte de Ringcurran, defendido por 150 hombres, privando a los españoles de salida a la bahía, donde ya fondeaba una escuadra inglesa al mando de Richard Levison. La posición de Juan del Águila era insostenible y, para intentar romper el cerco, dependía de la llegada de refuerzos. Zubiaur pudo zarpar de La Coruña, el 7 de di- ciembre, con 10 navíos, 71 tripulantes, 829 soldados y abundantes provisiones, pero su travesía no se libró de las consabidas tormentas. Perdió 4 barcos y no pu- do reunir al resto sino en la bahía de Roaring Water, 30 millas al sur de Kinsale. El 11 de diciembre desembarcó y se fortificó en Castlehaven, dispuesto a socorrer por tierra a los sitiados. Para evitarlo, zarpó Levison de Kinsale con 7 buques, en- tre ellos 4 galeones de más de 600 Tn. El 16 de diciembre cayó sobre la armadilla española, también de 6 naves, pero tan solo 2 galeones de 200 Tn. Tras 5 horas de combate, durante el cual fue hundido uno de los galeones españoles, el resto embocó el estrecho pasaje del puerto, donde una batería de 5 cañones detuvo a los ingleses. Ante la imposibilidad de forzar dicha bateria ni por mar ni por tierra, Levison acabó retirándose y Zubiaur pudo reparar sus daños. Gracias a esta victo- ria los nobles locales prestaron juramento de fidelidad a Felipe III, entregaron a los españoles los castillos de Dunboy y Donneshed y levaron 550 infantes y una compañía de caballería. Pedro López de Soto, que mandaba las fuerzas terrestres en Castlehaven, les dio 200 infantes españoles y les instó a marchar al socorro de Kinsale. Por su parte, los condes de Tyrone y Tyrconnell habían reunido una fuer- za de 5.500 hombres que se dirigía hacia el sur, atravesando a marchas forzadas la gélida campiña irlandesa. El 24 de diciembre enlazaron en Banndan, aguas arri- ba del rio Bandon, con la fuerza procedente de Castlehaven y marcharon juntos hacia Coolcarron. Entre ellos y los sitiados acampaban 12.000 ingleses, con abru- madora superioridad de caballería. El 3 de enero de 1602 (víspera de Navidad; o sea, el 24 de diciembre de 1601 segúnel calendario juliano), las fuerzas de socorro intentaron forzar el paso a Kinsale. No hubo coordinación suficiente para actuar conjuntamente con los sitiados y la caballeria inglesa sembró pronto el pánico entre los improvisados combatientes irlandeses, que huyeron en masa. La única resistencia eficaz la opuso la infante- ría española, al mando de Ocampo, que fue masacrada, aunque evitó una carnice-ría mayor entre los vencidos, que perdieron 1.200 hombres. Los españoles tuvie-ron 90 muertos y 52 prisioneros; apenas 50 lograron unirse a los fugitivos. Juan del Aguila capituló ante Lord Mountjoy el 12 de enero. Dicha capitulación comprendía también a las plazas y castillos de Castlehaven, Donneshed (Baltimo- re), Donnelong (Sherkin) y Dunboy; a cambio, los ingleses se comprometieron a proveerle de alimentos y medios de transporte para devolverles a España. Y no só- lamente a sus hombres, para entonces reducidos a unos 1.800, sino a los irlande- ses que quisieran acompañarles; además, todos conservarían sus armas, artille- ría, banderas, dinero y equipajes. Los ingleses cumplieron y Juan del Aguila de- sembarcó en La Coruña, el 13 de marzo, con los 59.000 escudos que llevaba enci- ma. Con ese dinero asistió a las autoridades gallegas en el auxilio a los recién lle- gados, la mayoría de los cuales se hallaba en pésimas condiciones, así como en el establecimiento de un hospital de campaña. El retorno fue amargo. No se le permitió ir a la corte y hubo de quedarse en La Co- ruña, internado en el domicilio que le señaló el conde de Caracena, gobernador del Reino. «Abrumado por ésta detención, que suponía una grave censura a su conducta militar en Irlanda, murió don Juan del Aguila, probablemente a princi- pios de agosto» (E. González López, La Galicia de los Austrias, II, 45). Su muerte en La Coruña fue confirmada por el capitán Walter Edney, enviado por el gober- nador Carew con cartas suyas y regalos personales, siendo publicada también por Thomas Stafford (History of the Wars in Ireland during the reign of Queen Eliza- beth, Londres, 1896, II, 252). Sin embargo, no llegaron a conocerla ni Ariz ni Gon- zález Dávila, el último de los cuales escribió en 1770: «Retiróse herido de la envidia al sosiego de su patria, con esperanzas de que se le harian mercedes, mas llegó primero la muerte que los premios, quedándose con la gloria de haberlos merecido. Mandóse enterrar en El Berraco, aldea del obis- pado de Avila, adonde se había criado. Dejó en ella una dotación de 100 ducados para casar a las hijas de la aldea y de 200 a las que se llamasen Juana». El Consejo Supremo de Guerra, en sesión de 12.VII.1603 y a instancias del conde de Puñonrostro, concluyó que «su capitulación había representado una pérdida de reputación». Desde luego fue algo inoportuna porque, sólamente dos dias des- pués de firmada, Martin de Vallecilla se presentó ante Kinsale con refuerzos aun- que regresó a España tan pronto la conoció. Sin duda, le perjudicó que se hubiera conocido antes por relatos ajenos que por el suyo propio, porque no se concibe de otra manera que se olvidara su heróica resistencia durante las 17 semanas que se mantuvo sitiado por mar y tierra por fuerzas muy superiores. También se le acusó de tibieza, al no salir oportunamente contra el enemigo el día que Ocampo y los irlandeses atacaron sus líneas. Lo cierto es que, cuando pudo hacerlo, los prime- ros habían sido ya derrotados y él fue rechazado. No se sabe que tuviera hijos de su matrimonio, que no menciona Ariz —genealo- gista de su casa—ni tampoco su viuda, al reclamar los sueldos vencidos de su ma- rido bastantes años después de muerto. Tampoco me consta que haya sido objeto de ningún estudio biográfico moderno, al menos publicado en obras de referencia colectivas. Los ya mencionados Ariz y González Dávila nos dejaron algunas pince- ladas de su vida, pero entreverada de errores y lagunas. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| El castillo de Villaviciosa, 20 Km. al S.E. de Avila, propiedad de la línea mayoral de la familia de Juan del Águila, que hoy forma parte del municipio de Solosancho. El castillo ha sido rehabilitado y convertido en establecimiento hotelero. |
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| A ambos lados de una ventana rena- centista de dicho castillo, están escul- pidos los blasones de Nuño González del Águila (izquierda y detalle) y de su esposa Teresa de Velasco y Guevara, abuelos de Juan del Águila. |
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| Juan del Águila fue retratado en Bruselas, el año 1587, por Otto van Veen (latinizado Venius, que retrató también a Farnesio), poco antes de que fuera herido y regresara a España sin haber podido recoger el encargo. Su retrato, tras acabar en las almonedas de Bruselas, fue adqurido en 1834 para el Museo de Versalles (MV3352), donde aun ignoran la identidad del retratado, que establecimos gracias al grabado de abajo, reproducido en 1902 del «Bello Belgico» (edición de 1642). El marqués de Leganés poseía otro retrato de cuerpo entero del personaje (R&D-2, pg. 118), que hacía el nº 1317 de su vastísima colección de pinturas. Tras permanecer casi dos siglos en el palacio de Morata de Tajuña, fue subastado en Paris en 1820, ignorándose su paradero actual. Curiosamente, los lienzos anterior y posterior de aquella colección (nos. 1316 y 1318) se hallan hoy en el Senado, adonde fue a parar el lote que adquiriera en su momento el marqués de Salamanca. Ni siquiera corresponden a personajes espa- ñoles (Gallas y Stotz) pero, lamentable- mente, fue otro el destino del retrato de Juan del Aguila, quizá también basado en el grabado de abajo, pues se ejecutó muy posteriormente a la muerte del personaje. |
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| Plano coetáneo de la isla de Bommel, don- de el tercio de Águila pudo ser aniquilado. |
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| Plano del asedio de Neuss, junto al Rhin, tomada al asalto por el tercio de Águila. |
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| El asedio de la Esclusa, donde Juan resul- tó gravemente herido en julio de 1587. |
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| Estado actual del «Fuerte del Águila» en Blavet (hoy Port-Louis), que fue poste- riormente muy modificado por Vauban. |
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| El foso y los baluartes que flanquean la puerta pertenecen a la primitiva traza del fuerte español, diseñado por C. de Rojas. |
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| El «Fort de la Pointe des Espagnols" en la península de Crozon, albergaba un pequeño museo. Ya sólo queda el de la ciudadela de Port Louis, dedicado a la Compañía francesa de las Indias. |
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| Mousehole en la actualidad. |
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| Aunque muy modificado por la actuación posterior de los ingenieros franceses, la ciu- dadela de Port Louis, junto a los fuertes de Roscanvel (Crozon) y Blaye (Garonne), constituyen aun vivos testimonios de la ar- quitectura militar española en Francia. |
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| Cádiz en un plano de finales del siglo XVI. Juan del Águila residó allí casi tres años: desde agosto de 1698 hasta junio de 1601. |
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| La costa S.E. de Irlanda, donde se ha re- saltado el emplazamiento de los puertos de Cork, Kinsale, Castlehaven y Baltimore. El territorio coloreado de verde corresponde a los límites del condado de Cork. |
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| Castlehaven |
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| Sobre el dintel del pórtico del consistorio de El Barraco aparece cincelado el escudo de Juan del Águila. Abajo, la iglesia parroquial de la villa, en cuyo presbiterio está enterrado. |
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| Lápida sepulcral con el escudo de Juan del Aguila, en la Iglesia parro- quial de El Barraco (Avila). |
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