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| FRANCISCO DE VALDÉS (1511-1580), SOLDADO INFª ESPAÑOLA (ca. 1536), CAPITÁN DE INFª (1555), SGM TERCIO DE LOMBARDIA (1564), MAESTRE DE CAMPO GRAL. DE LA PROV. DE HOLANDA (1573-74), MAESTRE DE CAMPO DEL TERCIO DE ITALIA (1574-77), MAESTRE DE CAMPO DEL TERCIO GEMELO DE SICILIA (1578-1580), GOBER - NADOR DE PIOMBINO (1580). Cuando la Junta de Iconografía Nacional publicó los Retratos de personajes del si- glo XVI relacionados con la Hisotria militar de España (1919) y admitía que «solo se sabe que era maestre de campo en 1574», Valdés era más notorio en los Países Ba- jos, donde se habían grabado algunos retratos suyos y conocian sus fechas de naci- miento y defunción. El interés allí por un «personaje que no es hijo de cuna famosa, ni siquiera significado por el Don español y que no alcanzó mayor grado que el de coronel» (Kok, 1786), protagonista de piezas teatrales y de artículos históricos desde el siglo XVIII, se debía a su relación amorosa con una dama de alcurnia, Magdalena Moons (La Haya, 24.I.1541—Utrecht, 15.VI.1613), unos 30 años más jóven que él y con quien llegaría a casarse, hecho que después intentó ocultarse, como se ha des- cubierto recientemente; sobre todo, interesaba el papel atribuído a dicha señora en la posible dilación del asalto a Leiden, que finalmente abortarían los holandeses al anegar la campiña aledaña. No ha de sorprendernos, por lo tanto, que fuera Auguste Hellin, en 1777, el primero en interesarse por su genealogía, como tampoco que el profesor Gachard, descubriera que, en realidad, Valdés no fue un simple maestre de campo o coronel, sino maestre de campo general o comandante en jefe de un cuerpo de ejército, hecho silenciado por su coetáneo Bernardino de Mendoza, cama- rada de armas en Flandes y cronista de la primera década de aquella guerra. ASCENDENCIA: Rendueles fijó su cuna en Gijón, que aceptamos con reservas dado que el autor no llegó a identificar a su familia, como tampoco se ocuparon de ella ni los genealogis- tas clásicos —Salazar y Castro o Haro— ni los modernos —Piferrer, Vilar o los her - manos Garcia Carraffa—, cuyas obras he consultado. Mayor decepción constituyó la pista establecida por el citado Hellin al afirmar que «Gaspar de Valdés, castellano de Gante, fue hijo del maestre de campo Francisco de Valdés y de N. de Robles». Cuan- do esperaba desvelar su ascendencia consultado el expediente santiaguista del men- cionado castellano (AHN, O.M., no. 8421), descubrí que, en realidad, éste era hijo de un capitán homónimo de la guarnición de la Alhambra, donde nació, y de su es- posa Isabel de Loaces. Por otra parte, y siendo cierto que Francisco de Valdés nunca fue tratado de don, parece que su familia aunque no hidalga era al menos conocida, como se infiere de una carta de Juan de Silva a Gabriel de Zayas, secretario de Feli - pe II, fechada el 9 de mayo de 1578, con ocasión de sus esponsales en Flandes con Magdalena de Moons: «El desposado es hombre de buena razon, mas pobre. Le he- mos hallado desfavorecido de su padre: plegue a Dios que el casamiento suceda a satisfación del maestre de campo» (Codoin, XL, 1862). En cuanto a la fecha de su nacimiento, fijada por los autores flamencos, se debe a la diferencia aproximada de edad de los contrayentes, que era de unos treinta años. LENTA PROGRESIÓN DE SU CARRERA MILITAR (ca. 1536-1559) La primera noticia de su carrera data del 15 de junio de 1544. Aquel día, tras cruzar las líneas francesas que sitiaban Carignano, logró entrar en la plaza asediada para entregar una carta a Pirro Colonna, comandante de su guarnición, en la cual Alonso de Avalos, marqués del Vasto y gobernador de Lombardía, le comunicaba que pro- curase pactar su rendición a los franceses en los mejores términos posibles, vista la imposibilidad de socorrerle a causa de la derrota que había sufrido en Cerisole d’Al- ba (11 de abril de 1544), con el ejército que llevaba en auxilio de la plaza. Un historia- dor moderno, David W. Davies (1964), en su excelente edición de las memorias de Roger Williams (1540-1595), que luchó en los Países Bajos desde 1572 a 1587, des- corre los siguientes jalones de su carrera, refiriéndonos que participó en la Guerra contra la Liga Schmalkalda (1546-47), combatiendo en la batalla de Mühlberg (24. IV.1547), y posteriormente en la conquista de Mahdia (Túnez), llamada Africa en los textos coétanos, cobrada al asalto el 10 de setiembre tras permanecer cercada desde el 2 de julio de 1550. Como los nombres de los capitanes de ambas empresas son conocidos, sabemos que Valdés aun no había alcanzado dicho grado, aunque ello no excluye la posibilidad —aunque remota— de que lo hubiera sido anterior - mente y reformada su compañía. El mismo Valdés nos revela en su Espejo y disciplina militar, del cual hablaremos más adelante, que se halló con su camarada Sancho de Londoño en el asedio de Montalcino, durante la Guerra de Siena (1552-57). Dicha plaza fue sitiada a media- dos de marzo de 1553 por un ejército imperial de 18.000 hombres a las órdenes de Garcia de Toledo, hijo del virrey de Nápoles, Pedro de Toledo, que había muerto en Florencia mientras preparaba la expedición. No obstante que don Garcia hubiese de levantar el asedio el 16 de junio y replegar parte de sus tropas para proteger las cos- tas napolitanas de un ataque turco, Valdés formó parte del tercio de infantería espa- ñola de Francisco de Haro, que quedó en Toscana en apoyo del Duque de Florencia, bajo el mando supremo de Juan Jacobo de Medici, marqués de Marignano. Sirvió con él en la defensa de Piombino (1553-54), sitiada por los franceses; en la victoria alcanzada sobre las tropas franco-sienesas en la batalla de Scannagallo, cerca de Marciano de Valdichiana (2.VIII.1554), así como en el subsiguiente sitio de Siena hasta la capitulación de la plaza (20.IV.1555), donde entró de guarnición el dia si - guiente, mandando ya una compañía que, aparentemente, no debió de recibir hasta después de la mencionada batalla de Marciano porque tampoco consta entre los ca- pitanes españoles que allí combatieron. En Siena, citado como capitán, declaró el 16. V.1556 en el proceso por herejía contra Julián Carleval, en cuya casa halló «algunos libros sospechosos y otros escandalosamente heréticos». (Marchetti, 1975). Su tes - timonio, que preserva el Archivo Histórico de Siena, está transcrito en latín, aunque ignoramos si depuso en esa lengua o, tratándose de un procedimiento curial, se tra- dujo posteriormente a ella. Tampoco conocemos todo su tenor, salvo los párrafos evocados por Marchetti, que bastan para saber que Valdés llegó a reconocer, ojean- do su interior, obras camufladas de Melanchthon y Calvino. Este hecho, junto al po- sible conocimiento del latín, solo cabría explicarlo de haber recibido una extensa formación religiosa. Quizá fuera deseo paterno el que siguiera la carrera eclesiástica y, conculcándolo Valdés, se viera luego “desfavorecido” por aquel. Además, tal hipó- tesis explicaría su lenta promoción en la milicia como fruto de su tardía incorpora - ción a ella, probablemente muy adelantada la tercera década de la centuria, con 26 años o más; es decir, casi una década después de lo que era frecuente entre solda - dos “desfavorecidos” por la cuna. El 19 de julio de 1557, el gobernador internino de Lombadia, Juan de Figueroa, hizo entrega de la ciudad y territorio de la antigua república de Siena a Cosme de Medici, siendo relevada el mismo dia la guarnición española por otra toscana al mando de Chiappino Vitelli. Figueroa habia llevado en Florencia, desde marzo, las negociacio- nes sobre el acuerdo de cesión, que exceptuaba algunas plazas costeras, retenidas por España, que configuraron el estado de los Presidios de Toscana. La guarnición de Siena pasó a reforzar aquellas plazas y, concretamente, la compañía de Valdés se trasladó a Porto Ercole, cuyo presidio estaba amotinado. A comienzos de 1558, tras la firma de la paz entre Paulo IV y Felipe II (Roma, 14.XII.1557), fue agregada al ter- cio de Sancho de Londoño, que regresando de Nápoles a Lombardía desembarcó en Porto Ercole para asistir a la conquista de Talamone y Castiglione, aun en poder de los franceses. Ya en Lombardía, a las órdenes del Duque de Sessa, se halló en la re - cuperación de Centale, Sommariva y Moncalvo (5.X.1558), levantando después un fuerte en Borgo San Martino, para emprender el asedio de Casale o Valenza la pri - mavera siguiente, lo que no tendría efecto al firmarse el tratado de paz de Cateau- Cambresis (2.IV.1559), que obligó a los franceses a restituir ambas plazas. El tercio de Londoño no era a la sazón el Ordinario del Estado, o de Lombardía, sino el que había levado en España Alonso Pimentel, castellano de Milán desde 1557. Con la paz, ambos se refundieron recibiendo Londoño el mando de aquel por la pro- moción de Manuel de Luna al castillo de Cremona, a pesar de la oposición del Du - que de Sessa, que habia propuesto para mandarlo a don Rodrigo de Benavides. Esta circunstancia feliz cambió radicalmente la carrera de nuestro biografiado, que de otra forma habría podido ver su compañía reformada dada su corta antigüedad. MEJORAN SU EXPECTATIVAS: SARGENTO MAYOR (1559-1573) Lejos de ello, su viejo camarada le dió la sargentía mayor del Tercio de Lombardia. Desconocemos la fecha de su nombramiento, que debió producirse en 1565, cuan- do dicho tercio hubo de intercambiar parte de sus compañías veteranas con las biso- ñas del recién levado Tercio de Bracamonte o Cerdeña, saliendo de la unidad capita- nes tan renombrados como Juan Periche de Cabrera, Alvaro Osorio o Juan Despuig (citado Despuche). Con dicho empleo, formó parte de las 10 compañías destacadas que, a las órdenes de su maestre de campo Sancho de Londoño (1515-1569), condu- jo a los Países Bajos el Duque de Alba en 1567. Tras pasar muestra en los contornos de Asti (20.VI), y recorrer el “camino español” en 56 dias de marcha, el tercio quedó alojado entre Lierre, Tournai y Vilvoorde, de donde no habrían de salir hasta el 19 de abril del año siguiente para enfrentarse a la amenza de invasión por un ejército orangista reclutado en Alemania. El tercio de Londoño, apoyado por la caballería de Sancho Dávila, sorprendió a un contingente enemigo entre Erkelens y Dahlem, villa del ducado imperial de Cléveris (Kleve), ha- cia donde huyeron los vencidos buscando defenderse mejor en sus fosos. Valdés, con tan solo 5 compañías de su tercio, les desalojó de allí, capturando a todos los su- pervivientes y su bagaje (25.IV.1568), que fueron conducidos a Roermond. Fue la primera acción en que las tropas de Felipe II intervenían en los Países Bajos y en ella tuvo una parte destacada. Su propio maestre de campo, Sancho de Londoño, en carta al gobernador del Milanesado, escribía el dia siguiente: «Francisco de Valdés hizo muy bien el oficio de sargento mayor y de capitán, ordenando fuera y comba - tiendo dentro del foso» (Codoin, XXX, 442). El mismo año sirvió —en ambos casos en vanguardia y con no menor distinción— en la batallas de Gemmingen (21.VII), en Frisia, y en el combate de Libertange (21.X), junto al río Petite Gette, al sur de Tirlemont, en sendas victorias sobre las tropas de Guillermo de Orange, obligado a buscar su salvación a través de Francia, que pusieron fin a la llamada primera suble- vación de los Países Bajos. Se abrió entonces un paréntesis bélico que duraría dos años y medio. Valdés lo apro- vechó para componer una pequeña obra didáctica sobre el oficio de sargento mayor, que tituló Espejo y disciplina militar, escrita en forma de un supuesto diálogo entre Sancho de Londoño, su maestre de campo, y un tal Vargas que bien pudiera tratarse —como ya apuntó Alvarez de Baena—, de Francisco de Vargas y Bernaldo de Quirós, señor de la casa de Vargas de Madrid, que era capitán de su tercio y se hallaba con Valdés de guarnición en Deventer, donde concluyó la obra el 20.X.1571, si no antes, ya que en dicha fecha solicitaba el permiso para su impresión. En todo caso, consti - tuye un homenaje póstumo al citado Londoño, al que tanto debía, que había falleci- do en los Países Bajos en marzo de 1569. Por su boca, desgrana Valdés sus conside- raciones en torno al tema propuesto y sobre la disciplina militar —objeto de estudio por el mismo Londoño antes de su muerte— cuyo trabajo compendia en un extenso monólogo de su antiguo camarada, que ocupa las 20 páginas finales del libro. En abril de 1572 el Príncipe de Orange desató una nueva ofensiva, apoyándose por el norte en una fuerza pirática conocida como los «mendigos del mar», por el sur con hugonotes franceses y por el este con príncipes protestantes alemanes. Los pri- meros se apoderaron de los puertos de Briele (1.IV), en la isla de Vroon, y de Gorin- chem (27.VI), en el Mosa; los segundos, de Valenciennes (15.V) y Mons (24.V), en Hainaut, y los últimos de Roermond (7.VII), en Gueldres. El duque Alba dio priori- dad al frente sur, a donde envió sus mejores tropas al mando de su hijo Fadrique de Toledo. Otro pariente, en este caso su sobrino Fernando de Toledo, veinte años más jóven que Valdés, mandaba a la sazón el tercio gemelo de Lombardía. El 3 de junio lograron recuperar Valenciennes, poniendo enseguida cerco a Mons. El barón de Genlis vino en auxilio de la plaza con 6.000 franceses, siendo completamente venci- do en la batalla de Quiévrain (17.VII), pero los sitiados no desmayaron porque Luis de Nassau, que les mandaba, confiaba en que no le abandonaría a su suerte su pro- pio hermano, el Príncipe de Orange. Un movimiento tan previsible no podía ser ig - norado por los españoles, que el 11 de setiembre sorprendieron el campamento del Taciturno en Harmignies, dándole una «encamisada» (ataque nocturno) en la que provocaron tal mortandad que la fuerza levantada por el Príncipe se disolvió tan pronto como los supervivientes regresaron a Roermond. Valdés, señalado en la primera de las acciones, no pudo hallarse en la segunda, ni siquiera en la capitulación de la plaza (19 de setiembre), porque había resultado he- rido pocos dias antes. Aunque Juan M. Diana afirmó que perdió un brazo, lo cierto es que el mosquetazo se llevó solamente «la choquezuela del codo, y no podia ce - rrar ni abrir la mano ni llegarla a la cabeza» (Vázquez de Prada, 1960). Su caso fue singular en los anales médicos de su tiempo, pues acudiendo a Amberes «se curó después acá cada verano, de suerte que agora escribe harto de su mano, y la cierra y abre, aunque siempre quedan los dedos debilitados y la espada trae como zurdo». Se reincorporó a su puesto sobre Haarlem, en diciembre, una vez que el ejército ha- bia restablecido la autoridad real en Brabante, Frisia y parte de Holanda, tomando las ciudades rebeladas de Malinas, Zuthpen y Naarden. Se halló en el asalto al rebe- llín de Haarlem (21.XII.1572), que fue rechazado, cayendo muerto a su lado su alfé- rez, Jerónimo de la Lama. El sitio de Haarlem se prolongó 8 meses, aunque Fadri- que estuvo a punto de verse obligado a levantarlo cuando la armada rebelde logró desembarcar en Ouderkerk, sobre el Amstel, que tomaron y fortificaron, cortando la ruta de sumistros del ejército. El Duque de Alba, escribiendo al rey desde Nimega el 7 de julio, confesaba que «desde que nací no me he visto en mayor congoja, porque era fuerza de levantar el campo sobre Haarlem y rendirse cruzadas las manos o morir de hambre». El peligro se conjuró mediante un ataque combinado por tres puntos diferentes, que obligó al enemigo a emprender la retirada. En la misma car- ta, refería el duque que «por la parte de Utrecht envié a los capitanes Valdés y Ro- drigo Zapata, que (aunque sin brazos) han servido muy bien en esta ocasión, como en todas las demás». Quizá este párrafo haya alimetando cierta confusión entre los historiadores, porque Valdés tenía todavía los dos miembros, aunque sólo pudiera valerse del izquierdo, y D. Rodrigo Zapata de León, al que tuvieron que aserrar el antebrazo izquierdo tras el asalto al fuerte de Spaarndam, disimulaba tal carencia con una prótesis de hierro. El dia 8, al atardecer, compareció ante la villa el ejército del Príncipe de Orange, con intención de socorrerla y el siguiente, jueves por la ma- ñana, intentaron meter dentro 300 carros; pero todos caerían en poder de los sitia - dores, tras un breve combate en que el enemigo sufrió graves pérdidas humanas y la pérdida de toda su artillería. Desalentados los defesores con este suceso, se rindie- ron el domingo 12 de julio de 1573. El campo mantuvo sus puestos sobre la ciudad, en la que —tras la degollina de su guarnición— solo permanecieron los oficiales mientras que los burgueses procura - ban reunir la contribución pactada, tasada en 240.000 florines. El dinero se retrasa- ba y la paciencia de los soldados se agotó. El tercio de Julian Romero se amotinó y entró en la ciudad el 26 de julio. El maestre de campo, cojo, manco y tuerto, se enca- ró a sus hombres que le apuntaron con sus arcabuces.No llegaronn a dispararle por- que la escena discurría en una iglesia y nadie se atrevió a violar el sagrado recinto, pero Julián tuvo que salir de Haarlem. El Duque de Alba escribió a los amotinados el 29, tratándoles de muy magníficos señores e hijos; les dijo que «es menester que concertemos dos cosas, vuestro entretenimiento (eludiendo referirse a las pagas a- trasadas) y mi posibilidad»; también les recordó que «sois soldados de Dios, del Rey, de la nación y particularmente míos, que por cada uno de vosotros vertería yo cuanta sangre tengo». El 16 de agosto, con poco más de 7o.000 ducados compuso el motín, pero no sin sangre de por medio, y no precísamente la suya. Don Fadrique hizo arrestar a los cabecillas y los «fusiló de 20 en 20» (Kamen, 2004). El ejército pudo proseguir su marcha hacia el norte, para someter Alkmaar, cuyos muros avis- taron el 21 de agosto, pero la fe de los soldados en las promesas de sus mandos se habían esfumado. «Fiaros de mi palabra, allanáos, atendamos a lo que hay que ha- cer y si yo no os cumpliere lo que os digo tenedme por el más mal caballero que ha nacido en la tierra», les había dicho el Duque. Desde entonces, ajustar otro motín en el futuro no resultaría ni tan fácil, ni tan barato. GOBERNADOR DE LOS TERCIOS DE SAN FELIPE Y SANTIAGO. Poco antes de la rendición de Haarlem habian llegado refuerzos españoles de Italia: 12 compañías destacadas del Tercio de Lombardia y 13 de las 25 que entonces tenía el Tercio de la Liga, o de Lope de Figueroa, que no pudo acompañar a sus hombres porque enfermó en Milán; por eso vinieron a cargo de Lope de Acuña y Avellaneda, gobernador de Alessandria de la Paglia. Don Lope enfermó poco después y murió en Utrecht el 17 de julio. Los dos tercios tomaron enseguida nombres nuevos: San Felipe el destacado de Lombardía y Santiago el de la Liga, manteniéndose indepen - dientes, aunque bajo un mando unitario, que con título de gobernador —una figura que se consolidaría en el tercio de la Carrera de Indias— se responsabilizaba de am- bos. Este cargo u oficio era provisional y no suponía ningún ascenso. La figura se daba a veces en tercios y compañías, cuando, por ausencia del maestre de campo, la unidad quedaba a cargo del sargento mayor o, a falta de ambos, del capitán más an- tiguo o de quien designara el capitán general; en las compañías sucedía lo mismo a falta de capitán y alférez. Desaparecido Acuña, el duque de Alba confió esta misión a Valdés, cuyo graduación militar siguió siendo la de sargento mayor. Algunas de las compañías del Tercio de Santiago habían combatido en Lepanto, co- mo fueron las del sanjuanista don Martin de Ayala, de Lázaro de la Isla, de Luis de Palma, de Pompeo Speziano o de Lázaro Carrión; pero venían también capitanes tan notables como Luis del Villar, Manuel de Vega y Hortensio de Armengol, que serían maestres de campo, o el celebrado poeta Francisco de Aldana, llamado «el Divino», que moriría luchando contra moros en los campos de Alcazarquvir (1578).Entre los capitanes del San Felipe descollaban Gabriel Niño,que sería maestre de campo gene- ral y gobernador de Oran; Diego Melgarejo, que combatió en Lepanto y sería capitán general de Canarias, o Pedro de Paz, futuro maestre de campo y sucesor de Valdés en el Tercio gemelo de Sicilia (T.I.E No. 1); pero sobre todo los hubo malogrados: Vasco Nuñez de Carvajal y Luis Gaitán de Ayala murieron pronto en combate; Vas- co de Acuña lo haría en Portugal, y Martín de Flores quedó tullido en 1574. Como en Haarlem, Fadrique de Toledo ordenó dar un asalto antes de lo que la pru- dencia aconsejaba (18.IX.1573). Además, no supo interpretar adecuadamente la ra- zón del fracaso anterior, optando por fabricar puentes de barriles, en lugar de plan - chas, para salvar el foso. Algunos se atascaron y, no disponiendo de recambios sufi- cientes y ante la elevada mortandad que causaba la arcabucería enemiga, hubo de ordenar la retirada. El 8 de octubre, los sitiados rompieron los diques y anegaron el campo circundante, obligando a don Fadrique a retirarse hacia el sur. Era la primera vez que los rebeldes lograban resistir a un ejército real, aunque fuera recurriendo a un expediente que esterilizaba sus campos y que, curiosamente el Duque había re- chazado poner en práctica cuando le aconsejaron inundar la provincia y condenarla a la hambruna como método más expeditivo para castigar la rebelión. Claro que la decisión final había sido de Felipe II, que ya había resuelto sustituir al Duque por otro gobernador que debía conducirse mas conciliadoramente. Ante la renuncia de Medinaceli, que ya estaba en Flandes, designó —pese a sus reticencias e inicial resis- tencia— a D. Luis de Zúñiga y Requesens, gobernador del Milanesado, que entró en Bruselas el 17 de noviembre y se hizo cargo del gobierno el dia 29. INSÓLITA Y METEÓRICA PROMOCIÓN A MAESTRE DE CAMPO GE - NERAL (1.XI.1573). El dia 1 de noviembre, cuando su sucesor ingresaba en tierras de Lorena, el duque de Alba expidió en Utrecht una patente de Maestre de Campo general del ejército de Holanda, a favor de Francisco de Valdés, con jurisdicción «sobre las tropas de todas las naciones alojadas desde Haarlem hasta Utrecht» (Gachard, Les Bibliothèques de Madrid et de L' Escurial, 125). El único maestre de campo general del ejército de Flandes era Chiapinno Vitelli, pero el empleo de Valdés, aunque equivalente en je- rarquía, estaba limitado a su desempeño en la provincia de Holanda, donde se con- centraba el mayor número de villas rebeladas. Aun así, resulta soprendente que la elección recayera en un simple sargento mayor al que precedían jerárquicamente 4 maestres de campo (Romero, Bracamonte y los sobrinos del Duque, Rodrigo y Her- nando de Toledo) y 3 coroneles (Verdugo, Mondragón y Robles). Sin embargo, los tres últimos desempañaban puestos de mando en Utrecht, Zelanda y Frisia; Rome- ro había solicitado muy vivamente su licencia, apoyada por el propio Duque, e igno- ramos los planes que éste había trazado para sus sobrinos. El hecho es que, poco después de tan insólita promoción, «Valdés entró en Holanda con los tercios de San Felipe y Santiago, 2 coronelias de tudescos [Frundsberg y Polwiller], otras 2 de valo- nes [Laittres y Boussú, pero ésta última era también de alemanes], 6 compañías de caballos ligeros y una corneta de herreruelos, por cabeza del ejército» (Cabrera de Córdoba, II, 205). Por una relación de «donde y como está repartida la gente del exército de S.M., que se socorre en Holanda», de finales de dicho año, podemos ha- cernos una idea cuales eran sus disposiciones estratégicas, tras identificar fatigosa - mente los topónimos de dicha relación, algunos de cuyos originales transcribimos entre paréntesis. Controla toda la provincia al sur de Alkmaar, a la que vigila desde Egmond aan Zee (Eguemont) y Beverwijk hasta Utrecht, donde está el regimiento de Verdugo y que- da fuera de su jurisdicción; no obtstante, mantiene guarniciones escalonadas entre ésta ciudad —en Harmelen, Woerden, Linschoten [Linscot], Nieuwerbrug [Muber- grue] y Bodegraven— hasta Alphen, que abre por el O. el amplio cerco sobre Leiden. Desde Alphen, en el sentido de las agujas del reloj, guarniciona Booskop [Pudcop], Zevenhuisen, Bleiswijk, Berkel, Zoetermeer, Voorbug [Borbure], La Haya, Wasse - naar [Balsenar], Katwijk [Catruyque], Oud Poelgest y Zegveld, que lo cierra, pero en cuyo interior hallamos tambien cuarteles apostados en Voorschoten, Zoeterwou- de [Soterbaust] y Leiderdorp. Las establecidas en Monster, Naaldwijk, De Lier, Gra- venzande y Maassluis, todas al S. de la Haya, controlan los accesos desde el mar a Rotterdam; las situadas en Hillegersberg [Hilguesberguen] y Reeuwijk, conectan en Zevenhuisen con las fuerzas de cerco, mientras que las de Vianen, Monfoort y Leerdam defienden la parte oriental de la provincia hasta el Waal. Sólamente una, que la relación sitúa en Ramerique (Kamerk?), no he logrado identificar, lo que no impide concluir que, mas que de asedio o incluso de bloqueo, podemos hablar de in- vernada orientada, en primer lugar, al control del territorio y el aislamiento de las villas rebeladas (Leiden, Delf, Gouda, Woerden, Schiedam y Rotterdam) y, subordi- nadamente, la aproximación escalonada a Leiden con vistas a un ataque primaveral, con tropas acuarteladas en dispersión, aunque "dándose la mano", evitando grandes concentraciones para favorecer su sostén sin graves perjuicios para el pais. La más numerosa era la de La Haya (Den Haag), con 9 compañías, pero en los demás luga - res se alojan de una a tres, arrojando un total de 66; entre ellas, algunas de los regi- mientos alemanes de Erbstein y del conde de Megen, no citados por Cabrera. Todo ello conforme a la recomendación de Felipe II (2.X.1573) de «que sería mal caso si se hubiese de campear este invierno como el pasado» (CodoIn, CCII,320). Sin embargo, aquella urdimbre quedó hecha añicos justamente cuando debía em - pezar a probar su eficacia. El 21 de marzo, siguiendo órdenes de Requesens, Valdés hubo de salir de la provincia con los dos tercios españoles, la coronelía de Frunds- berg y 3 compañías de caballos para oponerse a la tecera invasión orangista prove- niente de Alemania. Como las dos anteriores, fue deshecha rápidamente, en una batalla decisiva cerca de Mook (14.IV.1574), en la que perecieron los jefes rebeldes (Luis y Enrique de Nassau, hermanos del príncipe de Orange, y el hijo del Elector palatino). Lo paradójico es que Valdés llegó al campo el dia siguiente, habiendo de- samparado la provincia inútilmente,pero más negativo fue la inmediata propagación de un motín entre las tropas españolas que tomaron Amberes en prenda de sus pa- gas atrasadas. No cometieron violencias, pero la autoridad del Comendador quedó resentida, malparada la confianza de los regnícolas leales y afianzada la rebelión, e - levándose a 24 el número de villas insumisas. Los tercios de San Felipe y Santiago no lo secundaron, regresando a Utrecht el 20 de abril, en que Valdés tuvo el primer encontronazo con el gobernador provincial Fernando de Lannoy, conde de la Roche, crítico implacable de nuestro biografiado, al que intentó desacreditar en una carta a Requesens afirmando que «mis antepasados han hecho más servicios a S.M. en un dia que los que Valdés haría en cien años»; en cuanto a sus acusaciones, el Comen- dador pudo contrastar que mentía y acabaría destituyéndole. Por entonces Valdés tenía preocupaciones más inmediatas. Alphen, centro neurál - gico de su anterior dispositivo, así como La Haya y otros lugares se habían subleva - do o habian caído en poder de los rebeldes, auxiliados por tropas inglesas. Peor aún, cuando quiso partir (2 de mayo), el regimiento de Frundsberg se negó a hacerlo si antes no se le abonaban sus pagas. Valdés tardó 10 dias en reunir 3.000 táleros, que rehusaron por insuficientes, obligándole a entrar en Holanda (14 de mayo) con solo 25 banderas españolas (2.500 hombres), y 11 valonas. EL SITIO DE LEIDEN. Por su propio relato (Codoin, LXV, 258), sabemos que por el camino de Woerdem llegó a Zwammerdam, donde tuvo noticias de que en el fuerte de Alphen y en la es- clusa del dique de Gouda se habian fortificado varias compañías de ingleses. El dia 17, al amanecer, dividiendo sus fuerzas, atacó simultáneamente y tomó ambos pues- tos en una hora, capturando 4 banderas del enemigo, cuyos supervivientes huyeron hacia Gouda. Entretanto, el capitán Gaitán, con 6 compañías, se apoderaba del cas- tillo de La Haya, que desampararon sus defensores para huir a Delf. La mañana si- guiente, desde La Haya, Valdés envió de nuevo al capitán Gaitán a expulsar a otras compañías inglesas que fortificaban Valkenburg mientras que él se dirigía a tomar Melaansluis, la esclusa del dique de Voorschoten. En otra carta, fechada el 28, refie- re como los ingleses, expulsados de Valkenburg, quisieron entrar en Leiden, lo cual impidieron su vecinos, acabando apresados por el barón de Licques, gobernador de Haarlem.Aprovechando la coyuntura, Valdés envió un parlametario valón a las vi - llas de Delf y Leiden ofreciéndoles la sumisión a cambio de un perdón, a lo que res- pondieron que lo harían cuando lo vieran firmado por el rey, comprometiéndose en- tretanto a no admitir dentro guarniciones del príncipe de Orange. Dicho perdón no se publicó hasta el 6 de julio, enviando el Comendador a negociar la sumisión a Fe - derico Perrenot, señor de Champagney, hermano del cardenal Granvela y cuñado del conde de la Roche, que acabaría enredándose en la causa rebelde. Entretanto, Valdés, instalado en Leiderdorp, levantó una cadena de fuertes en torno a Leiden, aislándola e impidiendo la entrada de suministros. El 10 de julio, una vez pagada a la infantería amotinada, Requesens pudo acometer una importante reforma del ejército, presuponiendo que «reduciéndose toda la in- fantería (española) á dos tercios, se podría dar el uno á Julián (Romero) y el otro á Francisco de Valdés, y aunque éste haya tenido mayor grado que de Maese de cam- po, puede contentarse con el tercio» (Nueva Codoin, 1893). En efecto, aceptó Val - dés, pero «por hallarse su gente muy dividida y empeñada en fuertes y diques», en torno a Leiden, finalmente se decidió resumir los 6 tercios existentes en 3, postpo- niéndose la refundición de los tercios de San Felipe y Santiago, que habrían de que- dar en uno de 12 compañías, con el nombre de Tercio de Italia, al mando de Valdés. Aunque la reforma de los otros tercios se ejecutó a finales de julio, Valdés mantuvo su empleo de «Maestro de campo general del Exto. de su Magestad en Hollanda» hasta la conclusión del asedio, como revelan los numerosos pasaportes expedidos a lo largo del mes de setiembre transcritos por Jan Janzen Orlers. Por dichos pasapor- tes y la correspondencia del Conde de la Roche (Gachard, 1858), sabemos que las negociaciones sobre la sumisión de Leiden prosiguieron incluso después de que los rebeldes rompiesen varios diques del Ijssel y Mosa (4.VIII) y, siendo insuficientes, abrieran las esclusas de Schiedam (28.VIII), «anegando la campaña y praderías de manera que una barca cargada de heno podia navegar por ellas hasta Rotterdam» (B. de Mendoza, 520). El 11 de setiembre Valdés hubo de replegar a la Haya las com- pañías que tenía en torno a Delf y el 15 escribía al Comendador que el enemigo ocu- paba el dique de Leidschendam, hallándose él a su opósito en el de Zoetermeer, «pe- ro si las aguas siguen creciendo dos dias, tendré que abandonarlo y retirarme al de Zoeterwoude» (AGS,Est,500). ACUSACIONES Y FALACIAS: Aun siendo evidente que Leiden no se sometería salvo fracaso del socorro, el conde de la Roche se presentó el 17 ante la villa, donde estuvo hasta el dia 21, en que le res- pondieron sus magistrados que«la tenían por el Rey, como hacian al presente, y por el príncipe de Orange como gobernador»(Gachard, 1858, Ap.VIII). Sin embargo, es- cribiendo a Requesens el 27, ya en Utrecht, tras menospreciar a su subordinado, le acusó de «la réduyre à l'extrémité, penssant la donner à sac». (Ibid, Ap. IX). No dio crédito el Comendador a tales injurias y el 8 de octubre le destituyó por el barón de Hiergues. No menos inconsistente fue la vertida por Faminio Strada, que traemos aquí por la pluma de Ignacio Calvo:“La rendición era ya asunto de pocas horas; mas se dice que Valdés, ciegamente enamorado de una ilustre dama holandesa, … le pro- metió que no daría el asalto definitivo a la plaza». Nunca tuvo Valdés ni órdenes, ni intención, ni medios de asaltar la plaza y sólo «apretarla» por hambre. Sin embargo, la madugrada del 3 de octubre, el nivel del agua subió lo suficiente para que 170 bar- cazas sin quilla lograran sorprender el paso de Kerkweg y apoderarse del dique de Zoertewoude, que abrieron. Valdés, entendiendo que no podría socorrer el fuerte de Lammen (Lammenschans), aislado por el agua, que guardaba el canal de entrada a Haarlem, ordenó abandonarlo, así como la retirada general a La Haya. Bernardino de Mendoza, que refiere al pormenor los hechos, cifra sus pérdidas en 35 soldados, la mayoria ahogados, bien lejos de las abultadísimas que ha venido vertiéndose, e - quivalentes a la mitad de sus efectivos. MOTIN DEL TERCIO DE ITALIA: El Tercio de Italia se amotinó el 7 de noviembre de 1574, dos meses después de ha- berse formado. Apresaron a su maestre de campo, al que condujeron en su marcha, via Haarlem y Spaarndam, hacia Utrecht, de la que intentaron apoderarse, siendo rechazados por la artillería del castillo. El Comendador permitió que se alojaran en Maastricht, donde fueron pagados el 5 de marzo de 1575, volviendo a la disciplina. Tras la tregua impuesta por la fracasada la mediación del conde Schwarzenberg, que logró reunir en Breda,por cuenta del Emperador, una diputación real y otra del prín- cipe de Orange (feberero-mayo), el 7 de junio ordenó el Comendador que marcha - sen los tres tercios españoles a Utrecht, donde el barón de Hierges aprestaba el ejér- cito que tomaría sucesivamente Buren (28.VI), Oudewater (7.VIII) y Schoonhoven (27.VIII). Nueve compañías del tercio de Italia tomaron parte en estas empresas, ya que las tres restantes habian quedado de guarnición en un fuerte construído duran- te la tregua en Bolduque (‘s-Hertogenbosch). A primeros de setiembre, otras cinco compañías fueron reclamadas para la empresa de Zierikzee, que había de mandar Mondragón, mientras que las cuatro restantes, a las órdenes del propio Valdés, jun- to con el regimiento valón del conde de Megen y el alemán de Karl von Fugger, tras capturar los dos fuertes de Krimpen, uno a cada ribera del Ijssel, emprendían el ase- dio de Woerden, el 8 de setiembre. De nuevo apelaron los sitiados a la inundación de sus campos y Valdés hubo de apoderarse de los diques, cerrarlos, fortificarlos y aguardar pacientemente al desecado de la campiña. Entretanto falleció Requesens (5.III.1576) y Mondragón tomó Zierikzée (2 de julio). EL SACO DE AMBERES Y EDICTO PERPETUO. El gobierno, recaído en el Consejo de Estado, fue desatendiendo gradualmente a las tropas españolas, llegando a declararlas proscritas, mientras atraía a su servicio a las alemanas y valonas. Como respuesta, los españoles intentaron concentrase en Am- beres, hacia donde partió Valdés el 24 de agosto. También lo hicieron las tropas ale- manas y valonas para enfrentarse a sus antiguos camaradas, poniendo sitio a su ciu- dadela, defendida por Sancho Dávila. Parte del tercio de Valdés se hallaba amotina- do en Aalst, pero sin deponer su actitud y bajo mandos elegidos por los propios sol- dados, marcharon al socorro de sus camaradas, entrando en el castillo el 4 de octu- bre. Aquella misma mañana, sin apenas descansar, asaltaron las trincheras y barri- cadas que rodeaban el castillo, desalojando a sus defensores pese a su mayor núme- ro, y se apoderaron de la ciudad, que saquearon durante tres dias. No saldrían de ella hasta que D. Juan de Austria, nuevo gobernador, aceptando los términos de la pacificación de Gante (8.XI.1576) y en virtud del Edicto perpetuo (17.II-1577), orde- nó que las tropas españolas, concentrándose en Maastricht, regresaran a Italia. El tercio de Valdés fue desmovilizado en Vigevano, el primero de agosto. MATRIMONIO Y ULTIMO BIENIO DE SU CARRERA (1578-1580) Obligado a refugiarse en el castillo de Namur, poco tardó el hermanastro de Felipe II en advertir que no podría hacer valer su autoridad sin el concurso de los tercios españoles, a los que volvió a llamar con urgencia. Disuelto su tercio, Valdés, acudió a su llamada como simple voluntario, situación que le permitió contraer matrimo - nio con Magadela Moons en Amberes en mayo de 1578, no sin antes haber coadyu- vado a la victoria de Gembloux (31.I.1578) y la toma de Nivelles (12.III). Parece que no se reincorporó al ejército hasta febrero de 1579 en que Alejandro Farnese, suce- sor de D. Juan, le concedió el mando del Tercio de Sicilia, que condujo en el asedio, asalto y toma de Maastricht (28.VI.1579), como también en un nuevo regreso a Ita- lia, en febrero de 1580, ahora de acuerdo con los términos de la Unión de Arras, un acuerdo de auto-defensa concluído por Farnesio con las Provincias reconciliadas de Flandes, Artois y Hainaut (5.V.1579). El tercio debia alojarse en la isla de Sicilia para operar su reunión con el que servía en la isla, de cuyo seno habia salido trece años antes, que habría de continuar al mando de D. Diego Enríquez. Por ello, Valdés reci- bió de camino el gobierno de Piombino, del que hubo de desplazarse a Antonio de Tejeda para recompensar de alguna manera sus largos servicios. A finales de junio, de camino para Siclia, dejó el mando del tercio en manos del sargento mayor Fran - cisco del Campo y tomó posesión de su nuevo cargo,que desempeñaría apenas unos meses. Tanto su nombramiento como su muerte, sobrevenida el mismo año, cons- tan catalogadas en el Archivo de Simancas, pero no he consultado los documentos. En cuanto al Tercio gemelo de Sicilia, tras permanecer dos años en la isla fusionado con el tercio insular, las compañías procedentes de Flandes fueron nuevamente se- paradas en 1582, confiándose su mando a Pedro de Paz,que las condujo de nuevo a los Paises Bajos. Un proceso sin duda curioso, que me propongo estudiar aparte. DISCUSIÓN SOBRE SU ASCENDENCIA: El aludido Rendueles identificó a Francisco de Valdés como Francisco Menéndez de Valdés. (CONTINUARÁ) © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| Francisco de Valdés según un grabado de Cornelis Visscher (1649), que le repre- sentó junto a su esposa Magdalena Moons.Como otros grabadores y pintores que posteriormente le representaron, hubo de inspirarse en el retrato coetáneo del miniaturista Basilio de Salazar, que conserva el Museo Lakenhal de Leiden. Abajo, la parte derecha de la misma obra, que representa a Magdalena. |
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| La puerta sur de Mahdia, conquistada por los españoles al asalto, que se dió por la muralla aneja a ésta puerta, inexpugnable por su altura, grosor de sus muros y las in- geniosas defensas que erizaban sus 12 me- tros de profundidad. Debido a los costes de su guarnición, la plaza fue abandonada en 1554, tras arrasasar el castillo levantado sobre el promontorio N. (hoy reconstruído), pero preservando sus puertas y murallas, demolidas modernamente para dar paso a la estrecha la carretera que rodea a la ciudad junto al borde del mar. |
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| El castillo de Montalcino, defendido por Blaise Monluc, consiguió prolongar la re- sistencia sienesa cinco años después de la caida de la capital de la república y tres desde el fin de la participación española en la llamada Guerra de Siena, saldada en 1557 con su cesión a Cosme de Medici, Duque de Florencia, a cambio de los lla- mados presidios toscanos. La Paz de Ca- teau- Cambresis (3.IV.1559) entre España y Francia puso término a la ayuda militar y económica que la última les prestaba, ca- pitulando finalmente en julio de 1560. |
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| Don Rodrigo de Benavides, segundón de la Casa condal de Santistéban del Puerto, ca- recía de experiencia militar pero su ilustre cuna junto a su destreza como “caballista de la jineta y de la brida, peritísimo en el manejo de las armas" le allanaban el ca- mino para cualquier empleo, que tuvo sobre todo en la Corte. Fue gentilhombre de la boca del Principe don Felipe (luego rey), así como camarero mayor de su her- manastro D. Juan de Austria, junto al que combatió en las Alpujarras y en Lepanto. Fue Comendador de las Casas de Calatra- va en la Orden de Alcántara y protagonista de un ruidoso lance caballeresco — su desafío con Richard de Mérode— que acabó en agua de borrajas. Murió retirado en la villa de las Navas, el 5.I.1586. |
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| Aunque grabado por Jakob Houbroken (1698-1780), este retrato de Valdés está inspirado en el precedente de Visscher, cuya fuente ya hemos comentado. ABAJO: Firma de Valdés al pie de uan carta dirigida a un grupo de soldados amotinados (año 1574) |
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| Dos planos de la ciudad de Haarlem, en la provincia de Holanda. Arriba, ca 1550, con el N. invertido (sur). Abajo, ca. 1574,con el E arriba. |
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| Julián Romero, retratado por el Greco entre 1609-11, para su enterramiento en la Iglesia del monasterio de las Trinitarias Descalzas de Madrid, fundado por su hija. Había otro retrato preexistente destinado a la Sala Capitular, pero desa- pareció, como otros que pertenecieron a la familia de Pedro Miota, cuñado de Julián, luego marqueses de Lugros, que residieron en Alcalá la Real y deshicie- ran la colección a comienzos del siglo XIX. Adquirido por el señor Eguilaz, pasó a manos de D. Luis Errazu, que lo dona- ría al Museo del Prado en 1929. |
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| El asalto de Alkmaar (18.IX.1573), según Hogenberg. Como el que se dió a Haar- lem (21.XII. 1572), fracasó, aunque por causas diferentes. En el primero las plan- chas de madera dispuestas para salvar el foso resultaron estrechas, provocando tapones de paso; para el segundo, en lugar de ensancharlas, ordenó construir unos puentes soportados con barriles — mas difíciles de transportar y encajar, atascándose algunos—por lo que la infantería estuvo más tiempo expuesta a la arcabucería de los sitiados. |
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| Mucha tinta se ha derramado sobre la pretendida crueldad del Duque de Alba en Flandes, asunto que ha sido, es y será objeto de controversia y que habría de examinarse en relación con otras repre- siones de su tiempo; por ejemplo, la los irlandeses por Isabel de Inglaterra o la de los transilvanos por el Emperador, sin olvidar la masacre de hugonotes la no- che de San Bartolomé de 1572. Lo que me sorprende crecientemente del per- sonaje es su doblez, tan contraria al ideario cristiano, a la llaneza castellana, y a las enseñanzas de su preceptor, Juan Boscán. Algunas de sus calculadas exa- geraciones siguen confundido a los his- toriadores. Por ejemplo, el 16.II.1573, es- cribieno al embajador en Roma (el her- mano de Requesens, ya designado para sucederle), refiere que sobre Haarlem «fueron volados hasta 20 ó 25 españoles; entre ellos le ha tocado a dos deudos mios que queria muy tiernamente, al uno retiraron hecho pedazos y el otro, a bien librar, quedará manco», aludiendo a sus sobrinos Rodrigo y Hernando de Toledo. Kamen creyó que el primero «perdió la vida», pero mejor informado sobre el segundo apuntó que «salió herido en un brazo». (El Gran Duque de Alba, pg. 198). |
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| Luis de Requesens y Zúñiga (Barcelona, 1528 - Bruselas, 23.III.1576), era hijo de Juan de Zúñiga, ayo del príncipe Felipe (luego Felipe II), de quien Luis fue paje y amigo desde la niñez. En 1546 sucedió a su padre como comendador mayor de la orden militar de Santiago, de cuyas gale- ras fue Capitán general en el Mediterrá- reo Luego fue lugarteniente de don Juan de Austria, a quien asisitió en la sumi- sión de los moriscos de Granada (1569- 70) y en la batalla de Lepanto (7.X.1571). Después fue gobernador de Milán, cargo que desempeñaba cuando Felipe II le de- signó en enero de 1573 para suceder al duque de Alba, y que no aceptaría hasta abril, tras enviar a su esposa a la corte para tratar de mover la voluntad del rey. Pese a su inexperiencia en los asuntos flamencos, Felipe II esperaba que puidera abrir vias de pacificación, facultándole para derogar el Tribunal de la Sangre, los tributos impuestos por Alba y la publi- cación de un perdón general. Confió a Valdés un primer intento de conciliación con el Taciturno por mediación de Mar- nix de Sainte-Aldegonde, a quien aquel tenía preso; ante la reticencia de Valdés, que solo veía maniobras dilatorias, envió al conde de la Roche y al señor de Cham- pagney, hermano de Granvela, que aca- baron atrapados en la red del Orange. Persuadido finalmente de la necesidad de proseguir la guerra, hubo de enfren- tarse al creciente descontento de las tro- pas, cuyos motines malograron el fruto de sus victorias. Murió sin haber designado un sustituto, por lo que se hizo cargo del gobierno el Consejo de Estado, al cual logró controlar Orange, ampliando la re- belión a la mayoría de las provincias. Cuando Don Juan de Austria llegó a Flan- des, en octubre del mismo año, para retomar el gobierno, sólo Namur y Luxem- burgo mantenian su fidelidad al Rey. |
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| El celebrado poeta inglés George Gas- coigne (Cardington, ca. 1535 – Barnack, 7.X.1577), hijo de Lord Cardington, era el capitán inglés a cargo de la fortificación de Valkenburg. Liberado bajo promesa de no volver a luchar en los Paises Ba- jos, cumplio palabra. El año siguiente dió a la luz The Fruites of Warres y Voyage into Hollande, donde refiere sus dos años de experiencias bélicas. |
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| Plano de Leyden por Braun & Hogenberg, datado en 1574, que muestra los nume- rosos fuertes que la circundaban. Lei- derdorp, donde Valdés tenía instalado cu cuartel general aparece a la derecha. ABAJO. El castillo de Ter Does, en Leiderdorp (que aparece en el plano de Braun), residencia de Valdés. |
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| Las relaciones de Valdés con Magdalena Moons han interesado a los historiadores durante 4 siglos, dudándose de que hubieran llegado a casarse. Magdalena quedó prionto viuda y, al contraer nue- vas nupcias en 1597, presentó un do- cumento que aclaraba la identidad de su primer marido, aunque posteriormente el nombre fue tachado. Gracias a una téc- nica moderna, se ha descubierto que aquel no era otro que el de «don F[ra]nc[i]sco de Baldees». |
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| La toma de Amberes por los españoles el 4 de octubre de 1576, en un grabado de- cimonónico de L. Evans, que muestra el incendio del Ayuntamiento (luego re- construído), iluminando la lucha en la antigua plaza del Mercado, bajo el impresionante edificio catedralicio. |
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| D. Juan de Austria (1545-1578), hijo natu- ral, aunque reconocido, de Carlos V, tuvo en D. Luis de Quiijada —uno de los prime- ros capitanes del Tercio de Lombardía (cuando se llamaba Sicilia) y quién sucedió en la compañía de Rodrigo Machicao— a un excelente mentor militar. Aunque su misión en Flandes era conciliadora, pronto advirtió que no cabía sino apelar al recurso de las armas, urgiendo el regreso de los tercios (15.VII.1577) a los que habia sacado de Flan- des cuatro meses antes. Valdés, a la sazón maestre de campo reformado, acudió a su llamada para servir de voluntario y de él re- cibió la licencia para contraer matrimonio. |




| Plano de Oudewater, tomada por Valdés el 7 de agosto de 1576 |
