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(Edición, traducción y notas de Juan L. Sánchez). La obra que presentamos tuvo un éxito fulgurante a poco de ver la luz para enseguida caer en el olvido, siendo esta su primera versión en castellano. Aunque se trata de una fuente singular e imprescindible para el estudio bélico del tramo final de la primera Guerra de Flandes (1566-1609), no la he visto citada en ningún trabajo, al menos consultando a los más reputados especialistas del presente, ni tampoco en bibliografía específica, ni siquiera en la ingente Algemeen Literaturoverzicht. Por fortuna, la web de la Biblioteca Nacional de Francia (Gallica, côte N051426), tuvo la feliz idea de incluirla entre las primeras obras que ofreció en línea y puede acceder a ella cualquier interesado, aunque en formato PDF y lengua italiana. Como en los casos de Alonso Vázquez, Diego de Villalobos o Carlos Coloma, el autor es soldado y protagonista de la mayor parte de los hechos que relata, aunque compuso una historia general donde aparece en tercera persona. Sin embargo, la desigual riqueza des- criptiva de las narracinones permite fácilmente discriminar cuando nos hallamos ante hechos que relata como testigo de vista o por otras fuentes. Giustiniano era corso. Nació en 1569 e ingresó en la milicia a los 14 años, durante las gue- rras de religión de Francia. En 1587, con 18 años, recibió la comisión de levantar una com- pañía en su isla para el Tercio que Biagio Capizucchi levantaba en Urbino, Genova y Roma para la empresa de Inglaterra, que debía concentrarse en Vercelli. Nuestro jóven capitán llegó a la cita por los pelos, el 11 de setiembre, cuando ya se había pasado muestra y la expe- dición iba a partir sin su bandera, en la que entraban 600 hombres y era la más numerosa de todas. Pese a su corta edad, debía gozar ya de cierta reputación porque con la misma pri- ma de enganche que recibieron todos los capitanes (500 escudos) alistó casi un 40% más de gente. Prueba lo mismo que, nada más llegar a su destino, fueran reformadas todas las compañías, salvo la suya, incorporada en el Tercio de Gaston Spinola, en el cual continuó sirviendo hasta que se amotinó en Arschot, en junio de 1594. Sigue luego un período oscuro en su biografía. Quizá regresara a Italia en 1596, cuando fi- nalmente su tercio fue desmovilizado tras cobrar todos sus «fenecimientos». Lo cierto es que no volvemos a saber de él hasta el año 1602, en que reaparece como sargento mayor del Tercio de Infantería italiana de Ambrogio Spinola, que tras pasar muestra en Vercelli, parte el 2 de mayo hacia Flandes. Allí mandaría el tercio cuando Spínola fue promovido al empleo de MdCGral (1604). Después, tras firmarse la tregua (1607), fue gobernador de Frisia. Precísamente aprovechó la ociosidad para dar forma a su relato, quizá dictado, ya que había perdido su brazo derecho en el sitio de Ostende. Como soldado, aspiraba a labrarse una re- putación que Flandes ya no podía darle; por ello, en 1610 pasó al servicio de Venecia, que le confió el gobierno de Candía y posteriormente la comandancia general de todas las fortale- zas de la república. Murió el 10-X-1616, durante un reconocimiento. En agradecimiento a sus servicios, el Dux mandó erigirle una estatua ecuestre, en madera policromada, que se conserva todavía. La primera edición de su obra, en italiano, apareció en Amberes en 1609, ilustrada con 29 planos de asedios y combates delineados por Giuseppe Gamurini, como se aclara en su pro- pia dedicatoria. Dado el aprecio que estas láminas gozaban en el pasado, no era raro colec- cionarlas independientemente, incluso arrancándolas de sus encuadernaciones; quizá por tal razón, el ejemplar de la BNP disponible en Internet conserva sólamente uno de los gra- bados. Pero, cuiosamnete, en ésta edición reproduciremos 30, ya que poseo dos láminas con la misma numeración (XVI) pese a tratar temas diferentes. Hacía años que conocía es- tos grabados, pero al numerarse unas piezas en arábigo y otras en romana, y advertir al me- nos el trabajo de dos grabadores, creía disponer de los fragmentos de dos series diferentes cuando ambas se complementaron para la edición príncipe del relato de Giustiniano . La segunda edición (1611), en latín, se publico en Colonia bajo el título «Bellum Belgicum, sive belgicarum rerum e comentarios». Una tercera vio la luz en Venecia, el año siguiente, y tres después (1615), aparecería una cuarta y última en Milán. Por ello no deja de resultar sorprendente el arrumbamiento de una obra que trata una época insuficientemente cubier- ta por el contador Antonio Carnero y dos religiosos: el obispo Roco de Campofrío y el car- denal Guido Bentivoglio, el último de los cuales utilizó profusamente el trabajo de Giusti- niano sin rendirle el menor crédito. Como he dicho anteriormente, la edición que presentamos es la primera versión en caste- llano, que viene publicándose con numerosas notas y una riquísima cobertura iconográfica inédita en Researching & Dragona; la primera parte apareció en el número 13 y la segunda en el número 15. © JUAN L. SÁNCHEZ |
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| EN CONSTRUCCIÓN |
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| La talla ecuestre de Pompeo Giustiniano se halla al pre- sente restaurándose en Venecia. |
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