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LA FORTALEZA DE BREME, UN PIE FRANCO-SABOYANO EN MILÁN. La historia de la fortaleza de Breme es breve, pero curiosa a la par que extraña en al- gunas de sus circunstancias. Por eso, al evocarla aquí, me extenderé algo más de lo que preveo para estas notas, que no persiguen —en principio— mas que datar o com- plementar los hechos narrados por los memoristas.
ORIGEN DE SU CONSTRUCCIÓN. Tras verse obligado a levantar el sitio de Valenza del Po (28-X-1635), Vittorio Amedeo I de Saboya resolvió ocupar y fortificar el lugarejo de Breme, situado algo más al N., en la orilla opuesta del mismo rio, justo en donde confluye el Sesia; por lo tanto, en el limite fronterizo del Estado de Milán, aunque dentro de él. El 25 de noviembre de 1635 recibió el proyecto que había encargado al ingeniero Bai- lera: una fortificación pentagonal con dos puertas de acceso: una al sur, abierta al Po, y la otra —orientada al N.— abierta al valle de Lomelina. El monasterio preexistente sería desmantelado en parte y la fuerte cripta de la iglesia abacial transformada en almacén de municiones. El mismo dia, por la tarde, se reunió con el mariscal de Cré- qui y el padre jesuíta francés Pierre Monod, su consejero y confesor de «Madama Royale», su esposa, hermana del rey de Francia, para participarles su idea. A Créqui no le gustó, alegando que si la plaza caía en poder del enemigo se convertiría en una amenaza para el vecino Casale Monferrato; en cambio, Monod alabó el proyecto. Como escribió aquella misma noche al ministro Chavigny, valoraba mucho su efecto moral: «Se meterá gente dentro que querrán recobrar el honor que han perdido ata- cando mal una plaza (Valenza), defendiendo mejor otra (Breme)». Richelieu, que debía contribuir a financiacrla, recibió bien la noticia. Sin duda porque veía asi reforzaba la seguridad del duque de Mantua, el francés Charles de Nevers, nuevo señor del Monferrato, cuya sucesión —aunque legal— no había podido evitar la Guerra de Mantua (1627-29). Breme, siempre que se mantuviera en poder de los franceses, seria el antemural de Casale y de Vercelli. Los trabajos comenzaron enseguida, a primeros de diciembre. El 12 de dicho mes, el embajador francés D’Hémery escribía a Richelieu que «Breme estará en defensa a finales de este mes y acabada en enero». Ignoro si los trabajos se concluyeron en el plazo previsto, pero en febrero de 1636 ya estaba dentro su primer gobernador, una elección que confirma la importancia que daba el duque de Saboya a la defensa de la fortaleza: Augusto Manfredi Scaglia (1587-1637), III conde de Verrua, marqués de Caluso, Tronzano y Rondissone, que en 1619 recibio el collar de la Annunziata por su heróica defensa de Vercelli (1617), aunque hubo de rendirla tras resistir 64 dias de asedio. Por cierto, nada tuvo que ver, como se afirma en alguna genealogía que circula por la red, con la bellísima Jeanne Albert de Luynes, «la puta del rey», que fue la esposa de su bisnieto Giuseppe Maria Manfredi (1667-1704), el VI conde. La del nuestro fue Claudia Maria Scarampi, que le aportó en dote ricos feudos.
LA PRIMERA DEFENSA Algo se le había escapado al duque de Saboya: que siendo tan fuerte y bien defendida la frontera monferrina, quedaba más expuesta la suya propia. En mayo de 1637, el marqués de Leganés se dirigió con un cuerpo de ejército sobre Breme, pero debió ver más clara la empresa de Nizza della Paglia (hoy Nizza Monferrato), que tomó en 4 dias (14-VI-1637), y después entró en el Piamonte marchando sobre Alba, junto al Tanaro, a 40 Km de Turin. De camino, se apoderó del fuerte castillo de Agliano, lo que dio tiempo al duque para disponer una barrera defensiva en Asti. Con todo, para sacar a los españoles de sus tierras, el saboyano hubo de amenzar a Finale, operación que confió a su mejor general, el que tenía en Breme, que con el fuego dentro de casa le importaba menos. Scaglia marchó sobre Roccaverano a primeros de agosto y a Leganés no le cupo otro remedio que ir a socorrerla. Tuvo a Breme muy a mano, pero con la Valtellina en poder de los franceses y cerrada la comunicación con el Imperio, Finale era entonces la única puerta exterior del Estado y había que guardarla. El duque de Saboya, que había cometido un error de cálculo, supo enmendarlo con un envite estratégico. Ante la llegada del socorro, el conde de Verrua levantó el asedio, que era lo de menos; lo que contaba era alejar a los españoles del Piamonte. Una vez concluídas las operaciones, y antes de que Scaglia regresara a Breme, el ma- riscal de Créqui ofreció un suntuoso banquete, en su casa de Turín, al duque de Saboya y a los generales del ejército. Se trataba de celebrar el éxito, pero acabó en tragedia y no pocos pensaron en un complot de estado. El dia siguiente, sábado, muchos de los comensales cayeron enfermos. Ocho dias después, el 3 de octubre, moría el conde de Verrua; mientras tanto, el duque agonizaba y tres dias más tarde le siguió a la tumba. Nevers, duque de Mantua, otro de los valedores de Breme, había muerto el 23 o 24 de setiembre, pero la noticia no se supo hasta después del banquete. Monod, consejero del duque y confesor de la duquesa, fue expulsado por ésta de Turin, apenas dos semanas después de la muerte del duque, saliendo de la corte justamente al mes de su muerte. En cuanto a Créqui, que quiza fuera —junto a Riche- lieu— quien mejor conociera el trasfondo de la historia, no iba a salir mejor librado. Es más, el destino reservaba una insospechada jugada a la única persona que se había opuesto a la construcción de la fortaleza de Breme.
CONQUISTA ESPAÑOLA Y DESMANTELAMIENTO. Martín de Aragón, general de la Artilleria del Estado, cayó sobre Breme de improviso, la noche del jueves 11 de marzo de 1638, ocupando por sorpresa y con facilidad los re- ductos exteriores entre el Po y la plaza. Había sacado de las guarniciones de Mortara, Alessandria y Valenza un cuerpo de 6.000 infantes y 2000 caballos, compuesto por: Tº INF ESP DELA MAR DE NÁPOLES (MdC Antonio Sotelo; SgM Fdº de Ulloa), Tº INF ESP DE SABOYA (MdC Juan Vázquez Coronado; SgM Antonio de León), Tº INF LOMBARDA DE FREY FERRANTE BOLOGNINI, Tº INF NAPOLITANA DE CARLO DELLA GATTA, y el Tº INF NAPOLITANA DE TIBERIO BRANCACCIO. La caballería estaba formada por diversas compañías lombardas, a cargo de Vincenzo Gonzaga; otras napolitanas a cargo de Álvaro de Quiñones y el regimiento alemán de Ferrante delli Monti. El 12 por la mañana se repartieron los cuarteles y los italianos de Bolognini rechaza-ron la primera salida de la guarnición; la plaza quedó circunvalada pero no se levan- taron reparos contra el socorro. Créqui, desde Casale, ordenó el primero el dia 13, por la noche. Nueve barcas, transportando 1200 infantes, bajaron por el Po e intentaron el desembarco por el cuartel que ocupaba el tercio de Sotelo, pero fueron rechazados; lo intentaron después contra los italianos de Bolognini, incluso con peor suerte. La guarnición hizo al mismo tiempo una salida con 200 hombres, pero 5 de las barcas, cargadas de provisiones, fueron apresadas y otras dos se hundieron. Solo dos logra- ron escapar rio abajo, a favor de la corriente, sin intentar remontarla para volver a su base. Se enterraron 300 franceses y 60 más cayeron presos, pero nunca se supo cuántos cadáveres se llevó el rio. Sin embargo, Richelieu anotó cínicamente en sus memorias (IX, 275) que la mayor parte logró entrar en la plaza. El marqués de Leganés, gobernador del Estado, llegó al campo el lunes 15 de marzo, al amanecer, acompañado del MdC marqués de Caracena y sus dos compañías de guardias: la de lanzas de Juan de Arriaga y la de arcabuces de Diego de Ciganda. Ordenó «dar froma al asedio con todos los preceptos precisos de la circunvalación» (es decir, abrir trincheras y levantar reparos). Aquel mismo dia y el siguiente sufrió la plaza un severo bombardeo y el gobernador, Pierre-Paul de Percin, barón de Montgaillard, escribió a Créquy que su situación era desesperada. Créqui, que ignoraba el fracaso del socorro anterior, tomó enseguida una pequeña escolta y, a galope tendido, bajó por la orilla del rio hasta alcanzar en unas horas las inmediaciones de la fortaleza asediada, que quedaba en la ribera opuesta. Sin embargo, la presencia de éstos jinetes fue pronto advertida desde el cuartel de Bolognini, y uno de sus artilleros «que reconoció en una estrada algunos caballos que estaban parados, volvió allá una pieza en sazón tan afortunada que alcanzó con la bala al general Créqui, de suerte que le tendió en el suelo con admiración y espanto de los que se hallaban con él». Souvigny, que estuvo junto al general, escribió después que la bala, tras rebotar en la arena, le impactó en el pecho, llevándole el corazón y la insignia de Saint-Esprit. Cayó muerto en el acto (17-III). El dia 19 se incorporaron al campo dos regimientos de infantería alemana, de los coro- neles Gilles de Haes [Gillis van Haese] y el príncipe Borso d’Este, con más compañías de caballos. Estas tropas venian de las inmediaciones de Moncalvo, donde habían efectuado diversiones desde antes del asedio para desorientar a los franceses sobre el punto por donde sería el verdadero ataque. Con la llegada de estos refuerzos parecía inminente el asalto, pues Breme quedaba ahora rodeada por 14.000 hombres. Sin embargo, no hubo lugar. La pérdida de su general en jefe había desalentado a los franceses, que no volvieron a intentar otro socorro, y Leganés, tranquilo sobre éste punto, prefirió ahorrar vidas. No hubo un solo asalto sobre la plaza, pese a lo que afirmara el secretario de Créqui, Chabenat, escribiendo desde Casale a D'Estrées el 20 y el 28 de marzo. Más tarde, el vizconde de Noailles utilizó esa correspondencia en su biografía sobre el Cardenal de la Valette, sustituto de Créqui al frente del éjército francés en el Piamonte, desenfocando lo que fue la realidad de la defensa. También Gabriel de Mun se engañó respecto a éste punto; sirva en su descargo que su trabajo no es precisamente un estudio militar. El bombardeo sistemático sobre la plaza se prolongó hasta la mañana del jueves 25 de marzo, en que Montgaillard tocó a llamada para capitular. Las condiciones fueron generosas porque la defensa, poco apretada por el ataque, no había sido especialmente heróica. Con todo, el gobernador quiso sacar dos piezas de artilleria, que se le denegaron. A mediodía del 27 de marzo salieron de la fortaleza 1.100 franceses armados, con bala en boca y mechas encendidas, con otros 400 más heridos y 100 enfermos, ubicados en los carros del bagaje. Fueron convoyados, tocando cajas, hasta la vecina Casale, por 1.500 caballos, al mando de Vincenzo Gonzaga, y 1.500 infantes formados en dos escuadrones, cada uno al mando de un sargento mayor de infantería española. La conquista de Breme no fue costosa en vidas. Leganés no tuvo más que unos 50 muertos, la mayoría caídos en la función del dia 13, cuando se rechazó el socorro, y en la toma de los puestos exteriores, la noche de 11. Allí murió el capitán Alonso Verdugo, único oficial patentado que perdió la vida en todo el asedio. Se registraron unas 400 bajas adicionales entre enfermos —la mayoría— y heridos; éstos por los disparos de la artillería francesa. En cuanto a los franceses, sabemos que la guarnición tuvo 200 muertos y 500 enfermos y heridos; ello sin contar las pérdidas severas registradas durante el fallido socorro, a las que nos hemos referido ya. La plaza quedó guarnecida con 2.000 infantes y dos compañías de caballos, quedando por gobernador Filippo Sfrondatti. Los franceses habían enterrado muchas piezas en la plaza de armas, hallándose dentro solo 17 útiles, pero la presa fue rica en armas, municiones y pertrechos. Habia víveres para 3 meses. El gobernador Montgaillard fue detenido por orden de Hémery, tras un corto interro- gatorio, nada más llegar a Casale. Richelieu ordenó su procesamiento, que instruyó el intendente de la justicia militar en Italia, René Voyer d'Argenson. Salió condenado a muerte y la sentencia se ejecutó en el mismo Casale, el 22 de abril. Antes de ser degollado, fue despojado de sus títulos de nobleza y de sus insignias militares. No he podido confirmar la afirmación de Cevallos sobre la suerte de sus hijos, que puede parecer tremenda desde la perspectiva de nuestro tiempo. De todas formas, ya su ajusticiamiento fue severo. Montgaillard pudo haber intentado resistir un asalto, pero ante Leganés declaró que sus hombres le habían amenazado con prenderle si no capi- tulaba antes. Además, no fue el único responsable de la pérdida de la plaza, que no llegó a ser socorrida en 13 dias de asedio. Richelieu quiso hacer una demostración de público escarmiento, pero se cuidó de guardar las apariencias; por eso ordenó publicar que habia sido socorrido, lo cual era falso, y también que había malversado fondos, lo que ignoro, aunque sospecho que tambien fuera mera invención. En cuanto a la fortaleza, fue desmantelada en 1654 ante lo costoso que resultaba mantenerla. De ella no queda hoy el menor vestigio, aunque aun se conservan la iglesia y uno de los edificios del viejo monasterio, que fue residencia del gober- nador y hoy se ha convertido en la sede del ayuntamiento. (JUAN L. SÁNCHEZ)
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