| LA CAMPAÑA DE 1638 (I PARTE) Edición y notas de Juan L. Sánchez |
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1.-EL VIAJE A FLANDES. Es la ciudad de La Coruña la ordinaria residencia de los capitanes generales del reino de Galicia, y lo era al presente D. Pedro de Toledo y Leiva, marqués de Mancera, del Consejo Supremo de Gue- rra de S. M., al cual le había venido orden para prevenir todas las municiones y bastimentos nece- sarios para el apresto y partida de la armada. Y juntándose la leva de la gente de diversas partes —1.000 hombres de Castilla, que había enviado el Condestable; 1.200 llegados de Cádiz, levanta- dos por diferentes señores de Andalucía, y el resto en el reino de Galicia, así por el capitán general dicho, como por el conde de Altamira y otros señores de aquel reino.Hubo grandes dificultades en apresurar estas prevenciones por la tardanza con que se habia juntado la dicha gente; por la difi - cultad en traer los bastimentos de Neda, El Ferrol y Betanzos, y por ser siempre menester vientos del Norte, los cuales eran contrarios entonces para la partida de la armada. Todo ello fue causa de que se tardarse mucho tiempo en ejecutarla. Nombráronse para la partida las personas siguientes: —Capitán general, D. Lope de Hoces y Córdoba, caballero de la Orden de Santiago, señor de la vi- lla de Hornachuelos, de los Consejos de Guerra e Indias de S. M. —Almirante, D. Andrés de Castro, caballero de la Orden de Alcántara, tio del conde de Lemos y ge- neral de la Escuadra de Galicia. —Y por maestro de campo de toda la leva, D. José de Saavedra, caballero de la Orden de Santiago, vizconde de Rivas, hermano del conde de Castellar, que había servido en los Estados de Flandes y sido soldado, capitán de infantería y de caballos en ellos. Iban tambien D. Juan Pardo y Osorio, almirante de la Escuadra de Galicia; D. Juan Bravo de Ho- yos, general de la Escuadra de las Montañas [La Montaña o las Cuatro Villas], con 6 navíos de e- lla, ambos del hábito de Santiago, y el capitán Francisco de Feijóo y Sotomayor, gobernador de la infantería de la Escuadra de Galicia. Estando todos estos señores juntos en La Coruña, vino orden de S. M. para que hiciesen consejo entre ellos sobre la partida de la Armada.Todos enviaron sus votos firmados y la mayor parte coin- cidían en que no se debía partir hasta la primavera siguiente, por haber entrado ya noviembre y ser los vientos muy peligrosos y recios para poder pasar el canal. Solo el marqués de Mancera y el maestro de campo D. Jose de Saavedra fueron de opinión que se debia aventurar la partida por la mala comodidad que tenían los soldados en La Coruña, pues no había día que no muriesen 20 ó 30 de enfermedades causadas de miseria y necesidad, y también por lo preciso que era este soco- rro en Flandes. Estando en esta controversia, resolvieron despachar un correo a S.M. suplicándo- le fuese servido mirar las opiniones de todos y resolver lo que tuviese mejor para su real servicio. El correo volvió en pocos dias volvió con la respuesta, que fue mandar que con el primer viento fa- vorable se hiciese a la vela la armada, porque S.A. el Cardenal Infante le había escrito el aprieto en que estaban, por haber tomado los holandeses a Breda v los franceses a Landrecies, Cateau-Cam- bresis y la Capelle, con que se veía en gran necesidad de ser socorrido. Con esta orden se embarcó toda la gente, bastimentos y municiones, la víspera de Nuestra Señora de la Concepción, y el mis- mo dia envió llamar el general D. Lope de Hoces a todos los pilotos y cabos de la mar y de la infan- tería para que dijesen su parecer. Todos acordaron que enviase una fragata para ver si el mar esta- ba a propósito para partir y, que pareciéndoselo así al capitán de dicha fragata, disparase una pieza para señal de que la armada partiese o, si no estaba a propósito, que se volviese. Con que en oyen- do Don Lope el ruído del cañonazo, mandó disparar dos piezas de leva, y al punto levantó el ánco- ra y se hizo a la vela. En esta armada había 38 navíos, y muy pocos de importancia para pelear ni hacer resistencia de consideración; pienso que solo 12 pudieran defendense —que eran 5 de Dun- kerque y 7 de la escuadra de Galicia— porque todos los demas eran naves embargados de merca - deres y fragatas pequeñas. Mas, fiados en la Virgen de la Concepción, iban todos muy animosos. A las diez del dia, llegando junto a la torre de Hércules, nos dio una calma que duró hasta el dia si- guiente; mas la confianza que habíamos tenido en la Santísima Vírgen nos valió de modo que nos vino un viento tan favorable que levantamos el áncora [ancla], nos hicimos a la vela y en 5 días di- mos fondo en el puerto de Dunkerque, sin tener tormenta en el viaje ni visto enemigo sino solo u- na flota holandesa que iba haciendo su viaje con su mercancía y, al punto que nos vió, se sotaven- tó para escaparse de nosotros. Con que habiendo echado todos los navios el ancla, envió a llamar D. Lope de Hoces a D. Pedro Zapata, caballero de la Orden de Santiago, gentilhombre de la boca de S.M.,capitán del tercio de D.Jose e hijo del conde de Barajas, y le envió a S.A. con los despachos del Rey y nuevas de su feliz llegada. Y habiendo hecho todas las diligencias por darse prisa, volvió con cartas de S.A. para todos, en que les hacía muchas honras, y en particular a D.Jose, por la bre- vedad con que había solicitado la venida de este socorro. Digno es de ponderar el lucimiento que llevaba el vizconde D. José de Saavedra en la Almiranta de Dunkerque,llamada Santa María Stela Maris, y al que la gobernaba,que era el capitán Matías Ran- blaut, a D. Pedro Zapata, Don Pedro de Sotomayor, dos frailes, uno dominico y otro carmelita des- calzo, a D. Diego de Figueroa, sobrino del Conde del Puertollano, Juan Bautista Panceri, el capi - tán D. Lope de Morales y su capellán mayor Quiñones, a todos los llevaba por camaradas y les ha- cía el gasto, y a sus criados, con que fue excesivo.Trajo tambien orden para que se desembarcasen las cajas de moneda que venían y se entregasen al pagador general D. Juan de Lira, y para que el tercio de D. José desembarcase y se alojase en las 7 chatelerías [castellanías] del condado de Flan- des, que son: Ypres, Cassel, Bailleul, Warneton, Bergues St. Winocq, Furnes y Bourbourg. Eran las compañías del tercio 24; la del maestro de campo, la de D. Pedro Zapata, la de D. Luis Ca- ravajal [Carvajal], la de D. Juan Guerrero, la de D. Alvaro de Miranda, la de D. Gil Valentin de So- tomayor, la de D. Pedro de Sotomayor, la de D. Juan Freixo [Feijóo], la de D. Cristóbal Confusco [Contefiesco], la de D.Sebastián de Osarta (López de Ozaeta),la de D.Antonio Girón, la de D. Fran- cisco Delgado, la de D.Antonio Gentil, la de D.Juan Pérez de León, la de Cristóbal de Veimar [Bed- mar], la de Gome Juárez, la de D.Martin de Sagastizábal, la de D.Juan Baço [Bazo] y Moreda, la de D. Diego de Abengozar Coronada, la de Domingo de Garibay [Garizabay], la de Pedro de [los] Re- yes, la de Francisco Pérez, la de D.Juan Antonio de Benavides y la de D. Francisco Romero; estos dos últimos se quedaron en España, presos por orden de S. M. por quejas que había habido sobre ellos en los tránsitos de su camino a La Coruña. Venia por sargento mayor de esta leva D. Diego Lopez de Zúñiga,que había sido capitán en estos Estados y su maestro de campo Prouez;las ayun- dantías, muchas banderas [alféreces] y ginetas [capitanes] y otros oficios de la primera plana pro- vistos en soldados a propósito de los tres tercios viejos. 2.-REFORMA Y ACUARTELAMIENTO DEL TERCIO DE SAAVEDRA. No sabré encarecer el gusto que todos recibieron en estos países con la venida de tan grande soco- rro de navíos y gente, por la mala fortuna de la campaña antecedente, que tenia a todos con gran melancolía y confusión. Así, esperaban mejores sucesos por esta causa, como sucedieron en ade- lante. S.A. envió a Diego de Hernani, del Consejo de Guerra de S. M. y su contador, con carta para D. Jose de Saavedra para que tomase muestra a su tercio, el cual se la dio con todo rigor y puntua- lidad y se hallaron en las 24 compañías 4.200 soldados efectivos sin los oficiales. El dicho conta - dor les dió algunos vestidos de munición y coseletes, que no los traían, y se reformaron 6 compa- ñías en esta forma: —La de Don Antonio Girón, en el pié del castillo de Gante [Gand, Gent]; —La de D. Francisco Delgado en el Saso [Sas van Gent]; —La de D. Juan Pérez de León en Juliers [Jülich]; —La de D. Francisco Romero en Liera [Lier]; —La de D. Antonio Gentil en el tercio del conde de Fuensaldaña, (TIE no. 18) y —La de D. Diego de Abengózar en el tercio del marqués de Velada. (TIE no. 1) Las otras compañías se dieron para reforzar a las de los gobernadores de Ostende, Nieuwpoort y Gravelines; la compañía de Pedro de Reyes quedó de guarnición en el pie de la villa de Ostende, la de D. Cristóbal Contefiesco en el fuerte de San Felipe, que nuevamente se habia hecho junto a la villa de Gravelines, y la de D. Juan Bazo y Moreda se agregó al tercio del conde de Fuenclara, en lugar de la que se habia reformado del gobernador Marcos de Lima, a quien poco hacía que corta- ron la cabeza por la pérdida de la Capelle. Quedaron en el tercio 15 compañías, en las cuales habia 2.100 hombres que se habian empezado a reparar del trabajo del camino y principio del invierno con los vestidos de municion y más de un mes que habían estado alojados. Considerando esto el maestre de campo, y que estando tan divididos no se podían ejercitar en saber disparar y entrar de guardia, hizo instancia a S. A. para que le metiese en guarniciones allí cercanas para que pudiese sacar su tercio más disciplinado a campaña. Con dicha diligencia le llegó orden para que entrase con su tercio de guarnición en las villas en cu- yas castellanías estaba alojado pero, estando ya para marchar, llegó la orden para que hiciese alto, por cuanto aquellas guarniciones se habian dado a Carlo Guasco, maestro de campo de italianos [TIit no. 22], que las habia negociado por el mucho favor que tenia con el señor príncipe Tomma- so de Saboya y con el teniente de maestro de campo general D. Esteban Gamarra. No faltó quien murmurase sobre la pasión que el príncipe Tommaso tenía favoreciendo a los italianos; pero los más eran de la opinión que esto se había hecho por un presente que habia dado Guasco a la mu- jer de Gamarra. El maestro de campo D. José de Saavedra sintió infinito el que se le quitase la guarnición por dár- sela a otro y que se le hiciese tan mal hospedaje recién venidos sus soldados, pero disimuló su pe- sar. Estando en esto, llegó orden de S. A. para que enviase a su sargento mayor con 2 compañías a la villa de Saint-Omer, 6 a la villa de Aire, y su compañía —con su persona— a la villa de Lillers. Es- tas guarniciones son las peores del país, por estar vecino con el de Artois, que es el más arruinado de estas provincias por las muchas entradas y correrías que han hecho los franceses en él. Cono - cido por el maestrr de campo que los burgueses de estas villas no podian asistir de ninguna mane- ra a los soldados, y que no habia aun orden para darles pan de munición ni plazas, resolvió partir a Bruselas a besar la mano a S. A. y representarle la necesidad en que estaba su tercio para que se sirviese hacerle merced de mandar que se le ajustase como a los demas. S. A., considerando que el celo con que se le importunaba era por la conservación de esta gente, que tanto trabajo y dinero habia costado al rey de España, mandó luego que se le diesen a D. José libranzas sobre el pagador general para que de la caja real le pagase tres medias pagas y cuatro meses de plazas, y al amán de Hornes, proveedor general de víveres, para que le hiciese bueno el pan de munición desde el día que entró en dichas guarniciones. Mas las pagas que vienen por la Pagaduría siempre llegan tarde, tanto que de no haber sido por los socorros que el maestre de campo y sus capitanes dieron a sus soldados hubieran perecido, porque hasta la mitad de la campaña siguiente no recibieron ningun dinero del pagador. 3.-REGRESO A ESPAÑA DE LA ARMADA Y DE OTROS CABALLEROS. En este tiempo los cabos (jefes) de la Armada que habia venido de España, despues de haber des- cansado con el buen hospedaje del marqués de Fuentes, se fueron con él a Bruselas a besar la ma- no de S. A., el cual los recibió con el agrado que acostumbraba y como un tan amable Príncipe. A D. Lope de Hoces y a D. Andrés de Castro les dio a cada uno una tapicería muy rica y a los demas les dio muy buenas joyas, con que despues de haber visto las mejores villas del país se volvieron a Dunkerque a tratar de su vuelta a España. Envióles una orden del señor Infante para que entrega- sen, de la dotación de los navíos,600 hombres a Pedro de la Cotera, teniente de maestre de campo general, el cual, luego que los hubieron entregado, los envió con sus ayudantes a los castillos de Amberes y Cambrai, y él quedó en Dunkerque hasta la partida de la Armada, la cual llevó —en lu- gar de la gente que se le habia quitado— dos tercios de irlandeses de los condes de Tyrone y Tyrco- nell, en los que había mas de 2.000 hombres. Con el primer buen viento que hizo partió D.Lope y con gran felicidad y breve tiempo llegó al puerto de La Coruña, cargado de de presas francesas y holandeses que en el camino había tomado. Despues de esto S. A. mandó reformar un regimiento de alemanes del conde de Hoogstraten y o- tro de loreneses de monsieur Brun, cuya gente se agregó a diferentes regimientos. También se re- formaron 20 compañías de caballos, 4 de españoles, 4 de italianos y 12 del país, y la gente se agre- gó a las demas compañías de caballos del ejército. Este invierno se fueron a España muchas per- sonas particulares, y entre ellos tres capitanes de caballos reformados, que son: —D. Jerónimo de Aragón, hermano del Duque de Terranova [que volvería en 1639, al mando de un tercio de infantería levado en España, [TIE no. 43]. —D. Pedro Girón, hermano del Duque de Osuna, y —D. Martin Alonso de Sarriá, caballero de la órden de Calatrava.[Como Jerónimo de Aragón, le- vantó un tercio en España y lo condujo a los Países Bajos en 1639, TIE no. 45]. Capitanes en pié (vivos) de caballos se fueron: —D. Fernando Tejada y Mendoza, cuya compañía se dió á D. Antonio Butrón, —D. Alvaro Sarmiento, hermano del Conde de Salvatierra, cuya compañía de caballos corazas se proveyó en su teniente Duque, con patente de arcabuceros de infantería del tercio del marqués de Velada. —D. Antonio de Saavedra, cuya compañía se proveyó en el capitán D. Rodrigo Ladrón, —D. Jacinto de Lares, cuya compañía se dio a D. Juan de Santander, y —D. Pedro de Baigorri, que se dio a Jacinto López, ayudante de teniente de MdCGral. Del tercio del Conde de Fuenclara [TIE no. 1], se fueron: —El capitán D. Francisco de Torres Castrejón, cuya compañía se proveyó en D. Pedro de Figueroa, caballero de Santiago, y —El capitán D. Martin de Sepúlveda, cuya compañía se dio al alférez Juan del Río. Del tercio del Conde de Fuensaldaña [TIE no. 18], se fue el capitán Pedro Cuche, cuya compañía se dió al capi tán Juan Adame Vela. Por muerte de Don Luis de Lara se dió su compañía a D. Juan de Paz, alférez del dicho maestro de campo (Fuensaldaña), y por muerte del capitán Gayença [Cosgaya] se dió su compañía al capitan D. Martin de Zayas y Bazán. En el tercio de D.José de Saavedra [TIE no. 41], se proveyó la compañía de D.Juan Antonio de Be- navides que, como he dicho, quedó en España, en el capitán Mateo de Torres. Fue tambien a España, a negocios del señor Príncipe Tommaso, Carlo Guasco, maestro de campo de italianos. Y tambien Francisco de Galarreta, que hacia oficio en el ínterin, de secretario de S.A., cuyo cargo quedó ejerciendo, tambien en ínterin, D. Martin de Ibarra, secretario de cámara. En este tiempo llegaron nuevas de Alemania a S. A., que el general Juan de Uberta [Weert] rom- pió un ejército francés y, con la gloria de la victoria, se retiró a su cuartel y durmió con tanto des - cuido que fué roto por el duque de Rohan y llevado preso a Francia, donde está al presente. En es- te ínterin llegó D. Felipe de Silva de Milan,donde era general de la Caballería, y pocos días después llegó un correo de España en que S. M. le hacia merced del castillo de Amberes. Y aunque rehusó el aceptarlo, al fin obedeció y lo tiene al presente; hizo su teniente a Bernabé de Vargas Machuca, cuya compañía se dió á D. José del Pulgar, alférez del Marqués de Velada, en cuyo tercio era capi- tán.Al conde de Feira, que tenía el castillo de Amberes, le vino merced del virreinato de Navarra, mas no tuvo efecto como adelante se dirá. Despues de esto, considerando S. A. que era menester mezclar la gente vieja con la nueva, mandó se le diesen 6 compañias al tercio de D. José de Saavedra de cada tercio viejo y que él diese otras 6 en su lugar. Salióse el trueque en esta forma: del tercio del marqués de Velada vinieron los capi- tanes Alonso Lopez de Torremocha y Gaspar de Vega y fueron en su lugar D. Martin de Sagasti- çauelo [Sagastizábal] y D. Sebastián [López] de Ozaeta; del tercio del conde de Fuenclara vinieron los capitanes D. Miguel de Lezcano y D. Pedro Zavala, con sus compañías, y fueron en su lugar las de Góme Juárez y Domingo de Gariçabay [Garizabay]; y del tercio de Fuensaldaña vinieron Juan Adame Vela y D. Francisco Castrejón, y fueron en su lugar D. Alonso de Miranda y Cristóbal de Veimar [Bedmar]. A este tiempo llegó a Dunkerque un tercio de ingleses con 800 hombres, cuyo maestro de campo sir Henry Gage [TIB no. 14], había sido sargento mayor de sir William Tresham.Poco despues lle- garon al mismo puerto: —El marqués de Cerralbo, que venia por embajador ante S. A., y traía consigo a su mujer, al con- de de Villalobos, su hijo, y a un hijo del marqués de Velada. —D. Antonio de Benavides, hijo del conde de Santistéban del Puerto, canónigo de Toledo, que ve- nía por Camarero y limosnero mayor de S. A. —D. Gaspar Nieto de Trejo, caballero de la Orden de Alcántara, del Consejo de Indias de S. M., que venia por superintendente de la justicia militar, y —Don Alberto Coloma, caballero de la Orden de Santiago, hijo segundo de D. Carlos Coloma. Después llegaron nuevas de Milán (de) como el Marqués de Leganés, capitán general de aquel es- tado, había sitiado y tomado a Breme en pocos días, que fue una gran dicha, con que los franceses quedaron sin ningun puesto en el Estado. Al gobernador le dieron por infame, degradándole de la nobleza y borrándole sus armas; a tres hijos que tenia los caparon y a dos hijas las metieron mon- jas a fin de que no quedase generación de un hombre que tan mal había cumplido con sus obliga- ciones,defendiendo una plaza de tanta importancia de modo que no dio lugar a que se pudieseso- correr rindiéndola tan aprisa. [Véase un comentario sobre los hechos] Al fin de abril llegó un extraordinario de España, y las nuevas que trajo fueron que S. M. mandaba al Barón de Balançon se contentase con su sueldo pagado cada mes y su plaza del Consejo de Es- tado de este país; su cargo de general de la Artillería se dio al conde de Fontaine y el que éste tenía de superintendente de Flandes se dio a D. Andrea Cantelmo, y juntamente le hizo merced S.M. de una patente de general de la Artillería.El gobierno de Damme, que también el dicho conde de Fon- taine tenía, se dio a Philippe de Crécquy, maestro de campo de valones (TIVA no 56), cuyo tercio se dio al barón de Molinghem, teniente coronel del conde de Isenburg; el tercio de valones que te- nia el dicho conde de Fontaine se dio Jacques de Haynin. [TIVA no.44]. 4.-PRIMERAS OPERACIONES MILITARES. En este ínterin, habiendo tenido S. A. noticia que el fuerte de la Cruz estaba desprevenido, mandó al maestro de campo George Bertou, que tenia a su cargo los fuertes de Santa María y de la Perla, que sacase ek mayor número de gente que pudiese y 200 españoles que le dio el teniente del cas- tillo de Amberes, del tercio del Conde de Fuenclara, y que procurase tomar el fuerte por interpre- sa [asalto], llevando para ello pontones y todas las demas cosas necesarias. Intentó tomarlo, mas con tan mala disposición y cuidado que vino a estar advertido el enemigo de ello, con que el maes- tro de campo se volvió sin haber hecho nada, y de pesadumbre, segun dicen, se murió, y se dió su tercio a su sargento mayor Robert Catrice [TIVA no. 62]. Despues de esto, habiendo habido nuevas que el francés quería entrar en el pais de Artois para to- mar a Douai y meter en contribución a Flandes, mandó S. A. al conde de Isenburg, gobernador y capitán general del dicho país, que saliese en campaña y ocupase Arleux, puesto importante para impedir al enemigo la entrada, que pertenece a la jurisdicción de Cambrai. La gente que se juntó con él fueron los tercios del marqués de Velada y el conde de Fuensaldaña, con sus sargentos ma- yores, y pocos días después volvió el de Fuensaldaña a Cambrai, llamado de su maestre de campo, que la gobernaba en el interin,y temía le vendría a sitiar el enemigo si no se hallaba con harta gen- te para defenderse. El tercio del marqués de Velada partió a Flandes, de orden del conde de Fon- taine, con que no quedó el dicho conde de Isenburg sino con dos tercios de italianos de D. Fran - cesco Toraldo [TIiT no. 10] y de Carlo Guasco [TIiT no. 22] y parte del tercio del barón de Weze - maal [TIVA no. 37], y el teniente general de la caballería D. Juan de Vivero con parte de la que te- nía a su cargo en la frontera de Francia. Y estando fortificando este puesto llegó orden a D. José de Saavedra, que se hallaba en Flandes con su tercio y había rehusado obedecer al conde de Fontaine por no ser aun público su cargo de general de la Artillería, para que marchase al dicho puesto de Arleux, y que dejase 4 compañías en St.-Omer. Así lo hizo y marchó con las 11 que le quedaban y, siguiendo los tránsitos que le había enviado el conde de Isenburg, pasó por la villa de Bethune, donde halló al magistrado muy alborotado por las nuevas que les acababan de dar de que el ma - riscal de Châtillon entraba con gran furia en el país, habiendo tomado a Saint Pau, Saint Martin y otros lugares y villajes que iba quemando. Y por no haber tenido ninguna nueva de esto a tiempo, estaba la dicha villa sin guarnición, con lo que dijeron al maestre de campo que el francés les venía a sitiar habiendo sabido del modo en que estaba, y que si no se quedaba allí con su tercio la plaza se rendiría al enemigo por cuanto no era posible poderse defender. Y estando el dicho maestre de campo D. José de Saavedra rehusando el quedarse, diciendo que le era fuerza seguir su orden, lle- gó monsieur de Gonzour, señor de Lillers, y le dijo que el conde de Isenburg le habia mandado que donde quiera que le topase le dijese que hiciese alto con su tercio en alguna villa porque si no, la caballería del enemigo le rompería sin ninguna dificultad.Con esto resolvió quedarse, repartien- do su tercio en la villa y los burgos, y acomodó todas las cosas necesarias para ponerse en defensa. Esa misma noche llegó a alojar el enemigo en los cuarteles que habia tenido la antecedente D. Jo- sé de Saavedra, con que toda la noche estuvo en arma con su gente, pensando que el enemigo le venia a tomar los puestos; mas sabiendo por sus espías que el tercio habia quedado dentro, mudó de parecer, acercándose a la villa de Aire, cuyo gobernador el Conde d’Estaires, viéndose en el mismo aprieto que los de Bethune por no tener ninguna infantería dentro, escribió a Don José que le enviase alguna gente a toda prisa porque, si no, no era posible mantenerse por la faci- lidad de la burguesía en rendirse. Y viendo el dicho maestro de campo la prisa que corria hacer éste socorro y servicio a S. M., se resolvió, aunque no tenia orden, a hacerlo, para lo cual mandó a los capitanes Mateo de Torres, D. Juan Freixo y D. Pedro de Sotomayor que con 350 bocas de fuego procurasen entrar en la villa de Aire a toda diligencia. Ejecutólo con tanta puntualidad el dicho Mateo de Torres que, antes que fuese de dia, llegaron a las puertas y fueron recibidos del gobernador con mucho gusto y, sabido (esto) por el Mariscal, mudó de parecer de atacar esta villa —estando ya para enviar un trompeta a decirles que se rindiesen, que les haria muy buenos par- tidos— y quedó desesperado viendo que este tercio le habia impedido el designio [plan] de llevar- se estas dos villas de calle [fácilmente], que lo tenia por cierto. D. José despachó a toda diligencia a D. Juan Ladrón de Guevara, su ayudante, al conde de Isen- burg para darle cuenta de todo lo que habia pasado, que la necesidad forzosa habia sido causa de haber aventurado aquel socorro que se metió en Aire sin orden y que avisase de lo que deseaba que hiciese. Le respondió dándole muchas gracias por el servicio tan particular que habia hecho pues por su medio estaban seguras tres villas, las mejores de su gobierno, que eran St.-Omer, Aire y Bethune, y que escribiría a S. A. para que tuviese memoria de hacerle merced por tan señalado servicio. Mandó tambien el dicho conde que entrasen allí dos compañías de caballos italianos de D. Cesare Toraldo y del marqués Pallavicini, a las órdenes del dicho Don José de Saavedra, para que las enviase a tomar lengua [informarse] del enemigo, y al magistrado de Bethune le ordenó que le obedeciese y respetase como si fuera gobernador de la dicha villa en propiedad. En este tiempo la guarnición de Aire no estaba ociosa, pues habiendo conocido el gobernador que la gente del enemigo corria hasta las puertas de la villa robando cuanto podia,mandó saliesen 200 bocas de fuego con los capitanes Torres y Feijóo, y que una partida de la caballería de las compa - ñías de D. Tomás de Avalos y de D. Marco Antonio de Capua se dejasen ver. Luego que las descu- brió el enemigo, las acometió a gran prisa pensando hacerlos prisioneros; ellos recibieron la carga hasta la emboscada que estaba prevenida, de donde nuestros soldados dispararon a tan buen pun- to [blanco] que quedaron más de 80 muertos y heridos y la resta huyó. De los nuestros no se per- dió ninguno y llevaron 30 prisioneros y 50 caballos a la villa de Aire. En este tiempo llegó de España D. Miguel de Salamanca, caballero de la Orden de Santiago, por Francia, con pasaporte que habia alcanzado de aquel rey; habíale S. M. hecho merced del Consejo de Hacienda y de secretario de Estado y Guerra cerca de la persona de S. A., con que luego empe- zó a ejercer su oficio. Estando en este tiempo la reina madre de Francia en Bruselas, pidió convoy a S. A. para ir a tomar los baños de Aquisgrán. De allí se fue a Holanda donde, pareciéndole que no la agasajaban mucho, se pasó a Inglaterra con su hija, donde está al presente, bien arrepentida de haber salido de la protección del Rey,pues hacía años que la sustentaba a grandísima costa. To- do el mundo conoció que habia usado esta princesa de la ligereza francesa que se le había infundi- do, pues hizo una acción de tanta ingratitud sin haber tenido ninguna ocasión para ello.Los solda- dos se holgaron mucho de que se fuese, porque decían que ella y otros príncipes extranjeros que el rey sustentaba eran causa de la dilación de sus pagas. A este tiempo, el Conde Guillermo de Nasau, maestro de campo general de los holandeses, tomó por interpresa el fuerte del dique de Kallo por haberle defendido mal el capitán que estaba dentro; otros dicen que tenia trato con ellos. Su maestro de campo, Catrice, habiendo podido socorrerlo a tiempo no lo hizo, con que por castigo se le reformó el tercio incluyendo a la gente en los otros de su nación valona. (TIVA no. 62) 5.-EL ASEDIO FRANCÉS DE ST.—OMER. El mariscal de Châtillon,viendo que en St-Omer no habia más que 4 compañías del tercio de D.Jo- se de Saavedra, y que la plaza ha menester más de 3.000 hombres para poderla defender, se resol- vió a sitiarla, tomando primero el puesto de Arque [29.V], cuyo castillo guardaba un sargento con 50 hombres del tercio del barón de Wezemaal (TIVA no.37), que lo rindió habiendo aguardado al- gunos cañonazos, y allí puso el cuartel del Rey, que es donde está siempre la persona que manda el ejército; despues atacó la abadía de Demare [L’Audomarais], que es de la Orden de San Bernar- do y está entre unos marrazos, con que es fuerte por naturaleza. Defendiéronla lo posible Lannoy y Dutally, capitanes del tercio de Wezemaal (1); mas habiéndose quedado sin pólvora,se rindieron con muy buenas condiciones. El conde de Fontaine que se hallaba en Flandes, como he dicho, vi- endo que ya estaba conocido el designio [plan] de Châtillon, se puso con la gente que estaba a su cargo en el cuartel del burgaje de Watten, de donde metió socorro en St. Omer de 4 compañías de españoles del tercio del marqués de Velada, que iban a las órdenes del capitán D. Luis de Mieses, y 2 compañías de ingleses del tercio de Tresham (TIB no. 10),tambien a la orden del dicho D. Luis, el cual la llevaba para gobernar toda la infantería que estaba dentro como capitán más antiguo es- pañol. Al Barón de Wezemaal, que estaba dentro con parte de su tercio, se dio orden para que de - fendiese el puesto del Bacq, el cual es principal para poder socorrer la dicha villa; mas no habien - do tenido Wezemaal tiempo para fortificarse, siendo su gente muy poca y habiendo sido atacado con gran fuerza, desamparó el puesto retirándose dentro de Saint Omer, con que el enemigo le o- cupó y fortificó y envió gente a tomar 3 fuertecillos que estaban hechos en defensa del Neuf-Fos- sé, [canal] que divide a Artois de Flandes.El mejor de ellos, donde estaba la compañía del vizconde de Furnes, gran bailío de Cassel, se rindió a partido al primer cañonazo, y los otros dos, que defen- dían villanos de la dicha chatelería [castellanía], fueron tomados por fuerza, habiendo degollado mucha cantidad de ellos, con que sin ninguna resistencia pasó la caballería a Flandes tomando to- dos los villajes y la villa de Cassel, y se volvieron a su ejército con grandísimos despojos. Viendo el conde de Fontaine que, habiendo ocupado estos puestos el enemigo, no estaba seguro en Watten, se retiró con buena prisa a Bergues-St. Vinocx, haciendo pegar fuego primero al dicho burgaje de Watten por excusar no sirviese de cuartel al enemigo. No lo sintió poco la condesa de Isenghien, señora del lugar, y él se fue a Bruselas a tomar la posesión del cargo de general de la Artillería. El Conde de Isenburg, que tenia orden de pasar a Flandes con toda diligencia, partió de Arleux a Bethune con los tercios de Guasco y Toraldo, un teniente general de la artillería con algunas pie- zas y D. Juan de Vivero, con la caballeria que tenia consigo y 3 compañías de Wezemaal que iban en guardia de la artillería. El dia siguiente marchó de Bethune a Chocques, habiéndosele juntado el tercio de D. José de Saavedra y las compañías de caballos que estaban a su orden, con lo cual marchó otro dia a pasar el Lys por Merville y otro día llegó a Poperinge, donde estaba el príncipe Tommaso, el cual comenzó a gobernar el ejército, quedando el conde cerca de su persona toda la campaña. Marchó el Príncipe de Poperinge a Bourbourg, y en los villajes de alrededor acuarteló al ejército, donde se iba juntando toda la gente, asi de infantería como de caballería, y todos los días llamaba a consejo a todos los oficiales mayores para ver en la forma que se podía socorrer a Saint Omer, lo cual era muy dificultoso por tener el enemigo ocupado los principales puestos y ser su e- jército dos veces mayor que el nuestro. La villa estaba en gran necesidad por falta de municiones y bastimentos y era tan poca la gente que había que les era fuerza estar siempre de guardia, aun - que no habia abierto Châtillon trincheras, que se decia esperaba tener nueva que los holandeses hubiesen sitiado a Amberes, para entonces comenzar él a atacar a Saint Omer. Viendo el príncipe Tommaso que Piccolomini no podía llegar tan a tiempo como la necesidad requería, se resolvió a meter socorro en la villa para que se pudiese mantener por algun tiempo. En la forma que fué lo pondré muy en particular, como quien se halló allí. Para disponer el príncipe Tommaso con mejor acuerdo el primer socorro que metió en la villa de St.- Omer, envió a llamar a todos los oficiales del ejército para que dijesen su parecer, y propúso- les la gente que tenia, y como el marqués de Fuentes, por orden de S. A., le había enviado alguna cantidad de pólvora y cuerda, que era de lo más que necesitaba la villa, fueron todos de opinión que era forzoso el socorrerla sin ninguna dilación con que, visto esto por S. A. el serenísimo señor príncipe Tommaso, dispuso la marcha del ejército para el dia siguiente en esta forma: Hizo formar 4 escuadrones volantes de todas naciones, cada uno de 1.000 hombres: el primero llevaba el conde de Fuensaldaña, el segundo D. Eugenio (Owen Roe) O’Neill, maestro de campo de irlandeses (TIB no.13); el tercero Dionisio de Guzmán, sargento mayor del tercio del conde de Fuensaldaña, con su tercio (TIE no 18) que iba en dos escuadrones, y el cuarto llevaba D.Frances- co Toraldo con su tercio de napolitanos, al cual seguía el tercio del marqués de Velada con su sar- gento mayor,Juan Porcel; a éste seguían dos tercios de alemanes de Spinola y Rouveroy, luego se- guían dos tercios de ingleses de Tresham y Gage, y luego iba el sargento mayor de irlandeses con su tercio, a los cuales seguía de retaguardia todo el tercio de D.Jose de Saavedra en dos trozos, que el uno llevaba el maestro de campo y el otro su sargento mayor, D. Diego López de Zúñiga. Con la caballería iba el conde Johann von Nassau-Siegen, de vanguardia de todo el ejército, y con él iba D. Juan de Vivero, hermano del conde de Fuensaldaña, teniente general de la caballería del ejérci- to de la frontera de Francia, y Ludovico con los corvatos [croatas] de su regimiento. El conde de Forjaz fue enviado a pasar el Neuf Fossé y tocar a arma [trabar escaramuza] al enemigo en todos sus cuarteles; D.Francisco Pardo, comisario general de la Caballería de la frontera de Francia,que- dó de retaguardia con algunos batallones. Al mismo tiempo que el ejército marchaba en esta for - ma, el señor príncipe Tommaso mandó a Paulo Fanfanelli (2), sargento mayor de Carlo Guasco, que con su tercio se adelantase y ocupase la torre de la iglesia de Watten, que está puesta en una montaña muy eminente [por lo tanto alude a la torre del monasterio, no a la de la iglesia, que está en llano, junto al rio] y tenían ocupada 50 franceses con un oficial desde que el conde de Fontaine desamparó aquel puesto. Los franceses, viéndose sin las municiones necesarias y a la vista de un ejército como el nuestro, se rindieron a partido al dicho sargento mayor. 6.-COMBATES EN TORNO A SAINT-OMER. Châtillon, pensando que el puesto de Watten era de grande importancia para ser dueño de la ribe- ra que va a Saint-Omer, había enviado al mismo tiempo dos tercios de franceses en que había más de 4.000 hombres con todo su bagaje, los cuales llegaron allí cerca, cuando la torre se había rendi- do. Los maestres de campo, viendo lo difícil que les resultaba el poderse retirar a su ejército, hicie- ron escuadrón en una pradería que estaba toda cercada de setos, donde pensaban hacer muy bue- nos acuerdos con nosotros; mas reconocido esto por el sargento mayor Fanfanelli, deseoso de lle- varse la gloria de este suceso, les atacó y a los primeros mosquetazos se avisó al Príncipe Tomma- sso como había arma en la retaguardia del ejército, y éste mandó al comisario general D. Francisco Pardo que fuese a reconocer lo que era. Reconocido lo cual, cercó con toda la caballeria la pradería donde estaban los franceses que, viéndose en tal aprieto, echaron las armas en tierra y pidieron cuartel; lo cual, visto por el sargento mayor Fanfanelli y por el comisario general, se lo acordaron, y entre los soldados italianos y la caballería tomaron todos los despojos, dejando a la mayor parte de los franceses en cueros [desnudos]; y como pensaban estar en Watten algunos días, traían to- dos los oficiales su bagaje y cantidad de víveres y municiones y muchos machos de carga, con que fue muy buen dia para nuestra gente. Murieron de los nuestros dos capitanes: uno era un sobrino del conde Piccolomini, llamado como él, y el otro Marco Antonio Felice, soldado viejo napolitano, y 5 soldados; de los franceses murieron un maestro de campo, cuatro capitanes y 22 soldados; y el otro maestro de campo con ambos tercios fue llevado al señor príncipe Tommaso,el cual mandó luego que los llevasen a Bourbourg y, cuando se rescataron, se repartió el dinero entre el tercio de Guasco y la caballería que había tenido consigo el comisario general. Despues de esto, habiendo reconocido el Príncipe Tommaso que el enemigo habia metido mucha gente en el puesto del Bacq, y que si se los atacaba con aquellos escuadrones volantes que he di - cho era aventurar una batalla, para lo cual no era buena sazón, porque si se perdía este ejército y el Infante no rechazase al enemigo del dique de Kallo, era tener los países perdidos, con lo que re- solvió meter el ejército en unas praderías y dormir aquella noche en batalla, donde, cuando esta- ban todos con el mayor silencio del mundo, mandó el príncipe Tommaso a Gio. Agostino Spinola que marchase con su regimiento a Nieurlet, donde sabia que el enemigo no había hecho ninguna fortificación, y que metiese dentro de la villa 600 hombres; 300 de su regimiento, con su sargento mayor, 200 italianos de Guasco y Toraldo, y 100 ingleses de Gage; la pólvora y cuerda que he dicho arriba habia enviado el marqués de Fuentes. El coronel Spinola ejecutó el meter este socorro con tan buena diligencia que, despues de haberle entregado al capitán D. Luis de Mieses, que había salido con barquillas a recibirle, volvió al ejér- cito sin aventurar un hombre; con que visto por el príncipe Tommaso el buen suceso que se ha- bía tenido, marchó con todo el ejército y entró con su persona en Bourbourg y la gente volvió cada uno a los puestos de donde había salido. Estando todos con el gusto que se puede pensar de haber dejado a Saint Omer asegurado por al- gunos dias, llegaron nuevas de S. A. en que avisaba que los holandeses habían fortificado el dique de Kallo todo cuanto se puede imaginar, y que pensaban luego poner sitio a Amberes, con que todo el país estaba en un extremo peligro. Tambien avisó como Piccolomini quedaba con su ejér- cito en Brabante hasta ver el fin de aquel suceso, sobre el cual S. A. cada dia tenia muchas veces consejo, en que entraban el conde de Feira, Don Felipe de Silva, el conde de Fontaine, D. Andrea Cantelmo, el Padre confesor y otros, sobre lo cual siempre se hallaban mayores dificultades por lo fortificado que estaba el enemigo, por la ventaja que nos hacia en el número de la gente y por la falta de dineros con que se hallaba, mal ordinario en este pais; tambien llegó la nueva al señor príncipe Tommaso como el mariscal de La Foza [La Force] había llegado a juntarse con el de Châtillon y, aunque su ejército no era tan fuerte, era más experimentado por las muchas oca- siones en que se había hallado en Alemania. Tomó por su cuenta asegurar los víveres a Châtillon, cuyo almagacén [almacén] estaba en Adras [Ardres], de donde juntamente venian todas las mu- niciones, ya que de estos países no podian tener nada porque los corvatos [croatas] estaban siem- pre emboscados, con que hacían estar a su caballería encerrada en sus cuarteles. Supo tambien el Príncipe como La Force estaba a toda diligencia haciendo un fuerte en el dique que va de Ardres para asegurar los víveres que iban a Châtillon y, para impedir esto, resolvió en- viar al conde Johann von Nassau con la mayor parte de la caballería y un escuadrón volante de to- dos los tercios, a cargo del maestro de campo Toraldo, con orden de rechazar al enemigo de aquel fuerte. Mas habiendo llegado a la vista y conocido lo fortificado que estaba, fueron de parecer de revolverse [retirarse] sin haber hecho ningún ataque, asegurándole al Príncipe que no era posible tomar el dicho fuerte sin llevar galerias, que es una tablazón grande para defensa de los mosque- tes,por ser el dique principal donde se había de atacar tan angosto que mal cabian cuatro hombres de frente; y sintiendo el Príncipe que este puesto no se hubiese ocupado, le pareció era forzoso a- delantarse con el ejército al villaje de Ruminghen, el cual tambien se temia que le ocupase el ene- migo. Llególe orden a D. José de Saavedra que con su tercio marchase a toda diligencia, dejándose el bagaje con lo demás del ejército, y que hiciese escuadrón delante de dicho villaje; lo cual ejecutó con toda puntualidad y, antes que fuese de día, estaba ya en el dicho puesto sin haber sido sentido del enemigo. La mañana siguiente llegó el príncipe Tomasso con toda la infantería y artillería, de - jando la caballería en los villajes de Ardres en retaguardia, y mandó al capitán Gilles, ingeniero, que delinease el frente de banderas y las fortificaciones para ella, en las cuales empezaron luego a trabajar los soldados, y en menos de ocho días estuvieron en perfección.Y pareciéndole al Príncipe que importaba tomar el fuerte que había hecho La Force, envió al conde de Fuensaldaña con 50 caballos para que los reconociese; el cual, luego que lo hizo, volvió y dijo que se conformaba con el parecer de Toraldo de que no se podía tomar sin llevar galerías, porque si no se perdería la gente sin provecho, por la estrechura del dique. En este interin llegó el alférez Ochoa, que era el que entraba y salía más a menudo en Saint Omer, y avisó a S. A. como Châtillon había empezado a abrir trincheras por la parte donde no tiene ma- rrazos [pantanos] la villa, que es la montaña de San Miguel [Saint Michel], desde la cual hacía grandísimo daño con su artillería y con muchas bombas y granadas que tiraba, y que los aproches los hacía fortísimos, con que estaban con gran cuidado los que gobernaban dentro, que era en for- ma de junta que se hacia en el Magistrado, sin haber ninguno que quisiese obedecer a Ochoa por cabeza principal,por la diferencia que traían entre el gran bailío, vizconde de Lier, y el mayor mon- sieur de Brandeque [sic], con que para hacer el servicio del rey se juntaban con ellos el barón de Wezemaal, el capitán D. Luis de Mieses y el sargento mayor de Spinola. Resolvieron que los espa- ñoles ocupasen las medias lunas de afuera, que caían a la dicha montaña de St. Michel, mudándo- se una vez las compañías de Saavedra, que fueron las que ocuparon primero el puesto con las de Velada; y estando una noche de guardia D. Rodrigo de Rojas, capitán de Velada, queriendo mos - trar la bizarría de su corazón,hizo una salida con muy poca gente y llegó hasta cerca de las baterías del enemigo, al cual le retiraron con mucha presteza, herido de un mosquetazo en el muslo; los demas puestos defendían diferentes suertes [clases] de naciones. Sabido por el principe Tommaso todos estos sucesos de dentro de St. Omer y la gran falta que ha- bía en la villa de municiones, por gastarse muchas en la defensa de los ataques, el temor que se tenia de que los burgueses, viendo quemarse sus casas con las bombas no se levantasen contra la guarnición, y ciertas sospechas de algunos que traían trato con el enemigo; mas todo lo aplacó y pusieron de buen ánimo el Obispo y el Abad de San Bertín, de la Orden de San Bernardo, una de las más principales abadías del país. Con que mandó S.A. volver a atacar el fuerte que habia hecho La Force, por no hallar otro medio para impedir la violencia con que Châtillon atacaba la villa, si no era tomándole puesto con que poderle impedir los convoyes. Y pasó en esta forma. © JUAN L. SANCHEZ. |
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| La Coruña en 1634 (Atlas de Texeira). |
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| La Torre de Hércules, antiguo faro de fábrica romana, que aun se mantiene en pie. Como muestra el plano de Texeira, queda en la parte opuesta al puerto alejada de él. |
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| Antonio Sancho Dávila, III marques de Velada, en un boceto italiano, antes de que utilizara lentes o anteojos. |
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| Johann van Weert (ºButtgen, 1594; †Benatek, 16-I-1652), a veces citado como Werdt o Werth), era súbdito del duque de Jülich, pero se hizo famoso como coronel de croatas al servicio del Emperador. No fue liberado de la prisión hasta 1642, en que paso a servir co- mo general al duque de Ba- viera, aunque se reincorporó al Imperio en 1648, siendo nombrado conde y goberna- dor de Bohemia. Murió reti- rado en sus propiedades, cer- ca de Königgratz. En Colonia, cerca del Rhin, tiene dedicado un altísimo monumento en el centro de una amplia plaza. |
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| El conde de Feira |
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| El barón de Balançon (detrás de Spinola, en Las Lanzas) |
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| El conde de Isenburg |
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(1). Eugène de Lannoy tuvo después una compañía de ca- ballos con la cual servía en 1644; sin embargo, Dutally no llegó a pasar la muestra de di- ciembre de 1639, por lo que cabe colegir que muriera a lo largo de la defensa o en el cur- so del año siguiente. En el lus- tro entre 1639 y 1644, 14 de los 15 capitanes del tercio de We- zemaal perderian la vida en combate. |
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(2). Paulo Fanfanelli mandó el tercio de Carlo Guasco desde que éste se ausentó de los Paí- ses Bajos, a principios de 1638, hasta el 10.IV.1640, en que re- gresó con patente de general de la artillería y el tercio se proveyó en el también SgM re- formado Giovanni delli Ponti, que lo había sido del regimien- to de Ottavio, hermano de Car- lo. Disgutado por no haber sa- lido con la promoción, Fanfa- nelli regresó a Italia y se enro- ló en las tropas del Papa Urba- no VIII. Murió el 20.VIII.1643, en la retirada de Navicello, du- rante la llamada «guerra de los Baberini». |
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| La torre de la abadía ber- narda de San Bertin de l'Au- domarais, entonces fuera de St.-Omer, cuyas ruinas for- man ya parte de su paisaje urbano. |
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| Jacques Nompart de Caumont, duque y mariscal de La Force |

| Johann v. Nassau-Siegen, capitán general de la caba- llería de los Países Bajos, retratado por Velázquez en «las Lanzas». Aunque no po- cos estudiosos del Arte se inclinaron por Coloma, in- fluenciados por Karl Justi, las evidencias iconográficas, incluyendo el grabado en el que se basó el pintor, son irrefutables. |
| Esteban de Gamarra y Con- treras (1573-1671) |

| Aire sur la Lys |
| Los fuertes de la Perla (arri- ba) y Santa María (abajo) pro- tegían el flanco izquierdo del fuerte de Kallo (Liefkenskoek), mientras que el de Verrebroek guardaba el derecho. |
| Maria de Medici, reina madre de Francia (Pourbus) |



| El conde Paul Bernard de Fontaine |

| Tommaso de Saboya, príncipe de Carignano (por Van Dyck). |
| Arriba, estado actual de la iglesia de Nieurlet, en torno a la cual se dieron fuertes combates durante el asedio. (abajo, pintura de Vrancx, detalle) |
| Fort Liefkenshoek, en Kallo. Arriba en su estado actual, y abajo según un lienzo de Vrancx. |

| Bombardeo francés de St. Omer desde el Mount St. Michel, al N. de la villa. Al Este y Sur de la plaza (derecha y abajo en la ilustración), los pantanos constituían una excelente defensa natural. Vrancx: El socorro de St. Omer (detalle). Palacio de Viana, Córdoba. |

| Vista aérea del castillo de San Antón, que protegía el acceso al puerto |

| El marqués de Mancera, go- bernador y capitán general del reino de Galicia. |


| Retrato de cardenal Infante, D. Fernadno de Austria, her- mano de Felipe IV, puntado por Hoeke en 1635. Tenía tra- tamiento de Su Alteza Real, S.A.R. ó S.A., a que se refieren numerosas citas en el texto. |

| La chatelerie de Ypres, según el plano de Guiccardini (1582). |


| Como tantos otros fuertes espa- ñoles en Francia y Bélgica, el de San Felipe, al O. de Gravelines, que entonces era flamenca, dió lugar a un asentamiento civil que hoy se llama Grand-Fort-Philippe. En la foto, su ayun- tamiento (mairie). |
| Pedro de la Cotera |

| Sir Henry Gage (1597-1645) regresaría a Inglaterra en sep- tiembre de 1644 para apoyar la causa de su rey contra el levantamiento de Cromwell. Murió en un combate ceca de Abingdon (11.I.1645) |



| Bethune, el beffroi |

| Gaspard III de Coligny (26.VII-1584-4.I.1646), duque de Châ-tillon y mariscal de Francia desde el 21.II.1622. El retrato de Anton van Ravenstein se ejecutó ca. 1610-11. |
| Grabado antiguo de Watten donde obervamos la iglesia parroquial, con su inconfun- dible torre, junto al rio Aa; de- trás, en la cima de la colina, el monasterio de jesuítas ingle- ses, de torre menos airosa pero más sólida. |

