| CAMPAÑA DE 1595 (PARTE I) (Edición y notas por Juan L. Sánchez) |
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| RECONQUISTA DE HUY, EN EL ARZOBISPADO DE LIEJA. Salió el Barón de la Motte de los contornos de Florú [Floriffoux], en el pais de Namur, el 5 de marzo, con dos tercios de españoles de Antonio de Zúñiga y Luis de Velasco, dos regimientos de alemanes, tres de valones y buen golpe de artilleria. Llegando el 7 a (la) vista de Huy, ocu- pó los burgos, con muerte de algunos enemigos que se atrevieron a defenderlos. Batióse al otro dia la villa, y hacia la tarde, mientras el coronel La Barlota [Bourlotte] acometía con es- calas por la parte de Lieja, cerró la infanteria española por la batería, siguiendo a sus maestros de campo, y con menor resistencia de la que se temía entraron dentro, matando a los que tar- daron más en recogerse al castillo. Entraron tambien los valones con sus escalas y unos y otros se alojaron en la villa, sin usar acto alguno de hostilidad.* Este dia llegó Mr. de Grosbe- que [Grösbeck], criado del Elector, con 2.000 liejenses y algunos caballos, a los cuales mandó La Motte que ocupasen un puesto a espaldas del castillo para comenzar a apretarlo. Habianse recogido en él cosa de 700 holandeses con municiones y bastimentos para muchos dias; los demás, parte se habían ido a sus casas cargados de presa y parte habían muerto en el asalto de la villa. Pero con el aviso que recibieron de Mauricio el dia antes del sitio, ofrecién- dose a socorrerles, estaban resueltos a defenderse hasta la muerte. Era grande la dificultad que ofrecía la subida del monte, pero todo lo facilitó el valor de los soldados y diligencia de sus mandos, plantándose al fin 16 cañones en parte que, por ir la bateria algo de abajo para arriba, hacia maravilloso efecto. Preparábanse ya los españoles para el asalto el dia 20 de mar- zo, domingo de Ramos, cuando Herrougières resolvió parlamentar. Salió el 21, sacando él só- lamente un caballo y sus soldados armas y banderas. El ejército católico se retiró el 23, dejan- do en el castillo al capitán Juan de Zornoza, del tercio de Antonio de Zúñiga, con 150 solda - dos españoles, hasta que una vez reparadas las baterias pudiera volver con seguridad la guar- nición del Elector, como lo hizo dos meses después. Llegó por estos dias de España don Rodrigo de Silva, duque de Pastrana, príncipe de Melito,* general de la caballería ligera, después de haber estado en Pavía casi seis meses curándose de una larga enfermedad de la que no venía del todo sanado y que segaría su vida al principio del año siguiente, como veremos. Comenzó, pese a todo, a ejercer su oficio con gran puntualidad, dejando emulaciones aparte, y resolviéndose en servir a las órdenes del conde de Fuentes, co- mo era justo y precisaba el estado de las cosas. Trajo consigo a Ruy Gómez de Silva, marqués de Argecilla, su hijo mayor, de 12 años, para emplearle al servicio del rey y criarle en tan bue - na escuela. INCURSIÓN EN PICARDÍA. A principios de febrero sacó el marqués de Varambon el ejército de los contornos de Arras, y por la via de Pas, en Artois, lo metió en Francia. Constaba de 2 tercios de españoles de don Agustin Mexia y don Alonso de Mendoza, gobernados entonces por los sargentos mayores Pedro Ponce de León y Hernán Tello Portocarrero; los regimientos de alemanes de Curcio [Kurz] y el conde Via [Biglia], y los de valones de Barbanzón [Barbençon], Balançon y el conde de Boussu; gente vieja toda, aunque en número poca, que no pasaba de 6.000 infan- tes. La caballeria llegaría a 1.200 caballos, gobernada por el Comisario General [Juan de Con- treras y Gamarra], con las compañias siguientes: Españolas: Las lanzas de Carlos Coloma, Juan de Gamarra,* hijo del dicho Comisario General que, aun- que de poca edad, comenzaba ya a servirla; la de Alonso de Mondragón y las de arcabuceros de Pedro Gallego y Francisco de Guevara. Italianas: Las de lanzas de Carlo Maria Visconte [Visconti], Rugero [Ruggiero] Gaetano, conde Galvan de Longuisola, Francisco Corradino, condes Juan Jacobo [Gian Giacomo] y Francesco Beljo- yoso [Belgioioso], y el marqués Alejandro Malaspina, y las de arcabuceros de Ruggiero Tacon y Tarquino Capizuca [Capizucchi]. Albanesas: La de Giorgio Crescia y Andrea Alambrese. Lanzas del país: Monsieur d' Achicourt y dos compañias de corazas francesas que servían a sueldo del rey, del vizconde de Touche y Mr. d' Ambri [Ambres]. Lo primero que hizo el Marqués fue dar vista a la villa de Dorlan [Doullens], en Picardía, y re- conocerla por todas partes. Procurándola defender los franceses, trabóse una muy grande es- caramuza con muertos y heridos de ambas partes. Hecho aquello, pasó la vuelta de Aussicha- teo [Auxi-le-Château], que se tomó con poca resistencia. Alli se detuvo el campo algunos di- as, por hallarse gran abundancia de vituallas, llegando la noticia de la muerte del duque de Longavila* [Longueville], gobernador francés de Picardia. Sabiendo en Amiens, donde se ha- llaba, que el campo español habia dado vista a Doullens, montó a caballo con los que pudie - ron seguirle y llegó a las puertas de aquella villa una hora antes de amanecer. Hablaron a los centinelas los que iban con él, pero cuanto más aseguraban que era su gobernador y solicita - ban que les abrieses, mayores sospechas concebían estos de algún engaño, voceando que se apartasen. Iba a hacerlo el Duque, resuelto a aguardar hasta despuntar el dia, cuando le alcan- zó un arcabuzazo por las sienes que le acabó al punto la vida. Estaban muy contentos los de la villa pensando que habian hecho golpe cuando, desengañados por la mañana, comenzaron a llorar amargamente aquella desgracia, lamentando justamente los malogrados años de aquel príncipe, que no pasaban de 25. Proveyó el francés el gobierno de Picardia en el conde de Sa- int Pol, su hermano, durante la minoría de edad de un hijo que dejaba de cuatro años. Eran grandes los daños que por toda Picardia iba haciendo la gente española por no hallar en ella contraste de consideración y comida. Pisada ya toda aquella parte septentrional que mira a Inglaterra, volvió el Marqués costeando la ribera del Somme, y al fin hizo alto en Ancra [Ancre, hoy Albert], adonde, después de ganado el castillo, que aguardó a ver la artillería, se alojó el ejército con comodidad por haber hallado en él gran cantidad de trigo y, en sus contor- nos, todo lo demás necesario a la vida humana. Desde Ancre, fue Carlos Coloma con 300 ca- ballos a Bapaume, para escoltar a Mr. de Rona [Rône], que venia de Bruselas, por orden del conde de Fuentes, a visitar las plazas de La Fère y Ham, proveerlas de bastimentos y ver si con lo que tenia tratado el duque d'Aumale y otras inteligencias era posible meter guarnición española en el castillo de Ham. Mejoróse todo el campo hasta la abadía de Vermand y, desde allí, pasó Rône con 1.500 infantes y 500 caballos, a cargo del mismo don Carlos, a la villa de Ham, donde estaba de guarnición el capitán Hernando de Olmedo, con 150 españoles del ter- cio de Agustin Mesia, y Chico de Sangro [Ceco di Sangro] con 400 napolitanos del marqués de Trevico, sin contar otras cinco banderas de alemanes y valones. Viéronse Rône y el duque de Aumale y resolvieron que se procurase sacar de alli al gobernador M. de Gomeron con ex- cusa de haberlo hecho llamar el conde de Fuentes para darle los 24.000 ducados que se le ha- bian prometido por entregar el castillo. Consintió en partir Gomeron, ofreciendo que a su re- greso entregaría el castillo a quien el Conde mandase, dejando entre tanto a su medio herma- no d'Orville con 300 franceses de su devoción y las órdenes secretas que se verán a su tiempo. Pocos días antes, habian cortado la cabeza en estatua al duque d'Aumale en la plaza de Grave [Grève] de Paris y confiscado sus bienes como rebelde por decreto público de aquel Parlamen- to. Causó este rigor, por ventura anticipado, tanto enojo en el ánimo de aquel principe que se resolvió a ser español en todo y por todo, y como tal, en llegando a la vanguardia de la infan - teria española que marchaba de vuelta de La Fère, se quitó públicamente una banda negra, insignia que, bordada de lágrimas de plata, solian traer los principes de Guise desde que to- maron las armas y se puso otra roja, como criado y vasallo de la casa de Borgoña, la cual trae hoy en dia, 27 años después, justificando las razones que le sacaron de Francia, cuando no habia en ella rey católico, y las obligación en que se hallaba por la acogida que se le había he- cho en el partido católico. Es necesario en tales acciones justificar su principio, pues empeza- das, ni es posible ni decente dejar de proseguirlas. Pasó Rône con aquella gente a La Fère, llevando de camino 1.500 carros de trigo, parte com- prado por aquellos castillos neutrales, y parte recogido de las granjas del enemigo, con lo que se alegraron lo que puede imaginarse don Alvaro Osorio y el Seneschal. Se dejaron de guarni- ción con la compañia de 80 arcabuceros a caballo del capitán Pedro Gallego, por cuyo medio se fue proveyendo de más bastimentos y tuvo con que hacer frente a las guarniciones enemi- gas circunvecinas y correr hasta los burgos de Paris, como lo hacian cada dia con gran reputa- ción y provecho. Tenia también la compañía de lanzas albanesas del capitan Demetrio Capu- zumadi, y cosa de 70 voluntarios franceses en muy buenos caballos, que servian sin sueldo por solo la ganancia. Pasó tras esto todo el ejército, después de vuelto, a juntar a los contor- nos de Châtelet, y el duque d'Aumale y Mr. de Gomeron, con dos hermanos y una hermana, a Bruselas, adonde Gomeron recibió el dinero prometido y volvió a estipular la obligación de entregar el castillo de Ham a la voluntad del Conde de Fuentes. Vuelto también el marqués de Barambon a su gobierno de Artois, quedó todo el campo a la orden de Mr. de Rône, el cual dispuso incomodar cuanto fuese posible a Cambrai y en particular a Châtelet, por donde se habia de comenzar la guerra aquel verano. Tomó los castillos de Beaurevoir y Bouchain, éste con cuatro dias de sitio. Uno de aquellos (dias), acercóse demasiado el conde Galvan de Lon- guisola, capitán de caballos y le atravesaron el pescuezo de un arcabuzazo. Era Bouchain pla- za harto fuerte y rodeada de agua, quedando allí una guarnición y las compañías de Daniel y Chalon para correr la tierra. Pasó Rona a los contornos de Cambrai, donde tomó algunos cas- tillejos y se alojó junto a los rios, en particular el Arlu (sic), para cubrir por aquella parte el pais de Hainaut de las correrias del enemigo, y por valerse —a falta de forrajes para los caba- llos— de la hierba que suele salir por abril y mayo en las riberas de los rios y lugares bajos. Gran deseo tenia el conde de Fuentes de echar, ante todas cosas, a Baliñi de Cambrai, pare- ciéndole que, hecho aquello y cobrada reputación con una empresa tan importante, se haria todo lo demás que tenía pensado para aquel verano con facilidad. Otro era el parecer de mu- chos, que aconsejaban el comenzar por cosas mas fáciles para irse acreditando y tomar alien- to capaz para poder emprender lo más difícil. Decian que aquella razón militaba en ejércitos nuevos y cuando se ha de tratar con enemigos no conocidos, cosas que cesaban del todo en aquella ocasión, pues sin duda los soldados que pensaba emplear eran los mismos que con tanta reputación habian militado en Francia y conducido hasta el fin empresas de tanta esti- ma como se ha visto. Añadíase por consideración particular, y por ventura la más esencial, ser aquella plaza sola la que —entre todas las que se podian emprender en la guerra de Francia— podia, a largo andar, quedar por premio de lo trabajado y gastado en ella, como después ha sucedido, y tan importante a la conservación de los Paises Bajos cuanto necesaria, por ser fir- mísimo baluarte contra Francia por aquella parte. Importaba tambien no dilatarlo, por el pe- ligro que habia de no salir con ello si, desembarazado el francés de la guerra de Borgoña, que andaba entonces muy viva, acudía a juntar sus fuerzas con las que ya tenian aparejadas en Champaña, Picardía y Normandia el Duque de Nevers, el conde de Saint Pôl y el almirante Vi- llars, valiéndose tambien de las que los estados rebeldes tenian —como se ha dicho— en el ducado de Luxemburgo, en socorro del duque de Bouillon. Ofrecian para esto grandes como- didades los paises de Tournesis, Artois, Lille y Hainaut; gente, dinero, municiones y todo gé- nero de bastimentos a bajisimos precios, y los gobernadores de aquellas provincias instaban con gran cuidado y solicitud. Con que, finalmente, se resolvió el Conde de tentar la empresa de Cambray en echando al enemigo de Luxemburgo y quitado el estorbo de Châtelet, plaza que, por estar no más que cuatro leguas francesas de Cambrai, parecía y era lance forzoso ocupar antes. Con esta resolucion salió el conde de Fuentes de Bruselas el 10 de junio, dando ante todas cosas dos pagas en general a toda la gente de guerra y dejando hecho asiento en Amberes para que cada treinta dias se diese una paga, y a don Diego de Ibarra con orden de mandarlo ejecutar, como lo hizo con tanta puntualidad, que se pueden atribuir a su cuidado y prudente solicitud gran parte de los buenos sucesos de este año. OPERACIONES EN LUXEMBURGO Antes, mandó el Conde formar un razonable ejército a cargo del coronel Francisco Verdugo, que por entonces se hallaba en Luxemburgo, que constaba del regimiento de alemanes de Juan de Pernesteyn [Pernstein], cuyos soldados, habiéndose querido amotinar poco antes en Bruselas, con el castigo riguroso de los promotores y algun dinero, tomaron aquella derrota [camino], a cargo del teniente coronel, en número de 1.500 tudescos. El regimiento nuevo del conde Ludovico Via [Biglia], que acababa de venir de Alemania, el del propio coronel Ver- dugo y los de Stanley y La Bourlotte, que podian tener todos juntos 6.000 infantes. La caba- llería, a cargo del Ttegral Ambrosio Landriano, constaba de su compañía, las de don Juan de Cardona y don Francisco Padilla, de lanzas españolas, y las de Hernando de Salazar y Felipe de Soria, de arcabuceros; de naciones, las que habian sido de la guardia del Archiduque Er- nesto y la del conde Enrique de Berghes [van den Berg], y de italianos y albaneses, las del conde Alfonso de Montecuccoli y Nicolò Basta. Juntáronse a estas tropas las dos compañías de hombres de armas de los condes de Mansfeld y Berlaimont, que toda junta pasaría de 1.000 caballos. Habiase apoderado al principio deste año el duque de Bouillon de las villas de Yvois [hoy Ca- rignan] y La Ferté y del castillo Chavansi [Chauvency], en el ducado de Luxemburgo, asistido de las armas y persuasiones de los estados rebeldes, deseosos unos y otros de conseguir los intentos que dijimos arriba; y dando muestras de desear lo mismo de Montmédy, el conde Felipe, adelantándose con algunas tropas de caballos, fue roto por la caballería católica sin que de toda su gente (que eran al pie de 300 caballos) se salvasen sino él y cinco soldados por la ligereza de los suyos. Quedaron en prisión, entre otros, los coroneles Nicolás Chemelsing y Jorge Contler, personas de opinión entre los enemigos, que pocos dias después se libraron en trueque de otros prisioneros nuestros que se perdieron en cierta escaramuza que tuvo la ca- ballería francesa en los burgos de Verdun con la nuestra. Con el campo que acabamos de designar y buen golpe de artillería a cargo del capitán Lam- bert, uno de los tenientes de Monsieur de La Motte, partió el coronel Verdugo de la villa de Marche-en-Famine, el 18 de abril, y arrimándose hacia el enemigo le obligó a reducirse a las villas cercadas, quitándole ante todas cosas el uso de la campaña; con que, viéndose el Conde Felipe tomadas las espaldas a la retirada de las islas y advirtiéndo que el tener gente en las tie- rras ganadas era consumirle los bastimentos sin fruto, se resolvió (con acuerdo del duque de Bouillon) en volverse a Holanda con la poca caballería que le quedaba, tomando su derrota por tierra hacia mediado mayo, y el coronel Vere para ir por mar con la infantería la vuelta de Dieppe; llegando al fin unos y otros a sus casas tan menoscabados de gente como reputación. Retirado el holandés, puso el coronel Verdugo sitio a La Ferté, el 20 de mayo. Hecha la bate- ría, tratándose de dar el asalto el 28, entró aquella misma noche en la villa el duque de Boui- llon, con 1.000 infantes y 200 caballos, con que se resolvió Verdugo en seguir otro camino, arrimándose con la zapa. El 30, hizo el enemigo una gran salida, ganando las tricheras con muerte de muchos soldados valones y alemanes que las defendian. Acudieron los coroneles Stanley y La Bourlotte con el resto de sus regimientos y trabóse en el llano, a tiro de cañón de la villa, una gallarda escaramuza. Acudiendo al mejor tiempo don Ambrosio con su caballería, ahuyentó a la del enemigo y entró a la parte en la victoria, persiguiendo a infantes y caballos franceses hasta las puertas de la villa, tras dejar muertos en el lance más de 300. Señalóse mucho el teniente Francisco de la Fuente, cerrando de vanguardia con la compañía de don Ambrosio. Mostró aquel dia Verdugo su larga experiencia militar, recibiendo la primera furia francesa con tolerancia y cargando después con valor y cordura. Con todo esto, determinó por entonces hacerse a lo largo y aguardar mejor ocasión para echar de allí al enemigo; el cual, habiendo perdido el dia 30 mucha gente particular, pareciéndole haber ganado harta reputa- ción en la salida y haber conseguido levantar el sitio, desamparó la villa y todo el ducado de Luxemburgo, sacando también la guarnición de las villas de Yvois y Montmédy. Cuando cobraba Verdugo La Ferté vió que se iba encaminando a la vuelta de ellas y, sabiendo la retirada de Bouillon, le siguió hasta meterle en Francia y poner a saco buena parte del país de Champaña; y fuera mayor el daño si no le atajara los pasos el Conde de Fuentes, ordenán- dole que se apercibiese para ir al condado de Borgoña a encargarse del ejército que había teni- do allí a su cargo el condestable de Castilla, y que le enviase entretanto con diligencia el suyo, como lo hizo, despachando luego la caballería con don Ambrosio, que halló ya el conde sobre Châtelet y la infantería rehaciéndose un poco de los trabajos padecidos en aquella expedición. Al fin llegó al campo cuado y como veremos. MUERTE Y SEMBLANZA DE D. FRANCISCO VERDUGO. Llegado el coronel Verdugo a Luxemburgo, le dió una enfermedad de tercianas dobles que durándole algunos días y convirtiéndosele en calentura continua, dejó los trabajos de esta vi- da el 22 de setiembre de este año, siendo de edad de 59 y hallándose todavía harto robusto respecto a sus trabajos, continuados en 40 años de guerra tan porfiada. Fue el coronel Verdugo natural de la villa de Talavera de La Reina, hijo de padres nobles, aun- que tan pobre que, en llegando a 19 años, con las primeras cajas que se tocaron en su patria, que fueron las del capitán Bernardino de Ayala, natural de la dicha villa, asentó su plaza y si- guiendo su bandera se halló en la presa de San Quintin, donde empezó a mostrar sus aceros, de suerte que mereció ocho escudos de ventaja en tiempo que se daban bien limitados. Con estos buenos principios fue caminando adelante, hasta que la duquesa de Parma, cuando co- menzaron las revueltas de los estados, le mandó levantar una compañia de valones en el regi- miento del coronel Mondragón, con lo cual fue descubriendo su valor tan aprisa que muy presto obligó a encomendarle todo lo más importante que se ofreció en aquellas ocasiones. Llegado el duque de Alba, le halló ya en tanta opinión que le nombró por sargento mayor de todo el ejército, cargo que hasta allí no se habia visto en otro, y tras otros sucesos, le mandó que se encargase del gobierno de la villa de Haarlem, habiéndole nombrado antes por coronel de intantería valona; y cuando la pérdida del conde de Boussu, le encomendó la armada con título de almirante. En las ocasiones que se ofrecieron después de llegado el Comendador mayor, se señaló con tantas ventajas que le obligó a que escribiese al rey la carta que hoy tie- nen sus herederos, en la cual dice que es de los más aventajados capitanes que ha tenido la nación española. Y después de la muerte del Comendador mayor, se halló con su regimiento cuando los amotinados de Alost ganaron Amberes, y tomó prisionero al conde d'Egmont y a un caballero francés que a él solo quiso rendirse. Desde allí le mandaron ir al castillo de Bre - da, en los tiempos más calamitosos que hubo en aquellas provincias, hasta la llegada del se - ñor don Juan, que al momento le envió a llamar y le mandó ir a la villa de Thionville para que con su regimiento asegurase aquellas fronteras, hasta que poco antes de la rota de Gembloux le sacó, sirviéndose de él en aquella jornada para que hiciese oficio de maestro de campo ge - neral, y aunque tenía la mayor parte de su regimiento en Thionville, con la otra le mandó que se encargase del castillo de Namur. Habiendo nombrado el Rey por sucesor de S.A. al prínci- pe de Parma, le escribió una carta en la que se echa bien de ver el gran concepto que tenia de su persona. Asentadas las paces con condición que saliesen los extranjeros, y que los que no fuesen naturales de los estados no pudiesen tener cargo ni gobierno en ellos, dió su regimien- to al conde Octavio de Mansfelt, su criado; y queriéndole ceder también el gobierno de Thion- ville, ni su majestad ni el de Parma, ni los mismos Estados lo consintieron, con que de allí a poco fué necesario mandarle levantar un nuevo regimiento y golpe de caballería para pasar a Frisia en socorro de la ciudad de Groningen, donde quedó por gobernador por muerte del conde de Renenberg y alcanzó las señaladas victorias que no han podido ofuscar los émulos de nuestra nación. He querido alargar más de lo que acostumbro en escribir la vida deste ca - pitán excelente, lastimado del descuido que tantos autores modernos han tenido en publicar sus cosas, ocupando mucho tiempo y papel en relatar las de otros, algunos dellos de todo pun- to inferiores en valor y fortuna. Tuvo este insigne caballero elocuencia natural grandísima y todas las partes que para ser gran soldado y gran gobernador convenian, y solía decir de ordi - nario que había procurado siempre ser Francisco para los buenos y Verdugo para los malos. INVASIÓN DE FRANCIA POR LA PICARDÍA Partió, como se ha dicho, el conde de Fuentes de Bruselas el 10 de junio, dejando para la de- fensa del País-Bajo y para acudir adonde lo pidiese la necesidad los dos tercios españoles de Antonio de Zúñiga y Agustín Mejia, los 2.000 esguízaros que rehusaron, como dijimos, en - trar en Francia, y los valones de Mr. de Grusson e irlandeses de Stanley, que habían de juntar- se con aquel ejército acabado lo de Luxemburgo. Toda esta infantería y las compañías de ca - ballos que se dirán a su tiempo, con algunas piezas de artillería de campaña, quedó a cargo del coronel Cristóbal de Mondragón y él con orden de aconsejarse con el tiempo y procurar no dejar hacer fuerte al enemigo. Acrecentó el ejército de Francia el Conde, por entonces con solo el regimiento de Mr. de La Motte y cosa de otros 1.000 valones de reclutas de los demás regimientos; caballería, fuera de la que tenía a su cargo en Luxemburgo Ambrosio Landriano, que la mayor parte della estaba destinada para el ejército, llevó consigo por de su guardia la de Sancho de Luna, lanzas, y la de Francisco de Almansa, arcabuceros; la del duque de Pastrana siguió pocos dias después con su general, cuyas ordinarias enfermedades, por más que se esforzaba no le dejaron acompañar al Conde, aunque él lo deseó harto; pero al fin partió tras él pocos dias después. En Mons de Hainaut se juntaron con el Conde 8 compañías de hombres de armas de las bandas de Flandes [Bandes d'Ordonnance]: la del conde de Boussu, que los gobernaba; la de Mr. de La Motte y las del duque d' Arschot, príncipe de Chimay, marqueses d'Havré y Varambon, y las de los condes de Egmont y Roeulx; cada una de las cuales pasaba de 100 caballos. Iban con el Conde el señor de La Motte, general de la artillería; el duque d'Aumale, el príncipe de Avellino, Esteban de Ibarra, Juan Bautista de Tassis, el marqués de Varambon, el príncipe de Chimay, el conde de Solre y otros muchos señores de todas las naciones. Era maestro de campo general Monsieur de Rône y su teniente Gaspar Zapena. ASEDIO DE CHÂTELET Llegó a juntarse el Conde con el ejército el 12 del dicho mes, y resuelta ante todas cosas la em- presa de Châtelet, después de haber dado vista a Cambray y reconocídola por todas partes, no sin gallardas escaramuzas; pasó finalmente a ponerse sobre Chatelet la tarde del 18 de junio, en la cual, abrigada la artillería con un seto o ribazo, comenzó a batir la muralla del burgo con intento de alojar en él parte del ejército. Hizose en cuatro horas de batería, con 13 cañones, bastante portillo para ir al asalto; y dando la vanguardia en aquella empresa a don Agustín, a quien tocó, arremetieron algunas compañías de su tercio, con los capitanes Gonzalo Mexia, Antonio Sarmiento de Losada, Pedro de Guevara, Vasco de Carvajal y la compañia del maes- tro de campo, gobernada por su alférez Francisco de Corral. Defendían el asalto casi todos los de la guarnición del castillo, que eran poco menos de mil; pero, vista la resolución con que eran acometidos, y temiendo no se les entrasen a las vueltas en el castillo, desampararon el burgo antes de haber podido tener tiempo de quemarle. Alojóse don Agustín con su tercio y cosa de 500 borgoñones del regimiento del marqués de Varambon, y aquella misma noche se fortificó de manera que quitó absolutamente la salida a los enernigos; los cuales toda aquella noche y la mañana siguiente, con fuegos arrojadizos, procuraron quemar el burgo, con tan buen suceso, que fue menester todo el cuidado de don Agustin y trabajo de sus soldados para que no les obligase a desampararlo. Apagóse al fin, con muerte y heridas de muchos, que for- zosamente habian de descubrirse para ello, a quienes dañaban desde la muralla con mosque- tes y naranjeras. Tratábase de comenzar a abrir trincheras el 23 del dicho mes, cuando un nuevo —aunque temido accidente— lo dilató algun dia. Habianse comenzado a concebir algunas sospechas de Monsieur de Orvillé, a cuyo cargo es- taba el castillo de Ham desde antes que el Conde saliese de Bruselas, y deseando granjearle y tenerle en oficio, despachó para allá a Monsieur de Arloes, teniente de Gomeron, y a Hernan- do de Frias, natural de Burgos, hombre inteligente y harto ladino entre franceses; llevaron cartas del Conde muy favorecidas y llenas de ofrecimientos para Orvillé, y orden de negociar con él sin mostrar desconfianza; solo se le permitió al Frias que advirtiese en buena ocasión a madama de Gomeron, madrastra del dicho Orvillé, el peligro que corrían las vidas de los hijos que tenía en Bruselas si no se cumplía lo prometido; pues era cierto que no se habia de creer sino que nacía aquella perfidia de quien era la cabeza de todos. Era menester poco para per- suadir a esta señora, inclinada ya de suyo al bando católico, que era la voz con que se hacían aun todas las cosas, y que no ignoraba el yerro que habia hecho su hijo al encomendar aque- lla plaza de tanta importancia a su medio hermano, hombre ambicioso y que hacia dias que se carteaba con los enemigos; así, se tiene por cierto que hizo todos los buenos oficios que pudo para que Orvillé recibiese en el castillo al capitán Olmedo con sus españoles; pero no aprove- chó, que el trato estaba ya muy adelante y el ánimo de su antenado acabado de ganar a fuerza de dádivas, aunque harto inferiores a las promesas. Entre tanto Orvillé, fingiendo tener nue- vas de que el enemigo queria acometer aquel castillo, y que para ello juntaban monsieur de Humières, teniente general del conde de Saint Pôl, y el duque de Bouillon gran número de gente, en que no mentía, comenzó a fortificarse y a plantar su artillería en las partes conveni- entes, especialmente contra la villa; cosa que comenzó a dar las últimas sospechas de traición a Olmedo y a Chico [Ceco] de Sangro; los cuales, y los demás capitanes de naciones, juntos en consejo, determinaron enviar aviso al conde de Fuentes con Hernando de Frias —que sabian haber ya desalojado de junto a Cambray y venía marchando la vuelta de Châtelet— del peligro en que se hallaba aquella plaza. Excusóse Frias con que no era razón dejar a sus compañeros en tan conocido peligro, y al fin fue monsieur de Arloes (sic), y halló al Conde cuando se daba el asalto al burgo de Châtelet. LOS FRANCESES SE APODERAN DE HAM Entre tanto el enemigo, que no dormía, con 3.000 infantes y 500 caballos, la propia noche del 20 llegó al castillo por la puerta del socorro y entró dentro sin que los cuerpos de guardia, ordenados a propósito de estorbar la entrada, que ya se temía, fuesen poderosos más que pa- ra matar y herir algunos franceses de los que iban entrando. Olmedo, Sangro y los demás ca - pitanes, viendo el pleito mal parado, quisieron, aunque tarde, ocupar un revellín harto fuerte; que si lo hicieran, pudieran aguardar desde él muchos dias el socorro y desvanecer las trazas del enemigo; el cual, avisado por Orvillé de aquel peligro, puso tan buena defensa, que cuan - do arremetieron los nuestros no hicieron más que perder gente, y entre ella un capitán napo - litano. Eran del parecer los capitanes de retirarse antes del dia a la puerta de Noyon, y fortifi - carse en ella y en los dos pedazos de muralla colaterales. Hubiera sido la salvación de aquella plaza, pero Hernando de Frias, que sabía el fuego que habia de encender en el ánimo del Con- de la nueva de aquel aprieto, y que había de volar en su socorro, fue de opinión que no se de- jase la villa en abandono, entregando voluntariamente a la codicia de los franceses los despo- jos de aquellos ciudadanos, en quienes habian experimentado tanta fidelidad. Ayudó a esto el ver a más de 400 de ellos armados y con tan buen ánimo como el mejor soldado; y más que todo, la reputación que forzosamente se habia de perder volviendo el rostro al enemigo antes de vérsele y saber por quién y por qué número de gente eran acometidos. Y al fin, como el for- tificar la cara del castillo tenia de lo generoso, vinieron en ello los capitanes, y lo que quedó de la noche comenzaron a abrir trincheras con la prisa que el caso pedia. Cuanto más se va en - trando en la villa a la plaza del castillo, tanto más se ensancha la plaza; y asi, por tener menos trecho que guardar, abrieron trincheras por la frente de las últimas casas, valiéndose dellas también como de traveses, por no estar todas a nivel, sino unas más afuera que otras. Y aun- que trabajaron muchos y mucho todo lo restante de la noche,se vió al amanecer que se habían levantado poco los reparos, y cuan sujetos estaban a la artillería del castillo, que en asomando el dia comenzó a jugar con gran daño de la gente española. Monsieur de Humières, a quien Bouillon y Saint Pôl habían dado la empresa como traza suya, sacando poco a poco a la estra - da cubierta 1.000 franceses y toda la nobleza de Picardía, que pasaban de 400 gentilhombres con armas de infantes y armados a prueba, antes de arremeter envió un recado a los capitanes ofreciéndoles grandes partidos si dejaban la tierra en paz; los cuales enviaron la respuesta con las bocas de 4 medios cañones que tenian para su defensa, preparándose para recibir el asalto, que no tardó mucho Humières en darlo con tanta furia que entraron muchos franceses den- tro de los reparos, aunque para su daño, pues quedaron muertos los mas. El pelear sobre las propias trincheras hizo cesar —con gran provecho de los nuestros— la artillería por más de dos horas que duró el asalto y como, en ellas hubo tiempo para conocer el valor de los que las defendían,hubieron de volver al fin las espaldas los franceses, retirándose del castillo con pér- dida de 200 hombres y más. Entre ellos, quedó atravesado de los últimos arcabuzazos monsi- eur de Humières, capitán de los más señalados de aquel tiempo entre su nación. El duque de Bouillon y el conde de Saint Pôl, viendo el daño recibido, y que si llegaba la noche era posible llegara el conde de Fuentes, y en tal caso el perderse todos, trataron de la empresa con nuevo y mayor cuidado, y de acometer aquella gente desesperada con más recato y como- didad. La mayor parte de las casas que los nuestros tenian fortiticadas eran pajizas, y asestán- doles hacia la tarde las piezas con fuegos artificiales, prendió en ellas de manera que, ayudado de un viento que en Francia llaman orage, y es lo mismo que embate, que crece con la caída del sol, en brevísimo espacio consumió la mayor parte dellas. En viendo encendida la prime - ra, arremetieron otra vez los franceses con tanta furia por tres partes, animados por Bouillon y Saint Pôl, que aunque murieron muchos en la refriga, forzaron al fin los reparos y comenza- ron a matar. Quisieron últimamente rehacerse los nuestros en la plaza, y rechazaron otra vez a los franceses, pero sirvió de poco porque, no teniendo dónde hacer pie y acudiendo con la voz de la victoria todos los que antes se detenían, y 600 esguízaros que hasta entonces no ha- bian querido arremeter y estaban en la estrada cubierta del castillo, fueron acabados de rom - per los españoles e italianos y la gente de naciones de tal suerte que los que no tuvieron tiem- po de echarse por la muralla quedaron pasados a cuchillo. La villa fue miserablemente saque- ada y hecha ceniza más de la mitad. Quedaron en prisión Olmedo, Chico [Ceco] de Sangro, y mal herido Hernando de Frias y los capitanes Alejandro Brancaccio y Marcelo de Judici [Giu- dice], y finalmente todas las cabezas. Frias murió aquella noche de las heridas; afírmase que peleó valerosamente, aunque nunca habia hecho profesión de soldado. Murieron 80 españo- les y de los demás hasta número de 350, que no tomaron a prisión sino capitanes o alféreces, de los cuales, por haberlo capitulado así con monsieur de Humières, se dieron a monsieur de Orvillé los que él quiso escoger, salvo el capitán Olmedo, que fué llevado a San Quintin por cuenta del conde de Saint Pôl. Queria Orvillé los dichos prisioneros para dar en trueque de sus hermanos; aunque le sucedió al revés, como veremos. En sabiendo el conde de Fuentes el peligro en que estaban las cosas de Ham, dejó a don Agus- tin Mexia en el burgo de Châtelet con 2.000 infantes, 12 piezas de artillería y orden de no in- tentar cosa hasta su vuelta; y él, con 6.000 infantes, 4 medios cañones y toda la caballería, co- menzó a marchar a cosa de las tres de la tarde, con resolución de entrar en la villa y tomar pu - esto a las espaldas del castillo para traer a razón a Orvillé, de quien aseguraba monsieur de Ar- loes (sic) que entregaría la plaza en viéndose apretado. Dista Chatelet de Ham 6 leguas france- sas, de las cuales podia tener caminadas el ejército 4 a cosa de media noche, cuando por un soldado alemán que hallaron los corredores desvalijado y en camisa se supo, aunque confusa- mente, el suceso; acabáronle de certificar otros dos napolitanos y un español, que acudieron a los relinchos de los caballos no en mejor traje. Con que haciendo el Conde un poco alto, ha- biéndose aconsejado con las cabezas del ejército, volvieron todos las caras la vuelta de Châte- let, con general sentimiento de aquella pérdida cuando tenia ya tan cercano el remeio. Culpó- se a Olmedo más que a Chico [Ceco] de Sangro —aunque ninguno gobernaba absolutamen- te— por ser capitán más viejo y soldado de experiencia, de que a la menor sospecha de la fé de Orvillé no hubiese hecho un reducto apartado del castillo en alguna puerta, y la de Nela dicen que era muy a propósito, con el burgo de San Suplicio a las espaldas; y más pu- diendo herir al francés por sus propios filos y darle a entender que la causa de aquella novedad era la mis- ma que le obligaba a él a fortificarse contra la villa. Pero esto tienen los ruines sucesos, que de todas las resoluciones son tenidas siemprc por mejores las que se dejaron de ejecutar; y si es que en esto tuvieron aquellos capitanes algún descuido, el poco que mostraron en pelear vale- rosamente pudieran recompensarles a no estar obligados más que a morir los que guardan una plaza, siendo sin duda que lo están, y a procurar valerse de todos los medios necesarios para la conservación y defensa della que a la de su propia reputación. En llegando el Conde a los cuarteles de Châtelet, mandó comenzar a abrir trincheras la vuelta de la cortina diestra del baluarte que mira a Cambrai, con las cuales se desembocó el foso el quinto día de trabajo. Es Châtelet una plaza de cuatro caballeros reales harto capaces y bien entendidos, contraminados ellos y las cortinas por de dentro con unas bóvedas tan grandes, que pueden alojarse en ellas 300 caballos y más. La parte más eminente es por el burgo; lo demás del terreno son por la mayor parte praderías causadas de la humedad que ofrece con sus aguas el rio Escalda; el cual, tomando su orígen de una pequeña fuente, media legua más arriba de Châtelet, después de haber bañado los muros de Cambrai, Bouchain, Valenciennes, Condé, Tournai, Audenarde, Gante, Terramunda [Dendermonde], Ruppelmonde y Amberes; hecho ya otro mar, desemboca en el Océano por el Honte, uno de los brazos que forman la isla de Suytbe-verlant [Zuid Beveland], de las mas nobles de Zelanda. Por la parte de las pra- derías tiene el foso agua; todo lo demás es seco y bonísimo terreno. Batióse al séptimo dia la casamata por medio de la batería principal con 6 cañones, y la batería con 10. Dos dias antes llegó al campo el duque de Pastrana con su compañía y las de don Francisco de Padilla, don Luis del Villar, de lanzas, y Hernando de Salazar, de arcabuceros; a los cuales envió delante don Ambrosio Landriano para que, alcanzando al Duque, le acompañasen; si bién había en- viado el Conde 300 caballos con el capitán Corradino para asegurarle el paso. La noche antes que se comenzase a batir Châtelet, advertido el duque de Nevers en San Quintin, donde esta- ba con 3.000 infantes y 1.000 caballos, de que en Châtelet padecían falta de pólvora, envió 100 dragones con otros tantos sacos della en grupa, y orden de que se perdiesen o entrasen. Hicieron lo primero, topando de manos a boca [bruces] con la emboscada en donde estaba el Duque de Pastrana en persona aguardando el socorro; prendiéronse y matáronse buena par- te, salvando a muchos la oscuridad de la noche y, a 30 presos, la nobleza del Duque, que los envió la mañana siguiente al de Nevers con un recaudo cortés. Batióse desde el alba del día 26 de junio, y a las cuatro de la tarde estaba ya quitado el través, y la batería en razonable estado para arremeter. No quiso el Conde que se hiciese con bande- ras, sino que se tomase puesto en la muralla, deseando no comprar la anticipación de algunos dias en tomar la plaza con la pérdida de la soldadesca que había de servir para tantos más im- portantes efectos, siendo el conservarla no la menor obligación de los generales; para esto arremetieron los capitanes Antonio Sarmiento de Losada, Hernán Gómez de Contreras y don Juan de Silva, del tercio de don Agustin [Mejía]; Diego de Ulloa y Alonso de Ribera, del (ter- cio) de don Alonso [de Mendoza]; los cuales, considerándolo como soldados y no como cabe- zas de aquella acción, llevados del deseo de acabar con aquello de una vez, incurriendo en una culpa loable, pasaron más adelante de lo que se les ordenó y, por hallar la batería atrin- cherada y cortado el baluarte, hubieron de retirarse al prirner puesto con pérdida de 25 ó 30 de los más honrados. Tuvieron poco tiempo de gozar deste suceso los enemigos, porque man- dando don Agustín [Mejía], con parecer del Conde, preparar otros 2.000 hombres para dar el asalto de veras, temerosos de que con el beneficio de la noche no se fortificasen de suerte que fuese necesaria otra batería, viendo los enemigos el aparato que venía sobre ellos, determina- ron rendirse y, dándose aquella noche algunos rehenes, por ser ya tarde, se difirió su salida hasta la mañana, que acertó a ser lunes. Hiciéronlo con las honradas condiciones que pudie- ron desear, saliendo con el gobernador, monsieur de Liramont, cosa de 800 infantes y 70 ca- ballos. Entraron 3 compañías de españoles: la que había de servir para el gobernador y las de los capitanes Luis Bernardo de Avila y Alonso de Buitrago. En el burgo quedaron otras dos banderas de alemanes del regimiento de Curzio [Kurz], tres estandartes de caballos a cargo de Andrea Alambrese, albanés, y por gobernador de la plaza, Luis del Villar, capitán de lanzas, soldado muy viejo y de gran experiencia. Su compañía se dió a don Juan de Bracamonte, her- mano del conde de Peñaranda; aunque, por estar muy pequeña, se envió a rehacer a Nieuw- poort con su teniente Francisco de Luján y en su lugar se mandó venir otra compañía de fla- mencos de cien celadas, que había levantado Monsieur de Villecourt. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| Aunque Coloma lo silencie, la hu- bo. No es preciso acudir a fuen- tes locales para refutarle, pues Villalobos, en sus Comentarios, aporta más pormenores del asal- to, que se dio el 13 de marzo. La mayor resistencia se concentró en la plaza, autorizándose el sa- queo una vez ganada. «Y aunque los holandeses habían enviado lo mejor de la ciudad... con todo fue bueno el saco, pues se valieron los soldados del rescate que de las casas hicieron a los dueños, ... que rescataban a dinero y por muy poco precio los instrumentos de sus oficios. Ahorcó el señor de la Motte algunos soldados por des- órdenes que hicieron, forzando algunas mujeres; mas no se llegó a las iglesias, guardándose con mucho cuidado los conventos». ABAJO. Magnifico grabado de Buscher (1615), sobre dibujo coe- táneo de Ahin, que reproduce el asalto de Huy el dia 13-III-1595» |
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| Rodrigo de Silva y Mendoza, pri- mogénito de Rui Gomez de Silva (1516-1573), I Duque de Estreme- ra (1568), fue II Duque de Pastra- na y Estremera y III de Francavilla (Sicilia), príncipe de Melito (Nápo- les) y I marqués de Argecilla. Mu- rió en Flandes, como narrará Co- loma. Rui Gómez de Silva y Men- doza de la Cerda, su primogénito, le sucedería en sus títulos; fue montero mayor de Felipe III y em- bajador de dicho rey y de su hijo, Felipe IV. Murió en la Corte, el 23.XII.1626, a poco de regresar de una embajada en Roma. |
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| Juan de Gamarra recibió la com- pañía de caballos ligeros lanzas de Gonzalo de Olivera, que pasó a servir al rey «en otras cosas», por patente de 14-VIII-1593. Te - nía la obligación de servir el car- go junto a Juan de Contreras Ga- marra, su padre, durante 3 o 4 años («sirviendo vos juntamente al lado de vuestro padre»), hasta que hubiera adquirido la madu- rez suficiente para hacerlo solo. |
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| Carlos Coloma (Van Dyck) |
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| Henri I d'Orleans-Longeville (1568-1595), X duque de Longue- ville, príncipe de Châtellaillon y conde de Neufchâtel, hijo de Leonor (1540-1573), IX duque y de Marie, duquesa d' Estouteville y condesa de Saint Pôl. Descen- día en linea bastarda de Louis d'Orleans, hermano de Carlos VI de Francia. Casó en 1588 con Catalina de Gonzaga, en quien tuvo a Henri II, que según mis no- ticias nació el mismo año de su muerte (1595). El hermano citado es François (1570-1631), que fue conde de Saint-Pôl y duque de Château-Thierry. |
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| Chrétien de Savigny, señor de Rône (Rosne o Rosnes) y de Saint-Epure, lorenés, antiguo «liguero» y enemigo declarado del bearnés. Fue nombrado MdCGral del ejército y murió ante Huslt, el 2-VIII-1596. Caso con Antoinette d'Anglure, en quien tuvo a Charles-Saladin, que fue gran senescal de Lorena. |
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| Pedro Enríquez de Acevedo (1535-1610), I conde de Fuentes, gobernador de los Estados de Flandes y Milan. |
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| Jean de Montluc, señor de Balagny (†1603), hijo bastardo del homó- nimo obispo de Valence, hermano del mariscal. Llamado «el tirano de Cambrai», a la que gobernó pri- mero en nombre del duque d'Alen- çon (1573), y luego en el suyo propio, apoyado por el partido protestante francés. Su efigie aparece en algunas monedas que batió mientras señoreó en la villa. |
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| Johann von Pernstein (1561-1597), hijo de Wratislav, Cbº del Toisón, coronel checo al servicio de España (1592-97). Retrato de B. Beranek, 1591. |
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| Francisco Verdugo (1536-1595) |
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| Cristóbal Mondragón |
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| Maximilien I d'Henin (1543-1578), III conde de Boussu (1566-1578). Fue gobernador de Holanda, lugarteniente del Duque de Alba y Almirante de los Paises Bajos. Prisionero de Orange (1573-76), fue liberado en virtud de la Pacificación de Gante (8-XI-1576) y sirvió la causa de los Estados, llegando a enfrentarse a D. Juan de Austria en Gembloux. Todos sus descendentes fueron leales servidores del rey de España, muriendo algunos en comabte, asi como numerosos segundones. |
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| Valentin de Pardieu, señor de La Motte-aux-Bois |
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| El castillo de Ham (acuarela anónima siglo XVIII). |
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| Charles d'Humières, marqués d'Ancre, había sido nombrado lugarteniente general del go- bernador de Picardía en 1594 (Anónimo, Château de Beauregard). |
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| Alonso de Ribera Zambrana, futuro Capitán general de Chile |
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| El asedio de Châtelet de 1557 (El Escorial, Sala de las Batallas) |
| La parisina plaza de la Grève, donde Charles de Lorraine, du- que de Aumale, fue deca- pitado «en efigie». Residió en los Paises Bajos hasta su muerte (1631). |
| Compañia española de arcabu- ceros a caballo. Abajo, portaes- tandartes de dos compañías españolas de caballos lanzas (Gorter) |

| La sopresa de la villa y castillo de Ham por las tropas realistas franceses del marqués d'Ancre, que murió en la lucha, y del conde de St.-Pôl. El grabado de Hogenberg representa también (derecha), el tardío socorro del conde de Fuentes y la ejecución de Gomeron, que fueron posteriores en el tiempo. |
| Agustin Mejía y Carrillo |
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| CAMPAÑA DE 1595 (II) |
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| Henri de la Tour d'Auvergne, (1555-1623), vizconde de Turenne, Duque de Bouillon. |

| Le Châtelet, antiguo puente for- tificado, con pontazgo para los pe- regrinos que iban a la Abadia de Saint-Martin, fue transformando su topónimo a la par que perdía im- portancia. Luego Le Castelet y hoy Le Catelet, es un pueblecito de una calle, que ya no conserva ni la vieja estación ferroviaria. Fue muy dañado en la I Guerra Mundial- |
