ESTUDIOS HISTORIOBÉLICOS. EDICIÓN DIGITAL
EL PRIMER CUARTO DE SIGLO DEL REGIMIENTO DE PAVÍA
Sobre el orígen del Regimiento de Dragones de Pavía, el fiscal Juan Antonio Samaniego escri-
bió lo siguiente:

"Justifica con certificación de su inspector D. Andrés de Benicasa, a falta de no haber podi-
do sacar fé de oficios de Milán, que en el año 1684 tuvo en aquel Estado principio la forma-
ción de éste regimiento por 5 compañías de crobatos sobre el pie alemán en la ciudad de Pa-
vía, de que trae el nombre, que se completaron hasta 12 al cargo del conde de Chaldon, su
primer coronel".

Sotto añade que la creación se produjo el 1.V.1684, sobre la base de las 5 cias de croatas y que
se constituyó como Tercio de Dragones el 9 de abril de 1685, tomando por denominación el
apellido de su primer MdC, conde de Scheldon. No es posible verificar tal información ya que
el autor nunca descorre sus fuentes.

Sobre esta base, que ya asumía el precedente trabajo del conde de Clonard, se ha venido acep-
tando hasta ahora los orígenes del Regimiento de Pavía. Sin embargo, la documentación con-
temporánea preservada nos dice otras cosas.

En 1685 se organizaron dos regimientos de Dragones en el Estado de Milán. Uno vestía com-
pletamente de rojo y el otro de amarillo, con bocamangas, penachos y guarniciones de los ca-
ballos del mismo color. Así lo refiere la gaceta "Avvisi di Mantova", que notició la primera re-  
vista que ambos regimientos pasaron en Milán, el 22 de agosto de 1685. El coronel de los
Dra-
gones Rojos
era el Conde Bernabó Visconti y el de los Dragones Amarillos Giovanni Battista
Calderani.

A principios del año 1686 se organizó en Milán una fuerza de apoyo a los venecianos para la
guerra que sostenían contra los turcos. Una de las unidades escogidas fue precísamente el Re-
gimiento Rojo de Dragones de Visconti, que partió con 183 oficiales y 809 soldados agrupados
en 12 compañías. Las tropas hispano-vénetas, tras conquistar Koroni (la fortaleza ligada al
nacimiento del Tercio de Sicilia) y toda la Morea, sitiarían Atenas, donde el bombardeo de  la
Acrópolis, entonces una fortaleza, dejó arruinado el Partenon, que los turcos usaban como de-
pósito de municiones.

El 28 de febrero de dicho año, partida ya la fuerza expedicionaria, se pasó muestra general al
Ejército del Estado. En ella vemos sólamente un "
Regimiento de Caballería Dragona", de 8
compañías, que totalizaban 71 oficiales, 408 soldados montados y 26 desmontados. La revista
aporta los nombres de todos los capitanes, excepto el del coronel, cuya compañía aparece sim-
plemente citada como coronela, aunque es de suponer que seguiría siéndolo el mismo Caldera-
ni. El Tcol era también italiano (Pallaviccini), así como los capitanes Malvezzi y Prata; pero los
demás, incluso el SgM, eran españoles. Es decir, no había el menor rastro de croatas, a quie-
nes tampoco hallé entre las compañías que formaban el Regimiento de Visconti. De éstas, sólo
el capitán Leopoldo Pek pudiera serlo, pero las demás eran todas italianas. Por cierto, el Regi-
miento de Visconti permaneció de guarnición en Morea durante muchos años, siendo posible
que acabara al servicio de la Serenísima. Desde su marcha (1686), y durante los siguientes 21
años de presencia española en el Milanesado, sólo iba servir allí un regimiento de dragones del
rey de España: el futuro Pavía, auxiliado por un regimiento del duque de Württenberg (1689-
94) y tres franceses (1701-1707).

La revista de 1689 le llama "Regimiento de Dragones del Estado", descubriéndonos que ya era
su coronel Próspero Crivelli, un individuo que ciertamente hacía honor a su nombre, pues co-
menzó a construírse poco después un formidable palacio en Milán, que no culminaría hasta
1705. Para conservarlo se pasó al Archiduque, que le haría conde del imperio. En diciembre de
1690 le sucedió al mando del regimiento el primer coronel español, Antonio de Rojas, que lo
fue por poco tiempo porque en 1692 se dió el mando a
Conrad Albert d'Ursel, que después se-
ría conde y duque de Ursel. Mandó el regimiento hasta la neutralización de Italia en la Guerra
de la Liga de Ausburgo (1697), e que regresó a España, donde sería coronel del Regimiento de
la Guardia de Carlos II (1698-99) y capitán de la compañía de Mosqueteros de la Guardia de
Felipe V (1702-04), que al formarse las RR.GG.de Corps se integrarían en su compañía flamen-
ca. Tras la partida del conde le sucedió Diego de Monroy, quedando el regimiento reducido a 9
compañías con 75 hombres cada uno, inclusos los oficiales. Sin embargo, a principios de 1701,
ante la amenaza de una nueva guerra, tenía ya 12 compañias, presentando a muestra, el  25 de
enero, 67 oficiales, 580 soldados montados y 154 desmontados; es decir, 801 hombres.

Eugenio de Saboya invadió sorpresivamente el Estado de Milán en de junio de 1701, tomando
el fuerte de Castagnaro el dia 19. Más tarde ganaría a los franceses la batalla de Chiari (11-IX) y
lograba fortificarse en el Bresciano, al Norte de Lombardía, mientras que las tropas franco-
españolas se hacían fuertes en el rio Adda. El 30 de octubre, una partida de 300 coraceros ene-
migos sorprendió en Trenzano un cuartel avanzado con 120 dragones del regimiento de Diego
de Monroy sin que pudieran enviar ningún aviso al cuartel inmediato, donde se hallaba el re-
gimiento de Caballería del marqués de Valdefuentes. Aunque sorprendido, éste pudo retirarse
—con alguna pérdida y dejando prisionero al coronel Monroy— hasta el cuartel del regimiento
de caballería del Príncipe de Trivulzio, reforzado por el tercio de Amezaga (Lisboa). Con el a-
poyo de éstos, la situación quedó restablecida pero el coronel no fue recuperado.

Ante la prisión de Monroy, el 28 de enero de 1702 se nombró sucesor del regimiento al mar-
qués de Caylus, francés, en cuya patente, Felipe V, justifica su elección por "haber sido
mestre
de camp
en las tropas del rey Cristianísimo, mi abuelo". Cuando Monroy fue intercambiado,
en mayo de 1703, le ascendieron a SgGralBat y se le dió el gobierno de Siracusa, en Sicilia. En
cuanto al marqués de Caylus, que ascendió a mariscal de campo en Italia (28.II.1706), com-
pletería en España una brillante carrera militar y política tras permanecer durante 18 años
como coronel del regimiento, siéndolo todavía cuando en 1718 le impusieron el nombre de Pa-
vía. Después fue capitán general de Aragón y de Valencia, alcanzando también la grandeza de
España. Se llamaba Claude Abraham de Tubières de Grimoard, pero su título —por el cual se
le conocía— aparece con frecuencia distorsionado en nuestros textos. Lo he visto escrito como
Queluz, Quayles, Quaidon y Queldon, por lo cual no dudo que pueda tratarse del inexistente
conde de Chaldon o Scheldon al que los precursores de la genealogía regimental española die-
ron carta de naturaleza sin ser más que el producto de una corrupción fonética. El marqués no
fué el primer coronel del regimiento, sino el primero del que logró hacerse memoria en 1737,
cuando se intentó la primera averiguación sobre la antigüedad del Regimiento, ya enton-ces
llamado Pavía. Habituados hoy a la luz eléctrica, a las llamadas personales a cualquier rincón
del planeta o a surcar sus cielos, no siempre reparamos en las dificultades que, para nuestros
ancestros, podía representar lo que hoy resulta una relativamente sencilla investiga- ción
histórica. Al menos, el marqués de Caylus fue quien trajo el regimiento a España, en ma- yo de
1707, tras el tratado de evacuación del Milanesado y también el primero que, formal- mente,
pudo titularse coronel del Regimiento de Dragones de Pavía.                                          
                                                                                                                       
                                                                                                                             
© JUAN L. SÁNCHEZ
Delfín Salas, uno de los mejores
ilustradores militares españoles,
trató de reconstruir en 1992 la uni-
formidad de uno de los "Dragones
de Scheldon". Hoy sabemos que
aquel uniforme era completamente
amarillo, tanto las bocamangas
como pantalones y penacho; ade-
más, la casaca carecía de vueltas.
Pero lo más importante es que el
conde de Scheldon nunca existió.
Tras perseguir inútilmente su rastro
como Sheldon, acabo de caer en la
cuenta de que el Chaldon de Sama-
niego, padre de la criatura, no es
otro que el histórico marqués de
Caylus, apellido que los contempo-
ráneos llegaron a transcribir como
Queldon. Quimeras como la de  
Scheldon salpican todavía con
frecuencia los historiales de nues-
tros tercios y regimientos, pero en
materia de investigación era una de
las últimas incógnitas por resolver
en unidades españolas. La equidad
Scheldon = Caylus es tan curiosa
como la Donny = D'Oignies; Nestien=
D'Ennetières y tantísimas otras,
aunque pocas tan desafortunadas
como O'Lulla = Olalla.
Si el pincel de Emilio Marin ha mere-
cido toda suerte de elogios pictóri-
cos, unifomológicamente hablando
es doctoral. En  su representación
del mosquetero de la Guarda del
Rey ni el mínimo detalle escapa a su
riguroso control. Ésta es la única
ilustración que conozco donde la
Cruz de Borgoña esmalta la sobre-
vesta, tapafundas y mantilla del
jinete; es decir, tal y como las lu-
cieron hasta su disolución en junio
de 1704. El conde de Ursel, Conrad
Albert (1665-1738), antiguo coronel
del Pavía, fue su capitán.
Armas del marqués de Caylus.
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