(Conferencia pronunciada el 4.X.2004, bajo la presidencia del Ilmo. Sr.D. Juan Nardíz Prado,
coronel actual del Regimiento, en el Patio de Columnas de la Diputación de Badajoz)

Es la primera vez que vengo a Badajoz, o mejor dicho, la primera vez que no paso de largo ba-
jo sus centenerias murallas para cruzar el Guadiana, y luego el Caya, camino de Portugal. Ha-
ce tiempo ya de aquello, tanto que solo en el último viaje recuerdo haber utilizado algún tramo
de la autovía entonces en construcción. No eran viajes de placer, sino de estudio, y  había que
ajustar el tiempo. Recuerdo que siempre quise parar, sobre todo de regreso, siquiera una hora
para subir a la dominante Alcazaba, recinto de sublime heroísmo donde los haya; pero no pu-
do ser entonces y hasta esta misma mañana no he hollado y palpado las restañadas heridas de
los combates que forjaron y templaron el carácter de la vieja villa murada. Por fin estoy aqui,
en Badajoz, la de los sitios; la siempre bien defendida hasta la agónica extremidad.

Merecía la pena, pero más aun, haber venido para cumplir con un amigo, con un militar al que
por fin hoy también he conocido, aunque hará ya 3 años que compartimos el mismo empeño.
Desvelar los orígenes remotos, pero ciertos, del regimiento en el que sirve, el legendario Sabo-
ya, que hará dos lustros cruzó sus destinos con una vieja plaza de armas no menos legendaria.
Marcial hermandad sobrada de fastos y lustres; ¡ojalá que perdure!

Muchos de los regimientos aun de servicio en nuestro Ejército proceden de afamados tercios
de infantería española, las unidades militares más prestigiosas y temidas de su tiempo, pero
también las más antiguas de que se tiene noticia en la Edad Moderna. Ninguna de ellas se or-
ganizó para que hubieran de durar más de 4 siglos, sino con un carácter instrumental más a -
tento a las circunstancias de su tiempo. Sin embargo, un puñado de ellas sobreviven desde en-
tonces. La más antigua, que data de 1532, sigue llamándose hoy como el primer dia, el
Tercio  
Viejo de Sicilia no. 67,
aunque ha llevado durante más tiempo el ya perdido nombre de Africa.

En España, al contrario que en Francia, Reino Unido, Alemania o Austria, no ha existido nun-
ca mucho interés por los estudios regimentales. De hecho, no fue la curiosidad histórica la que
dio lugar al primero de ellos, sino la necesidad de arbitrar un mecanismo que fijara clara y pre-
císamente el distinto nivel jerárquico de las unidades entonces en servicio para regular sus
preeminencias en las marchas, paradas, entradas en guardias y trincheras, acampadas, despli-
egues en línea, etc. La «veteranía es un grado» reza un viejo lema castrense que tiene un sig -
nificado mucho más literal del que ahora le concedemos; pues bien, aquel factor, la veteranía
o antigüedad, fue el preferido para establecer el primer sistema diferencial entre los cuerpos
militares, hasta entonces regulado por privilegios históricos no siempre aceptados o mediante
sorteos. El procedimiento fue lento, pues en 1722 se pidió a cada regimiento que aportara las
pruebas documentales de su antigüedad, un proceso que no se cerró hasta 1737, cuando el en-
tonces fiscal del Consejo de Guerra, Juan Antonio Samaniego, evaluaba la variopinta informa-
ción suministrada por los interesados. Dicho informe, impreso en su tiempo y que el Ministe-
rio de Defensa tuvo el acierto de reeditar en 1992, constituye la base racional del R.D. de 16.IV.
1741, por el que se fijaron oficialmente las antigüedades de los regimientos entonces en activo.

El problema es que, para fijar aquellas antigüedades, no se adoptó el criterio puramente histo-
toricista que habría constistido en reconocer a cada regimiento la fecha de su primera leva. En
cambio, se prefirió y permitió que dicha antigüedad pudiese remontarse a la mayor probada
por cualesquiera de las compañías, o elementos aún menores, presentes en su formación, ad-
mitiéndose el principio de que la antigüedad de una de las partes bastaba para conferirla al
resto. Recapacitemos que ninguna de las establecidas por aquel procedimiento podría tenerse
nunca por definitiva ya que, por grande que fuere una, siempre quedaba abierta la posibilidad
de enhebrarse otra aun mayor. Por mucho que complaciera al rey contemplar una nómina de
unidades a su servicio cuyo rastro tendía a inmemorializarse, no creo que fuera ésta en sí mis-
ma la razón, sino más bien la de reservarse un papel arbitral en el proceso. En efecto, el meca-
nismo establecido posibilitaba hallar el mismo nexo común, y por tanto atribuir la misma anti-
güedad a numerosos regimientos,  cuyas preeminencias quedaban a expensas de la cambian -
te voluntad real en lugar de inequívocamente fijadas. Lo cierto es que, desde una perspectiva
histórica, aquella decisión contribuyó notablemente a lastrar y confundir la memoria de las u-
nidades de mayor antigüedad y tradición militar en España, cuyos perniciosos efectos se ma -
nifiestan aun el dia de hoy.

El citado Real Decreto estableció la antigüedad de los regimientos de Lombardia, Galicia, Sa-
boya y La Corona en 1537; pero, históricamente, dicha fecha solo es cierta en el primero de los
casos. El Galicia se formó en 1567; la Corona, en 1635; en cuanto al Saboya, se dice que en
1633, pero aquí probaremos que lo fue medio siglo antes. Aunque precísamente he venido a
hablaros sobre esa ignota media centuria de su historia, quisiera antes abundar sobre esas an-
tigüedades compartidas, fijadas al suponerse en su momento que tanto Galicia, como Saboya
y La Corona procedían del tronco común del Lombardía. Samaniego creía, como también mu-
chos estudiosos posteriores, e incluso yo mismo lo acepté así en el pasado, que el Regimiento
de Galicia se formó con elementos del Lombardía, antiguo Tercio del Estado de Milán, cuando
en realidad no fue sino el sucesor del Tercio que Julián Romero, el de las hazañas, llevó con el
duque de Alba a Flandes. Julián Romero fue MdC del Tercio de Sicilia, la primera unidad de
aquel tipo creada en los ejércitos de España, el año 1529, que se llamaría AFRICA desde 1718
y al que la citada R.O. sólo le reconoce antigüedad desde 1559.  También creía Samaniego que
el Regimiento de La Corona, incialmente llamado Nápoles o de la Mar de Nápoles, se había
formado por desdoblamiento del Tercio de Lombardia; es decir, el mismo orígen que atribuyó
al de SABOYA en 1633. Pero, en realidad, la CORONA se formó en Nápoles, en la primavera de
1635, y tras acudir embarcado en las galeras del marqués de Santa Cruz a las conquistas de las
islas de Saint Honoré y Sainte Marguerite (islas Lérins, al SE de Cannes), desembarcó el 1 de
setiembre de dicho año en Savona para servir desde entonces, ininterrumpidamente y hasta
su evacuación en 1707, en el Estado de Milán. Estos detalles los conocemos gracias a la depo-
sición testifical de un sargento llamado Miguel Gómez, que sirvió en dicho tercio desde su for-
mación en Nápoles, el dia 7 de mayo de 1635.

¿Por qué se engañó Samaniego? A decir verdad, él no fue culpable, ya que se limitó a exami -
nar y, en su caso, dictaminar sobre la consistencia de la documentación probatoria aportada
por las propias unidades. Pero las más antiguas habian servido desde su formación lejos de Es
paña, en Flandes, Lombardía, Nápoles, Sicilia o Cerdeña, y los papeles de la Contadurías y Pa-
gadurías de las que dependieron ya no estaban a cargo de funcionarios del rey de España sino
del emperador del S.R. Imperio o del duque de Saboya, en quien Felipe V hubo de renunciar a
sus derechos sobre Sicilia, que después trocaría con el Emperador por la isla de Cerdeña para
titularse de rey de ella.España y el Imperio no firmaron la paz hasta 1725 y no fue hasta enton-
ces cuando pudieron algunos regimientos enviar sus representantes a nuestros antiguos do -
minios para consultar la documentación administrativa que habia quedado en ellos. Carlos VI
de Hasburgo, que fue pretendiente a la monarquía hispánica con el nombre de Carlos III, se
consideraba el legítimo sucesor de su pariente Carlos II de España; por ello, la administración
de los estados de Flandes, Lombardía, Nápoles o Sicilia quedó restablecida exáctamente igual
a como lo habia estado bajo los Austrias españoles. Sin embargo, las certificaciones que expi-
dieron las Contadurías de Bruselas y Milán contienen errores de bulto, especialmente la mila-
nesa. Y no cabe la posibilidad de un error inducido a beneficio de las propias unidades intere -
sadas, extremo que he verificado; aquellos errores se debieron exclusivamente a la abulia y el
desinterés personal de los propios certificantes, conscientes de que no incurrían en ninguna
responsabilidad ante sus superiores, sino ante simples demandantes privados de una poten -
cia hasta poco antes enemiga. Uno de esos errores ha venido dificultando desde hace tiempo
la indagación sobre la verdadera antigüedad, y nos referimos a la de sus servicios históricos,
no a la de posibles precursores,  del Regimiento de Infanteria Saboya no. 6.

El 28 de setiembre de 1728, un tal Luis Brentani, que se titula
contador principal del Ejército,
castillos y artillería de éste Estado de Milán, Piamonte y Lombardía por S.M. cesárea católica

(el Emperador del S.R.I)
, que Dios guarde, certificaba lo siguiente (lo que sigue son fragmen-
tos y no una cita textual):

«Consta por estos reales libros antiguos que se hallan en este mi oficio y que se conservan en
los archivos de él, que desde el año 1548 ha habido en éste Estado 7 compañías de infantería
española que vinieron de Alemania a cargo de don Alvaro de Sande... y hasta el año de 1633
se ven aumentadas diversas compañías de dicha nación, que se llamaban el Tercio ordinario
de este mismo Estado ... y  desde el referido año de 1633, del mencionado cuerpo de españoles
se formaron tres Tercios, que uno fue nombrado de Lombardia, otro de Saboya y otro de Ná-
poles».

El cuerpo de la certificación incluía también una cadena de mando del Tercio de Lombardía
que he probado plagada de errores en un reciente artículo (*). Pero ello solo ha sido posible
tras más de 20 años de dedicación al estudio de los expedientes militares que conserva el Ar -
chivo Histórico .Nacional,  en Madrid, muchos de los cuales nos permiten reconstruir no sóla-
mente las cadenas de mando de los tercios y regimientos, sino también de sus diferentes com-
pañías. Con ese bagaje vamos a seguir los pasos del Saboya durante el siglo XVII, aunque an-
tes he de puntualizar lo siguiente:

1º.-En realidad, esa confesada dedicación tan dilatada en el tiempo se traduce en poco más de
un centenar de sesiones de trabajo en el campo específico de los memoriales; es decir, el equi-
valente a 15 semanas continuadas de transcripciones documentales.

2º.-Los aludidos expedientes del A.H.N. guardan un orden alfabético, no cronológico, aunque
separan los servicios prestados en Flandes e Italia. Prefrerentemente he trabajado los fondos
flamencos, pero en ambos casos he podido constatar la rareza de la documentación preserva-
da sobre el siglo XVI. La mayor parte de la examinada, siempre aleatoriamente, se concentra
en la segunda mitad del XVII.  

En marzo del año 2002; es decir, casi anteayer, cuando abordaba por primera la respuesta a
una consulta planteada por Manu Gómez, el oficial y amigo a quien me he referido, primer
causante — o causa eficiente— de ésta investigación, todavía estaba condicionado por la certi-
ficación de Brentani, no cuestionada por ningun historialista regimental: Ferrer, el conde de
Clonard, Rey-Joly o Martin Prieto. Es más, éste último, sin que pueda explicarme cómo, llegó
a afirmar que la organización del Tercio data del 30 de marzo de 1633, con elementos
procedentes del Tercio de Lombardia. La realidad es otra muy distinta.

                                                                                                                                   © JUAN L. SÁNCHEZ.
Catedral de Badajoz
Murallas de Badajoz
Escudo del RIMz Saboya no.6
La encuesta de Samaniego,
publicada en 1738, no volvió a
reeditarse hasta 1992, auspiciada
por Julio Albi desde la dirección
de la extinta DRISDE
Felipe V, impulsor de importantes
reformas militares y también del
primer mecanismo de
jerarquización de los regimientos
entonces en servicio.
Julián Romero de Ibarrola, llamado
«el de las hazañas», que fue
maestre de campo del Tercio de
Sicilia (retrato idealizado, debido al
pincel de El Greco).
El emperador Carlos VI, que antes
se había titulado rey de España
con el nombre de Carlos III.
Primera página del artículo
comentado en el texto «El Tercio
Ordinario del Estado de Milán, o
de Lombardía, 1536-1636»,
publicado en Researching &
Dragona, no. 17, pgs. 4-27.
El Archivo Histórico Nacional, en
Madrid.
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MEDIO SIGLO DE UNA HISTORIA IGNOTA PERO DOCUMEN -
TADA. EL REGIMIENTO DE SABOYA ENTRE 1591 Y 1633.