CABALLERO DE SANTIAGO (1586), COMENDADOR DE RIVERA EN LA
MISMA ORDEN (1596-1616), CAP. INFª ESPAÑOLA (1578), MAESTRE
DE CAMPO (1587), MAESTRE DE CAMPO GRAL DE PORTUGAL (1599)

Y VEEDOR DE SUS GALERAS.
CONSEJERO DE GUERRA (1609-1616).

CUNA Y ORÍGENES FAMILIARES.
En los tiempos en que vivió, el apellido Zúñiga lo llevaban linajes tan importantes co-
mo el duque de Bejar,los marqueses de Mirabel, Ayamonte y Flores Dávila, o los con-
des de Miranda y Benalcázar. Luis Cabrera de Córdoba, en el índice onomástico (IV,
pg. L) de su «Historia de Felipe II» (Madrid, 1876-77), entronca a nuestro personaje
con los marqueses de Ayamonte; Julio Atienza, marqués del Vado y barón de Cobos
de Belchite, en su artículo sobre «el Marquesado de Aguilafuente» (La obra de Julio
de Atienza y Navajas, barón de Cobos de Belchite, en Hidalguía.Madrid, 1993, pg. 51),
cita a un don Pedro de Zúñiga, «el viejo», Señor de Revilla de Barajas, como uno de
los albaceas del testamento de doña María de Zúñiga, duquesa viuda de Béjar, en el
año 1533. Dado que éste personaje aparece en la genealogía de nuestro Antonio, la
pista parecía llevarnos por buen camino, pero ya en el siglo XVII el señorío referido
aparece en poder de la familia Rascón, futuros vizcondes del lugar. No son estas las
únicas lagunas que se ciernen sobre los antepasados de nuestro biografiado, pero da-
das las inesperadas dificultades me limitaré a mencionarlas para dejar en manos de
terceros la solución del caso. Lo que, en todo caso, aportan sus pruebas jacobeas es  
la relación familiar con los duques de Bejar.
Antonio de Zúñiga recibió de Felipe II la merced de un hábito jacobeo por real cédula
expedida en Madrid, el 23 de abril de 1586. El propio interesado, que debía gozar de
un permiso en la Corte para la ocasión,redactó su genealogía, con algunos errores so-
bre la naturaleza de sus ancestros, y la presentó en el Consejo de las Ordenes cinco
dias después. De dicha genealogía procede la firma que publicamos. Su tenor literal
es el siguiente:
«
Don Antonio de Çuñiga es hijo de don Pedro de Çuñiga,vecino de Rebilla, una legua
de Sartineros (sic),de camino desta villa a Salamanca, y de doña Beatriz de Çuñiga,
su mujer, vecina de Salamanca. ABUELOS PATERNOS: D. Pedro de Çuñiga y doña
Elvira Maldonado,vecinos y naturales del dicho lugar de Rebilla.ABUELOS MATER-
NOS: D. Pedro de Çuñiga y doña Catalina de Benavides, vecinos y naturales de Sala-
manca
».En realidad, Beatriz de Zúñiga, su madre, era natural de Cisla o de Salaman-
ca, punto sobre el que discrepan los testigos; D.ª Elvira Maldonado, su abuela pater-
na, era natural de Salamanca y don Pedro de Zúñiga, el Viejo, su abuelo materno, era
natural de Cisla. Aunque la portadilla del expediente de pruebas se abrió a nombre de
«
Antonio de Zúñiga y Zúñiga, natural de Revilla (Burgos)», las deposiciones testifi -
cales (uno de los testigos declaró ser natural de Narros del Castillo, a una legua de
Rivilla), así como la referencia al lugar —hoy inexistente— en el camino de Salaman-
ca, pronto me indujeron a concluir que la patria chica de Antonio fue, en realidad, el
pueblo abulense llamado Rivilla de Barajas, que en la actualidad tiene unos 100 habi-
tantes y en el momento de sus pruebas, según el informante Don Lorenzo de Vargas,
caballero y procurador general de la Orden jacobea era «
tan chico que no hay sino 25
casas con viudas y mozos y no se han hallado más que 5 hombres de 40 años arriba
»
De hecho, de los 7 testigos interrogados allí, dos fueron hembras, pero todas las de-
posiciones perfilaron la hidalguía del probado y su entronque con la casa ducal de Be-
jar, mencionado por los testigos, algunos de los cuales recordaban que cuando el du-
que Francisco de Zúñiga (IV) fue a casar en Guadalajara con la hija del duque del In-
fantado, sus parientes de Rivilla le acompañaron. También recordaban los testigos
que el hermano de doña Beatriz de Zúñiga, tío materno de nuestro Antonio, D. Diego
de Zúñiga, fue embador de S.M. ante el rey de Francia. Uno de los testigos, que había
sido criado en casa de sus padres, aportó los apellidos completos del embajador, al
que llama D. Diego de Zuñiga Palomeque Cabeza de Vaca y, según su deposición, ha-
bía sido antes corregidor de Toledo. Ochoa Brun, en el apéndice I de su Historia de la
Diplomacia española, confirma la existencia de dicho embajador (al que menciona
simplmenete como Diego de Zúñiga), entre 1572-77. (pg. 120). En las fechas en que
se hicieron las pruebas, tanto los padres como abuelos paternos y maternos de Anto-
nio habían fallecido ya, y él mismo hacía tiempo que había abandonado el lugar. Los
testigos no se pusiseron de acuerdo sobre su edad
; algunos la cifraron en 30, la ma-
yoría en 32 y otro en 34. De aceptar como válida la más extrema, resultaría haber na-
cido ca. 1551-1552, por lo que habría ingresado en la milicia muy jóven, con 14 ó 15 a-
ños, ya que sabemos que se alistó en Sepúlveda en una de las compañías que reclu-
taban para la expedición del duque de Alba a Italia en 1566.

CARRERA MILITAR.
Recaló en el Tercio de Sicilia, en cuyas filas marchó enseguida a Flandes (1567) a las
órdenes de Julián Romero, donde ascendió a alférez y fue reformado al cabo de los 3
años prescritos en las ordenanzas. En calidad de alférez reformado regresó a Italia
al
evacua
rse los Países Bajos (marzo de 1577),pero ta era capitán al encaminarse nueva-
mente a
Flandes, en otoño de dicho año, aunque ya sin su maestre de campo, que
murió
durante la marcha cerca de Cremona.Con dicha graduación se halló en la bata-
lla de Gembloux (31.I.1578) y
en el asedio de Maastricht (1579), distinguiéndose el 7
de abril en el primero de los dos fallidos asaltos a dicha plaza. En efecto, refiere Alon
-
so Vázquez (I,203) que «estando sobre la muralla, peleando pica a pica, le dieron
un arcabuzazo por el hombro derecho que le pasó a los riñones y habiéndole vis-
to luchar tan animosamente, le hizo llevar a su tienda el Príncipe de Parma y le
mandó curar en ella...»
.

Tras otra temporada en Lombardía (1580-82), en virtud de una nueva evacuación —
tras los acuerdos alcanzados por Farnesio con «las provincias reconciliadas»— regre-
só nuevamente a los Países Bajos para tomar parte en la reconquista de Hainaut y el
Brabante, completada en 1585 con la toma de Amberes, mandando ya el tercio
Juan
del Águila.Al concluir la campaña, obtuvo licencia para la Corte, donde se hallaba en
abril de 1586. El 3 de agosto de dicho año se aprobaron sus pruebas de ingreso en la
Orden de Santiago y,poco después, Felipe II le confió la leva de un tercio nuevo de in-
fantería española, de 17 compañías, que condujo a Flandes en el otoño del año sigui-
ente (1587).Aunque pasaría a la Historia con el sobrenombre de
Tercio del Ducatón,
lo cierto es que fue reformado a poco de llegar, en diciembre de dicho año. Antonio
no tuvo reparo en servir con una compañía de lanzas hasta que, en el mes de agosto
de 1590, recibió el mando del tercio en el que había comenzado su carrera militar, el
antiguo Tercio de Sicilia (
T.I.E. no. 7) que en Flandes perdió su nombre en beneficio
del más moderno que se formó para guarnecer la isla, y que todavía sigue en activo,
constiyendo la unidad más antigua que al presente sirve en el ejército español.

El tercio de Antonio de Zúñiga, por entonces conocido como Tercio Viejo de la Infan-
tería española de Flandes, sirvió a las órdenes de Farnesio en las dos entradas que hi-
zo en Francia, en 1590 y 1592, para los socorros de París y Rouen, respectivamente;
luego lo hizo en el sitio y toma de Noyon, que se rindió el 30 de marzo de 1593; en las
victoriosas campañas de 1595 y 1596, saldadas con las conquistas de Huy, Châtelet,
La Capelle, Calais, Ardres y Hulst, así como en el frustrado socorro de Amiens, a fina-
les de 1597,poco antes de que regresara a España.Tras la toma de Calais (24.IV.1596),
Felipe II le concedió la encomienda de Rivera, en el Reino de León, de la Orden jaco-
bea (3.VII.1596) y el 18 de marzo de 1599, Felipe III le designó Maestre de Campo ge-
neral de
la gente de guerra de Portugal para suceder al fallecido Gabriel Niño. El 16 de
abril siguiente,ante la noticia de que la reina de Inglaterra concentraba un ejército in-
vasor en Irlanda, se le ordenó partir urgentemente a su nuevo destino en Lisboa,don-
de permanecería hasta el final de sus dias, fungiendo el empleo antedicho, que poste-
riormente compartió con la veeduría general de las galeras de aquel reino.Además,
desde 1609 fue consejero del Supremo de G
uerra, en la Corte..

                                                                                            © JUAN L. SÁNCHEZ.
A lo ancho de la geografía española hay
muchos lugares llamados Revilla (ladera
o cerro): Palencia, Valladolid, Segovia,
Huesca etc. Su carpetilla del expediente
de pruebas le hace burgalés, pero las
deposiciones testificales recogidas en el
lugar, entonces llamado Rebilla, nos
inducen a fijar su cuna en Rivilla de Ba-
rajas (Ávila), próximo a los lugares de
Cisla, Narros del Castillo y no lejos de
Salamanca.
La iglesia de Rivilla donde es de suponer
que recibiera el bautismo Antonio. Aun-
que la traza, incluída la esbelta espadaña,
resuelta con variaciones cóncavo-con-
vexas, sean singulares, el tamaño es
parecido a las de los lugares cercanos de
Ontiveros y Fontiveros, bastante más
poblados. Sin duda, los señores del lugar,
a cuya familia perteneció Antonio de Zú-
ñiga debieron de favorecerla.
La firma de Antonio de Zúñiga al pie de la
genealogía que presentó para su
expediente de ingreso en la Orden de
Santiago, wl 28.IV.1586.
Prolegómenos del asalto a la plaza de
Maastrciht el 7 de abril de 1579, en un
grabado de Frans Hogenberg. En dicho
asalto fue herido de gravedad Antonio
de Zúñiga, al que Farnesio ordenó curar
en su propia tienda.
Châtelet (hoy Le Catelet), plaza fron-
teriza entre Cambrai y St. Quentin, en
Vermandois, regada por el naciente
Escalda, fue tomada varias veces por las
tropas españolas. Uno de los frescos de
la Sala de Batallas de El Escorial, evoca
la conquista de 1557


ANTONIO DE ZÚÑIGA Y ZÚÑIGA, COMENDADOR DE SAN-
TIAGO
(Rivilla de Barajas, Avila, ca. 1551 — Lisboa, 2.XI.1616)