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FRANCISCO ARIAS DEL CASTILLO FAJARDO (1642-1716), II MAR- QUÉS DE VILLADARIAS (1696-1716), VI DE CROPANI, II CONDE DEL PEÑÓN DE LA VEGA Y II PRINCIPE DE SANTO MAURO (1707- 1716), CBº DE SANTIAGO, SOLD. INFª ARMADA FLANDES (1668), CAPITAN INFª (1673), IDEM CABª (167?), SGM INFª (1680), MDC INFª (1682), GOBERNADOR DE OSTENDE (1686-90), GENERAL DE ARTª (1690-93), MDC GENERAL (1694-96), CAP GRAL DE GUIPUZ- COA (1696-98), IDEM CEUTA (1698-1702), IDEM DE ANDALUCIA (1702-1710), CAP GRAL RR.EE. (1710), IDEM DE VALENCIA (1713-16)
Hijo único de Antonio Arias del Castillo Fajardo y Maldonado (†1696) y de su se- gunda esposa, doña Maria Muñoz y Ruiz. Su padre, alcaide de La Higuera, recibió la merced del marquesado de Villadarias (R.D. 20.III.1690) por los méritos y ser- vicios de su hijo en Flandes, aunque murió sin habersele despachado el título, ex- pedido por primera vez en la persona de Francisco el 7.IX.1699 . Había marchado a Flandes en 1668, donde prestó servicios en la Armada naval de aquellos Estados, siendo promovido al grado de capitán en 1673. También lo fue en la caballería y era sargento mayor, el año 1681, cuando regresó a España para levar un tercio de infantería en Andalucía, que pasó su primera muestra el 28 de julio de 1682, en el momento de embarcarse rumbo a Ostende, donde aportaron el 30 de agosto. El mes siguiente el tercio fue incorporado en el que tenía el mar- qués de Bedmar (futuro PORTUGAL), sobre el cual tomó el mando. En 1684, al producirse la invasión francesa, asistió al combate del puente de Batenburg, cerca de Thionville y, enseguida, a la defensa de la plaza de Luxemburgo, en la que se halló desde el 17 de mayo hasta su capitulación (7.VI.1684). En 1686 fue promo- vido al gobierno de Ostende, que tuvo hasta 1690, en que ascendió a capitán gene- ral de la Artillería del Ejército de Flandes, sirviendo como tal en las desafortuna - das batallas de Fleurus (1.VII.1690), Steenkerke (8.III.1692) y Neerwinden (29. VII.1693), tras la cual recibió la orden de defender Charleroi, investido de poderes superiores a los de su propio gobernador. Atacada por un formidable ejército fran- cés al mando del mariscal de Luxembourg, que abrió trincheras ante la plaza el 8. IX.1693, hubo de capitular el 12 de octubre de dicho año, tras una heróica defen- sa que el marqués de La Colonie reputó en sus memorias mejor que la de Namur, tomada por los franceses el año anterior. En junio de 1694 recibió la orden de regresar a España para servir el empleo de maestre de campo general del Ejército de Cataluña, poco antes derrotado en la ba- talla del Ter (27.V.1694), que abrió a los franceses las puertas de Palamós (7.VI) y Gerona (29.VI). Aquel año sirvió bajo el virrey Juan Manuel López Pacheco, VIII duque de Escalona, sustituído el siguiente por Francisco A. de Agurto, I marqués de Gaztañaga, con quien había militado en Flandes. Reforzado el ejército con tro- pas venidas de Italia (junio), se intentó la reconquista de Palamós (21.VIII), con el apoyo de la flota inglesa de Russell, que bombardeó la plaza; pero retirada ésta ante una superior armada francesa, Gaztañaga hubo de abandonar el asedio (25. VIII.1695), disponiendo Francisco el repliegue con buen orden. El 4.VII.1696 fue promovido a la Capitanía general de Guipúzcoa, que desempeñó sin contratiem- pos hasta que, en abril de 1698, fue designado para el mismo empleo en Ceuta, asediada por Muley Ismail desde 1694. Alcanzado su nuevo destino en julio, procedió inmediatamente a reorganizar las tropas y fortificar las defensas. Aquel mismo mes creó la primera compañía de mi- nadores de la plaza y, en diciembre, concluyó el baluarte de Santa Ana y el horna- beque que lo une al de San Pablo, que aun se conservan, sobre cuyas puertas hizo labrar escudos con sus armas y las de Carlos II, datados en 1699. También edificó el nuevo palacio de los gobernadores, los almacenes de San Pedro, los arcos del puente de la Almina y comenzó la construcción del Hospital Real. En cuanto a las operaciones militares propiamente dichas, ordenó diversas salidas para capturar ganados (20.VIII.1698), vivaquear y forrajear (2.X.1698), capturar una galeota enemiga y su cargamento (7.III.1699), recuperar terrenos en los que edificar el se- mibastión de Santiago, que dió lugar a un sangriento combate con los sitadores (25-VII.1699); así como nuevamente para apresar ganados (30.IX.1701) y otra ga- leota que operaba en el Rio Martil (6.X.1701). El 6.III.1702, fue nombrado Capi - tán general de la Mar Océano y Costas de Andalucía, embarcando el 29 hacia Cá- diz tras dejar el mando de la plaza en Antonio de Zúñiga, como interino, en tanto llegase un nuevo gobernador. Las urgencias estaban justificadas. Los aliados aprestaban una gruesa armada que se temía había de dar sobre Cádiz, cuya defensa había rehusado el Almirante de Castilla pese a que le fueran concedidos amplios poderes vicariales; por otra parte, la jornada de Felipe V a Italia había consumido los recursos y para que el marqués dispusiera de 150.000 ducados hubieron de contribuir los nobles y la Iglesia. Los ingleses llegaron a la bahía gaditana el 23.VIII.1702, desembarcando el 26 cerca de Rota pese a la oposición del general Félix de Ballaró, que murió en la lucha al frente de 3 escuadrones del Trozo de Caballería de Rosellón. El 27 se entregó el castillo de Rota; el 31 entraron los invasores en el Puerto de Santa Ma- ria y el 1.IX se rindió el fuerte de Santa Catalina con 300 hombres dentro. Sin embargo, Carlos San Gil resistió 20 dias de asedio en el fuerte de Matagorda, con su tercio de la Armada y algunas compañías de los Colorados Viejos, habilitando a Villadarias un tiempo precioso para reforzarse con las milicias sevillanas y cordo- besas. El duque de Ormond fue obligado a levantar el campo, retirándose hacia el Puerto de Santa Maria y Rota, que saquearon antes de reembarcar (26.IX). En 1704 mandó uno de los 5 cuerpos de ejército que habían de tomar parte en la invasión de Portugal, con 3.500 infantes (5 tercios) y 1.100 jinetes de los regimi- entos de Cuantiosos y de Sevilla. Precísamente partió de la ciudad hispalense a fi- nales de mayo parar entrar en Portugal por Aldea Nova de São Bento, que incen- dió; luego siguió hacia el N., bordeando la frontera, arrasando São Aleixo da Res - tauração y Noudar, que no existe desde entonces, aunque sí su castillo, pese a que el gobernador portugués lo hizo saltar por los aires, con él dentro, antes que rendirlo. Luego atravesó por Alconchel y Olivenza hasta Badajoz, presentándose en el campo de Tilly, ante Arronches, el 15.VI, junto al cual marchó hacia el cam- po real en Nissa, para atacar Castelo da Vide y Marvão. Mientras se daban estas operaciones, una flota inglesa al mando del almirante Rooke cayó sobre Gibraltar el 31 de julio, tomando la plaza el 3 de agosto. La invasión de Portugal quedó sus- pendida y el grueso de las tropas, al mando de Villadarias, hubieron de regresar para intentar recobrar la plaza perdida. El 21.X.1704 abrió el marqués la primera paralela contra la plaza, pero el 8.XI arri- bó a su bahía un escruadrón británico, al mando del almirante Leake, que desem- barcó considerables refuerzos y provisiones para 6 meses. Tras el sorpresivo ata- que de 500 juramentados al mando del MdC Antonio de Figueroa, rodeando el Peñón por un sendero ignoto, que frustró la descoordinación con el cuerpo que debía apoyarles desde el istmo (11.XI), el asedio se convirtió en bloqueo; pero sa- biendo Villadarias que iba a ser sustituído por el mariscal Tessé, ordenó un deses- perado asalto contra el bastión Norte (7.II.1705), a cargo de los granaderos del ejército, rechazado tras violentos combates. Tessé, reforzado por una armada francesa a cargo del almirante Pointis, no pudo intentar nada debido a las persis- tentes lluvias y el 16.III Leake recuperó de nuevo la superioridad naval inglesa; entonces el mariscal francés se retiró a Sevilla y escribió a Luis XVI, que el 12.IV recomendaba a su nieto levantar el asedio. Villadarias, que habia quedado en el campo, hubo de hacerse cargo de la evacuación de los hombres y pertrechos, com- pletada el 6 de mayo. Por patente de 26.V.1706, fue designado coronel del Regimiento de Caballería lla- mado Cuantiosos andaluces, o también Provincial de la Costa de Andalucía, va - cante por la promoción al mariscalato de Rafael Díaz de Mendívil (26.II.1702). Aunque los capitanes generales solían tener asignadas hasta 3 cias de guardias montadas, tal hecho constituye el caso más excepcional de tan alta jerarquía cas - trense —en toda la historia de la Orgánica militar española— al frente de un regi- miento no dependiente de la Casa real. Cuando fue llamado por el rey para man- dar el ejército de operaciones (marzo de 1710), le sucedió al mando del mismo su hijo Jerónimo del Castillo Fajardo y Ventimiglia, que fungiría el empleo hasta la disolución de la unidad en 1715. Francisco se mantuvo al frente de la Capitanía general de Andalucía hasta que, en marzo de 1710, fue llamado por Felipe V para mandar en jefe el ejército principal, acuartelado en Aragón. Acompañó al rey desde Madrid, por Zaragoza, hasta Léri- da y el 14.V pasó el Segre con la intención de tomar Balaguer. Pero las lluvias pro- vocaron el desbordamiento del río y el ejército nada pudo hacer. El 21, una arma- da inglesa desembarcó en Tarragona 6.000 veteranos alemanes y Guido Stahrem- berg, reforzado, tomó la iniciativa atacando las posiciones de Villadarias en Alme- nar (27.V). El combate fue confuso y disputado, pero finalmente los españoles perdieron el pie y se retiraron hacia Lérida. Villadarias hubo de formar sobre el te- rreno una linea de contención que impidió al enemigo la persecución, mantenien- do el campo hasta la caída de la noche, pese a lo cual «el rey no tuvo satisfacción de sus disposiciones y ordenó llamar al marqués de Bay, que mandaba el Ejército de Extremadura» (San Felipe, Comentarios, 199). Saint Simon va mas allá, afir - mando que «Villadarias, acusado de imprudencia y negligencia, fue enviado a su casa» (Mémoires, VIII, 421), constándonos fechacientemente que el marqués se hallaba en 1711 retirado en Antequera, dedicado a la construcción del famoso pa - lacio de su nombre, que aun conserva su espléndida traza arquitectónica y ricos interiores. Sin embargo, en setiembre de 1713 fue designado para suceder a D’Asfeld al fren- te de la Capitanía general de Valencia, con la aneja presidencia de la Audiencia y el Real Acuerdo, organismo consultivo dependiente de la Chanchillería, cuya re- ducción de competencias en favor de la Audiencia castellana no se lograría hasta después de su muerte. Precísamente, se hallaba en la Corte para dirimir un pro - blema suscitado con la Cámara de Castilla cuando murió en abril de 1716, siendo por entonces el decano de los capitanes generales de los Reales Ejércitos. Había casado con Paula de Pisa Ventimiglia y Rodriguez de Sotomayor, hermana del Tte Gral Diego de Ventimiglia, antiguo capitán de su tercio, VI marquesa de Cropani, II condesa del Peñón de la Vega y II princesa de Santo Mauro, titulos incorpora- dos en su Casa. Tuvo 4 hijos varones, todos militares, tres de los cuales le sucedie- ron en sus títulos: Antonio Arias del Castillo Fajardo y Ventimiglia, el primogéni - to, Tte Gral de los RR.EE., fue III marqués de Villadarias, VII de Cropani, conde del Peñón de la Vega y teniente general de los RR.EE; al morir sin posteridad, le sucedió el segundo, Francisco (†1649), coronel de Infantería, que al trocar la es- pada por el báculo (fue obispo de Barcelona y de Jaén y vicario genral de los RR. EE.), traspasó sus títulos y dignidades terrenales al benjamín de todos, Juan Bau- tista (1696-1773), V marqués (1739-73), a causa del antecedente fallecimiento de Jerónimo, coronel de Caballería. © JUAN L. SÁNCHEZ.
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