PEDRO RODRIGUEZ DE SANTISTEBAN Y DÁVALOS (1552-1628), I
MARQUES DE CROPANI (1622), CBº DE CALATRAVA (1619);  ALFÉ-
(1588), CASTELLANO DE JACA Y MDCGRAL DE ARAGÓN (1608-11),
ALCAIDE DEL PEÑÓN DE LOS VELEZ (1611-14), GOBº Y CAP.GRAL
DE LARACHE (1614-1623), MAESTRE DE CAMPO GENERAL DE POR-
TUGAL (1623-27) Y DE LA EXPEDICIÓN A BRASIL (1625).

Fue hijo segundo de Alonso Rodriguez Alvarez  y de Magdalena de Santisteban y Je-
rez, ambos naturales y vencinos de Málaga, donde contrajeron matrimonio en 1550
y nació Pedro ca. 1552-53. Debió ingresar en la milicia muy jóven, quizá con 15 ó 16
años, pero aun así no llegó a servir los 70 años que alegaba, sin justificar, su nieto
Pedro de Santisteban en 1651 en una pretensión de merced (AHN, E, 1337). El año
1576, sirviendo en Flandes, fue promovido a alférez de la compañía de Alonso del
Castillo, en el Tercio de Sicilia (
Infª española, No.1), distinguiéndose el 7.IV.1579 en
uno de los asaltos que se dieron a la plaza de Maastricht,donde recibió cinco heridas,
dos de ellas de arcabuz, antes de ser retirado del campo; al sanar, Alejandro Farnese
le concedió una compañía de infantería en el
Tercio de la Sacra Liga (Infª española,
No. 6), que mandaba Lope de Figueroa. Con él pasó a Portugal en 1582, hallándose
en la batalla naval de las Azores (1582) y en la toma de la isla Terceira (1583), regre-
sando a Flandes en 1584 sin su maestre de campo, razón por la que fue reformado
en Namur, el 23 de junio de dicho año.Los soldados pasaron a engrosar otras unida-
des, pero los capitanes quedaron en libertad para alistarse como reformados (es de-
cir, simples soldados que gozaban de 20 escudos de sueldo, la mitad del que tenían
de capitanes) o de regresar a España desmovilizados, opción que prefirió Pedro.

Tras una breve estadía en Málaga, se enroló en Cádiz en la Armada Real, recibiendo
de nuevo una compañía en el Tercio de Nicolás de la Isla, posteriormente  señalado
para tomar parte en la jornada de Inglaterra. Habiendo zarpado ya la Gran Armada
de Lisboa y hallándose en La Coruña, el 17 de julio de 1588, recibió la orden de pa-
sar a Orán como castellano del recién construído castillo de Santa Cruz, en la cima
de la montaña que separa Oran de Mazalquivir (Mers-el-Kébir), por lo que se dio su
compañía a su alférez y sobrino Pedro Francisco de Santistéban, hijo de su hermano
mayor Luis Rodríguez de Santistéban,que sobreviviría a la expedición y sería tenien-
te de gobernador y gobernador interino de Larache antes de morir en el servicio real
(exp. de Pedro de Santisteban, 1651). Pese a que el periplo oraní (1588-1607) sea el
más dilatado de su carrera, es también el peor documentado. Por la deposición del
franciscano Antonio del Castillo, en el expediente de pruebas de Jerónimo de Pisa-
Ventimiglia, sabemos que allí nació en 1599 Violante de Santisteban y Angulo, su ú-
nica heredera, siendo ya maestre de campo y alcaide de Rosalcázar, la fortaleza más
importante de las defensas exteriores de la plaza. En febrero de 1608 fue designado
castellano de Jaca, en sucesión a
Fernando Girón, que aparejaba la maestría de cam-
po general del Reino de Aragón, con mando sobre el distrito fronterizo con Francia,
que comprendía las fortalezas de Berdún, Canfranc, Aínsa y Benasque, asi como las
torres defensivas de Santa Elena, Echo, Ansó, La Espelunca, Bielsa y los Baños.

En abril de aquel año ya estaba en su nuevo destino, disponiendo un rígido control
de los pasos fronterizos.Juan Carlos Moreno-Arce,que ha estudiado los libros de ac-
tas del concejo jacetano, anota que el 21.IV.1608 se deliberó sobre la actuación del  
maestre de campo, que «
los días pasados había prendido o mandado prender a un
morisco natural de este Reino viniendo o iendo a Francia y lo tenía preso y no solo
eso pero que le había dado tormento»
. Al parecer, Santistéban había montado una
operación de contraespionaje fronterizo y practicó numerosas detenciones arbitra-
rias, que movieron al Concejo a formular una queja al virrey el 26 de mayo, protes-
tando no sólamente por las actuaciones atentatorias contra el fuero aragonés, sino
por los frecuentes hurtos y extorsiones de los miliatres de la guarnición y su desme-
surado gasto de madera. La respuesta, planteada en términos conciliatorios, llegó al
cabildo por mediación del arzobispo de Zaragoza, que el 3 de junio de aquel año ex-
presaba su deseo de que se mantuvieran buenas relaciones entre la guarnición y los
vecinos, aconsejando a éstos medidas tendentes a suavizar los conflictos. Más dura
fue la postura de Felipe III, que el 3 de agosto escribía al Consejo jaqués recriminán-
doles su actitud.

Su última misión como castellano de Jaca consisitió en conducir a los moriscos ex-
pulsados a las fronteras de Cataluna, para su embarque en los Alfaques, y —lo que
sin duda es menos conocido—a Francia. Precísamente, el 5 de setiembre de 1610 es-
cribía al rey que
«los últimos (moriscos) acabaron de entrar en Francia a los quatro
deste por el puerto de Canfran
». Sin duda como recompensa a este importante servi-
cio para la monarquía, aunque muchos contemporáneos enseguida entrevieron sus
fatales consecuencias económicas,en 1611 se le confió la capitanía general del Peñón
de Vélez de la Gomera,al que tardaría dos años en incorporarse.Antes hubo de pasar
a la Aljafería zaragozana,en tanto lo hacía su nuevo titular
Fernando Girón, cubrien-
do su ausencia en Jaca el capitán y prolijo cronista de las guerras de Flandes Alonso
Vázquez. El impagable quehacer del citado Moreno-Arce, ahora con los fondos del
AHP de Huesca, le señala por última vez en Aragón asistiendo en Berdún al sepelio
de su subordinado —y castellano de aquella fuerza desde 1592— el capitán Esteban
Ochoa de Oro (II, 1613), que también había fungido accidentalmente la castellanía
jaquesa.Así pues,su mandato efectivo en el Peñón apenas pudo superar el año y me-
dio, que discurrió sin contratiempos hasta que, el 3.XI.1614, sucedía al maestre de
campo
Gaspar de Valdés y Alcaraz  en el gobierno de la plaza de Larache.

Durante sus 9 años de gobierno, que resultaron algo menos de 6 efectivos, se aplicó
en completar la fortificación de la plaza con el auxilio de los ingenieros Bautista An-
tonelli —que en 1616 obtuvo su retiro, poco antes de morir en Madrid— y Giovanni
de Medici; también logró firmar un tratado de paz con el caid más importante de la
región (3.XI.1617), razón por la que Felipe III le concedió licencia para regresar a Es-
paña, siguiendo desde la Corte los asuntos de su gobierno, que recompensó el rey,
el 22 de marzo de 1619, con el hábito de la Orden de Calatrava, cuyas pruebas se sus-
tanciaron en la Corte, pese a su cuna malagueña, con inusitada rapidez: el 2 de abril
se cursaba al Consejo de Ordenes la práctica de las informaciones pertinentes y el
25 se junio se le despachaba el título. Aquel mismo año comenzaba en Marruecos la
guerra por la futura sucesión entre los hijos del rey Muley Zidan, por lo que hubo de
retornar a su gobierno en 1622 para dirigir una expedición contra Muhammad al
Xaij —futuro Muhammad XIII (1634-54), último monarca de la dinastía saadí— al
que derrotó competamente el 2 de mayo de 1623. En el ínterin, habia sido promovi-
do al empleo de maestre de campo general de Portugal, como acredita un manuscri-
to de la Biblioteca Egertoniana (BL); aunque no he localizado su patente, sabemos
que el nombramiento se produjo para cubrir la vacante de
Rodrigo de Orozco, mar-
qués de Mortara, fallecido el 22 de mayo de 1622. Es posible que se solapara en el
tiempo con la merced de título marquesal, concedida el el 22.VII.1622 sobre el lugar
de Cropani en Calabria, perteneciente a la antigua baronía de Belcastro, que habia
comprado a Antonio Sersale en 1619.Por otros manuscritos conservados en Londres
(Gayangos, 1877), sabemos también que, desde Larache, tomaba ya decisiones so-
bre su nuevo cargo y que el 23.VI.1623 se hallaba ya en Lisboa con el  antiguo SgM  
de Larache Diego Ruiz de la Correa, a quien eligió por su ayudante. Al partir de la
plaza, dejó ésta al mando de su sobrino Pedro Francisco, que la gobernó hasta la in-
corporación de Juan Jaraquemada y Codina (5.X del mismo año), hecho desconoci-
do para Rodriguez Jouliá, que no empaña ni una mota su espléndido trabajo.

Cuando el 31 de julio de 1624 se supo en la Corte la pérdida de San Salvador de Ba-
hía (Brasil), tomada por los holandeses, se cursaron órdenes inmediatas a Lisboa y
Cádiz para aprestar una gruesa armada —la mayor que hasta entonces había cruza-
do el Atlántico— al mando de Fadrique de Toledo y la fuerza de desembarco compe-
tente, a las órdenes del marqués de Cropani. La armada portuguesa zarpó de Lisboa
el 20 de noviembre, pero hubo de aguardar en el Archipiélago de Cabo Verde los re-
fuerzos españoles, mas numerosos, que retrasaron la partida hasta el 11 de febrero
de 1625. El 29 de marzo la flota combinada fondeaba en la Bahía de Todos los San-
tos, completándose el desembarco de tropas y efectos el dia 1. El asedio de la ciudad,
que dirigió personalmente el marqués, duró desde el 3 al 30 de abril, en que capitu-
ló la plaza, aunque el cuerpo expedicionario no partió de regreso hasta el 24 de agos-
to. Las tormentas dispesarían a la flota, apotando parte en las Azores y Portugal; en
Málaga, con don Fadrique, y en Cádiz, donde lo hizo el marqués de Cropani con 14
naves, una semana antes de que la armada inglesa del conde de Leicester surgiera
en su bahía (1 de noviembre) con la intención de atacar y saquear la ciudad. Cropani
y su teniente, el mencionado Diego Ruiz, tomaron una parte activa en la subsiguien-
te victoria, obligando a reembarcar al enemigo el dia 8, tras infligirles fuertes pérdi-
das. Refiere un testigo que el marqués
«aseguró los puestos del Puente (de Suazo),
el Castillo de León y Alcantarilla
» y que «junto  a la Almadraba peleó con el enemi-
go, matándole alguna gente
». (Relación, 1625). El 23 de diciembre del mismo año,
era propuesto para mandar el refuerzo de tropas que habían de enviarse a Puerto Ri-
co, pero la operación fue cancelada al recibirse noticias de que la guarnición habia
logrado derrotar a los holandeses. (Gayangos, 1877). Murió en Lisboa,probablemen-
mente en 1627, año en que se incorporó su sucesor, aunque hasta el 28.X.1628 no
confirmó su sobrino y yerno Jerónimo Rodríguez de Santistéban —cuyas pruebas
para el hábito calatravo es-tuvieron paralizadas desde 1626 hasta que se aprobaron
con dispensa en 1640— los empleos feudales de Cropani en nombre de su esposa
Violante, la segunda marquesa, hija única de Pedro.
                                                                                      
                                                                                     © JUAN L. SÁNCHEZ.
Fachada del palacio de los marqueses de
Cropani, en Málaga, actualmente con-
vertido en Museo. Pese a que el edificio
fue reconstruído en el siglo XVIII por la
familia Villadarias, en la que recayó el
marquesado de Cropani, en el mismo solar
se levantaba la primitiva casa donde nació
Pedro Rodriguez de Santistéban.
El castillo de Santa Cruz, cuya construc-  
ción, adaptada a la cima del Murdjadjo, co-
menzó el 3.V.1587, dia de la Santa Cruz.
Los castillos de Jaca (arriba) y el Peñón
de Velez de la Gomera, unido a la costa
marroquí por una angosta restinga,
destinos sucesivos en la carrera de Pedro
de Santistéban.
Detalle de un grabado holandés sobre la
toma de Salvador de Bahia por la escua-
dra holandesa de Pieter Heyn (1624). La
plaza fue recobrada el año siguiente por
una expedición en la que el marqués de
Cropani dirigió el asedio.
Detalle del lienzo de Zurbarán sobre la
Defensa de Cádiz de 1625, en el que
curiosamente una figura descuella sobre
las restantes al ocupar una posición
central donde convergen las lineas de
fuga de la composición; incluso, la
bengala del capitán general
Fernando
Girón parece apuntarle. ¿Qién será éste
militar que porta bengala de general?
Sólo había dos en la defensa, ambos
maestres de campo generales. Uno,
Agustín Mejía, a quien creemos haber
identificado en el mismo lienzo; el otro,
nuestro marqués de Cropani. Cierto que
no aparenta los 75 años que entonces
tenía de edad, pero ello podría explicarse
por la antigüedad del retrato que
Zurbarán usó como mode- lo, que no
parece haberse conservado y que, en
todo caso, tampoco aparece tan
temporalmente lejano al empleado por
Maino para inmortalizarle en su lienzo
sobre la recuperación de Salavdor de
Bahia, ambos ejecutados en 1635 para el
Salón de Reinos.
IZQUIERDA: Detalles del lienzo de Maino
sobre la recuperación de Bahía. Las
figuras centrales representan a los man-
dos militares de la expedición: en primer
termino el Conde-Duque de Olivares, que
señala el cuadro donde Felipe IV es coro-
nado  con el laurel de la victoria. Detrás
de él, el capitán general Fadrique de To-
ledo, ligeramente inclinado para facilitar
que las lineas de fuga de la composición
converjan sobre la efigie de Olivares.
Pero, ¿quién es el personaje que aparece
inclinado ante don Fadrique? Solo podía
tratarse de su inme- diato subordinado, el
marqués de Cropani, jefe de la infantería
embarcada y responsable de las
operaciones terrestres ante San Salvador
de Bahía. ¿No se asemeja esta figura a la
representada por Zurbarán, incluso
hasta en la edad que trasluce,
evidentemente anacrónica con la que
entonces tenía nuestro marqués?
QUEZ DE CROPANI (Málaga, ca. 1552-53  — Lisboa, ca. 1627).