RODRIGO DE RIPALDA (1501-1536), SOLDADO INFª ESPAÑOLA
(1517), ALFÉREZ (1520-24), CAPITÁN (1524-1533), MAESTRE DE CAM-
PO (1533-1536).

PRIMEROS SERVICIOS
Camarada de armas e íntimo amigo de Juan de Urbina, en cuya compañía comenzó
a servir desde que marchó a Italia con apenas 17 años de edad. Era su alférez (1521-
24) cuando aquel obtuvo licencia para Nápoles (San Remo, 8.X.1524), por lo quedó
gobernando la compañía, de la que sería capitán titular al prescribir el plazo de la li-
cencia concedida al anterior. En otro lugar hemos referido extensamente las gestas
de Urbina, de sus hombres y subalternos mientras que éste mandó la compañía, pe-
ro no tardaría Ripalda en señalarse también al frente de ella. Durante la marcha del
reducido ejército imperial (12.500 hombres) desde San Remo a Stradella,junto a Pa-
vía, adonde llegaron el 21 de octubre, Lombardía había sido invadida por un podero-
so ejército francés al mando de Francisco I en persona. La situación era tal que el vi-
rrey de Nápoles, Carlos de Lannoy, jefe del ejército, decidió abandonar Milán y Cre-
mona para concentrar la defensa en Pavía y Lodi. Sin embargo, ante la insistencia
del marqués de Pescara de no abandonar Milán sin intentar defenderla, le concedió
5 compañías de infantería española —una de ellas, la de Ripalda— otras 5 alemanas
y 3 de caballos que entraron en la ciudad al anochecer del dia 22, donde se hallaba
Hernando de Gonzaga con otras 3 compañías de caballería ligera y la guarnición del
castillo, toda italiana y del duque Maxilimiano Sforza. Al amanecer del día siguiente,
la campiña circundante estaba ya infestada de franceses. Ripalda se ofreció volunta-
rio a salir para capturar algunos prisioneros de los que obtener información sobre
las fuerzas que traía el enemigo, siendo el sargento de su compañía, Cristóbal Arias
quien logró apresarlos. Del interrogatorio se supo que Francisco I se hallaba a tres
millas de la ciudad, con 25.000 hombres, habiendo llegado antes la vanguardia al
mando del Almirante Bonnivet con parte de los gascones y la coronelía italiana de
Federico Bozzolo.

Ante la noticia, inmediatamente se cursaron órdenes de que formase la gente para
evacuar la plaza —excepto la guarnición del castillo—antes de que se estrechara el
cerco, saliendo aquella misma mañana por la Porta Romana. El contingente, de u-
nos 3.000 hombres, pronto llamó la atención de los batidores de Bonnivet,que mar-
chó tras ellos con más del doble de efectivos. Sabiéndose perseguido, el marqués de
Pescara dispuso una emboscada con 500 arcabuceros españoles, de las compañías
de Alonso de Quesada y de Ripalda, que el propio marqués mandó en persona. Los
franceses, confiados en su victoria y encelados con lo que presagiaban rico y fácil bo-
tín, apretaban su marcha para caer sobre el cuerpo en retirada cuando la arcabuce-
ría española,oculta a ambos lados del camino de Lodi, cerca de San Donato, provocó
tal mortandad y tan imprevista,que los franceses emprendieron una precipitada huí-
da. Aquel hecho de armas, si no de considerable magnitud, no careció de importan-
cia, máxime considerando que la fuerza total de la infantería española presente en-
tonces en Lombardía consistía tan solo de 11 compañías, seis de ellas en Pavía.

Los brillantes y prolijos hechos de armas de Ripalda salpican las historias y memo-
rias, sobre todo coetáneas, donde a menudo se le hallará por Ripalta, Ripalde, Rui-
palda o  Ripaltus, pero una vez referido su bautismo de fuego como capitán, habre-
mos de ser mas sucintos con los sucesivos. Durante el cerco de Pavía, que los fran-
ceses comenzaron el 24 de octubre de aquel mismo año, dos de los soldados de su
compañía —uno de ellos su propio alférez,  Cisneros— urdieron una ingeniosa estra-
tagema para meter en la plaza los dineros que impidieron el motin de la guarnición
alemana (Oznayo,432; Sandoval,61), la mas nutrida a las órdenes de Antonio Leiva,
cuya resistencia permitió que el rehecho ejército cesáreo venciera al  sitiador y apre-
sara a su propio rey, Francisco I, en el curso de una batalla en la que la arcabucería
de Ripalda volvió a señalarse (24.II.1525).En efecto, refiere Cereceda (I,122, 124)
que
«el marqués de Pescara mandó al capitan D.Alonso de Córdoba y al capitan Ro-
drigo de Ripalda, que tomasen 200 arcabuceros y fuesen a estar en guardia y defen-
sa de la caballería; ...D. Alonso de Córdoba y el capitan Rodrigo de Ripalda, con los
200 arcabuceros españoles estaban en guardia de la gente de armas española,que es
cosa de no creer el gran daño que los franceses recibieron, pues lo que la infantería
hizo, en especial la arcabucería, debo callar porque no bastaria mi pluma a decirlo»
.

INFORMA AL EMPERADOR SOBRE LA DEFENSA DE NAPOLES
Reincorporado Urbina al ejército (1526),ya maestre de campo,volvieron a servir jun-
tos en el asalto y conquista de Roma (5.V.1527) y asedio del castillo de Sant’Angelo
hasta la capiulación de Clemente VII (4.VI.1527), de la que Ripalda fue uno de sus
signatarios (Gregorovius, 1869; Cadenas, 1974). En virtud de la misma, el 8 de junio
entró con su compalía en Ostia,plaza y puerto del que fue designado castellano, pero
donde dejaría un teniente en febrero del año siguiente para acudir al socorro de Ná-
poles, invadida por los franceses. De nuevo peleó junto a Urbina en todas las accio -
nes que éste protagonizó durante el asedio de la ciudad,
referidas en su biografía, a
la que de nuevo remito al lector. Fueron tan señalados sus servicios en aquella me-
morable defensa que el príncipe de Orange escribía a Carlos V (9.IX.1528), que en -
viaba a la Corte para darle cuenta cabal de lo acontecido durante el asedio
«al capi
tan Rodorico de Ripalta, informadísimo de todo y que ha tenido gran parte en dicha
victoria»
[U. Robert,«Philibert de Chalon, Prince d'Orange (1502-1530).Lettres et
documents», Boletin RAHE, tomo XXXIX (1901), pg. 191 doc. 124]. El secretario del
Emperador y comisario general del ejército, Juan Pérez, le acreditó como sigue:
«Y
pues del Capitán Rodrigo de Ripalda Lator Puente (persona que en esta victoria que
Dios ha dado a V.M. y en todas las otras pasadas no ha sido poca parte) será muy
bien informado de todo, suplico a VM le mande dar el crédito que a mi persona sien-
do presente VM daría»
. [J. Pérez al rey, Nápoles, 3.IX.1529. RAHE, Col. Salazar y
Castro, A-43, f.152].Ripalda no solo informó puntualmente al Emperador, que le re-
cibió en el alcázar madrileño el 27 de setiembre del mismo año, sino que supo gran-
jearse su confianza, como adelante veremos. Ignoramos la merced que pudo recibir
como portador de tan faustas noticias, máxime considerando que el Emperador aun
las desconocía, pero obtuvo una licencia de 3 meses para visitar a su familia. De re -  
greso en la Corte, Carlos V le despachó a Nápoles a primeros de enero, reportando
el virrey su llegada el dia 25; pero enseguida hubo de partir a Ostia, cuya restitución
al Papa preveía el tratado de Barcelona (29.VI.1528). Como la devolución debía pro-
curarse en el mismo estado en que se había rendido,  Ripalda no pudo cumplir tales
condiciones hasta el 17 de marzo; pero Civitavecchia lo hizo mucho después.

Cabe suponer que regresara a Nápoles a tiempo de abarzar a Urbina antes de que és-
te se ausentara en mayo del reino,pero es más dudoso que pudiera hallarse en el  se-
gundo matrimonio de su camarada, celebrado en Nápoles, probablemente a princi -  
pios de 1529 con doña Francisca, hija del capitán aragonés Luis de Viacampo, que en
el lapso de 6 meses perdería primero a su marido (IX.1529) y enseguida al padre (II.
1530).Al conocer la muerte de su amigo,Rodrigo concibió la idea de erigirle un mau-
soleo en la iglesia existente al pie de la colina de Posillipo (Santa Maria de Piedigro-
tta),en cuyos altos estuvo instalado uno de los campamentos franceses durante el a-
sedio de 1528; sin duda, doña Francisca María se involucraría también en su ejecu -
ción porque se concluyó en 1531, fecha en la que Ripalda, que compuso el epitafio,
ya no se hallaba en Nápoles. El Emperador le había llamado a Bolonia para que se
hallara en su coronación imperial, pero ua desde el verano anterior sirvió de enlace
personal entre Carlos V y Philibert de Châlon, príncipe de Orange, virrey de Nápoles
y su lugarteniente general en Italia, encargado del asedio de Florencia. Celebrada la
coronación (22.II.1531), el príncipe le reclamó a su lado [Robert, op.cit., t. XL, 1902,
pág.412], pero el César no le dejaría partir hasta que inció su marcha hacia Alemania
desde Mantua, en abril. En la rica correspodencia entre ambos, publicada por Ulysse
Robert (1901-1902), se le cita muy a menudo; entre ella hallamos un hecho muy re-
velador del aprecio que el César le dispensaba. El 10 de abril de 1530, se quejaba el
de  Orange de cierta discrepancia que creía haber advertido entre las instrucciones
del Emperador y las que le habia transmitido verbalmente Ripalda. En su respuesta
(21.IV), Carlos V adoptó cierto aire de severidad, siendo la única ocasión en que le
rehusa el apelativo de primo, dirigiéndose a él como príncipe. Luego, entrando en
materia, añadirá:
«En cuanto a lo que Ripalda os ha dicho, no lo ha malinterpretado
del todo, pues mi intención es que …»
. [Ibid., pg. 479, no. 329].

MAESTRE DE CAMPO
Cuando Ripalda se incorporó al ejército que sitiaba Florencia se reencontró con su
compañía, que había mandado en el entretanto su alférez, el ya citado Diego de Cis-
neros. Se halló en repeler la gran salida de los florentinos del 6 de mayo, cuando ata-
caron las trincheras de Monte Oliveto; e igualmente en la decisiva victoria de Gavi -
nana (3.VIII.1530), donde murió el principe de Orange, que obligaría a Florencia a
capitular su rendición ante su sucesor, Alfonso de Avalos, marqués del Vasto y de
Pescara, el 12 de agosto del mismo año. Luego fue uno de los capitanes que integra-
ron el primer contingente de infantería española que recibió el nombre de Tercio,
formado en Asis el 1 de mayo de 1531, donde también ocuparía plaza de capitán su
antiguo alférez, con el que asistió al socorro de Viena (setiembre de 1532), que he-
mos  referido al pomenor en la biografía de
Francisco Sarmiento. De regreso de di -
cha expedición, y de escoltar al Emperador hasta Génova (9.IV), todavía formando
parte del tercio de Machicao, marcharon las 13 compañías en dirección a la costa a-
driática para separarse en Ancarano, apenas cruzado el rio Tronto, frontera del rei-
no, donde el 12 de mayo de 1532 quedó contituído el
Tercio de Nápoles o del Reyno,
con cinco compañías, y Rodrigo de Ripalda por maestre de campo de ellas. Luego se
dirigió a Manfredonia, donde tuvo su primer acuartelamiento, al objeto de repeler
posibles ataques turcos. En 1534 se hallaba ya en la capital partenopea, donde una
revista reporta 1560 soldados (AGS,E,1019) y otra del año siguiente (AGS,E,1022),
revela que mantenía las mismas compañías iniciales, pero incrementado sus efecti-
vos hasta 1613 hombres. Aprovechando esta pacífica estancia en Nápoles, Ripalda
contrajo matrimonio con la viuda de
Juan de Urbina, la mencionada doña Francisca
de Viacampo,como revela la lápida del sepulcro que dicha señora levantaría a su me-
moria en la misma iglesia en la que éste erigió la de su amigo Urbina.

En la primavera de 1535 embarcó con su tercio hacia Cerdeña, donde convergerían
las fuerzas levadas en España e Italia para la conquista de la Goleta (24.VII) y Túnez
(31.VII), quedando después en Sicilia, para invernar de nuevo en Nápoles. En abril
del año siguiente, su tercio formó la guardia del Emperador cuando éste entró en
Roma (15 de abril), de donde partieron a la segunda invasión de Provenza, tan esté-
ril como la primera y que aparejó las mismas consecuencias: el contraataque francés
en Italia mientras el ejército cesáreo se adentraba en suelo enemigo. De nuevo hubo
de darse la vuelta a machas forzadas, en esta ocasión para defender los estados del
duque de Saboya. Ripalda, con 4 de sus capitanes, no cubrieron toda la retirada, ya
que se embarcaron en Niza, en las galeras de Andrea Doria, para escoltar al Empera-
dor hasta Génova. Es de destacar que dichas compañías habían formado la guardia
del Emperador desde que se formó el campo ante Aix-en-Provence, no hallándose
con las restantes de su tercio en toda la jornada. El emparador embarcó en Génova
el 15 de octubre y el 20 Ripalda se incorporó con las restantes de su tercio en Riva de
Chieri, una diligencia que le costaría muy cara. El 23 de octubre el ejército se puso
sobre Chieri a la que se plantaron 2 baterías.A la mañana siguiente comenzó el bom-
badeo y al mediodía se habían practicado dos brechas. Yendo a reconocer una de e-
llas, «
ab defensoribus archibusi ictu pectus transoditur». Así narra su muerte la lápi-
da sepulcral que su compungida esposa —«
lacrimis jugiter manantibus»— erigió a
su memoria. Dice también en ella que Rodrigo vivió 35 años, 7 meses y 10 dias, pero
fijó su muerte el 1 de noviembre de 1536 —
obiit Calend. Novemb.— cuando ésta ha-
bía acontecido una semana antes.

Carlos V, que la supo en Génova, el 29 de octubre, debió de sentirla, lo cual no le im-
pidió ordenar el mismo día que «
pues la compañía de Rodrigo de Ripalda está vaca
por su fallecimiento, debéis mandar luego que se consuma, y que la gente della se re-
parta entre las otras compañías de españoles que tuvieron menor número de gene
».
[Co.Do.In, XVI, 1850, pág. 256].Desconozco si el Emperador sabía que aquella com-
pañía servía al rey de España desde antes que él lo fuera, habiéndola mandado suce-
sivamente dos de los más loados soldados de su tiempo, ambos muertos prematura-
mente y en circunstancias muy parecidas, además de camaradas y grandes amigos:
Juan de Urbina y Rodrido de Ripalda, hermanados en las fatigas de la guerra y en el
descanso eterno, pues sus restos recibieron sepultura, uno junto al otro, en la iglesia
de Santa Maria de Piedigrotta, en Mergellina, extramuros de Nápoles, al pie del anti-
guo túnel (grotta) que los romanos excavaron en el siglo I para facilitar la comunica-
ción con Pozzuoli. Los sepulcros ya no siguen allí, aunque la iglesia todavía perma -
nece en pie. El último que, con certeza, los contempló fue Nicolás de la Cruz, el año
1804; Benedetto Croce (1949),que los describe sumariamente,hubo de basarse en
el precedente trabajo de Carlo Celano, de finales del siglo XVII. [
Le notizie del bello
dell'antico e del curioso della città di Napoli,
tomo IV, pg. 621, de la que existe una
moderna reedición, Napoli, Mario Miliano, 1969-78).

                                                                                         © JUAN L. SÁNCHEZ.
El pueblo, o aldea, de Artaza visto desde el
mirador de Ubaba, más conocido como
balcón de Pilatos. Se halla en el Valle de
Améscoa Baja, junto a  Barindano, Ba-
quedano, Gollano y Zudaire. El capitán
Cisneros, que fuera su alférez largos años,
afirmó que Ripalda era natural de Artaza,
topónimo vasco que significa encinal y
que llevan otros lugares en Alava y la Rio-
ja. Como su lápida sepulcral dice que era
navarro, puede fijarse su cuna en el lugar
de la foto, aunque tengo mis dudas. En
primer lugar porque la referida lápida data
erróneamente la fecha de su muerte y,
aunque un yerro no tiene por qué conlle-
var otros, no deja de pesar; pero hay más.
El secretario del Emperador, Juan Pérez,
le hacía vasco y su gran amigo Juan de
Urbina —sobre cuyo lugar de nacimiento
tampoco hay consenso— le reputa de pai-
sano. El Artaza de Alava cuadraría mejor
las piezas del puzle, pero por ahora puede
más la epigrafía lapidaria.
Francisco Fernando de Avalos, marqués
de Pescara, dirige el ataque de los arca-
buceros españoles sobre la caballería
francesa en la batalla de Pavía (Detalle  
del tapiz no. II de la serie de siete, tejida  
en Bruselas, que conserva el Museo de
Capodimonte, en Nápoles).
El castillo y amtiguo puerto romano de Os-
tia, en la desembocadura del Tiber. Ripal-
da fue su casttellano desde 8.VI.1527 has-
ta 27.III.1529, en que la restituyó al Papa
con mayor puntualidad que Civitavecchia.
Sin embargo, habia dejado en Ostia un
teniente en febrero de 1528, para hallarse
en la defensa de Nápoles (Civitatis Orbis
Terrarum, IV, 1588).
Juan de Urbina fué el primer y único ca-
pitán bajo el que sirvió Ripalda desde el
comienzo de su carrera, por quien sentía
una profunda admiración que acabaría
trocándose en sincera amistad. Erigió el
mausoleo del primero y también casaría
con su viuda.
En Ancarano, antigua provincia de
Abruzzo Ultra, al separse cinco compa-
ñías del tercio matriz de Machicao, quedó
constituído el "Tercio del Reyno", tam-
bién llamado de Nápoles y de las "Nueve
banderas" en su breve existencia. Ro-
drigo de Ripalda fue su primer MdC
Chieri, al S.E. de Turín estaba provisto de
varios cordones murados, concéntricos,
todavía rastreables al divisar la ciudad
desde el aire. Sin embargo, el lugar más
alto de la misma no estaba reservado al
castillo, sino a la catedral.
RODRIGO DE RIPALDA LATOR Y PUENTE
(Artaza, Navarra, 1501 — ante Chieri, Italia, 24.X.1536
La entrada al túnel de Posillipo, en un
grabado francés del siglo XVIII