PEDRO DE LA PUENTE Y HURTADO DE ULLOA (1605-1667), BARÓN
DE REIFFENBERG, SOLD. CABª IMPERIAL (1624), TENIENTE (1625),
CAPITAN (1629), TCOL (1631), CORONEL DE DRAGONES DEL REY DE
ESPAÑA (1637), CASTELLANO DE OTRANTO (1643-45) Y DE GAETA
(1645-6), GOBERNADOR DE ORBETELLO (1646-62) y de PAVIA (1652-
58), CASTELLANO DE SAN SALVADOR DE MESSINA (1662-67).

Aunque Chavarría excogitara una presunta ascendencia valenciana, su coetáneo el
capitán Vicente de Albornoz —por cierto, valenciano— señaló su solar en las mon-
tañas de Santander; sin embargo, creo probable que naciera en los Países Bajos, o
en Luxemburgo, donde en todo caso debió criarse desde muy jóven. Aunque se titu-
ló, por su matrimonio, barón de Reiffenberg (hoy Reisenberg, Austria), que trans-
mitió a su progenie, y también su hijo José Miguel fue,
iure uxoris, conde de Rodes
y barón de Limale, no he logrado —salvo fijarla en Hoznayo— precisar su ascenden-
cia, empeño que no debería resultar problemático habida cuenta la notoriedad de
sus descendientes, que se titularon marqueses de la Puente de Ulloa y barones de
Reiffenberg en el Sacro Romano Imperio; así como condes de Rodes, barones de
Limale y señores de Ottenburg, Bierge, L'Abbé de St. Michel o Sainte-Agathe, en la
actual Bélgica.
El Archivo de Simancas preserva dos relaciones de sus servicios militares, una sien-
do coronel y otra gobernador de Orbetello; sin embargo, nos hemos valido para re-
construírlos de la que presentó en 1682 su hijo Antonio, gobernador de Ariano
(AHN,E,2078). Según ella, comenzó a servir en los ejércitos del Emperador el año
1624, pasando por todos los grados hasta el de teniente coronel de caballería del re-
gimiento von Reiffenberg, su futuro cuñado, empleo que ya tenía en 1631, cuando
asistió al  sitio y toma de Magdeburgo, hallándose después en la de Regensburg (22.
VII.1634) antes de cooperar con las tropas españolas en la victoriosa batalla de Nor-
dlingen (6.IX.1634). Tras la derrota del ejército imperial en Wittstock (4.X.1636), el
regimiento fue desmovilizado y el Emperador le concedió un entretenimiento con el
grado de coronel reformado, recomendando sus servicios al rey de España. El 7 de
mayo de 1637, mendiante patente de don Fadrique Enríquez de Luján (1594-1660),
castellano de Milán y embajador de Felipe IV en Viena, levantó en el Tirol un regi-
miento de dragones de 6 compañías y 600 jinetes, que pasó a servir en el Estado de
Milán, donde fue muy apreciado del marqués de Leganés, que ordenó pintar su re-
trato —ya en la Corte— a Santiago Morán para su pinacoteca de Morata de Tajuña,
hoy preservado —aunque sin identificar— en el Palacio del Senado. El conde de Clo-
nard (1853) y su epígono Sotto y Montes (1968) afirman que esta unidad, levada se-
gún el primero en Innsbruck el año 1635, fue la más antigua del instituto de drago-
nes en la historia militar española; pero, aunque se hubiera levantado aquel año
,
tampoco habría podido disputarle l
a primacía a la que ordenó formar el Cardenal In-
fante en agosto de 1634 a Pedro Santacilia y Paz de Togores (1592-1669), caballero
calatravo. El general Almirante intentó restar importancia
al hecho, objetando que
su función era la misma que habian desempeñado los arcabuceros a caballo,
siendo
lo
cierto que, hasta entonces, habían formado siempre compañías independientes  y
que no fue hasta 1634 cuando se creó la primera gran unidad, tipo trozo, tercio o re
-
gimiento en aquel instituo montado.
Tras distinguirse en diversas acciones (Chivasso, Ivrea, Pontestura, Coniolo, Turín,
etc), y restaurar su regimiento mediante una leva de 300 croatas (1640), regresó a
Alemania para reclutar 5.500 hombres (1642), servicio que le fue recompensado
con la castellananía de Otranto (1643-45), mejorada en 1645 con la Gaeta, ambas en
el reino de Nápoles. En 1646, ante la amenaza de un ataque francés a los presidios
toscanos, materializada poco después, fue designado
gobernador de Orbetello. Re-
fiere Matías de Novoa que, al principio de aquel asedio (20.V.1646), se acordó que
los españoles no bombardarían cierta casa donde se acuartelaba el príncipe Tomás
de Saboya y que, a cambio, éste se comprometió a respetar la del gobernador
«en
consideracion de que se hallaba en ella su mujer e hijos y otras damas de la tierra»
;
no obstante, los franco-saboyanos inclumplirían el pacto «metiendo dentro della en
un dia solo mas de 14 cañonazos, de que se disculparon frívolamente diciendo que
habia sido descuido de los artilleros»
. El 18 de julio, ante la llegada de un ejército de
socorro, los sitiadores se vieron obligados a levantar preciptadamente su campo, a
-
bandonando toda la artillería. A pesar del éxito, a Pedro de la Puente se le formarían
cargos en 1648,cuyo tenor desconocemos porque el sumario desapareció durante su
instrucción. Chavarría apunta a «ciertas acusaciones vertidas contra él por el conde
de Oñate, sucesor del duque de Arcos en el virreinato»
, probablemente en relación
con la pérdida de Portolongone, en la isla de Elba, que se había rendido a los france
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ses el 29 de octubre de 1646. El suceso parece lejano y ajeno a las competencias del
gobernador de Orbetello, que no era vicario general de los Presidios y, en todo caso,
solo tenia jurisdicción sobre su plaza y la vecina Talamone. Lo cierto es que, el 25 de
marzo de 1648, Antonio Ronquillo, embajador en Génova, le pidió una
«relación de
lo que había sucedido durante el asedio en vista de la disonancia de avisos que sobre
el mismo particular habian llegado»
. Pedro compuso entonces su «Descripción de
los presidios de Orbitelo, su iurisdicion, y confines, y la relacion del sitio que pusie
-
ron franceses sobre aquella plaza el año de mil y seiscientos y quarenta y seis», que
imprimiría a sus expensas en 1652, precedido de la referida carta. El interesado se
presentó con su descargo en la Corte pero, al saber que en el Consejo de Italia —que
entendía el asunto— se había
traspapelado el sumario y temiendo alguna encerro -
na, optó por refugiarse en Roma.
El retrato de Pedro de la Puente que el
marqués de Leganés encargó en la corte
al pintor madrieño Santiago Morán (del
cual se conservan muy pocas obras), para
la pinacoteca de su palacio en Morata de
Tajuña (hoy desaparecido). La pintura,
tras numerosas vicisitudes acabó reca-
lando en el Palacio del Senado, donde se
preserva (CAT. 125 mod.), aunque sin
identificar a
quien representa. El conse-
guirlo no ha supuesto ninguna dificultad,
ya que el lienzo conserva todavía el nú
-
mero de la catalogación primitiva del  in-
ventario de Podestà.
La patente para la formación del regi-
miento de dragones de Pedro de la Puente,
que desvelamos en este artículo, esta-
blece incontrovertiblemente su formación
en 1637, dos años posterior a la que le
adjudicara Clonard (Hist. Org., IV, 1476).
La primera unidad de dicho tipo en el arma
fue la que el Cardenal Infante ordenó for-
mar, a paertir de 5 compañías de infan-
teria a Pedro de Santacilia, a finales de
agosto de 1634, como refirió minuciosa-
mente Diego de Aedo y Gallart en Le
voyage du Prince Don Fernando Infant
d'Espagne Cardinal... Anuers, chez Lean
Cnobbart, 1635, traducida al castellano en
1637 (Viage sucessos y guerras del Infante
cardenal. Madrid, Imprenta del Reyno).
ARRIBA: Retrato ecuestre de Pedro de
Santacilia (col.part). ABAJO. El asedio de
Orbetello (20.V a 18.VII.1646), grabado por
Merian para el Theatrum Europaeum.
Allí permanecía cuando, en el verano de 1650, Felipe IV le comunicó por mediación
de Rodrigo de Sandoval, VII Duque del Infantado y su embajador ante la Santa Se -
de, que nada le impedía regresar a Nápoles si era su deseo. La solución tardaría aún
dos años en
cuajar, debido a un conflicto de competencias suscitado entre el Conse-
jo de Italia y el de Estado, pero finalmente  Pedro de la Puente era promovido a la
castellanía de Pavía, por patente de 6 julio de 1652, «
en sustitución del fallecido Pe-
dro de Tapia, conservando la gobernación de Orbetello», con el doble del salario or-
dinario, justificado mediante pluses de dotación y acrescentamiento.

EL ASEDIO DE PAVIA DE 1655.
Cúpole defender la misma plaza donde 130 años atrás tanto crédito recibiera Anto -
nio de Leiva; pero el asedio de Pavía de 1655 ha pasado casi de puntillas por la his-
toriografía militar, aunque el ejército sitiador, formado por una coalición franco-sa-
boyano-modenesa bajo el mando del príncipe
Tommaso de Saboya (1596-1656), se-
cundado por Francisco I d’Este (1610-1658), Duque de Modena (1610-568) y el re -
putadísimo príncipe Ruprecht del Palatinado (1619-1682), fuera superior en efecti -
vos al que comandara Francisco I. Como en el segundo de los asedios de Pavia todo
aparece disminuído, cuando no disimulado o tergiversado, no sobrará recordar que,
durante los 52 dias de cerco (23 de julio – 13 de setiembre), los sitiados «s
alían ca-
da día a dar mil rebatos
» (Barrionuevo), que dirigía personalmente el coronel de la
Puente desde que entrara en la plaza el conde Juan Galeazzo Trotti (1599 – 1670),
capitán general de la caballería napolitana del ejército de Lombardía, para asumir el
mando supremo de la defensa. Particularmente efectivas fueron las del 6 y 22.VIII,
que causaron gran mortandad entre los sitiadores; en la primera murió un caballero
de Grancey, hermano o nieto del mariscal de Francia, así como el general modenés
Tobias Palaviccino; en la segunda, refiere Barrionuevo que
«Pedro de la Puente, es-
pañol, hombre muy de hecho, ha dado sobre el enemigo dejándole tan castigado que
murieron mas de 2.000 soldados de los mejores que tenía allí el Príncipe Tomás,con
que se espera que por esto y ser ya el tiempo tan adelante, será fuerza durar poco so-
bre aquella plaza
».
Con todo, quizá la de mayor consecuencia fuera la del 7 de setiembre, cuando  Pedro
de la Puente, zarpando de Pavía por el Tesino a favor de la noche y  «
a cencerros ta -
pados
», con una flotilla de 80 galeotas y barcas artilladas, sorprendió y capturó en
San Zenone al Po un convoy modenés de barcazas, cargadas de víveres y munciones
para el campo sitiador. De suerte que, mientras la plaza se aseguraba las subsisten -
cias hasta finales de octubre, al enemigo no le quedaba más recurso que levantar su
campo o intentar un asalto a la desesperada. Ya se habia rechazado uno el 30 de a-
gosto, pero Tommaso, tocado por el «mal de orina» que le llevaría a la tumba, deci-
dió jugárselo todo a una carta el 13 de setiembre. Se peleó denodadamente de sol a
sol, pero el asalto fue repelido,perdiendo los atacantes más de 3.000 hombres y, en-
tre los heridos, el Duque de Módena, que consiguió escapar aunque su hijo fue cap-
turado. A media noche, los vencidos levantaron su campo, pero los sitiados salieron
contra ellos, incluyendo a numerosos civiles armados y la práctica totalidad de los
estudiantes, que se apoderaron de la artillería y el bagaje, así como de gran cantidad
de víveres y armas. Los que pudieron escapar a la furia de los perseguidores cayeron
en manos del
marqués de Caracena, que desde Novara controlaba los pasos para a-
cudir al socorro de la plaza. No sin razón y —contrariamente a lo que aparenta, exen-
to de exageración— escribía Barrrionuevo el 6 de octubre: «
Ahora se dice que no ha
quedado hombre de los enemigos que no haya sido preso o muerto, asi de los que sa-
lieron de Pavia como de la gente del marqués de Caracena
».  Paradójicamente, una
especie de consenso historiográfico planea sobre aquelllos hechos, propugnando un
levantamiento del cerco debido a la inminencia del socorro y enmascarnado aquel
desastre inapelable.

Pedro de la Puente se mantuvo en Pavía hasta la conclusión efectiva de las hostilida-
des (1658). Allí escribió un tratado militar, impreso en la misma ciudad por Giovan-
ni Andrea Magri (1657), que tituló
Los soldados en la guardia y publicó junto con u-
nos
Apuntamientos políticos, también de su cuño, en un volumen  de 472 páginas.
Después fue designado presidente de la provincia de Salerno (1658-62) para repri-
mir el bandidaje y, aunque no obtuvo ninguna de las promociones que solicitó (el
gobierno de Portolongone o el mando del Tercio de Sicilia), fue recompensado con
un asiento en el consejo de guerra de dicha isla, a la que acudió  en 1662 para hacer-
se cargo de la
castellania de San Salvador, en la bocana del puerto de Messina, don -
de falleció cinco años después. El castillo de San Salvador fue, hasta que posterior -
mente se erigiera la ciudadela (1684), el más importante de aquella imponente pla-
za de armas, piedra angular del sistema defensivo de Sicilia.

PROGENIE:
Pedro de la Puente casó con Ève-Ëléonore de Reiffenberg, hija de Elisabeth v. Reif-
fenberg, baronesa de Ursenbeck y de de Jean Thierry, baron de Reiffenberg y del S.
R.I., coronel del Emperador, comandante de la fortaleza de Komoron, consejero del
Consejo Áulico de guerra, chambelán y jefe de la Guardia imperial. El matrimonio
procreó cinco hijos:

1.—José Miguel de la Puente Reiffenberg, capitán de caballos en Flandes, que casó
con Clara de Ulloa —hija de Eugenio Ambrosio Lopez de Ulloa, conde de Rodes, III
barón de Limale, y de su esposa Jeanne-Françoise de Herzelles— en la que tuvo a:
a).—Fernando-José de la Puente y Ulloa, I marqués de la Puente de Ulloa, conde de
Rodes, baron de Limale, chambelán honorario del Emperador Carlos VI y después
de la Emperatriz-reina, maria Teresa de Austria, que casó (1724) con Eléonore-Ma-
rie van de Werve (1698-1726).
b).—Teresa de la Puente.

2.—Francisco de la Puente Reiffenberg, maestre de campo de un tercio de caballería
española en Flandes (reformado en 1698). Casó con NN. de Ibáñez, en la que tuvo a
Francisca de la Puente Ibáñez, que desposó (1706) a Juan Antonio de Ceballos-Es -
calera, capitán del R.I. ZAMORA, de quienes desciende el actual marqués de la Flo-
resta.

3.—Dr. Juan Antonio de la Puente, que estudió leyes y sirvió durante 25 años en la
administración territorial siciliana y napolitana, siendo gobernador  de Ariano, Fog-
gi y Lagusliveri, asi como juez asesor del gobernador de las provincias de Calabria
Ultra, Citra y Catanzaro.

4.—José Claudio de la Puente y Reiffenberg, y

5.—Teresa de la Puente.

                                                                                                              © JUAN L. SÁNCHEZ.
También conserva el Palacio del Senado,
en Madrid, el retrato de Gian Galeazzo di
Trotti-Bentivoglio, II conde de Casale Cer-
mello, I de Robbio, señor de Fresonara,
Vinzaglio y Pisnengo, Caballero de Santia-
go y comendador de Bienvenida. Procede
de la colección del marqués de Leganés
(no. 1315 del catálogo de Podestá), inven-
tariado al no. 121 por su propietario actual.
Según los autores de "El Arte en el Sena-
do" (Madrid, 1999), pg. 50, conserva la ins-
cripción: «Conde Galeasotrot, teniente
g.al», lo que permite datar su autoría entre
1643-1652, en que fungió el empleo de te-
niente general de la Caballería Ligera del
Ejército de Lombardía.
Francesco I d'Este, Duque de Módena y
Reggio, fue primeramente —como Tomma-
so de Saboya— aliado de España e incluso
su tío Reinaldo y su hermano Borso manda-
ron regimientos de infantería al servicio de
Felipe IV. Sin embargo, seducido por el
dinero de Mazzarino, se pasó de bando en
1644 y, tras la muerte de Tommaso, mandó
en jefe de las tropas ccoaligadas en Italia.
Murió en Shantià (14.X.1658), tras haber
conseguido rendir la plaza de Mortara
El Príncipe Ruperto, conde palatino del
Rhin, hijo del Elector palatino Federico V y
de Isabel Estuado, era sobrino del rey Car-

los I de Inglaterra, cuya caballería mandó
en la guerra civil inglesa hasta la batalla de
Naseby (14.VI.1645), en que hubo de
abandonar
el país. Tras luchar en Alema-
nia, Italia y los Paises Bajos, regresaria a
Ingla
terra con la restauración  de su primo
Carlos II. Mandó la armada inglesa y fue
primer lord del Almirantazgo (Lord High
Admiral)
antes de fallecer en Westminster,
el 29.XI.1682.


PEDRO DE LA PUENTE Y HURTADO DE ULLOA, BARÓN DE  
REIFFENBERG
(Hoznayo ?, Cantabria, ca. 1605 — Messina, 1667).