

| Medellín, dominado por su castillo medie- val, dormita su pretérita grandeza junto al omnipresente puente romano, al que ya le sobran ojos porque mengua el Guadiana. Aquí nació y casó el padre de Rodrigo y aqui nació él, como lo hicieron sus hermanas Violante (1545), Leonor (1551) y Beatriz (1553). Que Rodrigo abrió aqui los ojos, aunque no tan grandes como los pontinos, lo afirman dos testigos pero —maravillosa historia— su cuna se la disputan tres ciudades americanas (Lima, Sucre y Chuquisaca) cuando, de haber nacido allende los mares, habria sido en la Ciudad de la Plata de Nueva Toledo (hoy Sucre, Bolivia), adonde su padre fue destinado en 1554. Nadie, al menos que yo sepa, nos aporta una fecha de nacimiento y la más plausible, si tal fuera el caso, sería ca. 1556-57; o sea, que habría combatido en Lepanto, como soldado del Tercio de la Liga, con 14 ó 15 años. Con esa edad, y menor aun, había pajes, escuderos, mochileros —y, mas adelante, tambo- rileros—, pero éstos no cobraban sueldo ni pasaban muestras. No es el caso de Rodrigo que, como Miguel de Cervantes, hizo sus primeras armas en la "inmotal gloria" de Lepanto (7.X.1571). |
| El 25 de julio de 1596, hallándose vacante la presidencia de la Audiencia de Panamá por la muerte del licendiado Cárdenas, propuso el Consejo de Indias al rey una terna de sucesión en la que entraban 4 candidatos. Sobre cada uno de ellos trazaban un breve perfil de su carrera y, aunque Rodrigo figuraba en el último lugar, los redactores la informaron con mayor amplitud que las anteriores. Vamos a transcribir íntegramente el texto relativo a nuestro personaje, no sin antes señalar que —pese a lo que pueda aparentar su descuidada caligrafía— se trata de un texto fácilmente legible, muy diferente a los enrevesadísimos que hallaremos en los expedientes de informaciones sobre licen- cias para pasajeros a Indias. Se halla en A. G.I., PANAMA,1,no. 89, fols 2-3 y dice así: El capitan Rodrigo de ho rozco q a servido a v.m. des de el año de setenta y uno y se allo ē la batalla nabal y ē las demas jornadas q ubo asta el año de setenta y cinco despues fue a flandes cō el tercio de la Liga a dōde el S.or dō Juº y duq de parma le havētajarō por lo q se señalo ē la batalla de giblu y toma de mastriq, vino a portugal cō el tercio y allose cō don lope de figueroa ē la batalla de sã miguel y despues ē la toma de la tercera a dōde le dierō... |

| tres arcabuçaços y diole el marqs de S.ta cruz una cōpañia cō q se qdo ē la tercera, y des pues le dio otra ē lisvoa y allose ē la jornada de inga laterra y ē las demas q des pues ha avido llevando siē pre compañias a su cargo, allo se en portugal quº vino noris y el cardenal archiduq se sirvio mucho del y ultimamēte fue A vretaña por governador de la gente vieja de lisboa es hombre de cuidado y de espiriencia biē ētendido siē pre da su persona satisfaciō destos y de los q mas al guyº [juicio] de v.m.d cōvenga podra elegir v.m.d el q fuera servido de M.d y Julio 25 de 1596 NOTAS: La q va coronada de un guión o acento largo (como en ē,ō, ã) que no he conseguido reproducir, como tampoco muchos de los superíndices empleados en el original, que se han transcrito a tamaño normal sin negrita (p.e. en S.ta cruz). |

| Miguel de Cervantes (1547-1616), en un retrato de decimonónico de Balaca. Tenía, aproximadamente, la misma edad que Rodrigo y, como él, inició su carrera militar en «la mayor jornada que vieron y verán los siglos», aludiendo a la batalla de Lepanto (7.X.1571). En esa batalla militaron en unidades diferentes, pues Cervantes servía en el Tercio de Miguel de Moncada y Rodrigo en el de Lope de Fi- gueroa, llamado de la Liga. Pero en abril de 1572, hallándose ambos en Sicilia, fue- ron refundidos bajo el mando de Figueroa, pasando Cervantes a servir en la compa- ñía de Manuel Ponce de León. Aunque es difícil que ambos coincideran en ella, par- ticiparon desde entonces en las mismas acciones bélicas: asedio de Modon (1572), tomas de Túnez y Bizerta (1573); ambos estuvieron tambien prevenidos para el socorro de la Goleta (1574), que no logró salir de Messina antes de que los turcos la tomaran, junto a los dos nuevos fuertes construídos para mejorar las defensas de Túnez, donde fueron cautivados muchos camaradas. Miguel lo sufriría el año si- guiente, cuando regresaba a España, tras dejar el tercio. Rodreigo lo abandonaría el año siguiente, para enrolarse en una de las compañías más reputadas del Reino de Nápoles aunque, ya en Flandes, regresaría a su antigua unidad al obtener una plaza de alférez. |
| Modon, antigua fortaleza veneciana, era uno de los puertos más capaces del Jó- nico, aunque menor que los de Navarino o Corfú, que con la isla de Zante con- tinuaba en poder de la Serenísima. Dominado por una eminencia al N. (derecha del grabado), hubiera podido tomarse si D. Juan no hubiera diver- sificado sus objetivos. |

| Estado actual del fuerte de la Goleta, que los franceses llmaron Goulette y convir- tieron en el puerto de Túnez. La forti- ficación fue reconstruída en 1970. |

| (*) Tradicionalmente, incluso entre los subditos más fieles al rey de España, en Flandes se aceptaba de mal grado la pre- sencia de tropas foráneas, considerándo- se los naturales suficientes para su auto- defensa. No hubo problemas en 1544 porque Carlos V envió los tercios que hubieron de acudir en su auxilio a Hun- gría y a sus destinos de orígen, pero en 1561, los que había contribuído a las vic- torias de San Quintin (1559) y Graveli- nes (1568) se vieron obligados a eva- cuar los Estados por razones políticas, que volvieron a esgrimirse para forzar nuevas evacuaciones en 1577 y 1580. En 1582, persudidas ya las "provincias obedientes" de que su defensa era insos- tenible sin la infantería española, acep- taron definitivamente su presencia, que se prolongó hasta 1710, en que Felipe V cedió sus derechos sobre Flandes a Ma- ximiliano de Baviera, en compensación por la pérdida de sus estados, ocupados desde su derrota en Blenheim (1704). Es cierto que, excepción hecha del Namura- do y Luxemburgo, poco más quedaba de la herencia borgoñona bajo la autoridad del rey de España, pero tampoco puede predicarse, al menos objetivamente ha- blando, que los Tercios de Flandes salie- ran de allí vencidos. De hecho, a Namur y Luxemburgo había quedado reducida la autoridad del rey de España cuando Juan de Austria se vió abocado a llamar- los en 1577, apenas unos meses después de haberlos despedido. Pero en 1710 es- taba claro que para que un Borbón ciñe- se la corona de España, pese al apoyo francés, debían aceptarse las renuncias ya previstas —antes de la muerte de Car- los II— en aquellos tratados de reparto que inspiraron el de Utrecht |


| Según Geoffrey Parker (La Gran Armada, Madrid, Alianza, 1988, pág. 25), este caballero retratado por el Greco sería Alonso Martinez de Leiva, capitán de Rodrigo, a cuyas órdenes combatió en Gembloux (31.1.1578). Tras la muerte de Juan de Austria, Alonso regresó a Nápoles, siéndole confiado el mando de la compañía a su hermano Sancho Martínez de Leiva. Aunque a cargo de distintos capitanes, la compañía sirvió bajo el mismo tercio, el del ya difunto Julián Romero, al mando del SgM Francisco de Aguilar en Gembloux, y del MdC Fran- cisco de Valdés en el cerco de Maastricht (1579). En ambas acciones Rodrigo mereció ventajas sobre el suledo por su valor, concedidas por dos capitanes gene- rales diferntes: D. Juan de Austria la primera y Alejandro Farnesio la segunda. |