RODRIGO DE OROZCO (Medellin, c. 1548 - Lisboa, 1622) I MARQUÉS
DE MORTARA (1613), SEÑOR DE MONTEBELO Y BARISONZO (ITA -
LIA) Y DE OLÍAS EN ESPAÑA; SOLDADO INFª ESPAÑOLA (1571), AL-
FÉREZ (1578), CAPITÁN (1593), MAESTRE DE CAMPO INFª ESPª
(1597), GOBERNADOR DE ALESSANDRIA (1601-1621), CAPITÁN GE-
NERAL DE ULTRA PO (1614-1621), MAESTRE DE CAMPO GENERAL
DE PORTUGAL (1621-22), Y CAPITAN GENERAL ACCIDENTAL DE
PORTUGAL (1622).

ASCENDENCIA, HERMANOS Y DISCUSIÓN DE SU NATURALEZA:
Rica es la información que poseemos sobre sus ancestros. Sirva como ejemplo el
siguiente párrafo, tomado de la Red, que transcribe unas páginas (523-34), del
No-
biliario
de Pedro de Barcelos, impreso en Madrid (A. Paredes), en 1646:
«Fue Rodrigo de Orozco Marques de Mortara, hijo de Antonio de Orozco i de doña
Constansa de Orozco que su muger i prima, hija de Diego Gómez de Orozco, herma-
no de su padre y de dona Violante de Salcedo, nieto de Alonso de Orozco, i de su mu-
ger dona Leonor de Ávalos, bisnieto de Pedro Gómez de Orozco, i de doña Violante
de la Cerda, hija de Luis de Trejo, señor de Grimaldo, i de su segunda muger Sevilla
Gómez de Carvajal. Esta el referido Diego de Orozco sepultado en la parroquia de
Santiago de Medellín, debaxo de una capilla que esta al lado derecho: antiguamente
servia de sagrario, adonde avia dos escudos, uno de los Oroscos, otro de los Áva -
los. En S. Francisco de aquella ciudad tienen los marqueses de Mortara su entierro i
es suntuoso».
Antonio de Orozco, padre de Rodrigo, murió viudo en la Ciudad de la Plata (hoy Su-
cre) el año 1611. En virtud de su testamento, se vendieron sus bienes y el importe
líquido fue consignado en la Casa de Contratación (Sevilla), a favor de sus herede-
ros. Deducidos los costes del flete y de otras diligencias, resultaron  713.033 mara-
vedís; o sea, 2.037 escudos. Los oficiales de la Casa abrieron el correspondiente ex-
pediente (AGI, CONTRATACION,469B, no.8), en cuya portadilla leemos:
«Autos sobre los bienes de Antonio de Orozco, abogado de la Real Audiencia de la
Plata, natural de la villa de Medellín en Extremadura, hijo de
Alonso Alvarez de
Orozco y Leonor de Ribera
, vecino de la ciudad de La Plata, que murió en ella
con testamento. Declara haber estado casado con Constanza de Orozco, difunta, y
como legítimos herederos a sus hijos Violante de Orozco, viuda de Lázaro del Agui-
la, residente en Sevilla; Leonor de Ribera y Beatriz de Orozco, monjas profesas en el
Monasterio de Nuestra Señora de la Concepción de Los Reyes [Ciudad de los Reyes,
hoy Lima], Rodrigo de Orozco, maestre de campo y Antonio de Orozco. Proceso de
los herederos sobre el cobro de sus bienes».
Tiene más sentido que se remitiera a Sevilla la parte correspondiente a los hijos su-
pervivientes en España. No era mucho para dividir entre tres, apenas 700 escudos
por cabeza, algo más de la mitad del sueldo anual de un maestre de campo y 250
más de los que cobraba un capitán, pero era una cantidad contante, mientras que
en el ejército era frecuente acumular meses y años de retraso en el cobro de las pa-
gas. Rodrigo de Orozco, ya marqués de Mortara, delegó las gestiones en España en
un procurador y éste hubo de recabar y aportar probanzas testificales en Medellín
que le acreditaran como hijo del finado. Del fol. 9 recto y vuelto del voluminoso ex-
pediente, tomé hace años la siguiente deposición:
«Y siendo preguntado por el tenor de dicho pedimento, dice el testigo que conoció
muy bien al licenciado D. Antonio de Orozco y Ribera y a doña Constanza de Oroz-
co, su mujer, vecinos y naturales que fueron de esta villa, en las cual es público que
son difuntos y que murieron en las Indias; los cuales, cuando vivieron en esta villa
(9v) fueron su vecino y sabe que, entre otros hijos que tuvieron y vivieron y pro-  
crearon en ella, uno fue el maestre de campo don Rodrigo de Orozco y Ribera, go-
bernador de Alejandria de la Palla y por tal su hijo legítimo es tenido en esta villa, y
conmumente reputado y tal es la pública voz y fama y común opinión»
.
El alférez Alonso Vázquez no pinta nada en dicho expediente, pero conoció a Rodri-
go en Flandes desde 1577, año en que llegó él a los Estados, hasta 1580, en que el
segundo salió de ellos. Por eso le cita sólamente dos veces en sus voluminosas me-
morias, que escribió entre 1610 y 1614, un año antes de su propia muerte; por eso
sabía que ya era gobernador de Alessandria (III, 377) y quizá por eso la memoria le
traiciona cuando le hace natural de Mérida; no son frecuentes tales lapsus en su
obra, porque conservaba abundantes notas coetáneas, pero alguno he podido cons-
atar. Claro que, entre Mérida y La Plata de Indias, no media un lapsus, ni siquiera
un lagunar, sino un océano inmenso.
Entre otros documentos que hubieran podido arrojar más luz sobre el asunto, sa-
bía que deberían hallarse entre los fondos del Archivo  de Indias, el expediente de
las informaciones personales para obtener la preceptiva licencia (CONTRATACION,
5217, no.54, año 1554) y el registro de embarque, más inmediato a la travesía ( PA-
SAJEROS, Lb.3,Ex..2346). Ninguno de ellos puede consultarse en línea, aunque
sobre el segundo disponemos de la siguiente sinopsis sobre su contenido:
—«EL BACHILLER ANTONIO SANCHEZ, vecino de Medellín, hijo de Alonso Alva-
rez y de Leonor de Ribera; Constanza de Orozco, su mujer y cuatro hijos: Violante,
de 9 años;
Alonso, de 6; Leonor, de 3; y Beatriz de uno, al Perú». Como ensegui-
da se advierte, la transcripción contiene al menos un error, pues no era Sánchez si-
no Orozco el pasajero que, destinado a la Ciudad de la Plata,  movía a su familia.
¿Podría igualmente ese Alonso, de 6 años, enmascarar también a nuestro Rodrigo?
No consta ninguno de tal nombre entre los herederos, pero eso no excluye la posi -
bilidad de que hubiera precedido al padre en la tumba, como fue el caso de una de
las hermanas de Rodrigo que no cita la licencia:  María, religiosa como sus herma-
nas Leonor de Orozco y Beatriz de Ribera, las tres promotoras conventuales en In-
dias: María fundó el de la Concepción de Loja y sus hermanas el de la Concepción
de los Reyes . Pero ni siquiera contando con la certeza de que Alonso hubiera exis-
tido, resulta difícil admitir el nacimiento de Rodrigo en Indias porque si el expedien-
te informativo se abrió en 1554, el embarque y arribada al Perú debió producirse el
año siguiente, lo que situaría entre 1556-57 como fecha inmediata más plausible pa-
ra ese natalicio, lo cual se opone a dos hechos:
1º.—El nacimiento, por dichas fechas, de su hermana María, arriba citada, acredita-
do —aunque aproximadamente— por su confesor  y que situaremos cronológica -
mente al final del epigrafe.
2º.—Su probada condición del soldado en Lepanto (7.X.1571) salvo que fuera excep-
cionalmente fornido para tan corta edad y, sobre todo, que su bien poblada barba la
enmascarase ante los oficiales de muestras, cuya primera misión consistía en expul-
sar de ella —cortésmente, eso si— a los jovenzanos que pretendían pasarlas.
«Vuel-
va por aqui vuesa merced
—solían decir— que hará falta, pero cuando tenga mas
pelo en barba».
Luis Vilar y Pascual, en su Diccionario histórico, genealógico y heráldico de las fa -
milias ilustres de la Monarquía española,
tomo VII pgs. 350-57, habla extensamen-
te de Rodrigo y sus antepasados. Transcribe algunos documentos, sin duda conser -
vados por la familia, porque los títulos que aluden a los empleos militares  de Rodri-
go no se hallan en Simancas desde la ocupación francesa. En definitiva, se trata de
un trabajo informado, que no cita al supuesto Alonso y hace a Rodrigo el primer hi-
jo varón fruto del matrimonio paterno, qunque solo conociera a tres y errara clara-
mente en la identidad del tercero que publica. Siguiendo a Antonio de Alcedo, un
oficial de RR.GG.EE, que debería haber puesto más empeño en concluir la historia
de su regimiento (que conserva inédita la B.N.M), que en el titánico esfuerzo compi-
lador que supuso su
Diccionario geográfico de las Indias Occidentales, utilísimo en
su tiempo pero decepcionante desde el punto de vista prosopográfico.
Hay otro hecho que cuestiona la existencia del tal Alonso y que apoya su transmu-
tación por Rodrigo en la catalogación documental arriba mencionada.  Decía Barce-
los, arriba citado, que Rodrigo fue nieto de Alonso de Orozco [y Martel] y de doña
Leonor de Ávalos o Dávalos. Pues bien, la citada doña Leonor, tras enviudar de su
primer marido, volvió a casar con Francisco Álvarez Ribera, señor de Olias (Toledo)
y de otros bienes en Mérida, y de ellos nació un hijo llamado igual que su padre, re-
gente del Consejo de Italia, que legó su herencia a
Rodrigo de Orozco, «con la obli-
gación de que se apellidara de Orozco y Ribera»
. Estas sucesiones transversales so-
lían recaer sobre el primogénito varón  del pariente más próximo, siendo impensa-
ble que Rodrigo fuese llamado a ella de tener un hermano mayor. Se hizo cargo de
la herencia el 15.VIII.1601, pero la donación era muy anterior, habiéndose otorgado
en Nápoles.
Si algo puede colegirse, para concluir esta larga digresión, es que todo apunta a una
confusión en el sumario de aquel documento previo al embarque, no la única que
contiene, fruto quizá de la apresuradísima y casi ininteligible caligrafía con que se
redactaban, de donde resultaría entonces que Rodrigo fue el primer hijo varón de
Antonio, hecho que ratifican ampliamente los genealogistas (Salazar y Castro, Luis  
Vilar y los hermanos Carrafa), embarcado con sus padres hacia Indias a finales de
1554 o principios de 1555, cuando contaba 6 años de edad. Habría entonces nacido
en Medellín ca. 1548, corroborándose así lo que atestiguaba un vecino de la villa en
1614. Aunque ya hemos hablado algunos de sus hermanos, vamos a recapitular a
todos ellos, dado que ninguna de las genealogías consultadas los completa, ni
siquiera la más amplia, la de Luis y Juan José Vilar, que solo le conocieron dos
hermanas:
1º.-Violante de Orozco (ºMedellin, 1545 -Sevilla, dp. 1616). No procreó sucesión
de su matrimonio con Lázaro del Águila, natural de Sevilla. Al enviudar, fundó un
mayorazgo de sus bienes, designando por heredero del mismo a Rodrigo.
2º.-Nuestro biografiado,
Rodrigo de Orozco y Ribera.
3º.—
Leonor de Ribera (ºMedellin, 1551 - Lima, 1631), fue fundadora (19.III.
1603) y primera abadesa —durante 28 años— del covento de las Descalzas de San
José, en Lima, de la Orden de la Concepción, en la que fue conocida como Sor Leo-
nor de la Santísima Trinidad de Ribera.
4º.—
Beatriz de Orozco (ºMedellin, 1553 —Lima, ant. 1631), cofundarora con su
hermana del arriba mencjonado convento limeño. Fue conocida en su Orden por el
nombre de Sor Beatriz del Espíritu Santo de Orozco.
5º.—
María de Orozco (ºCiudad de La Plata, hoy Sucre, Bolivia, ca. 1557, † Loja,
hoy Ecuador, ant.1611). Fundó en Loja un monasterio que el carmelita fray Antonio
Vázquez de Espinosa (†Sevilla, 1630), en su
Compendio y descripción de las Indias
Occidentales
llama de la Concepción de Loxa del Piru y al que reputa de «un decha-
do de santidad y religión, que parece un cielo»
. Fue confesor de María y acertó su
nacimiento indiano, pero confundió el de sus hermanas
«hijas de licenciado Horos-
co, oidor de los Charcas, donde nacieron estas ilustres y Santas personas».
6º.-El doctor Antonio de Orozco (ºCiudad de la Plata, ca. 1560 - Madrid, ant.
1643), que fue regidor de Plasencia, Cáceres, donde casó con doña Isabel de Toro,
siendo después abogado de los Reales Consejos en la Corte. Tuvieron un hijo jesuí-
ta, Diego de Orozco, de quien hace memoria Juan Eusebio Nieremberg en  
Varones
ilustres de la Compania de Jesus
(III,359), mencionado su calidad de «sobrino del
Marqués de Mortara, Gobernador de Alejandria de la Palla».

PRIMEROS SERVICIOS MILITARES: SOLDADO Y ALFÉREZ
Al márgen, hallará el lector la transcripción literal de los servicios que la Secretaría
del Consejo de Indias había elaborado para su presentación a Felipe II, el 25 de julio
de 1596. Aunque  dichas versiones interesen más a paleógrafos o filólogos, es un
paso previo para informar su actualización ortográfica y de puntuación para conse-
guir una lectura más fácil y comprensible, sin que por ello pueda dejar de entreco -
millarse. La versión actualizada quedaría así:
«El capitán Rodrigo de Orozco, que ha servido a V.M. desde el año 1571 y se halló
en la batalla naval [de Lepanto] y en las demás jornadas que hubo hasta el año
1575, después fue a Flandes con el Tercio de la Liga,  donde el señor D. Juan y el Du-
que de Parma le aventajaron por lo que se señaló en la batalla de Giblu [Gembloux]
y sitio de Mastrique [Maastricht]. Vino a Portugal con el Tercio y hallóse con don
Lope de Figueroa en la batalla de San Miguel y después en la toma de la Tercera,
adonde le dieron tres arcabuzazos, dándole el marqués de Santa Cruz una compa-
ñía con que se quedó en la Tercera. Después le dio otra en Lisboa, con la que se halló
en la jornada de Ingalaterra [Inglaterra] y en las demás que despues se dieron, lle-
vando siempre compañías a su cargo. Hallóse en Portugal cuando vino Norris y el
cardenal Archiduque se sirvió mucho de él y le mandó fuera a Bretaña por goberna-
dor de la gente vieja de Lisboa. Es hombre de cuidado y experiencia, bien entendido
y siempre da su persona satisfacción».
Aunque Felipe II no le eligiera para el empleo que a la sazón se ventilaba, poco des-
pués le nombraría maestre de campo de Infantería española por lo cual este esque-
ma será muy útil para perfilar los jalones de su carrera hasta dicho empleo. Sin em-
bargo, pronto advertimos un error en dicho texto. Si Rodrigo fue a Flandes con el
Tercio de la Liga sólamente pudo haber sido en 1573, cuando llegaron allí 14 de las
25 compañías de dicho tercio, sin su maestre de campo, Lope de Figueroa, que ha-
bia enfermado antes de partir de Lombardía. Esta fracción del tercio de la Liga fue
rebautizada en Flandes como Tercio de Santiago, refundido con el de San Felipe en
1574 para dar lugar al Tercio de Flandes, primero de los que tuvo el MdC Francisco
de Valdés, que fue disuelto en Italia en 1577, tras la primera evacuación de Flandes
por los tercios españoles. En cuanto a la otra fracción del Tercio de la Liga, que con-
tinuó mandando Figueroa, no llegó a Flandes hasta abril de 1578, participando en el
sitio y toma de Maastricht pero no en la batalla de Gembloux, que se había dado el
30 de enero del mismo año. Algo no cuadraba y había que seguir investigando.
Vino en nuestra ayuda un texto muy posterior, inserto en el título de marqués de
Mortara, concedido el 16.IX.1613 y despachado por Real Provisión de 23.XI del mis-
mo año, tras su aprobación por el Senado de Milán. En la justificación de la merced,
leemos:
«por espacio de 40 años nos sirvió con toda constancia y aplicacion en las
guerras que se ofrecieron en Italia, Flandes, Africa, Francia, Inglaterra y Portugal,
como tambien en la Bretaña; sin haber escusado ni las ocasiones, ni los gastos, ni
los trabajos, ni peligros de la vida, como se vió principalmente en la batalla Naval,
en la expugnación de Túnez, en el
[intento de] socorro de la Goleta, en la desolación
de Guelves
[Djerba], y tambien en el cerco de Mastrique y otras muchas campañas,
y en la conquista de la tercera Isla».
Resuelve el texto la permanencia de Rodrigo en lo que he llamado segunda fracción
del Tercio de Figueroa, pero a costa de evidenciar un error en el primero de los cita-
dos, ya que no pudo llegar a Flandes en 1575 —como se afirma—, ni tampoco en el
dicho Tercio de Figueroa, sino en otro, porque ya se ha dicho que éste no participó
en la batalla de Gembloux. Afortunadamente, disponemos de otras fuentes que nos
permitirán conciliar el problema y resolver su carrera de soldado (1571-78). Ya se ha
referido, en los pies de las ilustraciones como se halló con el Tercio de Figueroa en
la expedición que zarpó de Messina en julio de 1572 y, tras concentrase en el puerto
de Corfú, partieron en busca de la flota otomana, que rehusó el combate ante el ca-
bo Matapán, refugiándose en Modon (hoy Methoni) y Navarino (hoy Pilos). Juan
de Austria bloqueó ambos puertos, que ordenó sitiar por tierra; pero carecía de me-
dios y hombres suficientes para abordar los dos empeños y el 9 de octubre ordenó el
regreso. Más afortunada fue la campaña siguiente, disuelta ya la Santa Liga tras la
paz separada entre Venecia y los turcos. Zarpando de Messina el 7.X.1573, desem -
barcaron el 9 en la Goleta, tomaron y saquearon Túnez el 11 y regresaron a Palermo
el 2 de noviembre, dejando guarnecidos dos nuevos fuertes, todavía  en construc -
ción en Túnez (Ars Nova) y otro menor en la isla de Chikli, en medio del estaño que
separa la Goleta de la ciudad de Túnez. Sin embargo los turcos reaccionaron muy
pronto, presentándose en el Golfo de Túnez el 11.VI.1574 con una armada de 300
velas y 40.000 genízaros. Don Juan intentó socorrerlos pero, falto de recursos, los
preparativos progresaban muy lentamente. Cuando finalmente pudo embarcar en
Messina, sobrevino un temporal que echó a pique dos galeras y dañó a otras; mien-
tras rehacía su maltrecha escuadra, aportó en Trapani (Sicilia) una galera con los
únicos que se salvaron del desastre: Juan de Zanoguera, que escribiría una porme-
norizada relación del suceso, y medio centenar de soldados. Eran las reliquias de las
21 compañías de guarnición en aquellos fuertes; la de la Goleta (tomada el 25 de
julio), fue exterminada; los supervivientes de Ars Nova y Chikli , rendidos el 13 de
setiembre de 1574, fueron cautivados en Constantinopla.
No se prestó, por lo tanto, ningún socorro a la Goleta, al que don Juan se habia com-
prometido con los defensores y sobre cuyo retraso se derramó mucha tinta, aunque
ciertamente más ácida contra Felipe II que contra su hermanastro. Lo que extraña
es que el hecho se presente como mérito para la obtención de una merced, incluso
40 años después de acaecidos, porque ni la memoria mas desdibujada o parcial será
nunca capaz de olvidar aquel  bochornoso e infame abandono. En cambio, esa dis-
tancia temporal justifica mejor el siguiente lapsus, ya que no fue la isla de Djerba la
asolada en 1576, sino el archipiélago de Kerkennah, tambien frente a las costas tu -
necinas, aunque más al norte, que nuestros textos llaman Querquenes. La opera -
ción, llevada a cabo el 24 de junio de 1576 por Alvaro de Bazán, I marqués de Santa
Cruz, se describe en una amplia cartela, junto al fresco que años más tarde mandó
pintar su artífice en el palacio que erigió en el Viso del Marqués (Ciudad Real), don-
de aun se preserva. Rodrigo servía aun en  el Tercio de Figueroa —el único que to-
mó parte en la incursión, con 22 compañías, más dos del Tercio de Sicilia— pero el
año siguiente obutvo licencia para enrolase en la compañía que Alonso Martinez de
Leiva levantaba en Nápoles para socorrer a D. Juan de Austria en Flandes, cuya sin-
gular bandera he descrito en otro lugar. Como simple soldado de ella, se distinguió
en la batalla de Gembloux y el asalto definitivo de Maastrich (29.VI.1579), donde re-
cordaba Alonso Vázquez (I, 217) que
«los soldados particulares mas señalados que
quedaron vivos fueron Don Juan de Guzmán y Córdoba, tío del señor de Garciez;
Alonso de Ribera, que hoy es Capitán General de Chile, y Rodrigo de Orozco, solda-
do de don
Sancho de Leyva, que después fue maestre de campo y hoy es gobernador
de Alejandria de la Palla».
Durante el asedio de Maastrich murieron 23 capitanes de infantería española (el do-
ble mas uno que en la batalla de Rocroi (clásicamente reputada como la «tumba de
la infantería española», aunque es evidente que no en sentido literal), así como nu-
merosos alféreces. Para cubrir una de aquellas bajas, Rodrigo recibió una bandera
en el Tercio de Lope de Figueroa, regresando así a su primitiva unidad. Con ella sa-
lió de Flandes, en febrero de 1580, en la
tercera y penúltima evacuación* de aque-
llos estados por los tercios españoles, debiendo pasar enseguida a la sumisión de
Portugal. El tercio se hallaba ya embarcado, cuando Juan Andrea Doria,
«Principe
de Melfi, nuestro primo y Capitán general de las Galeras»
, recibió la siguiente carta
de Felipe II, fechada en Badajoz, el 14.IX.1580:
«No siendo ya menester aca los españoles de Flandes por haberse puesto las cosas de
Portugal en el buen estado que se os ha avisado, he resuelto que se repartan en Nápo-
les, Sicilia y Milán y ordeno a don Marcelo Doria que, de la parte donde mi despacho
le tomara, dé la vuelta para Italia y desembarque en el Finale la gente que ha de que-
dar en Lombardía, que es el Tercio de don Lope de Figueroa»
. (R.Vargas-Hidalgo,
Guerra y Diplomacia en el Mediterráneo. Madrid, Polifemo, 2002, pg. 1062).
Pero como las islas Azores se obstinaran en mantener la fidelidar al Prior de Crato,
apoyado por Francia e Inglaterra, el rey hubo de ordenar al citado Doria, en agosto
del año siguiente, que embarcase al Tercio de Figueroa en las galeras a su cargo y lo
trajese a Portugal. El 28.XII.1581 llegaban a Barcelona, avituallándose también en
Denia y Cartagena antes de desembarcar en Cádiz, donde D. Alvaro de Bazán apa -
rejaba la flota de 30 navíos de alto bordo que había de conquistar la isla Terceira,
cabeza de la rebelión, donde había fracasado Pedro de Valdés en julio de 1581. De
Cadiz la armada partió a Lisboa, donde el marqués de Santa Cruz debía recibir las
órdenes del rey, zarpando finalmente rumbo a las Azores del 10.VII.1582. El 26 del
mismo mes, al sur de la isla de San Miguel, en el archipiélago de las Azores, la arma-
da española derrotaba completamente a la rival, al mando de Filippo Strozzi. Parte
del tercio de Figueroa iba embarcado en el galeón San Mateo, que en un momento
de la lucha quedó aislado y rodeado de 5 bajeles enemigos. Durante dos horas hubo
de defenderse en solitario de tan desigual ataque, hasta que un cambio del viento
hizo posible que fuera socorrido. Aunque victoriosa, la armada española precisaba
repararse y, tras permanecer algun tiempo en la isla de San Miguel, que prestó obe-
diencia al rey, el 3 de octubre regresó a Lisboa. La definitiva sumisión de la Ter cera,
cabeza de la rebelión, donde se hallaba el Prior de Crato apoyado por 5.000 anglo-
franceses, se postpuso para al año siguiente.


(EN CONSTRUCCIÓN)

© JUAN L. SÁNCHEZ.
Medellín, dominado por su castillo medie-
val, dormita su pretérita grandeza junto al
omnipresente puente romano, al que ya le
sobran ojos porque mengua el Guadiana.
Aquí nació y casó el padre de Rodrigo y
aqui nació él, como lo hicieron sus
hermanas Violante (1545), Leonor (1551) y
Beatriz (1553). Que Rodrigo abrió aqui los
ojos, aunque no tan grandes como los
pontinos, lo afirman dos testigos pero
—maravillosa historia— su cuna se la
disputan tres ciudades americanas (Lima,
Sucre y Chuquisaca) cuando, de haber
nacido allende los mares, habria sido en la
Ciudad de la Plata de Nueva Toledo (hoy
Sucre, Bolivia), adonde su padre fue
destinado en 1554. Nadie, al menos que yo
sepa, nos aporta una fecha de nacimiento y
la más plausible, si tal fuera el caso, sería
ca. 1556-57; o sea, que habría combatido
en Lepanto, como soldado del Tercio de la
Liga, con 14 ó 15 años. Con esa edad, y
menor aun, había pajes, escuderos,
mochileros —y, mas adelante, tambo-
rileros—, pero éstos no cobraban sueldo ni
pasaban muestras. No es el caso de
Rodrigo que, como Miguel de Cervantes,
hizo sus primeras armas en la "inmotal
gloria" de Lepanto (7.X.1571).
El 25 de julio de 1596, hallándose vacante
la presidencia de la Audiencia de Panamá
por la muerte del licendiado Cárdenas,
propuso el Consejo de Indias al rey una
terna de sucesión en la que entraban 4
candidatos. Sobre cada uno de ellos
trazaban un breve perfil de su carrera y,
aunque Rodrigo figuraba en el último
lugar, los redactores la informaron con
mayor amplitud que las anteriores. Vamos
a transcribir íntegramente el texto relativo
a nuestro personaje, no sin antes señalar
que —pese a lo que pueda aparentar su
descuidada caligrafía— se trata de un
texto fácilmente legible, muy diferente a
los enrevesadísimos que hallaremos en los
expedientes de informaciones sobre licen-
cias para pasajeros a Indias. Se halla en A.
G.I., PANAMA,1,no. 89, fols 2-3 y dice así:
El capitan Rodrigo de ho
rozco q a servido a v.m. des
de el año de setenta y uno
y se allo ē la batalla nabal
y ē las demas jornadas q ubo
asta el año de setenta y cinco
despues fue a flandes cō el
tercio de la Liga a dōde el
S.or dō Juº y duq de parma le
havētajarō por lo q se señalo
ē la batalla de giblu y toma
de mastriq, vino a portugal
cō el tercio y allose cō don lope
de figueroa ē la batalla de sã
miguel y despues ē la toma
de la tercera a dōde le dierō...
tres arcabuçaços y diole el
marqs de S.
ta cruz una cōpañia
cō q se qdo ē la tercera, y des
pues le dio otra ē lisvoa y
allose ē la jornada de inga
laterra y ē las demas q des
pues ha avido llevando siē
pre compañias a su cargo, allo
se en portugal quº vino noris
y el cardenal archiduq se sirvio
mucho del y ultimamēt
e fue
A vretaña por governador
de la gente vieja de lisboa
es hombre de cuidado y de
espiriencia biē ētendido siē
pre da su persona satisfaciō
destos y de los q mas al guyº [juicio] de
v.m.
d cōvenga podra elegir
v.m.
d el q fuera servido de
M.
d y Julio 25 de 1596
NOTAS: La q va coronada de un guión o
acento largo (como en ē,ō, ã) que no he
conseguido reproducir, como tampoco
muchos de los superíndices empleados en
el original, que se han transcrito a tamaño
normal sin negrita (p.e. en S.
ta cruz).
Miguel de Cervantes (1547-1616), en un
retrato de decimonónico de Balaca. Tenía,
aproximadamente, la misma edad que
Rodrigo y, como él, inició su carrera
militar en «la mayor jornada que vieron y
verán los siglos», aludiendo a la batalla de
Lepanto (7.X.1571). En esa batalla  
militaron en unidades diferentes, pues
Cervantes servía en el Tercio de Miguel de
Moncada y Rodrigo en el de Lope de Fi-
gueroa, llamado de la Liga. Pero en abril
de 1572, hallándose ambos en Sicilia, fue-
ron refundidos bajo el mando de  Figueroa,
pasando Cervantes a servir en la compa-
ñía de Manuel Ponce de León. Aunque es
difícil que ambos coincideran en ella,  par-
ticiparon desde entonces en las mismas
acciones bélicas: asedio de Modon (1572),
tomas de Túnez y Bizerta (1573); ambos
estuvieron tambien prevenidos para el
socorro de la Goleta (1574), que no logró
salir de Messina antes de que los turcos la
tomaran, junto a los dos nuevos fuertes
construídos para mejorar las defensas de
Túnez, donde fueron cautivados muchos
camaradas. Miguel lo sufriría el año si-
guiente, cuando regresaba a España, tras
dejar el tercio. Rodreigo lo abandonaría el
año siguiente, para enrolarse en una de
las compañías más reputadas del Reino de
Nápoles aunque, ya en Flandes, regresaría
a su antigua unidad al obtener una plaza
de alférez.
Modon, antigua fortaleza veneciana, era
uno de los puertos más capaces del Jó-
nico, aunque menor que los de Navarino
o Corfú, que con la isla de Zante con-
tinuaba en poder de la Serenísima.
Dominado por una eminencia al N.
(derecha del grabado), hubiera podido
tomarse si D. Juan no hubiera diver-
sificado sus objetivos.
Estado actual del fuerte de la Goleta, que
los franceses llmaron Goulette y
convirtieron en el puerto de Túnez. La
fortificación fue reconstruída en 1970.
(*) Tradicionalmente, incluso entre los
subditos más fieles al rey de España, en
Flandes se aceptaba de mal grado la pre-
sencia de tropas foráneas, considerándo-
se los naturales suficientes para su auto-
defensa. No hubo problemas en 1544
porque Carlos V envió los tercios que
hubieron de acudir en su auxilio a Hun-
gría y a sus destinos de orígen, pero en
1561, los que había contribuído a las vic-
torias de San Quintin (1559) y Graveli-
nes (1568) se vieron obligados a eva-
cuar los Estados por razones políticas,
que volvieron a esgrimirse para forzar
nuevas evacuaciones en 1577 y 1580.
En 1582, persudidas ya las "provincias
obedientes" de que su defensa era insos-
tenible sin la infantería española, acep-
taron definitivamente su presencia, que
se prolongó hasta 1710, en que Felipe V
cedió sus derechos sobre Flandes a Ma-
ximiliano de Baviera, en compensación
por la pérdida de sus estados, ocupados
desde su derrota en Blenheim (1704). Es
cierto que, excepción hecha del Namura-
do y Luxemburgo, poco más quedaba de
la herencia borgoñona bajo la autoridad
del rey de España, pero tampoco puede
predicarse, al menos objetivamente ha-
blando, que los Tercios de Flandes salie-
ran de allí vencidos. De hecho, a Namur
y Luxemburgo había quedado reducida
la autoridad del rey de España cuando
Juan de Austria se vió abocado a llamar-
los en 1577, apenas unos meses después
de haberlos despedido. Pero en 1710 es-
taba claro que para que un Borbón ciñe-
se la corona de España, pese al apoyo
francés, debían aceptarse las renuncias
ya previstas —antes de la muerte de Car-
los II— en aquellos tratados de reparto
que inspiraron el de Utrecht


RODRIGO DE OROZCO Y RIBERA, I MARQUÉS DE MORTARA.
(Medellín, Badajoz, ca. 1548 — Lisboa, Portugal, 22.V.1622).
Según Geoffrey Parker (La Gran Armada,
Madrid, Alianza, 1988, pág. 25), este
caballero retratado por el Greco sería
Alonso Martinez de Leiva, capitán de
Rodrigo, a cuyas órdenes combatió en
Gembloux (31.1.1578). Tras la muerte de
Juan de Austria, Alonso regresó a
Nápoles, siéndole confiado el mando de la
compañía a su hermano
Sancho Martínez
de Leiva. Aunque a cargo de distintos
capitanes, la compañía sirvió bajo el
mismo tercio, el del ya difunto Julián
Romero, al mando del SgM Francisco de
Aguilar en Gembloux, y del MdC Fran-
cisco de Valdés en el cerco de Maastricht
(1579). En ambas acciones Rodrigo
mereció ventajas sobre el suledo por su
valor, concedidas por dos capitanes gene-
rales diferntes: D. Juan de Austria la
primera y Alejandro Farnesio la segunda.