ALONSO DE NAVARRETE (c. 1500-1560), CABALLERO DE SANTIAGO
(1557), SOL.INF. EN ORAN (1517), CAPITÁN IDEM (153?), CAPT. TER-
CIO DE SICILIA (1544
), MAESTRE DE CAMPO DE DICHO TERCIO
(15
55-1560).

1. NATURALEZA Y PRIMEROS SERVICIOS.
Nació Alonso de Navarrete en Baeza, aunque ignoro el nombre de sus progenitores.
Sobre él y su linaje escribieron Argote de Molina (1), Hernando Domínguez Camar-
go (2) y Francisco Piferrer (3), entre otros, pero esa información nos la escamotean
todos. Argote, en quien se inspiran los demás, erró además al presentarle como her-
mano del
«Maese de Campo Baltasar de Aranda y Navarrete, que murió en el asal-
to de Galera
». Sobre Aranda, que fue su alférez en tierras flamencas, escribió una
do- cumentada biografía Jiménez Patón (4), revelándonos que nació en Jaén —bau-
tizado en San Ildefonso el 25.XI.1523— y que sus ancestros procedían de Alcalá la
Real. También evoca a nuestro personaje Marichalar en su excelente ensayo proso-
pográfico sobre Julián Romero, pero tan desenfocadamente con respecto a su orí-
gen que le hace riojano, emparentándole por lo tanto con el linaje del homónimo
fraile dominico martirizado en Japón en 1617.  No caben dudas sobre su pertenen-
cia a la rama de los Navarretes de Baeza, cuya genealogía desde Juan Martínez de
Navarrete, declarado hidalgo por el rey Pedro I de Castilla el año 1354, hasta su 5º
nieto
“Alonso Díaz de Navarrete y Reinoso, regidor de Madrid y veinticuatro de
Baeza”
, —y consejero del Supremo de Indias desde 1612 hasta 1633 (5)— compiló
Salazar y Castro y preserva la Academia de la Historia (6). Al reverso del mismo fo-
lio (D-28, fol. 100 vº), pergeñó el insigne genealogista la “
noticia de que se concedió
el hábito de Santiago en 1557 al maestre de campo Alonso de Navarrete
”, para cuyas
pruebas tuvo éste que aportar información sobre la identidad y naturaleza de sus pa-
dres y abuelos paterno-maternos, que han de constar en su expediente. Sin embar-
go, no se halla en el Archivo Histórico, al menos entre los aprobados y despachados,
como tampoco el pertinente expedientillo, y puede que no haya más remedio que
consultar las notas de Salazar para intentar desvelar dicha información.

Por otra parte, Diego de la Mota no le incluyó en su catálogo de caballeros de la Or-
den del siglo XVI (7), que si bien no es exhaustivo, reúne a casi medio millar de há-
bitos jacobeos en un siglo donde estas mercedes fueron mucho mas escasas que en
el siguiente, el XVII, menos a propósito —por cierto— para concederlas. Sin embar-
go, conserva la Biblioteca Nacional un «Índice de Caballeros de las Órdenes Milita-
res», formado por mano anónima en el  siglo XVIII, donde consta la concesión del
título, en 1556, a «
Alonso de Navarrete, natural de Baeza». (BNE, Ms. 18.011). Ar-
gote de Molina señala que fué nieto de Alonso de Navarrete «el Dentudo», que po -  
seyó el mayorazgo de los Navarrete de Baeza que acabó recayendo, en el siglo XVII,
en el regidor madrileño arriba citado, por lo que cabe colegir que su padre fue hijo
segundo. Es probable que Alonso fuera también hijo segundo del suyo y, segundón
de segundones, se viera abocado a servir al rey desde temprana edad.

Es una verdadera lástima que no aparezca el mencionado expediente, aunque estu-
viera en condiciones tan deplorables como el del último maestre de campo de los
tercios del XVI que he consultado, el de Francisco de Prado, que lo fue del Tercio de
Lombardía hasta su muerte en 1542. (8) Y no sólo por la información geneálogica,
sino porque los testigos suelen aportan también datos precisos sobre la edad, loca-
lidad natal, fecha en que se salió de ella para incorporarse al ejército y, en ocasiones,
algunos hitos de su carrera militar. Cabe también la posibilidad de que alguna mácu-
la —y ésta no de humedad— sino de judaísmo u otras que atentaran contra su limpia
sangre y hábitos de buen cristiano, que debían probarse mediante deposciones tes-
tificales, (9) salpicara a alguno de sus ancestros, hecho que motivaba la paralización
temporal de las pruebas hasta su elucidación.  Como la muerte de Navarrete sobre-
vino apenas dos años después del presumible comienzo del expediente, quizá éste
quedara inconcluso y se conserve entre los no aprobados, una sección no inventa-
riada y de acceso restringido.

Aunque he excogitado su fecha de nacimiento, para ello se ha partido de la presun-
ción de que el soldado Alonso de Navarrete que consta en la “
Relación de los veci-
nos de Oran que han recibido sueldo de la Corona”
entre el 1.VI.1515 y el 30.IX.1519
(10), se trate del nuestro. Como está compuesta en orden decreciente a los deven -
gos percibidos, es de presumir que Alonso ingresara en dicho presidio en torno a
1517, contando de 16 a 18  años de edad. No es muy de temer que la amenazadora
homonimia nos juegue una mala pasada, pese a que la siguiente pista sobre su ca-
rrera nos lleve ya al año 1543, casi a las puertas de su incorporación al Tercio de Si-
cilia. La razón es muy simple. Los Navarrete, tanto los de la rama de Guadix como
de la de Baeza, estuvieron muy vinculados al presidio, o mejor, los presidios oraníes,
cuyos capitanes solían levar en Andalucía. El citado Argote de Molina incluye entre
los miembros de la rama baezana —por tanto parientes de nuestro Alonso— a García
de Navarrete, —nieto del capitán Garci Fernández de Navarrete, que asistió a la con-
quista de Nápoles con el Gran Capitán— que
«murió con el conde de Alcaudete en la
jornada de Mostagán, siendo maese de campo; y su hijo Juan Perez de Navarrete
fué uno de los veinte que con Don Beltran de la Cueva, despues duque de Alburquer-
que, salieron en desafío con veinte jeques moros, y venció al que le cupo en suerte»
.
El aludido García de Navarrete, que aparece mencionado como Pedro García de Na-
varrete en otros documentos, fue alcaide de Mazalquivir, y otro pariente coetáneo de
Alonso, Diego de Navarrete, lo fue de Rosalcázar, el mayor de los castillos exteriores
de Oran.


























2. EN LA BATALLA NAVAL DE MUROS (25.VII.1543).
En 1950, Amalio Huarte publicó el contenido de «Una carta que don Bernardino  de
Mendoza escribió al Serenísimo príncipe don Felipe, nuestro señor». (11) Dado que
no es muy extensa, la reproduzco a continuación:













                                                                          


Me prometía mucho de la posible relación entre Bernardino de Mendoza (la Alham-
bra, Granada, 1499 - St.-Quentin, Francia, 8.IX.1557), hijo del marqués de Mondé-
jar, comendador jacobeo, que fue el primer
alcaide de La Goleta (1535-1538) y des-
pués capitán general de las galeras de España. Tenía misma edad que Alonso y  vol-
vería a cruzar con él su destino en San Quintín, aunque fatalmente en su caso. Qui-
zá coincideran antes, en la expedición de 1541 contra Argel, porque la única referen-
cia a nuestro personaje entre los fondos de Simancas relativos al virreinato de Sicilia
consta de una recomendación a su favor, de aquel año (12), cuya reproducción he
solicitado ya, porque quizá contenga —como es habitual en estos documentos— al-
guna alusión a su carrera, siendo frecuente que constaran al menos los años de ser-
vicio y los hechos más descollantes del mismo, aunque muy resumidamente. Este
documento puede constituir la única posibilidad de rellenar el lagunar de casi 25 a-
ños que proyecta su carrera entre 1519 y 1543, aunque sea presumible que gran par-
te del mismo discurriera en el presidio oraní. Sin embargo, la carta que Huarte atri-
buye a Bernardino de Mendoza sobre la batalla naval de Muros (25.VII.1543), la es-
cribió Alvaro de Bazan
el Viejo (ca. 1504 - ca. 1558), padre del primer marqués de
Santa Cruz. El Príncipe Felipe, dictando una carta para su padre desde Valladolid,
el 7 de agosto de 1543, le dice:














El capitán aludido era nuestro Navarrete y la carta la escribía el secretario Gonzalo
Perez, que hizo diferentes copias para otras tantas personalidades. Una de ellas, di-
rigida a Diego Hurtado de Mendoza, embajador en Venecia, acabó parando en la A-
cademia de la Historia (Colec. Muñoz, tomo XCII, fol. 245 v.), utilizándola Fernán-
dez Duro para componer su relato sobre la batalla. (14). Las mercedes que el futuro
Felipe II reclamaba para el general vencedor solían alcanzar también a los portado-
res de la feliz noticia, por lo común, elegidos entre los más destacados en la jornada.
Aparte de algún presente inmediato, habitualmente una joya, solían los monarcas —
aunque el príncipe Felipe, debido a su corta edad, no ejercía la regencia— recompen-
sar al portador con alguna ventaja o ascenso. Pensando que acaso pudiera encajar
aquí la alcaidía de Porcuna, investigué el asunto hasta desucubrir que se trataba de
una tenencia de la Orden de Calatrava, reservada por lo tanto a caballeros profesos
de dicha Orden. Erró, por lo tanto, en este punto Argote de Molina al adjudicarle la
alcaidía a Alonso, como igualmente al hacer extensible el cargo a sus presuntos her-
manos Baltasar y Melchor de Aranda. Lo único que recibiría Navarrete, pasado un
año y de manos del Emeprador, sería una compañía en el Tercio de Sicilia.

Sobre la batalla naval de Muros, el mismo Cesáreo Fernandez Duro publicó una re-
lación anónima, contenida en un manuscrito biográfico sobre el Marqués de Santa
Cruz, en el Boletín de la Real Academia de la Historia, v. 12, 1888, disponible en in-
ternet, y
accesible mediante éste enlace (el relato sobre la batalla está en las páginas
199-201).No  obstante, por su utilidad, transcribo aquí el siguiente párrafo:










3. CAPITAN DEL TERCIO DE SICILIA.
El aludido Maestre de campo Diego García de Paredes (Trujillo, 1506 -  Catia la Mar,
Venezuela, 1563), enviado por Álvaro de Bazán al Emperador para darle cuenta de
la victoria de Muros, no se embarcó en Laredo hasta el 19 se septiembre de 1543, ya
que hubo de aguardar a que Navarrete regresara de la corte vallisoletana. Don Alva-
ro había dispuesto que pasaran los dos a Flandes, dado que en el viaje podían sobre-
venir accidentes y convenía asegurarse el éxito de la misión, de cuyas instrucciones
se ha preservado una copia (15). Curiosamente, también se conserva la carta que
Diego García de Paredes escribó a su jefe, D. Alvaro de Bazan, el mismo día en que
regresó a Bilbao, una vez cumplida su embajada (17.VIII.1544); pero en el viaje de
retorno ya no le acompañaba nuestro Navarrete, que había quedado en Flandes pro-
veído por capitán de una compañía vacante en el Tercio de Sicilia, a la sazón en Flan-
des. Pero lo más curioso es que fue a suceder en ella, precísamente, a su compañe
ro
de viaje (16), Diego García de Paredes.

Hasta ahora había creído, y así lo daba por resuelto, que dicha compañía era la de o-
tro Diego García de Paredes, sobrino del Maestre de Campo Alvaro de Sande, natu-
ral de Cáceres, e hijo de D. García Golfin, capitán del tercio desde su recreación en
1538, que asistió aquel mismo año a la batalla naval de la Prevesa y a la toma de Cas-
tilnovo de Esclavonia; el siguiente a la frustrada conquista de Kélibia y en 1540 a la
toma de Hammamet, Susa y Monastir, donde quedó acuartelado aquel invierno.El
año siguiente, al regresar a Sicilia, sus soldadados se amotinaron, junto con los de
otras 4 compañías de tercio, por lo cual el virrey Gonzaga resolvió castigar a dichos
capitanes reformando sus compañías (16).


No queda claro que el otro Diego García de Paredes, el trujillano e hijo del Sansón,
sucediera precísamente en la compañía de su primo, pero sí que gozó de una de a-
quellas compañías reformadas. El Tercio desembarcó en Palamós a finales de sep -
tiembre de 1542, momento en que, quizá con licencia o cumpliendo alguna otra mi-
sión, García de Paredes, quedara en España. Había venido desde Cerdeña, donde se
hallaba, para el socorro de Perpiñán, pero llegó cuando los franceses se levantaban
sobre aquella plaza y retornó enseguida a Sicilia. En 1543 marcharía a Alemania, a-
sistiendo al  asalto de Düren (24.VIII) y sumisón de Kleve (3.IX), y el año siguiente,
tras alojarse en los Paises Bajos, a la invasión de Francia, sitio y toma de St. Dizier
(16.VIII), asalto de Château-Thierry (7.IX), hasta que se cerró el acuerdo de paz (16.
IX), cuya negociación había durado algo más de un mes.


Navarrete había servido ya con el Tercio de Sicilia, desde que reembarcó ante Argel
(3.XI.1541) hasta que desembarcó en Cataluña en septiembre de 1542. Había acudi-
do a la jornada argelina desde Orán, con un grupo de voluntarios de aquella plaza, a
la que no pudieron retornar. Aunque sirvió en él como agregado (es decir, sin sentar
plaza), lo hizo con distinción, razón por la que el virrey Gonzaga solicitó para él, y
para el alférez Pedro Muñoz, una recompensa por su actuación en las playas argeli-
nas (17). Se separó del Tercio porque se esperaba un contingente oraní para reforzar
la guarnición de Barcelona, pero acabara éste de llegar o no, lo cierto es que acabó
sirviendo de capitán en el nuevo tercio que se formaba para la Armada de Poniente
de Alvaro de Bazan.







(CONTINUARÁ)
                                                                                        © JUAN L. SANCHEZ.
Pese a que no nos consta que se le despa-
pachara el título de caballero jacobeo, en
este retrato de D. Alonso Navarette (con
una sola r pero doble t), se le reviste de di-
cha dignidad (anónimo italiano, siglo XVI).
También Otto van Veen abocetó su rostro
para un retrato que no llegó a pintar.
La casa del mayorazgo de los Navarrete de
Baeza estaba en la colación de San Pablo,
pero otros miembros del linaje residían en
torno a San Juan (en la foto).
Apenas 8 años después de la conquista de
Orán, comenzó en ella su carrera militar
Alonso, que ya tenía parientes sirviendo
en sus castillos. Allí permenció casi 25
años . ABAJO. Retrato que O. van Veen le
hizo en Bruselas en 1559. Curiosamente, el
grabador, o el editor, ya en el siglo XVII,
atribuyeron este retrato al virrey Carlos de
Lannoy (que era calvo). Por fortuna, se ha
preservado el boceto original (Albertina).
Estatua a D. Alvaro de Bazan, I Marqués de
Santa Cruz, en la Plaza de la Villa, de-
lante del Ayuntamiento de Madrid.

Participó en la batalla, junto a su padre,
antes de cumplir los 16 años de edad.
El autor ante uno de los numerosos frescos
que recrean las victoria navales del Mar-
qués de Santa Cruz, en el palacio de El Viso
del Marqués. Si la memoria no me traiciona,
la de Muros no se rememora
.
Diego Garcia de Paredes, hijo del homó-
nimo "Sansón extremeño". Su novelesca y
aventurera vida fue objeto de una ex-
celente monografía de Miguel Muñoz de
San Pedro, Conde de Canilleros, titulada: El
gobernador y maestre de campo Diego
García de Paredes, fundador de Trujillo de
Venezuela (Madrid, CSIC, 1957) El mismo
autor biografió también al predecesor del
anterior como capitán del Tercio de Sicilia.
Este otro trabajo se inituló: «Aventuras y
desventuras del tercer Diego García de
Paredes», y fue publicado por la Revista de
Estudios Extremeños. Gracias al inte-
rrogatorio del segundo, procesado en
Valladolid en 1549 —y que publicó ín-
tegramente— supimos de la privación de su
compañía, por la que porfió que le fuera
devuelta, yendo incluso a ver al Emperador.
Sólo cuando el Tercio marchó a Hungría -ya
refundido con el de
Pérez de Vargas, en
marzo de 1545— regresó a España para
embarcarse rumbo a Tierra Firme, aunque
sin la preceptiva licencia. Aunque la re-
forma de su compañía está documentada
en Simancas, sin duda nos habría creado
confusión en saberla viva en las si-
guientes campañas del Tercio, ignorando
que el Diego García de Paredes que conta
en la muestra de 1544 era su primo, el hijo
del Sansón y el más universal de todos
estos Diego García de Paredes.
Sin embargo hemos desvelado aquí que
éste último no se hallaba en Alemania
cuando el asalto de Düren, ni tampoco en
Francia, el año siguiente, cuando el de St.
Dizier, hechos en los que no reparó su
biógrafo. Cierto que tampoco pudo Nava-
rrete asistir al primero de ellos, aunque sí
al segundo. El problema para aceptarlo no
radica tanto en que en la relación de las
compañías que asistieron al mismo siga
constando la de su antecesor (Diego Gar-
cía de Paredes), sino en que no aparezca
citado en él ni por los historiadores de a-
quellos hechos, ni por los contemporáneos
que sobre ellos escribieron.


ALONSO DE NAVARRETE, CABALLERO DE SANTIAGO.
(Baeza, ca. 1500 – Valladolid, 1560.)
(1) Nobleza de Andalucía, Lib.1, cap. 11, fol. 145 y lib. 2, cap. 202, fol. 308.
(2) En la dedicatoria de su Invectiva apologética al «Licenciado Antonio Ruiz Navarrete,
cura y vicario de la iglesia parroquial de Yongovito». Se cita por la edición de sus Obras, a
cargo del Instituto Caro y Cuervo. Bogotá, 1960, pág. 407 y ss.
(3) Nobiliario de los reinos y señoríos de España. Madrid, 1857, I, 177
(4) En Historia de la antigua nobleza de la Ciudad de Jaén, 1628, fols. 99r.-103v.
(5) Ernst Schäfer, El Consejo Real y Supremo de las Indias: su historia, organización y
labor administrativa hasta la terminación de la casa de Austria,  Sevilla, 1935, pg. 372.
(6) B. Cuartero y A. de Vargas-Zuñiga, Indice de la colección de don Luis de Salazar y
Castro, Madrid, 1953, tomo XV, pág. 46.
(7) Inserto en el Libro del principio de la Orden de Caballería de Santiago de la Espada.
Valencia 1599.
(8) AHN, O.M., Exp. , de 1531. Aparte de una gran mancha de humedad que torna casi
ilegible la mitad inferior de cada folio, la mayor parte de éstos están rotos verticalmente
por la derecha, conservándose sólamente un trozo de la parte por la que iban cosidos pa-
ra formar el cuadernillo. A pesar de todo, pude conseguir alguna información útil.
(9) Debia probarse que era cristiano viejo, sin mancha —de “malas razas”, como judíos o
moros— ni tacha. Esto último implicaba que ninguno de sus pasados podía haber sido
penado por el Santo Oficio. Pero consta que un García de Navarrete, aunque de la rama
accitana, fue acusado de “renegar de Dios y otras blasfemias”, y de “tener costumbre de
blasfemar”. Cualquier deposición testifical que arrojara la menor sombra de duda sobre
“la religiosidasd y buenas costumbres de los contenidos en la genealogía”, es decir del
aspirante y sus ascendientes (y a veces las había interesadas en perjudicarles), motivaba
que el expediente quedara en suspenso hasta que una nueva comisión interrogatoria in-
dagara sobre el particular.
(10) Publicada por R. Gutiérrez Cruz, Los presidios españoles del Norte de Africa en tiem-
po de los Reyes Católicos. Melilla, 1997, pg. 301.
«De Santoña, par de Laredo, escribí a vuestra alteza a los veinte del presente, có-
mo venía al rastro de esta armada del rey de Francia, y en Gijón me dijeron nueva
que había saqueado un lugar que se llama Laja, y a Finisterre y otros muchos ca -
sares e iglesias, y que había hecho mucho daño y muerto muchas mujeres y hom-
bres, y a otros rescatado. Y agora estaban en concierto con Muros, que porque no
les saqueasen les darían 2.000 ducados, y por esto acordé de sacar la gente de los
5 navíos pequeños y meterla en los 16 mejores, así asomé hoy con el armada al
cabo de Finisterre, donde conforme al tiempo me pareció  que había de estar, y en
aventura de V.A. les he roto y tomado 16 navíos que traía de batalla, y he tomado
2 compañías de infantería del rey de Francia que estaban en la guarda de Bayona,
la una del capitán Olloqui y la otra del capitán Valsinica, en que había 550 arcabu-
ceros sin los otros del armada, y valdrá la cabalgada más de 200.000  ducados. Y
si V.A. quisiere saber otra particularidad, le dará el capitán Alonso Navarrete, co-
mo testigo de vista. Nuestro señor, etc., etc. De la nave».
«Estando escribiendo ésta, ha llegado un capitán enviado por don Alvaro de Ba -
zán, capitán general de la armada que anda en el mar de Poniente, con el cual nos
escribió que habiendo tenido nueva  como cierta armada del rey de Francia había
saqueado un lugar que se dice Lancha y Finisterra y otros casales y iglesias y he-
cho mucho daño, y muerto muchas mujeres y hombres, y rescatado otros, y que
estaban en plática con un lugar que se dice Muros, que les daba dos mil ducados
porque no le saqueasen; sacó la gente de 5 navíos pequeños y metióla en los 16
mejores y el dia del Señor Santiago por la mañana se topó con ellos... [el resto es
casi copia literal de la carta del marqués, por lo que se omite]. Ha sido tan buena
nueva que VM.debe con razón holgarse della, que acá ha dado universal contenta-
miento a todos, y es justo que V.M. escriba a don Alvaro, dándole las gracias dello
y ofreciéndole mercedes, como es justo que se las hagan habiendo lugar.»
(13).
«Habida esta uitoria Don Alvaro de Bazan se desembarcó en tierra, y fue a San -
tiago de Galicia a dar gracias a Dios y al bienaventurado Santiago de la victoria que
le hauia dado, adonde fue recibido del conde de Castro y en la yglesia catedral con
gran regocijo y Tedeum laudamus, y de alli despachó con la nueva de la Vitoria al
capitán Navarrete a Valladolid, adonde estaba el Príncipe Nuestro Señor, que hoy
reyna, y a los Gouernadores, y a Flandes a Diego Garcia de Paredes, para que la
diesse al Emperador Nuestro Señor.Tuuieron gran contentamiento de la vittoria
hauida en la batalla nabal contra los franceses».