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| PEDRO DE TOLEDO Y LEIVA (1585-1654), V SEÑOR DE MANCERA Y IV DE CINCO VILLAS (1603), I MARQUÉS DE MANCERA (17-VII-1623), CA- BALLERO DE ALCÁNTARA (1598) Y COMENDADOR DE ESPARRAGAL, GENTILHOMBRE DE CÁMARA DE FELIPE IV; TTE.GRAL GALERAS SI - CILIA (1618), VIRREY DE GALICIA (1631-38), IDEM PERÚ (1639-1648). Hijo de Luis de Toledo y Rojas (†1603), IV señor de Mancera y Cinco Villas, comenda- dor de Alange en la Orden de Santiago, capitán de una compañía de Guardias Viejas, y de su segunda esposa, Isabel de Leiva y Mendoza, hija de los señores de Leiva, Ame - yuga y Bozo.Era nieto paterno de Enrique de Toledo y Ayala (†1552),III señor de Man- cera, gentilhombre de cámara del Emperador Carlos V, presidente del Consejo de las Ordenes, que murió habiendo sido nombrado pare el virreinato de Nápoles. Comenzó a servir muy jóven a bordo de las galeras, hallándose con 16 años en la jor - nada de Juan Andrea Doria a Argel (1601), frustrada por un vendaval que arrojó a la armada sobre Mallorca. Llegó a ser teniente general de las galeras de Sicilia antes de su regreso a la Corte (1622), donde fue honrado con el título marquesal y un asiento en el Consejo Supremo de Guerra. El 4-VIII-1631 tomó posesión del virreinato de Galicia, siendo designado en 1637 para el gobierno de Orán. Su gestión mereció los elogios de la Junta del Reino de Galicia, que el 15 de abril de 1637 solicitaba a Felipe IV que «no removiera del oficio de Capitán general y gobernador deste Reino al señor Marques de Mancera pues dello se le sigue grande servicio y utilidad a sus vasallos». El rey atendió la petición pero el marqués acabó enfrentándose, a causa del programa de fortificaciones, con los regidores de La Coruña, a los que ordenó detener el 19 de noviembre de 1638. Entonces se le destinó al virrenaito del Perú, cargo para el que fue designado el 18 de diciembre del mismo año y del cual tomó posesión el 1 de diciembre de 1639. Durante su mandato fortificó Valparaíso y Arica, refundó Valdivia como plaza fuerte (1645) y amuralló El Callao, donde erigió una ciudadela (1641-47); pero consumió in- gentes caudales que no pudo compensar con el incremento de la producción de azo- gue, al oponerse los misioneros a sus pretensiones sobre la reforma de la mita, ni per- siguiendo las quiméricas riquezas de Paitity, seducido por el embaucador Bohórquez. Para remate, los devastadores efectos de los terremotos de 1640 (Huancavelica), 1647 (Santiago) y la erupción del Pichinchá (Quito), acabaron de vaciar las arcas públicas. El 20 de setiembre de 1648 entregaba el gobierno a su sucesor, el conde de Salvatierra, comenzando entonces un tormentoso juicio de residencia en el que se le imputaron gravísimos cargos. Partió para España el 11 de abril de 1650 y, ante la tibia recepción que se le prodigó en la Corte, se retiró a sus estados, muriendo tres años después en su palacio de Mancera, construído por su tatarabuelo Pedro, primer señor de Cinco Villas, cuya traza sirvió de modelo para el alcázar de Diego Colón, en Santo Domingo, y otros palacios de la Amé- rica virreinal. Pedro casó dos veces; primero con doña Luisa Feijóo de Novoa y Zamudio, en quien no tuvo posteridad. En 1617 desposó en segundas nupcias a doña María de Salazar y Enríquez de Navarra (1600-1662), III señora de El Mármol y IV alférez Mayor de Ube- da, en quien tuvo a: 1.Francisca, I marquesa de Montalbo (1630), que caso sucesivamente con el hermano del marqués de Toral y después con Diego Sarmiento de Acuña,II conde de Gondomar. 2.Antonio Sebastián (1620-1715), II marqués de Mancera, caballero de la Orden de Al- cántara (1629) y comendador de Puertollano en la de Calatrava, que fue capitán gene - ral de la mar Océano y virrey de Nueva España. Pedro no aparece citado en el World Biographical Index (WBI), por lo que su figura ca- rece registros biográfico en obras de referencia. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| El I marqués de Mancera. Litografía de Serra para la Historia de España de Rafael del Castillo (siglo XIX). |
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| Retrato anónimo que se hallaba en el antiguo palacio virreinal de Méjico y hoy se preserva en el Museo Histórico Nacional de dicha ciudad. |
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| Del otrora magnífico palacio marquesal de los Mancera, en Mancera de Abajo, no quedan ya sino ruinas. Pero incluso éstas permiten traslucir su pasado esplendor. |
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