ALVARO DE GRADO (1474 - 1531), SOLDADO INFª (1592), CAPITAN
DE INFANTERIA (?), MAESTRE DE CAMPO (1529), MAESTRE DE CAM-
PO DEL TERCIO DE SICILIA (1534-1538), MAESTRE DE CAMPO DEL
TERCIO DE LOMBARDIA (1538), NO TOMO POSESIÓN.

NATURALEZA Y PRIMEROS SERVICIOS MILITARES
Sebastián de Miñano fijó su cuna en «la parroquia de San Pedro Apóstol de Grado,
alfoz ó partido y arciprestazgo de Valdepramaro, arcedianato de Grado, obispado de
Oviedo», pero nada refiere sobre sus ancestros, si bien cita como originario del mis-
mo lugar a un «Pedro de Grado, embajador por el rey de Castilla al concilio de Cons-
tanza», que bien pudiera contarse entre ellos. Los hermanos Garcia-Carraffa no le
mencionan en su monumental obra genealógica, al menos en el apellido Grado. El
que ambos autores sean posteriores a Carlos Gonzaléz de Posadas, que trazó en sus
Memorias históricas del Principado de Asturias y Obispado de Oviedo (Tarragona,
1794) la única biografía de un personaje de tal nombre que recoge el World Biogra-
phical Index (ABEPI, I, 413, 79-80), junto al hecho de que constara su fallecimiento
en 1520, me hizo desistir de una consulta que ahora lamento porque quizá hubiera
arrojado alguna luz que coadyuvara a fijar la genealogía del biografiado. En todo ca-
so, ni siquiera sus contemporáneos se pusieron de acuerdo sobre el segundo apelli-
do, pista igualmente útil al mismo propósito. Luis Zapata, que nació poco antes de
su muerte, en su Miscelánea, le puso el de Alvarado, pero aqui se ha preferido el que
menciona el militar cordobés Martin García de Cereceda, que sirvió a sus órdenes
desde 1531 hasta 1538 y le cita profusamente en sus memorias.

En cambio, existe consenso en que comenzó a servir a los Reyes Católicos en la to-
ma  de Granada (1492), hecho que nos permite calcular aproximadamente su fecha
de nacimiento. El contingente asturiano volvió a ser movilizado en el otoño de 1495
para reforzar las fronteras del Rosellón, por lo que debió de hallase entre los peones
que allí se dirigieron. En enero de 1500, formando en la compañía de Don Alonso
de Sotomayor, se hallaba presto a embarcar en Barcelona rumbo a Italia, careciendo
aun de la experiencia suficiente para portar una espingarda. En Nápoles, siguiendo
a su compañía, puede asegurarse su participación en la victoria de
Ceriñoala (28.IV.
1503), así como en la subsiguiente toma de Barletta, pero después se abre un pro -
longado paréntesis en su biografía, que no estamos en situación de reemprender
hasta un cuarto de siglo después, en 1528. No cabe duda de que prosiguió su carre-
ra militar aunque no en Italia, dado que no le citan allí ninguno de los cronistas que
trataton sobre aquel teatro bélico, ni tampoco la documentación preservada en Si -
mancas relativa a Lombardía, Nápoles o Sicilia. Pudo hallarse en la conquista de Na-
varra (1512) y es probable que, ya capitán, volviera a pelear en aquel escenario cuan-
do la invasión francesa de 1521, saldada con su expulsión de Fuenterrabía en 1524;
pero esto no pasa de ser una mera especulación. Ni siquiera sabemos cuando ascen-
dió a capitán, ni donde sirvió tal puesto, aunque es probable que lo fuera en guarni-
ciones fronterizas. Lo único cierto es que estuvo temporalmente en Fuenterrabía,
donde Luis Pizaño, antiguo camarada en el Tercio de Sicilia que fortificaba dicha
plaza en 1542, hubo de modificar una precedente actuación suya en los cubos de la
muralla (AGS, G.A., leg. 25).

MAESTRE DE CAMPO EN CALABRIA (1528)
En el invierno de 1528, fue nombrado maestre de campo de las compañías de infan-
tería que partieron de España, rumbo a Calabria, para apuntalar la resistencia del
reino de Nápoles, invadido por las tropas francesas del mariscal Lautrec. El inventa-
rio de la Contaduria Mayor de Cuentas (Simancas) no permite hallar el menor rastro
de esta leva —que se encontrará por sus asentistas o pagadores—, a la que aluden
Sandoval, Garcia de Cereceda y uno de los raros vestigios documentales que he con-
sultado para redactar el presente artículo, procedente de la colección de Salazar y
Castro en la Academia de la Historia. Por cierto, su catalogación se presta a equívo -
co:
«Carta…en recomendación del capitán Alvaro de Grado y haciendo una relación
de sus servicios
», pues nada hay en ella que nos permita descorrer el inmenso lagu-
nar que cubre su carrera. Camillo Pignatelli, conde de Borello, se refiere únicamente
al «
servicio que a V.M. hizo en Calabria, rompiendo allí [a] los enemigos», siendo
más pródigo en los elogios a su persona que en las referencias a sus servicios prece-
dentes,que solían aludirse cuando —siendo el caso— se solicitaba alguna merced pa-
ra el interesado: «
No tendré ahora más que decir con esta salvo que ha continuado
en servir siempre en esta guerra de Puglia, asi con su persona y compañía, como en
el cargo de maestre de campo de esta gente española que acá ha servido,en que por
cierto ha trabajado mucho,habiendo de tratar con gente que puede bien presumir de
haber servido y no haber sido siempre pagada»
. Una relación anónima (Codoin,
1861), refiere que «
el conde de Burello con mil españoles que tenia Alvaro de Grado
y otra gente de caballo de Sicilia, habia vencido en batalla a Simón Romano, que te-
nía Calabria por los franceses con 5 ó 6.000 hombres
», precisando el aludido Cere-
ceda que la victoria, obtenida cerca de Andria, la consiguieron «
dos mil españoles
que había traído de España el maestre de campo Alvaro de Grado y Leguiçamo, con
otros capitanes y otra poca gente que se hizo en aquellas villas de la Calabria
».

























Tras la expulsión de los franceses del reino, fue reformado a simple capitán. Con di-
cha graduación asistió a la reducción de la república florentina para la reposición de
los Médicis,  hallándose en la victoria de Gavinana (3.VIII.1530) a las órdenes del
maestre de campo Pedro Vélez de Guevara, que obligaría a la república de Florencia
a capitular ante Alfonso de Avalos, marqués del Vasto y de Pescara, el 12 de agosto
del mismo año. Solo la tercera parte de la infantería española presente en el asedio
se libró de la desmovilización y con ella se formaría el primer cuerpo permanente
que llevó el nombre genérico de Tercio, y específicamente el de Sicilia, aunque éste
no comenzara a utilizarlo hasta 1534. Se formó en Asis, la patria de San Fracisco, el
1 de mayo de 1531, y Alvaro de Grado, que fue uno de sus diez capitanes originarios,
serviría en él hasta su reforma disciplinaria el 28 de agosto de 1538, siendo el último
de sus maestres de campo; antes, sirviendo de capitán, se halló con él en rechazar la
invasión de Solimán II en Hungría (setiembre, 1532), en la defensa de Koroni (Co-
rón), en Morea (agosto 1533-abril de 1534) y en la incursión que por orden de Ma-
chicao asoló Androusa (2.II.1534).

MAESTRE DE CAMPO DEL TERCIO DE SICILIA
Repatriado el tercio a Sicilia y reorganizado sobre el pie de 12 compañías, fue desig-
nado su maestre de campo —vacante desde la muerte de Rodrigo Machicao—por pa-
tente de 4 de julio de 1534. Ya al mando de la unidad, asistió al asedio y conquista de
La Goleta (19 de junio / 24 de julio de 1535); batalla de los Pozos del Agua contra el
ejército de Barbarroja, ante Túnez (28.VII.1535), entrando en la plaza, abandonada
por el enemigo el 31 de julio. De regreso a Sicilia, fue empleado nuevamenente sobre
la costa tunecina en la toma de Bizerta (4.XI.1535) y, el año siguiente, en la escolta
de Carlos V durante su estancia en Roma, donde el Emperador proclamó su famoso
desafío personal contra Francisco I (17.IV), en respuesta a la sorpresiva invasión y
rápida conquista por los franceses de los estados del duque Carlos III de Saboya,tan-
to transalpinos como cisalpinos (enero-abril,1536); en la invasión de Provenza, bus-
cando a los franceses en su propio suelo, aunque éstos rehusaron el enfrentamiento
y, para retrasar su avance, el mariscal Anne de Montmorency ordenó incendiar nu-
merosos lugares, practicando la llamada táctica de “tierra quemada”.

Tras invernar en Lombardía, la primavera siguiente (1537) comenzó la reconquista
del Piamonte a las órdenes del capitán general marqués del Vasto y de Fernando de
Gonzaga, virrey de Sicilia, maestre de campo general del ejército, que hubo de retor-
nar a la isla antes de que concluyera la campaña. El 27 de marzo se tomó Carmagno-
la, operación que Alvaro de Grado mandó en jefe al caer muerto Francisco Chiara -
monti (1498-1537), marqués de Saluzzo, disponiendo la batería. A dicha conquista
siguieron las de Pocapaglia (30.III), Racconigi (2.IV) y Casalgrasso, todas protegidas
de castillos que guarnecieron compañías del tercio de D. Alvaro, cuyo cuartel gene-
ral estableció en Racconigi. Ante el cariz de los acontecimiento, Francisco I envió a
Pinerolo un refuerzo de 12.000 hombres bajo el mando de Jean d’Humières (1485-
1550), pero el marqués del Vasto tomó Agliè (Ayen en nuestros textos) al asalto (24.
VI) y Chivasso por capitulación (27.VI),mientras que d’Humières fracasaba al inten-
tar apoderarse de Asti, prontamente socorrida. El 9 de agosto, formado el campo en
los contornos de aquella plaza, el marqués del Vasto «
mandó que todos diesen obe-
diencia al maese de campo Alvaro de Grado como a su propia persona
», (Cereceda,
II, 267), lo que equivalía a designarle su lugarteniente; luego el ejército marchó so-
bre Moncalieri, ganándose la villa al asalto y el castillo por composición el dia de San
Lorenzo. La pérdida de aquel paso fundamental, que actuaba como gozne entre las
tierras ocupadas por los franceses, determinó a Humières a retirarse hacia Saluzzo,
tras dejar guarnecidas Alba, Cherasco, Savigliano y Turin. De camino, intentó tomar
la villa de Busca,defendida por 87 soldados, que resitieron el asalto en la brecha cau-
sando medio millar de bajas al enemigo (18.VIII). Humières ordenó levantar el cam-
po y, desde Pinerolo, regresó a Francia.

Saluces (1818), historiador de las guerras piamontesas, escribió que
«Du Guast eut
alors la liberté d'insulter les places ennemies. Il fit attaquer Cirié, Rivoli, Aveillane,
Bussolin, Suse, Moncalier et Carignan; toutes furent emportées
». Moncalieri había
caído anterioremente, y no hizo memoria de Cherasco (7.IX) Alba (23.IX) ni Volpia-
no (Gulpian en nuestros textos), como tampoco de las que tomó personalmente el
maestre de campo Alvaro de Grado tras la última citada (Carignano, 28.VIII), que
fueron: Bricherasio (4.IX), Perosa (6.IX),el castillo de Miradolo,Abbadia y otras me-
nores. Turín quedo aislada y comenzó a padecer la falta de abastecimientos, pero el
marqués del Vasto no se apresuró en caer sobre ella, prefieriendo sitiar Pinerolo, a
la que pretendió rendir por hambre para cerrar el paso a futuros refuerzos franceses.
Estos se hallaban ya en marcha, bajo el mando del Delfín en persona y de Anne de
Montmorency, pasando el Monginevro a mediados de octubre.El marqués envió pa-
ra proteger el paso de Susa a Cesar Maggi (1488-1568), más conocido como Cesaro
da Napoli, con 5.000 italo-alemanes, mientras que el tercio de Grado se encargaba
de la defensa del de Fenestrelle, en Val Chisona, por donde se creía que intentarían
el paso, dado que un cuerpo de 1.500 gascones había vuelto a ocupar y fortificar el
castillo de Perosa, incendiado por don Alvaro a principios de setiembre, y del cual
volvió a apoderarse el 22 de octubre, como tambien de Dubbione y Pinasca. Pero los
franceses forzaron el paso de Susa el 24 de octubre y recobraron aquella plaza, con
Sant’Ambrogio,Avigliana, Bussolino y Rivoli. El marqués del Vasto levantó el campo
sobre Pinerolo el 27, replegándose por Vigone y Carignano hasta Moncalieri,  donde
había dispuesto la concentración de su fuerzas y adonde llegó el 31 de octubre. El 2
de noviembre,  formó su ejército en cinco escuadrones —uno de caballería pesada,
otro de ligera y tres de infantería, uno de españoles, otro de italianos y el otro de ale-
manes—  y marchó en batalla hasta Rivoli, donde se hallaba el campo francés, captu-
rando de camino gran cantidad de acémilas cargadas de municiones y pertrechos pa-
ra Turin. Reconoció al enemigo, fuerte de 4.000 caballos y 30.000 hombres, y supo
por prisioneros que aun se aguardaba al rey Francisco I con refuerzos. Entonces op-
tó por replegar las guarniciones de Vigone y Carignano, regresando a Moncalieri, de
donde el dia 7 retiró su artillería a Chieri. En la llanura de Moncalieri quería reñir la
batalla al enemigo,pero sabiendo que estos cruzarían el Po por el puente de Carigna-
no y temiendo que le cortaran el paso a Asti, se replegó sobre esta plaza el 12, esta -
bleciendo fuertes posiciones defensivas en Chieri, Fossano, Alba, Casale, Trino, Vol-
piano y Vercelli. Poco después, a instancias del Duque de Saboya comenzó a nego -  
ciaciarse una tregua de 6 meses de duración, que se alcanzó en Carmagnola (22 de
noviembre) sobre la base de que cada parte retendría sus conquistas. Antes de que
expirase, y por mediación del Papa Paulo III, que ya proyectaba una “ligra santa”
contra los turcos, el Emperador y Francisco I la ratificaron en Niza por un plazo de
10 años (18 de junio de 1538).

NO SOPORTA UNA VEJACIÓN Y ABANDONA EL EJÉRCITO (1538).
El marqués del Vasto acometió importantes reformas militares como respuesta a
los motines y fraudes detectados en las muestras del ejército.  Tras una pasada en
Crescentino (15.VIII.1538), los maestres de campo, capitanes y alféreces de los tres
tercios de infantería española a la sazón en Lombardía y el Piamonte, denominados
Lombardía, Napoles y Sicilia, fueron convocados por el marqués en el castillo de Vi-
gevano, donde fueron obligados a entregar sus armas. Muchos de ellos saldrían de
allí escoltados y presos para el castillo de Milán, y sólo a tres capitanes no se les for-
mó ningún cargo: Alvaro de Grado, Luis Pizaño y Sebastián de San Miguel. Otros 4,
apoyados por sus servicios, los de sus antepasados o sus relaciones cortesanas —co-
mo fue el caso del cuñado de Cobos, secretario del Emperador— tambien fueron ex-
culpados. Junto a Gonzalo Hernández, al que se le dio compañía, formarían, por de-
creto de 28 del mismo mes, el nuevo tercio llamado en adelante de Lombardía, se -
gundo de que los que ilustraría aquel nombre en los anales militares españoles, cu-
yo mando fue conferido a Alvaro de Grado por patente de la misma fecha. Pero éste,
resentido por haberse visto obligado a entregar su espada, y quizá no muy conforme
con la designación y el método de selección de sus nuevos capitanes (Cereceda, II,
362), prefirió abandonar el servicio real y retirarse a su villa de Altino, cerca de Chie-
ti, en el Abruzzo Citeriore o Citra (Reino de Nápoles), que había recibido en  recom-
pensa de sus servicios tras la muerte de Machicao, su anterior propietario (Amati,
1868). Allí moriría siete años después (1543), cuando su hija Maria Gutierrez de
Grado,
«per la morte del padre Alvaro de Grado» pagó los derechos por la sucesión
señorial en la villa (Orefice, 1988).

                                                                                        © JUAN L. SÁNCHEZ.
La parroquia de San Pedro, en Grado
(Ast
urias), donde según Miñano fue
bautizado Alvaro de Grado.
Bu-Abdal-lah (Boabdil), el último rey
nazarí de Granada, entrega las llaves de
la ciudad a los Reyes Católicos (2.I.1492).
Alvaro de Grado era aún muy jóven, pero
formó entre los peones asturianos.
Carta de Camillo Pignatelli, conde de
Borello al Emperador (fragmento), donde
narra los servicios de Alvaro de Grado
La batalla de Gavinana, donde fueron
derrotadas las tropas florentinas de
Franceso Ferrucci (2.VIII.1530). El castillo
del mismo nombre, visible al centro, se
ganó el dia siguiente (Fresco de G. Stra-
dano, Florencia, Palazzo Vecchio).
La fortaleza venciana de Koroni en una
pintura turca del tiempo de su conquista
(1504). No había experimentado cambios
notables cuando la tomaron los espa-
ñoles (1532), que la atacaron desde el
burgo que aparece arriba (derecha),
extramuros de la plaza fuerte.
El paso de Susa, en un grabado de Abra-
ham Bosse (fragmento), que correspon-
de a otra ocasión en que los franceses lo
forzaron (1629) para el socorro de Man-
tua. Pero el marco geográfico es el
mismo.
Alfonso de Avalos (1502-1546), marqués
del Vasto y de Pescara, retratado por Ti-
ziano en 1533. Su decisión de que todos
los oficiales de los tercios que servían en
Lombardía se dieran presos en el castillo
de Vigevano, cuando sabía ya quienes
eran culpables y quienes inocentes en
los fraudes cometidos en las muestras,
ofendió tan gravemente a Alvaro de
Grado que abandonó el servicio real y se
retiró a su villa de Altino, en el Reino de
Nápoles, donde viviría hasta su muerte.


ALVARO DE GRADO Y LEGUIZAMO, SEÑOR DE ALTINO
(Valdepramaro, Asturias, ca. 1474 — Altino, Italia, 1543).
Fernando de Gonzaga (1502-1557), virrey
de Sicilia desde febrero de 1535, sirvió el
cargo de MdCGral del ejército de Lom-
bardía hasta que hubo de regresar a
Sicilia. Mientras que el Emperador desig-
naba a un sustituto, el marqués del
Vasto nombró a Alvaro de Grado su
lugarteniente (Asti, 9.VIII.1537)