PAUL-BERNAD DE FONTAINE (1576 - 1643), CONDE DEL S.R.I, SEÑOR
DE FOUGEROLLES, CIERGES, RÉMERÉVILLE Y GOMMERY; AVENTU-
RERO (1596), CAPITAN DE INFª VALONA (1597), CAPITAN DE CABA-
LLERIA (1604), GOBERNADOR DE DAMVILLERS (1611), CONSEJERO
DE GUERRA (1614), MDC INFª VALONA (1616), SUPERINTENDENTE
DE GUERRA DE LA PROVINCIA DE FLANDES (1625), GOBERNADOR Y
GRAN BAILIO DE BRUJAS (1629), CAP.GRAL DE LA ARTª (1638), GO-
BERNADOR DE LAS ARMAS DE LAS FRONTERAS DE HOLANDA (1640)
Y MAESTRE DE CAMPO GENERAL (1643).

Hijo de Francisco de Fontaine, señor de Cierges, coronel de caballería, gobernador de
Stenay, maestresala del duque de Lorena, y de Susana d'Urre, ambos fallecidos con
pocos meses de diferencia y antes de que Paul hubiera cumplido un año. Su abuelo
materno, Jean d'Urre, señor de Thessières, se hizo cargo de él hasta 1584, en que hu-
bo de renunciar a su tutela debido a avanzada su edad (tenía 87 años y murió dos des-
pués), confiándola a su hijo mayor Charles. Aunque éste era un personaje importan-
te en la corte del duque de Lorena, apenas su sobrino cumplió 15 años le obligó a in-
gresar en el ejército.

En 1596 sirvió como voluntario al servicio del rey de España en el tercio de Alonso de
Mendoza y, el año siguiente, asentó de capitán en el regimiento valón del coronel La
Bourlotte, unidad de la que fue sargento mayor al reducirse a tercio en 1602. Tras la
rendición de Ostende, levó una compañía de 200 caballos corazas que sería  reforma-
da en 1609; el 15 de abril de dicho año, tras prestar juramento de fidelidad, obtuvo la
naturalización y se convitió en súbdito de los archiduques, que recompensaron sus
servicios con el gobierno de Damvilliers (1611) y un asiento en el consejo de Guerra
de los Países Bajos (1614). Dos años más tarde, por patente de 18.VI.1616, recibió el
mando del tercio de infantería valona que había tenido el duque de Arschot, que re-
tendría hasta 1638 y compartiría con nuevas funciones, tales como la superintenden-
cia de la gente de guerra de la Provincia de Flandes (1625),  el gobierno de Brujas
(1629) y su bailiazgo (1634). En 1638 se le promovió al empleo de “Grand Maistre” y
capitán general de la Artillería de los Estados de Flandes, mejorado en 1640 con la go-
bernación de las armas de la frontera de Holanda. A la muerte del Cardenal Infante
(9.XI.1641), fue designado uno de los miembros de la Junta de gobierno de los Paises
Bajos y, finalmente, el 3 de marzo de 1643 fué promovido al empleo de
maestre de
campo general del Ejército.

Pese a su dilatada carrera, más brillante en el papel de eficiente administrador que en
el militar de talento, carecía de experiencia en combates campales, constituyendo un
error su nombramiento como maestre de campo general. En tal condición debía or -
denar y regular el despliegue de la infantería en la batalla de Rocroi, donde cometió
numerosas faltas —denunciadas en su día por
el duque de Alburquerque— y contra-
vino algunas normas tácticas de much
o calado en la tradición militar española, como
el tamaño y forma de los escuadrones; con todo, el mayor e inexcusable error fue el
no apoyar su despligue a la linde del bosque por donde los franceses le flanquearon.
Los elogios de La Moussaie y Bossuet, que le presentaron como el «alma mater» de
la última resistencia española, emergiendo entre las últimas picas sobre su una silla
de mano —que hubo de usar porque la gota le impedía montar a caballo y hoy conser-
el Musée de l'Armée, Paris—, le granjearon una altísima reputación, alentada en los
siglos XIX y XX por la literatura nacionalista lorenesa, aunque hoy sabemos que mu-
rió al principio de la lucha. Por otra parte,
las atinadas críticas coetáneas del duque de
Alburquerque
(final), que responsabilizó de la derrota por la mala disposición táctica
que dio
al ejército  y del también militar e historiador Gualdo Priorato, no han sido to-
davía suficientemente ponderadas

                                                                                          © JUAN L. SANCHEZ.
Retrato de Paul Benard de Fontaine
grabado por Vosterman.
ARRIBA: La visión del viejo conde de
Fontaine, enfermo de gota y mandando a
los tercios de Flandes encaramado sobre
una silla de mano, compone una insólita
pero entrañable estampa cuya apostura
no han marchitado los siglos pasados ni
lo harán los venideros. Sin embargo, no
debe ni puede seguir velando su alta
resposabilidad personal en aquella
jornada,  por mucho que los franceses  
exageraran, tergigiversaran y transmu-
taran aquella derrota insustancial, ni
mucho menos la primera que sufrían los
tercios, en el resplandeciente hecho de
armas que quedó en los anales de la
historia. (Grabado de Lalauze, 1899).
DERECHA: La rica iconografía preser-
vada sobre el personaje no se agota, ni
mucho menos, con los ejemplos que pro-
ponemos, ambos basados en el retrato
que pintara Paul de Iode. El primero, gra-
bado en España por un buril anónimo
(siglo XIX) y el segundo, aunque modi-
ficada la postura, grabado por Moncornet
en 1652. Tambien Merian se basó en el
mismo retrato para su grabado en el
Theatrum Europaeum (1645).


PAUL BERNARD DE FONTAINE,  CONDE DEL SACRO ROMA-
NO IMPERIO, SEÑOR DE FOUGEROLLES, CIERGES, ETC.  
(Rémeréville, Lorena,  2.XII.1576 — Rocroi, Francia, 19.V.1643).