LOPE DE FIGUEROA Y BARRADAS (c. 1541-1585), CABº SANTIAGO  
(1572), COMENDADOR DE LOS BASTIMENTOS DE MONTIEL (1582);
CAPITAN INFª ESPAÑOLA (1559-69), MAESTRE DE CAMPO (1569-84),
MAESTRE DE CAMPO GENERAL (1583), CAPITAN GENERAL DE LA  
COSTA DE GRANADA (1584-85).

INTRODUCCIÓN.
Lope de Figueroa ganó alta reputación militar en vida y fama legendaria durante el
Siglo de Oro, pero no tomó estado y dejó por heredero de sus servicios a su hermano
mayor Fernando de Barradas, señor de Graena. Tales servicios permitirían a sus su-
cesores acceder a un título marquesal, aunque hubieron de reconstruírlos en 1682,
dando razón de ellos Antonio-Lope de Barradas y Portocarrero, bisnieto de su her-
mano Fernando y primer marqués de Cortes de Graena. Basándose en un documen-
to del archivo de su Casa —una cédula de Felipe II, fechada el 30.IX.1569, que copió
Hariza y reproducimos mas abajo— cifró en 35 años la vida militar de su antepasado,
un cómputo que ha venido aceptándose desde entonces, fijando el comienzo de su
carrera en 1550, cuando su protagonista no había cumplido diez años de edad, como
ahora sabemos.

Aunque personalmente nunca cuestioné la fecha de nacimiento que generalmente
se le atribuía (1520), siempre me intrigó que un segundón sin medios de fortuna no
ingresara en la milicia hasta la treintena y, tratando de aclarar si hubiera sido religio-
so antes que soldado fue por lo que decidí consultar su expediente de pruebas para
el ingreso en la Orden de Santiago, que custodia el AHN (Madrid). Hace más de un
lustro que tales expedientes ya no pueden consultarse físicamente, sino mediante
un lector de microfilms. La filmación era prácticamente ilegible porque las marcas
de tinta del reverso complicaban la lectura del anverso, de por sí enrevesado por su
apresurada caligrafía y las amplias manchas de humedad que emborronaban o difu-
minaban el texto. Tuve que renunciar a tomar notas y ni siquiera saqué fotocopias,
convencido de su inutilidad. Tres años después, al advertir que dicho expediente po-
día consultarse desde la comodidad hogareña a traves del portal PARES, procedí al
lento y metódico esfuerzo de rasgar sus tinieblas.Los resultados han merecido la pe-
na y la biografía del personaje aparece ya claramente perfilada: no llegó a cumplir
los 45 años de vida y sus tan aireados 35 de servicios se quedaron en 27. La duda es-
triba ahora en si existió una interesada modificación del documento real arriba men-
cionado por sus propietarios en el siglo XVII, o si Felipe II no estaba bien informado
acerca de lo que firmaba. En cualquier caso, esa es una cuestión que rebasa los lími-
tes de nuestro estudio, cuyo objetivo no es otro que el enfocar las carreras de los mi-
litares de nuestros tercios y son todavía legión quienes aguardan su inspección.

ASCENDIENTES Y NACIMIENTO.
Fue segundogénito del capitán Francisco Pérez de Barradas y Atoguia, natural de
Guadix —señor de Cortes y Graena, caballero de Santiago (1539), paje de Fernando
«el Católico», alcaide de La Peza— y de doña Leonor de Figueroa Zapata, natural de
Madrid,séptima nieta del rey Fernando III «el Santo»,hija de Lope  Zapata y Alarcón
—primer señor de Daracalde y Viveros (Madrid), comendador de Hinojosa en la Or-
den jacobea— y de doña Teresa de Figueroa Ponce de León, entroncada con los con-
des Feria, Medellín y Arcos de la Frontera.

Siguiendo la costumbre de los segundones de su época adoptó el apellido materno,
siendo conocido como Lope de Figueroa. Su abuelo paterno, Francisco Pérez de Ba-
rradas y Saavedra, caballero de Santiago y comendador de Cieza, fue el primer alcai-
de de Peza tras su reconquista, corregidor de Alcalá la Real, Olmedo y Medina del
Campo, trinchante, gentrilhombre de la boca y maestresala de los Reyes Católicos;
desposó a  doña María de Atouguia, noble portuguesa, dama de la reina Isabel la Ca-
tólica, hija de Lope de Atouguia, —caballero calatravo, comendador de Malagón y Vi-
llarubia, montero mayor del rey Fernando el Católico— y fue uno de los primeros re-
pobladores de Guadix, donde obtuvo por repartimiento una «casa muy principal en
la Puerta Alta». En dicha ciudad fabricó a sus expensas el convento de San Francisco
para su enterramiento y el de sus descendientes.

Lope fue el 2º de cuatro hermanos, todos varones: Fernando Perez Barradas, suce-
sor en el mayorazgo paterno; Juan de Figueroa y Francisco Zapata, también soldado
en Italia. Como todos ellos, nació en Guadix, en la referida casa junto a la puerta Al-
ta, hacia 1541-42; es decir, 22 años después de la fecha hasta ahora aceptada (1520).
Tal aserto se desprende de la casi unánime afirmación de
«ser de edad de 30 años,
poco más o menos»
, según los testigos interrogados, tanto en Guadix como en Ma-
drid, por el caballero santiaguista Pedro Ruiz de Alarcón y el licenciado Gome de los
Reyes, religioso de dicha orden, comisionados por el Consejo de las Ordenes para la
probanza de las calidades requeridas para vestir el hábito jacobeo que le concediera
Felipe II en Madrid (31.I.1572), para recompensar al portador y relator de primera
mano de los detalles sobre la victoria de Lepanto (7.X.1571). Dada la extraordinaria
importancia que cobran tales afirmaciones, conviene su desglose individualizado.De
los 8 testigos interrogados en Guadix entre el 10 y el 12 de marzo de 1572, todos los
cuales juraron conocerle de
«vista, habla y trato», 7 respondieron a la pregunta so-
bre la edad del pretendiente.Veamos sus respuestas:
Cinco de ellos respondieron exáctamente lo mismo: «
30 años, poco más o menos».
Fueron Juan Aguirre de Loyola, regidor de la ciudad, vecino y natural de ella, de 54
años de edad; Luis Redondo, clérigo presbítero de 70 años, natural de Úbeda pero
avecindado en Guadix desde hacía 45 años; Juan de Mesa, clérigo presbítero de 62
años, natural y vecino de la ciudad; Pedro de Cubas, jurado de la misma, de 62 años,
vecino y natural de ella, que declaró conocerle
«desde que nació» .También Martin
de Hervas, de 65 años,
«clérigo presbítero, beneficiado de Sant Miguel, parrochia de
esta cibdad de Guadix
», declaró conocerle desde que nació, respondiendo sobre su
edad que era «
de más de 30 años»; misma respuesta de Cristóbal de Benavides, de
44 años, vecino y natural de Guadix. Por último, el licendiado Alonso de Veguera, de
75 años de edad, dean de la catedral accitana,  dijo que «
treinta años, antes mas que
menos
». Pero es de notar que el dean reconoció que hacía 32 años que residía en di-
cha iglesia mayor, habiendo ejercido anteriormente en la diócesis de Toledo, hecho
que constituye una excelente referencia para acotar el significado preciso de su aser-
ción, pues nos permite colegir que Lope no podía alcanzar los 32 años de edad. Creo
que todos los deponentes venían a subrayar lo mismo: que el pretendiente tenía a la
sazon (12 de marzo de 1572), 30 años cumplidos; es decir, que había nacido antes
de marzo de 1542. Más adelante descubriremos la forma de convalidar esto, pero an-
tes repasaremos las deposiciones de Madrid y algunas curiosidades familiares que
contiene el expediente.

En Madrid se recabó el testimonio de 5 testigos, todos ellos interrogados el 20 de fe-
brero de 1572; es decir, con anterioridad a la pesquisa accitana, pese a lo cual se en-
cuadernó después. Tres de ellos, curiosamente todos de la misma edad (70 años) —
Diego de León, escribano de S.M., Jerónimo de Rosales y Juan de Porras, los dos
últimos vecinos y naturales de la villa y Corte— declararon no conocer al pretendien-
te, aunque sí a sus padres —ambos ya fallecidos—
«que venían a holgarse en casa de
Rodrigo Zapata, su cuñado»
(hermano de doña Leonor de Figueroa y marido de do-
ña Beatriz de Barradas, respectivamente madre y tia de Lope). En cuanto a los dos
que conocían al pretendiente, ambos naturales y vecinos de Madrid, el también sep-
tuagenario Juan de Herrera y Gaspar Ramírez de Vargas, éste de 60 años,  respon-
dieron lo mismo: que «
le conocían de vista y habla y que, a su parecer, tendrá 30 a-
ños, mas o menos
».

Todos los interrogados en Guadix conocieron a los padres y abuelos paternos de Lo-
pe, ninguno de los cuales vivía en el momento de las pruebas. Como curiosidad, la
abuela es citada siempre con el apellido Tuguya, probable fruto de su transliteración
al castellano. Pese a que el linaje de los Barradas fue meticulasamente estudiado por
Juan de Hariza en 1772, utilizando profusamente el archivo de la Casa, contiene el
expediente algunas informaciones novedosas,dignas de traerse a colación a riesgo
de extendernos demasiado. Así, el jurado Pedro de Cubas, afirmó que se halló con
el padre de don Lope en la conquista de Túnez (1535), y que también vió  a su abue-
lo, Francisco Perez de Barradas el Viejo,
«en Granada, cuando el Emperador N.S. vi-
no a ella la mañana de Santiago
(1526), jugar a las cañas despues de comer, vestido
a la morisca y andando al lado del Emperador»
. En cuanto al célebre combate de
Policar, protagonizado por el dicho abuelo, que data el dia de Santiago (25.VII) en
tanto que Hariza, quizá debido a una errata lo fecha el 25.VI.1490, lo narra con más
extensión que éste, remontándose a sus antecedentes. Ello aparte, recordaba haber  
visto pintada su  historia
«en la capilla mayor del monasterio de San Francisco des-
ta cibdad, porque es suya y de sus descendientes y su enterramiento
».

COMIENZOS DE SU CARRERA MILITAR (1558-1563).
Hariza, que utilizó profusamente la documentación familiar para ilustrar su trabajo,
fue el primero en trazar sus orígenes, pero no fue tomado en consideración porque
su compendio no alcanzaba esos 35 de años de servicios que sus sucesores se obsti-
naron en propalar, quiza apelando incluso a la alteración documental. Así la refería
el autor invocado:
«Empezò à servir de diez y seis años, y para este efecto saliò fugi-
tivo de su casa; pasò a Italia, en donde se hallaba de Governador de Milan el Duque
de Cesar [por Sessa], y siendo capitán de infantería española se perdió en los Gelbes
[Djerba] …fué cautivo a Constantinopla, donde estuvo quatro años hasta que su pa-
dre le rescató»
.

Sabemos por sus pruebas jacobeas que Lope nació ca. 1541-42 y, por otras fuentes,
que Gonzalo Fernandez de Córdoba y Fernández de Córdoba, III duque de Sessa,
designado para el cargo el 24.IV.1558, entró en Milán el 20.VII de aquel mismo año.
Por lo tanto, queda verificado que Lope tuviera esos 16 años que apunta Hariza al
unirse a la comitiva del duque. Probablemente gozara inicialmente de un entreteni-
miento señalado por aquel hasta que, el año siguiente, cuando se decidió la expedi-
ción para la reconquista de Trípoli, le expidió una patente de capitán de infantería
española para levar una de las 18 compañías del tercio de Miguel de Barahona, for-
mado en Lombardía para la jornada (
T.I.E. nº 13), aprovechando la desmovilización
del tercio de españoles que fue de Rodrigo de Benavides (
T.I.E. nº 9).

La primera noticia con la orden de Felipe II sobre el partícular llegó a Milan el 3.VII.
1559, por medio del comendador Guimarán, como revela una carta de Juan Despuig
(Puche en el original) a Lope de Acuña,
gobernador de Alessandria, (RAHE, Col. Sa-
lazar, A-67, f. 55).Junto a Lope, fue proveído capitán del tercio su primo Rodrigo Za-
pata (1539-1581), hijo de otro homónimo arriba mencionado y de su tia Beatriz, que
a pesar de su juventud se había distinguido en el asalto de San Quintin (1557), sien-
do alférez de su hermano mayor Francisco Zapata. La composición del tercio de Ba-
rahona nos es conocida por la muestra y liquidación de las pagas atrasadas en Sestri
Ponente (riviera de Génova, 2.IX.1559), que el Senado milanés rechazó aprobar por
no ajustarse al procedimiento regulado. Por eso sorprende que tanto en las historias
impresas en su tiempo (Cirni, Castillo, Ulloa, Funes, etc), así como entre las memo-
rias manuscritas de los que allí se hallaron (Corrales, Holzaimer y alguna anónima)
se hable de que su compañía, embarcada en Siracusa a bordo del galeón de Visconti
Cigala (1504-1564), estaba formada por foragidos sicilianos. Cierto que la compañía
se amotinó (25.XII.1559),asesinando en la nave al sargento y en tierra, donde logra-
ron desembarcar 80 hombres cerca de Cabo Passero, al alférez; pero estaba formada
por españoles, salvo que para rehacer sus cortos efectivos el capitán se hubiera visto
obligado a incorporar algunos sicilianos en Messina o en Siracusa. En todo caso, la
responsabilidad del motín de nuestro biografiado, que habia preferido trasladarse a
Malta fiado en la segurridad de boga de una galera mientras que el galeón había te-
nido que regresar cinco veces a Siracusa desde el Cabo, ante la imposibilidad de em-
bocar el canal de Malta por los vientos adversos.

Lope no era todavía más que un jóven inexperto, elevado al rango de capitán por la
voluntad de un gobernador bien relacionado con su familia. Consciente de sus ca-
rencias, el propia Duque de Sessa le había escrito desde Milán (24.IX.1559), para re-
comedarle a Giovanni Speziani (Juan de Especia en el orginal),antiguo sargento ma-
yor, para que pudiera valerse de su experiencia. (RAHE, ibid. A-66, fol. 273). Giova-
nni, hermano de un noble milanés, murió asesinado en el motín aludido, la misma
suerte que correría años más tarde (1582) su hijo Pompeo Speziani (Especiano/Es-
pesiano en nuestros textos), que fue capitán del Tercio de Don Lope desde 1571 has-
ta su muerte, sirviéndo a sus órdenes en Lepanto y Flandes.

Su primera compañía se perdió enteramente ya que, aunque el capitán Antonio Ar-
tacho, del tercio de Nápoles, consiguó capturar a los 25 hombres que no llegaron a
abandonar el galeón de Cigala, todos fueron castigados en Malta (5.I.1560), tres a-
horcados y el resto encadenados al remo. Lope siguió la suerte de aquella desafortu-
nada jornada sirviendo junto a su primo Rodrigo Zapata, con quien también com -  
partió cautividad en la torre Negra de Constantinopla. En efecto, alertados los tucos
sobre el objetivo cristiano y aprestadas las defensas tripolitanas por Dragut-Rais, el   
Duque de Medinaceli decidió apoderarse de la isla de Djerba o los Gelves, al  sur del
golfo de Túnez, operación que culminó en un desastre completo: primero naval (11.
V.1560) y luego terrestre (29.VII), al ser cautivados por los turcos los últimos defen-
sores del fuerte de la isla, ampliado por Alvaro de Sande y puesto en defensa desde
el 25 de abril. Lope y su primo se hallaban entre ellos. Sin embargo, su prisión en
Constantinopla so se prolongó los 4 años que menciona Hariza.Rodrigo Zapata, que
había recobrado su libertad en el otoño de 1562, tuvo que regresar para pagar el res-
cate de Lope y ambos tomarían parte en el llamado socorro de Orán, cuando era Ma-
zalquivir (Mers-el-Kebir) la plaza más directamente amenazada, embarcando como
aventureros en Cartagena (5.VI.1563) para servir con las banderas de Juan de Solís,
que aun mandaba el llamado Tercio de Francia.   

DE NUEVO CAPITAN DE INFANTERÍA (1564-69), EN TRES TERCIOS.
En 1564 volvía a mandar una compañía de infantería española. Baltazar Collazos (1)
apunta que fue uno de los capitanes del tercio de Sicilia que embarcaron con García
de Toledo (1514-1577) para tomar el Peñón de Velez de la Gomera, reducido el 6 de
setiembre; sin embargo ninguno de los 4 capitanes citados aparecen en las muestras
del tercio insular porque, en realidad, habían conseguido la gineta en el  Tercio de
Francia, que desde el 20.VIII.1663 estaba a cargo de Gonzalo de Bracamonte.

Enseguida pasarían con las galeras de Juan Andrea Doria (1539-1606) a Córcega,su-
blevada nuevamente por
Sampiero da Bastelica, apodado Corso (1498-1567), apor-
tando en Bastia el 24 de noviembre; donde, según Argote, «
ganó con su compañía,
a vista de San-Pedro Corzo el enemigo, el castillo de Istria a escala vista con grandí-
sima felicidad y nombre
». Por la correspondencia de Juan Andrea Doria con Felipe
II, publicada por Vargas-Hidalgo (pgs. 440-45), sabemos que, después de intercam-
biar en Bastia a los enfermos por gente de refresco, las galeras se dirigieron a Porto
Vecchio, en poder de los rebeldes, que se rindió el 26.Luego tomaron provisiones en
Bonifacio y el 1 de diciembre atracaron en un paraje que el almirante llama Puerto
Ervi, no identificado en la toponimia actual,pero ubicado sin duda en el Golfo de Va-
linco por su proximidad al castillo de Istria, en una zona montañosa cerca de Solla -
caro. El dia siguiente desembarcaron 500  arcabuceros españoles que marcharon a
reconocer el camino, apoderándose sin resistencia de Olmeto y del castillo de Rocca
di Valle, abandonado por sus defensores; pero el 6 hubieron de pelear contra los se-
cuaces de Corso, que resultó herido y perdió a su cuñado, Ciamanaccia. Doria, que
informa al rey de 12 bajas en la escaramuza, no aporta en cambio ningun detalle so-
bre el asalto al castillo de Istria, aunque avisó de su toma el 25.XII desde Génova, a-
donde había llegado el 13.Por otras fuentes sabemos que se conquistó el 10, guarne-
ciéndolo 50 soldados al mando del genovés Bartolomeo Conturbino.

En la isla quedaron 2.300 infantes españoles y la coronelía italiana de Lorenzo de
Figueroa, pero los primeros la abandonaron eL 6.VI.1565 para asistir al socorro de
Malta, donde Lope volvió a distinguirse en el ataque a la torre de Falca, cuyo asalto
condujo Chiappino Vitelli (1520-1575), con 800 arcabuceros españoles, y donde Oc-
chiali (Kilidisch-Ali) estuvo muy cerca de caer prisionero (9.IX.1565); no obstante,
su   precipitado embarque en la cala de San Paolo,rumbo a Trípoli, determinaría el
abandono del asedio por el resto de la armada turca de Piali (1520-1571). Fernández
Navarrete situa erróneamente esta acción en la isla de Córcega.

Por cierto, el tercio de Francia,disuelto al reformarse la compañía de su maestre de
campo Gonzalo de Bracamonte, fue reconstituído en Córcega con el nombre de ter-
cio de Cerdeña, bajo cuyas banderas sirvió Lope en
aquella isla y en Malta, tanto du-
rante el asedio como, como el año siguiente (mayo-20.VII.1566), asi como en Mesi-
na y en la perseción de la armada turca que atacó Francavilla in Sinni y Santovito (5.
VIII), a la que
no se pudo dar caza, volviendo a Mesina desde el Cabo Espartivento.
A poco de regresar la expedición,
4 de las compañías del tercio, inclusas de la Lope y
la
Martin de Eraso —una de las inciales del tercio de Francia,que había combatido en
Dreux y en Oran— pasaron a la Goleta y no volverían a servir en el tercio, marechan-
do a Flandes con el tercio de Julian Romero (1567). La de Lope volvió a distinguirse
en Frisia
en la batalla de Gemmingen (21.VII.1568), acometiendo al enemigo con
300 arcabuceros y consiguiendo apoderarse de su arti
-llería tras dura refriega sobre
un estrecho dique. El Duque de Alba le envió a España a dar cuenta de la victoria a
Felipe II, que le recompensó con una pensión vitalicia de 400 ducados anuales reco
-
nociendo que  «en la batalla de Yemecon (sic) se alcanzó la victoria por vos princi -
palmente; a do ciertamente ganasteis gloria para nos y honra para vos» (Real cé-
dula de 30.XI.1569, reproducida íntegramente por Hariza).


MAESTRE DE CAMPO DEL TERCIO DE GRANADA, LUEGO LLAMADO
DE LA SACRA LIGA.
Aprovechando la sublevación de los moriscos de Granada, solicitó el mando de un
tercio
«atendiendo a la experiencia que tiene de las cosas de la guerra y particular-
mente de las de Italia»  (AGS, E, 1133). Tras serle concecido, procedió a su leva en
Granada, el año
1569. En enero de 1570 se hallaba frente a Galera, en la Alpujarra,
en cuyo asalto fue herido aunque la villa fue tomada y arrasada por orden de Don
Juan de Austria. El mes siguiente, en Serón, las tropas españolas —entregadas al sa
-
queo— fueron sorprendidas y expulsadas del lugar en desórden. Lope intentó reor-
ganizar sus  filas, recibiendo un arcabuzazo en la pierna derecha que le haría cojear
el resto de su vida; también fue herido don Juan de Austria, que pudo salvar su vida
gracias a que Luis de Quijada, su antiguo ayo, sacrificara la propia para sal- var la
suya. Pese al contratiempo, el Tercio de Figueroa tomaría Tíjola en marzo y en
agosto presidiaba Andárax con su doce banderas. Poco después, Figueroa fue nom-
brado jefe de los presidios de la Costa de Granada con la misión de capturar y evitar
la huída de los moriscos al Norte de Africa y, concluída la guerra, su tercio pasó a
engrosar la armada que Juan de Austria preparaba para unirse a la Santa Liga.

En junio de 1571 se embarcó en Cartagena y, tras el agrupamiento de la fuerza expe-
dicionaria en Barcelona, zarparon el 18 de julio hacia Italia contando su tercio —que
seguía llevando el nombre de
Granada— con 2.259 soldados (AGS, E, 1.134). El 25
de agosto se reunieron en Messina con la armada coaligada, repartiéndose las 14
compañías del tercio entre las galeras de España (8) y las de Nápoles (las 6 restan-
tes). Al alba del 7 de octubre de 1571, en la embocadura del golfo de Neúpaktos (Le-
panto) dieron vista a la armada turca. Don Lope combatió a bordo de la galera
Real,
junto a Don Juan de Austria, y a tanta satisfacción de su superior que, tras la seña-
lada victoria, fue de nuevo comisionado para portar la feliz noticia al rey de España.
Escoltado por diez galeras, llevó con él una carta hológrafa de Don Juan para su her-
manastro, la relación oficial del evento, compuesta por el secretario Juan de Soto, y  
el estandarte de la galera
Sultana, que había capturado personalmente sobre la almi-
ranta turca durante la lucha. Felipe II le agasajó en El Escorial la víspera de Todos
los Santos de 1571.

El año siguiente el tercio de don Lope adsorbió al que había sido de Miguel de Mon-
cada, entrando a formar parte del mismo el ilustre soldado Miguel de Cervantes Saa-
vedra (1547-1616), que servía en la compañía del capitán Manuel Ponce de León, so-
brino del maestre de campo, quien ahora mandaba 25 compañías. La unidad tomó
entonces el nombre de «Tercio de la Sacra Liga», que en una revista pasada en Mes-
sina, el 31 de julio de 1572, arrojaba unos efectivos de 2.456 soldados. Poco después
se concentraban en Corfú con la armada coaligada, partiendo de nuevo en busca de
la flota otomana, que rehusó el combate ante el cabo Matapán y buscó refugio en
Modon (hoy Methoni) y Navarino (hoy Pilos). Juan de Austria bloqueó ambos en-
claves y ordenó sitiarlos por tierra; pero carecía de medios suficientes para simulta -
near ambas empresas y, el 9 de octubre, hubo de ordenar el regreso. El tercio era
entonces tan numeroso que no podía permancer reunido, siendo preciso que parte
de sus compañías invernasen en el Milanesado y las restantes en Sicilia; por ello, el
7 de diciembre desembarcaba don Lope en Génova con las compañías señaladas pa-
ra el Milanesado. Antes de la conclusión de aquel invierno (11.III.1573), los venecia-
nos se desvincularon de la Liga pactando una paz separada con los turcos; por ello y
debido a la presión del duque de Alba desde Flandes, Felipe II ordenó que la parte
del tercio acuartelada en Lombardía marchase a los Países Bajos. El maestre de cam-
po intentó oponerse, alegando tanto motivos personales —«
ando harto malo, así
del pecho como de otros achaques viejos y la mar me va mejor porque me mata la
tierra fría
»— como tácticos: «mis soldados son gente de mar y galeras, prácticos en
los negocios de Italia, además de tener grandes ventajas de Don Juan, que les ha
visto luchar
» (AGS,E,1236), pero no consiguió mas que una licencia para curarse en
España, mientras que aquellas compañías hubieron de marchar a Flandes. Al llegar
allí, el 15 de junio de 1573, formaron un nuevo tercio que recibió el nombre de San
Felipe (
Inf. española, no. 7), cuyo mando se confió al capitán Francisco de Valdés,
con título de gobernador.
EL HOMBRE DE LOS MIL ROSTROS SIN NIN-
GÚN RETRATO. La figura militar de Lope de
Figueroa, cautivo en Djerba, vencedor y
protagonista en Malta, Gemmingen, Lepanto,
Maastricht y San Miguel no ha merecido un
retrato, ni siquiera una ilustración por figu-
rada que fuera. En cambio, como protago-
nista de "el Alcalde de Zalamea", ha sido
encarnado miles de veces desde su primera
representación ca. 1636. De izquierda a de-
recha, algunos de los actores que le presta-
ron su rostro en los escenarios: Agustin Gon-
zález (2003), Jordi  Dauder (2000) y Jorge
Lillo (1955)
La pavorosa caligrafía de las pruebas jaco-
beas de Lope de Figueroa y las marcas de la
incipiente humedad que dificultan su lec-
tura han debido desalentar a no pocos estu-
diosos del personaje. Tiempo atrás, quien
esto escribe fue uno de ellos.
Curiosamente, la mayoría de las represen-
taciones iconográficas del personaje (sobre
todo, en carteles) se deben también a su rol
literario. Como en este bajorelieve en bron-
ce de Joan Figueras (1878), donde aparece
con marcial porte, apoyado en su bastón de
maestre de campo y a la izquierda de Felipe
II, en el monumento a Calderón de la Barca,
en la madrielña plaza de Santa Ana, que
reproduce el elenco de personajes de «el
Alcalde de Zalamea». ABAJO. Detalle
(publicado en
Wikipedia)
La catedral de Guadix, donde su dean, el Ldº
Alonso de Veguera, que residía en ella des-
de 1540, depuso en las pruebas jacobeas de
Lope de Figueroa el 12.III.1572. Su testimonio
permite acotar la significación temporal de
la expresión «antes más que menos», re-
ferida a la edad del pretendiente.
Lope Zapata de Figueroa (derecha), junto a
su hermano menor Pedro en una cromoli-
tografía decimonónica que reproduce una
pintura desaparecida del siglo XV. El evo-
cado Lope Zapata fue abuelo paterno de
Rodrigo de Zapata, primo de Lope y quien
pagó su rescate en Constantinopla, los
4,000 ducados que le entregó el padre de
Lope, cuñado del suyo.
Estado actual del fuerte de Djerba (Bordj
el-Kebir), ya muy diferente al que defen-
diera  Alvaro de Sande y rendido a los
turcos el 29 de julio de 1560. En él fue
cautivado Lope de Figueroa.
(1) Commentarios de la fundación y con-
quista y toma del Peñón, fol 17r, hace a
los capitanes Joan Osorio de Ulloa, don
Lope de Figueroa, García de Ávila y Bel-
trán de la Peña del tercio de Sicilia, pero
lo eran todavía del de Francia, al cual
pertenecían también Pedro González de
Mendoza y Bartolomé de Miranda, a los
que incluye en el Tercio de Nápoles.
También es de notar que Diego Enríquez
y Antonio de Tejeda, capitanes del ter-
cio de Nápoles eran dos personas dis-
tintas. Por último, añadiré que Carrillo
de Quesada era ya general de la Artille-
ría del Reino, siendo entonces su MdC
Pedro de Padilla, por lo que habré de
corregir la datación de la cadena de
mando publidada
(TIE no.11)
Busto de Sampieru Corso, si no el más fa-
moso del los corsos, lugar reservado a Na-
poleón Buonaparte, hoy celebrado como  
«le plus Corse des Corses».
Embarque de los turcos en San Paolo. Deta-
lle de uno de los frescos de Matteo Perez
d'Alecio en el palacio de los grandes maes-
tres (La valette, Malta).
La Plaza Mayor de Galera en la actualidad.  
Su traza es posterior a 1570, tras la reedi
fica-
ción del pueblo, destruído por el tercio de
Figueroa en su primera ac
ción bélica.
Representación de la batalla de Lepanto
en un gran fresco de Andrea Vicentino
(Detalle. Venecia, Palacio Ducal).
Don Juan de Austria apreció el mérito de
don Lope, a quien eligió para llevar a Felipe
II la nueva de la victoria de Lepanto; a
cambio, éste le profesaría una  incues-
tionable lealtad. Pintura atribuída a
Sánchez Coello, Descalzas Reales.
Su sucesor al mando del ejército, Alejandro Far-
nese (1545-1592), futuro duque de Parma, reto-
mó la iniciativa la primavera siguiente asediando
la fortísima plaza de Maastricht, tomada al asal -
to tras casi 4 meses de cerco (9.III — 29.VI), du-
rante los cuales el
tercio de la Liga sufrió nume-
rosas bajas y la pérdida de 9 capitanes. La Unión
de Arrás (5.V.1579), por la que Farnesio atrajo a
la obediencia real a las provincias católicas del
sur, impuso como contrapartida una nueva eva-
cuación de las tropas foráneas, abandoando el
tercio los Paises Bajos en marzo de 1580. Tras
recuperarse en Milán, donde pasaron muestra
21 compañías (16 de picas y 5 de arcabuces), con
1998 soldados (AGS,E,1251), embarcaron en Sa-
vona rumbo a Nápoles, en cuyo puerto, aguar -
dando otro embarque, las compañías de Juan de
Gamboa y la del propio Don Lope protagoniza-
ron un altercado que casi deriva en motín, resol-
viéndose la situación no sin algunos muertos,
heridos y presos (AGS, E,  1254).
Gouache de Francisco Mota (1915) que
ilustra el ingreso del cortejo fúnebre de D.
Juan de Austria en la plaza fuerte de
Namur, en cuya catedral fue provisional-
mente inhumado, procedente del cercano
fuerte de Bouges, donde falleció. En él
debería estar representado Lope de Fi-
gueroa, que fue uno de los jefes militares
que portó el féretro.
Las restantes compañías fueron empleadas por Don Juan en la conquista de Túnez
(11.X.1573), donde ordenó construir dos nuevos fuertes antes de regresar a Palermo
el 2 de noviembre. Aquel invierno, don Lope regresó de España con 9 compañías
adicionales, alcanzando el tercio el número de 21 que ya mantendría hasta su diso-
lución, conservando el ya anacrónico nombre de Tercio de la Liga. En 1574 debían
de haber tomado parte en el socorro de los fuertes de la Goleta y Túnez, el último de
los cuales cayó en poder de los turcos el 13 de setiembre de 1574, sin que Juan de
Austria hubiera podido socorrerlos, por diversas  vicisitudes, pese a que los turcos
comenzaron su asedio a mediados de junio. El 24 de junio de 1576, embarcadas so-
bre las galeras de Alvaro de Bazán (1526-1588), asolaron el archipiélago de Kerken-
nah o Querquenes, ante las costas tunecinas. Don Juan, nombrado poco antes go -
bernador de los Países Bajos para enderezar el desgobierno del Consejo de Estado
regnícola, hubo de refugiarse a finales de aquel año en el castillo de Namur, desde
donde se vería obligado a llamar en su ayuda, en 1577, a los tercios que, poco antes
y en prueba de buena voluntad, habia ordenado volver a Italia. El de Figueroa partió
de Milán el 22 de febrero de 1578, llegando ante el campo atrincherado de Bouges,
cerca de Namur, el 13 de abril. El 17 del mismo mes partía al asedio de Philippeville,
que logró reducir el 21 de mayo; pero el resto de la campaña tuvieron que mantener-
se a la defensiva, hasta que el 1 de octubre moría el hijo de Carlos V. Don Lope portó
el féretro de su viejo camarada, con los demás jefes militares, mientras que sus sol-
dados encabezaron el cortejo fúnebre con banderas negras y arrastrando sus picas.

Transportados a Cádiz por las galeras de Juan Andrea Doria, permenecieron allí du-
rante 1581, inactividad que los capitanes aprovecharon para reclutar sus compañías
en diversos lugares de Andalucía hasta completar 3.722 plazas (Escalante, 2002). El
15 de enero de 1582, hallándose en Cádiz, recibió el título de comendador de la en-
comienda de los Bastimentos del Campo de Montiel, perteneciente a la Orden de
Santiago, en la cual habia profesado en 1572. El 29 de junio siguiente, el tercio em-
barcó sobre la armada de 36 naves dispuesta por Álvaro de Bazán, I marqués de San-
ta Cruz, para intentar la conquista de la isla Terceira, en el Archipiélago de las Azo-
res, que el prior de Crato, apoyado por Francia e Inglaterra, mantenía rebelada con-
tra la autoridad del nuevo rey de Portugal, Felipe II de España. Don Lope subió a
bordo del galeón
San Mateo, de fábrica lusitana, el segundo mayor de la escuadra
tras el San Martin, insignia de Bazán, junto a los 116 hombres de su compañía y los
117 del capitán Pedro Rosado.

MAESTRE DE CAMPO GENERAL y CAPITAN GENERAL DE LA COSTA
DE GRANADA.
Tras zarpar el 10 de julio rumbo a la isla, el 26 avistaron en sus inmediaciones a la
flota de Felipe Strozzi (1541-1582), almirante florentino al servicio de Francia. El
“San Mateo” abandonó la formación, ocasión que aprovechó el almirante florentino
para abalanzarse contra él seguido de 5 naves francesas. Aislado y sin posibilidad de
recibir ayuda, sostuvo durante dos horas un incesante bombardeo durante el cual
recibió más de 500 impactos de artillería que declararon una veintena de incendios;
pero ganó un tiempo precioso para que el resto de la armada deshiciera a su rival an-
tes de rodear a los navíos encelados con su solitaria presa. Tras su victoria, la escua-
dra española intentó repararse en la isla de San Miguel, pero tuvo que regresar a
Lisboa, en septiembre, abandonando su objetivo. Cuando lo intentaron de nuevo,
el año siguiente, Lope de Figueroa era ya Maestre de Campo General de la expedi -
ción y  miembro del Consejo del almirante Marqués de Santa Cruz junto a Pedro de
Padilla, capitán general del Orán; Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, y Juan
Martínez de Recalde. En virtud de su empleo, mandaba sobre toda la infantería em-
barcada, integrada por su propio tercio, el de Francisco de Bobadilla (1537-1610); el
de Juan de Sandoval, hermano del marqués de Denia; 4 compañías del regimiento
alemán de Jerónimo de Lodrone, 2 italianas de los capitanes frey Vincenzo  d’Afflito
y Luzio Pignatelli y una compañía de aventureros portugueses al mando de Félix de
Aragón (AGS, G.A.146). La fuerza expedicionaria zarpó de Lisboa el 23 de junio de
1583, embarcada en 98 naves. Llegaron a a la isla de San Miguel el 6 de julio y a la
Terceira el 23 del mismo mes. En la madrugada del 26 desembarcaron a 6 millas al
E. de Angra, durando la resistencia 16 horas. Tras la victoria, Don Lope autorizó a
sus hombres tres días de saqueo en la isla. La armada regresó el 17 de agosto pero
no aportó a Cádiz hasta el 15 de septiembre.

A primeros de octubre, Felipe II le nombró Maestre de campo general de la gente de
guerra de Portugal y Capitán general de la Costa de Granada, empleos en los que su-
cedía a Sancho Dávila y Daza, fallecido en Lisboa el 8 de junio del mismo año, por lo
que tuvo que embarcarse en Cádiz el 26 de octubre hacia Lisboa. Poco despues, el 8
de noviembre, lo haría también el Tercio de Liga, al mando del sargento mayor Her-
nán Tello de Portocarrero,  para retornar a Flandes, vía Italia. Llegó a Namur el 18
de junio y solo 5 dias despuès, el dia 23, el Duque de Parma ordenó su desmoviliza-
ción. Todos los capitanes fueron reformados y los soldados pasaron a engrosar las
compañías de los restantes tercios que servían en los Países Bajos, concluyendo así
la singladura histórica del Tercio de la Liga, anteriormente llamado de Granada, pe-
se a que el Conde de Clonard enlazara su existencia con el posteriormente creado
Tercio de la Armada de la Mar Océano, que la bibliografía regimental española y la
tradición histórica naval han venido aceptando y siguen admitiendo pese a su incon-
sitencia histórica, dado que el tercio que formara Lope de Figueroa en 1569 se extin-
guió, sin solución de continuidad, en la fecha y lugar arriba expresados, como atesti-
guan el militar y cronista Alonso Vázquez y la documentación coetánea preservada
en Simancas (AGS,E,588 y AGS,E,590).

Don Lope permaneció en Lisboa un año, pues en octubre de 1584 obtuvo licencia
para acudir a la Corte para despachar diversos asuntos relativos a la Capitanía gene-
ral de Granada (AGS,G.A., 168). De aquel tiempo se conservan algunos informes
que revelan las penurias del ejército real en Portugal, llegando a solicitar que
«no se
le envíen más hombres sino fuera con qué pagarles»
(AGS, G.A., 167). El 10 de mar-
zo de 1585 asistió a la boda de Catalina Micaela, hija de Felipe II, con el Duque de
Saboya, celebrada  en Zaragoza. Después formó parte del séquito real que partió ha-
cia Monzón, donde iban a reunirse las Cortes del Reino de Aragón. Allí falleció, víc-
tima de un brote de peste que acabó también con la vida del Marqués de Aguilar,
montero mayor del rey, el secretario Antonio Eraso, el Arzobispo de Zaragoza y cer-
ca de 1.500 personas más.

FIGURA RECURRENTE EN LAS LETRAS HISPÁNICAS.
Lope de Vega, por boca de uno de sus personajes, le saludó como «Aquel invencible
Marte, /don Lope de Figueroa, / famoso del Tajo al Ganges»
, pero no fue el único
de los dramaturgos del siglo de Oro que le llevó a la escena. Don Lope ingresó en el
mundo de la literatura como protagonista de tragicomedias como «Amar después
de la muerte» y «el Alcalde de Zalamea», de Calderón de la Barca, en un tema ya es-
bozado por el mismo Lope, que volvió sobre él en «el asalto de Mastrique» (1606),
sin olvidar «el Aguila del Agua», de Vélez de Guevara, y otras estudiadas por Hen -
driks, que trató de profundizar en las divergencias entre la personalidad histórica
del personaje y sus diferentes encarnaciones literarias.

                                                                                         © JUAN L. SÁNCHEZ.
Alvaro de Bazán, I Marques de Santa Cruz
de Mudela, combatió en Lepanto junto a
Don Lope, en la primera ocasión en que su
terció peleó embarcado, hallándose tam-
bién en la batalla de la isla de San Miguel  
(26.VII.1582) y en el desembarco en la Ter-
ceira, últimas ocasiones en que volvió a
hacerlo el Tercio de la Liga. (Anónimo, siglo
XVI. Col. Marqués de Santa Cruz, Madrid).
ABAJO: El galeón San Martin, insignia de D.
Alvaro en la campaña de las Azores.
Pedro Luis Calderón de la Barca, el genio
de la métrica impensable, sutil como el
aleteo de la mariposa y tan profunda como
los más insondables  abismos —los de la
mente y el espíritu, que surcó con inimi-
table maestría en «La vida es sueño»—,
transmutó la figura histórica de Don Lope
en personaje de corralas y escenarios,
contribuyendo decisivamente a la con-
formación de su figura literaria.


Juan de Hariza, al que no hay razón para
alterar la ortografía de su apellido, nos brin-
da un testimonio excepcional sobre los co-
mienzos de la vida miliar de Lope de Fi-
gueroa al afirmar que se escapó de su casa
con 16 años, en 1558.
LOPE DE FIGUEROA Y BARRADAS, CABALLERO DE SANTIA-
GO Y COMENDADOR DE LOS BASTIMENTOS DE MONTIEL.
Guadix (Granada), ca. 1541-42  — Monzón (Huesca), 28.VIII.1585.