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| II MARQUES DE CELADA (1621-1635), VI MARQUÉS CONSORTE DE VILLANUEVA DEL FRESNO Y DE BARCARROTA (desde 31.III.1635 hasta 30.X.1635), CABALLERO DE CALATRAVA (1631) Y COMENDA- DOR DE BOLAÑOS (11.v.1621), GENTILHOMBRE DE LA CAMARA DE FELIPE IV (18.VIII.1627); CAPITÁN DE INFª ESPAÑOLA Y DE CABA- LLOS POR SU CONDICIÓN DE TITULADO DE CASTILLA (patentes de 11.VI.1727); MAESTRE DE CAMPO INFª ESPAÑOLA (1632-35), CORO- NEL DE UN RGTº DE CABALLERIA ALEMANA (1634-35), GENERAL DE LA ARTILLERIA DEL EJÉRCITO DE ALSACIA (1.VII.1635). Sobre éste personaje tenía redactado el siguiente esquema biográfico: ALONSO GASPAR FERNANDEZ DE CORDOBA (1607-1635), II MARQUES DE CELADA (1621-1635), gentilhombre de la cámara de S.M. (18.VIII.1627), fue hijo único del homónimo primer marqués (1614), mayor- domo de Felipe III. Criado en la Corte, Felipe IV le concedió, a poco de su exaltación al trono (1621), la rica encomienda de Bolaños en la Orden de Ca- latrava y, mas tarde, cuando tuvo edad de servir, el mando de dos compa- ñías en Flandes —una de infantería y otra de caballos— cuyas patentes se le despacharon el 11-VI-1627. Sirvió ambas con distinción, siendo nombrado MdC de Infantería del tercio que luego recibiría el nombre perpetuo de Zamora (1632), que aun fungía cuando levó un regimiento de Caballería alemana (1634), cuyo mando desempeñó —pese a ser muy infrecuente— simultáneamente con el anterior. También se le encomendaron algunas misiones diplomáticas en relación con la suerte del ducado de Lorena, del que Francia se habia apoderado. Regresó a España en 1635, con licencia para contraer matrimonio con la marquesa de Villanueva del Fresno (31-III-1635) en la Corte, de donde partió el 16 de julio de dicho año para hacerse cargo del empleo de general de la Artillería del ejército hispano-imperial que había de formarse para la resti- tución de Alsacia y Lorena, tomadas por los franceses. Al pasar por Italia, sabiendo que Valenza de Po se hallaba sitiada por el mariscal de Créquy, entró en la plaza para hacerse cargo de su defensa. Logró resistir el asedio hasta que un ejército de socorro al mando de Carlos Coloma obligó al enemi- go a levantarlo (26 de octubre), pero había enfermado gravemente y falleció dias después de la liberación de la plaza (31 de octubre/1 de noviembre). Una de las primeras personas en recuperar el contacto perdido ha sido Mi- guel Angel Gill, corredactor de la biografia que aparece en ésta web sobre Carlos Coloma y quien consiguió localizar —y obtener una copia— del últi- mo trabajo histórico de don Carlos (todavía inédito), cuya existencia di a conocer en la página "Relaciones de Carlos Coloma" en esta web. Durante este tiempo, Miguel Angel ha concluído una amplia biografia sobre el personaje, ya en prensa, que pronto veremos publicada por la editorial ECU con el apoyo del Ayuntamiento de Elda. Infatigable, me comenta que ahora está trabajando en la edición crítica del manuscrito y me ha pedido que le proporcione alguna noticia sobre el marqués de Celada. La que precede puede bastar para encajar su breve trayectoria vital (murió a los 28 años de edad), pero no es suficiente para las pretensiones de ésta web porque, en relación con los masestre de campo de tercios, debe interesarnos cubrir especialmente el período de su mando en ellos. Por eso me propuse ampliar la información anterior, obligándome a hurgar mas profundamente en su biografía. Lo que sigue es el resultado de esa inspección, cubierta el pasado fin de semana. [Madrid, 26 de marzo de 2007]. AMPLIACIÓN BIOGRÁFICA SOBRE ALONSO GASPAR FERNÁN- DEZ DE CÓRDOBA Y ALVARADO, II MARQUES DE CELADA. Hijo único y heredero de D. Alonso Fernandez de Córdoba y Aguilar (†23.XII. 1621), a menudo citado como Alonso de Córdoba (hermano de Pedro, IV marqués de Priego y tío de Alonso, a quien no llegaría a ver como V duque de Feria), que durante más de una década y hasta la muerte del rey fue ma- yordomo de Felipe III. El monarca había recompensado sus servicios con el título marquesal de la Celada (Córdoba), erigido el 8.IX.1614 sobre un mayo- razgo instituído a su favor, el año de 1562, por su madre, doña Catalina Fer- nández de Córdoba, III marquesa de Priego, XIV señora de la Casa de Agui- lar y XII de la Casa de Córdoba, sobrina carnal del I duque de Feria. Alonso Gaspar, sobrino y nieto de los marqueses de Priego y primo hermano del V duque de Feria, emparentado genealógicamente con el Gran Capitán [era rechozno de su hermano mayor, Alonso Fernandez de Córdoba], residió desde los 4 años en el palacio real, donde creció junto al príncipe heredero y, dadas su edad y linaje, no es descabellado pensar que compartieran algunos juegos infantiles. De hecho, apenas subió al trono, Felipe IV le concedió la rica encomienda de Bolaños, en la Orden de Calatrava, dotada con 5.000 es- cudos anuales de renta, cuando el jóven Alonso no tenía aun edad para pro- fesar (no lo haría hasta 1631), quebrando además la supervivencia de 20 años que tenía concedidos en dicha encomienda el fallecido duque de Uceda y que venía gozando su hijo, el Marqués de Belmonte. Este asunto, acaecido todavía en vida de su padre, sobre el que pasan de puntillas Andrés de Al- mansa en sus avisos cortesanos (Madrid, Ginesta, 1886, pg. 36) o Jerónimo Gascón en los suyos (Gaceta y Nuevas de la Corte de España, Madrid, 1991, pg. 99), prueba la estimación real sobre el jóven y, corolariamente, la “buena prensa” de que ya gozaba. Me hubiera gustado ver la opinión que se forjó sobre el asunto —si es que llegó a glosarlo— el más ácido y crítico de los me- moristas de aquel tiempo, aquel Matías de Novoa que fuera ayuda de cáma- ra del mismísmo Felipe IV, pero ello supondría dedicarle a ésta redacción mucho más tiempo del que tengo prefijado. El rey continuó prodigándole signos de su afecto. Así, en 1627, cuando cum- plió los 20 años y manifestó su deseo de servir en guerra viva, no solo le con- cedió las prececeptivas dos compañías que le correspondían como a cual- quiera otro señor de título sino que le dio la llave de entrada de su cámara, liberándole del ejercicio para que pudiera asumir sus obligaciones militares; sin embargo, las compañías partieron sin su capitán, que no parece haber llegado a Flandes hasta 1629, quizá apremiado por el asedio holandés sobre ‘s-Hertogenbosch (Bolduque). El caso es bien distinto al de otros segundones, incluso los criados en palacio sirviendo de meninos en la real Casa, que ape- nas ceñido el estoque a los 15 ó 16 años, partían a los distintos frentes de combate que desangraban a la monarquía. Abierta anteriormente la crisis del Monferrato, precipitada por su pariente Gonzalo Fernández de Córdoba, he consultado —bien que sumariamente— algunos instrumentos que permitieran localizarle en Italia por aquel tiempo, pero infructuosamente. Si hemos de confiar en la exhaustividad del catálogo XXIII del Archivo de Simancas, la primera vez que visitó el Milanesado fue en septiembre de 1633, comisionado por la Infanta Isabel Clara Eugenia para dar la bienvenida a su sobrino el Cardenal Infante y ponerle en antecedentes sobre la situación del Duque de Lorena, cuyos territorios habían invadido los franceses. No era esta su primera misión diplomática ya que el Catálogo IV del mismo Archivo noticia las conferencias sostenidas por el marqués con Cristóbal de Benavente y Quiñones "sobre asuntos del Duque de Lorena y opresión en que el rey de Francia le tenía" (pgs. 191 y 196), aunque precedió a todas otra que referiremos mas abajo, aventada por Heinrich Günter en Die Hasburger-Liga: 1625-1635 (Berlin, K. Ebering, 1908). En cambio, de su aplicación militar no me ha sido posible recuperar ningu- na traza. Posiblemente residiera en Bruselas mientras que su teniente y su alférez mandaban efectivamente sus respectivas compañías de caballería e infantería. En agosto de 1632 fue promovido al empleo de Maestre de campo de infantería española, sucediendo en el tercio que había mandado Baltasar de Santander, pero de nuevo hallamos a su alférez —Manuel de Miranda en la ocasión— al frente de su compañía mientras que, dicho año, el marqués de la Celada (a menudo citado solamente como Celada o Zelada) desempeñaba la primera misión diplomática que, de momento, le conocemos. Se hallaba en Nancy, ante el Duque de Lorena, para coordinar la entrada que debía ha- cer en Francia, con 2.000 partidarios, Gastón de Orleans, hermano de Luis XIII y todavía Delfín de Francia, enemigo declarado del cardenal Richelieu. Aunque estaba previsto que se uniera en el Rosellón a las tropas españolas, la operacion fracasó y el duque de Lorena tendría que defenderse, el año sigui- ente, de la invasión francesa de sus estados. En marzo de 1635, mientras su tercio participaba en la sorpresa de Tréveris (26.III), "casus belli" de la intervención de Francia en la guerra de los Trein- ta Años, y en el frustrado ataque contra el fuerte de Filipina, donde murió el alferez de su propia compañía, el marques se desposaba en Madrid con la marquesa de Villanueva del Fresno. El rey volvió a mostrarle su magnanimi- dad en la ocasión, nombrándole general de la Artillería del Ejército de Alsa- cia. Poco antes de partir hacia su nuevo destino, le concedió tambien la fu- tura sucesión como capitan general de dicho ejercito "en caso de que faltare el conde Juan Cervellón (Giovanni Serbelloni)". De manera que el marqués salió de la Corte (17 de julio) con dos nuevos títulos nobiliarios, marquesales como el suyo, e investido con el generalato y la futura sucesión en el mando supremo de un cuerpo de ejercito que iba a contar con 5 regimientos de in- fantería y 4 de caballería (uno de ellos, también bajo su mando) pagados por el rey de España, a los que habrían de añadirseles el contingente imperial. Sin embargo, recién llegado a Milán (28 de agosto), el cardenal Trivulzio, go- bernador del Estado, le ordenó entrar en la fortaleza de Valenza del Po, ame- nazada por un ejercito franco-saboyano, para asumir el mando de la defensa ya que el gobernador titular se hallaba ausente. Entró en la plaza entre el 29 de agosto y el 1 de setiembre, relevando al sargento mayor Martin Galiano. Los franceses comenzaron el asedio el mismo dia, pero no pudieron vencer su resistencia antes de que Carlos Coloma, maestre de campo general del Milanesado, consiguiera aprestar un ejército de socorro al que los franceses no quisieron enfrentarse, prefiriendo retirarse de la plaza antes de su llega- da. Francisco de Melo, que asistía a Coloma, fue de los primeros en entrar en ella, el 26 de octubre. Aquel mismo dia escribiría al duque de Olivares dán- dole cuenta del éxito del socorro, pero también para informarle de que «el marques de Celada, que ha hecho un gran servicio, está a la muerte». |
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| Gonzalo Fernández de Córdoba (Cabra, 1585 - Montalbán, 1645); I principe de Maratea (1624), Comendador mayor de Montalbán y Trece de Santiago, vencedor de Fleurus (1622), gobernador y capitán general del Estado de Milán (1625-29). Era chozno del Gran Capitán mientras que Alonso Gaspar era rechozno de su her- mano mayor, Alonso Fernandez de Córdoba. Desató la crisis del Monferrato atacando la fortaleza de Casale, ocupada militarmente por los franceses en apoyo del Duque de Nevers, pero fracasó ante sus muros (1628) y fue sometido a un consejo de Guerra en la Corte. Acabó sus dias relegado en su encomienda aragonesa. |
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| Gome IV Suárez de Figueroa y Córdoba (1587-1634), III Duque de Feria (1607-1634) y II Marqués de Villalba (1604-1634), en un lienzo pintado en Italia (1640) para la colección del marqués de Leganés, basado en el retrato precedente de B. Bassiano, grabado primorosamente en 1631, hoy preservado en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid (detalle). El personaje aparece retratado también, a caballo, en dos de los colosales lienzos pintados para el Salón de Reinos que reproducen otras tantas de sus celebradas victorias: el asalto de Rhein- felden y el socorro de Breisach, ambas en octubre de 1633, unos meses antes de que rindiera su vida en Munich (14 de enero de 1634). Era nieto de Gome III Suárez de Figueroa, I duque de Feria, que fue tío de Catalina Fernández de Córdoba, abuela de Alonso Fernández de Córdoba, V duque de Feria y bisabuela de nuestro II marqués de Celada. El III Duque de Feria fue el primer capitán general del llamado "Ejército de Alsacia", que mantendría su operatividad hasta la Paz de Westfalia (1648). Financiado básicamente por Felipe IV, su contaduría residió largo tiempo en Milán, aunque las tropas fuesen alemanas y se alojaran en tierras del Imperio (a veces lo hicieron también en Luxemburgo, provincia de la monarquía hispánica). Esta fuerza militar apenas estudiada y a menudo confundida o mal identificada incluso por sus contem- poráneos, obtuvo notables éxitos militares, especialmente en su primer decenio de vida (1633-43) y contó con numerosos mandos españoles, tanto entre sus unidades como el generalto. Alonso Gas- par iba a hacerse cargo del gobierno de la artillería de dicho ejército cuando le ordenaron encerrarse entre los muros de Valenza para dirigir a su defensa, donde murió sin haber podido incorporarse a su puesto. Además, caso de que hubiere fal- tado Juan Cervellón, su nuevo capitán general, estaba provisto para sucederle en dicho empleo. |
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| Entre los escasos ficheros recuperados, hallo este con una base superpuesta donde se lee "Marqués de Celada?". Nada más puedo añadir, de momento, sobre su autoría, ejecución y la razón de lo que, plausiblemente, parece una atribución. Pero quizá no esté mal traído el ejemplar si algún lector puede aportar algun dato que contribuya a rehacer la información perdida. |
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| El sitio de Valenza del Po, pintado por Pieter Snayers para la primitiva colección del marqués de Leganés, hoy propiedad de un museo alemán. El marqués de la Celada consiguió defenderla de un asedio que se prolongó durante 56 dias, pero enfermó gravemente 3 dias antes de su liberación y murió allí 4 dias después de la misma. Según dicha cuenta, el fallecimiento debería haberse producido el 30 de octubre, pero también hay quien lo retrasasa hasta el 2 de noviembre. La noticia de su muerte se recibió en le Corte el 18 de noviembre, entristeciendo mucho al rey según el cronista Gascón. También el Conde Duque de Olivares se mostró sensiblemente afectado por la pérdida de una de "aquellas cabezas" a las que posteriormente echaría en falta, mismo sentir que expresaría Saavedra Fajardo, con gran altura de prosa, pensamiento y desazón apenas un lustro después. |
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| EL TERCIO DURANTE EL PERÍODO DE SU MANDO (1632-1636). En agosto de 1632, cuando el marqués se hizo cargo de su mando, el Tercio contaba con 21 compañías que to- talizaban unos 1600 hombres efectivos. En diciembre de aquel año, a consecuencia de la promulgación y entra- da en vigor de la Real Ordenanza de 1632, se resolvió reformar 6 de sus compañías para reducirlas al número previsto en la norma; en cuanto "a la gente dellas, se podrá incluir en las demás del tercio para rehinchir las compañías a 200 hombres, como está ordenado, con ellos y los que fueren llegando". Sin embargo, esta últi- ma pretensión se revelaría prácticamente inalcanzable, no sólamente para esta unidad sino para todas las de- más, durante el resto de la dominación española en Flandes, pues las compañías de los tercios de Flandes rarí- simamente superaron en adelante el centenar de hombres (contando a sus oficiales), incluso en el período com- prendido entre 1639-40, que marca un máximo en la gráfica de efectivos de tropas españolas. La revista de 1633 la pasaron 15 compañías que sumaban 163 oficiales y 1.320 soldados presentes, cifras que no mejorarían hasta noviembre de 1635, cuando el Cardenal Infante reformó la infantería española que tan bri- llantemente había combatido de Nordlingen para reforzar a los tercios de Flandes. Para entonces, el marqués había fallecido ya, aunque su tercio no se proveería hasta abril de 1636 en Antonio Sancho Dávila, III marqués de Velada, que no se hizo cargo efectivo del mismo hasta julio de dicho año. Debido a ello, como también a las misiones diplomáticas y licencias del marqués de Celada, el sargento mayor Pedro de la Cotera gobernó dicho tercio durante más tiempo que su propio superior. De hecho, el marqués de Celada no se halló presente en ninguna de las acciones más notables a las que concu- rrió el tercio mientras que permaneció bajo su mando, como fueron las conquistas de Weert e isla de Stevens- weert (1632) y las ya referidas de 1635. Lo mismo le sucedió con su regimiento de caballería, distinguido espe- cialmente en las famosas correrías por el interior de Francia a finales del verano y en otoño de 1635, al mando de Jean de Werth, general de la Caballería del Ejército de Alsacia, algunas de las cuales fueron conocidas en la Corte incluso despues de la de su propia muerte, recibida el 18 de noviembre. Diego Saavedra Fajardo escribía en 1640 una reflexión luego invocada a menudo: «En pocos años hemos visto rendidas a los filos de la muerte las vidas de don Pedro de Toledo, de don Luis Fajardo, del marqués Spinola, de don Gonzalo de Córdoba, del duque de Feria, del marqués de Aytona, del duque de Lerma, de don Juan Fajardo, de don Fadrique de Toledo, del marqués de Celada, del conde de la Fera y del marqués de Fuentes; tan heróicos varones que no menos son gloriosos por lo que obraron que por lo que esperaba de ellos el mun- do. ¡Oh profunda Providencia del aquel eterno Ser! ¿Quién no inferirá desto la declinación de la monarquía de España como en el tiempo del Emperador Claudio la pronosticaron por las muertes en pocos meses de los principales ministros?. El embajador Saavedra Fajardo cortejó con su elogio a las familias notables de su tiempo, pero en justicia y ri- gor cojeó notoriamente, aunque solo fuera por la exclusión de soldados tan ciertamente acreditados y esforza- dos como el malogrado Martin de Aragón, hijo natural del conde de Luna; en cuanto a sus inclusiones, juzgue el lector si la de nuestro marqués o la del conde da Feira, hijo de la Casa de Benavente, ya repasadas, asi como la del marqués de Fuentes, que abordaré próximamente, se ajustan a verdadero mérito o a carreras orientadas y dirigidas por encajes y puntadas interesadas. Oropel en definitiva, aunque frecuente en la época, como en todo tiempo y lugares. MATRIMONIO Y DESCENDENCIA: Contrajo matrimonio en Madrid (21.III.1635) con Francisca Luisa Portocarrero (Madrid, 1609-Idem, 1639), VI marquesa de Villanueva del Fresno y Barcarrota, señora de Moguer, que pese a su juventud ya había estado ca- sada en dos ocasiones. La primera (1622), contando con 13 años de edad, con Pedro López de Ayala y Zúñiga, VII conde de Fuensalida desde el dia siguiente a los esponsales, ya que su padre, el VI conde, falleció por los ex- cesos del banquete nupcial. Este matrimonio fue posteriormente anulado (a causa de la impotencia del mari- do) y volvió a casar (1632) con Antonio de Moscoso Osorio (1605-1634), marqués de Villanueva del Fresno, gen- tilhombre de la cámara, que falleció en Rottenburg (Alemania) desempeñando una embajada extraordinaria de Felipe IV ante su hermano, el Cardenal Infante. Había concebido en él un varón, Juan Gaspar Portocarrero, que tenía 15 meses de edad cuando iba a celebrar sus terceras nupcias con nuestro marqués de Celada, coyun- tura que aprovechó su abuelo paterno, el conde de Altamira, para hacerse con su custodia y llevárselo consigo. Sin embargo, el niño moriría a los 6 años de edad (1640), poco después de que lo hiciera su madre, que contra- jo aun un cuarto matrimonio (1637) con Luis Paulo Fernández de Córdoba y Folch de Cardona (1582-1642), VI duque de Sessa y IV de Baena, que la sobrevivió pese a doblarle la edad. Alonso Gaspar no alcanzó posteridad en su esposa, recayendo a su muerte el marquesado de Celada en su pri- mo hermano Alfonso Fernández de Córdoba y Figueroa, llamado "el Mudo", V marqués de Priego, V duque de Feria, V marqués de Montalbán, IV de Villalba, conde de Zafra, señor de la casa de Aguilar, que fue tambien III marqués de la Celada. El título permaneció en su Casa hasta 1683 en que Luis Francisco Mauricio Fernández de Córdoba y Figueroa, V marqués, obtuvo la merced de poder transferir el título «para dar estado a su hija, doña Mariana de Córdoba» a favor del capitán don Diego Benítez de Lugo y Vergara, natural de la Orotava (Tenerife), que fue el VI titular del marquesado, conservado en su Casa desde entonces. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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