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| MANUEL PIMENTEL (c.1588-1638),VI CONDE DA FEIRA, CBº SANTIA- TIAGO, COMENDADOR DE CASTROTORAF (1617) Y DE BIENVENIDA (1629), GENTILHOMBRE DE BOCA DE FELIPE IV (1621); CAP. INF ESP (1616?), MDC INFª ESP (1617-1622), CASTELLANO DE AMBERES (1625), MDC GENERAL (1635-37), DESIGNADO VIRREY DE NAVARRA (NTP). Fue el 9º hijo de Juan Alonso Pimentel, VIII conde de Benavente, cuya numerosísi - ma prole se empleó con generosidad al servicio real. Sus hermanos Alonso, general de la caballería del Estado de Milán, y Jerónimo sirvieron con él en el asedio de Ver - celli (1617), donde murió el primero y su importante cargo se concedió al segundo. Sin duda, la muerte del hermano favoreció su promoción, como volvería a sucederle después con la su padre y otros hermanos. En 1617 servía de capitán en el Tercio de Lombardía, aunque ignoramos desde cuan- do; pero sus servicios no podían ser extensos porque debió nacer ca. 1588-90. Aquel mismo año fue promovido a MdC del tercio y, tras la muerte de Felipe III (1621), reci- bió licencia para ir a la Corte, donde, apenas recién llegado, fue nombrado gentilhom- bre de la boca del rey, como refiere Andrés de Almansa en una de sus cartas, fechada en mayo del mismo año. Se hallaba aún en la Corte, procurando algún ascenso, cuan- do el 8 de noviembre murió su padre, nieto de aquel altivo conde de Benavente que rechazara el Toisón que le brindada el Emperador porque estimaba más las «cruces rojas y verdes de Santiago o Alcántara»; el mismo que quemó su palacio al verse en la obligación de alojar en él al Condestable de Borbón, traidor a su rey natural, por - que según los famosos versos no había de pisarlo «quien no estuviere mas limpio que lo está el sol». A Manuel se le buscó acomodo en Flandes; en principio, como entretenido cerca de la ya viuda Infanta Isabel. En 1623 partió a Londres, como embajador extraordinario ante el rey de Inglaterra, para felicitarle por el feliz regreso del Principe de Gales, que había ido a España a gestionar la restitución de Palatinado y no su boda, como tan a menudo se dice, aunque sea cierto que —para consegir la restitución— estaba dispu- esto a llegar hasta el altar, siempre que no se tocara su religión. Aquel mismo año, durante su ausencia, moría en Flandes su hermano García, capitán de infantería, al que volaron con una mina el fuerte donde se hallaba; el siguiente caería Diego, gene- ral de las galeras de Nápoles, combatiendo contra piratas berberiscos. En aquellos tiempos los méritos de servicio se transmitían de padres a hijos; entre hermanos, y de éstos a tíos, sobrinos u otros herederos designados. Manuel no había tenido hasta entonces muchas oportunidades de lucir los suyos, pero le bastaron los de sus pari - entes para que recibiera la importante castellanía de Amberes. En cambio, Sancho Dávila, Cristóbal Mondragón, Agustín Mejía, Iñigo de Borja o Juan Bravo de Laguna, que fueron todos sus predecesores, hubieron de realizar prodigios de valor que aún deslumbran y sobrecogen al releerlos. Al producirse la invasión francesa de los Países Bajos (1635), fue designado MdCGral del cuerpo de ejército que, al mando de Tomasso de Saboya, intentó oponérseles y ca- yó derrotado en Les Avins (20.V.1635), donde fue hecho prisionero. Le guardaron en el castillo de Maastrich, pero consiguió escaparse a finales del mismo año, por lo que enseguida le nombraron MdCGral del Ejército del Brabante, o de las fronteras de Ho- landa, a la creación de dicho cargo. En 1637 recibió el título de gobernador de las Ar- mas del Ejército de Flandes; es decir, segundo o lugarteniente del Cardenal Infante y, en abril de 1638, fue designado para el virreinato de Navarra. Cuando publiqué su reseña biográfica en Researching & Dragona, no. 17, págs. 19-21, anadía que: «enfermó de camino y le suplió, en interinidad, el Arzobispo de Burgos. Manuel falleció en la corte, el 19-XI-1639». Lo de la corte resultó ser una inferencia infundada, pero la fecha, obviamente errónea, se tomó de Los Comendadores de la Orden de Santiago (II,449), del bien informado Luis de Salazar y Castro (1658-1734), publicada en Madrid en 1949. Quizá el año del fallecimiento sea el producto de una errata, pero ello no compromete, al menos de momento, la validez de su datación, si bien retrasándola a 1638. Aunque Cevallos no cite el lugar, debió ser en Amberes. Fue comendador de Bienvenida, en la Orden de Santiago (1627), tras haberlo sido an- teriormente de Castrotoraf, que recibió a la muerte de su hermano Alonso ante Ver - celli (1617). También fue VI conde da Feira (Fera o Feria, en nuestros textos) por su matrimonio con Joana Forjaz Pereira de Meneses, VI condesa da Feira, en Portugal, desde que su padre falleciera en la mar (1608), cuando iba a tomar posesión del vir - reinato de la India. Pese a los favores que recibió de Felipe IV, Joana «se pasó fugiti- va a Portugal el 10 de abril de 1648», con sus tres hijos. El primogénito, João Forjaz Pereira y Pimentel, fue VII conde da Feira en vida de su madre, por privilegio del rey João IV, a quien sirvió en la guerra contra España como general y gobernador de las Armas de la Provincia de Beira. Falleció jóven y sin posteridad, sucediéndole su her- mano Fernando Maria. © JUAN L.SÁNCHEZ |
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| Manuel Forjaz y Pimentel, hijo del conde de Benavente, VI conde consorte da Feira (título de Portugal), comendador de Santiago, retratado por Van Dyck (1599-1641) para su serie de grisallas sobre los 40 hombres mas eminentes de su tiempo, posteriormente grabada en su mayor parte por Paul Pontius, autor de ésta. El retrato debió hacerse entre 1635 - 1637, ya que empuña con la mano derecha el bastón de MdCGral del ejército de Flandes. En la leyenda inferior leemos "Emmanuel de Frockas" (por Forjaz), apellido de la casa condal de Feira, que Manuel adoptó cuando se tituló conde (consorte) de ella. ABAJO: La grisalla original de Van Dyck, en Boughton House. |
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| En la batalla de Les Avins —que los franceses llaman Avein—, Manuel peleó con bravura frente a fuerzas cinco ve- ces superiores en número. Aunque pu- do haber huído al galope, se apeó de su caballo para luchar como uno más y compertir la suerte de sus subordina- dos, cayendo prisionero. |
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