SEÑOR DE AREVALILLO Y HERNAN GALLEGO, CABALLERO DE LA
ORDEN DE CALATRAVA (1646); ALFÉREZ INFª (1627), CAPITÁN INFª
(1630), CAPITÁN CABª (1638), MAESTRE DE CAMPO (1642),GENERAL
DE ARTª (1646),  CAPGRAL INTERINO DE EXTREMADURA (MAR-ABR
DE 1648); CAPITAN GENERAL DE CANARIAS (1649-1659); CONSEJE-
RO DEL SUPREMO DE GUERRA (1661-68). CITADO TAMBIEN POR
ALONSO DE AVILA Y GUZMÁN.

Fue hijo del maestre de campo Diego de Ávila y Guzmán (Avila,c.1550 — Valladolid,
1604), capitán del Tercio Viejo de Flandes,
castellano de Jaca (1598-1602) y de Pam-
plona (1602-04), caballero de Santiago (23.VII.1601), fallecido antes de que se le
despachara el título, y de su esposa doña María de Bracamonte, ambos naturales de
Ávila, donde se crió con sus dos hermanas al enviudar su madre. Siguió la carrera
paterna, asentando de soldado en el tercio de Juan Claros de Guzmán, marques de
Fuentes, con el cual partió a Italia el año 1622 y, enseguida, a Flandes por el “Cami-
no español”. En dicho tercio fue alférez y capitán de infantería, empleo que que le
concedió la gobernadora Isabel Clara Eugenia antes de 1631, por la intercesión de
una de sus hermanas, monja carmelita en San José Avila, ante la R.M.Ana de S.Bar-
tolomé, que gozaba de gran ascendiente sobre la infanta (Urkiza, 2008, pg. 173/18).
Tomó parte en la invasión de Francia de 1636 —siendo su maestre de campo el
con-
de de Fuensaldaña— y se halló en las con-quistas de La Capelle, Chatelet y Corbie.
Dos años más tarde se distinguió en la
toma del fuerte de St. Jean de Ruminghem y
en el socorro de Saint Omer (1638),acciones por las que recibió la compañía de caba-
llos lanzas de Pedro de Heredia que serviría hasta su promoción a maestre de campo
(patente 12.I.1642), para suceder a
Juan de Velasco, conde de Salazar, al mando del
tercio de infantería española que posteriormente recibiría el nombre perpetuo de
Jaen (
T.I.E.no. 41).

Mandó el referido tercio en las invasiones de Francia de los años 1642 y 1643, parti-
cipando en la victoriosa batalla de Honnecourt (26.V.1642), pero el año siguiente no
pudo llegar a tiempo de socorrer al ejército empeñado en la de Rocroi (19.V.1643),
aunque su presencia en las inmediaciones del campo de batalla permitió salvar a la
mayor parte de las tropas de Francisco de Melo, vencido por el duque de Enghien.El
24 de abril de 1644 se le concedió una licencia para España, de donde faltaba hacía
más de 20 años, y pasó a servir en el Ejército de Extremadura, siendo promovido al
empleo de general de la Artillería por patente de 2 de enero de 1646. Poco después
se recibía en la Orden de Calatrava (título expedido a favor de Alonso Dávila y Guz-
mán Bracamonte Arévalo y del Peso) y, el 16 de marzo de 1648 se hizo cargo de la ca-
pitanía general de aquel ejército, que desempeñó interinamente desde que marchó a
la Corte el marqués de Tavara, el referido dia de marzo, hasta el 12 de abril siguiente,
en que se incorporó como titular el barón de Molinghem.

El 25 de noviembre de 1649 fue nombrado capitán general de Canarias y presidente
de su Real Audiencia por la promoción de Pedro Carrillo de Guzmán al gobierno de
Panamá, cargos de los que tomó posesión en junio de 1650. En aquel destino iba a
permanecer casi una década,  al prorrogarle el rey su primer mandato en dos ocasio-
nes, residiendo habitualmente en La Laguna (Tenerife), aunque la Audiencia se ha-
hallaba en Las Palmas de Gran Canaria. El hecho militar mas descollante de su go-
bierno se produjo el año 1657, cuando el almirante inglés Robert Blake intentó cap-
turar la flota de las Indias, que habia atracado en el puerto de Santa Cruz el 22 de fe-
brero de aquel año al mando del general Diego de Egues y Beaumont. Dávila actuó
con la mayor previsión, ordenando  desembarcar y asegurar la plata, así como el cas-
tillo de Paso Alto y otras baterías que habilitó para la defensa, pero no pudo impedir
que la armada inglesa, fuerte de 36 navíos, incendiase en el puerto a los 14 galeones
de la Carrera de Indias, hecho acaecido el 30 de abril, tras un combate desigual; sin
embargo, evitó que los ingleses pudieran desembarcar en Santa Cruz para apoderar-
se de la plata desembarcada, como era su propósito. Durante el año siguiente, aten-
diendo a lo ordenado en diversas cédulas reales, satisfizo numerosos pagos a cuenta
de la plata salvada, hasta que ésta pudo expedirse a Cádiz. El 4 de abril de 1659 en-
tregó e gobierno insular a Sebastián Hurtado de Corcuera, pasando a la Corte para
servir el puesto de consejero del Supremo de Guerra, que desempeñaba cuando fa-
lleció en Madrid, donde residía con su esposa.

M. Santiago, editor de la obra de Pedro A. del Castillo, afirma que fue despedido del
Consejo, viviendo «
sin empleo, retirado en lugar de Valdequemada y murió en suma
necesidad en 1668
» (pg. 1129), lo que contradice el memorial de servicios impreso
por su hijo, que data la fecha de su muerte en la Corte, tras testar «
en presencia del
cirujano de S.M. y de su esposa
». Había casado (1651) con Beatriz Maria Carrillo de
Medina y Guzmán, hija del gobernador de Panamá Pedro Carrillo, que le antecedió
en el gobierno canario, y hermana del almirante Luis Tomás  Carrillo de Medina, en
la que procreó cinco hijos: Diego Dávila, luego I marqués de Albaserrada; Pedro Ca-
rrillo y tres tres hembras profesaron en órdenes religiosas.

En 1884, a consulta de la Diputación de Avila, la Real Academia de la Historia pres-
cribió que su nombre debía incribirse en uno de los cuatro frentes del pedestal de la
estatua dedicada a Santa Teresa en Ávila (en la plaza de su nombre, también cono-
cida como del Mercado Grande); concretamente, en el que rememora a los más no-
torios militares abulenses, apareciendo junto a otros siete.

                                                                                      © JUAN L. SÁNCHEZ.
La única inscripción que rememora al bio-
grafiado aparece en una de las 4 lápidas
que forman la base del momumento a  Te-
resa de Avila, en la antigua Plaza del Mer-
cado de dicha ciudad, patria chica de la
santa, y de los padres de Alonso, aunque
éste naciera en la ciudadela de Jaca,
La antigua Audiencia de Canarias ocu-
paba la parte derecha del edificio que
compartía con el Cabildo municipal en la
plaza de Santa Ana, en Las Palmas.  Desa-
pareció en un incendio el año 1842.
Robert Blake (1599-1657), logró destruir la
flota de galeones de Diego de Egues en
Santa Cruz de Tenerife (30.IV.1657), pero
no logró apoderarse de una simple pieza
de a ocho por la previsión y celeridad con
que actuó Alonso Dávila. El fracaso que-
bró la salud del almirante inglés, que falle-
ció de regreso a su patria ( 17 de agosto),
minada por el prolongado bloqueo inver-
nal que habia impuesto a las costas espa-
ñolas. La propaganda británica expandió
la falsedad de que había logrado capturar
el oro de uno de los buques españoles,
que no era sino el apresado el año ante-
rior al marqués de Baides.
FUENTES Y BIBLIOGRAFIA: ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL: Pruebas para la concesión del título de Caballero de la Orden
de Calatrava de Alonso Dávila y Guzmán Bracamonte Arévalo y del Peso, natural de Ávila (sic), general de la Artillería del Ejército de
Badajoz, 1646. (Ordenes Militares, Calatrava, exp. 747); Pruebas de Beatriz Carrillo de Medina, natural de Sevilla, para contraer ma-
trimonio con Alonso Dávila y Guzmán, Caballero de la Orden de Calatrava, año 1651 (Ordenes Militares, casamientos de Calatrava,
exp. 150); Relación impresa de los servicios de Alonso Dávila y Guzmán, redactada tras su muerte por su hijo mayor Diego (Estado,
1297); Relaciones de servicios de los capitanes Diego de Bohorquez (Estado, 1285) y Eugenio de Figueroa (Estado, 1299); ARCHIVO
GENERAL DE INDIAS, Diversas cédulas reales con instrucciones a D. Alonso Dávila y Guzmán sobre pagos con cargo a la plata sal-
vada (Indiferente, 438, libro 19).
P.A. DEL CASTILLO (ed. M. Santiago), Descripción histórica y geográfica de las Islas Canarias, 5 vols. Madrid, Ed. El Gabinete Li-
terario de Las Palmas, 1948-1960, vol.3, pgs. 1118-1123 (ed. príncipe 1737); J. VIERA Y CLAVIJO, Noticias de la Historia General
de las Islas Canarias. Madrid, Imprenta de Blas Román, 1776, 4 vols., III, 19, 21-23, 25-29 y 32; A. MILLARES TORRES, Historia
de la Gran Canaria. Las Palmas, M. Collina, 1861, 2 vols, II, 41-44; V. DE LA FUENTE, «Avileses célebres inscritos en el monu -
mento erigido á Santa Teresa de Jesús en Ávila», Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 5, (Madrid, 1884), pgs. 228-33; A.
CÁNOVAS DEL CASTILLO, Estudios del reinado de Felipe IV. Madrid, Pérez Dubrull, 2 vols. 1888 (tom. II, pgs. 27, 128-130, 157
y 244, citado por Alonso de Avila); C. FIRTH, «Blake and the Battle of Santa Cruz», en The English Historical Review, v.  20, No.
78 (1905), pp. 228-250; G. DE JESUS, La Santa de la Raza: Vida gráfica de Santa Teresa de Jesús, Madrid, J. Sánchez de Ocaña, 4
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varra, vol. 49. Pamplona, Ed. Aramburu, 1969, pg. 340; J. L. SÁNCHEZ MARTÍN, «Apuntes para una reconstrucción histórica de
los tercios del siglo XVII (I)”»,
en Researching & Dragona, v. 1 no. 2, pgs. 4-24 (cita en pgs. 6-7); J. L. SÁNCHEZ MARTÍN, «Un
plano inédito de la batalla de Honnecourt en 1642», en Researching & Dragona, vol. 5 no. 12 (Madrid, 2000), pgs. 26-41; J. URKI -
ZA, “Soldados españoles de Flandes y sus mujeres bajo el amparo espiritual y solidario de Ana de S. Bartolomé”, en  Monte Carme-
lo  v. 116 no 5 (Burgos, 2008) pags. 165-202 (cita en la pág. 173, 18 del artículo).
ALONSO DÁVILA GUZMÁN Y BRACAMONTE,  SEÑOR DE
AREVALILLO Y HERNAN GALLEGO, CBº DE CALATRAVA.

(Jaca, 10.VIII.1600  — Madrid, 23.VII.1668).
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