LUIS ACOSTA QUIROGA (1614-1682) SOLD.INF.ARMADA (1631) ALFÉ-
REZ INFª ESP (1635), AYUDANTE DE MDC GENERAL (1641), CAPITÁN
INF.ESP (1643), MAESTRE DE CAMPO INFª ESP. (1667), CASTELLANO
DE GANTE (1679), CONSEJERO DEL SUPREMO DE GUERRA (1680).

Ignoramos su filiación familiar, sin duda hidalga, ya que estaba emparentado con
Antonio da Costa e Sousa, caballero de la Orden de Cristo, que sirvió algún tiempo
con él en Flandes. En todo caso, el que hubiera de empeñarse tempranamente en  
el  real servicio evidencia que no estaba llamado a la sucesión de ningún morgado o
señorío. Dado que nació cerca de la marina de Peniche, que todavía conserva su im-
ponente fortaleza portuaria, no ha de extrañar que se enrolara en la Armada océa-
nica,  que fue lisboeta antes que gaditana y una de cuyas divisiones amarraba aun
en los muelles de la actual Praça do Comercio.

Como era habitual en la época, su apellido se castellanizó, constando a veces como
Acosta y otras como Costa, como aparece en una relación de servicios manuscrita,
muy prolija, que abarca desde los inicios de su carrera hasta 1656, conservada en el
AHN (Estado, leg. 1289, apd.1) y que consulté con posterioridad a mi artículo sobre
Rocroi, trabajando sobre la identificación de los 90 capitanes españoles al mando de
compañías el día de la batalla, cuando aun desconocía su orígen portugués, hecho
nada infrecuente en otros grandes soldados de Flandes (Robres, Antunes, Feira, D’
Eça, Furtado, Da Cunha, São Paoi, etc), todos camuflados por su transliteración es-
pañola: Robles, Antúnez, Feria, Deza, Hurtado, Acuña, Sampayo etc. A éste respec-
to, el manuscrito resultó muy revelador, porque ignoraba que hubiera recibido com-
pañía un mes antes de la batalla y aun se la tenía adjudicada a su antecesor, Lope de
Obregón, al que suponía  promocionado a la caballería tras la jornada, como fue el
caso de otros capitanes de infantería que sobrevivieron.

Comenzó a servir de soldado y plaza ordinaria (sueldo sin ventajas) el 2.VII.1631, en
la compañía de Diego Martinez de Salinas, del Tercio de Antonio de Otaiza, de la Ar-
mada del Mar Océano, pasando después a la de Pedro Roco de Villagutierre —con el
que coincidiría también en Flandes— en la que asentó antes del 26.VII.1632, en que
embarcó en la armada que llevó a las Indias el almirante Antonio de Oquendo. Sirvió
en ella hasta que se entregó dicha armada, el 28.II.1635, en Cádiz, a donde había re-
gesado del tornaviaje el 12.XI del año anterior, pasando entonces a servir en la com-
pañía del MdC, el citado Antonio de Otaiza, donde permaneció hasta el 31.VII.1635.
El día siguiente asentó de cabo en la compañía del  capitan Lorenzo González de He-
redia, del mismo tercio, con el cual embarcó en Cádiz rumbo a La Coruña, a bordo
del San Carlos,de la escuadra del Estrecho a cargo del general Hieronimo Sfrondatto
Castriotto, marqués de Massebradi. En el viaje de retorno, la escuadra sufrió un for-
tísimo temporal en la Costa de la Muerte, debiendo regresar a La Coruña con pérdi-
da de algún navío. Consta literalmente en la aludida relación que
«Pedro de Toledo y
Leiva, marqués de Mancera, certifica que en el naufragio que tuvieron los bajeles de
la armada del cargo de Jerónimo Massebradi en 1635, en la costa del dicho Reino de
Galicia, se halló embarcado en el galeón San Carlos y que se halló trabajando en to-
do lo que padeció el bajel muchos dias de tormentas, animando siempre a los demas
soldados»
. Cuando los restos de la escuadra lograron retornar a Cádiz, Luiz da Costa
fue reformado (12.XI.1635).

PRIMEROS EMPLEOS EN LA INFANTERIA ESPAÑOLA.
La experiencia fue de las que pueden cambiar el rumbo de una vida y Luiz decidió   
hacerlo con la suya. Tras más de 4 años en la Armada, aceptó ser alférez del capitán
Francisco Henao de Romaní, que habia recibido conducta para levar una compañía
de infantería con destino al ejército de Flandes. Con ella zarparon de Cádiz el 20.III.
1636, a bordo de una escuadrilla de 6 navíos, entre ellos el San Felipe, insignia del
Duque de Veragua, aunque fuera Antonio de Isasi quien los condujera a La Coruña
en calidad de capitán general. En el gran puerto herculino fondeaban una treintena
de naves, 26 de los cuales zarparían para Flandes el 19 de agosto: 18 navíos (6 de la
Armada oceánica, 8 de la escuadra de Dunkerque y 4 de la de la Galicia); el resto, ur-
cas y fragatas arrendadas. El objetivo primordial era conducir en seguridad las 40
compañías sueltas que en ella embarcaron, así como a Juan Claros de Guzmán, IV
Conde de Saltés y II Marqués de Fuentes, recién designado capitán general de la Ar-
mada de Flandes en sustitución de Ribera, y la importante suma de 1,5 millones de
ducados en plata. Esta es la expedición que Parker pone bajo el mando de Velada y
que, según sus fuentes, aportaba 3.671 soldados. El propio Marqués de Fuentes, su
jefe, en un informe escrito en alta mar, el 28.VIII, los cifra en 3.774 (AGS,GA,3167).
El 1.IX.1636 la armada aportó felizmente en Mardick y el dia 5 se pasó muestra en
Dunkerque, recibiéndose al sueldo del Ejército de Flandes los nuevos reclutas.Man-
tuvieron sus puestos mientras se les procuraba alojamiento y recibían su armamen-
to de fuego e instrucción, pero el 17.XI.1636 las compañías fueron reformadas. Luiz
perdió su condición de alférez y el dia siguiente sentaba nuevamente plaza de solda-
do en la del capitan Jose de Vera Osorio (Jusepe en los documentos coetáneos, fu-
turo MdC y gobernador de Bourg, frente a Burdeos, por el rey de España) del tercio
del conde de Fuensaldaña. Pero su situación ya no era la misma. Ahora gozaba de 13
escudos al mes, 10 de ellos por su condición de alférez reformado.

En 1637, su primera campaña en Flandes, tres ejércitos franceses invadieron separa-
damente Hainaut, Artois y Luxemburgo, mientras los holandeses, tras amagar con-
tra el Saso, pusieron sitio a Breda (21.VII). La escasa infantería española, reducida a
la sazón a su tercio (
TIE 18) y a los de Fuenclara (TIE 1) y Velada (TIE 11), tuvo que
multiplicarse para atender a tantos frentes, pese a lo cual la relación no menciona
ningun hecho señalado de nuestro protagonista, que quizá pasé por alto en su día,
cuando tomé aquellas notas apresuradas hará unos 20 años. Lo cierto es que su ter-
cio permeneció en torno al Saso de Gante hasta que en agosto marchó a Hainaut,
contribuyendo a desalojar a los franceses de Maubeuge y todas sus conquistas, ex-
cepto Landrecies (perdida el 26.VII), tras participar en los combates de Noyelles y
Pont-sur- Sambre (8 y 9.X), a los que Montglat —tan minucioso en tomas de casti-
llos irrelevantes—ni alude.Aquel año se perdieron también Breda (10-X), abandona-
da a sus propias fuerzas, y Damvillers, en Luxemburgo, aunque se cobraron las pla-
zas de Venlo y Roermond para tratar de sacar al Princípe de Orange sobre Breda.

El año siguiente se halló
«en deshacer 2000 franceses que iban de socorro al cuar-
tel del Bacq; en ganar el fuente de San Juan y en las escaramuzas que se ofrecieron
para ocuparle y mantenerle; el ganar el de Nieurlet, en los marrazos, yendo de van-
guardia con el capitan Pedro de Cepeda para acometerlo, siendo de los los primeros
que lo hizo y recibió 3 heridas»
. Peor suerte corrió el capitán Cepeda, que murió en
la acción; por ello firmaba la certificación el capitán Diego de Cosgaya y Antillón, que
moriría el 5 de agosto del año siguiente sin haber llegado a mandar la compañía de
caballos por cuyo arrojo mereció. Por aquella acción recibiría Luiz un escudo de ven-
taja particular sobre cualquier sueldo real y de por vida, reconocido y justificado (2.
V.1539) «
por lo bien que había servido en el asalto que se dio al fuerte de Nieurlet, en
el socorro de St. Omer, siendo el primero que embistió por la parte que le tocó
».

Lorenzo de Cevallos, en su relato de la campaña de 1639, le distingue en un comba-
te que tuvo lugar en Sint Nikolas, junto al Aa, el 5 de agosto de aquel año, el mismo
en el que mataron al referido capitán Cepeda y  «
tambien a los alféreces Olivares, An
guita y Freyre, e hicieron prisionero al alférez Luis de Acosta, peleando pica á pica,
y a otros que no me acuerdo de sus nombres
». Que sepamos, nuestro protagonista
seguía siendo soldado, aunque también fuera lícito citarle como alférez reformado.

El  20.I.1641, por patente del Cardenal Infante, pasó a servir el empleo de ayudante
te de teniente de maestre de campo general,  con 30 escudos de sueldo al mes, apar-
te de su ventaja particular, aunque dejara de percibir, por dicha promoción, el sobre-
sueldo de reformado. Ignoramos a las órdenes de quien sirvió, ya que en la relación
no vuelven a mencionarse hechos notables de armas hasta su promoción a capitán
de infantería española,  por patente de Francisco de Melo y data de 10.IV.1643, para
serlo de «
la compañía que fue de don Lope de Obregón en el Tercio del conde de Vi-
llalba, que sucedio en el conde de Linares, Fernando de Solis y don Antonio Hurtado
de Mendoza
(de hecho, Furtado de Mendonça, también portugués)».

CAPITAN DE INFANTERIA ESPAÑOLA (1643-1667).
El Tercio del Conde de Villalba, don Bernardino de Ayala, era la misma unidad que
mandaba el Duque de Alburquerque cuando Luiz pasó a ella, a poco de llegar a los
Países Bajos. Apenas estrenado su empleo, Luiz se vió empeñado en una de las ba-
tallas más distorsionadas por la propaganda francesa, émulos de la holandesa, luego
superados por la inglesa, que en España nunca tuvo escuela ni epígonos, al menos
en su la época que estudiamos y en su vertiente militar. No diré más que no resulta  
difícil abultar el número de caídos en combate
si éstos no tienen ni nombres y apelli-
dos, pero una vez puestos, aquel 19 de mayo de 1643 los franceses enterraron a más
oficiales propios, únicos a los que puede identificarse, que súbditos del rey de Espa-
ña; hecho, por cierto, que suele ser directamente proporcional a las bajas de tropa.
Lo anterior no cuestiona que Enghien ganara el campo, la artillería y el bagaje, que
Melo no se preocupó de alejar ni de proteger, perdiéndose no solo un montón de es
-
cudos, sino los papeles de la contaduría militar, hecho casi desapercibido pero que
tuvo y tendrá unas secuelas históricas mas perdurables que la de aquella batalla que
apenas alteró el curso de una guerra tan distante que ya poco se escribe de ella. En
cambio, los estudios prosopográficos sobre la época gozan de un interés y salud cre
-
cientes, y pronto se advertirá que aquella contingencia fue muy sutilmente explota-
da en no pocos memoriales para travestir, cocinar o sazonar al gusto determinados
cursus honorum.
No fue éste el caso de Luiz, de cuyo apresamiento en la batalla dio temprana noticia,
desde Fontaine-L'Évêque, donde se reagrupaba el ejército vencido, uno de los secre-
tarios de Melo (
Memorial Histórico, XVII, 128). También consta en la relación una
certificación expedida por el Conde de Linares, MdC






                                                                             

                                                                                      © JUAN L. SANCHEZ.
El fuerte que protegía el puerto de
Peniche, hoy puerto pesquero, uno de
cuyos baluartes —aunque no el de la
foto— irrumpe en las turística playa.
El 31.V.1531, poco más de un mes antes de
que Luis comenzara a servir, había partido
de Lisboa Antonio de Oquendo (San Se-
bastián, 1577 - La Coruña, 1640) para lle-
var refuerzos al Brasil, amenazado por los
holandesdes, a cuya armada derrotó frente
a los Abrojos (12.IX.1631). En 1639, man-
dando  la mayor armada equipada para
llevar refuerzos a Flandes, fue derrotado
por el mismo enemigo ante las Dunas de
Dover, donde habia sido bloqueado
(18.IX.1639), aunque su capitana logró
abrirse paso entre las naves rivales y
refugiarse en Mardick. Murió poco después
de regresar con su buque a La Coruña.
El castillo de San Antón ya protegía el
acceso al puerto herculino, cuyo surgidero
sigue estando a la izquierda de la foto. Lo
que se ve a la derecha son embarcaciones
deportivas.
Alonso de Vivero, Conde de Fuensaldaña,
primer maestre de campo a cuyas órdenes
sirvió Luis de Acosta Quiroga en Flandes.
Quizá tenga que reescribir su biografía,
una de las más antiguas de ésta página,
porque su actual extensión parece
insuficiente no solo para cubrir tan
notable carrera, sino porque carece de
sentido que, siendo menos relevante la de
su subordinado, sea ésta más extensa.
Extracto de la relación del servicios del
entonces capitán de infantería Lope de
Obregón Castañeda y González de Santa
Cruz, natural de Santa Cruz (valle de Igu-
ña, Cantabria), que abandonaría el ejér-
cito en 1653, siendo SgM de Cabª del ter-
cio del Conde de Annapes, tras haber
servido 17 años. La época que cubre la
relación, elaborada para substanciar una
pretensión de hábito, que se le concedió
en la orden jacobea (1641), coincide tem-
poralmente con la de nuestro biografiado
en el tercio de Fuensaldaña, participando
también en las mismas acciones. La pu-
bliqué
en R&D-2, sin modificar la topo-
nimia original, que aprovecho ahora para
modificar, así como datar los hechos.
El castillo de Berlaimont, se tomó en la
tarde del 21.IX.1637 y el cercano de Aime-
ries (por Emmerich), la mañana siguiente.
El mismo dia hubo una escaramuza ante
las murallas de Maubeuge (por Mauber-
ghe), pero  fue exclusivamente de caba-
llería, en la cual el tercio de Fuensaldaña
no tomó parte. La relación se refiere sin
duda a la facción del miércoles 23, en la
que los franceses fueron desalojados de
todas las fortificaciones exteriores de la
plaza y en la que el tercio de Fuensaldaña
llevó la vanguardia. El «renquentro» de
Pont-sur-Sambre (9.X.1637), así como las
operaciones en torno a Saint-Omer y la
tomas de los fuertes de St.Jean de Ru-
minghem y de Nieurlet (por Nieuler), ya en
1638, han sido comentadas en el texto
biográfico, quedando por aclarar que la
villa que guarnecía su compañía en 1639
era la de Furnes (por Fuenas).


LUIZ DA COSTA QUEIROGA
(Caldas da Rainha, Portugal, ca. 1614 – Bruselas, ca. 1680 (antes 1.II.1681).