
| Carlos Coloma en una calcografía de Paul Pontius, basada en una grisalla de Van Dyck. Aunque carece de fecha, sabemos que se ejecutó después de 1631 porque se le cita como «Magister campi generalis in Belgio». Si Velázquez le incluyó en «las Lanzas», como así lo creyó Justi, sin duda se inspiró en éste grabado para llegar al resultado de abajo, donde el artista le habría rejuvenecido más de lo necesario. Personalmente, dudo mucho la certeza de tal atribución, sobre todo porque los testimonios disponibles en torno a la despedida a la guarnición vencida no le fijan en el lugar, aunque andaba cerca e incluso escribió a la Corte una relación en la que contrastaba el lucido aspecto de los rendidos con la desnudez de sus soldados. Además, creo al retratado abajo bastante más parecido con el duque Philipp-Wilhelm de Neuburg, como veremos al explorar la rica iconografía de éste personaje. |


| El magnífico grabado de Pauls Pontius, aquí completo, basado en una grisalla de Van Dyck (abajo), para la serie «Icones principum virorum...», que comenzó a publicarse en 1636. |



| Federico V, elector palatino (izquierda), cuyos estados ocuparon y se repartieron España y Baviera, en cuyo duque recayó la dignidad electoral. El problema es que Federico estaba casado con Elisabeth Stuart, hija de Jacobo I de Inglaterra, que presionó a España para restituir el Palatinado Inferior a su hija. La famosa boda no era sino el colofón a un Tratado de Restitución, precisamente firmado por Coloma en Londres, el 29-III-1623. Sin boda (alianza), no hubo restitución sino guerra, que de alguna manera declaró el mismo Jacobo (26-XI-1624), al encargar a Ernst v. Mansfeld, apoyado por 6.000 ingleses, su recuperación con las armas. El asunto tiene enorme interés histórico por los cambios de posición a que dió lugar, pero no ha sido suficientemente profundizado y solo queda el rasgo de fri- volidad que quiso darle la propaganda olivarista. Lo cierto es que el tratado, que fijaba la entrega de Frankenthal para el 28-iX-1624 no se cumplió. Aquello fue lo que provocó la guerra con Inglaterra, no la venganza pasional del duque de York. DERECHA: Isabel, hija y hermana de los reyes de Inglaterra y esposa del que fuera Rey de Invierno y Elector del Palatinado (ambos grabados de Crispin de Passe). |

| El mayor problema para aceptar la pre- sencia de Gonzalo de Córdoba en «las Lanzas» radica en que no citan su pre- sencia en el cuartel de Balançon las fuentes en que Velázquez se inspiró para componer el lienzo: el bien conocido tra- bajo de Hermann Hugo (del que existe una reciente y excelente edición a cargo de Julio Albi), siendo la príncipe de 1626; el de Céspedes y Meneses (1631) y algu- nas relaciones coetáneas, notablemente la anónima «Carta tercera que vino a un caballero desta Civdad» (Valladolid), impresa en julio de 1625, único testimo- nio que habla de una entrega de llaves, trasunto del cuadro y tema que encendió una polémica que no revela sino el es- caso conocimiento que generalmente tienen los críticos de Arte sobre asuntos militares. Lo que entregó —y debía en- tregar— Justino a Spinola eran las llaves del castillo o ciudadela de Breda, resi- dencia del gobernador. Las llaves de las distintas puertas de la villa ya estaban en poder de los piquetes de guardias que las custodiaban desde que se firmó la capitu- lación (2 de junio) y se intercambiaron los rehenes. Para ser formales, el título del cuadro velazqueño debería ser «Ren- dición (por entrega) de las llaves del castillo de Breda»; de ahi que prefiera citarle por «las Lanzas». |

| Al conde Hendrik van den Berg (1573-1638), líder de la llamada fronda aristocrática belga, no se le juzgará con severidad llamándole por lo que fue: fementido y traidor. Novoa, que se inclinaba por el resintimiento para ex- plicar su defección, escribió: «Si al con- de Enrique de Vergas, que yo no defien- do ni alabaré de fiel, le hubieran dado el ser general de la caballeria de Flandes, de que era teniente y le tocaba de de- recho por muerte de don Luis de Velas- co, no hubiera, por este agravio, aposen- tado en su pecho la traición pues vió quitársele, cuando esperaba, el premio de sus servicios. Cuando se lo dieron todo, ya estaba desconfiado y con recelo de otra ofensa". No creo que Novoa ignorara que el con- de era Capitán general de Gueldres, no obstante lo cual, en 1626, se le nombró Gran maestre y capitán general de la Artilleria, empleo al que hubo de renun- ciar cuando, sin pasar por el generalto de la Caballería, se le ascendió a MdC. Gral. Soldados más esforzados que él pe- charon mayor sordina en sus carreras sin que por eso se quebrara ni desfa- lleciera su lealtad, sinónimo de honradez en aquellos tiempos. Aparte que no cabe justificar en base al resentimiento ninguna felonía, el verdadero móvil de su conducta hay que buscarlo en la ambición que supo insuflarle Richelieu, maestro en el manejo de voluntades. |

| Levantamiento del sitio de Valenza (28-X-1638), pintado por Snayers para el marqués de Leganés, hoy en el Deuts- ches Historisches Museum, en Berlin |

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