

| La Rasela era una aldea próxima a Verin, que todavía existe. Ahora pertenece a la provincia de Orense, pero cuando nació allí Vasco Colmenero de Andrade y Morais, allá por el año del Señor de 1614, pertenecía a la de Pontevedra, una de las siete del antiguo Reino de Galicia, que interesba también una parte de Zamora. Galicia siempre me ha atraído y fascina- do y a Galicia hice mis primeros viajes, primero con un 600; después con un 850 y luego con un 1200. Las carreteras eran infernales y a la vez divinas; por enton- ces cambiaban insensiblemente, pero lo hacían, porque recuerdo haber detenido el coche y hollado no pocas veces, a pie y con cierta nostalgia, los tramos mas antiguos e intrincados que iban desafec- tándose. En todo caso, llegar a Verin, desde Madrid, tras 6 o 7 horas de viaje, era un hito. Allí te ponían unos boca- dillos gigantescos, para alimentar a cí- clopes. Allí hacias la segunda paradiña (la primera era en Medina o en Bena- vente, según se calentara el motor del coche) y allí empezabas a perfilar, plano en mano, el resto del viaje. Lo curioso es que, teniéndola tan cerca, no haya tenido conocimiento de la existencia de la Rasela hasta ahora mismo. Aunque todo cambia y cuatro siglos dan para mucho, no debe ser mucho más grande que como la conocieran los Colmenero porque a los gallegos de entonces, como a los de después, les atraía el ancho mundo; sentían su llamada y su influjo como yo sentía hervir mi sangre pen- sando en Galicia. El hermano de Vasco, acabó en Indias y el padre del Francisco que aqui traemos, tras recalar en Ná- poles y en Lombardía, acabó sus dias en Sicilia, como general de la Artilleria de aquel Reino y Maestre de Campo del tercio de españoles que defendía la isla. |

| Charles Henri de Vaudémont, (Bruselas, 17.IV.1649 — Commercy, 14.I.1723), conde y luego príncipe de Vaudémont, último gobernador del Milanesado espa- ñol (1698-1707). Tras la derrota francesa en Turin, estableció una linea defensiva en torno a Cremona, Mantua, Módena y Brescia, contando con el regreso de las tropas francesas y la resistencia de las plazas fuertes para mantener un pie en Lombardía. Finalmente, sabiendo que no sería reforzado por el duque de Orléans, prefirió capitular la salida de las tropas españolas del Milanesado antes que sa- crificarlas inútilmente. El tratado, llama- do de evacuación, se firmó en Milán el 13 de marzo de 1707, entre St. Pierre y Daun, siendo ratificado por Vaudémont en Man- tova (14.III) y por el Duque de Saboya en Turin (16.III). En su virtud, el cuerpo de ejército de Vaudémont pasó por Susa a Francia; el resto de las guarniciones es- pañolas embarcaría en Finale rumbo a España. |

| Alessandria de la Paglia o Alejandría de la Paja, era el antemural defensivo del Mi- lanesado español. Sin duda, estaba pre- parada para resistir un largo asedio por- que sus baluartes ya no estaban hechos de la paja y adobes que le dieron su nombre primitivo. Pero la verdadera for- taleza de unas murallas se hallaba en los corazones de quienes habían de defen- derlas, como fue el caso de Gabriel de la Torre en la minúscula Châtelet (1636). En cambio, a Francisco Colmenero Alejandría le venía muy pequeña y a destiempo para probar su temple y virtudes. Ambicionaba seguridades mas tangibles y terrenales y discurrió entregarla a beneficio de una carrera que iba a quedar marcada por el hierro del deshonor. Por eso intentó ca- muflar camaleónicamente su deslealtad, lo que ciertamente consiguió en vida, pues "el Tizón de España", que concluyó su historia 6 años depués de que él hu- biera muerto no llegó a penetrar del todo su traición, hoy manifiesta gracias a la comprometedora correspondencia con un caballero alcantarino que no se dejó se- ducir por sus cantos de sirena pero que tampoco lo delató. Se limitó a entergarla al obispo del lugar que la envió a Francia. Hoy dormita en la Biblioteca Nacional de Paris, en la calle Richelieu, que conozco bien. Pero antes de llegar allí, pasó por las manos del duque de St. Simon, que des- cubrió el pastel y el pasteleo. |