ANDREA CANTELMO (1587-1645),CAP CABª (1620-25), CORONEL INF
ALEMANA (1627-29), MDC INFª ITALIANA (1630-38), GENERAL DE
LA ARTª (1638), MDC GENERAL (1640), CAPITÁN GENERAL (1645)

Nació el castillo de Pettorano, en Abruzzo (Nápoles), el 2-VIII-1598, siendo segun-
dogénito de Fabrizio Cantelmo, VI Duque de Pópoli y Príncipe de Pettorano. A ve-
ces se le ha citado como duque de Pópoli, pero en realidad lo fue su hermano ma-
yor, Fabrizio, que le sobrevivió. Éste fue el padre de Restaino Cantelmo, VIII du-
que, que fue también un gran soldado de España.

En 1620 levantó una compañía de arcabuceros a caballo para luchar en la Guerra de
la Valtellina, tomando parte en las batallas de Tirano y Morbegno, en el asedio de
Chiavenna y el socorro de Coira. Luego pasó al servicio del Emperador, que le dió
una compañía de corazas con la que asistió a la Guerra del Palatinado. En 1625 re-
gresó a Italia, llamado por el Duque de Feria, gobernador de Milán, para acudir a la
defensa de Génova, invadida por Carlo Emanuele I de Saboya. Cuando se declaró la
guerra por la sucesión del Monferrato, recibió un regimiento de infantería alemana
con el que participó en los dos asedios de Casale (1627-29) y en los combates de Ve-
rrua, Nizza y Rosignano.

A finales de 1630 levantó un tercio de infantería napolitana que marchó a Flandes
con el contingente del marqués de Santa Cruz, por el camino alemán, junto a los
tercios de Luis Ponce de León, de infantería española, y el lombardo del conde Gio-
vanbattista Panigarola. Aunque llegaron en abril, tardaron casi un mes en reponer-
se en Gueldres, no pasando muestra hasta en mayo. El tercio de Cantelmo pasó de
guarnición a Walem, en Limburgo, siendo reformado el 14-X-1632 y refundido con
el Terzo Vecchio, del cual Cantelmo recibió el mando. En 1633, fortificó Kleve y la
isla de Stevensweert, donde construyó un fuerte al que se dió su nombre. Declarada
la guerra contra Francia, tomó parte en la invasión de 1636, actuando en las con -
quistas de La Chapelle, Chatelet y Corbie, así como en los combates en torno a Pont
du Sambre. El año siguiente fue enviado a Luxemburgo, amenazado por los france-
ses, acudiendo al socorro de Danvillers.

Como recompensa a sus servicios, fué nombrado General de la Artilleria del ejército
de la frontera de Alsacia (1638), con el cargo anejo de de superintendente de la gen-
te de guerra de Flandes. En 1639 fue transferido, con el mismo empleo, a  mandar la
artilleria del ejército de la Frontera de Francia y, en 1640, asciende a Maestre de
campo general de la misma frontera, el segundo cargo más importante del Ejército,
sólo subordinado al capitán general ya que, al regresar a Italia Tommaso de Saboya,
no se proveyó el empleo de gobernador de las armas. Aquel año se perdió Arras, el
primer revés de importancia tras cinco años de guerra, y el siguiente Aire, aunque
ésta logró recuperarse en el transcurso de la misma campaña. Precísamente, ante
sus muros enfermó mortalmente el Cardenal Infante, gran valedor de Cantelmo.

Con su sucesor tuvo más de un problema. La campaña de 1642 no resultó como se  
prometía, sobre todo tras la victoria sobre los franceses en Honnecourt (26-V). Me-
lo, un cortesano aupado por Olivares al mando del ejército,  reveló su incapacidad
para explotar la victoria y los franceses volcaron su esfuerzo sobre el Rosellón, cuya
conquista completaron. Miguel de Salamanca, secretario de Estado y Guerra del go-
bernador de los Paises Bajos, pero revestido de poderes especiales por el propio Fe-
lipe IV, le solicta a primeros de 1643 su dictámen por escrito de lo acontecido. Can-
telmo desgranó sus «pareceres» en una amplia memoria, publicada en R&D-9 con
el título
«Una crítica contemporánea sobre la campaña de 1642 en Flandes» , que
próximoamente incorporaremos entre los testimonios que aquí vamos acopiando.

La solvencia y credibilidad que transmiten sus juicios fueron apreciados en su
tiempo, catapultando rápidamente su carrera. Poco después de redactado, Miguel
de Salamanca llevaba el memorial a un Madrid políticamente revuelto tras la caída
de Olivares. Cantelmo fue inmediatamente llamado a la Corte, a donde llegó a
finales de 1643, recibiendo asiento en el Consejo que debía inspirar los planes de
guerra para Cataluña. Luego, pasó con el rey frente a Lérida, actuando como
consejero del monarca. Tras caer la plaza, desfiló en el cortejo que acompañó a
Felipe IV en su entrada en la misma (7 de agosto de 1644) y una semana más tarde,
al dimitir Felipe de Silva, fue nombrado Capitán General del Ejército de Cataluña.
Antes de terminar el año, consiguió liberar los asedios de Tarragona y Rosas.

Pero el siguiente año (1645), sería funesto para nuestro personaje. El Conde d'Har-
court, viejo rival de Flandes ahora convertido en virrey de la Cataluña rebelada, le
sorprendió el 22 de junio en la plana de Llorens, capturando al Maestre de campo
general marqués de Mortara y 5 tercios de infantería completos. Cantelmo pudo re-
tirarse a Balaguer, donde dejó a Simón de Mascareñas; pero no logró aocorrerle y  
éste se vió obligado a capitular el 9 de octubre. Tales reveses sellaron su carrera. Re-
levado del mando, se le designó para gobernar las armas del Ejército de Navarra, pe-
ro murió el 5 de noviembre de aquel mismo año, sin haberse hecho cargo de su nue-
vo empleo.

Cantelmo logró una notable reputación en vida, como prueba que Van Dyck —cuyo
original no se preserva— le incluyera entre las celebridades de su tiempo. En la am-
plia leyenda inscrita en la base del grabado de Pontius, por el cual conocemos la tra-
za del que pintara Van Dyck, se le llama el Epaminondas de su siglo. Mas reciente -
mente, el profesor J. Israel  (
The Dutch Republic and the Hispanic World), le rwputa
también por uno de los mejores generales del Ejército de Flandes, pero convendría
matizar que todo lo que hizo bien fue secundando órdenes de mando y que, cuando
lo tuvo independiente, llevó a sus tropas a un desastre.

El W.B.I. recoge dos artículos biográficos sobre el personaje: Corrado Argegni,
Con-
dottieri, capitani, tribuni.
Milan, 3 vols, 1936-37, y Adolfo Carrasco y Sáiz,  Icono -
biografía del generalato español
. Madrid, 1901. El último descubre la existencia de
un retrato que preservaba una dependencia militar en España, a principios del siglo
XX, que quiza aun sobreviva; desafortunadamente, fue éste uno de los autores que
erró al darle tratamiento de duque del Popoli. En cambio, no menciona el WBI el re-
ciente artículo que le dedica el Diccionario Biográfico Italiano, que ha completado
ya la letra C tras alcanzar una cuarentena de volúmenes, ni la amplia noticia biográ-
fica que Galeazzo Gualdo Priorato publicó en «Vite et Azzioni di Personaggi Militari
e Politici» (Viena, 1674), que incluía el grabado anónimo que reproducimos al mar-
gen, inspirado en que publicó Merian en 1651 para el Theatrum Europaeum ( tomo
V,103). También le dedicó una amplia inspección biográfica Raffaele M. Filamondo
en Il genio bellicoso de Napoli, publicado en 1694 (I, pgs. 30-44), que también in -
cluye su retrato. Pocp antes, Leonardo di  Capua (1617-1695) publicó la única mono-
grafía conocida sobre el personaje (dominio que no explora el WBI), publicada en
Nápoles en 1693, último empeño intelectual de la actividad creadora de su  autor.

                                                                                                                    © JUAN .L. SANCHEZ
El castillo de Pettorano, en Abruzzo, fue
feudo de los Cantelmo desde 1310 hasta
1750. Originaria de Escocia, la rama ita-
liana se instaló en Nápoles en tiempos
de Carlos de Anjou, a cuyo servicio se
emplearon. Pero, sobre todo, se distin-
guieron por los prestados a la monar-
quía hispánica.
El magnífico retrato que grabó Paul
Pontius sobre un dibujo de Van Dyck. En
la leyenda inscrita en su base, se le
llama el «Epaminondas del siglo».
La batalla de Honnecourt, junto a Chate-
let, en una pintura de Snayers que con-
serva el Museo del Prado (MP1741). Hasta
hace muy poco tiempo se creía que re-
presentaba el asedio de Bolduque (s-Her-
togenbosch), atribución que reveló erró-
nea Pavel Hrncirik en
Researching &
Dragona no. 20, basándose en el plano
inédito que, sobre dicha batalla, publica-
mos en
Researching & Dragona no. 12.
De la batalla de Llorens (22-VI-1645), tan
decisiva en la vida y carerra de Cantelmo,
conocemos un lienzo de Edouard Pingret
(1788-1875), pintado en 1838 para el Mu-
seo de la Historia de Francia (Versalles),
arriba, y el plano de Beaulieu para el
álbum de las «Glorieuses victoires et con-
quêtes de Louis XIV, grabado posterior-
mente por Cochin (abajo).  
El grabado anónimo que ilustró la biogra-
fía de Gualdo Priorato en «Vita et Azzioni
di Personaggi Militari...». Viena, 1674


ANDREA CANTELMO
(ºPettorano, Nápoles, 2-VIII-1598; † Huesca, 5-XI-1645)