| LA CAMPAÑA DE 1638 (III PARTE) Edición y notas de Juan L. Sánchez |
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| SOCORRO DE HESDIN Estando en esto, al Señor Príncipe Tommaso le llegaron cartas del Conde de Annapes, de Hes- din, en que le avisaba que el enemigo le iba poco a poco cercando y tomándole los puestos más necesarios, y que se hallaba con necesidad de gente y de municiones; con que luego llamó a consejo al Conde Piccolomini y a los maestros de campo y coroneles del ejército y, habiéndoles hecho leer la carta de Hesdin, todos fueron de parecer que era necesario meterle socorro con tiempo. Mandó luego llamar al Teniente general D. Juan Vivero, y le dio orden que partiese luego con la caballería y 400 españoles del tercio de Fuensaldaña y Saavedra, y 200 irlandeses del tercio de O’Neill, y todas las más municiones que se pudieran dar del ejército; y que en estando en parte segura, que las encaminase con la dicha infantería y él se volviese al ejército. Mandó tam-bien a los croatas que tocasen arma al enemigo por diferentes partes. D. Juan de Vivero tomó muy buenas guías y metió el socorro en Hesdin con muy buena diligencia; y la caballería del enemigo se mostró, mas no se atrevió a embestir a D. Juan, con que volvió al cuartel, habien- do socorrido aquella plaza sin pérdida de un hombre; y el Mariscal de Brezé fué llevado preso a Francia, y hasta ahora no ha vuelto en la gracia de su rey; su ejército se entregó a Monsieur de la Millore [La Meilleraye], Gran maestre de la Artilleria de Francia. En esta ocasión llegaron nuevas a Bruselas de como era muerto el Conde Juan de Nassao [Johann von Nassau-Siegen], y su cargo de General de la caballería quedó vaco, y lo está hasta ahora. Tambien llegó nueva como Don Pedro de Villamor, Comisario general de la caballería de Brabante, había roto un cuartel al holandés en un villaje llamado Boh (sic) y, por negligen-cia de no socorrerle el Marqués Sfrondati, no pudo pasar adelante y se retiró, habiendo muerto a D. Antonio de Meneses, cuya compañía de caballos corazas proveyó S. A. en el Conde de Vi- llalobos, hijo mayor del Marqués de Cerralbo. CONQUISTAS DE RENTY Y CHÂTELET Y POR LOS FRANCESES. Habiendo visto los franceses como estando Hesdin socorrido les era necesario mudar de inten- ción, resolvieron ponerse delante de Renti [Renty], plaza muy fuerte de cuatro caballeros, pe- ro muy pequeña, con que fácilmente la circunvalaron; y habiéndola sangrado el foso y hecho brecha en la muralla, los soldados de dentro apretaron al gobernador para que se rindiesen; el cual, considerando que era rigurosa cosa aguardar el asalto, teniendo allí su mujer e hijas y to- da su hacienda, acordó a los soldados su deseo, rindiéndose con muy buenas condiciones. Era toda la gente que tenía dentro valona, y luego que llego a Aire, mandó S. A. que le prendiesen y, vista su causa, el Auditor general le sentenció a que nunca pudiese tener cargo de guerra. Con esta victoria, parecíale al francés que antes de acabar la campaña las habia de tener muy grandes, como precisaba para recuperar la reputación perdida en St.-Omer, y habiendo envia- do a avisar a su rey de la victoria y toma de Renty, les vino orden que la desmantelaran, como hicieron, marchando por dentro de su país, y lo mismo hizo el Príncipe Tommaso por el nues- tro. Y llegando a los burgos de Arras se puso en batalla para presentársela al enemigo, que pa- saba (a) un cuarto de legua de nosotros; mas siguió su camino hasta Châtelet [Catelet] y el Príncipe Tommaso hizo lo mismo con su ejército, haciendo frente de banderas y fortificándose delante de Cambrai. El enemigo abrió luego trincheras a Châtelet, que es una plaza menor aun que Renty. Habia dentro la compañía del gobernador, D. Gabriel de Latorre, que era de españoles, 4 compañías de valones, fuera de tercio, y 3 compañías de alemanes del ejército de Picolomini. Esta fué una plaza de las que mejor se han disputado jamás, porque siendo un puño de tierra se defendió 26 días, haciéndole grandísimo daño al enemigo; y despues de haber resistido dos asaltos, al ter- cero los alemanes de Piccolomini echaron las armas en tierra, con que entraron los franceses y degollaron a casi todos los españoles y valones que había dentro; y despues de haber hecho prisionero al capitán Pronvila [Pronville], le hizo matar el gran Maestre La Meilleraye, acción bien infame para cualquiera, cuanto más para un general. Llevaron preso a D. Gabriel de Latorre, y le tienen en la Bastilla hasta ahora, y a su Sargento mayor Antonio Cantudo, al cual, en saliendo de la prisión, S. A. le hizo merced de la compañia del gobernador dicho, que la agregaron al pie del castillo de Cambrai. Los franceses quedaron avergonzados con este suceso, pues habiendo tomado el Príncipe To- masso a Châtelet el año de 1636 en tres dias, y no perdiendo más que cuatro hombres, ellos estuvieron 26 días y perdieron más de 3.000, con que se resolvieron a dejar un ramo del ejér- cito para fortificar al dicho Châtelet, y con lo demas marcharon al Arbol de Guise [L’Arbre de Guise]. Estando el ejército en Cambrai, cayó malo D. José de Saavedra, y mandó el Príncipe le llevasen a la abadía del Santo Sepulcro, donde estuvo a la muerte; y en comenzando a mejorar, se vol- vió al ejército a servir su tercio. En este interin los corvatos [croatas] hicieron una entrada en Francia por la parte de La Capela [La Capelle], y trujeron un gran botin de prisioneros, caba- llos, vacas y carneros. En este tiempo murió en Bruay, de enfermedad, el coronel Juan Agustin Espinola [Giovanni Agostino Spinola], hermano del Duque de San Pedro [San Pietro Galatina] , y su regimiento proveyó S. A. en el coronel Ottavio Guasco, reformando el que él tenia en el de Spinola. Sabiendo el Príncipe Tommaso que el enemigo habia marchado con su ejército, mandó a Pic- colomini marchase con el suyo a Mouens [Mons], y él marchó a Apa [Spa], y despues de haber estado dos dias allí, marchó a Baue [sic]. No habiendo estado el Señor Príncipe Tommaso dos dias en Baue, le llegó un correo de S. A. en que le avisaba del socorro de Gueldres [Geldern], que fué de esta manera: NOTICIA DE LOS SOCORRO DE GUELDRES Y FUENTERRABIA. Deseando el Príncipe de Orange hacerse dueño de Ultra Mossa, puso sitio a Gueldres con el ejército de holandeses; y habiéndose empezado a fortificar, tuvo nuevas que S. A. estaba ya cerca para socorrer la plaza, con que fue tanta la confusión de sus soldados, que empezaron a querer ponerse en huída. A este tiempo embistió el Comisario general de la caballería, D. Pe- dro Villamor, con un batallón del enemigo que hacía cara para dar lugar a que se retirase su ejército, al cual iba sacando con el mejor orden que podia el Príncipe de Orange. Mas habiendo sido asistido D. Pedro de más caballería que llegó, rompió el batallón dicho que le hacía cara, en el cual hizo prisioneros a dos capitanes, que el uno era hermano del Príncipe de Orange y el otro su sobrino, hijo de D. Manuel de Portugal; el cual, despues de haber sido fraile carmelita descalzo, y profeso y de misa, apostató, y S. A. le mandó entregar a su religión, donde está al presente. En este tiempo el gobernador D. Andrés de Prado hizo una salida con la más gente que pudo, y ganó dos piezas de artillería del enemigo y le mató mucha gente; y visto por S, A. que habia hecho aquel socorro con tanta felicidad, se volvió a Ramunda [Roermond] con el ejército victorioso en todas partes. Esta buena nueva de Gueldres [Geldern] llegó acompañada de otra famosa victoria que se habia tenido en España, y fué de esta manera: El Príncipe de Condé apretaba cada dia con mayor violencia (a) la villa de Fuenterrabía y, ha- biendo llegado a su ejército el Arzobispo de Burdeos, glorioso de haber quemado algunos na- víos a D. Lope de Hoces, pidió licencia al Príncipe para que su gente diese un asalto, el cual se la concedió. El Arzobispo escogió para él (a) toda la más escogida nobleza que tenia en su ar- mada naval, y dio el asalto tan terrible que, aunque le costó mucha gente por la valentía con que los de la villa siempre se defendían, con todo eso se alojó en el foso. Sabida por S. M. esta nueva, mandó que se juntasen el Almirante de Castilla, que tenía el ejército junto a Vitoria y el marqués de los Vélez, virrey de Navarra, con el suyo, y que embistiesen las fortificaciones del príncipe de Condé. En estos ejércitos habia un tercio de napolitanos, otro de irlandeses, seis compañías de valones y todos los demas tercios eran de españoles, y en infantería y caballería serian todos 15.000 hombres; los cuales, con el valor que iban, parecian muchos más. Llegaron a mediodía, el dia de Nuestra Señora de Setiembre, y empezando a embestir con los primeros reductos se metió en confusión el ejército francés, con que empezaron la huída. Los nuestros les apretaron de modo que ganaron la artillería y todo el bagaje, y muchas banderas y estandartes. El Príncipe de Condé se retiró a uña de caballo y el Arzobispo de Burdeos y mucha nobleza le siguió; mas el Marqués de la Force, que se alababa de que había hecho poner en Es- paña predicantes hugonotes, fué hallado entre los muertos con sus compañeros; y entre pri- sioneros y muertos perdió el Príncipe de Condé más de 4.000 hombres y toda su recámara, que dicen la tenia riquísima, y quedó corrido de ver que con la espada en la mano nunca pudo hacer a su gente pelear. Todos han atribuído esta victoria a milagro de la Vírgen Santísima, a quien nuestra gente se habia encomendado con gran devoción, pues huyeron los franceses es-tando muy atrincherados y siendo el doble en el número que nosotros. CUARTELES DE INVIERNO El Príncipe Tommaso mudó sus reales a Quenue [Le Quesnoy], y mandó hacer una salva real por los dos socorros tan felices de Gueldres y Fuenterrabía; y sabiendo que el enemigo no ha- bía mudado su ejército de L’Arbre de Guise, por falta de forrajes, mudó el suyo de Quenue [Le Quesnoy] a los villajes de entre Mons y Valenciennes, poniendo la corte en Quecurin [Quié- vrain], de donde, despues de haber estado algun tiempo, partió a Nuestra Dama de Montagut [Notre Dame de Montaigu], donde S. A. estaba despachando las órdenes para retirar al ejército del Brabante. Volvió el Príncipe a Mons, donde, sabiendo que el enemigo habia ya metido su gente en guarniciones, hizo lo mismo con este ejército de la frontera de Francia, mandando al Conde Piccolomini que marchase con el ejército imperial para alojarlo el invierno en el pais de Cleves [Kleve] y de Juliers [Jülich] y su persona en Aquisgrán [Aachen]; el tercio de Fuensal- daña en Valenciennes y Cambrai; el tercio de D. José de Saavedra en Bethune, Aire y Cassel; el tercio de Guasco en Bergues, Furnes, Bourbourg y Dixmude; el tercio de Toraldo en Mons de Hainaut; el de irlandeses en Arras; los regimientos de alemanes al país de Luxemburgo; el de Wezemaal (valón) en Saint Omer, Hesdin y Bapaume; los ingleses y el de Velada volvieron al Brabante; el Teniente general D. Juan de Vivero en Duai, donde tambien se alojó un regimien- to nuevo que habia venido de alemanes, del coronel Behr; D. Francisco Pardo, Comisario ge- neral, en Valencienes, y toda la caballería repartida en los países de Artois y Henao [Hainaut]. Con que habiendo cumplido con la relación de la campaña del año de 1638, escribiré ahora lo que sucedió en el invierno hasta que empezó la del año 1639. |
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