| EL SOCORRO DE BRUJAS (1631) Edición y notas de Juan L. Sánchez |
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| Lo que sigue no es una trancripción fiel del original de Coloma, que el lector puede hallar en el portal de Canadian Li- braries, sino una adaptación de su relato orientada a una lectura fácil y comprensible. Se han moficacado todas las for- mas arcaicas; los topónimos, gentilicios y patronímicos, hasta donde ha sido posible identificarlos, se han sustituído por su grafías vernáculas actualizadas, encorchetándose el nombre castellanizado de los primeros. |
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| LLEGADA DE COLOMA A BRUSELAS Y MEJORA DE SU EMPLEO. Después de hecha la paz en Inglaterra, me mandó el rey venir a estos Estados, en cuyo nombre me avisó la serenísima Infanta de que su Majestad me había hecho merced del cargo de capitán general de la caballería ligera. Llegué a Bruselas el 14 de marzo (viernes), de donde el marqués de Leganés, que no aguardaba otra cosa para volverse a España, partió cuatro días despues de mi llegada (martes, 18 de marzo). La noche antes de su partida, cogiéndome aparte él, el carde- nal de la Cueva y el marques de Aitona, me declararon que mi provisión en la caballería ligera se había trocado por la de maestre de campo general de estos estados. Mas, como no faltó quien me avisase de que se me destinarían compañeros en él, estuve firme en procurar no soltar el de la caballería hasta que, declarándome que estaba proveída en el conde Johann von Nassau-Sie- gen, acepté el cargo que se me daba, protestando que no había de servirlo más que hasta com- probar que se proveían otros sujetos de la misma autoridad que la mia, pareciéndome acción digna de un hombre de mis prendas el aceptar un oficio menoscabado respecto de como lo ha- bían tenido mis antecesores. Así se lo declaré a su Alteza, suplicándola se sirviese representarlo al rey, como me prometió hacerlo. Partido el marqués de Leganés, se leyó en el Consejo una carta del rey en que mandaba que de allí adelante,siempre que se ofreciera salir en campaña,gobernase las armas el marqués de Aito- na, provisión digna de sus grandes partes, calidad y experiencia de negocios. Tardó pocos días en llegar aviso cierto de que venía el marqués de Santa Cruz a gobernar estas armas, que se ha- llaba ya en Lindo (sic); entretanto comencé a ejercer mi oficio y procuré licencia de su alteza pa- ra irme a hallar en los diques de Amberes y del país de Waas.Las aguas vivas de la Semana Santa (del lunes 14 al domingo 20 de abril), toda la cual pasé con el marqués de Celada y el maestre de campo Baglioni, que los tenían a su cargo y no sin cuidado por los continuados avisos que se te- nían de las grandes fuerzas que el enemigo iba juntando,de los extraordinarios aparatos que ha- cía y del número de bajeles que preparaba; cosas que, aunque en sí eran bien grandes, las iba por momentos acrecentando el rumor, como acostumbra. Volví el sábado santo (19 de abril) a Bruselas, adonde entró el segundo día de Pascua (martes,22 de abril),el marqués de Santa Cruz, con aviso de que dejaba ya muy adelante los tercios de don Luis Ponce de Leon (TIE no. 35), de don Andrea Cantelmo (TIA no. 25) y del conde Giovanni Battista Panigarola (TIA no. 26), que juntos podían hacer 4.000 hombres entre españoles e italianos. Alojóse esta gente en los casa- res que llaman Dorados en el país de Geldern [Güeldres], hasta que, apresurándose más los avi- sos de que el enemigo salía en campaña, se les envió orden de venirse acercando, como lo hicie- ron. Para tener desde luego cuerpo de ejército, se mandó salir a don Francisco Zapata con su tercio (1), y la mayor parte del de Marcello del Giudice (TIA no.10) y algunas compañías de va- lones con 8 piecezuelas de campaña; el cual, con toda esta gente y seis compañías de caballos, se alojó en Walem, hacia mediado mayo. Durante este tiempo, con los avisos que de todas partes venían llegando de los aparatos maríti- mos del enemigo, se comenzó a temer de la costa de Flandes; y para mirar por aquello fuimos los marqueses (de Santa Cruz y Aitona) y yo a Dunkerque, llevando con nosotros el tercio del marqués de Celada y al duque de Veragua con las dos compañías de caballos de que es capitán y la de monsieurde Tarter (sic). Visitamos todas aquellas villas y fuertes marítimos, dejándolos al mejor recaudo que fue posible, y toda aquella gente a orden de don Luis de Benavides, goberna- dor de Dunkerque. De vuelta en Bruselas, se envió orden al conde de Fontaine para que, con to- da la gente que pudiese juntar y alguna más que se le envió, tomase el puesto que juzgase por más a propósito en orden a defender las villas de Brugge (Brujas) y Damme (Dama), y los fuer- tes que estan sobre el canal y villa de Sluis (La Esclusa), el cual escogió el de Haasgat (sic) entre los dichos fuertes y Damme, en donde se acuarteló con cosa de 2.500 hombres y algunas piezas de artillería. Habíase tomado antes de mi llegada de Inglaterra para Bruselas un expediente para levantar golpe de valones nuevos, harto acertado, que fue hacer que todos los gobernadores de plazas en Artois [Artesia], Hainaut [Henao] y Luxemburgo doblasen sus guarniciónes a cargo de las provincias que ofrecieron pagarlas por ocho meses, y de esta gente, que llegaba a 3.500 hom- bres, se formaron dos tercios: el uno de los cuales se dió al conde de Fresin [TIVA no. 59] y el otro a monsieur de Haynin, que había sido sargento mayor de Grobbendonck (2); los demás, hasta el número de 5.000 y más, se levantaron en 8 compañías que se agregaron por iguales partes a los tercios del conde de Grimbergen [TIVA no. 60] y de Charles Stassin [TIVA no. 61], formados de nuevo de compañías fuera de tercios, llamadas comúnmente libres. Habíase man- dado pocos meses antes a don Felipe de Silva, gobernador del Palatinato Inferior, que levantase allí un regimiento de alemanes altos,como lo hizo con el cuidado y presteza que acostumbra po- ner en todo lo que mira al servicio del rey, y, embarcándole el Rhin abajo, en número de 3.000 hombres, junto con otros 1.000 valones que entresacó de las plazas de su gobierno, que fueron todos 4000, aseguró el país de Güeldres y en parte a la villa de Rheinberg (Rimberque), adonde se creía que había de dar el enemigo. Éste, por entonces, para disimular mejor sus intentos, no cesaba de ir enviando gente y municiones de guerra el Rhin arriba y a mediados de mayo el mis- mo príncipe de Orange vino a poner su campo entre Emmerich (Emerique) y Rees (Reis), man- dando sobre 40.000 hombres entre infantería y caballería. Olvidábaseme de decir, que ya por este tiempo los tres señores del Consejo de Estado, de quien, aunque sin merecerlo, soy compa- ñero, habían enviado a llamar con un correo y a toda presteza al marqués de Montesilvano, fray Lelio Brancaccio, destinado también para maestre de campo general, que se hallaba en Génova. Súpelo por una carta del rey,que se leyó en el Consejo, en que su Majestad lo declaraba y añadía casi estas palabras: «Don Carlos Coloma quiero que indispensablemente sea maestre de campo general de este ejército, y que ejerza este año el oficio, etc.». El mismo título se le dió al conde Hendrik van den Berg, aunque obligándole a renunciar el cargo de la artillería, que se dió al ba- rón de Balançon. DISTRACCIONES DEL ENEMIGO, QUE DESEMBARCA EN FLANDES. Iban creciendo por momentos los cuidados, por no llamarlos miedos, de todos los gobernadores de las plazas desde Rheinberg (Rimberque) a Gravelines (Gravelingas), sin olvidarse alguno de ellos de pedir dineros, gente y municiónes de guerra y boca, cosa que no menos por las notorias sospechas que todos podían tener de ser acometidos y por la imposibilidad que había de darles entera satisfacción, daba a SA.y a su Consejo el cuidado y desvelo que se deja considerar. Entre- tanto ordenó su Alteza que sin dilación alguna se hiciese venir la vuelta de Amberes los tercios que acababan de llegar de Italia, y los de alemanes del conde Jan van Nassau-Siegen y Vitanos- tra; que los de Alonso Ladrón (TIE no. 1) y el borgoñón de Messières estuviesen a segunda or- den, y que se diese prisa al barón de Moncle (sic), que con las reclutas borgoñonas se hallaba ya en el ducado de Luxemburgo en número de más de 3.000 hombres, para que se arrimara a Am- beres. También se dió prisa a los valones que se estaban levantando en Artois (Artesia) y Hai - naut (Henao), de los cuales el conde de Fresin se sabía venir marchando con su tercio de 2.000 hombres (TIVA no. 59), gente escogida, a la plaza de muestra que se le señaló en Malinas. En tanto el príncipe de Orange,viendo que descubríamos su treta y que en lugar de haber llama- do todas nuestras fuerzas a Ultramosa (la parte N.de Limburgo), que era lo que pretendía, sacá- bamos de allá las que teníamos de sobra, dejando en un cuartel fortificado al conde Guillermo de Nassau con 8.000 infantes y 1.500 caballos, se dejó caer en el Rin abajo con toda su armada de barcas, en número de 4.800, a cuyo primer aviso nos resolvimos los marqueses y yo en salir a la defensa el día de la Ascensión (jueves, 29 de mayo) y acudir a lo más importante, que era Amberes, temiendo que el enemigo no ejecutase los designios tan premeditados de romper los diques y poner sitio a aquella no menos importante que noble ciudad, adonde, habiendo llegado el día antes el conde de Fresin con su tercio, se le ordenó que pasase a ocupar el dique de Kallo (Calo), adonde había desalojado tres días había D. Francisco Zapata con cosa de 3000 hombres que llevaba consigo para asegurar a Heusden (Usden) y a Sas van Gent (Saso de Gante). La mis- ma noche que llegamos a Amberes llegó a sus contornos el conde Jan von Nasau-Siegen con su regimiento, que por aquellos días lo había dado el emperador a su teniente coronel Jacques de Rouveroy, y 26 compañías de caballos, y el teniente general de la artillería, Pascual de Arenas, con 24 piezas de artillería y aviso de que el día siguiente marcharía el maestre de campo Wingar- de con lo restante del tren hasta número de 48 piezas; a saber: 20 medios cañones, 16 cuartos, y las demás piezas (12) de a cinco libras de bala. El viernes 30 de mayo, al amanecer, se tuvo aviso de Breda cómo descubrían desde la torre de a- quella villa innumerable cantidad de barcas, añadiendo que la vanguardia enemiga iba pasando ya de Dertriet (sic). Saliendo del cuidado que podía dar Breda, le comenzamos a tener de lo de más abajo; y así, en amaneciendo, les pareció a los marqueses que yo me fuese con D.Francisco Zapata, por evitar las competencias, caso que fuese necesario juntarse allí más número de gen- te, y los maestres de campo Grobbendonck y Ribaucourt, parte de cuyos tercios, con la demas gente que digo arriba y sin sus personas, habían estado a su orden en Walem. Llegado el viernes por la tarde a Heusden, hallé que por los avisos que el gobernador de aquella plaza había tenido de que el enemigo no se encaminaba a entrar por el estrecho de Saftingen, que es el paso que forzosamente había de tomar para venir a sitiarla, si no es que quisiese arrimársele por Axel y el país del Sas, donde se había ido a poner en Zelzate don Francisco Zapata. Estuve aquella noche en San Juan Estién (sic, que parece tratarse de una abadía o castillo) con alguna guardia que se me envió de la villa y, en amaneciendo me fui a Zelzate, que es un villaje media legua de Sas, cu- yo gobernador, Diego Sánchez de Castro, harto vigilante y despierto, que no se había descuida- do en enviar a tomar lengua, me avisó de que la armada enemiga se iba arrimando a Essendijk (Isendique) con designio de desembarcar en Watervliet.Pasamos don Francisco, él y yo con 300 infantes de escolta, al fuerte de Philippine (Felipina), distante de Sas van Gent cerca de 2 leguas, desde donde descubrimos toda la armada, y en cosa de media hora que nos detuvimos allí, tra- jeron los soldados del Saso y de aquel fuerte 24 prisioneros, todos los cuales aseguraban que el enemigo iba desembarcando a gran prisa y que la voz común era que tentarían primero el Saso y si aquello no les salía pasarían a Brujas. Con este aviso, por no hallarme con comodidad de es- cribir, despaché al capitán Juan de Terrazas (3), ordenándole matase el caballo o llegase en cua- tro horas a Amberes, que advirtiese a los marqueses de lo que había visto y oído y les pidiese, de mi parte, que sin dilación se viniesen acercando con todo el ejército que se hallaba junto, presu- poniendo que el remedio de cualquiera de las dos plazas que el enemigo emprendiese consistía en la brevedad y en llegar el socorro antes de que tomasen la zapa en la mano. Lo mismo escríbí al marqués de Santa Cruz aquel mismo día desde el Saso y a la noche desde Zelzate, con ocasión de los prisioneros que se iban trayendo,particularmente el domingo, con la relación que trajo el capitán Cuevas (4), a quien envié a tomar lengua con 30 caballos, de que el enemigo marchaba la vuelta de Eeklo (Eclo) con todo su grueso y hasta 50 piezas de artillería. Como el camino que todavía hacía cargando sobre su mano izquierda no diferenciaba por entonces a cuál de las dos partes quería acometer, levanté una trinchera a lo largo del dique, tomando la ribera por frente desde el fuerte de San Antonio hasta el Saso, repartiendo el trabajo entre las naciones española, italiana y valona, que en menos de un día lo pusieron en defensa. El dia siguiente por la mañana, que fue lunes (2.VI), un cabo de escuadra del Saso que había sa- lido con una partida de soldados, me trajo a un conductor de la artillería del enemigo, en cuya faltriquera hallaron la relación de todas las piezas que llevaban, la más gruesa de las cuales no pasaba de 18 libras de bala.Con ello comencé a desengañarme de que el enemigo ponía su espe- ranza antes en la presteza y, por ventura, en algunas inteligencias, que no en derribar murallas, si bien afirmaba el dicho conductor que quedaban todavía embarcados 20 medios cañones para poderlos llevar después, en ocupando y fortificando los puestos, si se les daba lugar para ello. El lunes por la tarde tuve aviso, tambien por prisioneros —que en aquellos 2 días se tomaron más de cien— que la vanguardia enemiga alojaba aquella noche en Maldegem (Maldeguen), con lo que me desengañé del todo de que su intención fuera sitiar al Saso sino a Brujas, o pasar por el país a Dunkerque, y así se lo escribí al marqués con don Baltasar de Guzmán (5), suplicándole marchase con la mayor diligencia posible a pasar por Gante, que yo haría lo mismo en confir - mándose por la mañana los avisos que había tenido todo aquel día por diferentes partes, como se verificaron por relaciones de nuevos prisioneros. Halló esta carta á los marqueses en Stekene (Esteque), de donde marcharon en amaneciendo, y sus tropas y las mías nos venimos a juntar en Merelbeke, donde resolvimos el pasar aquella noche a alojar una legua más allá de Gante, cuidadosos todavía de la artillería que traía el maes- tre de campo Wingarde, a quien se ordenó pasase el Escalda por Dendermond (Terramunda) y viniese a las puertas de Gante, adonde hallaría otra orden, como lo hizo, y a una hora antes de anochecer nos hallamos todos juntos en Mariakerke, villaje una legua más allá de Gante, aun - que con la gente algo cansada por la jornada y excesivo calor de aquel día. Sin embargo, se mar- chó el siguiente haciendo cuatro grandes leguas, siempre arrimados al canal que va de Gante a Brujas, y, dejándole sobre la mano derecha y adelantándome yo con la caballería, ordené el alo- jamiento más adelante del fuerte de San Jorge, poniendo la gente en escuadrón a la entrada de la gran bruyera y la caballería en Aalter (Alteren). Aquí nos pareció hacer alto un día para reco - ger a la gente, tomar lengua de lo que hacía el enemigo y de lo que nos avisaba el conde de Fon- taine, el cual, dejando el puesto que tenía en Aensgat (6), se resolvió en meterse con toda su gente en Brujas, dejando buena guarnición en Damme y en los fuertes. Rehusaron al principio los de Brujas el recibir a tanta gente hasta que, viendo que el enemigo les comenzaba a apretar de veras y el peligro al ojo, se resolvieron a admitirla, aunque, segun se dijo, no faltaron votos en el magistrado que aconsejaron el adelantarse a tratar con el príncipe de Orange para sacar mejores partidos; el cual, entretanto, sin perder una hora de tiempo, con 4.000 arcabuceros de rueda había pasado el canal que va de Gante a Brujas, ocupado los fuertes de Moerbrugge (Mar- bruga) y Steenbrugge (Estiembrugue, sobre el Westdijk), de donde con orden que tuvo para ello el conde de Fontaine se había retirado a la villa el capitan Guitz, que los tenía a su cargo, y fortificado dos cabezas de ambas partes del canal, sobre que hizo con gran facilidad cada fortifi- cación capaz para 2.000 hombres, que al punto se comenzaron a barracar con la presteza que suelen, y sin detenerse tomaron tres reductos el dique adelante, desarmando la gente que en ellos se les iba rindiendo sin resistencia alguna, por no ser los reductos cosa de consideracion. EXPULSIÓN DEL PRÍNCIPE DE ORANGE DE FLANDES. Miércoles (dia 4) por la mañana, despues de haber oído misa a buen hora, llamó el marqués a consejo a todas las cabezas del ejército, que eran las siguientes: el marqués de Aitona y yo, que me doy este lugar por ser el que me toca como maestre de campo general; fray Lelio Brancaccio, marqués de Montesilvano, que había llegado al campo el día anterior; el conde Juan de Nassau- Siegen, general de la caballería; el conde de Salazar, su teniente general (7); el príncipe de Bar- bançon; los maestres de campo españoles don Francisco Zapata y don Luis Ponce de León; los italianos del marqués Sfondrati, a quien se dio el tercio que vacó por muerte de Paulo Baglioni (TIIt, No.22); don Andrea Cantelmo (No. 25) y el conde Panigarola (No. 26); los de valones del conde de Grimbergen (TIVA no.60), Charles Stassin (No.61) y el señor de Ribaucourt (No. 53); el maestre de campo Wingarde, gobernador de la artillería, y tres tenientes de maestre de campo generales: Cristóbal de Medina Montoya (8), don Esteban Gamarra y Giuseppe Ruggero. Conformáronse todos los votos en que, sin aguardar a las tropas que se esperaban, se socorriese la plaza a cualquier precio que fuese, valiéndonos del ardor con que los soldados deseaban venir a las manos con el enemigo y del poco tiempo que estos había tenido para fortificarse.El camino más breve era siguiendo siempre el canal, por el cual era fuerza topar al enemigo atrincherado y con su artillería montada; el segundo que se ofrecía era rodeando a entrar por la abadía de Sint Andries (San Andrés),arrimándonos por la parte de Oudenburg.No le faltaban a este camino in- convenientes harto considerables, supuesto que era fuerza dar el flanco al enemigo y dejarle en su libertad de podernos dar la batalla con fuerzas tan superiores a las nuestras porque, llegando su infantería á 24.000 hombres, pasaba poco de 8.000 la nuestra, como se verá por la relación que dieron de ello los sargentos mayores de los tercios, y se pondrá abajo; si bien en caballería éramos entonces casi iguales, y en calidad de artillería superiores. Faltaban entretanto nuevas de Brujas y no se sabía si habia admitido guarnición competente. Asi, para asegurarnos de esto como para reconocer las fortificaciones del enemigo y ver su semblante, se envió al conde de Sa- lazar (8) con seis tropas de caballos y 500 mosqueteros con el señor de Mérode, sargento mayor del conde de Fresin, poniéndose tras esto el ejército en orden de marchar, al paso y en la forma que aconsejase el tiempo. Después de partido el conde de Salazar, se supo por una carta que el obispo de Brujas escribió al de Gante —que estaba en el ejército y sirvió mucho con su industria y su consejo; además, con una compañía de 100 valones que levantó a su costa y pagó por todo el verano—, que aquella ciudad había admitido 3.000 hombres de guarnición, nueva que alegró mucho a todo el ejército y comenzó a dar esperanza de buen suceso. En efecto, viendo el prínci- pe de Orange que por una parte le faltaba el primer apoyo de su esperanza, que era el favor que pensaba hallar en los burgueses de Brujas por el poco gusto con que de ordinario reciben guar- nición que llegue a ser más fuerte que ellos, y por otra la resolución con que nos íbamos acer - cando,viéndose falto de bastimentos, particularmente de pan, porque aunque hizo gran preven- ción de harina, hornos y panaderos, no le salió menos errada la cuenta en esto que en todo lo demás por la poca práctica que los rebeldes tienen en esta forma de sustentar sus ejércitos. Des- pués de haber intentado en vano que los de la villa oyesen un recado que les envió con un trom- peta, a quien recibieron con dos cañonazos, sin aguardar la respuesta de una carta que el duque de Vendôme escribió al obispo de Brujas tan llena de ignorancia como de malicia (cuyo traslado pondremos después), mandando quemar los fuertes y reductos que tenía ocupados, desampa- rar los pueblos de ambas partes del canal y retirar los puentes, trató de ponerse a salvo y, aque- lla misma noche se fue a alojar en Maldegem y Kaprijke (Caprichi), siguiendo los mismos pasos que había traído, tan lleno de vergüenza y rabia como a su venida lo estuvo de mal fundadas y vanas esperanzas. Mas después se supo que por causa de haber hecho su retirada tan repentina se había dejado al pie de 1.000 hombres entre presos y muertos por los villanos del país y solda- dos desbandados de la caballería. Al primer aviso del conde de Salazar de que el enemigo se retiraba, me envió el marqués a veri - ficarlo por vista de ojos, como lo hice, y pudiera aquella noche haber dormido en Brujas si no hubiese llevado orden de volver y traer conmigo al conde y a sus gentes,con parte de cuya infan- tería se volvieron a ocupar los fuertes y reductos sobre el canal tan pronto como el enemigo los iba desamparando. Y es cierto que, si no estuviera quemado el puente de Moerbrugge (Merbru- je), se le pudiera haber hecho mucho daño al enemigo en su retaguardia. Tratóse aquella noche en el consejo de seguirle, cuya opinión procuró esforzar mucho el marqués de Aitona, cosa que, entre otras infinitas razones —en ley de soldadesca, que en aquella ocasión lo negaban— lo aca- bó de impedir el aviso que se tuvo de que, habiendo salido el gobernador de Sluis (Esclusa) con 1.000 infantes y cantidad de gastadores, había fortificado a Middelburg, castillo y villa neutrales [entre Hoorn y Aardenburg], por cuyo medio se nos podía impedir con facilidad el seguir por a- quella parte al campo enemigo; y así se ordenó al conde Johan von Nassau que con 1.500 caba- llos,3.000 infantes y 10 piezas de artillería se fuese la vuelta del Saso y,si le parecía que se le pu- diera dificultar la embarcación, ocupase el puesto de Assenede para que, yendo alla con todo el ejército —que se iba acrecentando por momentos— se le pudiese pedir estrecha cuenta de su te- meridad. Entretanto, marchando el ejército otro día hasta un cuarto de legua de Brujas, consoló a toda aquella noble y católica ciudad entrando en ella el marqués con toda su corte, dejando a- sentado que recibirían 3.000 hombres de guarnición y que tratarían de fortificarse. El marqués, después de haber rehecho los puentes y visitado Damme,marchó con todo el ejército el segundo día de Pentecostés (martes, 10 de junio) hasta medio camino de Gante y, en dos jornadas, hasta Sint-Niklaas (San Nicolás) en el país de Waas, adonde llegó el conde de Nassau con sus tropas, después de haber estado muy cerca de las fortificaciones del enemigo sin que saliese un hombre tan sólo a escaramuzar con él. Fue grande la necesidad que el ejército rebelde pasó en Watervliet los seis dias que allí se detu- vo por falta de buen tiempo para volver a Holanda. Aunque la carestía de pan llegó a precios ex- cesivos, lo que más sintieron fue el no tener agua dulce para dar de beber a los caballos, tal que fue forzoso hacerla traer de Holanda en barcas, no entonelada sino suelta, cosa que, por llegar gastada y mezclada con la de la mar, causó una mortandad tan grande en ellos que se creyó ha- bían muerto más de 1500 caballos, tanto de servicio como del bagaje. Con este y otros desaires y pérdidas, se hizo a la vela la armada enemiga, y, entrando por el brazo de mar llamado Rovuart [ya no existe, al haberse desecado y ganado al mar en su mayor parte] en Gorkum (Gorcón, hoy Gorinchem), donde volvió a desembarcar su gente y se acuarteló entre Heusden (Husden) y ‘s- Hertogenbosch (Bolduque),poniendo su infantería en Drunen en frente de banderas, y su caba- llería en Langestraat, fortificándose allí muy bien unos y otros y no teniéndose por seguros. De tal manera mudaron las cosas un accidente solo y sin llegar a las manos,que donde antes temía- mos el ser acometidos no menos que desde Rheinberg (Rinberque) a Gravelines, diez días des- pués entraron ellos en el mismo cuidado y, en orden a guardar todas sus fronteras, tomaron los cuarteles que digo para cubrir a Bolduque,Heusden y Geertruidenberg (Gertrudembergue) y es- tar en igual distancia de Bergen Op Zoon (Bergas) y Grave, adonde, sin embargo de esto, envia- ron gruesas guarniciones. Para suplir la falta que les podía hacer tanta gente como habían per - dido, mandaron venir a su campo la mayor parte de la que habían dejado en el Rhin a cargo del conde Guillermo de Nassau. El marqués, al primer aviso de que los rebeldes habían vuelto a Holanda y entrado en Brabante, pasó con su ejército el río de Amberes (Escalda) por el puente y lo alojó entre esta ciudad y Lier (Liera) en 30 villajes que hay en todo aquel distrito, adonde se tomó muestra a primero de julio y se hallaron pasado de 15.000 infantes y 4.000 caballos, sin los tercios de irlandeses del conde de Tyrone (TIB no. 7), y de ingleses de sir Edward Perham (TIB no. 10), que llegaron después, y juntos los dos podían llegar a 3000 hombres. Coloma remata su obra con una digresión histórica, desenfocada y parcial, donde discurre que el socorro de Brujas no tuvo menor importancia que los de París (1590) y Rouen (1592), ejecu- tados por el duque de Parma, o el de Groenlo (Grol), por el marqués Spinola. El interesado po- drá hallarla en la pagina web arriba referenciada. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| (1). Zapata no tenía ningún tercio, sino el gobierno de 7 compañías que habían llegado de Galicia, por mar, el 25 de marzo de aquel año. |
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| Hendrik van den Berg (1573-1638), que pese a las promociones a las que alude el texto, el año siguiente lideraría la llamada "Fronda belga". |
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| Isabel Clara Eugenia (1566-1633), hija de Felipe II y princesa sobera- na de los Paises Bajos. Es la per- sona a quien Coloma alude como su Alteza en el texto (retrato de Baltasar Gonzalez) |
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| Francisco de Moncada (1586-1635) III marqués de Aitona, que sería gobernador de los Países Bajos a la muerte de Isabel Clara Eugenia. Coloma alude numerosas veces en su texto a "los marqueses", refi - riéndose como conjuntas personas al de Aitona y al de Santa Cruz. |
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| (3). Regresó a España en 1638 para ingresar en la orden jacobea, asis- tiendo al socorro de Fuenterrabía. Fue comisario general del Trozo de las Ordenes, teniente general de la Cabª de Extremadura y Cataluña, donde murió (1671) tras haber ser- vido al rey durante 55 años. (4). En realidad, Antonio de la Cueva y Silva (Medina del Campo, 1609 - Bruselas, 1662), caballero de San- tiago (20.V.1645), que fue durante muchos años teniente general de la caballeria de los Paises Bajos. |
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| El beffroi (torre) del antiguo mer- cado cubierto de lanas, en la plaza del Mercado, que preside desde el siglo XIII, aunque el remate octo- gonal se añadió en el XV. |
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| Diego Mejía Felipez de Guzmán (c. 1580-1655), I marqués de Leganés. Al regresar a España, dejaba va- cante el empleo de CapGral de la Caballería del ejército de Flandes, para el que fue llamado Coloma. (Boceto de Van Dyck, preservado en Viena, Albertina). |

| Alvaro de Bazán Benavides y Guz- mán (1571-1646), II Marqués de Santa Cruz de Mudela, gobernador de las armas del Ejército de Flandes (1631-32) |
(2). Estos tercios se levaron el año anterior (Gachard, Les bibliothè-ques de Madrid et de l'Escurial, 1875, pág. 164). |
| Paul Bernard de Fontaine, gober- nador de Brujas. |

| El castillo y la villa murada del Sa- so de Gante como se hallaba en 1644 cuando fue tomado por los holandeses. Su nombre latino era Sassa Gandensis. |
| (5). Hubo por aquel tiempo tres capitanes homónimos: el hijo del marqués de Algaba; el caballero ca- latravo que casó con la viuda del marqués de Casares y el hijo del conde de Añover, que más tarde se hizo religioso. (6). Más arriba lo cita como Haasgat, un fuerte entre Damme y Sluis, de-fendiendo una esclusa del canal, del que no he logrado hallar vestigio en la toponimia actual. |

| Frederik Hendrik (1584-1649) es el Príncipe de Orange al que alude el texto. Fue el hijo menor de Guiller- mo el Taciturno, fautor de la re- belión contra Felipe II. |

| Fray Lelio Brancaccio, caballero sanjuanista y marqués de Monte- silvano, qye compartía la maestría de campo general con el autor. |
| (7) Era a la sazón III conde de Sala- zar y II marqués de Belveder Jacinto de Velasco y Hénin, que murió el año siguiente. Se habla de él en la bio- grafía de su padre, Luis de Velasco. (8). Natural de Ojacastro, en la Rio- ja, acababa de ser promovido al empleo y de recibirse en la orden jacobea. Murió fungiedo el mismo cargo en el año 1636. |


| El conde Johan von Nassau retra- tado por Velázquez en "las Lanzas" a partir de un grabado de Lucas Vosterman. |

| Este no será el rincón más atrac- tivo ni más fotografiado de Brujas, pero es donde el editor de este tra- bajo aparece ante una cámara, al- go tan inusual que no es para de- saprovechar. Como fotógrafo y fil- mador impenitente, suele estar de- tras del objetivo. |