LELIO BRANCACCIO, I MARQUES DE MONTESILVANO (1621), SE-
ÑOR DE GRISOLIA, CABº DE SAN JUAN DE JERUSALEN (1584);
SOLD. INF ª (1590), ALFÉREZ (1592), CAPITÁN (1594), SGTº MAYOR
(1598), MAESTRE DE CAMPO (1601-1611), CONSEJERO DE GUERRA
EN FLANDES (1609) Y DEL COLATERAL EN NÁPOLES (1610), MDC
GENERAL Y CAP.GRAL DEL EJÉRCITO DE GÉNOVA (1625-30), MDC
GRAL EJÉRCITO DE FLANDES (1631), IDEM DE LOMBARDIA (1634),
IDEM DE CATALUÑA (8.X.1634), CONSEJERO DE ESTADO (1635).

Fue el segundo de los siete hijos habidos del matrimonio entre Giovan-Battista
Brancaccio y Porcia Poderico, celebrado en Nápoles con posterioridad al concierto
y escritura dotal otorgado en la misma ciudad el 9 de marzo de 1561, titulándose el
primero patricio del cuartel de Nido y señor del Passo delle Camarelle, heredado
de su padre Giacomo Brancaccio en virtud de testamento de 7.V.1553 (abierto el 31.
XII del año siguiente), que vendió al duque de la Nocera en 1566. La precedente
noticia se opone a la posibilidad, ampliamente difundida, de que Lelio viniera al
mundo el año 1560, siendo preciso retrasarla ca. 1564-65, consonante con la noti-
cia aportada por  Capecelatro, que afirma haber muerto con a los 72 años de edad
(Annali, 1846, p.76).

Lelio se recibió de caballero jerosolomitano el 29.X.1584, sirviendo en las carava-
nas (galeras) de la Orden hasta 1589. A su regreso, levantó una compañía de in -
fantería para el tercio de Fray Vincenzo Carafa, Prior de Hungría, formado en Ná-
poles a comienzos del año 1590 para apoyar al Duque de Saboya en la guerra que
sostenía contra los franceses en las fronteras del Delfinado.  Tras cooperar con las
tropas ducales y españolas en detener la invasión de Lesdiguières sobre territorio
saboyano (1593) y asistir a las reconquistas de Bricherasio y Cavour (1594), el
tercio recibió órdenes de marchar a Flandes, operando su reunión con las tropas
que conducía el Ardichuque Alberto en Nozeroy (entonces Franco-Condado), el 1
de enero de 1596; por entonces, contaba con 989 hombres efectivos, encuadrados
en 19 compañías (Roco, 1949). En diciembre del mismo año, ya en Flandes, el ter-
cio fue reformado en el del marqués de Trevico, junto al que había recorrido el
"camino español" y que, a su vez, sería reformado durante el invierno de 1597-98,
en el de
Alfonso de Avalos, hijo natural del marqués del Vasto. Fue en esta unidad
donde Brancacho —como habitualmente es citado en la documentación española—
desempeñó la sargentía mayor hasta que, en julio de 1601, recibió la patente para
levantar un tercio de infantería napolitana para servir en los Paises Bajos. Caro
(
Diz. Biog. degli Italiani, XIII, 785-87)  apunta que regresó por mar, vía España,
siendo capturado por los ingleses y retenido preso algunos meses, aunque data el
hecho en enero de 1602, cuando se hallaba ya en Nápoles levando el nuevo tercio,
de cuya inminente partida a Lombardía avisaba el rey (8 de mazo) al conde de
Fuentes, gobernador del Milanesado para la prevención de sus “etapas” de tránsito
(AGS,E,1897). A finales de mayo, el tercio encaraba el Mont Cenis, todavía en la
Saboya cisalpina, recorriendo nuevamente, aunque ahora en solitario “el camino
español”; por cierto, en una marcha inadvertida por Parker (
The Army of Flan -
ders, 1972
), pese a su singular casuística y haber sido precedente y minuciosamen-
te estudiada por José Luis Cano (1970).

En efecto, el 22 de mayo de 1602, el mariscal de Lavardin bloqueaba el puente de
Gressin, sobre el Ródano, impidiéndole el paso al Franco-Condado. Mientras la
diplomacia española pedía explicaciones a Francia por lo que suponía una flagran-
te violación del reciente tratado de Lyon (11.I.1601), el conde de Fuentes, goberna-
dor del Milanesado, le ordenó detenerse en Saboya hasta nueva orden (12 de ju-
lio). Enrique IV justificó su conducta ante el embajador Taxis por el temor de que
aquel tercio fuese a apoyar a los conjurados de Biron (ejecutado el 31 de julio en la
Bastilla), ordenando la retirada de sus tropas el 11 de agosto. Brancaccio pudo con-
tinuar su marcha, pero el mes de detención le hizo perder la mitad de sus efectivos
debido a las deserciones. Peor aun, al llegar a Flandes con menos de un millar de
hombres, el tercio fue reformado (octubre) para reforzar a los dos napolitanos que
entonces servían allí: el ya mencionado de Alfonso de Avalos y el de Domizio Cara-
cciolo, marqués de Bella. De nuevo le cupo servir la honrosa primera línea de picas
secas donde se recogían los oficiales reformados, aunque ésta vez sería por poco
tiempo. En setiembre del año siguiente, tras la muerte del marqués de Bella ante
Bolduque (‘s-Hertogenbosch), recibió el mando vacante de su tercio, al frente del
cual asistió a las últimas operaciones del sitio de Ostende, donde resultó herido,
hasta la rendición de la plaza (22.IX.1604).  y luego sobre el Rhin. El 10 de agosto
del año siguiente se hallaba en la expuganción de Oldensel; el 14 de agosto de
1606, en la Groll y el 1 de octubre del mismo año en la de Rhinberg. Benedetto Cro-
cce, elogió su actuación  con estas palabras:
«Il reggimento di Lelio Brancaccio in
quella guerra sul Reno, fu come la scuola nella quale si addestrarono i nobili na-
poletani, que parteciparono poi en gran numero e con grande splendore alla gue-
rra dei Trent’anni»
(Storia, 1925).

El Tercio de Brancaccio fue reformado en 1609, una vez firmada la tregua de los
Doce Años. No obstante, permanecería en Flandes ejerciendo el empleo de conse-
jero de guerra y el año siguiente, cuando Pompeo Giustiniano se fué a servir a la
república véneta, le sucedió al mando del
Terzo Vecchio. Durante este tiempo de
inactividad bélica, escribió un breve tratado,
I Carichi militari, donde repasaba las
obligaciones, misiones y competencias de todos los empleos de la milicia, desde el
simple soldado hasta el maestre de campo general, dedicando el último capítulo a
los príncipes, en tanto que jefes superiores del ejército. En el otoño de 1611 regresó
a Nápoles, donde ejerció las funciones de consejero del Colateral, dignidad que le
fue concedida mientras servía en Flandes, y fue designado inspector de las fortifi -
caciones del Reino, descollando de aquella época su actividad política, en tanto
que responsable directo de la caída del virrey duque de Osuna. Enviado a la corte
como repesentante del Consejo Colateral, empleó dos años (1618-20) en conven-
cer a Felipe III, sus ministros y consejeros de la necesidad de deponer al virrey,
contando finalmente con la colaboración de fray Lorenzo de Brindisi, luego santi -
ficado por la Iglesia romana. Partió de la corte en marzo de 1620, acompañando al
nuevo virrey el Cardenal de Borja, que hubo de entrar disfrazado en Nápoles, y
tuvo que enfrentarse también a la esperada resistencia de Osuna, apoyado por el
pueblo y la infantería del Reino. Tales servicios le fueron recompensados por Fe -
lipe IV, el 16 de julio de 1621, con el título de Maestre de campo general de la infa-
ntería italiana del Reino de Nápoles y un gobierno provincial (Gascón, 1991); ade-
más, el 2 de setiembre de 1623 le concedió el título de marqués de Motesilvano,
siendo designado el año siguiente  Prefecto de la Annona; es decir, represen -tante
muncipal ante el Consejo colateral y responsable del abastecimiento de la ciudad
de Nápoles.

Llamado por el Dux de Génova durante la crisis desatada por la invasión franco-
piamontesa de su territorio, sirvió el empleo de maestre de campo general de las
tropas de la República desde el 15 de junio de 1625. El 4 de noviembre de dicho
año se apoderó de Ormea y estableció una fuerte linea de defensiva entre dicho
lugar y Pieve; el Dux, agradecido por sus servicios, le nombró capitán general de
sus tropas (20.XI), tomando parte en las negociaciones que abocaron a la Liga
defensiva firmada entre España y Geóva, el 26 de enero de 1626, contra el rey de
Francia y el Duque de Saboya. Fungió dicho empleo hasta abril de 1628, en que,
firmada una tregua en enero entre el Duque de Saboya y la República, marchó a
España como consejero del Supremo de Guerra. En diciembre de 1630 regresó a
Italia como capitán general del ejército español destacado en Monferrato y, tras la
firma del tratado de paz de Cherasco (6.IV.1631), fue enviando a los Paises Bajos
con el título de maestre de campo general del ejército de Flandes, que debía com-
partir con Carlos Coloma (1566-1637). Caro, Argegni y Filamondo apuntan que se
halló en la jornada de Cardenal Infante a Alemania, combatiendo en Nordlingen,
lo que no sustenta Aedo al afirmar que había sido nombrado maestre de campo
general de Cataluña. Sin embargo, tras partir D. Fernando de Austria de Milán,  
Brancaccio quedó como maestre de campo general del Milanesado. En dicha situa-
ción le halló Carlos Coloma, cuando llegó a Milán al ejercer el mismo puesto, co-
mo él mismo nos refiere:
«Llegue el último [de junio] a esta Ci.d. d Milan, a donde no solo no havia mis des-
pachos, pero ni memoria dellos, antes fr. Lelio Brancacho, que hasta entonces,
desde que partio el S.er Card. Infante avia exercido el cargo de Mtro. de Campo Gl.
con solo horden a voca de S.A., presentó una carta que tenia del Rey en que man-
daba hiciesse el off.º hasta mi llegada, y por no haver llegado mis patentes lo con-
tinuó a mis ojos hasta que le llego horden de passar a juntarse con el Marq de S.tª
Cruz».
(Coloma, ASNA, 1635).

Una vez aclarada la situación de Coloma, Brancaccio partió de Nápoles el 11 de se-
tiembre de 1634, siendo nombrado maestre de campo general de Cataluña, en la
Corte, por patente de 8 de octubre del mismo año. En abril del siguiente se hallaba
en Nápoles atendiendo a la embarcación de tropas para el Principado; sin embar-
go, debido a la sorpresiva invasión de Lombardía por los franceses, hubo de diri -
girlas al punto amenazado, zarpando de Nápoles, el 10 de mayo de 1635, a bordo
de una poderosa armada de 35 galeras y 10 bajeles que, bajo el mando del marqués
de Santa Cruz, transportaba 7.500 infantes y 250 caballos. A causa del mal tiempo,
hubo de resguardarse en Córcega pero el 20 de mayo sobrevino una tempestad
que ocasionó
«la pérdida de 9 galeras y en ellas mas de 2,000 soldados y casi to-
das las chusmas; echáronse á la mar los caballos que iban en ellas y grande canti-
dad de bastimentos y municiones»
(Raneo, 1636). No obstante, consiguió alcanzar
la costa ligur y desembarcar a los supervivientes, regresando a Cataluña en julio
con la escuadra de galeras de España. Entonces se concibió el proyecto de conquis-
tar las islas Lerins (Sainte Marguerite y Saint Honorat, al sur de Cannes), para lle-
var la guerra a Francia y reducir la presión sobre Lombardía, confiándosele el man-
do de la fuerza de desembarco.

La expedición zarpó de Collioure el 28 de agosto, a bordo de las galeras de España,
que mandaba el marqués de Villafranca; aparte de la infantería propia de las gale-
ras, la fuerza invasora consistía en el tercio de mallorquines bisoños del marqués
de Santa María de Formiguera, reforzado con 800 veteranos de los presidios del
Rosellón, a cargo del maestre de campo
Juan de Garay. El 2 se setiembre se reunió
dicha escuadra en Savona con la del marqués de Santa Cruz, que contaba con 400
veteranos del Tercio de Sicilia, además de su infantería embarcada. Tras no pocas
deliberaciones, accedió el de Santa Cruz a tomar parte en la jornada y el 11 de se -
tiembre zarpaba de Savona una armada de 22 galeras y 5 galeones con 4.000 hom-
bres a bordo. La resistencia francesa fue breve, pues la primera isla se rindió el 14 y
la segunda el 15; pero Brancaccio permaneció en la de Santa Margarita hasta per -
feccionar sus defensas, levantando el fuerte que hoy se llama Royal, que rechaza-
ría un intento de reconquista francesa en 1637 y resistiría 9 meses de asedio en
1638. No cabe dudar de que aquella maniobra de distracción cumplió con creces
su objetivo, como así lo reconoció la Corte, en noviembre de 1635, concediendo a
Brancaccio el empleo de consejero de Estado y 6.000 escudos de ayuda de costa.
Sin embargo, es dudoso que llegara a jurar su cargo. Tras completar la fortificación
de la isla de Santa Margarita (1636) hubo de pasar a la de Cerdeña, trabajando en
las defensas de Cagliari hasta que, tras conocer el desastre ante Leocata (28.IX.
1637), se embarcó para el Rosellón, dejando inacabada la muralla que enlazaba el
cuartel de Vilanova con el castillo y, que tras su muerte, la municipalidad de Ca -
gliari urgió concluir a Felipe IV porque, sin ella, juzgaban la plaza fácilmente ex -
pugnable (Hoppen, 1981). Nada conocemos sobre éste último viaje de Brancaccio,
ni siquiera su destino, que suponemos Perpiñán para forjarse una idea propia de
la situación creada tras la derrota. Lo que sabemos, porque lo refiere un testigo, es
que murió de camino, en Elna, el 19 de noviembre (Tarrés, 1998).

Conforme a las exigentes normas de la Orden jerosolomitana, Lelio permaneció cé-
libe, heredándole un sobrino que llevó su mismo nombre: Lelio Brancaccio-Rossi,
II marqués de Montesilvano, caballero de Santiago, al que menciona el Diario de
Capecelatro en tiempos de la revuelta de Massaniello.

                                                                                   © JUAN L. SÁNCHEZ.
Retrato de Lelio Brancaccio, dibujado del
natural por Van Dyke en Bruselas, el año
1632, grabado posteriormente por Paul
Pontius para la serie iconográfica sobre los
personajes más célebres de su tiempo
Otro retrato del personaje, quiza basado en
el anterior, grabado por Francesco Grado y
publicado por Domenico Antonio Parrino en
Nápoles (1694) en el tomo II de Il genio
bellicoso di Napoli, de Rafael Maria
Filamondo.
Pano de Ostende, en cuyo asedio sirvió
Lelio Brancaccio casi dos años hasta la
caída de la plaza, una vez aislada de su
comunicación marítima mediante complejos
 trabajos de ingeniería. La plaza capituló
finalmente el 22 de setiembre de 1604, dia
de San Mauricio.
I carichi Militari, publicada en Amberes por
Ioachimo Trognesio, al año 1610. Otras
ediciones aoarecieron en Venezia ( E. Deu-
chino, 1620) y Bologna (G. Monti, 1685). De la
traducción castellana, por I. Scavino, ti-
tulada Cargos y preceptos miltares, se
conocen ediciones en Barcelona, por Se-
bastián Matevad, 1639 (en la imágen) y
Malinas, por J.Jaye, 1671.
Pedro Girón (1574-1634), III duque de
Osuna, llamado «el Grande». Desde que se
hizo cargo del virreinato napolitano (1616)
se enemistó prontamente con la nobleza
local, que maniobró para apartarle del
cargo. Lelio fue el encargado de transmitir
sus reclamaciones a la Corte, que tuvieron
como efecto la destitución de su antiguo
camarada de armas.
El fuerte que Brancaccio erigió en la isla de
Sainte-Marguerite, hoy convertido en una
atracción turística gracias a que se dice
que oontó entre sus huéspedes al ignoto
personaje conocido como la «máscara de
hierro»
Cagliari, la capital de la isla de Cerde-
ña, llamada Caller en los textos espa-
ñoles, estaba en gran parte fortificada
«a la antigua». Lelio diseñó su nueva
traza, que no quedaría completada
hasta el año 1658


FREI LELIO BRANCACCIO, I MARQUÉS DE MONTESILVANO  
(Nápoles, ca. 1564 — Elna, Rosellón, 19.XI.1637.