FRANCISCO DE BOBADILLA (1541-1610), IV CONDE DE PUÑONROS -
TRO SEÑOR DE TORREJÓN DE VELASCO, ALCOBENDAS, VILLALBA,
SAN AGUSTIN DE GUADALIX Y PEDREZUELA.  Y VILLALBA. CAP
CABª ESP (1564), CAP INF ESP (1570), MDC INF ESP (1581),
MDCGRAL (1588), ASISTENTE DE SEVILLA (1596), CONSEJERO DEL
SUPREMO DE GUERRA (1600)

ANTECEDENTES FAMILIARES
Fue segundogénito de Arias Gonzalo Dávila (†Barcelona, 1574), como acredita una
escritura (AHP, 267/1594) y —según Baena— de Ana Girón, siendo nieto de Juan
Arias Dávila, I conde (1523) y hermano del conquistador Pedrarias Dávila. Antonio
Marichalar, el concienzudo biógrafo de Julián Romero, nos revela la fecha de su  
bautizo en la madrileña parroquia San Justo, pero en cambio le hace hijo de Pedra-
rias Gonzalo Dávila (+1596) y doña Ana Manrique y Piñeiro, en realidad su herma-
no y cuñada respectivamente, que fueron III condes de Puñonrostro. Precísamente,
a la muerte sin posteridad de su hermano, heredó su título condal obligándose a pa-
gar 22.000 ducados a su cuñada viuda. Sin duda, lo que halló Marichalar fue la par-
tida bautismal de un sobrino de Francisco que, evidentemente, no llegaría  a sobre -
vivirle. Heredó también un largo pleito por la posesión del condado que tenía inter-
puesto contra su hermano el primo de ambos, Juan Arias Dávila y Portocarrero, que
fue conocido como «el desheredado». En efecto, durante más de 20 años se tituló II
conde de Puñonrostro en sucesión a su abuelo, el I conde, porque su padre —Juan
Bautista— le había precedido en la tumba. Su tío Arias Gonzalo, padre de Francisco,
le puso pleito por la titularidad del condado, que acabaría ganando, aunque la sen -
tencia favorable no le llegó en vida. El tercer conde fue pues su hijo mayor, Pedro
Arias (Pedrarias), aunque el «desheredado» apeló a la Chancillería. La sentencia de-
fintiva en «revista» (1606) confirmó el mejor derecho de Francisco, que disfrutaba
ya del condado, aunque sus rentas estaban comprometidas por las ingentes deudas
que dejara su hermano Pedro, en gran parte debidas a la defensa jurídica, que le lle-
varon al punto de no poder pagar a sus criados; para colmo, dicha sentencia le obli -
gaba a indemnizar al demandante con un
cuento (un millón) de maravedíes y una
cantidad anual en concepto de pensión alimenticia. Juan Arias, que tenía más de 90
años, murió del disguto a los cinco dias de conocer el fallo, dejando por herederos a
dos hijos: Félix y Pedro Arias Girón, a los cuales pagó el
cuento la viuda de Francis-
co el año 1615.

CARRERA MILITAR
En su aprobación a la obra Theorica y Práctica de la Guerra, de Bernardino de Men-
doza, que firmó en Madrid el 12.V.1595, declaró que servía al rey de 32 años, luego
debió comenzar su carrera en 1563, a la tardía edad de 26 años según Marichalar,
máxime para el segundón de un mayorazgo arruinado. En todo caso, Alonso Váz -
quez apunta que comenzó a servir en 1564, en la guardia montada del duque de Al-
burquerque, gobernador del Milanesado, lo que no cuestiono, aunque sí la fecha;
por entonces, Francisco contaba unos 22 años de edad, ya que —por un informe del
Comendador Mayor de Castilla, fechado en 1574, sabemos positivamente que había
nacido en  Torrejón de Velasco el año de 1542.El mismo Vázquez apunta que, con
licencia del duque de Alburquerque pasó a Flandes, a las órdenes del duque de Alba,
que le proveyó una compañía en el Tercio de Julián Romero (1570), al frente de la
cual se distinguió en la batalla de Quiévrain (17.VII.1572), donde fue  aniquilado el
ejército francés que Genlis llevaba al socorro de Mons. Fadrique de Toledo le enco -
mendó llevar la noticia de la victoria a Felipe II y Julián Romero, su MdC,  recomen-
dó muy vivamente sus servicios al monarca en una carta fechada el 31 de dicho mes.
De regreso a Flandes, asistió al sitio de Alkmaar (1573), donde
«se metió con varonil
ánimo en el foso a echar un puente de barriles para dar el asalto y recibió 5 heridas
de arcabuz»
. Debieron ser leves pues, embarcado en diciembre del mismo año para
el socorro de Middelburg, naufragó el navío y salvó la vida milagrosamente, junto
con su alférez Andrés Román. Sirvió la compañía hasta la segunda evacuación de
los Estados, en mayo de 1580, en que regresó a la corte, con licencia, para servir de
voluntario en la jornada de Portugal.  En 1581 se le ordenó levar un tercio de infan-
tería
[TIE11], que pasó su primera muestra an agosto aunque no partió hacia Portu-
gal hasta el verano siguiente, con el cual asistió a la toma de la isla Terceira. De vuel-
ta en Cádiz, el tercio debía embarcarse para Flandes, pero 5 compañias no pudieron
hacerlo y quedaron en Andalucía; entretanto, las 7 restantes fueron reformadas na-
da más llegar a su destino (Namur, 23.VI.1584). Aquel mismo año, pasaron mues-
tra en el Puerto de Santa Maria (27.X.1584), las 5 compañías a que había quedado
reducido el tercio, totalizando 1.312 soldados efectivos, pero tampoco embarcarían
entonces, sino el año siguiente, una vez reforzados con 6 compañías de la Armada y
dos de nueva leva.
Finalmente, el 21 de marzo de 1585, embarcaron en el Puerto de Santa María las 13
compañías, que agrupaban más de 2.200 hombres, zarpando primero rumbo a Car-
tagena y después a Savona. Parker afirma que salieron de Lombardía el 18 de julio y
llegaron a Namur el 29 de agosto, aunque Vázquez atrasa la llegada al dia 14. Lo cier-
to es que, con Amberes ya rendida, el tercio permaneció descansando en Namur dos
semanas y no partió hacia Tornhout, donde le esperaban, hasta finales de mes. En
noviembre, los tercios de Mondragón, Iñíguez y Bobadilla quedaron acuartelados
(CONTINUARÁ)


Francisco, que uso sólamente el apellido Bobadilla en toda su vida militar, antepuso
a éste el paterno Arias al titularse conde (1596). Sin embargo, cuando ya enfermo
testó en Madrid, ante el notario Francisco Testa (16-I-1610), dice llamarse Francisco
Arias Dávila y Bobadilla. Aqui hemos preferido hacerlo como habitualmente se acos-
tumbra a citarle. Murió 4 dias después y, ya inhumado, el dia 22 se abrió su testa -
mento, que conserva el Archivo Histórico de Protocolos (prot. 2648/1616)


MATRIMONIO Y PROGENIE.
Francisco casó tardíamente, siendo ya conde. Lo hizo en Madrid, hacia 1596, con
Hipólita de Leiva y Cardona, hija de Sancho Martínez de Leiva y Ladrón de Guevara
(†1579), virrey de Navarra, y de su segunda esposa, Hipólita Eril de Cardona, en
quien procreó un hijo único: Arias Gonzalo Dávila y Eril, que nació ca. 1598, pues
tenía 11 años al morir su padre. Pese a su tierna edad, se le hizo merced de la compa-
ñía de las Guardias Viejas que tuvo Francisco, cuya muerte «
deja a su casa muy ne-
cesitada»
. El 12-VI-1622, se le nombró gentilhombre de Cámara de la recién creada
«Casa del Sr. Cardenal Infante» y el 2-IV-1631, recibieron el hábito de Alcantara
tanto él como el hijo varón —Arias Dávila y Acuña— que tuvo en Catalina de Acuña,
hija de Raimundo de Tassis y de su esposa homónima, que había fallecido en 1634,
cuando el V conde de Puñonrostro contrajo nuevas nupcias con Teresa Pacheco, hi-
ja del conde de La Puebla de Montalbán. Estos fueron los primeros hábitos que reci-
bía la casa, pese a sus honrados servicios a la corona, debido a remotos —y no proba-
dos— antecedentes judeo-conversos, pues al bisabuelo del I conde, Diego Arias Dá-
vila, Tesorero Mayor de Castilla en tiempos de Enrique IV, se le atribuía ascenden -
cia judía.
El citado hijo de su primera esposa le precedió en la tumba, pero dos de los habidos
con la segunda —Juan y Tomás— cumplieron destacados servicios militares, siendo
recompensado el segundo con título marquesal. El primero, VI conde, fue comen -
dador de Valencia del Ventoso y virrey de Galicia. Su primogénito, Gonzalo Arias,
tendrá espacio propio aquí, pues fue MdC de Flandes y marqués de Casasola antes
de suceder en su casa con VII conde, a la que incorporaría el condado de Elda por su
matrimonio con su heredera.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES
Francisco consta en el World Biographical Index (WBI) debido a la noticia biográfi-
ca que publicó José Antonio Alvarez de Baena en
Hijos de Madrid, ilustres en san-
tidad, dignidades, armas, ciencias y artes
... 4 vols. (Madrid, 4 vols,  1789-1791, II,
109-111). Antonio Marichalar en su magistral biografía de Julián Romero (Madrid,
1952, pg. 470-71), incluye una breve reseña no exenta de imprecisiones, sobre todo
en relación con el tramo final de su vida, que puede seguirse mejor a través de las
Relaciones de las cosas sucedidas principalmente en la Corte desde 1599 a 1614, de
Luis Cabrera de Córdoba (Madrid, 1857).  Aunque no consultada, parece que la más
extensa noticia biográfica se debe a  J. Guichot y Parody en su
Historia del Excmo.
Ayuntamiento de la Ciudad de Sevilla
(Sevilla, 1896, II, 133-136). Miguel de Cervan-
tes, en
La ilustre fregona, aludiendo a sus éxitos contra la criminalidad en Sevilla,
pone las siguientes palabras en boca de uno de sus personajes:
«Sábete, amigo, que tiene un Bercebú en el cuerpo este conde de Puñonrostro, que
nos mete los dedos de su puño en el alma. Barrida está Sevilla y diez leguas a la re-
donda de jácaros; no para ladrón en sus contornos. Todos le temen como al fuego,
aunque ya se suena que dejará presto el cargo de Asistente, porque no tiene condi -
ción para verse a cada paso en dimes ni diretes con los señores de la Audiencia.»
Bernardino de Mendoza, Carlos Coloma y Alonso Vázquez refieren al pormenor sus
trabajos en Flandes, cubriendo Bernardino de Escalante la jornada de las Terceras,
de suerte que es prácticamente innecesario consultar su
Memorial de servicios, que
también se conserva (AGS,GM,leg.182,no.132). No obstante, para probar la conti -
nuidad orgánica de su tercio es imprescindible el artículo de S. Fernández Conti y F.
Labrador Arroyo «Entre las Azores y Flandes. La invernada en Andalucía de un ter-
cio de Infantería española (1583-84)», aunque los autores desconocían la relevan-
cia de su trabajo sobre dicho extremo (en Homenaje a Antonio Domínguez Ortiz,
Real Academia de Córdoba, 2004). Fueron tambien sus gestas celebradas en roman-
ces populares y quizá por algún poeta, aunque estos dominios quedan al márgen de
mi inspección.
El Archivo Histórico de Protocolos de la Comunidad de Madrid conserva casi una
centena de expedientes notariales sobre los seis primeros condes de Puñonrostro,
que fueron catalogados por el Instituto Salazar y Castro. Gracias a dos de ellos se
han podido establecer precísamente la paternidad del personaje y la fecha de su de-
función.

                                                                                     © JUAN L. SÁNCHEZ.
Francisco Arias de Bobadilla, en un
retrato anónimo que se hallaba (1969)
en la Biblioteca del R.I. Isabel la Católica.
ABAJO: detalle.
Gabriel de la Cueva (†1571), V duque
de Alburquerque, clavero de la Orden
de Alcántara, Cap.Gral del Milanesado,
en cuya compañía de guardias comen-
zó a servir Bobadilla (Retrato de G.F.
Moroni, datado en 1560, Warwick
Castle). Otro retato del mismo perso-
naje y de la misma mano, pero fechado
en 1560, se preserva en la Gemälde-
galerie de Berlin.


FRANCISCO ARIAS DE BOBADILLA, IV CONDE DE PUÑON-
ROSTRO (1596-1610).
(Torrejón de Velasco, 1542 — Madrid, 20-I-1610)