JEAN DE BECK (1588-1648) BARÓN DE BEAUFORT, SEÑOR DE WI-
DIM Y RINGSHEIN, CONDE Y PRÍNCIPE DEL S.R.I. (1595), CABA -
LLERO DE SANTIAGO (1645); CORONEL DE INFª ALEMANA Y SGTº
GENERAL DE BATALLA (1639), MDCGRAL EJÉRCITO DE ALSACIA
(1640), IDEM EJÉRCITO DE BRABANTE (1642), GOBERNADOR Y
CAP
ITAN GENERAL DE LUXEMBURGO (18.I.1642).

Nació en el seno de una familia humilde. Su padre era postillón o mensaje-
ro, oficio que él mismo desempeñó después de haber sido zagal en su infan-
cia. Ingresó algo tardíamente en la milicia, cuando había cumplido 30 años
de edad. Su baja extracción social no representó obstáculo para que Felipe
IV le concediera un hábito de Santiago (9.IV.1644), cuyas pruebas se apro-
baron con brevedad, siéndole despachado el título a nombre de Juan Jorge
de Beck y Capelle. Para entonces, había sido previamente ennoblecido en el
Imperio y el rey de España le había nombrado gobernador y capitán gene -
ral de Luxemburgo, el primer nativo que alcanzaba tan alta dignidad bajo la
Casa de Austria.

En 1618 ingresó de soldado en el ejército imperial, donde completó una ca-
rrera meteórica. Tan solo 9 años más tarde (lapso mínimo que prescribían
las ordenazas españolas para el ascenso a capitán), era teniente coronel
(1627); en 1629 tenía su propio regimiento y, en 1632, fue nombrado por
Wallestein general-mayor y comandante de la guarnición de Praga (1633).
Sin embargo, supo mantener su lealtad al emperador Fernando II y contri-
buyó a la caída de su antiguo valedor, por lo que fue recompensado con una
patente nobiliaria del imperio y la coronelía del regimiento que había teni-
do Aldringen (25.II.1634); algo más tarde, se le concedió también la baronía
de Widim, en Bohemia (18.IV.1637). Desde 1636 sirvió en el llamado Ejérci-
to de Alsacia, financiado por el rey de España y el Emperador, participando
aquel año en la invasión de Francia con el cuerpo de ejército de Piccolomini.
En 1638, a las órdenes del mismo jefe, coadyuvó al levantamiento del asedio
francés sobre St. Omer.

A primeros de junio de 1639, el mariscal Pfeuquières sitió con un ejército
francés la plaza luxemburguesa de Thionville, acabando las lineas de circun-
valación al oeste de la villa el día 6. Aun precisaba 3 dias para completar su
circuito, pero Piccolomini no se los dio. El mismo dia su vanguardia alcan-
zaba Ottange, a 3 leguas del campo francés, sin ser advertida y, a las 7 de la
mañana del dia siguiente, Beck sorprendía las líneas francesas por la parte
de Guetrange, aunque el mariscal francés logró reagrupar sus tropas en tor-
no a Florange, tras el rio Fensch. Comenzó entonces un combate dudoso de-
bido a la ventajosa posición del enemigo, pero Beck —rodeándola por Vey -
merange— puso en fuga a la caballería enemiga y su infantería hubo de ba-
tirse en retirada, perseguida por el Barón de Soye. El mérito de la victoria
fue para el comandante en jefe, Piccolomini, aunque Beck había hecho casi
todo el trabajo. Considerándose postergado por no haber recibido recom -
pensas comparables a las que tuvo aquel, pasó al servicio del rey de España,
que le recibió en sus ejércitos con el grado de Sargento general de batalla y
le mantuvo la coronelía de su regimiento, transferido al servicio del rey de
España con autorización del Emperador. Se conserva una certificación suya,
como coronel de éste regimiento de infantería alemana, relativa a los servi-
cios del coronel van den Lahr, que nos permite conocer las operaciones en
que intervino desde dicho año de 1639. Beck no lo mandó personalmente ya
que, en abril de 1640 fue designado Maestre de Campo general del Ejército
de Alsacia, al mando del Duque de Lorena. También sirvieron a sus órdenes
el marqués de Lède, heróico defensor de Dunkerque, y Fadrique Enríquez,
castellano de Milán, respectivamente como generales de la Caballería y Arti-
llería de dicho ejército.

El 18.I.1642, Felipe IV le nombró su gobernador y capitán general del
"Pais,  
ducado de Luxemburgo y condado de Chiny"
, haciendo su entrada en la ca-
pital de su gobierno el 2 de marzo siguiente. El júbilo de la población fue in-
descriptible, multiplicándose los festejos, desfiles, cabalgatas y representa-
ciones teatrales para festejar al primer compatriota que alcanzaba dicha
dignidad.  Poco después, hubo de abandonar Luxemburgo para unirse al
ejército de Melo, nuevo gobernador de los Países Bajos, en La Bassée (24.V),
plaza que acaba de recuperar a los franceses (13.V), tras haber tomado pre-
viamente a Lens (18.IV). Por orden de Melo, Beck dispuso la marcha noctur-
na del ejército (25.V), formado en batalla, para atacar a la mañana siguien-
te al mariscal de Guiche, atrincherado en la ya desaparecida abadía de Ho-
nnecourt, en torno a la cual se desarrolló la actual villa del mismo nombre.  
Aquella jornada (26.V), el ejército español derrotó completamente al fran-
cés, causándole unas 4.000 bajas y capturando 3.369 prisioneros (según la
relación pormenorizada que se formó), siendo fama que Beck inspiró en to-
do momento a Melo cuanto debía ejecutarse. Fue él quien reconoció la posi-
ción del enemigo, quien compuso el despliegue de las tropas y quien dipuso
la forma de atacar sus fortificaciones (
Vincart, Campaña de 1642, pg.150).
En palabras del mismo Vincart, secretario de los “Avisos secretos de guerra”
del  gobernador general:

«El barón de Becq se halló en medio de todo y en los mayores peligros, dis-
poniendo y ordenando lo necesario, y viendo que por el costado derecho no
se atacaba, mandó al teniente de maestre de campo general Orozco que
fuese hacer avanzar los batallones... »
(pg. 156).

Según dicho relato o informe, ya que se compuso para su envío a Felipe IV,
fue Beck quien tomó las decisiones tácticas pertinentes, lo que no ha de ex-
trañar considerando que Melo era un cortesano sin experencia militar. Tras
la batalla, mientras el gobernador invadía el Boloñés (
Boulonnais), quedó al
mando de un cuerpo de ejército para defender las provincias de Artois y
Hainaut frente al segundo ejército francés, al mando del conde de Harcourt,
ante cuya vista tomó el catillo de Dolhem (7.VIII). Concluída la campaña, el
cuerpo de ejército que había tenido a su cargo marchó a invernar en el país
de su gobierno (Luxemburgo), recibiendo instrucciones —en abril de 1643—
de reunirse nuevamente con el ejército de Melo para el asedio de Rocroi,
donde aquel llegó el 13 de mayo. El dia 18 se presentó a socorrer la plaza un
ejército francés al mando del duque de Enghien —futuro príncipe de
Condé— y Melo envió un correo a Beck, que se hallaba a una jornada de ca-
mino para que acelerara su marcha. Aquella misma tarde, Melo se halló en
una coyuntura ventajosa para haber atacado a los franceses, pero renunció
a hacerlo porque aguardaba a Beck a la mañana del dia siguiente. Sin em-
bargo, Enghien, que supo esa circunstancia por la delación de un desertor,
le atacó a las 4 de la mañana, tratando de vencerle antes de que Beck pudie-
ra reforzarle. Según el duque de Alburquerque, que mandó la caballería en
la batalla, Melo fue derrotado porque
«no dispuso su ejército para pelear,
sino para mostrarle»
. En efecto, el general español aguardaba impaciente-
mente a Beck de un momento a otro; le aguardaba para que aquel experi-
mentado soldado le llevara otra vez a la victoria, como en Honnecourt el año
anterior. Pero Beck sólamente llegaría a tiempo de recoger a los restos de un
ejército que no luchó para vencer sino para esperar su llegada.

El 17 de junio de aquel mismo año (1643), el vencedor el Rocroi puso sitio a
Thionville. Beck, que había llegado el día anterior, organizó la defensa con
las tropas que pudo sacar de Luxemburgo, pero en esta ocasión no fue soco-
rrido y hubo de capitular el 8 de agosto, salvando —al menos— a la guarni-
ción, que pudo recogerse en Luxemburgo. Pero su defensa desorganizó al
ejército francés, que no pudo emprender ninguna otra conquista aquel año.
Mejor fortuna tuvo ante el mismo rival el año siguiente, como nos descubre
nuevamente Vincart:

«El duque de Enghien salió de su plaza de armas de Vitry y marchó hacia Luxem-
burgo, pero el barón de Beck, con su cuerpo de ejército, se opuso con tal valor a
sus designios que a cualquier parte que el duque se dirigía siempre le hallaba en-
frente para resistirle; así, desesperando del éxito, marchó con su ejército hacia el
Rhin»
(Campaña de 1644, pg. 43).

Durante la campaña de 1645 mandó el cuerpo de ejército opuesto a los ho-
landeses, cuya inicitiva pudo sujetar hasta que cayó gravemente herido a
primeros de octubre. Federico Enrique de Nassau supo aprovechar su au -
sencia para sitiar Hulst, que rindió el 4 de noviembre tras 28 dias de asedio.
Aquel mismo año, por real patente expedida en Zaragoza (12.IX.1645), Feli-
pe IV le había designado maestre de campo general de los Paises Bajos, el
segundo cargo de mayor importancia militar del aquel Estado, solo subordi-
nado al gobernador general, entonces Manuel de Moura y Corterreal, mar -
qués de Castelrodrigo; su gobierno de Luxemburgo fue concedido poco des-
pués a Felipe Francisco de Croy (1609-1650), conde de Solre, duque de Ha-
vré y caballero del Toisón. Aquel año aprovechó su convalencia comenzar las
obras de remodelación del castillo de Beaufort, que había adquirido en
1639, y que quería transformar en un palacio renacentista, que no llegaría a
ver terminado. Hoy es propiedad del estado luxemburgués y puede visitarse.

En la siguiente campaña (1646) debía mandar en jefe el Ejército de Alsacia,
entonces reducido a 3.000 infantes y 1.200 caballos porque, al hacerse car-
go del mismo sólo halló los 3 regimientos del rey de España (el suyo, el de
Fitzgerald y el de Reicheling), no habiéndose incorporado aún los tres que
debía enviar el Emperador, que nunca llegaron. Por ello hubo de unir sus
fuerzas con las del duque de Amalfi, actuando como su segundo. Pero fue él
quien sorprendió el cuartel del mariscal Rantzau en Kuurne (Cuerne), junto
al río Lys (23.VI), encargándose posterioremente de la defensa de los pues-
tos del Escalda entre Termonde y Gante. Luego, regresó a Bruselas para dis-
poner el acantonamiento de las tropas.

En 1648 se halló por tercera vez frente al duque de Enghien. Fue en la bata-
lla de Lens (20.VIII.1648), ahora a las órdenes de un nuevo gobernador, el
archiduque Leopoldo Guillermo (1614-1662), a quien aquel logró atraer ha-
cia el terreno que le convenía fingiendo que se retiraba. Beck se puso al
frente de los escuadrones de la caballería alsaciana, prácticamente los mis-
mos que, en Rocroi, al mando de Isenburg, habían arrollado a la caballería
francesa que tenían enfrente. Lo lograron de nuevo, incluso desbandando a
la gendarmería (caballería pesada) de Châtillon, que había acudido en apo-
yo de su vanguardia; pero, como en Rocroi, los croatas arrastraron al resto
de los jinetes a saquear el bagaje del enemigo y Condé logró restablecer la
situación. La caballería de Beck, como en Rocroi, se dispersó y abandonó el
campo de batalla ante la desesperación de su jefe, que se arrojó en solitario
sobre el enemigo tratando de ser imitado con su ejemplo. Pero nadie le si-
guió y cayó acribillado a balazos sin que tampoco nadie acudiera a socorrer-
le ni a tratar de recuperar el cuerpo del camarada herido. Capturado por los
franceses, fue traslado a Arras en la propia carroza de su caballeroso enemi-
go, el gran Condé. Allí rehusó recibir asistencia médica y expiró tres dias
más tarde dejando por heredera a una hija, Sidonia, que casó en diciembre
de 1648 con Francisco Schelleart, señor de Muggenhausen. De su matrimo-
nio con Catherine de Capelle-Koenigsheim, señora de Heistorf, había tenido
también otra hija, Appolone, pero ésta le precedió un año en la muerte.

                                                                                      © JUAN L. SÁNCHEZ.
El  Barón de Beck en un grabado de Merian
sobre dibujo de Moncornet, publicado
coetáneamente en el Theatrum Europaeum
(siglo XVII). ABAJO: Grabado de Paul
Pontius, basado en el anterior.
El Barón de Beck adquirió la baronía y
castillo de Beaufort el 27.XI.1639, poco
después de que pasara a servir al Rey de
España, que después le designaría
gobernador del Ducado de Luxemburgo. A
partir de 1645 comenzó a construir
intramuros de la vieja fortaleza un nuevo
palacio renacentista, que no llegaría a ver
acabado aunque completaron sus
herederos. En las fotos, descubrimos los
restos mas antiguos del edficio,
correspondientes a su primitiva traza, del
siglo XII.
Programa de la representación de la
tragedia en tres actos titulada "San
Teodosio peninente", de P. de Maisier,
estrenada en Luxemburgo el 22.I.1643 y
dedicada "a su Excelencia, el señor Jean
Barón de Beck, del Consejo de Guerra de
su Majestad Católica y Maestre de Campo
general por su dicha Majestas en los
Paises Bajos, Gobernador y capitán
general del Pais y Ducado de Luixemburgo
y del Condado de Chiny
".
Beck, citado frecuentemente en nuestros
textos como Beque, que tan importante
papel y contribución había tenido en la
defensa de Thionville (en alemán,
Diedenhofen) el año 1639, no tuvo más
remedio que rendirla al Principe de Condé
cinco años más tarde.Desde entonces,
pertenece a Francia.
Ottavio Piccolomini, (1599-1656), Duque de
Amalfi, Feldmarschall Imperial, nunca sirvio
al Rey de España, aunque si lo hicieron
algunos sobrinos suyos. Preci- samente,
uno de ellos fue capturado en Rocroi,
siendo capitán de caballos, dan- do lugar a
que algunos autores confun- dieran a los
dos personajes, como recuerdo haber leído
en un artículo publicado en la revista Vae
Victis. El Duque de Amalfi cooperó en dos
oca- siones con el ejército de Flandes (1639
y 1646), mucho menos estrechamente de
como lo hicieran  Lamboy o Hazfeld, por
citar dos ejemplos. Pero resulta curioso que
el Barón de Beck estuviera a sus órdenes
en ambas oportunidades.
Una representación de las batalla de Lens
debida al pincel de Jean Baptiste Martin,
llamado Martin de las Batallas. En ella
pereció honrosamente Beck, tratando de
realinear a la Caballería, sin que ningun
jinete le siguiera ni tratara de auxiliarle.
Pero el ejemplo no fue estéril y, el año
siguiente, toda la caballería española fue
reorganizada sobre base regimental.


JEAN DE BECK Y CAPELLE, BARÓN DE BEAUFORT
(Pfaffenthal, Luxemburgo, 1588 — Arras, Francia, 23.VIII.1648