ALFONSO DE AVALOS Y AQUINO (ca. 1567 - 1620), CBº JEROSOLIMI-
TANO (1583) Y COMENDADOR DE INVERNO (1602); CAPITAN CABª
ESP (1587-90), CAP. CABª ITALIANA (1591-93), MDC INFª ITALIANA
(1595-1602), GOBº Y CAP. GRAL DE MONFERRATO (1613-17)

Hijo natural de Ferrante de Avalos  Aquino y Aragón (1531-1571), V marqués del Vas-
to y de Pescara, nació dos años después que el homónimo primogénito legítimo del
marqués, habido en su matrimonio con Isabella Gonzaga, aunque Pinedo, en su  
In-
signe Orden del Toisón
, publicase que no alcanzara posteridad en ella. El memorista
Alonso Vázquez le hace hermano del marqués del Vasto, pero Palma-Cayet resolvió el
carácter espúreo de dicho parentesco, silenciado por R.P. Filamondo, su único biógra-
fo (
Genio Bellicoso, I, 9-16), que alude sólamente a su pertenencia al linaje y casa de
de los marqueses de Pescara.

Nada sabemos de su infancia y juventud, salvo que se cruzó en la Orden de San Juan
en 1583. Como todo cruzado, debió servir a bordo de las galeras de la Orden (carava-
nas), pero no parece que llegara a cumplir el trienio obligatorio porque, afinales de
1584, marchó a Flandes, como voluntario, acompañando a su hermanastro Alfonso
Felice de Avalos Aquino y Aragón (1564-1593), VI marqués del Vasto y de Pescara
(1571-93), caballero del Toisón (1584), que en 1588 sería designado
general de la Ca-
ballería del Ejército de Flandes (1588-93).Alfonso recibió una compañía española de
caballos ligeros el año 1587, pero al conseguir una licencia temporal para volver a Ita-
lia (1590) dicha  compañía se proveyó en el capitán Sancho de Luna y Rojas, hijo del
conde de Fuentidueña. No obstante, regresó a Flandes el año siguiente (1591), donde
se le confió otra de lanzas italianas que mandó en el socorro de Rouen y toma de Cau-
debec, durante la última campaña de Farnesio en Francia (1592). En enero de 1593,
designado su hermanastro capitán general de la Caballería del Estado de Milán, regre-
só con él a Italia, aunque su hasta entonces valedor murió infortunadamente aquel
mismo año. Es posible que Alfonso permaneciera algún tiempo en Ischia, junto a su
hermanastra Isabel, VII marquesa del Vasto,que casaría con su primo Iñigo (1578-
1632),hijo de César (1536-1614), marqués de Padulla, gran camarlengo del reino de
Nápoles, hermano menor de Ferrante.

En 1595 levó en Urbino un tercio de infantería italiana de 15 compañías que condujo
a Flandes por el «Camino español»,  enlazando con la comitiva del Archiduque Alber-
to. Conocemos la muestra que se le pasó en Nozeroy, cerca de Besançon, el 1.I.1596,
donde fueron revistados 915 soldados. Las compañías eran muy desiguales; así, las
Bellardo y Ferrari  tenían 28 y 37 soldados, en tanto que las de Bruncio o la del MdC
superaban el centenar (117 y 108, respectivamente). Llegaron a Luxemburgo el 30 de
enero de 1596, pero el 1 de febrero el tercio fue reformado en Namur, siendo agrega -
dos sus hombres al napolitano del marqués de Trevico, entonces muy menguado por-
que varias de sus compañías guarnecían La Fère y otros presidios de Picardía.

Alfonso no se desanimó. Regresó a Milán inmediatamente y, en el invierno de 1596-
97, levantó un nuevo tercio de infantería, esta vez de 4.000 hombres, que encaminó
hacia Saboya en la primavera siguiente. El 12 de agosto de 1597 se recibía al sueldo
del Ejército de Flandes, pasando enseguida al frustrado socorro de Amiens. A finales
del mismo año recibió los restos del tercio del marqués de Trevico, deshecho en Turn-
hout, y el siguiente, asistió al asedio de Rhinberg, que según Montpleinchamp con -
quistaron sus hombres (15.X.1598). Añade el biógrafo del Archiduque Alberto que
«fue muy cortés con la guarnición holandesa en reconocimiento al buen trato que ha-
bía recibido de Mauricio en la isla de Betuwe»
, aludiendo a su captura por los holan -
deses, en julio de 1591, durante una emboscada cerca de Nimega. En 1599, de nuevo
a las órdenes del Almirante de Aragón, tomó parte en la invasión de la isla de Bommel
y, al siguiente, en la desafortunada batalla de las Dunas de Niewpoort (2-VII-1600),
ya bajo el mando directo del Archiduque.

El 5 de julio de 1601 pasó a servir en el asedio de Ostende, comenzando la construc -
ción del reducto de San Alejandro. La primera medida del general inglés Francis Vere,
al día siguiente de hacerse cargo de la defensa de la plaza, consistió en ordenar una sa-
lida contra dicho cuartel, al objeto de quemar los gaviones que protegían sus trinche-
ras, pero fueron rechazados (13 de julio) con pérdida de más de 300 hombres, según
reconoció el propio Vere en sus memorias.  El tercio de Avalos solo tuvo 2 muertos y
5 heridos, pero el de Bracamonte sufrió más bajas; además, murió el MdC Jerónimo
de Monroy. Alfonso asistió al asedio todo el año 1602, pero disgustado porque no le
llegaba la promoción al generalato, siguió los pasos del conde
Teodoro Trivulzio, cuyo
tercio se había reformado en el suyo, y regresó a Italia. No obstante, Felipe III le re-
compensó al año siguiente (1603) con un un entretenimiento de 200 escudos men-
suales para servir, de nuevo en Flandes, junto a la persona del Archiduque. Salvo bre-
ves viajes, sirvió alli, hasta octubre de 1613, en calidad de consejero de guerra.

Aquel año, Felipe III le nombró gobernador general del Monferrato, feudo del falleci-
do duque de Mantua, Francesco de Gonzaga (†1612), que reclamaba para sí el duque
de Saboya, cuyas tropas lo invadieron. Alfonso hubo de atender a su conservación, su-
bordinado al gobernador general marqués de la Hinojosa, de cuya capacidad militar
no tenia buena opinión, llegando a sugerir a la Corte, como posible sustituto, al mar-
qués de Spinola. Hinojosa, que dió un respiro a Carlos Manuel de Saboya al aceptar el
tratado de Asti (1615), donde estaba sitiado, fue sustituído por Pedro de Toledo. En
1616, los saboyanos rompieron el tratado del año anterior y, apoyados por los france-
ses de Lesdiguières, cayeron sorpresivamente sobre San Damiano, plaza de su gobier-
no monferrino que Davalos se apresuró a socorrer desde Casale, solicitando el apoyo
de
Rodrigo de Orozco, marqués de  Mortara y gobernador Alessandria. Cuando ambos
unieron sus fuerzas en Alba, supieron que la plaza se había rendido tras cinco dias de
trinchera abierta. Davalos quiso afirmarse en Alba, amenazada ahora por el enemigo,
pero se lo prohibió expresamente Pedro de Toledo, que confió su defensa al tercio
lombardo de Jerónimo Rhò, mientras que reclamaba a Dávalos y sus tropas para cru-
zar  el Sessia e invadir el Piamonte para obligar al duque de Saboya a abandonar el
Monferrato. La estrategia funcionó a la perfección. Las tropas españolas sorprendie-
ron en Motta dei Conti (14.IX.1616) a la infantería saboyana, separada de su caballe-
ria, y en la subsecuente persecución, completaron su victoria junto a la abadía de
Lucedio (18.IX). Poco desdepués, mientras los saboyanos concentra- bas sus fuerzas
en torno a Vercelli, tomaron San Germano Vercellese en dos dias (26-28.IX),
abriendo el camino de Vercelli, cuyo asedio se postpueso para la primavera si-
guiente. Durante el paréntesis invernal, las negociaciones conducentes al Tratado de
Madrid dejaban muy clara la pretensión española de instaurar a Vincenzo II Gonzaga
en el ducado monferrino, que produciría el cese de Alfonso en su gobierno. Solicitó
éste, como recompensa por sus servicios, la concesión de un título nobiliario y que se
le permitiera regresar a Flandes para proseguir su carrera, pero no hubo tiempo a que
sus peticiones fueran satisfechas. Ante la resistencia de Carlos Manuel I, Pedro de To-
ledo hubo de poner sitio a Vercelli el 24 de mayo de 1617, donde Alfonso de Avalos iba
a ponerse ante una pelota artillera que tras arrebatar la vida a García Gomez, jefe de la
artillería sitiadora, le golpeó también mortalmente a él. Retirado a Padiglione, según
refiere Filamondo, murió aquel mismo dia, aunque el autor nos escamotea la fecha.
En todo caso, hubo de producirse entre el comienzo del asedio y la rendición de la pla-
za, que tuvo efecto el 25 de julio. Su contemporáneo
Carlos Coloma, le llama Alfonso
de Avalos y Aragón, pero él encabezaba las certificaciones que expedía como «
Frà Al-
fonso d'Avalos d'Aquino,Commendadore d'Inverno,del Conseglio di Guerra per SM

                                                                                          
                                                                                         
© JUAN L. SÁNCHEZ.
Alfonso de Avalos Aquino y Aragón (1502-
1546), IV marqués del Vasto, Cbº del Toi-
són, abuelo paterno del Alfonso de Avalos
que aquí tratamos, retratado por Tiziano.
Fue uno de los mejores soldados de su
tiempo y acabó prematuramente sus dias
siendo gobernador del Estado de Milán.
Sus dos nietos homónimos, hijos —uno
natural y otro legítimo— de su primogé-
nito Ferrante,  fueron sus únicos des-
cendientes que despuntaron en la milicia.
Rheinberg fue la plaza renana que más
veces cambió de manos durante las gue-
rras de Flandes, razón por la cual era co-
nocida como «la puta». (Grabado de F.  
Hogenberg). Montpleinchamp atribuye al
tercio de Avalos su recuperación en 1598,
al año siguiente de su captura por los ho-
landeses, pero en realidad éstos capitula-
ron tras explotar su polvorín, provocando
la muerte del  gobernador. Además, el
ejército español lo mandaba el Almirante
de Aragón, Francisco de Mendoza, mar-
qués de Guadalest, que fue quien conce-
dió a los defensores los términos de su
capitulación. El Almirante encargó una
detallada pintura del hecho que aun con-
servan sus descendientes (abajo)
Como en otras pinturas documentales, el
anónimo artista superpuso en la misma
unidad espacial diversos hechos que no
sucedieron al mismo tiempo; así, ha con-
catenado la explosión del polvorín con la
salida de guarnición y su pleitesia ante el
Almirante, que monta un caballo blanco.
En la cartela superior leemos: «La villa de
Rimberch y fuerte de la isla que don Fran-
cisco de Mendoza, Almirante de Aragón,
general de la Cavalleria Ligera de los Es-
tados Bajos, tomó a los holandeses en 14
de octubre de 1598, gobernando el Exer-
cito de S.M. en ausencia del Archiduque
Alberto».
Retrato de Alfonso de Avalos, grabado por
F. de Grado y publicado por Parrino (1693)
NOTA: Debo expresar mi agradecimiento al Dt. Maurizio Arfaioli, de Empoli, por las numerosas co-
rrecciones remitidas, ya incorporadas en el texto, que nos han permitido encajar mejor la biografía
del personaje y, especialmente, fijar las circunstancias de su muerte, desconocidas para Filamondo.


ALFONSO DE AVALOS Y AQUINO, CBº SAN JUAN
(Ischia, Italia, ca. 1566-67 — Castelleone, 5.III.1620)
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