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| PEDRO ANTONIO DE ARAGÓN (1610-1690), II MARQUES (CONSORTE) DE POBAR (1630-1654), CABALLERO DE ALCÁNTARA (1627), GRANDE DE ESPAÑA (1677), MDC INFª ESPAÑOLA (1637-38), CAPITÁN DE LA GUARDIA ALEMANA (1639-1690), VIRREY DE NÁPOLES (1666-1672), CONSEJERO DE ESTADO (1672-1680), PRESIDENTE DEL CONSEJO DE ARAGÓN (1680-1690). Fue el sefundo de los 9 hijos de Luis Enrique Fernández de Córdoba y Folch de Cardo- na (1586—1640), V duque de Segorbe, VI de Cardona, VI marqués de Pallars, IV de Comares, XXXIV conde de Ampurias, XII de Prades, barón de Entenza, IX señor de las villas de Lucena, Espejo y Chillón, X alcaide de los Donceles, GdE, caballero de Santia- go, Presidente del Consejo de Ordenes, virrey de Cataluña (1630-32; 1633-38 y 1640), y de doña Catalina Fernández de Córdoba y Aragón; siendo hermano entero, entre otros, de Luis Ramón Raimundo Folch de Cardona (1608-1670), VII duque de Cardo- na, y de Pascual de Aragón (1626-1677), cardenal (1660), inquisidor general (1665), virrey de Nápoles (1665-1666) y arzobispo de Toledo (1666). Casó jóven, en la Corte (11.VIII.1629), con doña Francisca de Tovar, hija única hija y heredera de D. Enrique Dávila y Guzmán, I marqués de Pobar, gentilhombre de la cá- mara y capitán de la guardia española del Rey, cuerpo en el que ingresó Pedro, aunque ignoro si antes de la muerte de su suegro (1.XI.1630). Pese al carácter palaciano del mismo y a su falta de experiencia militar, le fue confiado el mando de un tercio de in- fantería española, de nueva leva, para asistir junto a su padre, virrey de Cataluña, a la toma de Leucata, en Languedoc, cerca de la frontera rosellonense. El asedio comenzó el 29.VIII.1637, aunque no se montó la batería hasta el 14 de setiembre. El 22, tras ga- narse la contraescarpa, se quiso dar un asalto que frustró la competencia por liderarlo entre el tercio del marqués y el regimiento del Conde-Duque; finalmente, un ejército francés de socorro sorprendió las trincheras españolas (28.IX), obligando a levantar el campo aquella misma noche con poca reputación. El virrey, tras atender desde Perpi- ñán a la conservación de la frontera, dimitió de su cargo (24.II.1638), en tanto que el marqués, su hijo, regresó a la Corte, donde el año siguiente sería nombrado capitán de la guardia alemana del rey. Tras el levantamiento catalán y la muerte de su padre (22.VII.1640), virrey por tercera vez tras el magnicidio de Santa Coloma, Olivares le envió a Barcelona para tratar de apa- ciguar los ánimos, pero halló a su madre recluída en un convento y él mismo fue «ence- rrado en una prisión áspera, dándole a entender que con menor retiro no estaba segu- ro a la furia del pueblo, que habia concebido mala opinión de su jornada y trazaba su muerte» (Melo, prgf.57). Ambos fueron intercambiados, a principios de 1642, «en true- que por los embajadores que estaban en Madrid» (Parets, IV,118). No obstante, Oliva- res aun confiaba en que su figura levantaría adhesiones en Cataluña y, por ello, le de- signó —apenas liberado— para mandar una arriesgada expedición de socorro a Rosas, única plaza del Principado —con Tarragona— aun por el rey, a la que urgía reforzar por tierra tras el fracaso de Juanetín Doria, que lo había intentado por mar (7.II.1642). «Se ordenó a Pedro de Aragón, marqués de Povar —escribe Novoa (II,14)— meter un refuerzo a Rosas con 2000 caballos, de los mejores que había en el campo de Tarrago- na. Pasaron delante de Barcelona pero al llegar a los pasos fuertes y hallarlos preveni- dos, perdieron la resolución y comenzaron a retroceder. Avisado el señor de La Motte, les aguardó entre Martorell y Villafranca del Penedés para impedirles volver a Tarra- gona, tomando las eminencias con infantería y caballeria, con lo cual los españoles se hallaron rodeados de 7000 infantes y 1000 caballos enemigos. Le faltó valor a Pedro de Aragón, marqués de Povar, que rindió sin lucha a su gente y fue toda desvalijada y conducida presa y afrentada a Barcelona [3.IV.1642], y después a Montpellier». El relato omite que el marqués había partido de Tarragona el 24 de marzo y que, ya el dia 28, hubo un primer combate en el que Vincenzo della Marra, teniente general de la Caballería, se hizo prender junto al mesón de La Grua (Montmeló), a una legua de Gra- nollers, donde perdió más de 1.000 hombres entre muertos, presos, heridos y fugiti - vos. A partir de entonces, Pedro no tenía más opción que la retirada, que intentó hacia Tarrasa por el camino real de Granollers. Se puso en marcha el dia 29, a las 3 de la ma- ñana, pero fue rodeado el 30 en La Granada, cerca de Vilafranca, por fuerzas muy supe- riores ante las que cualquier resistencia hubiera supuesto el inútil sacrificio de sus hombres. No puede olvidarse que los supervivientes fueron intercambiados en Douai (16.VII.1643) por los prisioneros franceses capturados en Honnecourt (26.V.1642), he- cho que ya conoció Pellicer (Avisos, 4.VIII.1643) y cuyas pruebas documentales (S.H.A. T, A1, 97) he publicado recientemente; pero tampoco cabe dudar que su derrota vino determinada por la rendición previa de los italianos, a quienes Modesto Lafuente (His- toria General de España, III, 338. Barcelona, 1879) culpó de querer perder al marqués, como hijo del duque de Cardona, con el cual se habían enemistado en Leucata. Pese a las obvias dificultades de probar tal acusación, Manel Güell la asume plenamente en su tesis de licenciatura (Univ. de Tarragona, 2002) al afirmar que «el marqués fue traicio- nado vil e impúnemente a pesar de la autoridad máxima con que le había investido Ma- drid». En todo caso, refiere Novoa, ayuda de cámara de Felipe IV (Memorias, II,15), que Francesco Toraldo, rescatado a costa del rey, dijo a éste, cuando fue a besar su ma- no a Zaragoza, «que nada había sentido en este mundo como haber llevado por cabeza a D. Pedro e ir sujeto a sus órdenes». El rey disculpó su inexperiencia y, sobre todo, «que le hicieron ir por fuerza», argumento que el mismo Novoa comparte concluyendo: «Si bien lo bisoño tenía aquí su reparo, a esto se responde que cuándo se han de hacer los hombres». Pedro no fue incluído en el «change general» dado que él no era prisionero de Estado sino del señor de La Motte a título partícular, que tasó su liberación en 20.000 doblas de a 26 reales; es decir, 13.000 libras tornesas, cantidad equivalente a todo el gasto de manutención de los prisioneros españoles intercambiados. Ignoramos si aquel impor- tante rescate fue íntegramente pagado, pero el marqués no recobró su libertad hasta el otoño de 1645, en que marchó a Valencia, donde se hallaba entonces la Corte, y reasu- mió sus funciones de capitán de la guardia alemana. Felipe IV le nombró, además, ayo del príncipe Baltasar Carlos (1629-1646), a quien acompañó a Pamplona para la cere- monia de su jura por las Cortes navarras (25.V.1646) y después a Zaragoza. El anónimo autor del Voyage des Hollandais (edic. Colonia, 1677, pg. 44), le acusó de excitar la se- xualidad de su pupilo con una jóven aragonesa que pudo contagiarle una enfermedad venérea y causarle la muerte (9.X.1646), afirmando que fue desterrado de la Corte en noviembre. El hispanista Morel Fatio se hizo eco del rumor y el duque de Maura lo aceptó sin reservas, tildándole de «ayo infiel»; sin embargo, el príncipe había enferma- do ya en Pamplona, donde fue sangrado de tercianas (tifus); revelando la correspon - dencia de Felipe IV con Sor María de Ágreda que, en Zaragoza, donde empeoró, se es- peraba que su enfermedad «parase en viruela» (carta del 7.X). Por otra parte, el ya ci- tado ayuda de cámara de Felipe IV nada dice sobre la muerte del príncipe que afecte al marqués, al que ni siquiera menciona en la ocasión, como tampoco nos constan ni su destierro, ni que Felipe IV le privara de su empleo. En cambio, Pedro escoltó al rey a la importante jornada de la isla de los Faisanes, hallándose presente en la entrevista que tuvo con su sobrino y suegro Luis XIV (6.VI.1660) para la ratificación de la Paz de los Pirineos y entrega de la infanta Maria Teresa, desposada anteriormente por poderes con el rey francés. Charles Lebrun, en el gran tapiz L’entrevue des deux Rois, tejido en Les Gobelins, le retrata entre Diego Velázquez y el marqués de Aytona, captando magis- tralmente su aire de «galán a todas luces», que celebraron sus contemporáneos. Su carrera política fue promovida por su hermano menor, el Cardenal de Aragón, luego primado, a quien sucedió en el virreinato de Nápoles (1666-1672) cuando éste fue lla- mado a la Corte para formar parte de la junta de gobierno de la Regencia. Es poco cono- cido que el «prelado virtuoso y ministro integérrimo» fue también coronel del Regi - miento de la Guardia «Chamberga», cuyos frecuentes desmanes y latrocinios logró cor- tar quizá con más acierto que los de su propio hermano, de quien afirma Maura (II, 157) que, a su regreso de Nápoles, en junio de 1672, «deslumbró a Madrid con sus mal adquiridas riquezas, que solo en alhajas, tapices y plata representaban más de un mi- llón de escudos». Ignoro si Pedro fue un modelo de honestidad, que difícilmente halla- remos en la administración virreinal española en general, pero propugno que nuestro juicio sobre el personaje no debería sobrepasar, salvo pruebas concluyentes, al de su propia época. Pese a las acusaciones de Parrino, que no puede constituír la única fuen- te para su gobierno, los efectos de su residencia no traslucen —aparentemente— exce- sos notorios, lo que viene indirectamente apoyado por su aversión a las frivolidades cortesanas y su dedicación en Nápoles al estudio de las termas y de la gemetría aplicada a la fortificación, dando a la prensa un tratado (1671) que conocería una segunda edi- ción diez años después. La Punta del Epitafio, en el puerto de Baia, se llama hoy así por la cartela con que identificó la llamada Estufa de Nerón, una fuente termal; también halló y señalizó el acceso a la antigua Crypta Neapolitana, en Mergellina, encargando el estudio de sus primitivas termas a Sebastiano Bartolo, autor de la Thermologia Ara- gonia (1679), que honra y recuerda su apellido. Todo ello sin olvidar que el embajador Villars, que le conoció, pondera su sobriedad y moderación en el gasto de sus caudales «qu’il a mieux conservée que ne font d’ordinaire les Espagnols» (pg.36). En el tratado que compuso se intitula duque de Segorbe y Cardona, como hizo desde la muerte de su hermano mayor (14.I.1670). Antes de su retorno a la Corte, tomó pose- sión de sus estados en Cataluña y Aragón, de los más ricos de España, lo cual coadyuva a explicar su fastuosa entrada en Madrid; sin embargo, la Cámara de Castilla deslegiti- maría poco después dicha posesión y, tres años más tarde (1675), fallaría el Consejo de Aragón el mejor derecho sucesorio de su sobrina Catalina, esposa del duque de Medi- naceli. Tampoco llevó el título de duque de Feria, que le atribuye erróneamente Kamen (pg. 586, nota 66) por su segundo matrimonio con Ana Fernández de Córdoba y Fi- gueroa (1628-1679), duquesa viuda de Feria, que lo había sido al casar con el VI duque (1645-1665), Luis Ignacio Fernández de Córdoba (1625-1665) y fue madre de VII, Luis Mauricio, que lo fue entre 1665-1690. Tras su regreso de Nápoles fue nombrado consejero de Estado y Guerra (1672) y, des- pués, Capitán general de la Artillería de la Casa de la Contratación de Sevilla (13.II.76), empleo que no llegó a ejercer. Por entonces estaba distanciado de Palacio, «hasta el punto de no conocer ni de vista a Valenzuela» (Maura, II, 213), debido a su posterga- ción de la presidencia conciliar a la que aspiraba, razón por la que conspiró contra el go- bierno. El 6.XI.1676 se celebraron en su casa de Madrid las primeras reuniones de no- bles descontentos que precipitarían la caída del valido y su encarcelamiento, propuesto por su hermano, presidente de la nueva Junta de Regencia (23.XII.1676), abriendo el paso al gobierno de Don Juan de Austria, que le recompensó con la grandeza a título personal (1677). El 14 de mayo de dicho año, en Zaragoza y ante Carlos II, presidió la apertura de la sesión plenaria de las Cortes de Aragón, que moderaría con título de pre- sidente hasta su conclusión (25.I.1678), logrando que el Reino se hiciera cargo de la formación y entretenimiento, durante 20 años, del Tercio de Aragón, la primera unidad de carácter permanente aragonesa, aunque anteriormente se hubiera formado en mo- mentos puntuales (1616-17; 1638-39; 1642-58). Con todo, la muerte de D. Juan (17.IX.1679) frustró sus esperanzas y, para alcanzar su propósito, hubo de reconciliarse con Juan Francisco de la Cerda (1637-1691), VIII du- que de Medinaceli, nuevo valido del gobierno de la monarquía (22.II.1680). Para ello, casó en julio de 1680, cuando contaba ya con 70 años de edad, con la jovencísima Ana Catalina de la Cerda, hija del duque, pero también de su sobrina carnal Catalina Folch de Cardona y Aragón (1635-1697), IX duquesa de Cardona y VIII de Segorbe, hija de su fallecido hermano Luis Ramón, razón por la cual el matrimonio rondaba los grados de parentesco prohibidos y hubo de apelarse a la dispensa papal. Aquel mismo año consi- guió la anhelada presidencia del Consejo de Aragón, con título de vicecanciller del Rei- no, que retendría hasta su muerte, junto con la capitanía de la guardia alemana. Tam- bién formó parte, desde 1684, de la Real y General Junta de Comercio, cuyas activida- des promovió, secundando —tanto a través de la Junta como del propio Consejo— algu- nas iniciativas de Narcis Feliú de la Peña, al que apoyó en sus proyectos para el renaci- miento comercial de Cataluña. De sus tres matrimonios solo tuvo posteridad en el pri- mero, dejando una hija que sucedió en la casa marquesal de Pobar tras la muerte de su madre (1655). Compuso un tratado que se imprimió bajo el títutlo: Geometria militar en la qual se comprenden las matematicas de la fortificacion regular y irregular y las tablas polimé- tricas proporcionales para dar medida a cualquier plaza. Nápoles, Real Imprenta de Egidio Longo, 1671 (373 págs., que incluye dos retratos ecuestres en los cuales se inti- tula Duque de Segorbe y de Cardona»). Aunque inédito, también escribió el «Memorial aiustado de el pleyto que se litiga entre D. Pedro de Aragon con los Duques de Medina- Celi, Alcalà y Lerma y con el Marques de Cogolludo y Alcalà sobre el Estado y Ducado de Segorve». (Ms, B.N. Madrid, s.l., s.d., pero ca. 1672-75, 132 fols., que incluye nume- rosas transcripciones de documentos valencianos de los siglos XV y XVI. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| Pedro de Aragón, en un grabado anónimo napolitano publicado en Nápoles por Egidio Longo (1671). En la base se le titula Duque de Segorbe y Cardona. |
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| Otro grabado anónimo publicado por E. Longo en Nápoles. ABAJO, detalle |
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| Grabado de G.Verini, publicado en Nápoles en 1668 (detalle), con ocasión de la fundación del Hospital de los Pobres. |
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| Pedro de Aragón se halló presente en la entrega de la Infanta María Teresa a su esposo Luis XIV, en la isla de los Faisanes. El tapiz de Lebrun le representa entre el pintor Diego Velázquez (detrás de la infanta) y el marqués de Aytona (derecha). Luce el atuendo de capitán de la Guardia alemana de Felipe IV. |
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| Pascual de Aragón (1626-1676), llamado el Cardenal de Aragón, hermano menor de Pedro, le precedió en el virrenaito de Nápoles. Fue Arzobispo de Toledo y coronel del Regimiento de la Guardia Chamberga, aunque lo mandara efectivamente el marqués de Aytona, su teniente coronel. No sería el único eclesiástico, ni tampoco el único cardenal primado de España que estuviera al mando de una unidad de la guardia real, precediendo en tal desempeño al cardenal Portocarrero. |
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| La entrada de la Crypta Neapolitana, en un grabado dieciochesco de H. Robert. |
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| Fernando de Valenzuela y Enciso (1636-1692), el valido de la reina regente, Mariana de Austria, a cuya caída contribuyó decisivamente Pedro de Aragón, que lideró la conspiración por móviles personales (Retrato de Carreño de Miranda. Museo Lázaro Galdiano) |
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| FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA: Pruebas para la concesión del título de Caballero de la Orden de Alcántara de Pedro de Aragón y Fernández de Córdoba Enríquez de Mendoza y Enríquez de Rivera, natural de Lucena, hijo del Duque de Cardona, año 1627. (AHN, O.M., Alcántara, Exp. 88); Nombramiento de Pedro de Aragón como capitán general de la artillería de la Casa de la Contratación, 13.II.1676 (AGI, Contratación, Leg. 5785); Consulta de la Cámara de Castilla sobre que no se tome resolución en la sucesión del Estado de Segorbe a favor de don Pedro de Aragón hasta que sean oídos los Duques de Medinaceli en justicia, año 1672. (AHN, Consejos Sup., Leg. 4445, exp. 3). M. PARETS, De los muchos sucesos dignos de memoria que han ocurrido en Barcelona y otros lugares de Cata- luña entre los años de 1626 a 1660, en Memorial Histórico, tomos XX a XXV, Madrid, 1891-1893 (t. XXIV, 3-11 para el fallido socorro de Rosas); F. M. DE MELO, Historia de los movimientos, separación y guerra de Catalu- ña en tiempo de Felipe IV. (Numerosas ediciones desde 1645; disponible una electrónica en Internet); A. FORMO- NI, Ambasciata di ubidienza fatto alla stadi Clemente X in nome di Carlo Secondo, re delle Spagne, e di Mariana d'Austria, sua madre, regina governatrice, da D. Pietro Antonio d'Aragona, duca di Segorbe, vicerè di Napoli, con le notizie delle solennità con le quali fu esseguita, e del pomposo recevimento fatto gli da D. Antonio Pietro Alvarez Osorio Gomez Davila e Toledo, marchese di Astorga di Velada & ambasciatore ordinario in Roma per le medesime maestà nel mese de Genaro dell'anno 1671. Roma, Ignatio de’ Lazari, 1671 (refiere su embajada extra - ordinaria a Roma, en enero de 1671); D.A. PARRINO, Teatro eroico e politico de’ governi de’ Vicerè del Regno di Napoli. Nápoles, 3 vols., 1692-94 (III,182 y ss); M. DE NOVOA, Memorias de Matias de Novoa, Ayuda de Cámara de Felipe IV, antes atribuídas a Bernabé de Vivanco, o Historia de Felipe IV, con un prólogo de Antonio Cánovas del Castillo. Madrid, 4 vols, 1878 (Memorial Histórico tomo LXIX); P. DE VILLARS, MARQUES DE VILLARS, Mémoires de la cour d'Espagne, de 1679 à 1681. Paris, Plon, 1893 (ed. de A. Morel Fatio, que traza una breve semblanza biográfica del marqués en págs. 285-86; indice onomástico para las citas en el texto); E. FER- NANDEZ DE NAVARRETE, «Biografias de virreyes de Nápoles», en Co. Do. In, tomo XXIII. Madrid, 1858 (la reseña biográfica de Pedro en pg. 530); G. MAURA GAMAZO, DUQUE DE MAURA, Carlos II y su corte. En- sayo de reconstrucción biográfica. Madrid, 2 vols, 1911 (numerosas citas al personaje, al que juzga con vehemente severidad; lamentablemente, la edición carece de indices analíticos); H. KAMEN, La España de Carlos II. Barce- lona, Ed. Crítica, 1980 (ind. onomástico); M. GÜELL, Les mobilitzacions militars a Catalunya durant la dècada dels trenta del s. XVII (tesis de licenciatura, Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, 2002). A partir del cap. IV, el autor preparó un artículo titulado «Leucata. El fracaso anunciado de una empresa militar (1637)», para su publi - cación en la Revista de Historia Militar (en prensa); J.L. SANCHEZ MARTIN, «Rocroi, 1643: el triunfo de la pro- paganda (yIII)», en Researching & Dragona no. 21, Madrid, 2003, pgs. 18-43 (para «el intercambio de los prisione- ros franceses capturados en Honnecourt por los que se perdieron con el marqués de Pobar en Cataluña», a través de la documentación conservada en Vincennes, pgs. 37-38). |
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