DOMINGO DE IDIAQUEZ Y GOICOECHEA, SOLDADO INF ª (1574),
ALFÉREZ (1580), CAPITÁN INFª (1583), TENIENTE CASTILLO DE
AMBERES (1587-1593), CORONEL INFª ALEMANA (1593), GOBº DE
DENDERMONDE (1593-99), SUPERINTENDENTE DE ASTILLEROS Y
BOSQUES DE GUIPÚZCOA (1601-1611), GOBº DE MELILLA (1611-17),
CASTELLANO DE PAMPLONA (1617-19), VIRREY INTERINO DE NA-
VARRA  (1618-19).

Fue hijo natural de Francisco de Idiáquez, vecino de Azcoitia (Gipúzcoa) y de Ca-
talina de Goicoechea, natural de Astigarraga, villa del valle y alcaldía mayor de Are-
ría, que es donde declaró genéricamentehaber nacido al redactar su testamento.
Según dicho documento, comenzó a servir con escasamente 15 años de edad y
como declara haber servido 44 años —cuatro más que los calculados por Isasti— el
dato nos permite inferir tanto la fecha de nacimiento como la del comienzo de su
carrera (1574). La primera noticia documental de la misma data del 6 de febrero de
1580, siendo alférez de una de las 4 compañías destacadas del tercio del Estado de
Milán que se hallaban en Gibraltar, junto a otras tres del Tercio de Sicilia, para to-
mar parte en la campaña de anexión de Portugal. En el verano de 1582 pasó a Flan-
des como alférez reformado en el Tercio de Pedro de Paz, que había estado acuar-
telado en Sicilia desde la evacuación de las tropas españolas de aquellos estados en
1580. El 1 de octubre de 1583 recibió una compañía en dicho tercio, que mandó en
el asedio de Dendermonde o Terramunda (4 a 16 de agosto de 1584), donde su
compañía quedaría de guarnición durante los siguientes tres años; primero a las
órdenes del capitán Juan del Águila (17-27 de agosto) y cuando éste sucedió como
maestre de campo a Pedro de Paz —muerto de un cañonazo durante el cerco de la
plaza (13.VIII.1584), bajo las del también capitán del tercio Juan de Rivas (Castro
del Rio, ca. 1551 - Cambrai, 1616).

A finales de junio de 1587 todo el tercio de
Juan del Águila, se congregó en Dender-
monde para tomar parte en el asedio de Sluis [La Esclusa],  al que también fue lla -
mado la compañía de Idiáquez, sustituída en la guarnición por otra del Tercio de
Mondragón
[T.I.E. no. 2]. El entonces soldado Alonso Vázquez (Toledo,1556 - An-
dújar, 1615), perteneciente a su mismo tercio, narró diariamente las peripecias de
aquel complicado asedio en que las trincheras se inundaban de agua cavando ape-
nas a la altura de las rodillas; aunque una vez privada la plaza de su comunicación
marítima y plantadas las baterías (14 de julio), las dificultades comenzaron a alla-
narse. Domingo de Idiáquez se erigió en protagonista directo de su rápida conquis-
ta al tomar una esclusa entre las dos puertas de la villa que daban al muro batido
por la artillería española, donde consiguió fortificarse y rechazar todos los intentos
del enemigo para desalojarle (28 de julio). Una vez reforzado, se tendió un puente
entre los diques y pudo apuntarse directamente una pieza contra una de las puer-
tas (2 de agosto), por lo que la guarnición se avino a capitular el dia 5. Juan de Ri-
vas, su jefe inmediato en Dendermonde, fue llamado a gobernar la plaza recién to-
mada y, tras reparar y mejorar sus fortificaciones, el tercio de Juan del Águila par-
tió hacia Yprès, donde entró el 28 de setiembre. Antes de que finalizara el año, fue
recompensado con la tenencia del castillo de Amberes, que gobernó en numerosas
ocasiones dadas las reiteradas ausencias de su  castellano,
Cristóbal de Mondra-
gón, una de las cabezas rectoras del ejército de campaña de los Paises Bajos.

En marzo-abril de 1593, reclutó en Luxemburgo un regimiento de infantería ale-
mana que pasó su primera muestra en Turnhout a primeros de mayo.
Carlos von
Mansfeld (Luxemburgo, 1543 – Komoron, Hungría, 1595), había invadido Francia
con el grueso del ejército y, en mayo, Mauricio de Nassau puso sitio a Geertruiden-
berg, a orillas Meer y en el estuario del Mosa. Hubieron de levantarse precipitada-
mente tropas bisoñas para enfrentar la amenaza y aunque el propio Mansfeld vino
a mandarlas, no se logró salvar la plaza. El ejército partió de Tornhout el 27 de ma-
yo y llegó el 30 frente al campo sitiador, pero no pudo forzar ningun paso para in-
troducir socorros, pese a intentarlo por varios lugares, y la guarnición tuvo que  ca-
pitular el 25 de junio. Muchas de las unidades precipitadamente levadas fueron di-
sueltas, como lo sería también el regimiento de Idiáquez, aunque sirvió en Frisia
hasta finales de otoño; es decir, que apenas llegó a superar el medio año de vida.
El 17 de diciembre del año siguiente, debido a la promoción de Miguel de Esquivel,
tomó posesión del gobierno de la plaza y castillo de Dendermonde, que fungiría
durante los siguientes cinco años.

El 26 de octubre de 1599, el Archiduque Alberto le concedió licencia para ir a la
Corte «a recibir merced», suplicando en carta autógrafa al duque de Lerma que
«se
sirva de hacerle la que merece por sus luengos servicios y buenas partes»
(Codoin,
XLII).
Fue propuesto para el gobierno de Alessandría della Paglia, en Italia, vacan-
te por la muerte de Antonio de Olivera (25.V.1600), que finalmente se proveyó en
Rodrigo de Orozco (22.XII), pero no precisó aguardar mucho tiempo para recibir
un nuevo y sorprendente destino: por patente real, expedida en Valladolid el 21 de
julio de 1601, se le nombraba superintendente
«de la fábrica de navíos y arquea -
mientos de la provincia de Gipúzcoa y de la conservación de los plantíos de los
montes de ella
» (col. Vargas. Ponce, leg. 3), con un sueldo de 800 reales mensua-
les; un cargo desempeñado hasta entonces por marinos. Para confiarle tal empleo,
Felipe III hubo de cesar a su predecesor, el general Urquiola, a quien se achacaron
los defectos apreciados en un galeón botado en Pasajes. Idiáquez carecía de capaci-
tación técnica, pero en su elección había pesado más la necesidad de privar a las
Juntas provinciales de cualquier intervención en la política de talas y plantaciones,
que era preciso subordinar estrechamente a las apremiantes necesidades de la
construcción naval. La pugna fue árdua. Tras las quejas formuladas por el valle de
Oyarzun, Idiáquez escribió al rey, desde Lezo (3.IV.1609) que
«Guipúzcoa reclama
esta Superintendencia»
(Goodman, 1997). De hecho, el capitán Juan de Amézque-
ta, en un memorial del mismo año, la justificaba
«por los privilegios otorgados a
la Provincia desde los Reyes Católicos»
 (Fernández Duro, V, 376); sin embargo,
en 1611, el triunfo de Idiáquez era incuestionable. Así lo reconoce Gómez-Rivero
(1986), afirmando que
«la resistencia guipuzcoana a la Superintendencia real se
evaporó después de 1611 y los bosques no fueron ya materia de responsabilidad
provincial»
(págs. 622-23); y así lo  advirtió en su momento Felipe III, recompen-
sando a su artífice con la Capitanía general de Melilla, que desempeñó desde 1611
hasta 1617.

Se trata del período más opaco de su carrera, apenas rememorado en un memorial
de su hijo segundo Martín, héroe de Nordlingen, que allí recibió el mando de una
compañía de caballos que le confirió su padre. En el verano de 1617, coincidiendo
con el nombramiento como maestre de campo general de Lombardía y castellano
de Milán de Alonso Idiáquez de Butrón y Múgica (Anoeta, 14.II.1565 — Milán, 7.X.
1618), I Duque de Città-Reale, hasta entonces virrey de Navarra, fue designado pa-
ra fungir la castellanía de Pamplona, empleo que aparejaba el gobierno
«de la gen-
te de guerra del reino
» o, en otras palabras, la maestría de campo general de Nava-
rra. Aunque Felipe Ramírez de Arellano, VII conde de Aguilar de Inestrillas, fue
nombrado el 15 de febrero de 1618 para suceder en el virreinato, el Duque de Città
Reale hubo de partir de Pamplona el 27 de junio de dicho año sin que su sucesor
se hubiera incorcoprado, ejerciendo Idiáquez las funciones de virrey interino des-
de dicha fecha hasta su muerte, sobrevenida en Pamplona después del 14 de abril
de 1619 —en que otorgó su testamento— y con anterioridad al 19 de diciembre del
mismo año, fecha en que su hijo Martín, arriba citado, redactaba un memorial so-
bre los servicios paternos para solicitar una pensión en Milán —que le fue conce-
dida el 4.IV.1620—, donde refiere que su padre murió ejerciendo el cargo de virrey
«por ausencia del Duque de Ciudad Real»  (AGS, SP, 1801).

Había casado en Amberes (1590) con Maria Camarena y San Juan, natural de di-
cha villa, hija del turolense Juan López de Camarena y de la santanderina Maria de
San Juan, en la que procreó cuatro hijos, dos varones y dos hembras. Los varones
fueron Alonso de Idiáquez y Camarena (Amberes, 1592 – Azcoitia, 1641), que fue,
como su padre, superintendente de la fábrica de navíos y plantaciones de Guipúz-
coa, y Martin de Idiáquez (Dendermonde, ca.1595 — ¿Francia?, ca. 1635), famoso
maestre de campo de infantería española. Las hembras se llamaron Ursula y Ana.
Al redactar su testamento instituyó un mayorazgo sobre sus bienes en Azcoitia, en-
tre los que se hallaba una casa que todavía se mantiene en pie: la llamada casa-to-
rre Idiakaitz, enfrente de la parroquia y del palacio Etxe Beltz, propiedad de la ra-
ma legítima de los Idiáquez de Azcoitia, a menudo citados como Pérez de Idiáquez.
Algun que otro genealogista, como es el caso de Luis Vilar y Pacual (1860), hace a
Domingo hermano entero de Pedro Idiáquez, señor de la casa de Idiáquez de Az -
coitia, Yarza, Alcega y Arriola, dando lugar a que Domingo aparezca a veces citado
bibliográficamente con los apellidos de Pérez de Idiáquez, que no he sabido que
utilizara nunca —como tampoco sus descendientes—, siendo habitualmente men-
cionado como Domingo de Idiáquez en la documentación coetánea.

                                                                                   © JUAN L. SÁNCHEZ.
CASA TORRE IDIAKAITZ, en Azcoitia
(Guipúzcoa), enfrente de la parroquia y
junto al palacio de la línea legítima de los
Idiáquez (Etze Beltz), de la que Domingo
provenía por bastardía. Se dice que «es un
magnífico exponenente del mudejar guipuz-
coano, en cuya fachada destaca la doble
logia de influencia aragonesa».
(www.Ferias
turísticas. Azkoitia). Formaba parte del
mayorazgo que fundó al testar, en el cual le
sucedió aquel mismo año su primogénito
Alonso de Idiáquez y Camarena; en 1641, su
nieto Cristóbal de Idiáquez y Gaínza; en
1665, su bisnieto Alonso de Idiáquez y
Echániz, etc.
El Tercio de Pedro de la Paz en el asedio de
Terramunda (Termonde o Dendermonde),
antes de la muerte de su maestre de campo,
al que Hogenberg muestra a caballo, ani-
mando a sus hombres. Un cañonazo segó su
vida 4 dias antes de la capitulación de la
plaza. El capitán Juan del Águila, del mismo
tercio, fue nombrado su gobernador, pero
apenas diez dias después, fue promovido al
mando del tercio sucediéndole Juan de
Rivas, también capitán del tercio.
Este edificio de la Gran Plaza de Terra-
munda, o plaza del mercado, lo vería a
menudo Domingo en sus paseos por la
ciudad. La planta baja estaba ocupada por
el gremio de carniceros y la primera por la
corporacion de Saint-Joris. Cuando los
austriacos reemplazaron a los españoles en
la administración de la ciudad, desalojaron
a éstos para instalar allí a su guarnición. Su
construcción es anterior al descubrimiento
de América, pue data de 1462. La foto debe
ser anterior a 1914, en que sufrió graves
daños durante el bombadeo alemán,
aunque posteriormente se rehabilitaría.
La ciudadela de Amberes, donde Domingo
fue teniente de Cristóbal Mondragón. Aquí
se casó y tuvo a su primer hijo.
Melilla, plaza inexpunable, poseía una
ciudadela (izqda), pero Domingo residía en
el palacio-fortaleza de gobierno, que hemos
resaltado en color sobre el plano.
Pamplona, cuya magnífica ciudadela,
concluída en 1516, fue el último destino de
Domingo. Pero él no murió entre sus muros,
sino coupando el palacio virreinal.


DOMINGO DE IDIÁQUEZ Y GOICOECHEA,  
(Astigarraga, Gipúzcoa, ca. 1559 — Pamplona, Navarra, 1619).