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| ALONSO IDIÁQUEZ DE BUTRÓN Y MÚJICA (1565-1618), I CONDE DE BIANDRONNO (Lombardía), 15.VIII.1599 (a menudo citado por Bian- drina); I CONDE DE ARAMAYONA (Alava), 7.IX.1606; I DUQUE DE CI- TTAREALE (Nápoles), 12.XII.1613,CON GRANDEZA DE ESPAÑA (a me- nudo citado por Ciudad Real), SEÑOR DE LAS CASAS DE BUTRÓN y MÚJICA,1604; CABALLERO DE SANTIAGO (1583), COMENDADOR DE VILLORIA (30.VIII.1592), LUEGO DE HORCAJO (16.V.1609) Y DE LA MAYOR DE LA PROVINCIA DE LEON EN DICHA ORDEN (9.I.1615); MONTERO Y BALLESTERO MAYOR DE FELIPE III; CAPITAN INFª ES- PAÑOLA (1588), IDEM DE CABALLOS (1588), MDC INFª ESP (1590), CAP.GRAL.CABª DE MILAN Y DEL CONSEJO SECRETO DEL ESTADO (1593), VIRREY DE NAVARRA (31.VII.1610), CASTELLANO DE MILAN Y MAESTRE DE CAMPO GRAL DEL EJÉRCITO DE LOMBARDÍA (1618). ORÍGENES FAMILIARES: Fue hijo único de Juan Alonso de Idiáquez y Olozábal (Madrid, 1540 - Segovia, 12.X. 1614), comendador mayor de Santiago, consejero de Estado y Guerra de los reyes Fe- lipe II y III, presidente del Consejo de Ordenes, y de su esposa doña Mencía Manri- que de Butrón y Mújica (Aramayona, 1536- S. Sebastián, 12.VIII.1565), señora de A- ramayona (Aramaio), por la que heredaría dicha villa, con la de Barrica y las casas de Butrón y Mújica, hija de D. Gome de Butrón y Mújica y de doña Luisa Manrique, que a su vez lo era del marqués de Aguilar.Mencía era hermana, entre otros, de Juan de Mújica, el mayorazgo, y de Antonio Manrique, caballero de Santiago, que murió en Flandes en 1572. Era nieto de D. Alonso Idiáquez (Tolosa, 1514-rio Elba, junto a Torgau, 18.VI.1547), secretario del Consejo de Estado de Carlos V y del de Italia, comendador de Alcolea, en la Orden de Calatrava, y después de Estremera en Santiago, para lo que hubo de recibirse en la última renunciando a su primer hábito,fundador y patrón del conven- to de San Telmo de San Sebastián, donde fue inhumado junto a Doña Gracia de Ola- zábal, su esposa. Su madre falleció a los pocos meses de nacer, por lo que fue criado y educado por la familia materna, mientras que su padre fungía la mayordomía del príncipe heredero D. Carlos, hermano mayor del futuro Felipe III .Cuando tuvo edad para profesar (18 años), se recibió en la Orden jacobea (1583), siendo su padre presidente del Consejo de Ordenes, tras haber desempeñado las embajadas de Génova (1573-76) y de Vene- cia (1576-79). Alonso sirvió primeramente algún puesto cortesano en Turin, junto a la infanta doña Margarita, que favoreció su intención de casar allí provechosamente, lo que impidió el propio Felipe II, en carta fechada en San Lorenzo, el 12.IV.1587, en los siguientes términos: «y al Duque (de Saboya, su marido) respondo lo que me pa- rece en el casamiento que pretende el hijo de D. Juan de Idiáquez con doña Antonia, y por lo que allí digo entenderéis que a ella no le está tan bien como allá se pensaba y pues su padre le trata cosa que estará mejor, lo será que no se hable más en esto». PRIVILEGIADA CARRERA MILITAR. El desengaño le llevó a Flandes, donde el 29.IV.1588 se hallaba proveído con una de las 14 compañías de caballería española de las que servían en aquellos estados (AGS, Est, leg.594). Que sepamos, carecía de experiencia militar, aunque quizá fuera uno de aquellos 7 capitanes que escoltaron hasta Turin al Duque de Saboya, embrión del tercio del mismo nombre. En todo caso, como tantos otros nobles e hidalgos, había acudido a Flandes para tomar parte en la proyectada invasión de Inglaterra. El 20 de octubre de aquel año, sirviendo como voluntario, tomó parte en la encerrona en que se convirtió la esperada entrega del fuerte de la Cabeza, antemural y el mayor de los que protegían la plaza de Bergen-op-Zoom.Refiere Coloma (p.10) que «A don Alon- so de Idiáquez, aunque capitan de una compañia de caballos que vacó por muerte de D. Luis de Borja, quiso hallarse como infante en esta ocasión, lo salvó a nado sobre sus hombros el sargento Limon». Alonso Vázquez (II,374) dice que la compa- ñía de caballos se la dieron entonces, dándose la suya de infantería a su salvador, su propio sargento, al que llama Antonio Limones. Ambos yerran, aunque más Vázquez que el primero, pues en la "Relación de lo que monta un mes de sueldo de la Caballe- ría", arriba invocada, aparecen tanto la compalñia de Borja como la de Idiáquez. Lo cierto es que, muy poco después de aquel incidente, Farnese ordenó a su compa- ñía, que era de lanzas, marchar a la frontera de Francia, donde se hallaba el 31 de oc- tubre, alojada entre Bapaume y Hesdin, junto a las siguientes: Juan de Córdoba y Pedro Moreo, de lanzas; L'Escolle y La Biche (arcabuceros del país) y las de Bandes d'Ordonnance del duque de Arschot, el conde de Egmond y el Príncipe de Chimay. Esta fue precísamente la caballería que se halló, en apoyo de duque de Mayenne, en la batalla de Ivry (14.III.1590),donde tuvieron que salvar sus vidas abriéndose paso entre la caballería rival, y algunos la perdieron, como el conde Philippe d'Egmond y el conde Wilhelm, hijo del duque Heinrich von Braunschweig-Wölfenbuttel-Calen- berg, que llevó últimamente al campo católico 2 compañías de reitres pagadas por el rey de España. MAESTRE DE CAMPO (26 de JULIO DE 1590). Tras la derrota de los católicos franceses en Ivry, Farnese prometió acudir en su au- xilio para socorrer a Paris, sitiada por el futuro Enrique IV, protestante, a la sazón co- nocido como el «bearnés» o «rey de Navarra». Pero sus propios problemas en Flan- des fueron demorando la partida.Algunos eran económicos, provocando el motin del tercio de Juan Manrique (T.I.E. no. 1) en Courtrai (23.II.1590); pero también hubo de afrontar la sorpresiva conquista de Breda por los holandeses, sin gastar un real ni perder un solo hombre, mediante una sutil estratagema (4.III.1590). Karl v. Mans- feld se puso sobre la plaza con algunos tercios, pero ninguno español, porque de los dos existentes, uno estaba amotinado y el otro en Frisia. El 14 de marzo la asaltó dos veces, pero fue rechazado con pérdida de 600 hombres, escribiendo al gobernador que no podía proseguir el asedio si no era reforzado. Mauricio, entretanto, levantaba un un fuerte sobre Nimega, de la otra parte del Waal, que evidenciaba a las claras sus intenciones respecto a la plaza. El 26 de junio, Farnese compuso el motín del tercio de Manrique tras liquidar sus a- trasos y sin mediar castigos. Le dió jefes nuevos —MdC Antonio de Zúñiga y SgM To- rralba—, reformó a todos los capitanes ausentes y proveyó sus compañías en refor- mados del extinguido Tercio Viejo. El 12 de julio partió el tercio hacia Cambrai, don- de debería unirse al de Capizzuchi (T.I.I. no.1), para marchar juntos a Meaux, en Pi- cardía, donde se había fijado la reunión con las tropas de la Liga. Interín, caía Saint- Denis (9 de julio) en poder del Bearnés, siendo cada vez más apremiante el socorro de Paris. Mansfeld recibió instrucciones de abandonar Breda y acudir a la defensa del Brabante, pero hubo de desprenderse de dos regimiento alemanes y un tercio italia- no en beneficio del ejército invasor. El 26 de julio, pocos dias antes de marchar a Francia,decidió Farnese formar un nue- vo tercio de infantería española, de 16 compañías, en el que entraron las 8 no extin - guidas del antiguo Tercio Viejo (T.I.E. no. 2), algunas de las supervivientes de la In- vencible y otras de guarniciones, cuyo mando dio a Alonso de Idiáquez y la sargentía mayor a Alonso de Itúrbeda. Farnese, que partió el 4 de agosto de Bruselas, llegó a Meaux el 22, con la caballería ligera y las Bandas; el tercio de Idiáquez, con el napoli- tano de Caetani, 6 regimientos valones y 2 alemanes lo hizo el 27, con el maestre de campo general de la expedición, señor de la Motte aux Bois. El ejército se puso en marcha el dia siguiente, cruzó el Marne por un puente de bar- cas que tendieron los soldados españoles y acampó entre Claye y el castillo de Fres- nes. Enrique de Navarra ordenó levantar su ejército de París el 30.VIII para cortar el paso al socorro en la llanura de Bondy, al borde del bosque de Livry, donde le aguar- dó formado el 31. El dia siguiente progresó hasta Chelles, donde sus avanzadillas ad- virtieron que el parmesano, cayendo hacia el S., se atrincheraba cerca de Lagny, en la margen dercha del Marne, a unos 35 k. de Paris. El Bearnés, superior en fuerzas, no se decidió a atacarle, pero se mantuvo en Chelles, cerrándole el paso a Paris, durante una semana. Finalmente, el 7.IX, Farnese ordenó atacar Lagny, tendiendo un puen- te de barcas para cruzar el Marne. La villa se ganó al asalto, el mismo dia, por algunas compañías de los tercios de Zúñiga e Idiáquez, pese al socorro que el bearnés le me- tió ya comenzado el ataque. Como revela la magnífica pintura que se conserva en el Escorial, Farnese burló a su rival marchando por la orilla izquierda del rio, que volvió a repasar por Charenton. Enrique retiró su ejército la noche del 9 y, tras reforzar las guarniciones de St.-Denis, Corbeil, Meulan y Mante, marchó a Gonesse. Farnese, para despejar la via fluvial del Sena, tras tomar los puentes de Charenton y St.-Maur, cayó hacia el S. apoderándose de Provins, Crécy, y otras plazas pequeñas. El 19.IX, mientras el ejército marchaba hacia Corbeil, entró en Paris. El 24 se presentó ante Corbeil, que Enrique había tomado a la Liga el 1 de abil del mismo y guarnecido con 2.ooo soldados, para dirigir su asedio. La resistencia fue muy dura y prolongada, ga- nándose por asalto el 25 de octubre. Según Vázquez, testigo presencial (II,521-22), el propio Idiáquez «entró el primero, espada en mano, antes que ninguno de sus ca- pitanes». Farnese recompensó su acción enviándole a Felipe II para darle cuenta del éxito del socorro de Paris, exponerle la falta de recursos con que se hallaba y la nece- sidad por la que debía retirarse de Francia. Casi 9 meses duró su ausencia en España, pues hasta el 18.VII.1591 no regresó a los Países Bajos, y hasta el 24 no se presentó ante Farnese, ocupado a la sazón en el si- tio del fuerte de Knodsenburg, el que ya dijimos que Mauricio fabricó frente a Nime- ga.Era portador de cartas "tan apretadas" de Felipe II, conminando a su gobernador a volver a Francia, que el dia siguiente hubo de levantar el asedio, embarcando a sus tropas y artillería hasta la vecina Nimega, a prudente distancia del cañón del fuerte, sin que el enemigo intentase estorbar su retirada de la isla de Betuwe.Nimega se per- dería el 21 de octubre de aquel mismo año —en el que antes se habían perdido tam- bién Zutphen (20.III) y Deventer (12.VI)—, pero Farnese no pudo ponerse en mar- cha sin reponer su quebrantada salud en Spa, adonde fue a acompañarle el goberna- dor de Hultst, el italiano Scribani, circunstancia que aprovechó Mauricio para tomar la plaza, tras un desembarco sorpresivo y sin que el teniente a cargo de la plaza espe- rara a ver el cañón enemigo para entregarla (25.IX). Mondragón, castellano de Am- beres, convovcando a los amotinaods de Diest, logró caer sobre la retaguardia enemi- ga cuando intentaba reembarcar (28.IX), logrando incendiar una treintena de em- barcaciones y capturar parte del botin. Caro, muy caro le salía a Felipe II en Flandes el intento de entronizar a su hija Isabel en el trono de Francia. Idiáquez no solo había llevado a Farnese instrucciones reales; por fortuna, también dineros y aviso de la inminente partida de infantería y caballería desde Milán. Con las letras de cambio pudo el segundo componer el motín de Diest, que llevó casi dos meses por la exigencia de los soldados de que se les cambiase por otro al maestre de campo Manuel de Vega y Cabeza de Vaca. Este endiablado asunto y el retraso en la llegada de los reitres de Schlegel y la infantería de Brendael y Friedrich v. Sachsen- Lauenburg (que Farnesio esperaba aun el 27.X, como revela una carta suya a Verdu- go), determinaron que no pudiese aquel año entrar en Francia, provocando tal irrita- ción en Felipe II que el rey llegó a pensar en la substitución de su gobernador. En cambio, el tercio de Idiáquez no había abandonado los confines de Francia, adon- de nuestro maestre de campo fue a buscarlo. En ausencia de Farnesio gobernaban a- llí el duque de Mayenne y Diego de Ibarra, que habían acuartelado a la infantería es- pañola en los contornos de Reims, ciudad en la que murió de enfermedad el SgM Si- món de Itúbeda (8.XI), aquien sucedió en el cargo Gonzalo de Luna y Mora. © JUAN L. SANCHEZ. |
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| Retrato de Alonso de Idiáquez, pintado en Bruselas por Otto van Veen (Vaenius), en 1589, con ocasión de su boda con Juana de Robles, hija del baron de Billy. Vinius retrató a numerosos militares españoles de su tiempo, pero éste es el único de ellos que se preserva en España (Museo del Prado, óleo sobre tabla, 119 x 37 cm, CAT. P1858. |
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| Alejandro Farnese, luego duque de Parma, gran hacedor de la carrera de Alonso Idiá- quez, retratado por el mismo Vaenius. Strada, comentando su meteórico ascenso a maestre de campo, con apenas un año de servicios conocidos, escribió: «Hizo Maestre de Campo del nuevo tercio, con grande expectación de muchos, a Alonso de Idiáquez, joven todavia, pero que si bien era para el puesto de pocos años, traía pa- ra la pretensión los largos servicios de su padre, Juan de Idiaquez, y la fiel diligencia experimentada del Rey en el íntimo mane- jo de los reinos, entre los ministros reales. Tampoco él, sobre los méritos de su padre, carecía de los suyos, habiendo hecho loa- ble prueba de su proceder en el gobierno de una tropa de caballos y prometiendo cosas mayores». Incluso confirmando que su presencia en Saboya fuera más militar que cortesana, el de Alonso de Idiáquez puede representar uno de los más sonoros casos de favori- tismo, que aun haría palidecer a la nepo- tista designación de Rodrigo de Toledo por el duque de Alba. Cierto que, en la época, los servicios paternos pesaban mucho, pe- ro no lo es menos que la falta de talla o práctica pesaba lo suyo. A Rodrigo, más avezado, se le vió en Oulx (1593). A nues- tro Alonso, mucho más inexperto, le ven- dría demasiado grande el empleo en Fon- taine Française (1595). IZQUIERDA: Despliegue católico en la ba- talla de Ivry (detalle de un grabado de Ho- genberg). El escuadrón de lanzas españo- las, escoltaba por la derecha a la Cornette Blanche de Mayenne, mientras que el de las Bandas, de nobles valones, lo hacía por la izquierda. ABAJO: Lancero español, según el ma- nuscrito de De Gortter, del que sorprende la ausencia de celada. |
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| Magnífica pintura testimonial, que creo de Rodrigo de Holanda, que nos revela el as- pecto que presentaba Lagny cuando fue asaltada. Compárese con la foto y comen- tarios en la biografía de Pedro Sarmiento. |
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| Grabado de Dolendo, publicado en Les Lauries de Nassau (1612), sobre el levan- tamiento del asedio del fuerte de Knod- senburg. Tanto éste, como la opuesta ciudad están mejor representadas por Ho- genberg, que incluso reproduce la iglesia de Lent, pueblo junto al que se levanyó el fuerte y que Dolendo oblitera. Tráese aquí como ejemplar del grabado panfletario, abusivo en lo glorificante y en lo mordaz, que se hacía en Holanda, pues el autor pretende que la causa del levantamiento del asedio (21-25.VII), se debió a la embos- cada de la caballería española que repro- duce a la derecha, en la que cayeron 4 compañías de caballos (Nicelli, Pradilla, Carafa y Dávalos), donde se perdió un centenar de hombres. |
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