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| RELACIÓN DEL SOCORRO DE BRUJAS, EJECUTADO Y ESCRITO POR DON CAR- LOS COLOMA, MAESE DE CAMPO GENERAL DE FLANDES, EN TIEMPO DE LA SEÑORA INFANTA DOÑA ISABEL. AÑO DE 1631 (PUBLICADA EN LA COLECCIÓN DE LIBROS RAROS Y CURIOSOS, VOL. 14 (MADRID, RIBADENEIRA, 1880) * * * «LAS GUERRAS DE LOS ESTADOS BAJOS, DESDE EL AÑO 1588 HASTA EL DE 1599, RECOPILADAS POR DON CARLOS COLOMA, CABALLERO DEL HÁBITO DE SANTIAGO, COMENDADOR DE MONTIEL Y LA OSSA, DEL CONSEJO SUPREMO DE GUERRA DE SU MAJESTAD, GOBERNADOR Y CASTELLANO DE CAMBRAI Y CAPITAN GENERAL DEL CAMBRESIS, EMBAJADOR EXTRAORDINARIO EN LA GRAN BRETAÑA, (DEDICADA) A DON DIEGO DE IBARRA, CABALLERO DEL HÁ- BITO DE SANTIAGO, COMENDADOR DE VILLAHERMOSA Y DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y GUERRA DE SU MAJESTAD. EN AMBERES, EN CASA DE PEDRO Y JUAN BELLERO, 1625». El autor de las relaciones, Carlos Coloma de Saa (ºAlicante, 9-II-1566; †Madrid, 23-XI-1637), hijo del I conde de Elda, fue uno de los más grandes soldados de su tiempo, pero también alcanzó justa notoriedad empleando la pluma. Sirvió en Flandes desde 1588 hasta 1600 y tras fungir el gobierno del Rosellón y el virreinato de Mallorca, volvió a empuñar las armas durante la guerra del Palatina- do (1620-21). En 1617 se le dio la capitanía general del Cambresado y desde entonces, salvo en dos embajadas en Londres (1622-24 y 1629-31), permaneció en Flandes, desempeñando el cargo de maestre de campo general de su ejército desde 1631 hasta el otoño de 1634, en que fue designado para gobernar el ejército de Milán, subordinado al entonces gobernador general Cardenal Albor - noz. Como su biografía tendrá lugar aparte, quisiera traer aquí, como presentación, lo que escribía hace un par de años para defender un proyecto que tiene mucho que ver con el orígen de ésta web: «"Fundamentos" es otra apuesta difícil, tanto por los retos que plantea su edición como los de su posible aceptación. Publicar materiales inéditos y coetáneos sobre nuestra Historia militar mo - derna no es sencillo, en primer lugar, por las dificultades implícitas en hallarlos. Excuso deciros que estamos hablando aquí de documentos que muy pocos han visto, que nadie antes ha publica- do y cuyo propietario suele ser un coleccionista privado, porque los fondos públicos estan mucho más trabajados. Tal es el caso, por ejemplo, del relato que escribió sobre su última campaña mili - tar, la de 1635 en Milan, Carlos Coloma. Cuando la Real Academia de la Lengua reeditó en 1948 (BAE,28) su testimonio sobre «Las gueras de los Estados Bajos desde el año 1588 hasta el de 1599», se decía en su presentación que «los es - critos de Coloma son pocos y no conocemos más obras suyas que la citada versión de Tácito (una traducción) y la Historia de las Guerras de Flandes». Si la Academia ignoraba que, en 1880, la Colección de libros españoles raros o curiosos habia dado a la luz otro relato de Coloma (El socorro de Brujas, 1631), cuyo manuscrito conserva la B.N., qui- zá extrañe menos que también desconociera otro sobre la guerra del Palatinado, que notició Palau, y el que comentamos, ambos en manos privadas. Un hombre que demostró, aparte su valor y peri- cia militares, un acendrado gusto por la pluma es probable que escribiera mucho más de lo que se cree o hasta ahora se conoce.Si lo hizo sobre sus primeras y últimas campañas, es de presumir que lo hiciera también sobre las centrales; pero el problema no se reduce a buscar la aguja en el pajar, sino que es preciso dar también con el dueño de la aguja. El manuscrito de la campaña milanesa de 1634-1635 fue subastado por Sotheby's en Londres, el 26 de junio de 1973.Aunque ahora segui- mos una pista cierta, nada asegura que al final del camino —si llegamos a recorrerlo—, consigamos una copia del mismo. ¿Es importante? |
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| EN CONSTRUCCIÓN Concluída la anotación y revisión crítica de la primera parte de la campaña de 1595, así como el escaneando, la revisión ortográfica, prosopográfica y topo- nímica de las dos par- tes restantes de la mis- ma campaña, que serán pronto visitables. |
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| Carlos Coloma en una grisalla de Van Dyck (Boughton House). |
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| Texto inserto en el Boletin de la subasta de Sotheby's |
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| Coloma, ya marqués del Espinar, tenía 68 años cuando recibió, el 17.I.1634, la orden de abandonar Flandes, donde era MdCGral, castellano de Cambrai y capitán general del Cambresado, para servir en el Ejército de Lombardía con los empleos de MdCGral y de castellano de Milan.Los achaques le impedían montar a caballo y el nuevo puesto no mejoraba el que ya tenía, habiendo de servir a las órdenes del Cardenal Albornoz, gobernador general del Estado. Inicialmente rehusó, pero la insis- tencia del rey y su propia conciencia del deber le obligaron a aceptarlo. Cuando llegó a Milan, las mejores tropas habian partido hacia Alemania con el Cardenal Infante. Para empeorar las cosas, los franceses, que habían cerrado una alianza con los cantones helvéticos y los duques de Saboya, Mantua y Parma —éste último nieto del gran Alejandro Farnesio—, invadieron Lombardía desde el Piamonte y la Valtelina, que habían ocupado previamente a la declaración de guerra de 1635. Olivares culpó de aquella situación a Coloma, obteniendo del rey su inmediata sustitución por el marqués Leganés, pariente del valido; pero cuando éste llegó a Milán, seguido de importantes re- fuerzos, Coloma habia enderezado la crisis, logrando expulsar a los invasores tras obligarles a le- vantar el asedio de Valenza del Po. Habia recibido unas críticas feroces del Conde-Duque, de las que se hico eco Elliott, pero regresó a Madrid en triunfo y se le dió asiento en el Consejo de Estado. Ciertamente, podríamos reconstruír aquellos hechos sin contar con el manuscrito, pero nos falta- ría su hilo conductor. Tendríamos que colegir por qué se hizo lo que se hizo y lo más probable es que no llegaramos a identificar todos los elementos que conjugó quien tomó las decisiones. De ahi su importancia; tanto por el personaje, como por el envite, la agónica situación creada y su feliz, imprevista y rápida reversión. ¿A quién le interesa? Hasta ahora, a nadie porque, obviamente, no puede interesar lo que se des- conoce. ¿Y en el caso de que llegáramos a hacernos con una copia para publicarla? A muy pocos ahora, a muy pocos dentro de algunos años... a muy pocos siempre? Y aunque así fuera, ¿hemos de renunciar por ello a ensanchar el acervo histórico de la época en que trabajamos? Ahí es donde creo que reside lo que pueda tener de trascendencia y valor la serie complementaria a la revista que, con vuestra ayuda y apoyo, quiero promover y hemos comenzado ya. Lo que hace falta es que pueda continuar.No sobra aquí apuntar que, al igual que en Researching & Dragona, la idea motriz no es otra que la de abrir espacios a la memoria y el respeto de quienes forjaron con sus hechos la Historia militar de España en la Edad Moderna. Y cuanto más profundo y documentado llegue a ser nuestro conocimiento de aquellos hombres, sus acciones y aquellas situaciones, tanto más sa- tisfechos quedaremos del camino emprendido y del trabajo hecho». Fin de la cita. Digamos, por último, que el manuscrito fue adquirido por el Archivio di Stato di Ro- ma, pero nuestras pesquisas para conseguir una copia ante dicha institución no han tenido éxito hasta el presente; de hecho, parece que ya no se halla allí, ni tampoco en el Archivo de Milán. Por fortuna, las obra que traemos aquí —que no serán las únicas de Coloma en nuestra página— fue publicada en su momento (1625), e incluso conoció una segunda edición en vida del autor (1635), aunque la más popular, y la que contribuyó decisivamente a su actual difusión, es la de 1949 (Bi - blioteca de Autores Españoles, no. 28). Las razones que movieron a Carlos Coloma para principiar con dicha obra su actividad literaria e histórica, quedaron expuestas de su propia mano en el prólogo de la misma, pero es demasiado extenso para reproducirlo quí, como se hecho con otros memoristas. JUAN L. SANCHEZ |
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| El sitio de Valenza del Po en 1635, pintado por P. Snayers para la colección del marqués de Leganés. |
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| Miguel Angel Guill, estudioso de la figura y obra de Carlos Coloma, no solo acabó logrando conseguir una copia del manuscrito al que hacemos referencia, sino que más recientemente(2008) acaba de publicar una magnífica bio- grafia sobre el personaje titulada: Carlos Coloma (1566-1637), espada y pluma de los tercios. El enlace os llevará directamente a la editorial, pero basta teclaer el título completo en cualquier buscador para que puedan verse satisfechas cualesquiera opcio- nes de compra. Por supuesto, yo ya tengo un ejemplar, que es la opción que os recomiendo. |
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| NOTA: Esta página ha dado lugar al mayor número de consultas y correspondencia de todo el sitio, aparte la colaboración de Miguel Angel Guill, estudioso del Archivo de la Casa de Elda, en la redacción final de la biografía de Don Carlos. Quizá puedan ser útiles la publicación de algunas. PREG: ¿Quién puso a la venta el manuscrito de Coloma? RESP: El manuscrito formaba parte de una amplia colección documental reunida por el conde-duque de Montemar, segundo conquistador de Nápoles (1733), cuyo título pasó a los Osorio de Moscoso, de la Casa de Altamira. Es difícil identificar al ven - dedor, dado que las casas de subastas no lo facilitan en ningún caso y no suelen publicarlo sino excepcionalmente, cuando coadyuva a la autenticación de las piezas o colecciones. Pero no hay que olvidar que los condes de Altamira habían subastado ya la importante colección de pinturas del marqués de Leganés (1820), así como la documentación acopiada por el duque de Montemar sobre la reconquista del antiguo virreinato, hoy preservada en el Archivio di Stato de Nápoles (serie Montemar). En todo caso, la documentación que se subastó el martes 26 de junio de 1973, en Londres, había sido previamente separada en lotes por los especialistas de Sotheby's. Así, el manuscrito de Coloma (que incluye también cartas del rey y de Olivares), fue adjudicado por 450 libras esterlinas al Archivio di Stato, Rome, institución que empleó otras 17.340 libras de aquel enton- ces en la adquisición de otros lotes. Duele ver como la Biblioteca Nacional de Paris, la Municipal de Nancy o el Archivo Depar- tamental de La Moselle, etc. empleraron sumas ingentes en la compra de los papeles de Montemar, mientras que la Embaja- da de España en Londres, único pujador nacional, invirtió solo 100 libras en un plano manuscrito de la «Plaza y Baya de Gi - braltar». Hasta el profesor Elliott gastó más dinero, de su propio bolsillo, en adquirir documentos relativos al Conde-Duque de Olivares, que sin duda rentabilizó al emplearlos en la redacción de su excelente libro. PREG.: Comentas algo sobre un manuscrito de la guerra del Palatinado atribuido a Coloma, ¿Qué se sabe de él?. RESP: Poca cosa. Lo dio a conocer Paláu pero parece que ya no existe, o que esta en manos de alguien que no sabe lo que tie- ne, lo que no es extraño con herederos de la 4ª generación. De todas formas, Paláu atribuyó a Coloma la corrección y conclu- sión del trabajo de Ibarra sobre la Guerra del Palatinado (edición de 1884), y supongo que sería por algo. Pero sin localizar el manuscrito no podemos hacer más que conjeturas. La referencia a «La Guerra del Palatinado», escrita por Carlos Coloma y citada por Palau, puede deberse a una pequeña con- fusión. En 1884, fue publicado un libro (Imprenta de la Viuda e Hijos de J. Subirana, Barcelona), de la colección "La verdade- ra Ciencia Española", en dos tomos, titulado "Guerras del Palatinado y de los Estados Bajos", y como autor figuraban D.Fran- cisco de Ibarra y D. Carlos Coloma. Este libro contiene dos obras «La Guerra del Palatinado» que ocupa la mitad del primer tomo y «La Guerra de los Estados Bajos» que ocupa parte del primer tomo y todo el segundo. El autor de la primera es Don Francisco de Ibarra y el de la segunda Don Carlos Coloma. Creo que al estar las dos obras en el mismo libro y figurar en la pri- mera página Carlos Coloma, es posible que se haya atribuido, en algún índice, a este último como autor de "Las Guerras del Palatinado». RESP: Tus observaciones son muy sensatas, pero el hecho es que D. Francisco murió en la batalla de Fleurus (16.VIII.1622) mientras el texto que se le atribuye cubre hasta el final de aquella campaña; es obvio que alguien, sin duda militar, tuvo que terminarlo. También sorprende la homogeneidad estilística del conjunto, por lo que cabe pensar que quien lo completó tam- bién lo revisó y corrigió ¿Coloma? No sería yo el primero que piensa en él, pero para probarlo sería necesario un análisis tesi- tual y semiológico del texto; su comparación con los diferentes manuscritos del mismo y con las dos ediciones impresas que ha conocido, lo que dudo que llegue a hacerse nunca. Probablemente, Palau pensara lo mismo y quizá hasta enmascarara el asunto de manera que, si finalmente se descubriera ser otro el coautor, pudiera justificarse quiza como tu lo has hecho. De todas formas, mucho antes que él, sospechó lo mismo Céspedes y Meneses, que utilizó una de las primeras copias (manus- critas) de las que se tienen noticia en su Historia de Felipe IV (1ª parte); no es difícil conjeturar como se hizo con ella, ya que era amigo de Diego de Ibarra, padre de Francisco, consejero de Estado y Guerra, comendador de Villahermosa, a quien, por cierto, dedicó Coloma su opera prima: las campañas de Flandes desde 1588 hasta 1599. Pero también sabemos que Matías de Novoa,ayuda de cámara e historiador del mismo rey, poseyó otra copia del manuscrito.Antes de la edición que comentas, Mo- rel Fatio publicó otra, que no procede del mismo original porque tengo párrafos enteros copiados hace años en la B.N. (ya in- formatizados), y no siempre coinciden exáctamente con la edición catalana, que es la que están digitalizando los responsables de la web Sátrapa. Recientemente he vuelto a tener noticias de Miguel Angel Guill, meticuloso y perseverante investigador, donde me comenta lo que sigue: —«Según mis informaciones, la obra «Guerra del Palatinad», tiene todos los números para que la corrigiera y terminara Co- loma, puesto que los dos coautores recibieron licencia en 1621 para realizar unas misiones diplomáticas en Madrid, en plena Guerra del Palatinado. Allí coincidieron sin duda en casa del padre de Francisco de Ibarra, a la que Coloma acudía con frecu - encia para conversar de temas militares y literarios. Coloma permaneció en Madrid mientras Francisco regresó de nuevo a la guerra, donde murió». —«He encontrado un folleto editado en 1635. Se trata de una carta de Coloma donde narra parcialmente los acontecimientos de valencia del Po: Verdadera relacion de una carta Embiada por el señor don Carlos Colona al señor cardenal Albornoz, de veynte uno de Octubre de mil doscientos treynta y cinco, y otra al Marques de Villafranca General de las galeras de España, a los veynte y cinco de Octubre del dicho año. Contiene lo que los Españoles han hecho en Valencia del Po. Fueron impresas en Barcelona por Gabriel Noges, 1635. La Biblioteca de la Universidad de Barcelona posee un ejemplar en el área de los fon - dos de reserva. Signatura 07 B-60/6/32-5. —Creo estar a punto de conseguir una rerpodución de los documentos de Coloma subastados en Londres, que parecen se en- cuentran actualmente depositados en el “Archivi di Stato di Napoli”. Estoy haciendo gestiones. Te mantendré informado. Pues aguardaremos tus noticias anhelantes y en suspenso, Miguel Angel. CONSEGUIDO. HE AQUI UNA MUESTRA PROBATORIA. La perseverancia de Miguel Angel Guill acabó dando el resultado apetecido. Él no se quedo "ad portas" como lo hice yo, en el Archivio di Stato de Roma, edificio colosal que no ya los estudiosos, sino cualquier turista, se topa de camino al Panteón de Agripa saliendo de Piazza Navonna. Quizá la lectura atenta de las notas precedentes le llevó a sospechar lo que ni yo mismo llegué a elucubrar: que el destinatario final de la pieza no fuera quien pagó por ella, sino la Institución que, pacientemente, va recopilando y rehaciendo los antiguos fondos documentales acopiados por la Casa de Montemar, responsable de la restaura- ción borbónica en el antiguo virreinato y que, con el paréntesis republicano (1798-99) y napoleónico (1806-15), perduraría hasta la unificación de Italia (1860). Felcicidades, Miguel Angel, por se capaz de rescatarlo del olvido y ponerlo al servicio de cuantos nos apasionamos por estos temas. Tengo que añadir que, una vez pacientemente transcrito, tiene la intención de revisarlo, actualizar su ortografía y puntuación y darlo a la luz, con el adecuado soporte de notas. Tan pronto completó su transcrición literal que remitió una copia, que le agradezco, con la reserva de que no le diera difusión para no frustar su piublicación, que supongo emprenderá pronto, una vez que ha ultimado ya la biografía de Coloma en la que trabajaba. No creo conculcar mi compromiso sacando a la luz la de- dicatoria que abre el fol. primero del manuscrito, dirigida al Conde Duque de Olivares, que reza como sigue: Al Conde Duque de san Lucar del Consº de Estado del Rey nro señor Cam.ro mayor y Cavall.zo mayor de su M.ª Es señor tan delicada cuerda en la armonia de la vida. Ema na la prima (primera) de la reputacion, particularmente para los que no teniendo otro caudal en este mundo, vinimos necesitados de valer nos della, para después de adquirida y beneficiada ponerla a los pies del Rey, Dios le guarde, y de su mayor ministro (como por lo bien de la monarquia de su M.d lo es Vexª.) que me ha parecido no solo conveniente, sino necesario para su conserva cion, y augmento el suplicar aV.E. se sirva de passar los ojos por estos rasguños frutos de la verdad, y nietos de las obligaciones con que naci, dando, (como doy) muchas gracias a los que con sus males oficios dieron ocasión el año pasado a que yo tomase con particular gusto este trabajo, que sin el saynete del que trabe consigo el reconvenir con la Verdad misma alos que en este gran teatro del mundo, no dudaron de desacreditarme de todo puntote fuera imposible, y mas si en do ellos de tal estado, y calidad que dexan totalmente cerra da la puerta a cualquier o tro genero de satisfacion que se le pueda pedir. V.ex.ª se sirva de verlos con su prudente aten cion, y juzgarlos con la igualdad y entereza que Vexª. acostumbra para que mereciendo aprobación mis acciones en esta parte quede yo con ella a un mismo tiempo reconocido y obli gado a continuarlos sin descaezer de la altura en que me tienen puestos mis buenos deseos de acertar guarde Nro. Señor a V.S. como yo desseo y he menester. |
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