«LAS GUERRAS DE LOS ESTADOS BAJOS, DESDE EL AÑO 1588 HASTA EL DE
1599, RECOPILADAS POR DON CARLOS COLOMA, CABALLERO DEL HÁBITO
DE SANTIAGO, COMENDADOR DE MONTIEL Y LA OSSA, DEL CONSEJO SU
PRE-
MO DE GUERRA DE SU MAJESTAD, GOBERNADOR Y CASTELLANO DE CAM -
BRAI Y CAPITAN GENERAL DEL CAMBRESIS, EMBAJADOR EXTRAORDINARIO
EN LA GRAN BRETAÑA, (DEDICADA) A DON DIEGO DE IBARRA, CABALLERO
DEL HÁBITO DE SANTIAGO, COMENDADOR DE VILLAHERMOSA Y DE LOS
CONSEJOS DE ESTADO Y GUERRA DE SU MAJESTAD. EN AMBERES, EN CASA
DE PEDRO Y JUAN BELLERO, 1625».

El autor de la relación, Carlos Coloma de Saa (ºAlicante, 9-II-1566; †Madrid, 23-XI-1637), hijo
del I conde de Elda, fue uno de los más grandes soldados de su tiempo, pero también
alcanzó
justa notoriedad empleando la pluma. Sirvió en Flandes desde 1588 hasta 1600 y tras
detentar
el gobierno del Rosellón y el virreinato de Mallorca, regresó en 1619 para la guerra
del Palatina-
do. En 1617 se le dio la capitanía general del Cambresado y desde entonces, salvo dos embajadas
en Londres (1622-24 y 1629-31), permaneció en Flandes, desempeñando el cargo del MdCGral
de su ejército hasta el otoño de 1634, en que fue designado para gobernar el ejército de Milán,
subordinado al entonces gobernador general Cardenal Albornoz. Como
su biografía tendrá lu-
gar aparte, quisiera traer aquí, como presentación, lo que escribía hace un par de años para de-
fender un proyecto que tiene mucho que ver con el orígen de ésta página web:

«"Fundamentos" es otra apuesta difícil, tanto por los retos que plantea su edición como los de
su posible aceptación. Publicar materiales inéditos y coetáneos sobre nuestra Historia militar
moderna no es sencillo, en primer lugar, por las dificultades implícitas en hallarlos. Excuso
de-
ciros que estamos hablando aquí de documentos que muy pocos han visto, que nadie antes ha
publicado y cuyo propietario suele ser un coleccionista privado, porque los fondos
públicos es-
tan mucho más trabajados. Tal es el caso, por ejemplo, del relato que escribió sobre su última
campaña militar, la de 1635 en Milan, Carlos Coloma.

Cuando la Real Academia de la Lengua reeditó en 1948 (BAE,28) su testimonio sobre «Las
gue-
ras de los Estados Bajos desde el año 1588 hasta el de 1599», se decía en su presentación que
«los escritos de Coloma son pocos y no conocemos más obras suyas que la citada
versión de Tá-
cito (una traducción) y la Historia de las Guerras de Flandes».

Si la Academia ignoraba que, en 1880, la Colección de libros españoles raros o curiosos habia
dado a la luz otro relato de Coloma (El socorro de Brujas, 1631), cuyo manuscrito conserva
la B.
N., quizá extrañe menos que también desconociera otro sobre la guerra del Palatinado, que noti-
ció Palau, y el que comentamos, ambos en manos privadas. Un hombre que demostró, aparte su
valor y pericia militares, un acendrado gusto por la pluma es probable que escribiera mucho más
de lo que se cree o hasta ahora se conoce. Si lo hizo sobre sus primeras y
últimas campañas, es
de presumir que lo hiciera también sobre las intermedias; pero el problema no se reduce a bus
-
car la aguja en el pajar, sino que es preciso dar también con el dueño de la aguja. El manuscrito
de la campaña milanesa de 1634-1635 fue subastado por Sotheby's
en Londres, el 26 de junio de
1973. Aunque ahora seguimos una pista cierta, nada asegura
que al final del camino —si llega -
mos a recorrerlo—, consigamos una copia del mismo. ¿Es importante?
PAGINA PRINCIPAL
CAMPAÑA DE 1595 (I)
CAMPAÑA DE 1595 (II)
CAMPAÑA DE 1595 (III)
EN CONSTRUCCIÓN
Concluída la anotación
y revisión crítica de la
primera parte de la
campaña de 1595, así
como el escaneando, la
revisión ortográfica,
prosopográfica y topo-
nímica de las dos par-
tes restantes de la mis-
ma campaña, que serán
pronto visitables.
Carlos Coloma en una grisalla de
Van Dyck (Boughton House).
Texto inserto en el Boletin de la subasta de Sotheby's
Coloma, ya marqués del Espinar, tenía 68 años cuando recibió, el 17.I.1634, la orden de aban-
donar Flandes, donde era MdCGral, castellano de Cambrai y capitán general del Cambresado,
para servir en el Ejército de Lombardía con los empleos de MdCGral y de castellano de Milan.
Los achaques le impedían montar a caballo y el nuevo puesto no mejoraba el que ya tenía,
ha-
biendo de servir a las órdenes del Cardenal Albornoz, gobernador general del Estado. Inicial -
mente rehusó, pero la insistencia del rey y su propia conciencia del deber le obligaron a
acep-
tarlo. Cuando llegó a Milan, las mejores tropas habian partido hacia Alemania con el Cardenal
Infante. Para colmo, en 1635 los franceses, que habían cerrado una alianza con los
cantones
helvéticos y los duques de Saboya, Mantua y Parma —éste último nieto del gran
Alejandro Far-
nesio—, invadieron Lombardía desde el Piamonte y la Valtelina, que habían ocupado previa -
mente a la declaración de guerra. Olivares culpó de aquel desastre a Coloma, obteniendo del rey
su inmediata sustitución por el marqués Leganés, pariente del valido;
pero cuando éste llegó a
Milán, seguido de importantes refuerzos, Coloma habia enderezado
la situación, logrando ex -  
pulsar a los invasores tras obligarles a levantar el asedio de Valenza del Po. Habia recibido unas
críticas feroces de
l Conde-Duque, de las que se hico eco Elliott, pero regresó a Madrid en triun-
fo y se le dió asiento en el Consejo de Estado.

Ciertamente, podríamos reconstruír aquellos hechos sin contar con el manuscrito, pero nos
faltaría su hilo conductor. Tendríamos que colegir por qué se hizo lo que se hizo y lo más pro
ba-
ble es que no llegaramos a identificar todos los elementos que conjugó quien tomó las de
cisio-
nes. De ahí su importancia; tanto por el personaje, como por el envite, la agónica situa
ción crea-
da y su feliz, imprevista y rápida reversión.

¿A quién le interesa? Hasta ahora, a nadie porque, obviamente, no puede interesar lo que se
desconoce. ¿Y en el caso de que llegáramos a hacernos con una copia para publicarla? A
muy
pocos ahora, a muy pocos dentro de algunos años... a muy pocos siempre? Y aunque así
fuera,
¿hemos de renunciar por ello a ensanchar el acervo histórico de la época en que trabajamos?
Ahí es donde creo que reside lo que pueda tener de trascendencia y valor la serie complemen
-
taria a la revista que, con vuestra ayuda y apoyo, quiero promover y hemos comenzado ya. Lo
que hace falta es que pueda continuar. No sobra aquí apuntar que, al igual que en
Researching
& Dragona, la idea motriz no es otra que la de abrir espacios a la memoria y el
respeto de quie -
nes forjaron con sus hechos la Historia militar de España en la Edad Moderna. Y cuanto más
profundo y documentado llegue a ser nuestro conocimiento de aquellos
hombres, sus acciones
y aquellas situaciones, tanto más satisfechos quedaremos del camino
emprendido y del trabajo
hecho».

Fin de la cita. Digamos, por último, que el manuscrito fue adquirido por el Archivio di Stato di
Roma, pero nuestras pesquisas para conseguir una copia ante dicha institución no han tenido
éxito hasta el presente; de hecho, parece que ya no se halla allí, ni tampoco en el Archivo
de Mi-
lán. Por fortuna, la obra que traemos aquí —que no será la única de Coloma en nuestra página—
fue publicada en su momento (1625), e incluso conoció una segunda edición en vida del autor
(1635), aunque la más popular, y la que contribuyó decisivamente a su actual
difusión, es la de
1949 (Biblioteca de Autores Españoles).

Las razones que movieron a Carlos Coloma para principiar con dicha obra su actividad lite
raria
e histórica, quedaron expuestas de su propia mano en el prólogo de la misma, pero es
demasia-
do extenso para reproducirlo quí, como se hecho con otros memoristas.

                                                                                                                  JUAN L. SANCHEZ
El sitio de Valenza del Po en 1635,
pintado por P. Snayers para la
colección del marqués de
Leganés.
Miguel Angel Guill, estudioso de
la figura y obra de Carlos Coloma,
no solo acabó logrando conseguir
una copia del manuscrito al que
hacemos referencia, sino que
más recientemente(2008) acaba
de publicar una magnífica bio-
grafia sobre el personaje titulada:
Carlos Coloma (1566-1637),
espada y pluma de los tercios.

El enlace os llevará directamente
a la editorial, pero basta teclaer
el título completo en cualquier
buscador para que puedan verse
satisfechas cualesquiera opcio-
nes de compra. Por supuesto, yo
ya tengo un ejemplar, que es la
opción que os recomiendo.
CAMPAÑA DE 1595 (I)
SUBIR AL COMIENZO
PÁGINA PRINCIPAL
NOTA: Esta página ha dado lugar al mayor número de consultas y correspondencia de todo el sitio, aparte la colaboración de
Miguel Angel Guill, estudioso del Archivo de la Casa de Elda, en la redacción final de la biografía de
Don Carlos. Quizá puedan
ser útiles la publicación de algunas.
PREG: ¿Quién puso a la venta el manuscrito de Coloma?
RESP: El manuscrito formaba parte de una amplia colección documental reunida por el conde-duque de Montemar, segundo
conquistador de Nápoles (1733), cuyo título pasó a los Osorio de Moscoso, de la Casa de Altamira. Es difícil identificar al ven -
dedor, dado que las casas de subastas no lo facilitan en ningún caso y no suelen publicarlo sino excepcionalmente, cuando
coadyuva a la autenticación de las piezas o colecciones.
Pero no hay que olvidar que los condes de Altamira habían subastado
ya la importante colección de pinturas del marqués de Leganés (1820), así como la documentación acopiada por el duque de
Montemar sobre la reconquista del antiguo virreinato, hoy preservada en el
Archivio di Stato de Nápoles (serie Montemar).
En todo caso, la documentación que se subastó el martes 26 de junio de 1973, en Londres, había sido previamente separada
en lotes por los especialistas de Sotheby's. Así, el manuscrito de Coloma (que incluye también cartas del rey y de Olivares),
fue adjudicado por 450 libras esterlinas al Archivi
o di Stato, Rome, institución que empleó otras 17.340 libras de aquel enton-
ces en la adquisición de otros lotes. Duele ver como la Biblioteca Nacional de Paris, la Municipal de Nancy o el Archivo Depar-
tamental de La Moselle, etc. empleraron sumas ingentes en la compra de los papeles de Montemar, mientras que la Embaja-
da de España en Londres, único pujador nacional, invirtió solo 100 libras en un plano manuscrito de la «Plaza y Baya de Gi -
braltar». Hasta el profesor Elliott gastó más dinero, de su propio bolsillo, en adquirir documentos relativos al Conde-Duque
de Olivares, que sin duda rentabilizó al emplearlos en la redacción de su excelente libro.

PREG.: Comentas algo sobre un manuscrito de la guerra del Palatinado atribuido a Coloma, ¿Qué se sabe de él?.
RESP: Poca cosa. Lo dio a conocer Paláu pero parece que ya no existe, o que esta en manos de alguien que no sabe lo que tie-
ne, lo que no es extraño con herederos de la 4ª generación. De todas formas, Paláu atribuyó a Coloma la corrección y conclu-
sión del trabajo de Ibarra sobre la Guerra del Palatinado (edición de 1884), y supongo que sería por algo. Pero sin localizar el
manuscrito no podemos hacer más que conjeturas.

La referencia  a «La Guerra del Palatinado», escrita por Carlos Coloma y citada por Palau, puede deberse a una pequeña con-
fusión. En 1884, fue publicado un libro (Imprenta de la Viuda e Hijos de J. Subirana, Barcelona), de la colección "La verdade-
ra Ciencia Española", en dos tomos, titulado "Guerras del Palatinado y de los Estados Bajos", y como autor figuraban D.Fran-
cisco de Ibarra y D. Carlos Coloma. Este libro contiene dos obras «La Guerra del Palatinado» que ocupa la mitad del primer
tomo y «La Guerra de los Estados Bajos» que ocupa parte del primer tomo y todo el segundo. El autor de la primera es D
on
Francisco de Ibarra y el de la segunda Don Carlos Coloma. Creo que al estar las dos obras en el mismo libro y figurar en la pri-
mera página Carlos Coloma, es posible que se haya atribuido, en algún índice, a este último como autor de "Las Guerras del
Palatinado».
RESP: Tus observaciones son muy sensatas, pero el hecho es que D. Francisco murió en la batalla de Fleurus (16.VIII.1622)
mientras el texto que se le atribuye cubre hasta el final de aquella campaña; es obvio que alguien, sin duda militar, tuvo que
terminarlo. También sorprende la homogeneidad estilística del  conjunto, por lo que cabe pensar que quien lo completó tam
-
bién lo revisó y corrigió ¿Coloma? No sería yo el primero que piensa en él, pero para probarlo sería necesario un análisis tesi-
tual y semiológico del texto; su comparación con los diferentes manuscritos del mismo y con las dos ediciones impresas que
ha conocido, lo que dudo que llegue a hacerse nunca. Probablemente, Palau pensara lo mismo y quizá hasta enmascarara el
asunto de manera que, si finalmente se descubriera ser otro el coautor, pudiera justificarse quiza como tu lo has hecho. De
todas formas, mucho antes que él,  sospechó lo mismo Céspedes y Meneses, que utiliz
ó una de las primeras copias (manus-
critas) de las que se tienen noticia en su Historia de Felipe IV (1ª parte); no es difícil conjeturar como se hizo con ella, ya que
era amigo de Diego de Ibarra,  padre de Francisco, consejero de Estado y  Guerra, comendador de Villahermosa, a quien, por
cierto, dedicó Coloma su opera prima: las campañas de Flandes desde 1588 hasta 1599. Pero también sabemos que Matías de
Novoa,ayuda de cámara e historiador del mismo rey, poseyó otra copia del manuscrito.Antes de la edición que comentas, Mo
-
rel Fatio publicó otra, que no procede del mismo original porque tengo párrafos enteros copiados hace años en la B.N. (ya in-
formatizados), y no siempre coinciden exáctamente con la edición catalana, que es la que están digitalizando los responsables
de la web Sátrapa.

Recientemente he vuelto a tener noticias de Miguel Angel Guill, meticuloso y perseverante investigador, donde me comenta
lo que sigue:

—«Según mis informaciones, la obra «Guerra del Palatinad», tiene todos los números para que la corrigiera y terminara Co-
loma, puesto que los dos coautores recibieron licencia en 1621 para realizar unas misiones diplomáticas en Madrid, en plena
Guerra del Palatinado. Allí coincidieron sin duda en casa del padre de Francisco de Ibarra, a la que Coloma acudía con frecu
-
encia para conversar de temas militares y literarios.  Coloma permaneció en Madrid mientras  Francisco regresó de nuevo a
la guerra, donde murió».
—«He encontrado un folleto editado en 1635. Se trata de una carta de Coloma donde narra parcialmente los acontecimientos

de valencia del Po: Verdadera relacion de una carta Embiada por el señor don Carlos Colona al señor cardenal Albornoz, de
veynte uno de Octubre de mil doscientos treynta y cinco, y otra al Marques de Villafranca General de las galeras de España,
a los veynte  y cinco de Octubre del dicho año. Contiene lo que los Españoles han hecho en Valencia del Po
. Fueron impresas
en Barcelona por Gabriel Noges, 1635. La Biblioteca de la Universidad de Barcelona posee un ejemplar en el área de los fon
-
dos de reserva. Signatura 07 B-60/6/32-5.
—Creo estar a punto de conseguir una rerpodución de los documentos de Coloma subastados en Londres, que parecen se en
-
cuentran actualmente depositados en el “Archivi di Stato di Napoli”. Estoy haciendo gestiones. Te mantendré informado.
Pues aguardaremos tus noticias anhelantes y en suspenso, Miguel Angel.

CONSEGUIDO. HE AQUI UNA MUESTRA PROBATORIA.
La perseverancia de Miguel Angel Guill acabó dando el resultado apetecido. Él no se quedo "ad portas" como lo hice yo, en el
Archivio di Stato de Roma, edificio colosal que no ya los estudiosos, sino cualquier turista, se topa de camino al Panteón de
Agripa saliendo de Piazza Navonna. Quizá la lectura atenta de las notas precedentes le llevó a sospechar lo que ni yo mismo
llegué a elucubrar: que el destinatario final de la pieza no fuera quien pagó por ella, sino la Institución que, pacientemente, va
recopilando  y rehaciendo los antiguos fondos documentales acopiados por la Casa de Montemar, responsable de la restaura-
ción borbónica en el antiguo virreinato y que, con el paréntesis republicano (1798-99) y napoleónico (1806-15), perduraría
hasta la unificación de Italia (1860).  Felcicidades, Miguel Angel, por se capaz de rescatarlo del olvido y ponerlo al servicio de
cuantos nos apasionamos por estos temas.
Tengo que añadir que, una vez pacientemente transcrito, tiene la intención de revisarlo, actualizar su ortografía y puntuación
y darlo a la luz, con el adecuado soporte de notas. Tan pronto completó su transcrición literal que remitió una copia, que le
agradezco, con la reserva de que no le diera difusión para no frustar su piublicación, que supongo emprenderá pronto, una
vez que ha ultimado ya la biografía de Coloma en la que trabajaba. No creo conculcar mi compromiso sacando a la luz la de-
dicatoria que abre el fol. primero del manuscrito, dirigida al Conde Duque de Olivares, que reza como sigue:
 
Al Conde Duque de san Lucar del Consº de Estado del Rey nro
señor Cam.ro mayor y Cavall.zo mayor de su M.ª
Es señor tan delicada cuerda en la armonia de la vida. Ema
na la prima (primera) de la reputacion, particularmente para los que no
teniendo otro caudal en este mundo, vinimos necesitados de valer
nos della, para después de adquirida y beneficiada ponerla a
los pies del Rey, Dios le guarde, y de su mayor ministro (como
por lo bien de la monarquia de su M.d lo es Vexª.) que me ha
parecido no solo conveniente, sino necesario para su conserva
cion, y augmento el suplicar aV.E. se sirva de passar los
ojos por estos rasguños frutos de la verdad, y nietos de las
obligaciones con que naci, dando, (como doy) muchas gracias
a los que con sus males oficios dieron ocasión el año pasado
a que yo tomase con particular gusto este trabajo, que sin el
saynete del que trabe consigo el reconvenir con la Verdad
misma alos que en este gran teatro del mundo, no dudaron
de desacreditarme de todo puntote fuera imposible, y mas si en
do ellos de tal estado, y calidad que dexan totalmente cerra
da la puerta a cualquier o tro genero de satisfacion que se
le pueda pedir. V.ex.ª se sirva de verlos con su prudente aten
cion, y juzgarlos con la igualdad y entereza que Vexª.
acostumbra para que mereciendo aprobación mis acciones en
esta parte quede yo con ella a un mismo tiempo reconocido y obli
gado a continuarlos sin descaezer de la altura en que me tienen
puestos mis buenos deseos de acertar guarde Nro. Señor a V.S.
como yo desseo y he menester.


RELACIONES DE CARLOS COLOMA.