| CAMPAÑA DE 1641 (PRIMERA PARTE) Su Majestad Católica, continuando a emplear los dominios, tesoros y medios de sus otros reinos y estados y de sus Indias en la defensa y conservación de sus Estados de Flandes, su primer patrimonio, envió otra vez este año de 1641 grandes provisiones de dinero a S.A.R. su hermano, para que pudiese aumentar y reforzar su ejército, salir en campaña y pelear contra los ejércitos enemigos del rey de Francia y de los rebeldes holandeses, que durante tantos años han hecho guerra injusta a estas Provincias obedientes a su legítimo Rey. El rey de Francia, para hallar dinero y poder continuar su guerra injusta contra su Majetad Católica y la Casa de Austria, habiendo el año pasado declarado por un edicto que habia con- sumido y acabado sus dominios, medios y subsidios ordinarios y extraordinarios en susten- tar los ejércitos que tenia menester en tantas partes para oponerlos a las fuerzas de sus pode- rosos enemigos, se hallaba necesitado de forzar a los ricos y cómodos de su reino a pagar y contribuir cada uno una suma de dinero, segun estaban tasados por comisarios diputados al efecto, cada uno segun su riqueza y comodidad, para pagar sus dichos ejércitos hizo este año otro edicto en el cual declaró otra vez que sus dominios, medios y subsidios ordinarios y ex- traordinarios estando acabados, y el dinero que había sacado de los ricos y cómodos de su reino no bastando para continuar la guerra, y no hallando otro medio para furnir al sustento de sus dichos ejércitos, se hallaba forzado de hacer pagar por todo su reino el vigésimo dine- ro de toda y cualquier mercancía, ropa y hacienda que se vendiera en todo su reino, y todas las veces que una mercancía, ropa o hacienda se vendiera o se truecara, aun cuando fuese seis veces en un dia, habría de pagar cada vez el dicho vigésimo dinero, con promesa y pala- bra de rey que con esto no mandaría más contribuir a los ricos y cómodos de su reino por modo de tasación, como había hecho el año anterior; y que esta imposición del vigésimo dinero no duraría más tiempo hasta que Francia gozara una paz universal, empeño a que tendían todos sus designios e intentos. Verificada esta nueva imposición tan onerosa por edicto del rey en el Parlamento de Paris y establecida en todo el reino de Francia, el Rey Cristianísimo hizo saber tambien el acaba- miento de sus dominios, medios y subsidios ordinarios y extraordinarios a los eclesiásticos de su reino y que, habiendo mandado contribuir el año pasado a todos los ricos y cómodos y el año presente mandado a sus pueblos pagar el vigésimo dinero de toda y cualquier ropa y hacienda, todavía necesitaba más dinero para sustentar los ejércitos que estaba obligado a tener en pie contra sus enemigos, hallándose forzado a pedir también a los eclesiásticos de su reino una nueva ayuda de dinero. Después de muchas órdenes y muchos mandados del rey, y muchas diputaciones de obispos y prelados, los eclesiásticos se concertaron y ajusta- ron con S. M. Cristianísima que pagarían y contribuirían para el sustento de sus ejércitos, además de las décimas ordenadas que han pagado en todo tiempo, la quinta parte de la renta de todos los obispos, prelados, canónigos y otros eclesiásticos de cualquier calidad, median- te la palabra y promesa del rey que esta ayuda y subsidio eclesiástico no tiraría en conse- cuencia, sino que solo duraría hasta que Francia y la Iglesia francesa volvieran a una paz general, que con todo su poder buscaba. La dicha ayuda de la quinta parte de la renta de los eclesiásticos fue redimida en una suma de dinero de cinco millones y medio de florines. Con esta imposición del vigésimo dinero y la ayuda y subsidio de los eclesiásticos de toda Francia, habiendo alcanzado otra vez el rey grandes sumas de dinero, resolvió con el Carde- nal Richelieu no entrar aun en ningún tratado de paces, sino que mandó restaurar y aumen- tar sus ejércitos. El Cardenal Richelieu dispuso luego todo ese dinero para fomentar la gue- rra en toda Europa; destinó parte del dicho dinero para que la Corona de Suecia continuase la guerra en el Imperio; otra parte para que los Príncipes confederados con la Corona de Sue- cia continuaran la rebelión contra su Emperador; otra parte para que los holandeses conti- nuaran la rebelión a su rey, y el resto lo dispuso para restaurar los ejércitos de su rey. Al mismo tiempo, los Estados rebeldes de Holanda tomaron nuevo dinero a interés de los mercaderes de Amsterdam para restaurar su ejército y mandaron llenar los regimientos y las compañías sin aumentar su ejército este año, como habian hecho el año antecedente. Y debi- do a la gran instancia del rey de Francia y del Cardenal Richelieu resolvieron salir en campaña e intentar hacer guerra ofensiva, resolución que tomaron más forzados que de buena gana, habiéndoles el rey de Francia enviado a este fin un embajador expreso para apretarles y no apartarse de allí antes de que viese a su ejército en campaña. Nunca como esta vez estuvieron los Estados rebeldes de Holanda tantos días para deliberar sobre esta resolución porque hallaban que no era de su conveniencia ni interés que el rey de Francia hiciese mayores progresos en los paises obedientes a su rey, bien sabiendo que si el rey de Francia venia a vecinarles más cerca no dejaría sus paises y villas, conquistadas y usurpadas de su rey con el socorro de su dinero y soldados, lo que les habia costado tantos millones. Y aun no hubiesen tomado dicha resolución si el Príncipe de Orange no se hubiera portado tan en favor del dicho rey de Francia y hecho que los adherentes que tiene entre los dichos Estados hubiesen dado sus votos conforme a su inclinación. S. A. viendo que estaría acometido de dos enemigos, el francés y el holandés, y bien sabiendo que el francés le acometería otra vez con dos ejércitos y por dos diferentes partes, como hizo los otros años, empezó a disponer desde el principio del año para con las armas de S.M. Ca- tólica, su hermano, y la asistencia de S.M. Imperial poder resistir al uno y al otro enemigos y pelear con los dos ejércitos franceses y el de los holandeses. S.A.R. trató con S.M. imperial y el Serenísimo Archiduque Leopoldo para que fuesen servi- dos dar al Barón de Lamboy un ejército auxiliar más grande y más numeroso de infanteria y caballeria que el año anterior, aumentándolo con algunos regimientos más, y S.A.R dio al Barón de Lamboy una parte de las provisiones de dinero que S.M. le habia enviado para re- forzar, rehinchir y aumentar los regimientos de infantería y caballería que tenía ya bajo su mando, con los cuales habia peleado y socorrido a S.A.R. la campaña pasada, y que habían tenido sus cuarteles de invierno en los paises imperiales de Juliers y Cleves, para salir en la primavera de los dichos cuarteles y asistir con su ejército imperial donde S.A.R. le mandare. Con el dinero de S.M. el dicho Barón de Lamboy hizo despues diligencias para hacer reclutas y restaurar y aumentar sus regimientos, tanto de caballeria como de infantería. El Conde de Soissons, príncipe de la sangre de Francia, el Duque de Guise, príncípe de la Ca- sa de Lorena, el Duque de Bouillon, príncipe soberano de Sedan, y otros príncipes y minis- tros de la Corona de Francia declararon por un manifiesto que no pudiendo sufrir más al Cardenal Richelieu, el cual perseguía a todos los príncipes y grandes de Francia que podían oponerse a su autoridad, a los unos decapitándoles, a los otros apresándoles en la Bastilla y a los demás obliglándoles a salir de Francia para apoderarse de sus bienes, estados y gobier- nos, que había puesto a Francia en una guerra que no tenía menester, para sustentar la cual habia empeñado los dominios y subsidios de la Corona de Francia, hecho pagar al pueblo unas imposiciones intolerables, agotado el dinero de Francia y enviádolo a países extranjeros para suscitar guerras por toda Europa y forzado a los eclesiásticos a contribuir también con dinero y enviádolo en especie a Príncipes herejes para hacer la guerra a la Santa Iglesia y fe católica; los dichos Príncipes se hallaron reducidos a la necesidad de tomar las armas, no contra S M. Cristianísima ni contra su Estado, pero para el servicio de su rey y el bien y repo- so de Francia, contra el que ha puesto a Francia y a los príncipes y ministros de Francia y de la Corona en estos males, y para volver a Francia a una paz general. Con que habiéndose los dichos Príncipes retirado a la villa de Sedan, y bien sabiendo que el Cardenal de Richelieu los vendría a sitiar, pidieron socorro y asistencia a SS.MM. Imperial y Católica y a S.A. Real, pues el fin de todos ellos era forzar a S.M. Cristianísima a una paz general, lo cual deseaban de to- das veras dichas sus majestades para el bien y reposo de sus pueblos y de la Cristiandad. Inclinándose benignamente S.A.R. (el Cardenal Infante) a petición tan justa, dió a los dichos Príncipes de la paz tambien parte de las dichas provisiones de dinero para levantar algunos regimientos de infanteria y caballeria para formar un ejército y para que, con el dicho ejérci- to, hiciesen diversión del uno de los ejércitos franceses y tenerlo ocupado en aquel paraje de Sedan, con que no entraría en el pais de Hainaut, como el dicho rey tenia designado y habia ya dado orden al mariscal de Châtillon de que con aquel cuerpo de ejército entrase en el di- cho pais de Hainaut y al Mariscal de La Meilleraye con el otro cuerpo de ejército entrase en el pais de Artois. Con el dinero de S. M., los dichos príncipes se metieron luego a levantar seis regimientos: cuatro de infantería, cuyas patentes de leva dieron a los coroneles Marche, Loe- ne, Demares y Royene; y dos de caballería a los coroneles Griet y el barón de Celle. La otra parte de las dichas provisiones de dinero mandó S.A.R. emplearlas en levas nuevas de infanteria y caballeria en estos Estados, en remontar la caballería, en hacer provisión de municiones y víveres para asegurar las plazas fronteras y aumentar el tren de la artillería y los víveres para los dos ejércitos. Así que con estas provisiones tan liberales de S.M. y los di- neros que otra vez suministraron los del Consejo de Finanzas y los subsidios que con tanta afición dieron otra vez las provincias y villas de S.M., habiendo S.A.R. formado dos ejércitos, resolvió gobernar él mismo esta campaña el ejército que había designado para pelear contra Francia, declarando por orden de S.M. al Barón de Beck por maestre de campo general y al Conde de Fuensaldaña por general de la artilleria. Y del otro ejército designado para pelear contra los rebeldes holandeses declaró por general al Conde de Fontaine, por maestre de campo general al Marqués de Velada y por general de la artilleria al Conde de Sástago; y nombró los tercios de infanteria y las compañías de caballeria que habian de servir en el ejército, el cual S.A.R. quería mandar por su persona, y los otros tercios de infanteria y las compañías de caballeria que habían de estar a las órdenes del Conde de Fontaine; y mandó prevenir la artilleria y el tren necesario para salir en campaña tan presto como la estación lo permitiera. Entre tanto S. M. Cesárea no deseando nada mas que una reunión de los Príncipes del Im- perio mediante una paz en Alemania y extirpación de los Príncipes extranjeros, que tantos años han tenido al Imperio en una mala guerra, arruinando y despopulando tantas provin- cias y destruído la fe católica en tantas villas y plazas, ordenó una dieta imperial en la villa de Ratisbona [Regensburg] para con ella conseguir la tranquilidad en el Imperio y en la Cris- tiandad. Y estando S.M. cesárea en la dicha villa para asistir personalmente en la dicha dieta, pidió a todos los electores y príncipes del Imperio, y a los monarcas que tenian intereses en la dieta, acudir también a ella en persona, y los que no pudiesen que enviasen sus embajadores. Inclinándose benígnamente S.M. Católica a la dicha requisición de S.M. cesárea, envió orden al Sr. don Francisco de Melo, conde de Assumar, de su Consejo de Estado, su virrey de Sicilia y Capitán general de su ejército en Alsacia, de partir del dicho reino de Sicilia y asistir a la di- cha villa de Ratisbona para representar su persona en la dieta. Habiendo recibido dicha or- den don Francisco de Melo, obedeció enseguida y, dejando aquel reino en el mejor estado, tanto en cuanto al gobierno político como al de la milicia y el de la mar, y dejado los goberna- dores que, con poder y autoridad de S.M., habia nombrado partió de Sicilia y llegó a Nápoles, donde fue recibido por el virrey y la nobleza con muchas honras. De allí se embarcó para Gé- nova con dos galeras reforzadas, pero como le dió una borrasca en la playa romana que le obligó a volver atrás, tomó su camino por tierra. Durante el mismo, recibió tambien muchas honras no solo en los Estados de S.M. sino tambien en los del Papa y de los venecianos, por cuyos confines pasó hasta entrar en Alemania por el camino de Trento, y prosiguiendo su viaje llegó a la villa de Insbruck, adonde fue recibido por la Archiduquesa y los príncipes ar- chiducales con mucho agradecimiento y afición; allí recibió mayores honras que en ninguna otra parte y entre otras, por su respeto, fueron hechos tornoyes a la ortiga y al estafermo. De Insbruck llegó D. Francisco de Melo a la villa de Ratisbona en calidad de embajador extra- ordinario de S.M. Católica, con plenipotencia para tratar y concluir en esta dieta todo lo que fuera de conveniencia y decencia para la monarquía de España y de la Casa de Austria. Fue recibido de S.M. Cesárea y de los electores y príncipes del Imperio y de los otros embajado- res con mucha pompa y magnificencia, y S.M. le hizo mucha honra entregándole luego los más pesados e importantes negocios de la Dieta, en los cuales se estaba empleando con mu- chos efectos mientras S.A.R. el Infante hacía nuevas instancias a S.M. Católica, su hermano, para que le enviase persona a asistirle, deseando sumamente que fuese don Francisco de Melo. Y habiéndolo alcanzado de S.M., envió a don Miguel de Salamanca a Ratisbona para solicitar de S.M. Cesárea que fuese servido darle licencia de salir de allí y al señor don Fran- cisco para que se pusiese en camino después, como él hubiera deseado hacerlo si los muchos negocios del servicio de la Serenísima Casa que tenia en sus manos, y las sumas instancias que le hicieron el Emperador y la Emperatriz de acabarlos, no le hubiesen hecho dilatar su viaje, que solo pudo seguir algunos meses despues. Mientras S. M. Cesárea estaba así trabajando en la dicha Dieta para devolver al Imperio esa tranquilidad y esa reunión de sus vasallos, los suecos y sus confederados, habiendo buscado diferentes medios para impedir y estorbar esta Dieta, creyendo no poderse oponer a este bien con mayor efecto que llevando sus armas hasta las puertas de la misma villa, en la cual se ha- llaba S.M., el mariscal Banier con su ejército y el de sus confederados tomó su marcha hacia el ducado de Baviera y el reino de Bohemia, y de allí se acercó a la Villa de Ratisbona, con que S.M. cesárea habiendo algunos días resistido a la impetuosidad de las armas enemigas con su presencia y las tropas que tenia a la mano, mandó juntar prontamente su ejército entero y luego dió orden al Serenísimo Archiduque Leopoldo, su hermano, y al Conde Piccolomini de acometer al dicho general Banier en la parte donde le hallaren, lo que ejecutaron en el modo que sigue. Las tropas del Serenísimo Duque de Baviera se movieron primero tomando su marcha la vuelta de la ribera Nap, donde al instante fue echado un puente para pasar con toda diligencia el Serenísimo Archiduque Leopoldo, secundado del Conde Piccolomini, con la infantería y artillería y parte de la caballería del ejército imperial, marcharon hacia Camb; y por el otro lado se avanzó el Baron de Glein con el resto de la caballeria y con los dragones, para cortar al enemigo el camino y hallarse todas las tropas juntas a esta ejecución; y para hacer diversión y engañar al enemigo fue juzgado a propósito de hacer manera de querer pasar el Danubio por Straubingen, a cuyo efecto fue echado un puente en el dicho lugar y se hizo pasar la consigna de que el rendez-vous de las armas imperiales estaba designado a la otra parte del Danubio. Todo esto estando ajustado de esta manera, el día siguiente al amanecer, 2.000 caballos con- ducidos por el general Gaspar de Mercy, hallándose a menos de una legua del ejército enemi- go, encontraron cuatro regimentos de caballeria y las guardias del mismo Baner, todo a cargo del coronel Slangen, que marchaban hacia Camb, a los cuales embistieron los imperiales con tanto valor que les rompieron, tomando muchos prisioneros y adueñándose del bagaje, lo que obligó a Slangen a retirarse prontamente con el resto de sus tropas a la villa de Neuburg, donde fue ablocado y encerrado por el general Mercy, que avisó prontamente al Archiduque y Conde Piccolomini, con que marcharon con toda la armada a sitiar la plaza. Lo que enten- diendo Baner, se retiró de la villa de Camb hacia Erfurt, y el archiduque Leopoldo mandó al Conde Piccolomini investir la plaza, pero se rindieron luego y el Archiduque, no queriéndo- les recibir sino a discreción, mandó tomar preso al dicho Slangen, 4 coroneles, 200 oficiales y más de 2.000 soldados con 27 estandartes, todos los cuales fueron enviados a Ratisbona. Y tornando el Archiduque sus fuerzas contra Baner, le forzó a dejar el paraje de Ratisbona y le rechazó fuera del reino de Bohemia; y siguiéndole le quitó las plazas que había tomado sobre el rio Elba, siguiéndole hasta Sajonia. El Cardenal Richelieu había insistido mucho tiempo a S.A. el Duque de Lorena [para] venir a ver a S.M. Cristianísima sobre su palabra, salvoconducto y promesa de que le daría toda suerte de satisfacción. Dicha Alteza, creyendo demasiado ligeramente en las promesas del dicho Cardenal de Richelieu, se transportó a París y fue a besar la mano a S.M., donde se halló al instante empeñado a hacer un tratado y acuerdo con el dicho Cardenal en nombre de S.M. Cristianísima, tal como el dicho cardenal quería, con secretas advertencias de que si no se inclinaba a hacer lo que se le proponía, no debia esperar otra cosa que perecer. Así, su di- cha Alteza de Lorena se sometió a un tratado y acuerdo con el dicho cardenal en nombre de S.M. Cristianísima con las condiciones de que S.M. le restituiría su pais de Lorena y ducado de Bar, reservando las villas de Stenay, Jamais y Clermont para ser alienadas para siempre de la Casa de Lorena y agregadas a la Corona de Francia, la de Marsal desmantelada y Nancy quedar guardada con presidio francés hasta el fin de la guerra que S.M. Cristianísima susten- ta contra la augusta Casa de Austria. Sobre lo cual, el Duque Nicolás Francisco de Lorena, hermano de S.A. de Lorena, sabiendo que el Cardenal de Richelieu en nombre de S.M. Cristianísima habia sacado de su hermano este tratado por fuerza y violencia, y que el acuerdo seguido a las condiciones sobredichas tambien habian sido forzadas y violentadas, hizo protesto tanto en nombre de su señor y hermano como en su nombre propio y en nombre de todos los demás Príncipes de la Casa de Lorena, de la invalidez y nulidad de dicho acuerdo hecho y pasado por su dicho señor y her- mano con el Cardenal de Richelieu en nombre de S. M. Cristianísima, no pudiendo S.A. de Lorena alterar o alienar, tratar ni disponer de sus Estados en perjuicio de su casa y de sus sucesores y tambien por haber sido el dicho acuerdo forzado y violentado con cierta ciencia de que si su dicho señor y hermano no hubiera querido pasar por las condiciones que quería el Cardenal de Richelieu, como estaba ya en sus manos, no hubiera jamás salido de Francia, sabiendo que era la intención y voluntad de su señor y hermano que hiciese el dicho protesto en la manera y forma en que lo hizo. Y habiendo S.A. de Lorena vuelto a su pais, viendo que el Rey Cristianísimo, excepto La Mot- te, no hacia salir sus presidios de ninguna otra plaza de consideración, ni dejaba desmantelar la dicha villa de Marsal, no efectuando más que por mitad las dichas condiciones del dicho tratado y acuerdo, no quiso licenciar su tropas teniéndolas en pie hasta que el Rey Cristianí- simo hubiese hecho salir el dicho acuerdo a pleno efecto; y así quedó la ejecución del dicho tratado y acuerdo suspendida muchos días. Entretanto, venida la suasón [estación] para poder salir en alguna manera en campaña, que empezaba a haber hierba en los campos para forraje, los rebeldes holandeses habiendo ya embarcado su artillería y enviádola hacia Nimega, nombraron las compañías que de cada plaza frontera habian de salir en campaña, metiendo en lugar de las dichas compañías de sol- dados compañias de elegidos. El Príncipe de Orange mandó juntar la gente en plaza de armas en Littoyen, entre Bolduque y Grave, con orden de estar toda la gente junta en la dicha plaza de armas para el principio de junio. Cuando embarcaron la infantería salida de todos los pre- sidios y la encaminaron hacia el rendez-vous en Littoyen y la caballería marchó por tierra y llegó tambien allí, el Príncipe de Orange y los de los Estados de Holanda que estaban nom- brados para asistir con él en campaña partieron de La Haya y vinieron tambien a la dicha pla- za de armas, donde estuvo el ejército holandés algunos dias sin dar aun a conocer donde lle- varían su intento y designio. En el mismo tiempo, el rey de Francia mandó al mariscal de La Meilleraye juntar la infantería y la caballería que había nombrado para el cuerpo de ejército que él habia de mandar en plaza de armas junto a Abbeville, para a la primera orden entrar en el País de Artois y sitiar la plaza que se le ordenara. Y al mariscal de Châtillon mandó el dicho rey que juntase los regimientos de infantería y caballería que había nombrado para estar del otro cuerpo de ejército, que él había de mandar, en plaza de armas junto a Rethel, y estar a la mira de lo que intentaran los príncipes que estaban en Sedan para oponerse a sus designios. S. A. viendo que a un mismo tiempo estaría acometido por los dos enemigos holandés y fran- cés, y que el francés saldría en campaña con dos cuerpos de ejército, repartió tambien el ejér- cito de S.M. en dos cuerpos de ejército: el uno para pelear contra Francia, el cual S.A.R. había resuelto mandar él mismo con un maestre de campo general, el Baron de Beck; y nombró los tercios y regimientos de infantería y las compañías de caballeria que habian de servir en este cuerpo de ejército, y mandó al Barón de Beck de juntarlo en plaza de armas junto a La Bas- sée; y como el ejército francés quedaba en plaza de armas junto a Abbeville, sin intentar nada durante algunos días, S.A.R. dió orden al Baron de Beck de repartir la mayor parte de la caba- lleria e infantería por toda la frontera desde Avesnes hasta Namur, y desde Namur hasta Gra- velines, de tal modo que a cualquier parte que marchasen los dichos ejércitos franceses se pudiese tirar la gente junta y hacerles testa, o a cualquier plaza que intentaran poner sitio es- tuviese la gente a la mano para meter dentro de la plaza que quisieran sitiar. El primer ejército enemigo que hizo movimiento fue el de los holandeses. El Príncipe de Orange, habiendo estado algunos dias en la plaza de armas en Littoyen, se movió al improvi- so y marchó apriesa hacia el pais de Cleves, y el 8 de junio se acercó al castillo de Gennep. La caballería tomó luego los puestos y el dia siguiente el Príncipe de Orange dividió el sitio de la plaza en tres cuarteles: el uno dió en cargo al Conde Guillermo de Nassau a la otra parte de la Mosa, entre la villa y el castillo; al Conde de Hornes dió su cuartel en la otra parte del rio Niers, y el Príncipe de Orange tomó su cuartel a esta parte de la Mosa; y luego mandó empe- zar a hacer la línea con las fortificaciones y trincheras alrededor de la plaza, fortificándose contra el socorro sin aun empezar a hacer aproches y baterias hacia la plaza. Teniendo aviso de lo cual, S. A. dió orden Conde de Fontaine de moverse de su plaza de ar- mas junto a Malinas y de marchar con diligencia hacia Gennep para socorrer la plaza, con la cual orden marchó el Conde de Fontaine hacia dicho Gennep con el cuerpo de ejército que S. A.R. le habia entregado, que consistía en dos tercios de españoles de los maestres de campo el Duque de Alburquerque y de don Jerónimo de Aragón, uno de italianos del maestre de campo el caballero Visconti, otro de valones del maestre de campo Ribaucourt, y el otro de ingleses del maestre de campo Gages, con las compañias libres de Brabante y Flandes, que iban a cargo del Sargento mayor Bitot. La primera marchada fue hasta el casar Boechout; la segunda marchada hasta Tessenderlo; la tercera hasta Overpelt; la cuarta hasta Nederweert; la quinta hasta Blerick, junto a Venlo; la sexta hasta Lottum y la séptima hasta Ferlimbeque [Vierlingsbeek] , adonde el Conde de Fontaine hizo alto y empezó a disponer para socorrer la plaza sitiada. En el mismo tiempo que el enemigo holandés hizo movimiento de su plaza de Armas mar- chando hacia el pais de Cleves y se arrimó al castillo de Gennep para sitiarlo, los franceses hicieron movimiento tambien. El mariscal de Châtillon salió de su plaza de armas junto a Rethel y marchó con un cuerpo de ejército francés hacia la frontera del pays de Hainaut haciendo demostración de querer entrar en dicho pais de Hainaut con indicios de que tenía intento de sitiar a la villa de Avenas [Avesnes]; pero poco despues hizo conocer lo contrario tomando al improvisto su marchada hacia el paraje de Sedan, donde estaban los príncipes franceses salidos de Francia, unidos y confederados para procurar con sus armas una buena paz a Francia. Los dichos príncipes fueron avisados por una carta que contenía las órdenes expresas del Cardenal de Richelieu, al dicho mariscal de Châtillon, de tomar el castillo de Bouillon y, habiéndolo tomado, sitiar la villa de Sedan. Informados por la citada carta los dichos príncipes franceses del designio del rey de Francia y del Cardenal de Richelieu, se re- solvieron a la defensa que permite la ley natural, tanto por sus propias fuerzas como con las de sus vecinos, y dieron cuenta a S.A.R. el Infante de los planes del rey de Francia. Viendo S.A.R. que el cuerpo de ejército francés, en lugar de entrar en el pais de Hainaut iba a atacar a los dichos Príncipes franceses y sitiar la villa de Sedan, envió orden al Baron de Lam- boy, general del ejército auxiliar imperial, de salir de sus cuarteles de invierno de los paises de Juliers y Tréveris y de marchar con diligencia hacia el paraje de Sedan, juntar sus tropas con las de los príncipes franceses y oponerse a los designios del rey de Francia y de pelear contra el dicho mariscal de Châtillon. El mismo dia que el mariscal de Châtillon salía de su plaza de armas y marchaba hacia el pa- raje de Sedan, el mariscal de La Meilleraye salió tambien de su plaza de armas junto a Abbe- ville con otro cuerpo de ejército francés; entró en el pais de Artois y el 14 de mayo se arrimó a la frontera de Flandes, saqueando los casares de Hazebrouck y Moerbeke, y el 19 de mayo tomó los puestos y comenzó á sitiar la villa de Aire. Teniendo aviso dello el maestre de campo general Beck, que estaba con parte del ejército de S. M. en La Bassée, puesto a propósito para desde allí disponer a todas partes, trató primero de hacer diversión de aquel ejército francés, tiralle del paraje de la villa de Aire e impedirle asentar allí su campo estorbándole sus convo- yes y víveres. Dió orden al Conde de Salazar, que estaba acuartelado entre Saint-Omer, Gra- velingas [Gravelines] y Burbuque [Bourbourg] con algunas compañías de españoles de su tercio y 14 compañías de caballos a cargo del Vizconde de Langle, para que si el enemigo se acercaba a alguna de estas plazas meterle gente dentro, entrar en el Boloñés [Boulonnois] e impedirles los convoyes que habian de venir de la parte de Calais, Ardres y Boulogne. Con dicha orden, el Conde de Salazar con el Vizconde de Langle, don Fernando de Solís, que gobernaba en Gravelines, y el Barón de Licques, gobernador de Bourburg, con la dicha infan- teria española y alguna de valones de las plazas circunvecinas, que en todo fueron 2.000 in- fantes y 1.000 caballos, empezaron a marchar al anochecer por la orilla de la mar, la vuelta de Calais, en la manera que sigue: el Vizconde de Langle marchó de manguardia con 1.000 caba- llos y el capitán Mateo de Torres con un escuadrón de 400 españoles y valones. El Conde de Salazar venía de retaguardia con otros 500 caballos y 400 infantes. Marcharon sin ser senti- dos hasta media legua de la villa de Calais, adonde el Conde de Salazar dio orden al Vizconde de Langle que con su caballeria y la infanteria que el capitán Mateo de Torres llevaba a su cargo, avanzase a romper la barrera y entrase en los burgos de Calais, lo que se ejecutó, que- dando el Conde de Salazar con la otra infantería y caballeria emboscado en las dunas por si el enemigo intentaba alguna salida de la villa resistirle con aquellas fuerzas. Comenzaron los soldados a saquear el burgo de Cales [Calais], que el Vizconde de Langle no permitió que quemasen por no darles ocasión de hacer lo mismo en este pais. Rompieron la barrera, sacaron 1.400 vacas y caballos, pasando a 200 pasos de la puerta de la villa sin que los de ella saliesen; solo tiraron algunos cañonazos sin matar a nadie. Al mismo tiempo, Don Fernando de Solís atacó el burgo de Marea [Marais] y, hallando resistencia, pegaron sus sol- dados fuego en algunas casas y, a favor del humo, ganaron el cementerio y el molino, que quemaron con mas 3.000 sacos de harina que habia allí para llevar al campo francés. Tras lo cual, teniendo noticias el Conde de Salazar y el Vizconde de Langle de que los franceses se juntaban para acometerles, trataron de retirarse con la mayor brevedad posible por otro cami- no distinto al que habían venido, por el dique d'Oye, adonde el enemigo intentó estorbarles el paso. Pero no les valió porque habían enviado cien hombres delante para ocupar la estre- chura del camino, con que se abrieron paso y volvieron a Gravelines y desde allí se encami- naron hacia Merville, adonde se habían de juntar en plazas de armas todas las tropas que ha- bían estado repartidas por toda la frontera. Mientras venia marchando la gente hacia la dicha plaza de armas, el maestre de campo gene- ral Barón de Beck trató por otro medio de impedir al enemigo que sitiara la villa de Aire. Dio orden al ingeniero Gilles para que intentara serrar la ribera y anegar el terreno alrededor de la villa para impedirles hacer su cordón y meter socorro en la villa con barcas, como se hizo en el sitio de Saint-Omer. El ingeniero Gilles fue a visitar la dicha ribera con otros dos inge- nieros y con el cura del lugar vecino, el cual había informado que esta cortadura se podía ha- cer en Bacq-Estiene, pero los dichos ingenieros hallaron que serrando allí la ribera sin tener el puesto de Isbergues seria de poco efecto porque estando la ribera allí serrada las aguas se extenderían entre dicho Itberge y el Bacq por encima de las praderías, hallando que sería más provechoso serrar en Bacq-au-lacq, por ser puesto más eminente. Así se ordenó al dicho in- geniero Gilles que con los otros dos ingenieros fuera a reconocer aquel otro puesto de Bacq- au-lacq. Pasaron el río con escolta de algunos soldados y hallaron que al otro lado había una pradería tan baja que la superficie del agua no era sino dos pies más baja que el terreno, de manera que tampoco podía esperarse algun efecto serrando allí el río. Entretanto, el enemigo avanzaba hacia la villa de Aire. El Conde de Fuensaldaña, general de la artilleria de aquella frontera, ordenó a los maestres de campo alojados en aquel paraje con sus tercios y tropas de infantería y caballería que si el enemigo hiciese punta en alguna parte, fuesen todas las tropas de aquella frontera de puesto en puesto avanzándose al enemigo; y si trataba de sitiar plaza, metiesen dentro la gente que pudieran, por lo que todos se esforzaron en meter socorro en la plaza. El maestre de campo Giovanni delli Ponti, que estaba atrinche- rado al Neuffossé con 7 compañías de italianos de su tercio y dos compañías de elegidos del pais de Cassel, viendo que no tenia bastante gente para resistir a las grandes fuerzas del ene- migo, metió en la plaza su persona con la gente. El maestre de campo Alfonso Strozzi, que ocupaba el puesto de St.-Venant y los otros puestos del río Lys, metió en la villa otras 5 com- pañias de italianos de su tercio y 3 compañías de valones del tercio del Príncipe de Ligne, con las cuales entró el capitán Carondelet a mediodía, a la vista del enemigo. El maestre de cam- po don Jorge de Castelví, que estaba en Pont-au-Sau con su tercio y 9 compañias del tercio del maestre de campo Pedro de León para impedir que el enemigo tomase algún puesto en el País de Lille, envió dos compañías de españoles con las cuales el capitán don Silverio de Qui- ñones y una de irlandeses a su cargo, entró a media noche por unos marjales con salvapan- tanos (zancos), sin armas ningunas. Y aunque se intentó meter más gente, no se pudo por haber ya el enemigo ocupado todas las avenidas; con que había en la villa 1.600 infantes y una compañía de caballos con 3 maestres de campo: el maestre de campo Bervoets, el maestre de campo Giovanni delli Ponti y el maestre de campo Catrice. Entretanto el ejército francés avanzándose de más a más hacia la villa de Aire, vino a cuarte- larse el 17 de Mayo al casar de Fenin, a la vista de la villa. El dia 18, el mariscal de La Meille- raye sacó de su ejército 6.000 hombres, infantería y caballería, y seis piezas de artillería, y con este trozo de su ejército pasó el rio Lys por Terouane, ya cerca de la noche y vino derecho al Neuffossé y ocupó el puente; y el 19 de mayo, dia de Pentecostés, a las siete de la mañana dió una arma (ataque) a la villa, apareciendo con la caballería a un tiro de cañón de la villa del lado de St.—Omer, haciendo en un mismo tiempo avanzar su infanteria de largo el Neuf- fossé, ocupando el fuerte de la cabeza de Flandes, y luego avanzó hacia el río Lys, a donde echó un puente más arriba de la villa e hizo pasar algunas tropas de caballería e infantería al otro lado de la villa. Aquella misma tarde el marical La Meilleraye hizo frente de banderas a la maladería (formó el ejército frente al hospital) y a las diez de la noche hizo tirar seis cañonazos en la villa para señal de que avanzase el resto del ejército que habia quedado en el casar de Fenin con el con- de de Guiche, y a la mañana tomaron los puestos. El mariscal de La Meilleraye repartió los cuarteles, tomando el suyo en la campaña de Lambre, y Gassion con parte de la caballería, en el villaje del dicho Lambre. Al conde de Guiche dió su cuartel al molino de Lecomte; al Marqués La Ferté en el villaje de San Quintín y a los esguízaros enfrente del casar de Bousin- gen. Estando así tomados los puestos, y asentados los cuarteles alrededor de la villa de Aire, el mariscal La Meilleraye mandó comenzar la línea y las trincheras y a fortificarse contra el socorro, haciendo trabajar a los soldados por dinero con mucha prisa para tenerlas acabadas antes de que pudiese llegar el ejército católico a socorrer la villa. Los de la villa les incomoda- ban mucho con su artillería y las salidas que hacian, matándoles a muchísima gente, con lo cual retardaban sus obras. S.A. Real habiendo dispuesto a la parte de Holanda para la defensa de Brabante, Flandes y Gueldres, dejó aquel cuerpo de ejército a cargo del Conde de Fontaine, con el Marqués de Velada por maestro de campo general, el Conde de Sástago por general de la artillería y el Marqués de Sfondrato por teniente general de la caballeria. Teniendo aviso del maestro de campo general Becq, que el cuerpo de exército que tenia a cargo el mariscal de La Meilleraye habia hecho movimiento y puesto sitio a la villa de Aire, envióle orden de moverse luego de su pla- za de armas de junto a la Basea [La Bassée], de sacar la gente que se podia sacar de todos los otros presidios, la que sin desnudar las plazas de gente necesaria se podia sacar, tirar la gente junta y de venir marchando hacia Merville, que allí le vendria encontrar con la que traería de la parte de Brabante. Con este aviso, S. A. partió de Bruselas a 8 de junio, seguido y acompañado del Príncipe de Ligne, el cual pocos días antes había hecho su entrada en palacio como Grande España, ha- biéndole S. A. enviado a recibir en su carroza por el Marqués d'Este, con acompañamiento de muchos caballeros e hízole muchas honras, y del Conde de Isenburg, del Marqués de Trelon, del Conde de Falais, del Marqués Malvesi, de don Antonio Sarmiento, del Conde de Garcíez, del Conde deVillalba, de don Juan de Borja y otros caballeros. El dicho Príncipe de Ligne asistió de allí adelante con su tercio como maestre de campo de infantería valona; el Conde de Isenburg y los otros sobredichos caballeros asistieron cerca de la persona de S. A. S. A. llegó aquel día a Enghien, al día siguiente a Tournai y al otro día a Lille, donde paró has- ta el 14 de junio, en que partió de Lille y llegó a Merville (Mervilla). El mismo día llegó tam- bien a Merville el Barón de Beck y la gente que traía de La Bassée se incorporó con la de S.A., formándose el ejército. Luego S. A. mandó marchar hacia la villa de Aire, resuelto de acome- ter al enemigo francés antes que hubiese acabado su cordon y sus fortificaciones. S. A. llegó con el ejército el 15 de junio a Moerbeke, adonde dio orden al Barón de Beck de marchar ade- lante hasta el casar de Bousinghem. El Barón ordenó al Vizconde de Langle de tomar puesto en dicho casar con el grueso de caballería que llevaba y el tercio de infantería del maestre de campo O'Neill, y de mantenerlo hasta que llegase todo el ejército; lo que hicieron sin que el enemigo intentase estorbarles. El Barón de Beck alojó luego allí el ejército en frente de ban- deras y S. A. se quedó con la corte en Morbecque [Moerbeke]. Y no hallándose en aquella parte traza ni camino para acometer al enemigo y socorrer la plaza, Su Alteza se movió de Moerbeke y fué con el ejército allojar a Steenbecque, desde donde envió otra vez a reconocer los cuarteles y los puestos del enemigo y hallando que su línea estaba ya acabada y sus forti- ficaciones en perfección por aquel lado de la villa, S. A. partió el 19 de junio de Steenbecque y marchó con todo el ejército hacia el otro lado de la villa, alojando el maestre de campo gene- ral el ejécito al Neuffossé, junto al fuerte Rojo, y S. A. con la corte a la abadía de Woestine, adonde se quedó hasta el 21 de junio. Cuando se movió de allí fue alojarse en campaña deba- jo de su tienda junto a la abadía de Cler [Cermarais], a una hora y media de la villa de Aire, adonde S. A. paró hasta el 22 de junio, que mudó otra vez de cuartel y marchó con todo el ejército arriba, a la colina de Aire [Mount St.-Michel], que era al lado de la villa de St.-Omer. El día siguiente S. A. marchó hacia Terouane y de allí avanzó con todo su ejército en batalla, derecho hacia las trincheras del enemigo por el lado del dicho Terouane. Luego, S. A. dispuso lo necesario para echar un socorro a la villa por el otro lado. Mandó al teniente de maestre de campo general don Antonio de Velandia que con 500 hombres, gente escogida de todos los tercios y regimientos, avanzase a la medianoche por el camino que la guia le llevaría y procu- rase meter la gente en la villa. Y a la misma hora, S. A. con el grueso del ejército avanzó hasta un tiro de mosquete de la línea del enemigo, y algunos escuadrones de infantería y caballería avanzaron hasta la iglesia de Reims para atraer a las fuerzas francesas a ese lado de la villa, mientras al otro lado se hacía la otra facción para meter el socorro. Con que se trabó una es- caramuza con las guardias de la caballería francesa que estaban fuera de la línea, dando un arma muy viva en las trincheras del enemigo con la qual esperaban atraer sus mayores fuer- zas hacia el ejército de S.A.R. y con éste medio dar entrada al socorro, el cual marchaba por los marrazos [pantanos] para entrar en la villa. Lo que no sucediendo por haber las guías errado el camino, el ejército se retiró seguido de algunos cañonazos; y don Juan de Vivero, teniente general de la caballería de Su Majestad, escaramuzando con mucho valor contra toda la caballería francesa dió lugar a que la infantería se retirase. Así volvió el ejército de S.M. a ponerse en su primer puesto al Neuffossé, al opósito del fuerte Rojo, y S.A.R. se alojó otra vez en la abadía Woestine, adonde S.A.R. quedó con todo el ejér- cito hasta el 25 de junio, en que partió de allí para alojarse en la villa de Saint Omer. Y el día siguiente S.A.R. volvió otra vez a Moerbeke y el ejército se alojó otra vez, en frente de bande- ras, en Bousinghem. De otra parte, los holandeses continuando el sitio del castillo de Gennep, habiendo acabado su línea y fortificaciones contra el socorro, empezaron a abrir sus trincheras contra la plaza; y el gobernador Preston, que entendía muy bien el defender un sitio, se metió luego a abrir trincheras tambien contra las del enemigo, y con muchas cortaduras, medias lunas y otras fortificaciones enterradas salió a encontrar las obras del enemigo. El Conde de Fontaine hallándose demasiado inferior en infantería y caballeria, viendo que no le estaba bien atacar al enemigo en sus fortificaciones ni con acercarse demasiado al ejér- cito enemigo le atraía a salir fuera de sus trincheras a pelear con él, habiendo enviado a reco- nocer los alrededores del sitio, resolvió de intentar meter un socorro en la plaza. Dió orden al coronel Crumel, gobernador de Stralen, de marchar con 1.200 hombres por la otra parte del Mosa, abrirse camino y entrar en un cuartel del enemigo, y de pasar y echar esta gente en la plaza; con otra orden al sargento mayor Bitot de con otros 300 hombres hacer una arma a este lado de la plaza para atirar la gente de aquel cuartel hacia esta parte de la plaza. Con la cual orden el coronel Crumel marchó de noche por el bosque hacia el cuartel del ene- migo y avanzándose hacia la segunda trinchera, encontró seis compañías de caballos y mu- cha infantería que iban a mudar (relevar) a otra caballería e infantería, con que obligaron a dicho coronel a retirarse y abandonar la trinchera que había ganado, la cual retirada hizo con tan buen orden que retiró a su gente con sola la pérdida de dos soldados. Y el gobernador de la plaza, habiendo hecho una salida con 500 hombres para dar la mano al socorro, viendo que no se avanzaba, mandó retirar la gente tambien. Lo que viendo el Conde de Fontana [Fontaine] que no había medio de echar socorro en la plaza ni de acometer al enemigo en sus fortificaciones, volvió con su cuerpo de ejército a Venlo, para asegurar las villas de Venlo, Roermond y Gueldres, alojando su campo en frente de banderas en Blerycque [Blerick]. CONTINUARÁ |
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| Su Majestad Católica (Felipe IV). El apelativo designaba al rey de España desde los tiempos de Felipe II, abreviado de «Sacra, Católica y Real Majestad». Al rey de Francia se le llamaba «S.M. Cristianísima» y al emperador, «S.M. Cesárea». |
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| WILLEM VAN LAMBOY, BARÓN DE DESSENAER Y CORDESHEM, CONDE DEL S.R.I. [ºWintershoven (Limburgo), ca. 1600; †Dymokury (Chequia), 12-12-1659]. Hijo de Willem van Lamboy, señor de Dessener, y de Marguerite, señora de Méan. Aunque Wintershoven (incorporada en 1976 al municipio de Kortessen) pertenece hoy a Bélgica, en el siglo XVII formaba parte del condado de Looz, dependiente del arzobispado de Lieja, feudo del Emperador, a quien Willem sirvió toda su vida, como coronel, generalwachtmeister (1634), Feldmarschall (1645) y comandante en jefe del ejército, cargo que obtuvo a la muerte de Peter Melander, conde de Holzapfel (1648), que había sucedido a su vez al Archiduque Leopoldo Guillermo. |
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| Jean de Beck, Barón de Beaufort, MdCGral de la frontera de Francia |
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| Alonso Pérez de Vivero y Menchaca (1603-1661), III conde de Fuensaldaña |
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| Antonio Sancho Dávila de Toledo y Colonna (1590-1666), III mar- qués de Velada y I de San Román |
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| Caspar v. Mercy, general de la Caballería (generalwachtmeis- ter der Reiterei) y hermano del Feldmarschall. Murió en el com- bate de la colina de Loretto, pre- vio a la batalla de Freiburg, el 5.VIII.1644. |
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| Plano de Terouane, por Harre- wyn, publicado en 1720. |
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| CAPITULO I Preparativos de campaña.— Contribuciones que impone el rey de Francia a sus vasallos y subsidios que reparte entre los príncipes enemigos de la Casa de Austria.— Preparativos de guerra de los holandeses.— El Cardenal Infante, gobernador y capitán general de los Países Bajos católicos, organiza sus tropas para contrarrestar a las enemigas.— Confederación de los Príncipes franceses perseguídos por Richelieu con el Rey Católico. |
| CAPITULO II Socorros del Rey Católico a los príncipes franceses.— El Cardenal Infante forma dos ejércitos, uno para combatir contra Francia y otro contra los holandeses: generales nombrados para mandarlos.— Dieta imperial en Ratisbona a la que asiste D. Francisco de Melo.— El Cardenal Infante pide a S.M. la presencia de Melo en Flandes para asistirle en la guerra.— Los suecos, al mando de Baner, marchan sobre Ratisbona, pero son ahuyentados y perseguidos por los imperiales.— El Duque de Lorena, atraído por Richelieu, firma un oneroso tratado con el Rey de Francia, contra el cual protestan los príncipes de su Casa. |
| CAPITULO III Disposciones del Príncipe de Orange para esta campaña.— Los ejércitos franceses, mandados por La Meilleraye y Chatillon, se juntan en sus plazas de armas.— La misma operación efectúan los del Rey Católico.— Asedio de Gennep por el Príncipe de Orange; acude a socorrerlo el Conde de Fontaine.— El mariscal de Chatillon ataca a los Principes rebeldes de Francia, en cuya ayuda marcha con un cuerpo de ejército el barón de Lamboy.— El mariscal de La Meilleraye sitia la ciudad de Aire.— Tentativas de nuestras tropas para hacerle desistir del propósito.—Socorro que recibe la plaza.— Comienza el ejército sitiador las líneas y trincheras. |
| CAPÍTULO IV Distribución de los cargos principales del ejército que mandaba el Conde de Fontaine.— El infante D. Fernando se pone al frente de su ejército y trata que el enemigo levante el sitio de Aire. |
| CAPÍTULO V. Continúa el sitio de Gennep por los holandeses.— Intenta el Conde de Fontaine socorrer la plaza.— No se consigue este intento— Posición en que se coloca el ejército del Conde. |
| Luis XIII de Francia, el rey Cris- tianísimo (retratado por Cham- paigne). Murió pocos dias antes de la batalla de Rocroi (14.V.1643) |
| Armand Jean du Plessis (1585-1642) cardenal de Riche- lieu, inspirador de la política anti-hasbúrgica francesa desde la presidencia del Consejo real. En l apráctica, fue primer misnistro, desde 1624 hasta su muerte. |