ESTUDIOS HISTORIOBÉLICOS. EDICIÓN DIGITAL
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EL PRIMER SIGLO DEL R.C. MONTESA (PARTE I)
En la segunda parte del cuestionario sobre la Caballería española, aludía al estancamiento
del historialismo, o redacción de historiales de unidades militares en España. La publica-
ción, entre 1851-59, de la
Historia orgánica de las armas de Infantería y Caballería espa-
ñolas
, de Serafín María de Sotto y Abach (1793-1862), Conde de Clonard, supuso un hito
pese a sus yerros y omisiones; sin embargo, su trabajo ha carecido de la necesaria continui-
dad y, desde entonces, las aportaciones enriquecedoras al corpus primigíneo pueden con-
tarse con los dedos de una mano. La consecuencia es que, prácticamente sin excepción, los
historiales de los regimientos españoles que remontan su antigüedad a la Edad Moderna
son defectivos e incompletos, sobre todo en relación con los siglos XVII y XVIII, donde al-
gunos errores resultan de una grosería sobrecogedora. La redacción de un historial debe-
ría ser el fruto de un trabajo colectivo, de la interacción de especialistas en diferentes eta-
pas o conflictos, que no tendrían por qué entender en la suma o resultado final; en cam-
bio, en España, la empresa ha sido generalmente objeto de un trabajo individual, mas de
compilación que de investigación. Ya estamos muy lejos de lo que se hace en el Reino Uni-
do o en Francia, incluso de lo que se hizo en Alemania, Austria o Rusia, pero nunca es
tarde para enmedarse porque aquí seguimos teniendo el mejor estímulo para estudiarlas:  
las unidades militares más longevas que existen en el mundo.

Montesa va a celebrar próximamente su tercer centenario, pero aquí vamos a reconstruír
sólamente su primer siglo de existencia. Nuestro basamento será prioritariamente docu-
mental, testando sus resultados con los trabajos precedentemente publicados por Antonio
Gil Alvaro y por Joaquin de Sotto y Montes, respectivamente precursor y epígono del con-
de de Clonard, cuya obra poseo incompleta y no cubre al regimiento en cuestión. Metodo-
lógicamente, prefiero separarme de la tradicional diferenciación entre orgánica, hechos
relevantes, mandos y uniformidad, enseñas y distinciones, para enfocar todos esos aspec-
tos en etapas cronológicas que cubran, aproximadamente, un cuarto de siglo cada una.

FORMACIÓN DEL REGIMIENTO DE MONTESA:
La antigüedad del regimiento fue probada ante el fiscal Juan Antonio Samaniego median-
te una certificación expedida en Tortosa, el 23 de octubre de 1724, por el teniente general
y gobernador de dicha plaza Melchor de Mendieta. Según dicho documento, el regimiento
se formó y recibió al sueldo el 10 de febrero de 1706 en el Puerto de Santa María (Cádiz),
«
a partir de las 2 compañías de los tenientes generales de la Caballería de Andalucía      
—Bonifacio Manrique de Lara  y Luis de Zúñiga—,
una del R.C. de Extremadura (Pedro
Mataylán)
y otras siete sueltas acantonadas en la plaza». Añadía el certificante que  «la
compañía del TteGral Manrique de Lara la conocía desde 1694, cuando era del Tte.Gral
Miguel de Otazo, y la compañía del Rgtº de Extremadura desde el mismo año, cuando la
servía el capitán D. Luis Solís
».

Mechor de Mendieta y Pereira (Madrid,1660 - Tortosa, 1746), fue Sargento Mayor del Tro-
zo de Extremadura desde junio de 1694, poco después de la batalla del Ter y coincidiendo
con la promoción del comisario general Miguel González de Otaza y Tovar a la tenencia ge-
neral de la Caballería del Principado, dejando su mando a Bonifacio Manrique de Lara y
Luyando, capitán del trozo. La compañía que éste tenía pasó a ser la comisaria, en tanto
que la de Otaza se dió a un jóven oficial que entonces era promovido a capitán y recibía su
primera compañía, pero que culminaría su carrera siendo capitán general de los RR.EE:
José Carrillo de Albornoz, el futuro vencedor de Bitonto que aun no se titulaba conde de
Montemar. Curiosamente, la compañía de Manrique de Lara acabaría mandándola el mis-
mo Melchor de Mendieta en 1699, cuando sucedió de comisario del trozo por la promo-
ción de éste a la Inspección general de la Caballería y Dragones de Cataluña; por lo tanto,
dicha compañía nada tenía que ver con la que Manrique de Lara tenía en 1705 por razón
de su empleo como teniente general de la Caballería del Ejército de la Costa de Andalucía.
En cuanto a la compañía de guardias de Otaza, apuntemos que acabó incorporada en el
regimiento que se formó en Cataluña (1.VI.1705) al marqués de Caltojar, hijo del virrey
Fernández de Velasco, que después sería conocido como "Regimiento de la Muerte"; para
entonces, Otaza había fallecido ya en La Laguna (Tenerife), siendo capitán general de las
islas Canarias.

De manera que el certificado contiene inexactitudes. Las vistas pueden parecer leves, pero
no son las únicas porque sabemos que el regimiento se formó con 12 compañías y Mendie-
ta sólamente alude a diez. Confío que los deslices no salpiquen a la fecha de creación, por-
que no me ha sido posible verificarla por otros medios. Por fecha de creación se entiende la
de su primera revista y recepción al sueldo real en los libros de la Pagaduría correspondien-
te; pero la formación de un regimiento comenzaba antes, cuando se autorizaba su leva o
formación, momento en que solían expedirse las patentes de su Plana Mayor.  Ignoramos
la fecha en que Luis Galindo fue patentado como coronel del regimiento, pero sabemos
que ya lo estaba el 20 de diciembre anterior, cuando se enviaron desde la Corte con desti-
no a Écija,
«para el Reximiento de Cavalleria de D. Luis Galindo, 373 vestidos blancos y
divisa azul, compuestos de los equipajes siguientes: 373 casacas, 373 chupas, 373 calzo-
nes, 746 camisas, 746 corvatas, 373 pares de medias, 373 sombreros, 373 cinturones,
360 vandoleras, 360 alfanjes, 373 pares de guantes, 36 coletos de ante, 373 capas, 373
mantillas, 373 pares de tapafundas, 373 pares de botas, 150 sillas con su rendaje, 150 pa-
res de fundas de pistolas, 360 frenos, 360 bolsas de fusil, 75 tiendas de campaña, 224
mosquetones, 36 carabinas rayadas, 36 martillos, 36 atacadores y  260 pares de pisto-
las
» (AGS, Contaduría del Sueldo, Serie II, leg. 11. Apd.2). Las armas y suministros fueron
entregados en el Almacén Real de la Corte por el veedor Juan Manuel Villagarcía, firman-
do el oportuno recibí «
D. Antonio Arduino, sargento mayor del regimiento», un oficial
napolitano que sería distinguido, años más tarde, ni más ni menos que con collar de la Or-
del Toisón de Oro.

Como sargento mayor, Arduino no gozaba de compañía, aunque la había tenido en el regi-
miento de caballería de Giovanni Caracciolo, levado en Nápoles para servir en Milán, don-
de pasó su primera revista por cuenta del Estado en Tortona, el 30 de mayo de 1704. Dicho
regimiento fue desmontado antes de embarcar hacia Barcelon, en cuya defensa participó
durante el asedio de 1705; tras la capitulación de la plaza, sus supervivientes embarcaron  
sobre naves británicas (19.X.1705) con destino a Carboneras (Almería). Desde aquel mo-
mento, sus noticias son desdibujadas, aunque sabemos que acabó siendo reformado. Tiem-
po atrás creí que debió engrosar las filas de otro regimiento de caballería napolitana, tam-
bién presente en la defensa de Barcelona, el de Placido Dentici, que después se hallaría en
la defensa de Alicante (1706); sin embargo, repasando ahora algunas notas de aquella épo-
ca, hallo un extracto de la siguiente carta, fechada en el campo de Lérida, el 15 de octubre
de 1707, dirigida al Secretario del Despacho de Guerra, José de Grimaldi, por el entonces
teniente coronel del regimiento de Carrillo (el futuro MONTESA), José Ventura de Uribe y
Salazar (AHN,Est, leg.312):

«Los dias pasados me propuso el Sr. Duque de Berwick para que se me diese el grado de
coronel, lo que ha logrado, más no me dejó de teniente coronel en el Regimiento de la Rei-
na y, no habiendo obtenido ninguna respuesta, me anima (a escribirle) la gran justifica-
ción de V.S. pues debí a V.S. me honrase cuando se reformó mi regimiento a D. Luis Ga-
lindo, para suplicarle [apoyo], pues yo he merecido se me ascienda ésta campaña al gra-
do de coronel, como se ha hecho con D. José de Amezaga; mi coronel D. José Carrillo pa-
ra el de brigadier y otros oficiales más modernos que yo».

Este oficial, que fue teniente coronel del Regimiento de Galindo desde su formación y sería
durante muchos años el tercer jefe del mismo, sucediendo a Carrillo, había sido también
capitán en el regimiento de Caracciolo, aunque en la única revista de dicho regimiento que
poseo transcrita consta como José de Orive y Salas. Pero no me caben dudas sobre su iden-
tidad, porque también aparecen en dicha revista Arduino, Lorenzo Zitto y Guglielmo del
Bosco, todos  relacionados con el Regimiento de Galindo; el último fue capitán desde su
formación, aunque su nombre nos llegó castellanizado como Guillermo Bosque. Una duda
que no he resuelto es la naturaleza de Orive —cuyo apellido también se trocó en España
por el de Uribe— pero ni su compañía, ni las de los demás capitanes napolitanos podían
ser muy numerosas, ya que sólo 160 hombres del regimiento de Caracciolo  salieron de Bar-
celona; losde más supervivientes, inclusos 18 oficiales, se pasaron a la causa del Archidu-
que tras la capitulación de la plaza.

Así que, en todo o parte, las 7 compañías sueltas que el certificado dice
"se hallaban en el
Puerto de Santa María"
, procedían del reformado Regimiento de Caracciolo. ¿Cómo ha-
bían llegado hasta allí? Recordemos que dicho regimiento nunca llegó a estar montado en
España, ya que habían dejado sus caballos en el Estado de Milán antes de embarcar en Fi-
nale hacia Barcelona. Desde Carboneras hubieron de caminar. ¿Hacia Cartagena para em-
barcar de nuevo en algunas galeras hacia el Puerto? Un vistazo a los sumarios de la Colec-
ción Vargas Ponce, del Museo Naval, que componen una riquísima fuente sobre la activi-
dad de las galeras de España, no me ha permitido hallar la mínima pista sobre tal embar-
que, que ni siquiera parece probable. En cambio, creo posible que desde Carboneras mar-
chasen hasta Málaga y, por Antequera y Puente Genil, hasta Écija, donde debió operarse
su reforma en el regimiento de Galindo y recibieron sus uniformes, armas y caballos, par-
tiendo después para tomar su primera muestra en el Puerto de Santa Maria. Precísamente
a Écija se despacharon el equipamiento y las armas del nuevo regimiento, pero también en
dicha ciudad, patria chica del coronel Galindo, se levaron dos de sus compañías: la del co-
ronel y la del capitán donde sirvió el ecijano Pedro de Zayas y Rejón, que nos legó un inte-
rsante testimonio sobre los diferentes destinos en que se halló durante la Guerra de Suce-
sión aunque no  nos revelara el nombre del capitán a cuyas órdenes sirvió.  

Contando con ese anónimo capitán, quizá también ecijano, tenemos ya las 12 compañías
inciales del Regimiento de Galindo, una curiosa mezcla de soldados españoles e italianos
donde el napolitano Arduino, que no gozaba companía, era el sargento mayor y Orive, su
posible compatriota, teniente coronel. También el napolitano Del Bosco tuvo una compa-
ñía, pero no he podido documentar la de Lorenzo Zitto, cuyo hijo homónimo serviría años
más tarde de capitán en el regimiento, como también sus nietos y bisnietos, aunque ya en
otras unidades. Entre las españolas se hallaban la coronela, las que fueron de los tenientes
generales Bonifacio Manrique de Lara y  Luis de Zúñiga, la de Pedro de Mata e Illán, ape-
llido aparentemente corrompido en la certificación (Mataylan), aunque ni por uno ni otro
he hallado la menor razón del personaje; por último la ya aludida en la que sirvió Zayas.

EL REGIMIENTO DURANTE LA GUERRA DE SUCESIÓN.
a).— CAMPAÑA DE 1706.

La primera mención al Regimiento aparece en una relación de pagos del Ejército de Anda-
lucía, fechada el 29.III.1706 (AHN, Estado, 7999), que no aclara su destino;  por otra del
mismo tenor y orígen documental, fechada el 30 de julio, nos consta que aun se hallaba en
Andalucía y seguía siendo su coronel D. Luis Galindo, aunque éste ya no iba a mandarlo
mucho más tiempo. Aquel mismo mes de julio, en agosto a lo sumo, fue promovido a un co-
rregimiento importante, que publicó la Gaceta de Madrid aunque ahora no soy capaz de
localizarlo. El regimiento se hallaba entonces en marcha hacia Castilla, para unirse al Ejér-
cito de Berwick, pasando de nuevo a Écija por aquellas fechas. El nuevo coronel, José Ca-
rrillo de Albornoz, fue designado el 21 de agosto (una copia de la patente se conserva en A.
H.N., Nobleza, Baena, CP-10), pero ignoramos cuando y donde se incorporó a él; probable-
mente a primeros de octubre, cuando llegó a Murcia, amenazada por las tropas archiduca-
les que ya habían tomado Cartagena (22.VI), Elche (8.VII), Orihuela (24.VII), Alicante
(27.VIII)  y su castillo (7.IX). La misma capital murciana, defendida por el Obispo Bellu-
ga, venía de sufrir un corto asedio por tropas inglesas y levantinas; pero el general Richard
Gorges ordenó levantarlo el 2 de octubre, al conocer la inminente llegada del socorro.

Creemos que el regimiento había llegado a la ciudad poco antes del asedio, marchando
por Córdoba, Úbeda y Caravaca. Es probable que Miñana aluda a él en el siguiente pasaje
de su
Bello Rustico Valentino  (II,18-19):

«Esta vez en dicha ciudad se causó menos miedo porque los del Rey habian enviado para
conservar en ella la lealtad un regimiento escogidísimo y muy numeroso»

1.-Acción del Llano de Ramblar y asalto de Orihuela (10.X.1706):
El socorro al mando del mariscal Gutiérrez de Medinilla, había sido destacado del Ejército
de Berwick —en persecución del ejército principal del enemigo, al mando de las Minas—,
desde el puente de Vadocañas, sobre el Cabriel, el 28 de setiembre. Lo formaban 4 batallo-
nes de infanteria y 9 escuadrones de caballería, pero con ellos debía venir también el coro-
nel Carrillo, que había hecho la campaña como exempto de RR.GG.Corps; es decir, man-
dando una de las 4 secciones o brigadas en que se dividía cada compañía de dicho Cuerpo.
Junto a esas tropas, el Regimiento —ya al mando del coronel Carillo— participó en el asal-
to y reconquista de Orihuela, que se tomó el dia 10 por la mañana, tras haber haber roto la
caballería de Medinilla el socorro de caballería e infantería levantina que acudía en auxi-
lio de la ciudad. Ésta acción se dió en el «Llano del Ramblar», junto a Redován, y supuso
su bautismo de fuego. El bien documentado Castellví, refiere que la vanguardia del soco-
rro la formaban 430 infantes y 200 jinetes de las milicias de Elche, Crevillente y Callosa, a
los que seguían un cuerpo de 500 infantes y 400 caballos que no llegaron a entrar en ac-
ción. Luego pasa muy escuetamente sobre los hechos, que dresgrana en un corto párrafo:
«Los sitiadores atacaron a las milicias con 800 caballos apostados en las puntas y mata-
ron hasta 80 hombres»
(Narraciones históricas, II, 193).
La derrota de la vanguardia produjo la huída del cuerpo de batalla, pero la persecución
fue breve porque, apenas 2 horas más tarde, a las 7,30 de la mañana, el regimiento toma-
ba parte en el asalto de la villa orcelense, desalojando a los defensores del Huerto de los Ca-
puchinos y del arrabal de Roig. El asalto principal se dió por la Puerta de Murcia, donde se
produjeron las pérdidas más severas, aunque existe una enorme disparidad sobre las mis-
mas: desde las 1.500 de Castellví, que parecen exageradas, pasando por las 150 de Quincy,
hasta las 80 de Miñana; en todo caso, no he podido documentar allí ninguna actividad del
regimiento, cuyas pérdidas  en las acciones referidas ignoramos.

Reconquistas de Elche  (21.X) y Cartagena (18.XI).
Tras el ingreso del ejército de Las Minas en el Rº de Valencia, el duque de Berwick destacó
nuevos refuerzos a Medinilla, al mando de Joffreville, que se unieron al anterior en Callo-
sa, el 17 de octubre. El 20, ante Elche, intimaron la rendición de la plaza, al mando del ge-
neral mayor Killigrew, que se rindió el 21, pese a lo cual se produjeron algunos desórdenes
y saqueos. Inmediatamente, 15 escuadrones fueron destacados para tomar los accesos de
Cartagena; entre ellos, uno del Montesa. El 27 de octubre llegó el cuerpo de Medinilla y el
11 de noviembre, lo hizo el mismo Berwick con 6 regimientos franceses. La noche del 15 se
abrió la trinchera y el 16 la plaza comenzó a ser bombardeada. La guarnición inglesa em-
barcó hacia Alicante el 17, temiendo perderse. El 18, el coronel Carlos Más, de las tropas
del Archiduque, ofreció capitular pero Berwick solo le admitió la rendición, constituyéndo-
se prisioneros los últimos defensores de la plaza.

Tras la conquista de Cartagena, el regimiento quedó acuartelado en dicha plaza hasta que
el Ejército pasó a tomar cuarteles de invierno en la Mancha, a mediados de diciembre. El
futuro MONTESA marchó a Alcaraz (Albacete), en el centro de un triángulo delimitado
por Albacete, Murcia y Úbeda y prácticamente equidistante de esos tres puntos, donde  
permanecería hasta la apertura de la siguiente campaña, a finales de febrero de 1707. Des-
de octubre de 1706, el Regimiento de Carrillo consta en los pagos de los tesoreros del "
Ejér-
cito de las Fronteras de Valencia,  al mando del duque de Berwick"
, que eran Nicolás de
Hinojosa y Alonso Pérez Dionís, hasta mayo de 1707, en que
"dicho ejército pasó a
Aragón"
(AGS, D.G.T., inv. 16, guión 21, leg. 9). Sin embargo, veremos como el
Regimiento perma- necería en tierras valencianas hasta julio del año siguiente.

b) CAMPAÑA de 1707.
En su deposición, el capitán Zayas dice que, el año de 1707, el regimiento se halló "en el
Reino de Valencia, en la Mancha, en Cartagena y en el sitio de Lérida, en que divirtió 9
meses y medio, y los dos y medio restantes de cuartel en la Ciudad de Alcaraz"
.  En rea-
lidad, la secuencia cronológica sería: Alcaraz, la Mancha, Cartagena, Reino de Valencia y
Lérida, como reconstruiremos en detalle. Desde Alcaraz, el regimiento hubo de marchar a
Yecla, donde D'Asfeld formaba un cuerpo de observación con diversos regimientos de in-
fantería y caballería. El duque de Berwick llegó el 23 de febrero y allí supo que el enemigo
habia tomado Elda y Novelda; ante el temor a un posible intento de recuperar Orihuela y
Cartagena, el cuerpo de D'Asfeld partió el 25 de febrero para reforzar las guarniciones de
dichas plazas. Sin embargo, durante el mes de marzo y abril se hizo evidente que los archi-
ducales se concentraban en la Hoya de Castalla, abandonando sus conquistas, por lo que
Berwick ordenó a D'Asfeld que regresara a Yecla, donde se hallaba a primeros de abril con
32 escuadrones, entre ellos, los 3 de Carrillo. El 8 de dicho mes, el ejército de Das Minas se
puso en marcha, acampando ante Caudete el 11. Ante la noticia, Berwick se replegó a Mon-
tealegre, aunque dejó a D'Asfeld en Yecla, con parte de la caballería, para proteger los con-
voyes que venían de Murcia. Sin embargo, el ejército archiducal se prensentó ante Yecla a
las 4 de la tarde y D'Asfeld hubo de retirarse a Montealegre, no sin pelear contra la van-
guardia enemiga, aunque aquel combate  —que habilitó el tiempo necesario para el replie-
gue— lo empeñaron sólamente dos brigadas de las GG. CC. y el regimiento de Pozoblanco.

Presionado por un enemigo superior, Berwick hubo de retroceder nuevamente hasta Pétro-
la, mientras que Das Minas saquaba Montealegre el dia siguiente. Pero en vez de proseguir
acosando a su rival, los archiducales optaron por retroceder hasta Villena, en cuyo asedio
iban a malgastar una semana que Berwick aprovechó para terminar de reunir su infante-
ría en Pétrola y marchar hacia Almansa, cuyas reservas de trigo podían alimentar a sus
hombres. El 22 de abril,  escoltado por diversos piquetes de caballeria, incluído uno de Ca-
rrillo, el mariscal cabalgó hasta Villena para estudiar la posibilidad de socorrerla, pero ha-
lló al enemigo tan bien dispuesto que desechó el intento. Sin embargo, tan pronto supo
Das Minas la presencia de su rival en Almansa, levantó el asedio y marchó a buscarle por
Caudete, La Encina y el paso entre el Cerro de los Prisioneros y el de la Silla, que la toponi-
mia antigua llamaba "el Barranco del Agua Verde". Berwick le aguardaba formado, un
kilómetro delante de la villa, en la llanura donde se dió la batalla.

1.-La batalla de Almansa (25 de abril de 1707).
El regimiento de Carrillo desplegó en la primera línea de la derecha española, formando
brigada con el del marqués de Pozoblanco, que la mandaba. Han sobrevivido hasta 7 OR-
BATS de distinta extracción sobre la batalla de Almansa, pero ninguno responde al des-
pliegue definitivo que Berwick adoptó para darla, como acredité en un amplio estudio so-
bre el acontecimiento. En todos los ORBATS, el Regimiento de Pozoblanco aparece for-
mando brigada con el de Rosellón Nuevo, pero lo cierto es que éste último pasó a integrar
una reserva de Caballería, de 10 escuadrones, que Berwick decidió formar a última hora.
Carrillo quedó formando brigada con Pozoblanco, inmediatamente a la izquierda de la
Brigada de la Guardia de Corps y precediendo por la derecha al Regimiento de Amezaga,
abrigado con el Real de Asturias, el futuro PRINCIPE.
En el curso de la lucha, el regimiento se halló en rechazar la primera carga de los dragones
ingleses, a cuya cabeza se puso lord Galway, a los que persigueron hasta su propia línea,  
donde el sostenido fuego por pelotones de los regimientos de infantería que el enemigo
tenía interpolados con su caballeria, detuvo la persecución y obligaría a las brigadas de la
Guardia y Pozoblanco a replegarse.
Jose Francisco Carrillo de Albornoz y
Montiel (Sevilla, 8.X.1671 - Madrid,
26.VI.1747), conde (1707) y duque de
Montemar (1735), GdE y Caballero del
Toisón, fue el segundo coronel del R.C.
MONTESA en virtud de patente real
expedida el dia 21.VIII.1706. En él as-
cendió a brigadier (7.IX.1707), pero el
año siguiente pasó a mandar el Rgto.
Real de Asturias (luego PRINCIPE), que
retendría hasta su promoción a maris-
cal (1.XI.1710). Fue gobernador de Za-
ragoza y Barcelona, antes de ascender
a TteGral (22.V.1718); después desem-
peñó los cargos de Inspector general de
la Caballería (5.IX.1720), Coman- dante
general de Cataluña, con la pre-
sidencia de su Audiencia (13.II.1722) y
Capitán general de la Costa de Gra-
nada (1726), pasando a ocupar la Di-
rección general de Caballería (1732) ya
con el empleo de capitán general de los
RR.EE. (4.IV.1731). Mandó el ejér- cito
que reconquistó Nápoles y Sicilia tras
derrotar a las tropas imperiales en
Bitonto (26.V.1734), éxito recompen-
sado con la grandeza de España y el
título ducal. Fue Ministro de la Guerra
(1737-1741) y coronel, hasta su muer-
te, del Regimiento de las Reales Guar-
dias de Infantería Española.
Plantilla de oficiales de un regimiento
de Caballería en 1705, según el
«Arreglamiento (Reglamento) del Señor
Rey D. Felipe V para sus Tropas».
La declaración prematrimonial del
ecijano Pedro de Zayas y Rejón, que
sirvió en el Regimiento de Montesa
"desde fines de 1706" hasta que retiró
del servicio en 1716, siendo ya capitán
del regimiento. Mientras él sirvió, el
regimiento era conocido por el nom-
bre de sus coroneles, tomando en
1718 el nombre de Salamanca y, en
1734, el de Montesa, que precedente-
mente había llevado otra unidad de
Caballería. Debía aclarar en qué luga-
res se había hallado desde que salió
de Écija, por lo que no alude a sus
experiencias de combate más que en
una ocasión. No obstante, el docu-
mento constituye una fuente inapre-
ciable para reconstruir los avatares
del Rgtº en la Guerra de Sucesión. Lo
exhumó Francisco Javier Gutiérrez
Núñez en el Archivo arzobispal de Se-
villa y fue publicado en el no. 21 de
Researching & Dragona, pág. 123
Contrariamente a los "hojas de ser-
vicios" decimonónicas, que redactaban
los propios interesados, las "relaciones
de méritos" de los siglos XVI al XVIII las
escribían oficiales de diferentes secre-
tarías (Guerra, Marina, Indias, etc),
generalmente a partir de las certifica-
ciones conservadas por la parte, pero
también sobre los registros de las
propias secretarías. La del capitán San-
ta Ana, que sirvió en el MONTESA de
soldado, carabinero y cabo, desde su
formación hasta 1716, contribuye a elu-
cidar los hechos de armas del Regi-
miento, aunque la suya sea una bastan-
te sucinta. En cambio, otras aportan
detalles muy menudos y atesoran una
información veraz y contrastada que
permite corregir no pocos yerros que la
Historia persiste en consagrar. Abajo, el
pie de la certificación, aclara la proce-
dencia de la información, pero en todo
el cuerpo de la misma se hace siempre
una precisa referencia a las fuentes,
generalmente oficiales superiores que
se constituyen en testigo de vista de los
servicios del interesado.  
El castillo de Villena, cuya resistencia
ante el ejército archiducal, habilitó al
duque de Berwick un tiempo precioso
para reunir el suyo en Almansa.


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