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| ESTUDIOS HISTORIOBÉLICOS. EDICIÓN DIGITAL |
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| LA CABALLERÍA ESPAÑOLA EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (2) |
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| P.—Con cada nuevo contacto me asombra más la ingente labor que ha hecho recopilando los historiales de nuestras unidades. La verdad es que la información que me aporta me está per- mitiendo tapar poco a poco todos los agujeros que mis fuentes han ido dejando, en particular Sotto. Aunque somos una especie en vías de extinción, no debemos dejar que gestas tan glo- riosas como las protagonizadas por nuestros antepasados caigan en el olvido, y difícilmente podremos hacerlo sin recomponer adecuadamente sus historiales. Le agradezco la relación tan exhaustiva de unidades, jefes e incluso plantillas que me ha enviado. Cualquiera puede ver el trabajo que ello le ha debido costar y realmente me bastaba con los nombres de las uni- dades y las fechas de creación y disolución. Pero me surgen algunas dudas sobre las mismas, que le planteo a continuación. Me comenta que los tercios de caballería se crearon en los Países Bajos en 1649 y se disolvie- ron en 1661. Entiendo por lo tanto que las compañías que los componían existían con ante- rioridad a esa fecha ¿no es así? Simultáneamente las compañías de Caballería de la Penínsu- la se agrupaban en trozos al menos desde 1635 ¿verdad? R.—No. El primer trozo que se formó en la Península lo fue para la reconquista de Salses, en 1639, y tuvo una vida muy efímera. Haciendo memoria, creo que tu afirmación puede basar- se en otra de Sotto a propósito del Regimiento de Pedro de la Puente (pg. 272), de quien no hace mucho logré identificar su retrato, que conserva —sin saberlo, como el de otros muchos militares del siglo XVII— el palacio del Senado. Servía en Milán y mandaba en efecto un regi- miento de dragones, levado en el Tirol por patente de 7 de mayo de 1637. La primera gran unidad (tipo trozo, tercio o regimiento) de su instituto fue el de Santacilia, que ordenó for - mar el Cardenal Infante para la batalla de Nordlingen (1634). Regimientos de caballería ale- mana, alsaciana, valona, borgoñona, napolitana y hasta francesa, tuvimos en Flandes, Milán y España; pero la caballería de españoles naturales siempre estuvo organizada en compañías sueltas, en todos los repartimentos, hasta aquella experiencia de Salses. No tengo ahora a ma- no el nombre de su primer comisario, pero sé que poseo el dato. Lo que recuerdo es que el sar- gento mayor de aquel primer trozo fue Fernando Chirino de la Cueva, a quien Felipe IV le concedió patente para levantar el segundo de los trozos que se formaron en España (1640) y que iba a tener muy larga vida: el de Rosellón. En cuanto a Flandes, los primeros trozos —allí llamados tercios— datan de 1649; pero todos fueron disueltos entre 1660 y 1661, quedando sólamente unas 100 compañías sueltas y 4 ó 5 regimientos de caballería alemana. Aquella reforma la llevó a cabo el marqués de Caracena, pero actuando siempre en conformidad a las órdenes de la Corte. Todo el proceso está docu- mentado en la Sección de Estado del Archivo de Simancas, del cual tengo numerosas trans- cripciones y las revistas de 1660, 1661 y 1662, pero todavía sin informatizar. |
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| El retrato de Pedro de la Puente, que conserva el Senado (CAT. 105 ant/ 125 mod), ejecutado por Santiago Morán, fino artista madrileño del que son rarísimas las obras preservadas. Pintado para la colección del Mar- qués de Leganés, ingresó en el Se- nado en el siglo XIX. Pese a que la Institución ha publicado diversos libros sobre su pinacoteca, aun des- conoce la identidad del retratista y del retratado, que sirvió en el ejér- cito de Milan y después sería caste- llano de Orbetello, Pavía y San Salvador de Messina, donde murió. |
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| P.-Siguiendo a Sotto, en 1662 sólo habría 5 trozos constituidos: Rosellón,Or- denes, Extremadura, Badajoz y Milán (¿Valones?). Sin embargo, en la revis- ta de ese año —incluída en la página 306— aparecen 14, más 2 compañías sueltas. ¿Cuándo aparece el resto y, si Extremadura es el que aparece como Rivera, dónde están los otros 4? R.—El Trozo de Milán nada tuvo que ver el con el de Valones; éste vino a Es- paña a principios de 1644 y estaba formado por belgas. En cambio el de Mi- lán, que vino a España en 1661, estaba formado por españoles. Si Sotto afirma que en 1662 sólamente existían 5 trozos, se equivoca. Aquel año había en la Península gran número de ellos: en Cataluña, Aragón, Extre- madura, Andalucía (Ayamonte, Sevilla), y en las fronteras de Castilla (Zamo- ra, Ciudad Rodrigo). Sería complicado formar una lista completa, porque habría que recopilar las de diversos ejércitos, cada uno con sus contadurías y veedurias propias, aunque podría hacerse. Además, para entonces habían desaparecido otros, porque continuamente se formaban y disolvían unida- des; las primeras, sobre todo, en tiempos de guerra; las otras, en cuanto llegaba la paz. De todas formas, la página 306 del libro de Sotto registra 18 trozos, sin contar con los de Cataluña y Aragón. Examinando la relación extremeña, sorprende que llame trozos a las com- pañías de Guardias, que no lo eran. Formaban batallones (nombre que reci- bían entonces los futuros escuadrones; denominación aun resevada para las formaciones de infantería). Eran cinco: 2 del Capitán general Juan José de Austria (una de corazas y otra de arcabuces); una del gobernador de las Armas (el duque de San Germano) y las del general y el teniente general de la Caballería extremeña, respectivamente Diego Caballero y Juan Martín Ruano. En Milán o Flandes tenía también la suya el Comisario General de la Caballería del Ejército, que era un puesto superior al de los comisarios de los trozos; pero las capitanías generales más pequeñas, como Sicilia, sólo matenían una compañía para el capitán general (gobernador) y otra para el general de la Caballería. En Flandes llegó a haber 6 compañías de guardias y en Cataluña 5; todas ellas darían lugar a regimientos en el siglo XVIII. |
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| Ahora veamos los trozos que incluye en el Ejército de Extremadura: 1.-Alejandro Moreda no consta en mis notas digitalizadas. 2.-El barón Louis de Scey era el Comisario del TROZO DE BORGOÑA; es decir, del Franco-Condado español y no de un trozo formado por franceses, aunque el Franco Condado sería cedido a Francia en virtud de la Paz de Nimega (1678). Este Trozo se había distinguido antes en Cataluña al mando del barón de Bouthier. 3.- Juan Cortés de Liñán era comisario del TROZO DE FREGENAL, disuelto en 1668; antes, el 15 de junio de 1664, dieron el mando de su trozo a Garcia Sarmiento de Sotomayor, pero el 8 de octubre del mismo año volvieron a reponer- le en su puesto. 4.-Gianangelo Ballatori era el comisario del TROZO DE NÁPOLES. 5.-Giovanni Giacomo Mazzacani era el comisario del TROZO DE ROSELLÓN. 6.-Miguel Ramona no aparece en mis notas digitalizadas; pero es posible que haya alguna errata porque Ramona no parece que sea un apellido. 7.-Juan de Rivera era el comisario del TROZO DE FERIA, disuelto en 1668. 8.-José de Larreategui mandaba un trozo que no tuvo nombre fijo. Ascendió a SgGralBat y fue TteGral de la Cabª extremeña. El 20.I.1665 su trozo sucedió en Garcia Sarmiento de Sotomayor, finalmente disuelto el 19.V.1668. 9.-Antonio Montenegro era el comisario del TROZO DE LAS ORDENES. 10.-Juan de Novales y Rojas era el comisario del TROZO DE MILAN. 11.-Antonio Guindazzi-Caracciolo, cuya tumba se conserva en el Duomo de Nápoles, era MdC de un tercio de in- fantería napolitana, constituyendo su inclusión aquí una pifia enorme. No me gusta nada éste detalle, porque revela que Sotto no pudo copiar la relación que nos presenta de ninguna revista, salvo que intentara mejorarla con datos pro- venientes de fuentes distintas. En todo caso, al no citar la procedencia de la información, el trabajo no puede aprove- charse, ya que sólo podemos basarnos sobre fuentes identificadas y contrastables. Además, ni siquiera parece completo pues advetimos en su relación la ausencia de algunas unidades que aquel año servían en Extremadura. Por ejemplo: —El TROZO DE CATALUÑA, que entonces mandaba Jusep Ruguera. Este trozo pasó después en Galicia y, en fe- brero de 1680, se embarcó para Flandes. —El TROZO DE OSUNA, que formó el Duque de Osuna en 1661 (aunque estoy citándola de memoria). El Duque lo le- vó, uniformó y armó dos a su costa, presentando al rey unas cuentas muy detalladas de todo lo que había gastado a su servicio. El Trozo fue disuelto en Cataluña tras el frustado sitio para recobrar Palamós (1695). —El trozo de Alonso Cañizares, que mandó uno de su nombre, disuelto antes de suceder, en 1669, a Antonio de Isasi en el TROZO DE EXTREMADURA, que también falta. —El Trozo de las GUARDIAS VIEJAS DE CASTILLA, que entonces servía también en dicha provincia. Recapitulando los trozos de Caballeria que servían en Extremadura en 1662, vemos que en realidad fueron los 13 si- guientes: (1) BORGOÑA; (2) FREGENAL; (3) NÁPOLES; (4) ROSELLÓN; (5) FERIA; (6) LARREATEGUI; (7) ÓRDE- NES; (8) MILÁN; (9) CATALUÑA; (10) OSUNA; (11) CAÑIZARES; (12) EXTREMADURA y (13) GUARDIAS VIEJAS DE CASTILLA. De confirmarse la existencia de los de MOREDA y RAMONA, entonces serían 15, excluyendo siempre a la compañías de guardias. |
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| P.—Al principio de la lista, dentro del Ejército de Galicia, Sotto menciona 3 tercios recién lle- gados de Flandes (probablemente supervivientes de la disolución del año anterior): Azcona, Basigny y Horns. ¿Es posible que alguno de ellos corresponda con los de Nestién o Hesse Homburg, y que ambas unidades no llegaran a disolverse, sino que fueran repatriadas, para volver a Flandes en 1667? (R).—Esos 3 trozos provenían de Flandes, pero hubo que crearlos de nuevo en 1662, porque entonces en Flandes ya sólamente existían compañías sueltas. En efecto, tras la primera re- forma de la Caballería, que Caracena llevó a efecto el 18.III.1661, quedaron vivas 115 compa- ñías sueltas; pero en 1662 se reformaron otras 13, quedando fijadas en 102, inclusas las 3 de Guardias (corazas y arcabuceros del Capitán general y la compañía del gobernador de las Armas). Las restantes eran: 32 españolas, 4 italianas, 14 borgoñonas, 39 valonas y 14 alema- nas (9 de ellas en 2 regimientos, que fueron las únicas unidades mayores que se mantuvie- ron). Tras la marcha a España de los 3 tercios, el número de compañías que servían en Flan- des quedó nuevamente reducido a 96. La formación de “3 Tercios de Caballería para ser enviados a España”, cuyos mandos se confiaron a Diego de Azcona (de caballería española), al conde de Hornes y al vizconde de Furnes (los dos últimos de caballería valona), se ordenó en enero de 1661. Los primeros pa- gos a que dieron lugar dicha formación se produjeron en febrero, sobre "las ayudas de cos- tas para el viaje y la prevención de sillas para montar a los soldados para ir a servir en Es- paña”, quedando rematados el 5.V.1662. Como además se pagaron todos los sueldos atrasa- dos a los que iban a embarcarse, algunos capitanes cobraron la bonita suma de 3.000 escu- dos. Los 3 tercios de caballería tenían 6 compañías cada uno, incluyendo las de sus sargen- tos mayores, pero sólamente éstos y los maestres de campo eran capitanes con compañías vivas tras la reforma de 1662 (6 en total); los demás capitanes, nombrados para la ocasión, eran reformados o procedían de la infantería, lo cual constituía una promoción muy golosa porque un capitán de infantería cobraba 40 escudos al mes mientras que el de caballería se embolsaba 110, aunque de dicho sueldo tuviera que pagar la cebada, el heno, la alfalfa y el paje para el caballo). Los soldados se apuntaron voluntariamente, procediendo tanto de la caballería como de la infantería. Asi pues, los 3 tercios de caballería formados de nuevo para viajar a España fueron: —ESPAÑOL de Diego de Azcona (SgM: Juan de Villegas). —VALÓN de Philippe Eugène de Hornes, vizconde de Furnes (SgM: Gonzalo de la Guerra). —VALÓN de Eugène Maximilien de Hornes, conde de Baucignies y de Hornes, cuyo SgM fue el conde de Lorette. Los dos primeros llegaron a Galicia en 1662, junto con varios tercios de infantería, pero el Tercio del Conde de Hornes no desembarcó hasta finales de diciembre, tras un accidentado viaje que duró más de 2 meses (cuando normalmente se empleaban 6 dias) en compañía del Tercio de infantería del marqués de Risbourg. Por lo tanto, no puede figurar en España en ninguna muestra del año 1662. El vizconde de Furnes, Philippe Eugène de Hornes, sucedió en el título de conde Houteker- que a la muerte de su padre Philippe Lamoral de Hornes (18.IV.1663), momento en que re- nunció el título vizcondal de Furnes en su hermano menor Maximilien. Habida cuenta lo an- terior, la muestra que reproduce Sotto debe ser posterior al mes de mayo de 1663, una vez operado y conocido el relevo en los títulos de Houtekerque y Furnes, ya que cita a Felipe de Hornes como conde en lugar de vizconde. El Tercio de Diego de Azcona, que recibió en 1664 un gobierno en Indias, sucedió en Juan de Villegas y fue llamado TROZO DE FLANDES, que sería disuelto en 1668, ya al mando de An- tonio Hidalgo de Cisneros. En 1695 llegó de Flandes un nuevo trozo de caballería valona que llevaría el mismo nombre y fue el que dio lugar al Regimiento de FLANDES (como refiero en R&D-6). Antes, en enero de 1644, había llegado otro contingente de caballería valona, llama- do TROZO DE VALONES, aunque a veces —sobre todo al principio— se conoció como "Ca- ballería de Flandes"; de ahí que algunos le citaran como Trozo de Flandes, pese a que oficial- mente (revistas, pagos, etc) consta siempre como TROZO DE VALONES. Este trozo sirvió hasta 1698, en que fue llamado de Cataluña a la Corte para formar el REGIMIENTO DE LA GUARDIA DE CARLOS II, que solo tendría unos meses de vida. Los dos tercios de caballeria valona regresaron a Flandes en 1667, pero alli no tuvieron conti- nuidad orgánica porque su regreso se produjo antes de que se formasen los regimientos. Sus capitanes fueron reformados, salvo Jean-Baptiste Wacant e Ignace de Witt (dos grandísimos soldados de la Caballería española), que recibieron el mando de sendas compañías vacantes de caballos corazas. Lo del Regimiento Farnesio está publicado en R&D-7, al final de la revista. El tema no tiene vuelta de hoja, pero tampoco es para dramatizar. Hoy dia, que se creara en 1649 o en 1667 carece de importancia, aunque la tuviera en su tiempo de cara a las preeminencias. Personal- mente no me interesan los entronques ni enjuagues genealógicos, sino exclusivamente la an- tigüedad que pueda probarse a partir de servicios continuados e ininterrumpidos; en defini- tiva, lejos de la línea seguida por el historialismo en España, que pretendía entroncar el pu- ñado de regimientos que sobrevivían en el siglo XIX poco menos que con el Cid Campeador. ¡Como si la historia militar de España pudiera escribirse sólamente con ellos! El Tercio de Dragones de Santacilia y el de infantería de Martín de Idiáquez se distinguieron en Nordlin- gen, una de las mas resonantes victorias militares españolas, donde el segundo se bastó prác- ticamente para desbaratar a la infantería sueca, llegando a repeler 7 cargas. Sin embargo, los dos fueron disueltos en Bruselas (marzo de 1635), para subsumirse en otras unidades que allí existían. Fue un triste destino para uno de los tercios españoles que mejor se comporta- ron en un campo de batalla, pero así estaba previsto desde su formación (con compañías sacadas de los Tercios de Lombardía y Saboya) porque su existencia como tercio solo iba a durar lo que su viaje a Flandes. Por cierto, una suerte muy común a la muchos tercios de in- fantería española, mucho más numerosos de los que tuvieron continuidad. Las reformas de Caracena en 1661-1662 son incuestionables y, por lo tanto, ningún regimien- to de caballería de los que tuvieron su orígen en Flandes puede atribuirse una antigüedad histórica anterior a 1667, momento a partir del cual tuvieron continuidad orgánica. Sin em- bargo, en 1741 se fijaron las antigüedades de los regimientos entonces en activo a partir de una encuesta encargada al fiscal Juan Antonio Samaniego. El rey sancionó los resultados de unas pesquisas que finalmente recayeron sobre las partes interesadas y que obviamente se aplicaron en su propio beneficio. Ni la racionalidad e imparcialidad del fiscal pudieron evi- tar sus desdibujados logros. El caso es que aquella investigación adulterada, llevada a cabo con los medios disponibles hace más de 260 años, cuando aun se escribía con pluma de gan- so bajo la luz de un candil, acabó elevada al rango de ley (Real Decreto) y todavía mantiene su vigencia, aunque el corpus legislativo actual nada tenga ya que ver con el de entonces, configurando no sólamente un anacronismo sino una agresión histórica . En una conferen- cia reciente daba cuenta del caso del R.I. SABOYA, que no constituye excepción, sino más bien la generalidad del asunto. |
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| Ambroise de Hornes (†Bruselas 26.IX. 1656), conde de Hornes y de Baucig- nies, barón de Boxtel, Esdain, Loke- ren y Evere, MdC de infantería valona (en cuya condición combatió en Ro- croi), general de la Artillería y gran falconero de los Países Bajos. Fue el padre de Eugène Maximilien de Hor- nes (1631-1709), que sucedió en los títulos paternos y fue creado I prín- cipe de Hornes ( 1677), en recom- pensa de sus servicios. |
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| Retrato anónimo de Pedro Santacilia y Paz de Togores, que conserva el Ayuntamiento de Orihuela. En 1633 levó en Menorca una compañía de 400 infantes que condujo aquel mismo año a Italia. Reducida a la mitad de sus efectivos, fue agregada al Tercio de Saboya, aunque poco después formó parte del Tercio que Juan Diaz Zamo- rano condujo a Alemania para el so- corro de Brissach, a las órdenes del Duque de Feria. Poco antes de la batalla de Nordlingen, el Cardenal Infante le ordenó formar un tercio de dragones, que levantó a partir de 5 compañías de infantería que se le confiaron para la ocasión. |
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| Al pie de los cascos de su caballo (izquierda del lienzo), inscrita en car- tela, leemos la siguiente leyenda: «Pedro Santacilia y Paz de Togores Burges, cavallero de la Orden de Calatrava, almirante de la armada del Mar de Cataluña, agregada a la Real, governador de los dragones de los Exercitos de España, de la Cavalleria del Exercito de Castilla la Vieja, de los vaxeles de socorro del Principado y de la isla de Menorca, procurador real y capitán general interino del Reino de Mallorca» |
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| El futuro regimiento ALCÁNTARA aparece en la relación de la página 280 (que corresponde al año 1673), pero hay que buscarlo en el nº 9 de la Caballería valona: el del Caballero Donnetieres; en realidad, Jean-François d’Ennetières, hijo segundo del conde de Mouscron (en flamenco, Moeskroen). Los oficiales de muestras del Rey eran españoles y tenían verdaderas dificultades para escribir los apellidos valones y flamencos, entre otras cosas, porque intentaban hacerlo tal y como sonaban fonéticamente (D’Ennetières = Dantier). Así, en la revista de 1661, su compañía suelta aparece como “De Netiers”. No es preciso consultar otras para colegir que "De Netiers” a “Nestien” no media más que un paso. Me pa- rece imperdonable que emborronemos la memoria histórica de cualquier soldado, que es lo que hacemos al trabucar su nombre —el vestigio de su memoria—, porque equivale a despojarle de su mayor honra: la de haber servido. Siem- pre he procurado respetar la memoria de nuestros soldados, de los soldados de España, independientemente de cual fuera hoy su nacionalidad, porque, cuando ellos servían, Flandes, Luxemburgo, el Franco Condado, Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y los presidios toscanos (incluyendo la isla de Elba), eran reinos o provincias de España; provincias que pudieron mantenerse "a la devoción del Rey" gracias a la sangre que tan generosamente derramaron sus “leales súbdi- tos”, como se decía entonces. Sería imposible reconstruir la historia militar de España sin contar con aquellos solda- dos, como tampoco sin los alemanes, súbditos del Imperio que Carlos V segregó de la monarquía hispánica, pero que se mantuvo como su más firme aliado hasta el testamento de Carlos II. De hecho, raras veces la proporción de españo-les naturales los ejércitos de los Austrias alcanzaba el 25% del total, contando con todos sus repartimentos. P.—Respecto a la muestra del Ejército Peninsular en 1662, además de los 13 trozos identificados por usted, Sotto inclu- ye el de Robles en el Ejército de Castilla. ¿Era éste el trozo de las Guardias Viejas? R.—No. En 1662-64, el comisario general del Trozo de las Guardias Viejas era Sancho Fernández de Angulo y Sando- val, caballero de Santiago y caballerizo de Juan José de Austria. El trozo de las G.V. sirvió ininterrumpidamente en Extremadura desde 1659 hasta 1668, hallándose, entre otras acciones (tomado de un expediente), «... en el sitio de El- vas, las toma de Villabuin, Santa Ollala, Barbacena, la plaza de Arronches y el castillo de Alconchel... en la rota de Villaviciosa, fue de los últimos que se retiraron; en el rencuentro que se tuvo con el enemigo junto a la Zarza de Al- cántara, quitó al rebelde 50 caballos e hizo prisioneros a 2 capitanes...». P.— Las Guardias Viejas nacen en 1493 como un cuerpo de 25 compañías independientes. ¿Cuándo se transforman en trozo y cuándo se disuelven? R.—Las Guardias Viejas de Castilla, como las Bandas de Ordenanza de Flandes, o la Caballería de Ordenanza de Nápo- les, Milán, etc. era el residuo de la caballería feudal; por ello, sus capitanes pertenecían siempre a la nobleza —aunque sus compañías las servían generalmente sus tenientes—, y sus empleos eran perpetuos (como las encomiendas de las Ordenes militares). La organización y manera de servir de estos cuerpos montados de “gentes de armas”, “gendarmes” o “Caballería pesada” nada tenía que ver con la Caballería Ligera, pero es cierto, como afirma Quatrefages, que al al- borear de la Edad Moderna constituyeron el primer embrión de los ejércitos permanentes. Ahora bien, el territorio pe- ninsular tenía sus propias peculiaridades, entre otras, las frecuentes razias sarracenas, que exigían el empleo de una caballería más ágil; es curioso, y poco conocido, que algunas compañías de las G.V. se transformaron en compañías ligeras, dentro del propio Instituto, siendo las primeras las que residían en el Reino de Granada. La más antigua de la que tengo noticia fue la de Gaspar de la Cueva y Benavides, marqués de Bedmar, que recibió su título «de capitán de una compañía de "caballos jinetes" (luego se llamaron “caballos ligeros”) de las Guardias Viejas de Castilla que resi- de en el Reino de Granada». En 1668 el Cuerpo había sido ya reducido a 20 compañías, de las cuales 5 continuaron siendo ligeras y pertenecían a los siguientes capitanes: Carlos Briceño de la Cueva; el marqués de San Damián; el Con- de de Monterrey, el duque de Camiña y el marqués de Bedmar (descendiente del anteriormente citado). Es de presumir que el Trozo de las Guardias Viejas que tomó parte en la Guerra de Portugal se formara con las compañías ligeras que servían en las Guardias, pero aun no he estudiado el caso en profundidad. |
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| P.—En la relación del año 1698 (páginas 283-84 del libro de Sotto ) desa- parecen todas las unidades anteriores (¿realmente se disolvieron todas?), excepto los 5 trozos antes mencionados y Fourneau (Farnesio). Aparece ahora también Cecille (Alcántara), que tendría que haberlo hecho, al me- nos, en la segunda de ellas y otros tres tercios desconocidos (Noirnon, Ri- beaucourt y Beaumont). ¿Alguno de ellos es el de Barcelona? R.—Tampoco esta nueva relación de Sotto está basada en fuentes prima- rias. Las muestras de los ejércitos de la monarquía se hacían siempre por repartimientos (capitanías generales), de las que había 10 en la Península (Castilla, Extremadura, Galicia, Navarra, Aragón, Cataluña, Valencia, Murcia, Costa de Granada y Costas de Andalucía). Como podrás imaginar, resultaría muy difícil reunir revistas de tan diferentes procedencias en fe- chas mas o menos coincidentes, aunque ello no impide que el historiador pueda intentar ofrecer un aspecto general de lo trozos o tercios de caballe- ría que los ejércitos de España tuvieran en un determinado momento. De todas formas, la Caballería presenta menos dificultades que la Infantería, dado que —en esas fechas— sólamente existían unidades superiores en España [Cataluña, Castilla y Extremadura] y en Flandes (más numerosa), donde la muestra general de marzo de 1697 arrojó unos efectivos totales de 4.957 plazas repartidas entre 5 tercios españoles; uno italiano, otro borgo- ñón, 3 valones, 5 regimientos alemanes y 4 tercios de dragones. No poseo copia de la muestra de 1698, pero sabemos que aquel año fueron reforma- das 6 unidades (dos españolas, dos alemanas y 2 de dragones), quedando vivas las siguientes: |
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| Maximilian-Emmanuel II Wittelsbach (1662-1726), duque y Elector de Ba- viera, gobernador de los Paises Ba- jos españoles (1692-1712), en quien Felipe V renunció sus derechos so- bre dichos estados (1712) para com- pensarle por la pérdida de Baviera. El Tratado de Utrech se la restituyó pero hubo de ceder sus derechos flamencos al Emperador. Casado con una nieta de Felipe IV, su hijo José Fernando hubiera sido rey de Espa- ña, de no haber muerto prematura- mente y en extrañas circunstancias, poco después de que fuera decla- rado heredero de Carlos II (1698). En 1701, sus dos compañías de guar-dias formaron un regimiento que fue conocido como Guardias de España, mientras permaneció en Flandes, y Guardias de Flandes al repatriarse en España (1714). Disuelto en 1715, las dos compañías originarias —de caballos negros y bayos— perma- necieron en activo hasta 1717. |
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| De manera que las 5 unidades que llegó a conocer Sotto, sin contar los dragones, fueron en realidad 11, excluyendo también a las compañías de guardias citadas en la tabla porque to- davía no formaban grandes unidades (tercios, trozos o regimientos). Sin embargo, en marzo de 1701, sobre la base de dichas compañias se constituyeron 4 regimientos de caballería que acabaron sirviendo todos en España, aunque sólo el renombrado Algarbe se libraría de la re- forma que los demás sufrieron en 1715. |
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| El príncipe Jorge de Hesse-Darmstadt (1699-1705), primo de la reina Mariana de Neu- burg, fue el primer coro- nel del Regimiento de la Guardia de Carlos II, hasta que juró como virrey de Cataluña el 8.II.1698. Relevado de dicho puesto por Felipe V en marzo de 1701, re- gresó a Viena sin pasar por la Corte, uniéndose al ejército imperial que invadió Italia el mismo año. Mandó las tropas que tomaron Gibraltar (1704) y las que desem- barcaron para tomar Barcelona (1705), pero murió antes de su cap- tura, en el asalto al fuer- te de Monjuic. Pedro Ronquillo Briceño (1679-1712), regresó de Flandes a finales de 1702, siendo promovido a MdC del Tercio de Ma- drid, levado en 1703. |
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| Respecto a las Unidades, sin tomar en cuenta a los dragones, las diferencias peninsulares no son tan apre- ciables como en Flandes. Sotto incluye al Regimiento de Cuantiosos andaluces, cuya formación se ordenó al Brigadier Rafael Díaz de Mendívil por patente de 1 de abril de 1704; por otra parte, omite al Trozo de Alemanes, en servicio desde 1679, cuando se formó con elementos de los disueltos regimientos de Rouge- mont y San Giorgio. El regimiento de la Guardia de Carlos II se había formado el 27 de diciembre del año anterior con refor- mados españoles de diversos trozos, a raiz de una reducción de plantillas, y los valones del TROZO VIE- JO DE VALONES DEL EJÉRCITO DE CATALUÑA, el antiguo TROZO DE VALONES que servía desde 1644 y fue disuelto en la ocasión. El regimiento pasó sus 22 meses de vida en el Alcázar de Toledo hasta que fue disuelto. Con los soldados y oficiales españoles se formó un nuevo trozo cuyo mando se dió a Luis Galindo —futuro coronel del MONTESA— aunque sería reformado en 1701; en cambio, los valones se in- corporaron en los dos trozos de su nación (Flandes y Brabante) y también en el TROZO DE ALEMANES, que sería llamado a la Corte y disuelto a comienzos de 1704. En R&D-6 prolongué erróneamente la vida del Regimiento de la Guardia hasta 1703, entroncando su reforma con la creación del Regimiento de la Reina, como afirman el mismo Sotto Montes («Guardias palacianas y Escoltas reales de la monarquía es- pañola» en R.H.M. 37, 1974), Gómez Ruiz y Alonso Juanolas (El Ejército de los Borbones, I, 213) y cuan- tos han escrito sobre el particular siguiendo al conde de Clonard; sin embargo, diversas relaciones de ser- vicios de oficiales que sirvieron en dicho regimiento —como los capitanes Martin Antonio de Laguna y Diego Jiménez, o el teniente Ignacio Montalvo y Rojas— me permiten corregir hoy lo publicado en su día. |
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| Las diferencias más ostensibles entre la relación de Sotto y la nuestra radican en los mandos, tema que configura el "punto negro" del historialismo español. Los historiales nacieron en el primer tercio del siglo XIX, aunque haya notables precursores en el XVIII, como el R.P. Daniel, que publicó su Histoire de la Milice Française en 1721. Richard Cannon consagró lo que podríamos llamar el modelo de primera gene- ración, secundado en España por José Ferrer y el conde de Clonard, que no tuvieron epígonos —aunque si imitadores— mientras que en el Reino Unido se hacen ya historiales de quinta o sexta generación e in- cluso puede hablarse de género literario cuando aquí no pasan de ser un subproducto histórico. Los his- toriales son fruto de un pacientísimo trabajo, ya que las Unidades llevaban libros de cuentas y roles de compañías, pero nunca registros de sus hechos. Quizá por ello, pero también porque constituyen una marca distintiva de cada regimiento, los historialistas se afanaron primero en recomponer los hechos de armas notables que protagonizaron las unidades, punto donde poco más o menos nos hemos quedamos en España. El problema es que aquí perviven unidades que precedieron casi en dos siglos a la institución de sus nombres perpetuos y, mientras no se resuelvan sus cadenas de mando, muchos hechos de armas serán erróneamente imputados a otras —como sucede a menudo—, desmereciendo notables esfuerzos y pervirtiendo la memoria histórica. Lamentablemente, la reconstrucción de mandos en nuestros historia- les —al menos, en relación a la Edad Moderna— se ha intentado sin el menor rigor y a veces especulati- vamente, como evidencia de nuevo el trabajo de Sotto, al que no puede culparse más que de beber en fuentes corrompidas. Para promover el interés y la investigación sobre estos temas en fuentes primarias, fundé la revista "Dragona" en 1992, precursora de R&D y también de ésta WEB, donde confío poder avanzar el trabajo emprendido hace ya más de una década. EJÉRCITO DE MILÁN La única unidad superior a la compañias sueltas de caballos que existía entonces en el Estado de Milán era el "Regimiento de Caballeria Dragona del Estado", que mandaba el coronel Diego de Monroy, antece- dente del PAVIA. Los 3 que relaciona Sotto —Trivulzio, Valdefuentes y Surco— no se crearon hasta el 20 de abril de 1701, cuando las compañías sueltas preexistentes se agruparon para formar distintos regimientos. —El del Principe Antonio Tolomeo de Trivulzio, teniente general de la Caballeria del Estado, tuvo incial- mente 12 compañias (5 de ellas españolas, inclusa la del Tcol Ventura de Salas). Se deshizo durante la invasión austro-piamontesa del Estado (diciembre 1706 - marzo, 1707). —El marqués de Valdefuentes formó en la misma fecha otro regimiento, en su caso agrupando las 8 com- pañias de infantería napolitana que servían en el Estado. Fue completado hasta 12 compañías en mayo de 1705, coincidiendo con el relevo de su coronel, que paso a ser Feliciano de Bracamonte. Solo algunos de sus efectivos embarcaron para España en virtud del tratado de evacuación de Milán, siendo agregados al Regimiento del Principe de Molfetta> Fantaguzzi (disuelto en 1715). —Fernando Suárez de Figueroa, que no sería marqués del Surco hasta 1716, sucedió en 1703 a Gaetano Coppola en el regimiento que éste formó en 1701 a partir de las 9 compañias de "caballeria extranjera" (alemana) que servían en Milán en 1698. Este regimiento se retiró a Francia con los restos del Ejército de Vendôme, derrotado ante Turin (7-IX-1706). Pagado por Luis XIV, continuó sirviendo en Alemania, Alsacia y el Franco Condado hasta que regresó a España en 1714, ya al mando de Philippe Richard Du- puis. Fue disuelto el año siguiente, pero su coronel recibió el mando del futuro R.C. BARCELONA. JUAN L. SÁNCHEZ |
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