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| ESTUDIOS HISTORIOBÉLICOS. EDICIÓN DIGITAL |
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| DOCUMENTOS SOBRE LA BATALLA DE ZARAGOZA (1710) |
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| Desde que abrí esta web, anterior a la desaparición de R&D, no había vuelto a tratar sobre la Guerra de Sucesión más que en algunas biografías sobre militares que sirvieron en ella.Recuer- do que, con la extinción de la revista, quedó inconcluso un amplio estudio sobre los regimien- tos de la infantería borbónica que en ella sirvieron y que quizá debiera hallar aquí su continua- ción, ¿por qué no? Pero el volver sobre ella se debe a la llamada de un amigo y antiguo colabo- rador al que no puedo desatender: el aragonés Luis Sorando. Me pidió que ayudase a un terce- ro que intentaba reconstruir el ORBAT de la batalla de Zaragoza (20.VIII.1710), tambien co - nocida como batalla de Monte Torrero, o del Barranco de la muerte. Sin que pretenda, ni mucho menos, desanimar al estudioso, quisiera apuntarle que conseguir- lo en mi caso para Almansa me llevó más un lustro de investigaciones, que es demasiado tiem- po como para no meditarlo antes. Pero no se trata sólamente de una cuestión temporal. De los 11 ORBATS que localicé sobre aquella batalla, librada el 25 de abril de 1707, 6 de ellos eran di- ferentes entre sí, aunque ninguno resultó coincidir con el despligue final de ambos ejércitos. El ORBAT (abreviadamente OB) era una disposición normativa de carácter táctico que regulaba el orden de marcha, acampada y despliegue en combate de un ejército durante la época de los combates lineales, comprendiendo a todas las unidades que los integraban según un orden de precedencia jerarquizado y establecido de antemano. Estas instrucciones eran conocidas, apar- te el alto mando, por todos los coroneles y sargentos mayores de las diferentes unidades, que debían de ejecutarlas y por lo común las llevaban plegadas consigo. Es curioso que en muchas de las que conservan los archivos todavía perdure el rastro de las dobleces originales, testimo- niando claramente su procedencia, obviamente manuscritas dado que aun no existían métodos de impresión en campaña. Por ello, las diferencias acusadas entre los despliegues previstos y los efectivos no suelen ser ni numerosas ni severas. En el caso de Almansa, para el ejército feli- pista, aparte la presencia de un regimiento de caballería incorporado a él poco antes del co- mienzo de la batalla, lo mas destacable fue la formación de una reserva (3ª línea) de caballe- ría de 10 escuadrones, que resultó decisiva en el momento álgido de la lucha, así como la dis - persión del batallón francés de Miromesnil en cinco piquetes, cada uno de los cuales se encargó de proteger una de las baterías. Por la parte archiducal, además de la ausencia de Royal Dra - goons, que habia salido a forrajear desde Caudete y no regresó a tiempo de combatir, lo más destacado es que la segunda línea del centro que señalan todos los OBs —incluso el de la Col. Pomblina en la BNL—, pasó a convertirse en la primera y viceversa. Este importante detalle, que elucida una carta de Vriesheim, comandante en jefe de las fuerzas holandesas en España, desde Alcira, el 27 de abril, podía y debería haberlo excogitado durante mi estudio sobre la ba- talla, publicado a partir del número 5 de R&D, por las razones que expliqué posteriormente durante una conferencia en Almansa (impresa en La batalla de Almansa: un dia en la historia de Europa. Almansa, 2004), porque ya disponía de la información necesaria y suficiente para cuestionar su veracidad, aunque no la carga de la prueba. ¿Cómo podemos cuestionar la validez de los OBs que circulan sobre determinados aconteci - mientos bélicos? Las pistas indiciarias la constituyen, primordialmente, las cartas y testimonios de los protagonistas de aquellos hechos, cuya veracidad y minucuosidad —salvo casos muy ex- cepcionales— suele ser inversamente proporcional a su graduación militar. La mayor parte de los oficiales superiores que escribieron sobre los hechos en que participaron lo hicieron por la necesidad de justificarse, aunque fuera privadamente ante su familia —que podía ser más exi- gente que su rey—mientras que a menor responsabilidad suele seguirse mayor sinceridad. Para la batalla de Almansa utilicé dos memorias muy interesantes que aun permanecen inéditas: las del teniente general D'Asfeld (British Library) y las del alférez Freitas de Narvais (Academia de Ciencias, Lisboa), aparte de manejar todas las impresas entonces conocidas: la del anónimo soldado del Royal Dragoons, la del maestre de campo Antonio do Couto Castellobranco, la del entonces capitan Henry Hawley, etc., y consultar no solo la rala bibliografía disponible sino a- bundante documentación inédita en Lisboa (Museo Militar, Academia de Ciencias, BN), Paris (Vincennes, CARAN, BN), Madrid (AHN, BN), Londres (BL, SP), Venecia y Roma (AdS respec- tivos). Por supuesto, el jugo exprimido a tan vasto acopio documental, enfrentado a la redac - ción apresurada de los textos conforme se acercaban los plazos de salida de la revista, fue muy escaso aunque suficiente para reconstruir el decurso de la lucha a lo largo de toda su secuencia temporal y redimensionar el papel de la infantería portuguesa, la única que mantuvo el campo confederado, atrayendo sobre ella el peso de todo el ejército vencedor y habilitando con su sa- crificio la posibilidad de escape abierta a la parte no aniquilada de su ejército. Pero el estudio quedó incompleto, faltando por desarrollar la rendición de los 13 batallones de infantería de la segunda línea confederada refugiados en el Cerro de los Prisioneros, hecho protocolizado en la vecina Casa Grande (antigua casa fuerte, hoy casa de labranza) y el apéndice documental don- de pensaba incluir el destino de las banderas tomadas al enemigo, que no pudieron recuperar los ingleses en Atocha, al ingresar por segunda vez en Madrid (1710), porque la mayoría habían sido adjudicadas a diferentes iglesias peninsulares, según revela un documento que localicé en Madrid. El destino puede ser tan errático como el vuelo de una mosca.Rescatar tanta informa- ción de tantos archivos para acabar empolvándose en mi propia casa! Aun no había concluído mi estudio sobre Almansa cuando otro amigo, José Mari Espinosa, me aventuró en un nuevo estudio sobre otro gran acontecimiento de aquella guerra: el doble envite de Brihuega-Villaviciosa, tan tergiversado por la propaganda felipista y sobre el que todavía gravitan importantes interrogantes sin respuesta: ¿Por qué no ardieron Madrid y Toledo, como estaba previsto, ordenado y dispuesto con la misma frivolidad con que se prendió fuego a Hor- che en aquella retirada hacia Brihuega en la que Stanhope, antes de ingresar en el valle del Ta- juña, se volvía de vez en cuando sobre su caballo y preguntaba, entre colérico, nervioso y preo- cupado por la ausencia de humo: —¿Por qué no arde aun Madrid? Poco después la "querida Dragona" se convirtió en reliquia y, desde entonces, mis papeles so- bre la Guerra de Sucesión dormitaban un largo letargo hasta que la llamada de Sorando les ha devuelto el sentido perdido. No está resultando fácil hallar entre ellos lo que busco y sé que po- seo porque no es fácil olvidar lo que uno va rescatando de los amnésicos archivos, sobre todo si cae sobre ellos la perversión presupuestaria española, que transmuta la cultura en votos y toda- vía no ha superado el estigma de aquella pavorosa ecuación, formulada cuando nuestra vieja piel táurica era tricolor: partidismo agudo = miseria + desórden + déficit (of the record: la fór- mula parece operar como una maldición que quizá no se conjure hasta que un poder presiden- cial, ya que no real, actúe como verdadero contraspeso; aquella balancilla del poder de la que hablaba Ensenada, refiriéndose a otro tipo de partidos: los anglófilos y francófilos de su siglo). Volviendo a nuestro propósito, lo que me propongo es publicar aquí lo que sea capaz de hallar entre mis viejos papeles sobre la batalla de Zaragoza, husmeando en ellos de vez en cuando. Para empezar, he aquí una relación copiada de la colección documental que sobre el Archidu- que Carlos de Austria posee el AHN, en Madrid. Se trata de una relación numérica de los ofi- ciales del ejército de Felipe V apresados en la batalla de Zaragoza. La transcribiré por el mismo orden en que está el original, pero separando las unidades de infantería y caballería, que están mezcladas en él. La primera columna identifica a la unidad tal como aparece en el original, re- saltada en azul y corregida entre paréntesis cuando sea necesario, reservando la segunda, que es propia, para ampliar dicha identificación. El numeral que precede a las unidades en la pri- mera columna corresponde al ordinal que ocupa en la relación original. JUAN L. SÁNCHEZ |
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| Nota 1.—Pudiera tratarse también del Regimiento de Caballería del mismo nombre (4 scons), destinado en Zaragoza desde el 21 de abril de 1710. Nota 2.—Francisco José de Agulló, II Marqués de Gironella, habia muerto en acción durante el combate de Almenara al frente del regimiento, que todavía conservaba su nombre porque no había sido proveído. Nota 3.—Cuando copié el documento aun no existían los ordenadores portátiles y todas las notas habia que tomarlas manualmente a lápiz. Con el paso de los años, mi propia escritura se ha tornado ilegible al difumi- narse el primitivo trazo. De todas formas, aunque transcribolo que leo, por el número de prisioneros debe tratarse de un regimiento montado, casi con plena seguridad el del coronel José Ventura de Uribe Salazar y Robles, cuyo apellido se escribía habitualmente entonces ORIVE. Sobre el regimiento de Uribe, luego renom- brado MONTESA, comencé a escribir un artículo (R&D DIGITAL) para una conferencia que debía pronunciar en Ceuta coincidiendo con el III centenario de su fundación, a la que finalmente no pude asistir. |
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