ESTUDIOS HISTORIOBÉLICOS. EDICIÓN DIGITAL
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ROCROI, EL TRIUNFO DE LA PROPAGANDA (II).
por JUAN L. SANCHEZ
Publicado en R&D no. 16 (marzo 2002), pgs. 4-35 y R&D no. 21 (nov. 2003), pgs. 18-43.
Una traducción francesa acaba de aparecer en
Rocroy, 1643. Verités et controverses
sur une bataille de légende.
Rocroi, Ville de Rocroi et al., 2007.
EL COMBATE EN EL ALA IZQUIERDA ESPAÑOLA (ALBURQUERQUE).

A) Versiones en las fuentes contemporáneas:
La Moussaie, como hemos apuntado ya, fue el instigador, la causa eficiente al decir
clásico, del atropello histórico que vamos a ir descorriendo por etapas. El siguiente frag-
mento forma parte del relato que entregó a la reina regente el 21 de mayo, inmediata -
mente publicado por la
Gazette (no. 67, miércoles, 27 de mayo) y el Mercure François
(XXV, abril de 1643, pgs. 7-17):
[11]
«El sol no había salido aún cuando el duque d'Enghien dió la señal de la batalla y marchó con- tra
los enemigos a la cabeza del ala derecha, que Gassion mandaba bajo sus órdenes. Descendien- do
al vallecillo que separaba a los dos ejércitos, el ala derecha de los franceses halló un pequeño soto
en el cual el conde de Fontaine
[12] había dispuesto 1.000 mosqueteros [13] que abrieron el
combate. Fueron atacados por un gran cuerpo de caballería y por la infantería situada en el inter-
valo de los escuadrones, y no pudiendo resistirles fueron todos muertos en el sitio. Para evitar que
la caballería se desordenase en el bosquecillo, el duque d'Enghien ordenó a Gassion que lo rodeara
por la derecha con la primera línea de a caballería y él mismo, puesto a la cabeza de la segunda,
marchó contra los enemigos por la izquierda. Gassion hizo su rodeo en buen orden, desplegó su
cuerpo sobre la derecha y después atacó a los enemigos en flanco mientras que el duque los abor -
daba de frente.
El duque de Alburquerque, que mandaba el ala izquierda de los españoles, no había previsto este
doble ataque. Quiso cambiar su orden de batalla para hacer frente a Gassion y al duque d'En-
ghien, pero no hay nada tan peligroso como hacer movientos ante un enemigo poderoso. Varios
escuadrones españoles, rotos por el primer choque de Gassion, cayeron sobre los otros cuerpos del
ala izquierda y la pusieron en desorden. Fue entonces cuando el duque de Enghien cargó a los es -
pañoles, ya espantados, y trocó su desórden en huída general. Después de haber asegurado la vic-
toria en este lado, dejó a Gassion que persiguiera a los fugitivos y giró contra la infantería alema-
na y valona que formaba la segunda línea de la infantería española».
En 1875, la Revue militaire française publicaba (I,262-273), como documento oficial, una
relación anónima de la batalla, extraída de un manuscrito del Depôt de la Guerre. En
realidad, es idéntico a la
"Relation de la bataille donnée par M le duc d'Anguyen por le
secours de Rocroy"
, impresa en Paris, aquel mismo año de 1643, por Cramoisy [14]. Toma-
mos de ella el pasaje sobre el combate de la izquierda española aunque solo sea para
probar su inequívoca inspiración en el ya conocido de La Moussaie:
«Al alba, el duque d'Enghien dio la señal para comenzar el ataque, al mismo tiempo que, a la
cabeza de una parte de la caballería, se dirigía contra la del ala izquierda de los enemigos. Gassion,
siguiendo sus órdenes, condujo la otra parte rodeando el bosque a fin de que, marchando a cubier-
to, pudiera tomar a los españoles de flanco mientras que Enghien los atacaba de frente. Ordenó
cargar sobre los 1.000 mosqueteros españoles que su jefe, el conde de Fuentès (sic), habia alojado
en el bosque. Esta tropa de élite fue tan vigorasamente atacada que su derrota fue completa. El du-
que de Alburquerque mandaba el ala izquierda del ejército enemigo, que se apoyaba sobre los mos-
queteros que cubrían la primera linea. No habia previsto que pudiera ser atacado a la vez desde dos
lados y sus escuadrones quedaron tan sorprendidos que fueron rotos a la primera carga, se des-
bandaron y tomaron la fuga. El duque d'Enghien encargó a Gassion que los persiguiera y se volvió
enseguida contra la infantería.»
Pierre Lenet, presidente del Parlamento de Dijon, procurador general y consejero de
Estado, debía su carrera a Condé, al que siguió en la Fronda y en su posterior exilio aban-
donando sus cargos y posesiones. Fue quien negoció con Luis de Haro, en nombre del prín-
cipe, los términos en que éste quedaría comprendido en la Paz de los Pirineos, pero no se
halló presente en la batalla. Como veremos en el siguiente fragmento, el relato que inclu-
ye en sus memorias
[15] sobre la misma acción tampoco se aparta de La Moussaie:
«Sobre las tres de la mañana las dos alas marcharon al mismo tiempo contra los enemigos que
nos aguardaban a pie firme. Nuestra derecha, donde estaba el duque, encontró al fondo (del valle-
cillo) y próximo al bosque un pequeño forrascal donde habían alojado 1.000 mosqueteros que fue-
ron deshechos y esta ala machacó y puso en fuga a la caballería que se le opuso.»
El conde Galeazzo Gualdo Priorato (1606-1678), militar y diplomático véneto al ser -
vicio del Imperio, fue uno de los más prolíficos historiadores de su siglo. Por ello resulta
sorprendente que ninguno de los que han trabajado posteriormente sobre la batalla le ha-
ya citado, tanto más considerando que disponía de excelentes fuentes de información en.
tre los altos mandos militares del momento. Su visión de la Guerra de los 30 años fue pu-
blicándose casi coetáneamente a los hechos, conoció numerosas ediciones y fue parcial -
mente traducida al inglés y al francés. Indiscutido en su tiempo por su probidez, ha sido
objeto de un reciente estudio que enfoca su papel moralizador
[16]. Con este protagonista
de su tiempo, la monocromía de los relatos franceses comienza a teñirse de otro color,  da-
do que, en su versión, la izquierda española no fue rota a la primera carga sino que fue
capaz de rechazar dos muy bizarras del enemigo
[17]:
«Avanzó entonces el ala derecha de los franceses, conducida por Gassion, con gran bizarría con-
tra el cuerno izquierdo de los austriacos, débil y sin ayuda de ninguna infantería. Despues de haber-
se defendido de dos impetuosas cargas, fue finalmente vencido por el grueso de los franceses, yendo
al desorden y quedando la mayor parte hecha pedazos, con tanta confusión y susto que, tras mucha
y fatigosa lucha, fue superada.»
El duque de Alburquerque no sólamente tomó parte activa en la batalla sino que tuvo
bajo su mando la Caballería de la izquierda española, precisamente la formada por la "ca-
ballería ordinaria del rey", anacrónicamente formada aún sobre la base de compañías in-
dependientes. Aunque al final se vió empeñado en la lucha como un simple capitán, su
perspectiva —como sus impresiones— son de la altura táctica que podía esperarse de su
alta responsabilidad:
«Embistiónos el enemigo y, para acabarlo de errar todo, Fontaine mandó que le saliese a recibir
nuestra caballería y que la infantería se quedase fija en sus puestos, que fue nuestra última perdi -
ción, pues salió la caballería a pelear contra la caballería e infantería del enemigo, que venia mez-
clada y unida, y nuestra infantería se quedó (detrás) sin que nos ayudásemos los unos a los otros.
Pero no obstante, peleó tan valerosamente la caballería que ella sola tuvo ganada dos veces la vic-
toria y
volviendo contra el enemigo su artillería misma, que se la tuvimos ganada, se
empezó a aclamar la victoria al tiempo que el retén del enemigo se fue deshilando a ganarnos la re-
taguardia y, ganada, nos embistió por todas partes y puso a nuestra gente en derrota. En fin,  se-
ñor, yo no pude hacer más que pelear por mi persona y juntar siempre las tropas para llevarlas a la
cara del enemigo; pero ya el mal había sucedido, que esta batalla estaba perdida desde que se puso
el ejército en forma de pelear, o por mejor decir, en forma de muestra, pues Fontana no le puso mas
que para mostralle.»
Alude el duque a las deficiencias del despligue hispánico, ya comentadas en la primera
parte de nuestro trabajo (Dragona-3, pg. 64-66). En la postdata, volverá a referirse nueva-
mente al combate:
«Yo hice todo lo que mandaron y pudo tanto el valor de nuestra caballería que, no obstante la mala
forma de nuestro ejército, tuvo ella sola conmigo —que siempre fui delante della— ganado dos veces
la victoria, toda la caballería mia contra la del enemigo y contra su infantería sin que jamás en nin-
guna razón nos ayudase la nuestra ni se moviese de su puesto.»
Si en el cuerpo de la carta (cita anterior, resaltado propio) podía parecer que la vic- toria
a la que alude el Duque se trataba de la que obtuvo el ala derecha hispánica — y  
reconocida por los franceses—, en la postdata no cabe dudar de que se refiere a otra ac-
ción,  en la que intervino personalmente; de manera que fue el ala izquierda, la suya, la
que ganó "dos veces la victoria" al enemigo. Su aserto ya no es tan sorprendente, pues
hemos visto afirmar a Gualdo Priorato que su ala rechazó dos veces las cargas de la ca-
ballería francesa que tenía enfrente. Pero
Alburquerque va más allá que el veneciano al
afirmar que su caballería ganó —como también hizo la del ala derecha hispánica al man-
do de Isenburg— la artillería del enemigo al que se enfrentaba; o sea, en este caso, la del
ala derecha francesa.

Jean Antoine Vincart, de cuya vida apenas sabemos que fue durante largo tiempo se-
cretario de los
Avisos Secretos de Guerra, en Bruselas, escribió al menos desde 1633 has-
ta 1650, una relación anual sobre cada campaña militar del Ejército de Flandes. Aunque
no fue testigo ocular de los hechos que relata, es obvio que gozaba de facilidades para ac-
ceder a documentos oficiales y hablar con los protagonistas. Salvo contadas excepciones
(campañas de 1635 y 1642), su vasta obra —que no conocemos íntegramente— tampoco
ha sido objeto de revisión crítica, pero es notorio que, ni en el pasado ni en el el presente,
nadie ha podido reprobarle por faltar gravemente a la verdad
[18]. Acaso, la historio -
grafía belga le imputa cierta parcialidad en favor de los altos cargos de la administra -
ción y el ejército, lo que difícilmente podía excusar y menos como cronista desde un car-
go oficial; pero cabe incluso que un reproche tal pueda formularse con mayor facilidad de
la que pueda probarse.

Precísamente, en su relato de la batalla de Rocroi la actuación de Melo y de Albur -
querque se nos muestra irreprochable en todo punto, pero no por la vía adjetiva del elo-
gio sino porque tal es la mera inferencia de su narración del episodio. Aunque la hipérbo-
le suele enmascarar la verdad, pudiera ser que ésta no resida lejos de donde Vincart la
puso; algo que habrá de ventilarse mediante su contraste con otros testimonios. Seguire-
mos el extenso relato de Vincart en la parte que por ahora nos afecta, suprimiendo de
nuestra cita las referencias que intercala a los combates en el ala derecha hispánica, al
mando de Isenburg:
«Adelantándose el enemigo con sus batallones y escuadrones hacia los de S.M., el duque de Albur-
querque, habiéndose puesto al costado izquierdo de la batalla, al opósito donde estaba el mayor
nervio de la caballería francesa, él a la frente de la caballería de S.M. con sus tenientes don Juan de
Vivero
 [19] y don Pedro de Villamor [20],  les dijo:

—Agora es tiempo de hacer como quien somos.

Cerró con tan grandísimo valor con la dicha caballería e infantería francesa que rompió la vangu-
ardia de la dicha caballería y también dos regimientos de infantería, que eran esguízaros, hacien-
do abertura en los escuadrones enemigos
hasta llegar a su artillería y hacerse maestre
della
, dejando muchísimos franceses por muertos y muchos dellos pidiendo cuartel.
Se adelantaron los escuadrones y batallones de la batalla, que eran más numerosos y fuertes que
los de la vanguardia y embistieron a la caballería de S.M. con mayores fuerzas cada escuadrón,
viniendo acompañados con dos batallones de caballería a sus alas, y los de la vanguardia, que ha-
bían estado rotos, tomaron ánimo y resolución tras los escuadrones de la batalla, y juntamente
doblaron la carga.

La caballería de S.M., viéndose cargada de caballería e infantería francesa, y echando de ver que
la infantería de S.M. no se adelantaba, algunos escuadrones tomaron el espanto y empezaron a
desordenarse. Y los enemigos, viendo que la caballería de S.M. estaba desabrigada de infantería,
cerraron con su caballería e infantería mezclada con tal fuerza que, después de muchos choques,
donde así el general de la caballería como los tenientes generales se portaron valerosamente, hi -
cieron abertura en la caballería de S.M. y pasaron hasta la infantería, la cual —hallando sin caba-
llería— embistieron a los cinco escuadrones españoles que estaban a la vanguardia, cerrando con-
tra cada escuadrón español con un batallón de caballería y un escuadrón de infantería. Los escua-
drones españoles resistieron con tan gran valor, y el ataque y la defensa fue tan sangrienta, que de
los enemigos quedaron muchísimos muertos, tanto cabos como soldados, y de los de S.M. queda-
ron muertos el MdC general conde de Fontaine y los MdC conde de Villalba
[21] y don Antonio de
Velandia [22],  con muchos capitanes y mucha gente partícular, quedando los dichos escuadrones
españoles firmes como una muralla, sin que los pudiesen romper o descomponer un paso.

Entonces el señor Capitán General (Melo), viendo que los enemigos habian vuelto a cargar con
mayores fuerzas y repujado a la caballería de S.M. y que la infantería no se había adelantado por
no estar allí el MdC general (conde de Fontaine) para mandarla avanzar, con que habían hecho
abertura en la caballería y pasado a atacar la infantería en su puesto, y que dicho conde de Fontai-
ne estaba muerto a la primera carga, corría a hacer él mismo oficio de MdC general y acudió por
su persona a los batallones de caballería procurando poner remedio al desórden y animando a los
capitanes y soldados a hacer resistencia y a los escuadrones de infantería defenderse y estar fir-
mes, gobernando él mismo con mucho valor la batalla.

Con la presencia del dicho capitán general y el deber del general de la caballería y de los tenientes
generales, muchos batallones de la caballería de S.M. tomaron nuevo ánimo y volvieron a hacer
cara al enemigo. Don Gaspar Bonifacio
[23],  capitán de las guardias, habiendo juntado su grue-
so, cerró a la vanguardia con dos gruesos de caballería enemiga que estaban a su opósito, con tal
brío que los deshizo. Don Juan de Borja
[24],  con su grueso, que era solo de sus dos compañías,
embistió con un escuadrón de infantería y lo hizo pedazos; don César Toralto
[25]  cerró con un
batallón de caballería de más de 300 caballos y lo rompió, y otro batallón francés deshizo Virgilio
Ursino
[26].  Pero luego se adelantaron los escuadrones y batallones de la retaguardia, con toda
la reserva, con tantos escuadrones de infantería acompañados de caballería, que no obstante el
valor con que los resistieron don Juan de Vivero y don Pedro de Villamor con los dichos batallones
y los gruesos de don Antonio Buytrón
[27],  don Antonio Ulloa [28],  el barón de Gramont [29],  
don Antonio de Rojas
 [30] y don Juan Mascareñas [31],  fueron todos rotos, sin que fuese posible
al general y los tenientes generales hacerles quedar firmes. Y acercándose con todas las fuerzas
juntas otra vez a la infanería y viendo que los escuadrones de los españoles quedaban tan firmes y
les daban tan furiosas descargas, fueron a cargar a la infantería valona y alemana.
El señor marqués, viendo este desaire (de la caballería), se metió entre la caballería e infantería,
corriendo de un batallón a otro, para juntar a los que se desordenaban y hacer cargar de nuevo al
enemigo para socorrer a la infantería. Y corriendo a brida abatida tras un grueso que pensaba de
los suyos, para hacerle volver cara, el capitán Francisco Duque
[32],  que lo es de una compañía de
su guardia, se opuso diciendo que las tropas tras las cuales corría eran francesas, con que man -
dando al capitán darles una carga, se fue corriendo a los alemanes, donde llegando a la frente del
conde de Ritberg
[33] le amonestó mostrase ese día el valor de los alemanes al servicio del rey, y el
dicho conde y sus soldados le respondieron que todos querían morir por la fe de su juramento.
En esto, los enemigos, llegando a los dichos batallones de valones y alemanes y hallándolos descu-
biertos de caballería, los cargaron por el flanco con infantería y caballería, donde esta infantería,
habiendo grande rato hecho maravillas en defenderse, la rompieros y deshicieron los batallones
uno a uno.

Los maestros de campo de los tercios valones pelearon con tal valor y se defendieron tan porfia -
damente que del tercio del MdC de Granjes
[34] quedaron muertos 6 capitanes y los demás heri -
dos; del tercio del conde de Basigny
[35] quedaron 4 capitanes; del tercio del conde de Meghem
tres
[36] y el dicho conde herido y del tercio del Principe de Ligne  su sargento mayor muerto y del
tercio del MdC Ribaucourt,  un capitán con muchísimos soldados. De los regimientos alemanes, el
conde de Ritberg fue echado por tierra y herido de dos grandes cuchilladas en la cabeza, otra en el
costado izquierdo y otras dos en el brazo, y fue tomado preso y de sus capitanes fueron muertos 4
en el sitio y los demás heridos; entre ellos el capitán Andrés Altuna
[39],  que mostró muchísimo
valor peleando entre los muertos hasta que fue herido de cinco heridas mortales y, aunque tan mal
herido, quedó en pie el postrero de su regimiento. Los otros coroneles y capitanes de los regimien-
tos alemanes fueron todos tan maltratados que pocos quedaron vivos
[40].

Viendo este mal suceso de la infantería valona y alemana, el señor marqués de Tordelaguna (Me-
lo) volvió a la caballeria donde, hallando al duque de Alburquerque y a sus tenientes generales
procurando juntar los escuadrones y amonestando a los capitanes y soldados desordenados a
hacer grueso, mandó avanzar unas tropas de reserva que no estaban aun deshechas. Pero vinie-
ron tantos escuadrones y batallones de caballería e infantería francesa a embestirles que rompie-
ron otra vez a todos los batallones de caballería de S.M. y los dichos capitanes don Juan de Borja,
don César Toralto y don Virgilio Ursino, con todos los sobredichos capitanes que con sus gruesos
se habían adelantado mucho en los enemigos, volvieron muy maltratados dichos don César To -
ralto, el marqués Ermes de Bentivoglio [41],  don Virgilio Ursino, don Francisco Morón [42]  y
don Antonio Barraquin [43],  heridos, y don Juan de Borja con pérdida de 40 caballos de su
grueso. Entre ellos, los mas heridos fueron el dicho don César Toralto, que peleando con mucho
valor a la frente del enemigo fue herido de un mosquetazo en la pierna y su caballo muerto, y don
Virgilio Ursino que, pasado su cuerpo de parte a parte de un arcabuzazo, murió después de su
herida en Bruselas.

Retirándose en este estado los dichos gruesos, toparon al duque de Alburquerque con la espada en
la mano, con sus tenientes generales don Juan de Vivero y don Pedro de Villamor, queriendo jun-
tar estos batallones que tampoco estaban del todo deshechos y amonestando a los capitanes para
que hiciesen grueso. Pero si bien se animaron a hacerlo, no hallaron sino capitanes y oficiales sin
soldados (para secundarles).

Don Pedro de Villamor, queriendo embestir con ellos con un regimiento francés que estaba al opó-
sito del dicho conde de Alburquerque, fue repujado. El duque, habiendo mandado al capitán Ca -
rrillo [44],  que estaba más cerca de él, que hiciese grueso para socorrerles, no hallando tampoco
sino capitanes y oficiales, fue rechazado y herido de un mosquetazo en la pierna, y todos fueron
forzados a retirarse al puesto donde estaba el barón de André [45],  con la resta de 4 gruesos de
reserva que mandaba. Toda la caballería francesa les vino a cargar con tal fuerza y furia que fue-
ron forzados tambien a retirarse. Y el duque de Alburquerque, habiendo estado presente en esta
acción y postrero esfuerzo de estas tropas, compuestas de solo capitanes y oficiales sin soldados,
viendo que no habia ya mas caballeria en pie, fue forzado a guarnecerse en la infantería española,
y también fueron forzados a retirarse a dicha infantería sus tenientes generales con los demás
capitanes.»
      La precedente, es la descripción mas amplia que disponemos sobre el desarrollo del
combate de caballería de ala izquierda hispánica, que no se resolvió precísamente en un
suspiro. En nada repugna a lo afirmado, con menor extensión y detalle, por Gualdo Prio-
rato y el propio duque de Alburquerque, pero se opone frontalmente a La Moussaie, que
ha sido el preferido por todos los historiadores del suceso, desde el duque de Aumale
hasta el presente.
CONTINUACIÓN
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© JUAN L. SÁNCHEZ


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