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| El primer tercio que llevó el nombre de SABOYA existía ya el año de 1591 (AGS,E,1269). Te- nía 18 compañías y había sido enviado, junto con otras 10 destacadas del Tercio de Nápoles, para servir en Provenza y el Delfinado a las órdenes del duque de Saboya, en apoyo del cató - lico duque de Nemours. Puede que se hubiera formado aquel mismo año, o quizá el anterior, pero no he logrado averiguar todavía quien lo mandaba. Lesdiguières, uno de los grandes soldados de su tiempo, consiguió dar la vuelta a los prime - ros éxitos del saboyano, apoyado por los protestantes helvéticos, ginebrinos y vaudenses, que llegaron a invadir primero sus estados transalpinos (Tarntaise, Maurienne y Bugey), y posteriormente el mismo Piamonte. No he podido documentar la presencia del tercio de Sa - boya en ninguna de las dos derrotas campales que sufrieron las tropas del duque aquel año, pero debió hallarse, al menos, en la de Pontcharra, a la vista del famoso château Bayard (18.IX.1591), consecutiva a la de L’Eparron de Pallières (15.IV.1591), ambas en el Delfinado. No volvemos a tener noticias del tercio hasta 1598, año en que Felipe II ofreció una generosa paz a Enrique IV, pero tan apresurada que los intereses del duque Carlos Manuel de Saboya no quedaron claramente recogidos. El rey francés la quebraría al invadir sorpresivamente los estados saboyanos (11.VIII.1600), apoderándose rápidamente de las plazas de Bourg-en-Bre- se, Chambéry y Montmélian, rendida el 9 de noviembre, dos dias antes de que llegara un po- deroso socorro de infantería española y lombarda, enviado por el conde de Fuentes desde el Estado de Milán. El duque de Saboya firmó el año siguiente en Lyon (11.II.1601) un tratado de paz con Francia por el cual cedía a ésta sus estados transalpinos al oeste del Ródano, a cambio del marquesado de Saluzzo, en los Alpes Occitanos o Marítimos, un tratado perjudi - cial a los intereses españoles porque permitía a Francia el control del «camino español», la conocida ruta militar que enlazaba Lombardía con Flandes. Pese a ello, Felipe III no retiró su apoyo al duque Carlos Manuel y el Tercio de Saboya continuó guarneciendo sus estados en prevención de posibles agresiones francesas. En 1605 constatamos un relevo en su mando, que recayó en Fernando Alvarez de Toledo (c. 1553-1638), VI señor de Higares. Se conserva la patente de su nombramiento (AGS,Estado, 1898), donde se menciona a la unidad de una forma ciertamente curiosa: el «Tercio de espa- ñoles que residen en Saboya». Este Fernando de Toledo, como abreviadamente suele citarle la documentación contemporánea, era pariente del duque de Alba, amigo de Cervantes y un soldado de cuerpo entero. Uno de los tantísimos que sin recibir la lisonja, ni siquiera la me- nor caricia de la Historia, hicieron grande la de aquella España de su tiempo a cambio de su ingrato silencio. Perderemos el tiempo al buscar algún raro vestigio de su memoria en libros o enciclopedias y, sólo por eso, no sobra evocar aquí el esbozo de su carrera: Antes de mandar el Tercio de Saboya había sido ya castellano de Pavía y de Perpiñán y había casado con doña Mariana Vázquez de Acuña, su primera esposa. Después fue castellano de Finale, alférez mayor de Toledo, embajador en Venecia y Francia, maestre de campo general de Portugal, capitán general interino del reino de Galicia y castellano de Milán, donde murió el 29.IX.1638. Se recibió en la Orden de Santiago y solo alcanzó a tener descendencia de su tercera esposa, Blanca Enríquez, hija del conde de Alba de Liste, que le dio tres varones y dos hembras. Los tres varones fueron militares y los tres murieron peleando en combate, por lo que su casa se afeminó con doña Blanca de Toledo, una de sus hijas, pasando a los marque - ses de Valparaíso. Aquel imperio, todavía tan vasto como el caminar del sol, era muy exigente con la sangre de sus hijos, a los que devoraba cual Cronos redivivo. Uno de ellos, no de Cro- nos, sino el segundo de Don Fernando, llamado Pedro de Toledo, vino a morir aquí, a Bada- joz, con apenas 23 abriles. A principios de 1657 levantó un tercio en la Corte y lo trajo muy a tiempo para defender con él la plaza del inopinado asalto que, el jueves 17 de mayo de aquel mismo año, le dió el portugués conde de Sao Lourenço. Por aqui deben rondar los huesos, quizá no muy lejos de donde nos hallamos, de aquel «mozo de lo mejor de España y valeroso como Bernardo», al decir del cronista Barrionuevo. El duque Carlos Manuel de Saboya traicionaría la causa española al firmar en Bruzzolo (31.1. 1610), un tratado de alianza ofensiva y defensiva con Enrique IV. El conde de Fuentes repa - trió inmediantamente las guarniciones españolas por lo que el Tercio de Saboya y las 10 com- pañías del Tercio de Nápoles, entonces al mando de quien ya era MdC del mismo, Sancho de Luna y Rojas, retornaron a Milán. Sancho de Luna volvió a Nápoles con sus hombres, pero no a tiempo —como se dice— para hallarse en la expulsión de los moriscos del Reino de Va- lencia, donde asisitieron otras compañías de su tercio al mando del SgM Pedro Giner de Mo- ra; en tanto, Fernando de Toledo, fue proveído con el gobierno de Finale, en la costa ligur, in- dispensable para asegurar la comunicación y acceso por mar al Estado. La inopinada muerte de Enrique IV, asesinado en su carroza por Ravaillac (14.V.1610), suspendió los preparativos militares franco-saboyanos y dejó al duque en aventurada exposición frente a España, pero también a él le salvó una muerte, igualmente inesperada aunque fortuíta en este caso: la del conde de Fuentes, que ya se preparaba para invadir sus estados. Don Fernando de Portugal, conde de Gelves, sucesor interino de Fuentes desde el mismo dia de su muerte (28.VII.1610), suspendió aquellos preparativos y en octubre comunicó a la Corte la «reducción de la infan - teria y presidios de Milán al número ordinario», al tiempo que reformó parte de la caballería. Este hecho, unido a la falta de noticias concretas sobre el Tercio de Saboya hasta 1615, me in- dujeron tiempo atrás a sospechar su posible reforma, pero lo cierto es que no hay constancia fehaciente de ella ni razón aparente que la sustente. Es más, uno de los documentos que recoge el catálogo XXIII del Archivo de Simancas, datado en 1612, se titula: «Relación de la gente existente en los tercios de Milán (subrayo, los tercios), armas con que sirven y cantidad a lo que asciende una paga». Habría que consultarlo, claro está, pero ya el enunciado permite colegir que quizá los planes del conde de Gelves de concentrar la infanteria del Estado en un único tercio de 3.000 hombres no acabaran de llevararse a cabo. Por otra parte, tampoco tuvo tiempo material para concretarlos, dado que el 9.XII.1610 fue relevado en el gobierno del Es - tado por el Condestable de Castilla, nuevo gobernador designado por Felipe III. La intervención del Papa Pablo V contribuyó a limar las asperezas con el duque de Saboya, pero otra muerte, ahora la de Francisco de Gonzaga, V duque de Mantua, vino a precipitar el larvado conflicto. El mantuano dejó por heredera a una hija que, a su vez, era nieta del sabo - yano, aunque no podía suceder a su padre por la rigurosa agnación de los feudos imperiales. El impetuoso Carlos Manuel invadió el Monferrato, que quería incorporar a sus dominios, pero España acudió en apoyo del hermano del duque fallecido, su legítimo heredero, abrién - dose así la primera Guerra del Monferrato, primero también de los enfrentamientos con el, hasta entonces, tradicional aliado. El ejército de Lombardía fue recobrando las plazas ocupa- das y, tras derrotar al duque en la batalla de las colinas de Asti (24.V.1615), amenazó a la mis- ma Turin. Para evitar su caída, Carlos Manuel firmó, en la propia Asti, un tratado por el cual renunciaba a sus pretensiones, pero en realidad no hizo más que ganar tiempo. El año sigui - ente, apoyado por su viejo enemigo Lesdiguières, ya par, mariscal de Francia y católico, inva- dió de nuevo el Monferrato. Tras las iniciales conquistas sorpresivas (San Damiano, Alba y Montiglio) , muy celebradas por las gacetas y hojas volanderas francesas, D. Pedro de Toledo cruzó el Sessia y llevó la guerra dentro del Piamonte. En Motta dei Conti (14.IX.1616), sor - prendió y derrotó a la infantería saboyana, separada de su caballeria, y en la subsecuente per- secución, completó su victoria junto a la abadía de Lucedio (18.IX). Poco desdepués, mien - tras los saboyanos concentrabas sus fuerzas en torno a Vercelli, tomó San Germano en dos dias, la dejó presidiada y ordenó fortificarla. El año siguiente, sitió y capturó la imporante plaza de Vercelli (25.VII.1617), pese a la heróica determinación de Manfredo Scaglia, que la defendió «a la pacense». Carlos Manuel se vió de nuevo abocado a la paz, ésta vez en Pavía (9.X.1617), y hubo de reconocer la sucesión de Fernando de Gonzaga, VI duque de Mantua (1612-1626), que para serlo hubo de renunciar al capelo cardenalicio que tenía. Sabemos que el Tercio de Saboya participó en en el combate de la Motta, en la batalla junto a la abadía cisterciense de Lucedio, en la toma y posterior socorro de San Germano (cuando los saboyanos intentaron recobrarla), y en todo el asedio de Vercelli. Lo sabemos por la relación de servicios de un alférez, que ascendería a capitán bajo los muros de aquella plaza y que, an- dando el tiempo, se convertiría en el héroe de la batalla de Nordlingen, al aguantar al frente de su tercio, en la colina de Albruch, nada menos que hasta 17 cargas de la infantería sueca del conde de Hoorn. Aludimos a Martín de Idiáquez y Camarena, que sirvió desde 1615 en la compañía del capitán Bartolomé Bermúdez de Castro cuando ya mandaba el tercio Juan Bra- vo de Lagunas. Idiáquez no recibió compañía en el Tercio de Saboya, sino en el de Lombar - día, pero volveremos a encontrarle más adelante en nuestro relato. También sirvió en el ter- cio, en las mismas acciones arriba reseñadas más en los precedentes socorros de Nizza della Paglia y de Bestagno (1613), el futuro capitán Francisco de Brizuela y Brizuela, hermanastro paterno de Iñigo de Brizuela y Urbina (†1638), caballero jacobeo que sería capitán general de las islas Canarias. Francisco pasó a Flandes en 1620, donde fue proveído capitán por la Infan- ta Isabel Clara Eugenia (26.VIII.1621) y donde moriría en acción tras haber servido al rey du- rante 24 años. Conocemos su carrera militar por el memorial que su viuda, doña Leonor de Alcega, escribió a la corte en demanda del real amparo; un documento interesante por más de una razón. La primera porque nos revela, no el memorial en sí sino la real resolución, que las viudas de capitanes recibían a la sazón 50 escudos al mes, lo cual no implica —ni mucho menos— que los cobrasen puntualmente. El sueldo de un capitán de infantería fue durante todo el siglo de 40 escudos, aunque al principio de 59 placas y después de a 10 reales; es decir, 9 placas me - nos, mientras que la pensión de viudedad se redujo tras la Paz de los Pirineos a 30 escudos. El memorial incluía certificaciones originales del MdC ya mencionado, Bravo de Lagunas, pe- ro nos interesa más la del capitán Juan de Orellana, que reputa a Francisco de «valiente sol - dado, en particular el dia que se cegó la desembocadura del foso (de Vercelli)». Este Juan de Orellana, cruzado en la Orden de Santiago, fue después SgM del Tercio de Saboya (1620-23) y MdC de uno de los tercios de infantería que se levaron para la recuperación de San Salvador de Bahia, en Brasil, donde murió (1625). Era cacereño. Apenas cerrado el problema saboyano, se abrió un nuevo foco de tensión en otro confín del Milanesado, la Valtellina, territorio dependiente de la confederación helvética, en los Alpes Réticos, de enorme importancia estratégica debido a que era el paso obligado hacia Baviera y el Tirol; es decir para Alemania y el Imperio. La Guerra de los Treinta Años, la gran guerra de religión de Europa, había comenzado en 1618 con la rebelión de los protestantes bohemios, propagándose pronto a la Rhetia, donde protestantes y calvinistas eran mayoria. La minoría católica de los valles pidió auxilio al duque de Feria, a la sazón gobernador del Estado, pero la Liga Gris lo hizo a Venecia, que envió antes en su auxilio a sus mercenarios holandeses.Estos lograron tomar Sondrio (2.VIII.1619) y Chiavenna (14.VIII), pero la llegada de algunos desta- camentos de los tercios de Lombardía y Saboya logró restablecer la situación: Sondrio fue re - cuperada por 4 compañías de arcabuceros del tercio de Saboya, todas a cargo del capitán Ro - drigo López de Quiroga, futuro MdC del mismo, que aseguró despues a Morbegno, mientras Orellana fortificaba Tirano, atacada por numerosas fuerzas helvéticas. El 11 de setiembre, Je- rónimo Pimentel condujo una salida de la guarnición, con 700 soldados españoles de los ter- cios de Lombardía y Saboya, mas 200 infantes italianos y 4 compañias de caballos (Juan Cla- ros de Guzmán, Esteban de Albornoz, Fernando de Guevara y Antonio Flores), deshaciendo a las milicias de Berna, Zurich y la Liga Gris, a los que causaron más de 1.000 bajas (que los contemporaneos elevaron al doble), a costa de un centenar de propias. Aquella demostración bastó para alarmar a la Serenísima, que retiró a sus mercenarios; los evangélicos, desmorali - zados, regresaron a sus bases de partida. El 25 de abril del año siguiente, se firmó una primera pacificación en Madrid sobre la base de un perdón general y el regreso al statu quo anterior a la guerra, pero no fue ratificado por los cantones; lejos de ello, los calvinistas de Jenatsch quisieron tomar Bormio (21.X.1620), amu- rada y guarnecida con 800 hombres.Juan Bravo de Lagunas, ya general de la Artilleria del Es- tado, salió de Tirano con el Tercio de Saboya, remontó en barcas el curso del Adda, probable - mente hasta Bervio, y el dia siguiente, es de suponer que atravesando por el paso de Foppa, a 1860 metros de altitud, sorprendieron en el contiguo valle del Oglio uno de los puestos del e- nemigo en Ponte di Legno (25.X.1621), al pie del imponente Coleazzo. «Fue correr más que marchar», escribió Gonzalo de Céspedes maravillado por la audacia de la emprersa y sus lo - gros. Sorpendidos, los grisones huyeron perseguidos de cerca por los arcauceros, que mata - ron a muchos fugitivos; en cuanto Jenatsch lo supo,levantó el asedio y salió del pais, quedan- do todos los valles asegurados por guarniciones españolas. Sin embargo, posteriormente se evacuarían en virtud del Tratado de Monzón (5.VI.1626), un mal acuerdo alcanzado por la mediación de Urbano VIII que abriría la Valtellina a la rápida conquista francesa de 1635, una de las mayores amenazas a las que hubo de enfrentarse Lombardía durante toda la domina - ción española. Ya es hora de apuntar algún detalle biográfico sobre Juan Bravo de Lagunas, el tercer maes- tre de campo del Tercio de Saboya y segundo del cual tenemos noticia. El alférez Alonso Váz- quez, el más prolijo soldado-cronista de las guerras de Flandes, nos dice que era extremeño, aunque no de donde; tampoco lo sabemos nosotros, aunque hemos podido calcular que na- ció hacia 1560. Fue soldado desde muy jóven, y lo era aún cuando obtuvo en 1582 una com- pañía en el Tercio de Pedro de Paz, el futuro Galicia, ya mencionado aquí. Continuó sirviendo con el mismo grado en Flandes hasta 1600, en que marchó a Italia con el conde de Fuentes. En 1606 se le concedió una patente para levar un tercio de infantería española, que condujo a Flandes por el Camino, en 1607, siendo reformado en diciembre de dicho año al estar ya muy avazanda la suspensión de armas previa a la Tregua de 1609 con los holandeses.Regresó a Milán, donde en 1611 había sucedido ya en el mando del Tercio a Fernando de Toledo, co - mo revela el «Tanteo de lo que, poco más o menos, montarán tres pagas a la infantería espa- ñola que al presente hay en este estado...» (Apéndice I), donde le hallamos de guarnición en Lodi, junto a las compañías de Gabriel de Estrada, Pedro Cereçel, don Gabriel de Aguilar y los «oficiales mayores del Tercio». En 1620 sería designado castellano de Gaeta, en Nápoles, car- go del que no llegaría a tomar posesión porque, el año siguiente, se le mejoró con la designa - ción de General de la Artillería del Estado y el gobierno de Lodi, enseguida transferido al de Alessandria, que tuvo hasta que el 28.XI.1623 se le confió la castellanía de Amberes, la más importante de los Paises Bajos. En 1625 fue nombrado consejero de Estado en el colateral de Flandes, residiendo en Bruselas hasta su muerte, acaecida después de 1631. Su viuda elevó un memorial a la Corte, probablemente reclamando sueldos vencidos, que conserva el Archi- vo Histórico Nacional y podría aportarnos más detalles sobre su vida y carrera, pero aun no he podido consultarlo. A Juan Bravo le sucedió, por patente de 2.IX.1621, Juan Manrique de Cárdenas (†Madrid, 13. XI.1633),segundogénito del duque de Maqueda.El registro de dicha patente se conserva tam- bién en el AHN (Est., Lb. 298), aclarando que la vacante se produjo por la promoción al go - bierno de Alessandria de Juan Bravo de Lagunas. Mandó el tercio poco tiempo, porque la pri- mavera siguiente partió a Orán, con licencia, para gobernar interinamente la plaza en nombre de su hermano,el duque de Maqueda, que fungió desde el 9.IV.1622 hasta el 9-V-1624;entre- tanto, el tercio de Saboya quedó a cargo del sargento mayor Orellana y, tras su promoción a MdC, de su sucesor en la sargentía mayor, el ya mencionado capitán Rodri go López de Qui - roga. El 5.XI.1624, poco tiempo después de su regreso a Milán, Manrique fue nombrado Ca- pitán general de la Artilleria del Estado, que mandó el año siguiente durante el asedio de Ve- rrua (3 agosto/octubre), en el curso de una nueva guerra contra los franco-saboyanos en de- fensa de la atacada república genovesa. Luis Cabrera de Córdoba, que le llama «Juan de Cár- denas Manrique, hermano del duque de Maqueda», afirma que partió de la Corte«para hacer- se cargo del generalato de la Artilleria de Milán y del gobierno de su tercio, acompañado de don Baltasar de Haro, hermano del marqués del Carpio». Normalmente, el mando de la ar- tillería era incompatible con el de un tercio, por lo que siempre tomé aquella noticia con alfi- leres;sin embargo, he podido confirmar su veracidad en el preciso momento de redactar éstas líneas merced al expedientes del capitán, y futuro MdC, Francisco González de La Hoz, que sirvió en el Tercio. En efecto, se dice en él que «en certificaciones de don Juan Manrique de Cárdenas, general de la Artileria del Estado de Milan y MdC del Tercio de Saboya, de quien fue alférez y capitán de su misma compañía, y de su SgM Ro- drigo Lopez de Quiroga....». ¿En qué momento sucedió Fernández de la Hoz en la compañía de su antiguo MdC? El dato es importante para acotar la etapa de mando en el Tercio del hijo del duque de Maqueda, pe- ro no queda claro en el cuerpo documental, o al menos en la transcripción que hice de él ha- ce unos años, sin saber la utilidad que rendiría al presente. Cierto que Gonzalo de Córdoba le dió patente de capitán de Infantería en 1627, pero no se dice que fuera en éste tercio, como parece evidenciar el que partiera en 1629, al socorro de Larache. Puede que no recibiese la compañía de Manrique hasta su regreso en 1630, hecho que encajaría con otro ya conocido: que aquel mismo año Rodrigo López de Quiroga, a la sazón SgM del Tercio, fue nombrado MdC de él tras su heróico comportamiento en la defensa del paso de Susa. De haberse dado la sucesión de Fernández de la Hoz en la compañía de Manrique en 1627, entonces el Tercio de Saboya habría tenido otro MdC entre éste y Rodrigo López.Me inclino más por lo anterior- mente expuesto; es decir, que ésta no se produjera hasta 1630, pero no me queda ya tiempo para intentar perfilar la cuestión, al menos de momento. No parece cosa muy complicada y quizá pueda resolverse sin necesidad de apelar a fuentes primarias, dado el ingente material impreso a que dio lugar la segunda guerra de Mantua y los dos asedios de Casale, ante cuyos muros iban a fracasar primero Gonzalo de Córdoba y después el gran Spínola. Pero habré de postergar la investigación para mejor ocasión. Con Rodrigo López de Quiroga suele dar comienzo la historia conocida del Tercio de Saboya, cuando hemos visto, en realidad, que fue su 5º ó 6º MdC. Murió aquel mismo año, antes del 11 de agosto, y el 1 de setiembre le había sucedido ya Juan Diaz Zamorano. Este Zamorano partió enseguida hacia Alemania, con el cuerpo de ejército a las órdenes del Duque de Feria, al mando de un tercio formado para la ocasión mediante compañías sacadas, por igual núme- ro, de los de Lombardía y Saboya. Por aquella saca, el tercio de Saboya, quedó reducido a 11 compañías, aunque pronto sería «rehinchido» con los refuerzos que trajo el Cardenal Infan- te.Zamorano, aunque ausente en Alemania y al mando de otra unidad, seguía siendo su MdC pero poco después llegaba a Milán, con la comitiva del marqués de Leganés, otro antiguo sol- dado de la unidad,el ya mencionado Martín de Idiáquez, ahora teniente de MdCGral, con una carta de provisión real para «suceder en el Tercio de Saboya caso que Zamorano faltase». Era lo que se llamaba una «futura sucesión», que no podía tener efectos salvo el estricto cumpli- miento de la coyuntura prevista. Zamorano fue proveído a principios de 1634 con el gobierno de Finale, con órdenes de dejar el ejército de Alemania para incorporarse a su destino, mo - mento a partir del cual la «futura» hizo su efecto, aunque no tendría larga duración. Cierto, a finales de julio del 1634, Idiáquez marchó con el Cardenal Infante a Alemania,donde iba a ha- cerse cargo del Tercio de Zamorano,el que mandaría en Nordlingen poco después (6.IX),que- dando el Tercio de Saboya proveído en Juan Vázquez Coronado, que ya el 15.IX de dicho año solicitó ingresar, por razón de su cargo, en el Consejo Secreto del Estado. Lo mandaría hasta 1638, en que fue promovido al gobierno de Alessandria, pero todo esto forma ya parte de la historia conocida del Tercio, al cual hemos seguido en esta charla durante su primera media centuria de historia cierta y documentada, pero hasta ahora ignota. Muchas gracias por su atención.» Hasta aquí el texto íntegro de la conferencia. En cuanto a la duda suscitada respecto de si hu- bo otro maestre de campo entre Juan de Cárdenas y Rodrigo López de Quiroga, he logrado confirmar —como ya sospechaba— que no tuvo lugar. Véamoslo siguiendo la reseña biográ- fica del 4º MdC del Tercio de Saboya, de quien apenas hablé durante la disertación. © JUAN L. SÁNCHEZ. |
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| El castillo de Bayard, donde nació el famoso «Caballero sin miedo ni tacha». Evocándole Lesdiguiêres a la vista de su castillo, supo in- suflar a sus hombres la determi- nación precisa para derrotar a las tropas del duque de Saboya en Pontcharra, primer combate en el que actuó el Tercio de Saboya. |
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| Miguel de Cervantes, el inmortal «manco de Lepanto», fue amigo de Fernando de Toledo, segundo MdC del Tercio de Saboya. Quizá esa amistad cimentara cuando am- bos fueron soldados en Nápoles. |
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| Carlos Manuel I de Saboya (1562-1630), duque de Saboya (1580-1630), hijo de Filiberto, el vencedor de San Quintín, que debía a España la recuperación de sus Estados. No obstante, su hijo acabaría traicionando a Felipe III. |
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| Pedro Enríquez de Acevedo, conde de Fuentes, gobernador de Lombardía desde el 16.X.1600 has- ta su muerte en Milán ( 28.X.1610) |
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| Vincenzo I de Gonzaga (1562-1612), IV duque de Manua, retratado por Rubens.Sus tres hijos le sucederían en el ducado, pero la temprana muerte del primogénito Francisco, V duque, el mismo año que la suya, desencadenó la primera guerra entre España y Saboya |
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| Junto a la abadía cisterciense de Lucedio, cerca de Trino y no lejos del Po, obtuvo Pedro de Toledo una señalada victoria contra los saboyanos. El tercio de Saboya combatió en ella (18.IX.1616). |
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| Probablemente sea el cacereño Juan de Orellana, capitán del Tercio de Saboya y sargento mayor del mismo desde 1621 hasta 1623, el único militar del mismo que muriera combatiendo en Brasil. Fue en la reconquista de San Sal- vador de Bahía de Todos los San- tos (1625), mandando ya el tercio propio que levantó para la Armada. |
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| Vista del valle del Poschiavino desde Tirano, al Sur (abajo, centro, que no llega a verse). El tercio de Saboya siguió el curso del Adda, cuyo valle tampoco es visible (derecha), pero la foto nos da idea de la imponente y abrupta orogra- fía valtelinense. |
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| Tirano. La Porta Bormina en la actualidad. Algo habrá cambiado en 382 años, pero no el sitio ni el lugar. Por aquí desfiló el Tercio de Saboya, al amanecer del 24.X.1621, para ir a capturar el puesto grisón de Ponte di Legno, al E, en el contiguo valle del Oglio. |
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| Tanto Luis Cabrera de Córdoba como Gonzalo de Céspedes y Meneses, historiadores coetá- neos, refiren a menudo hechos de armas del Tercio de Saboya en los que citan algunos capitanes. Precísamente, la Historia de Feli- pe IV, de Céspedes, está dedicada a Jorge de Cárdenas, duque de Maqueda, hermano del Juan de Cárdenas citado en el texto. |
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| Se dice que Spínola murió de amargura por su fracaso ante Ca- sale Monferrato, plaza que tam- poco había logrado tomar Gonzalo de Córdoba, el vencedor en Fleu- rus. Sin embargo, sería conquis- tada en1652, siendo gobernador el marqués de Caracena, y en 1695, siéndolo el III marqués de Lega- nés. En todos los asedios, mas en otro fallido en 1640, estuvo presente el Tercio de Saboya. |
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| El Cardenal Infante proveyó el Tercio que Zamorano tenía en Ba- viera en Martín de Idiáquez, cuyo puesto en el Saboya lo cubrió Juan Vázquez Coronado. El marqués de Leganés poseía un retrato de Co- ronado en su vastísima colección de pinturas, subastada en 1820, ignorándose su actual propietario y paradero. |
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| MEDIO SIGLO DE UNA HISTORIA IGNOTA PERO DOCUMEN- TADA. EL REGIMIENTO DE SABOYA ENTRE 1591 Y 1633 (II). |
| La puerta principal de la ciudadela de Amberes, de la que Juan Bravo de Lagunas fue castellano (1624- 1625), hasta que la Infanta le llamó para el puesto consejero de Esta- do de los Países Bajos, en Bruse- las, que fungió hasta su muerte. |